Disclaimer
Los personajes no me pertenecen, este fanfic es hecho sin fines de lucro.
Día 25
Fortuna
Llevaba seis meses buscándola sin descanso, no dormía y apenas comía, pero su inquebrantable espíritu lo mantenía siempre alerta y expectante, en el fondo de su corazón sabía que la encontraría tarde o temprano, los encontraría.
Ese día estaba investigando un templo cercano a su apartamento, las pistas que había seguido lo habían llevado hasta ahí. El recinto estaba solitario, cualquiera que lo visitara respiraría la paz que emanaba de él, menos Ranma Saotome, que llevaba medio año sin tener tranquilidad.
Estaba por retirarse cuando una apacible voz le llamó.
-¿Piensa irse sin orar?-
Iba a continuar su camino ignorándola pero algo lo hizo detenerse.
-Orar no me dará las respuestas que busco- contestó desanimado.
-Cuando rezamos pretendemos que nos contesten con palabras pero los dioses no responden así, hay que saber interpretarlos-
Resignado giró para encontrarse con quien le hablaba, le quedaban pocas fuerzas como para desperdiciarlas discutiendo con una sacerdotisa.
Buscó en sus bolsillos algo de cambio, depositó las monedas en la caja roja a la entrada del honden (edificio principal), tocó la campana, se inclinó dos veces y luego aplaudió dos más, después del momento de silencio volvió a inclinarse pretendiendo retirarse a continuación, pero nuevamente la mujer se interpuso en su camino.
-Puedo ver que sufre una gran pena, buen hombre. No le caería mal conocer su fortuna- habló señalando la caja de la que podía tomar el papel que le indicaría su suerte.
Aún sin ánimo de contradecirla, Ranma sacó el importe que señalaba el letrero y tomó el omikuji (lotería divina) con desánimo.
- Daikichi (excelente buena suerte)- dijo desesperanzado- ojalá fuera verdad-
-¡Son excelentes noticias, buen hombre! ¿No le alegra?- dijo entusiasmada la sacerdotisa.
-Si tan solo pudiera creer en ello- suspiró con pesar.
-No se desanime, buen hombre. ¿Por qué no ata su predicción a aquel árbol? Sé de buena fuente que quienes lo han hecho han duplicado su espléndida fortuna- sonrió servicial.
Nada le quedaba por perder, así que por mero compromiso fue hasta el lugar que le indicó la mujer para hacerlo. Cuando volteó la vio. No se parecía a quien había conocido, su cabello corto desarreglado y su triste fisonomía eran apenas las ruinas de aquella que hacía unos meses había dejado de ver, pero lo que más le llamo la atención fue el ruidoso bulto que llevaba en brazos.
-Cálmate ya, cálmate, ya te dije que regresaremos pronto. Tendrás que irte acostumbrando a esto, ella ya no va a estar próximamente- intentaba hablarle cariñosamente.
-¡Ukyo!- le gritó asustándola.
-Ran… Ran… ¡Ran-chan!- le contestó temblando y evidentemente nerviosa- ¡Qué sorpresa verte!-
-¿Qué haces por acá?- habló tan serio que lo desconoció- fui a buscarte al hospital y me dijeron que habías huido, tiene meses que nadie sabe de ti-
-Yo… yo… pues… ya no estaba a gusto ahí, así que decidí irme, empezar una nueva vida, ya sabes, lejos- intentó sonar convincente con una pésima actuación.
-¿Es tuyo?- cuestionó señalando al pequeño en sus brazos.
-No, bueno sí, es… es…- tartamudeó sin control.
-¿Puedo?- exclamó más que preguntar pues ya lo tenía con él.
Apenas lo cargó el pequeño dejó de llorar, abrió los ojos viéndolo directamente, su mirada tenía un precioso color achocolatado y una expresión bastante apacible.
-¿Qué edad tiene?- habló sin dejar de observar aquel inocente rostro que le devolvía una sonrisa divertida. Sin esperar respuesta continuó- nunca supe de tu embarazo-
-No… yo no… Bueno sí… pues… ese fue el motivo por el que hui del… del… de ese lugar- dijo al fin- No creí que fuera el sitio ideal para tener a mi hijo-
-¿Es un varón?- replicó viéndola finalmente con anhelo.
-Sí- admitió retomando al pequeño provocando un nuevo llanto infantil- Y es mío, de nadie más. Así que si me permites me voy, es hora de darle de comer-
-¿No le das pecho?- preguntó extrañado.
-No… no… no pude. Su nacimiento fue complicado, no… no me fue posible- contestó bajando la mirada.
-Yo… lo siento- exclamó apesadumbrado.
-Si quieres puedo acompañarte…-
-¡No!- dijo en un grito- me están esperando. Adiós, Ran-chan- acto seguido se retiró.
-Los dioses no contestan con palabras, hay que saber interpretarlos- habló la sacerdotisa junto a él antes de irse.
Apenas la escuchó corrió tras Ukyo, algo le decía que debía hacerlo. Al parecer la fortuna había decidido sonreírle al fin.
