Disclaimer
Los personajes no me pertenecen, este fanfic es hecho sin fines de lucro.
Día 26
Maldiciones
Ella nunca viajó a Jusenkyo, jamás cayó en ninguna de sus posas encantadas y sin embargo sentía que le había tocado la peor de las maldiciones, amar a quien no la amaba.
El único consuelo que le quedaba era ese pequeño que sostenía en brazos, él era un pedacito de su amor, él era una parte de Ranma. Y aunque no fuera su madre, había decidido que lo amaría como si de su propia carne se tratara, porque después del día de hoy, ese pequeño ya no tendría a nadie más que a ella.
Le había tomado días convencerlas pero al fin lo habría logrado. Mantendrían cautiva a Akane hasta que diera a luz, luego se desharían de ella. Lo que le hicieran no le importó, solo quería tener a ese bebé entre sus brazos y convertirse en la luz de sus ojos, su motivo de existencia, sería su todo como Ranma lo era para ella.
Había nacido un día lluvioso, su madre desgarró con sus gritos el lúgubre silencio del hospital abandonado en el que la mantenían secuestrada y a su vez él desgarró las carnes de su madre abriéndose paso hacia este mundo. Llegó fuerte, ruidoso, saludable, digno hijo de un Saotome. Apenas sintió el seno materno se pegó a él anhelando la vida, luchando. Nuevamente pudo convencerlas de esperar un poco más, sólo mientras se las arreglaba para sustituir la preciada leche materna por la horrible fórmula que intentó en vano de darle; así corrieron dos meses pero aquel fatídico encuentro con Ranma había sentenciado a Akane, no podían postergar más su desaparición.
-Ukyo, tienes qué ayudarme- le imploró.
-No puedo hacer nada- dijo impasible.
-Te lo suplico, por favor-
-No- contestó nuevamente- me aseguraré de que el niño tenga una buena vida a mi lado-
-¡No pueden quitármelo!-gritó furiosa- ¡Es mi hijo! Con nadie estará mejor que con su madre-
Intentó llegar a su captora, pero las cadenas que le sujetaban de pies y manos le impidieron su movilidad.
-Lo llevaré a dar un paseo y lo traeré luego para que lo alimentes- fue lo único que dijo.
Cuando regresó estaba nerviosa, temblorosa, en sus ojos había ¿Miedo? Algo había pasado en su salida que la había alterado sobremanera, pero ¿Qué?.
Vio cuando puso al niño en la improvisada cuna junto a su cama, atestiguó mientras preparaba el cóctel de drogas que le inyectaban regularmente a ella, estuvo ahí mientras se hacia un torniquete en su propio brazo, la miró buscar sus venas resaltadas para luego insertar la aguja con pericia en una de ellas inyectando lentamente el líquido de la jeringa, fue testigo mudo de la paz que inundó su rostro mientras era transportada a otro lugar muy lejos de ahí al tiempo que su mano colgaba lánguida junto a su cuerpo con la aguja aún entre sus dedos.
-Ukyo, Ukyo, ¡Ukyo, despierta!- le llamó inútilmente- déjame ir, Ukyo-
Resonaron pasos al otro lado del corredor, la puerta se abrió y entró ella.
-Ukyo- le llamo también, acto seguido le dio una patada que la hizo rodar de la silla en la que estaba- maldita drogadicta, no poder confiar en ti más-
Caminó hasta donde estaba el lloroso niño.
-Callar- habló a punto de golpear la cuna.
-No te atrevas- aulló la madre- donde si quiera lo toques te arrepentirás-
-¿Qué hacer chica violenta desde ahí?- se burló- ¿Acaso venir a golpear a Shampoo? Vamos, intentarlo. Ni siquiera poder mantenerse en pie, ser sólo un lastre-
La señora Saotome se revolvió desafiante pero impotente en su lecho, la mujer china se acercó propinándole un tremendo bofetón que se le hinchó de inmediato; Shampoo la miró con desprecio.
-Ser una inútil. Siempre será misterio para Shampoo por qué Airen preferir a mujer inservible para procrear; Shampoo poder darle hijos fuertes y hábiles, ser guerrera de nacimiento, pero tú… apenas y sobrevivir al parto-
Akane la veía altiva e imperturbable.
-Siempre se trato de eso ¿Cierto? Puedes ser muy fuerte y muy linda, saber cocinar y venir de cuna noble, pero sobre ti pesa la mayor de las maldiciones: no tienes alma. No puedes llamarte ser humano cuando no tienes la capacidad de amar a alguien más que a ti misma. Jamás quisiste a Ranma, sólo anhelabas aquello que él representaba: grandeza, fuerza, honor, pero nunca sentiste algo real por él, por eso tampoco entenderás por qué me eligió a mí sobre todas ustedes. Tu maldición no fue caer en el estanque de Jusenkyo ni perseguir a un hombre que no te corresponde, tampoco fue la deshonra que sufriste luego, tu maldición, escúchame bien, Shampoo, tú misma te la forjaste con tu soberbia y egoísmo. Tu alma envenenada te ha condenado-
La amazona se sintió realmente ofendida, ya no le importaba el plan ni lo que Kodachi pudiera hacerle, acabaría con Akane en ese preciso momento. Se lanzó con toda su fuerza sobre el debilitado cuerpo de la encadenada, a punto estuvo de golpearle cuando…
