Disclaimer: los personajes no me pertenecen, este fanfic es hecho sin fines de lucro.
Día 18
Impotencia
-¡Maldita! ¡Maldita, maldita, maldita, mil veces maldita! ¡Desgraciada! ¡Perra!- gritó con todas sus fuerzas mientras destrozaba su cuarto.
Cuando se cansó se dejó caer en el piso exhausta, las manos le sangraban por los cortes que ella misma se provocó en su furia, lo único que había quedado intacto era el espejo de cuerpo entero que le regresaba la imagen de una mujer arruinada y sola.
Ese fatídico día había abierto el restaurante como normalmente lo hacía, cerraría temprano pues había acordado cenar con Ranma en su casa por lo que estaba de un humor envidiable. Se bañó, perfumó y vistió con lo mejor de su ropa casual, no quería ser tan evidente así que usó unos jeans ajustados y una blusa bastante sugerente que dejaba ver los encantos que normalmente ocultaba tras vendas, se veía espectacular.
Con un par de sus okonomiyakis especiales en una mano y una botella de vino en la otra, acudió a la cita. Para su buena fortuna, fue él quien le abrió la puerta cuando tocó, le dio un gustoso abrazo que la dejó sentir su duro pecho mientras le inundaba la nariz con la exquisita fragancia de su varonil colonia; para su mala suerte ella estaba detrás de él esperando turno para recibirla, prodigándola con igual cariño borrando la placentera sensación anterior. Sin embargo, no podía dejarle ver su decepción, así que con su mejor sonrisa le correspondía mientras por dentro ardía en deseos de desaparecerla.
Entregó los presentes que fueron bien recibidos por la pareja, pasaron a cenar y charlar para ponerse al día. No había pasado mucho tiempo desde que se habían visto, pues en cuanto supo lo de Kodachi se hizo de inmediato presente en el hogar dispuesta a cuidar a Ranma por el tiempo que fuera necesario, sin embargo fue amablemente rechazada por Nodoka quien dijo se encargaría personalmente de la salud de su vástago, cuando lo declaró la veía con cierto aire de triunfo en los ojos.
Al término de los alimentos se acomodaron en la sala, él propuso brindar pues tenía excelentes noticias que comunicarle; aunque le pareció raro que solo sirvieran dos copas de vino y una con agua no mencionó nada, quizás Akane estaba tomando algún medicamento que le impidiera ingerir alcohol, eso debía ser.
Ranma propuso el brindis, "Por nuestro hijo" dijo abrazando a su esposa con un brillo especial en su rostro, Ukyo se quedó de piedra por unos instantes, reaccionó justo a tiempo para estrellar su copa con las de ellos haciendo saltar en mil pedazos el cristal. Se disculpó de inmediato por su reacción, dijo que era la emoción de saber que pronto sería tía, Ranma levantaba los vidrios quebrados cuando se percató que la mano de Ukyo sangraba, la llevó al baño y con ternura la curó.
Era la oportunidad perfecta para que le dijera aquello que anhelaba escuchar.
-Ukyo, sé que esto es una sorpresa para ti, todavía me cuesta trabajo a mi mismo creerlo, pero…- ahí estaba, ahí estaba " esto no me impedirá estar contigo", dilo, dilo- soy el hombre más feliz de la tierra-
Su mundo se derrumbó, si creyó tener esperanza algún día se acabó en ese preciso momento, estaba acabada.
-Yo también estoy muy feliz por ti, Ran-chan, por ustedes- respondió retirando su mano del contacto varonil.
Se excusó apenas salió del baño con el largo trayecto a su casa y lo fatigoso que había sido el día en el restaurant, añadiendo que a la mañana siguiente debía atender a un grupo de turistas que habían reservado, todo mentiras.
El matrimonio se extrañó de su repentina retirada pero nada objetaron, estaban tan embebidos en su propia felicidad que nada la opacaría.
Se despidió de Akane en el departamento, Ranma se ofreció a acompañarla por lo menos una parte del camino. El frío de la noche calmó un poco sus ansias, apenas lo suficiente como para tolerar la presencia de aquel traidor a su lado.
Él le hablaba del futuro, de lo que haría con su familia ahora que crecería, de los planes que tenía al lado de ella, de lo entusiasmado que estaba.
-Aquí está bien, Ranma. Akane te está esperando, no es bueno que esté sola. No te preocupes por mí, ya estoy muy cerca de casa-
-De… acuerdo- contestó desconcertado pero ansioso de regresar pronto al lado de su amada- Hasta pronto, U-chan-
Apenas le abandonó comenzó a caminar, las lágrimas brotaban de sus ojos sin control y sus piernas le exigían alejarse lo más pronto posible. Echó a correr hasta llegar a su restaurante, cansada se detuvo en la puerta y la abrió con parsimoniosa calma, cerró todo con esmero antes de ascender a su habitación; apenas cerrar la puerta tras de sí, una rabia incontenible la inundó.
-¡Maldita! ¡Maldita, maldita, maldita, mil veces maldita! ¡Desgraciada! ¡Perra! Sólo así podías retenerlo a tu lado ¿Verdad? Sabes que en el fondo él me ama y que pronto se daría cuenta, te dejaría y estaría a mi lado, por eso lo hiciste ¿No? Pero ni creas que esto se va a quedar así ¡No, señor!-
Se miró al espejo, con la sangre que le manaba de las heridas se pintó el rostro como si se preparara para el combate, pero al verse ahí sola y arruinada la impotencia ganó la batalla.
Agachó la cabeza ocultando su rostro tras su desarreglado cabello, una risa histérica se apoderó de ella, alcanzó las tijeras que estaban tiradas cerca y en medio de su ataque, al fin lo hizo.
-0-
Ukyo bien dramas ¿No? Siempre he creído que debes estar mal emocionalmente para tener una fijación como ella.
Si llegaron hasta aquí les agradezco profundamente, saben que toda crítica constructiva es bien recibida. Adoro sus reviews, también gracias por dedicarme esas bellas líneas.
Nos leemos pronto.
