Disclaimer

Los personajes no me pertenecen, este fanfic es hecho sin fines de lucro.

Día 23

Destrucción

En un abrir y cerrar de ojos su vida había cambiado, un huracán de destrucción había arrasado con su felicidad, el gran Ranma Saotome estaba sumido en la desdicha.

Por segunda ocasión en su vida se sentía destrozado y sin esperanzas, le habían arrebatado a la mujer que amaba nuevamente, tal vez para siempre.

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En medio de la noche recibió una llamada, le alertaron sobre un terrible accidente en la casa de su madre, le urgieron a acudir cuánto antes, sobre todo solo, no quería poner en peligro a su hijo ¿Cierto? Ahora se preguntaba cómo había podido ser tan ingenuo y confiar en aquella sospechosa comunicación, pero tratándose de sus seres queridos no pensaba con claridad.

Calmó a su esposa, no quería que el bebé resintiera la angustia por lo que le ordenó quedarse en el departamento que compartían esperándolo. Salió de prisa y sin cuidado, ni siquiera volteó para cerciorarse que la puerta cerrara bien, grave error.

Cuando llegó a donde su madre todo estaba oscuro, entró con sigilo esperando lo peor sin saber que eso le aguardaba para más tarde. Sus padres estaban desfallecidos en el comedor, los revisó con cautela y no presentaban heridas a la vista, mientras verificaba el estado de su madre ésta despertó poco a poco.

-Ranma ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Akane?- preguntó con angustia.

-Tranquila, mamá, ella está bien, se quedó en la casa. Ahora tenemos que ver por ti- repuso calmándole.

-No, no entiendes, hijo. Akane corre un gran peligro, nosotros no éramos el objetivo, era ella- expresó aterrorizada- la oí antes de desmayarme, quien nos durmió sólo quería distraerte. Van por el bebé-

Apenas escucho aquellas terribles palabras la sangre se le heló. Su familia estaba en peligro y él no estaba ahí para cuidarlos.

-¡Vete! ¡Corre!- le ordenó la mujer mayor- ¡Ya!-

El último grito lo sacó de su trance, cuando se percató de lo que hacía ya estaba cruzando los techos de las casa en dirección de su morada, eternos se le hicieron los minutos que tardó en llegar a la puerta de su hogar, pero era más terrible la escena que le esperaba.

La puerta se veía abierta, entró de prisa y sin cuidado, las cosas de la casa revueltas y destrozadas, las mismas paredes tenían vestigios de una dura lucha además de sangre por todos lados, corrió a la habitación pero estaba vacía sin mencionar desordenada, buscó por todo el apartamento pero no la encontró, se la habían llevado contra su voluntad.

Se dejó caer devastado en medio de la destrucción, golpeó sus puños con fuerza contra el piso, impotente y enfurecido.

-Juro que los encontraré, aunque se me vaya la vida en ello. Y a los que se atrevieron a apartarlos de mi lado, sólo les espera la muerte- gruñó con furia antes de salir de su hogar con rumbo desconocido y sin saber por cuánto tiempo.