Disclaimer

Los personajes no me pertenecen, este fanfic es hecho sin fines de lucro.

Día 22

Paleta

Llegó acalorado del trabajo, eran de esos días de verano en los que parece que podrías freír un huevo en la acera. Cruzó la puerta deshaciéndose de la playera quedando sólo en camiseta, se estaba secando el sudor con su ropa cuando la más sensual visión se fijó en sus azules ojos.

Con sus cinco meses de embarazo todo le había crecido. Aunque en lo que más se fijaba ella era en el tamaño de su vientre, lo que le robaba la mente al señor Saotome eran sus acrecentados y apetitosos pechos al tiempo que su apeteciblemente voluminosa retaguardia; justo en ese momento Akane estaba agachada levantando algo que se le había caído, brindándole al recién llegado un hermoso espectáculo que hizo que su fiel amigo quisiera saludar de inmediato a su esposa. La joven se levantó de su posición y una traviesa gota de sudor corrió sobre su abultado busto perdiéndose justo donde Ranma desearía estar deleitándose, él tragó saliva con dificultad.

-¡Hola, cariño! Llegaste al fin, ha sido un día muy caluroso ¿no crees?- le saludó con su hermosa sonrisa.

-Sí, sí, mucho calor. ¿Quieres… un… una paleta helada?- tartamudeó tratando de no hacer caso a sus bajos instintos.

-¡Me encantaría!- dio un saltito de alegría.

Ranma corrió a la cocina para regresar en el acto con una sabor piña coco, últimamente el favorito de su mujer y probablemente de él, se la entregó sin envoltura y se sentó enfrente dispuesto a disfrutar del espectáculo.

Akane la probó con la punta de la lengua, acercó tímidamente a sus labios el resto y se la introdujo degustando el exquisito sabor de la leche de coco, al sacarla le quedó un poco de dulce en la comisura de la boca así que procedió a lamerlo con su lengua, inconscientemente hacía gestos de placer que indicaban lo que disfrutaba de su postre, de vez en cuando dejaba escapar suaves gruñidos de gusto; Ranma observaba embelesado, si antes Akane le parecía la mujer más sexy del mundo, ahora verla comer así lo encendía más que si le bailara desnuda. Sin ser consciente comenzó a acariciarse sutilmente la entrepierna mientras su mujer disfrutaba con los ojos cerrados del exquisito sabor.

El guerrero Saotome veía salir y entrar de la sensual boca de su esposa el helado postre al tiempo que se derretía, a cada lengüetada le aumentaba el deseo por ella y en consecuencia crecía el tamaño del bulto en sus pantalones. Akane saboreaba con ímpetu el último bocado cuando abrió los ojos, con mirada pícara giró el rostro hacia su esposo quien se supo al momento atrapado.

-Ahora tengo otro antojo- habló extendiendo la mano hacia el objeto de su deseo.

Ranma se levantó hasta llegar frente a ella, la mujer le acarició por encima de la tela la enorme y evidente elevación, con la pericia que le había dado la práctica le desabrochó el pantalón liberando también de su prisión a aquello que clamaba por ser atendido, un suspiro cargado de deseo emergió de la garganta masculina; la chica sobó con su diestra el grueso tronco mientras con la siniestra palpaba las hinchadas gónadas, como hizo con su paleta, acercó la punta a sus labios probando las tímidas gotas que emergían, luego con voracidad se introdujo el engrosado miembro para beneplácito del varón hasta que desapareció en su boca, movía su cabeza metiendo y sacando la enorme virilidad al tiempo que su esposo la sujetaba por los hombros con la cabeza echada hacia atrás disfrutando de la felación.

Un agradable escalofrío le recorrió a Ranma desde la base de la columna hasta la coronilla, el calor de su cuerpo se estaba concentrando en su masculinidad y sabía a la perfección lo que seguía.

-Akane, voy a… voy a…- susurró entre gemidos.

La joven le sujetó por las firmes nalgas sin dejar de succionar y lamer, no le permitiría escapar de modo alguno. El hombre no pudo contenerse más, liberó su semilla abundantemente en el interior de su amante mientras que un temblor se apoderaba de él. La mujer engulló todo aquel néctar dulzón hasta dejar impoluto el miembro.

-Me encanta este sabor- dijo en tono travieso- piña coco.

Se levantó de su sitio encaminándose hacia la habitación bamboleando las frondosas caderas que su estado le había regalado; aún con su virilidad expuesta Ranma miró el cadencioso vaivén, al instante se erigió nuevamente ante aquel hipnotizante ritmo, como pudo recogió sus pantalones y la siguió dispuesto a dar batalla hasta quedarse sin aliento.

Si anteriormente disfrutaba de hacer el amor con su esposa, había descubierto que el sabor piña coco la excitaba sobre manera desde que había quedado embarazada, así que siempre tenía la nevera llena de paletas de ese sabor.

Si tan solo hubiera presentido que esa sería la última vez que la tendría así en mucho tiempo, jamás la habría dejado sola aquella noche.