DRACO MALFOY

Salón Blanco

Domingo, 19 de Septiembre de 1998.

Encendí un cigarro mientras observaba las piernas desnudas de mi última cliente moverse en una invitación sugerente para continuar lo que ya tan satisfactoriamente habíamos culminado. Sonreí ante su picante atrevimiento, le hice una reverencia mientras me colocaba la capa y con un guiño me marché de la habitación.

El ruido de un florero estrellándose contra la puerta por la cual acababa de salir me informó que mi clienta no tomó muy bien mi partida.

Bajé los peldaños de la torre del placer, donde se encontraba un conjunto de habitaciones elegantes y dispuestas para nuestra más exclusiva clientelay llegué a la cámara de los secretos, que ya no era más que un simple burdel custodiado por la cara boquiabierta de Salazar, en donde un condón usado colgaba de su nariz. Lo saludé, como siempre tenía costumbre picándole un ojo, porque estoy seguro que nunca imaginó que su preciada sala de los secretos en el futuro sería un albergo para actividades lascivas y prohibidas. Cuestión que siempre me causaba gracia.

Observé a los alumnos más locos y hormonales que tenía el colegio, algún que otro profesor y un fantasma tocando a nuestras empleadas que con los pechos descubiertos los invitaban a acercarse más y quizás contratar sus servicios. Varias miradas me observaban de reojo, las ignoré.

DracoMalfoy era una mercancía exclusiva, solo aquellos que poseían una buena cantidad de dinero podían acceder a mis servicios. Podría decirse que era el rey de éste lugar, cada vez que Roger quería impresionar a alguien, era a mí a quien llamaba. Y no lo culpo… ésta clase de cosas eran en definitiva mi punto de experticia.

Observé el esqueleto del basilisco que aún permanecía en el lugar dónde Potter lo había dejado y que se usaba para aquellas parejas fetichistas cuyos deseos sexuales iban más allá de un simple revolcón. Sonreí al ver una pareja jugar con los huesos…

Subí el elevador que era dirigido por Ren el mono al cual saludé acariciándole la cabecita, y pulsé el botón "E", había escuchado que Roger quería hablar conmigo de algo muy importante.

En el Edén siempre era de noche, en representación de la invitación de los amantes para unirse en el jardín de la fruta prohibida y disfrutar de la compañía del otro en la seguridad de las sombras, teniendo como testigo a la romántica luna llena que simbolizaba el deseo completado. Sin embargo, la luna hoy estaba vestida de rojo, aumentando su atractivo. Fruncí el ceño al verla, recordaba vagamente que Roger me había hablado del significado de la luna roja, pero no llegaba a recordarlo.

-Mi adorado Dragón…- escuché la voz ausente de Roger llamarme desde un claro del bosque, donde las luciérnagas parecían rodear al fantasma con reverencia y adoración. Suspiré, hoy Roger estaba en su modo dramático. Odiaba cuando eso sucedía.

Me acerqué y esperé que hablara.

-Tengo un encargo para ti.

-Eso pensé.

-Es un encargo especial.

-Lo imagino. – siempre me encargaba de las clientas especiales.

-No, no lo imaginas…- Rodé los ojos, a veces Roger era tan insoportable.

-¿Dónde y cuándo? – pregunté sintiendo que nunca iba a ir al grano.

-El salón blanco, diez y media.- ¿Salón blanco?

-¿Es una virgen?- mi voz sonó bastante chillona, no era para menos ¿¡Una virgen!? ¿Acaso el fantasma de mierda se había vuelto loco?¡Nunca había tocado a una virgen en mi puta vida! Entonces el significado de la luna roja vino claramente a mi mente. La sangre virginal… Roger y sus mariqueras. – Roger, no. Me niego.

El fantasma finalmente se giró y me encaró con una triste sonrisa. ¡Diablos! Con razón andaba tan jodidamente poético. Las vírgenes significaban algo sagrado para él, y usualmente soltaba una charla idiota acerca de las expectativas que ellas tenían y toda una gran cantidad de mierda que usualmente me saltaba.

-¿Por qué te niegas? – me preguntó confundido. Quise golpearlo, pero sabía que no iba a servir de nada.

-¡Porque si! – exclamé ofuscado.

-Dragón, el encanto que se experimenta introduciendo a una mujer al mundo del placer por vez primera es algo invaluable. – Si estuviera en cualquier otra situación, hubiese cerrado mis ojos y emitido ronquidos para demostrar que aquella cháchara me daba una mierda.

-No, no, no y mil veces no.

-Diez y media, salón blanco. Ya está decidido.

-No pretendo acostarme con una virgen, es tarea de Zabini, no me pertenece a mí– exclamé.

-Diez y media Dragón….- se giró y con pasos lentos y fantasmales se alejó en la penumbra del bosque y desapareció, zanjando la conversación.

¡Maldita sea el infierno, maldito negocio y maldito Roger poético de mierda!

Salí del maldito lugar hecho una furia, dispuesto a aniquilar a cualquier gusano que se interpusiera en mi camino. El primero, fue un idiota de primer año, que aplasté sin misericordia. Luego me topé con Luna Lovegood, la cual intenté fastidiar, pero la muy perra logró evadirme.

Luego… Oh y ahí sí me saqué la lotería.

Hermione Sangre Sucia Granger. ¡Ven con papi! Pensé acercándome hacia el sitio dónde se encontraba sentada en el pasillo, abriendo un regalo con una cara de idiota. Sigilosamente llegué hasta ella sin que me viera venir y le quité la caja de las manos con un movimiento brusco.

-¿Qué tienes aquí Granger? ¿Un consolador?

-¡Malfoy!- exclamó con furia levantándose del asiento y caminando hacia mí para quitarme la caja. Pero no se lo iba a permitir. Con movimientos rápidos quité la envoltura y saqué… Un hilo dental. Escuché una exclamación de sorpresa por parte de ella, pero la ignoré echándome a reír.

-¿Quién te manda esto sangre sucia? ¿Un elfo doméstico tiene fantasías contigo? Me pregunto si ese estúpido elfo sabe que eres una tabla que no vale la pena tocar… - varios se habían reunido a nuestro alrededor para observar la pelea. Granger estaba roja de furia y sacando su varita me apuntó, hice lo propio.

-Dámelo. – sonriendo como un poseso, negué con la cabeza.

-Ven y búscalo – dije picándole un ojo.

-¿Sabes qué? No me importa, si quieres un accesorio femenino para usarlo cuando te disfrazas de mujer y buscar tipos por ahí, te será posible con ese hilo dental.- y la muy perra guardando su varita se dio media vuelta y se fue, dejándome rodeado de idiotas riéndose por su astuto comentario.

¡Este día era una mierda completa!

9:00 pm.

Sabía que tenía que acudir al salón de maquillaje para que me prepararan para la velada, sin embargo no podía evitar mostrar un poco de rebeldía. Nosotros éramos muy cuidadosos en cuanto a satisfacer las fantasías de nuestra exclusiva clientela, sobre todo de aquellos que pagaban por un buen servicio. Además de ello, nos encargábamos de proteger la identidad de aquellos que trabajaban para nosotros. Por lo tanto, cada persona tenía una máscara que ocultaba mitad de sus facciones, dichas máscaras estaban encantadas haciendo ver a la otra persona el rostro que quisiera ver. Pero en el caso de las vírgenes, no era así.Si una clienta o un cliente virgen acudía al lugar, nos encargábamos de ocultar las facciones de nuestros trabajadores, pero sin ocultar su rostro, ya que queríamos que la experiencia nunca lograra olvidarse, así que habíamos instaurado un mecanismo mágico con ayuda de las ninfas del bosque, que permitía transformar algunos rasgos para parecer reconocible y al mismo tiempo irreconocible. Éramos nosotros sin serlo y hasta ahora nadie había dado con la identidad de nadie.

Pero eso nunca había sido un problema para mí, no me importaba si alguna cliente me reconocía porque nunca tenía nada de qué quejarse, además nos regíamos por un extricto contrato de confidencialidad, el cual si era incumplido, la persona pagaría con la muerte.

Mi problema era que las vírgenes son delicadas. Hay una conexión más profunda que el sexo, es la primera vez que hacen el acto en sí y eso, lamentablemente nunca se olvida, por lo tanto conlleva a una unión espiritual, una unión sagrada. Y sí, lo acepto. La mayor parte del tiempo soy un gilipollas y me gusta arruinar a la gente y todo lo que toco, pero en estos casos soy muy supersticioso y tengo la tendencia a pensar que si toco una virgen, ésta se enamorará irreversiblemente de mí conllevando a la posibilidadde que yo también haga lo mismo, porque si alguien conoce a un Malfoy, entonces sabrá que es posesivo y aquello prohibido y que nadie ha tocado nunca es la cosa más atractiva que jamás podrá cruzarse en nuestro camino…

9:30pm

La imaginación es una cosa apestosa…

¿Quién sería la chica? ¿Por qué habría acudido a Roger? ¿Era fea? ¿Gorda?

La curiosidad me estaba matando, y si algo me gustaba de mi trabajo era ver quien en realidad era quien. Howgarts estaba lleno de gente loca, con gustos locos y excéntricos y me alegraba saber que los conocía a todos. Por eso, esta chica… ¡Demonios! Quería saber quién diablos era.

9:46pm

Llegué a la cámara de los secretos entre indecisiones y conversaciones conmigo mismo que solo llevaron a mi frustración extrema. Me reuní con las ninfas en la sala de maquillaje. Nírima me miró con ceño fruncido y me dijo con su vocecita chillona que llegaba tarde. Me senté en su silla y cerré los ojos dándole permiso para proceder con su magia de la naturaleza sobre mi rostro.

No pude evitar sino comenzar a soñar con mi preciosa virgen. Aún no la conocía y ya la deseaba… Empresa peligrosa era ésta. Y por eso, no había querido aceptar, ya me estaba torturando sin siquiera haberla visto, ya la deseaba sin saber cómo eran sus ojos. Al instante unos hermosos ojos castaños se formaron en mi mente. Preciosos, inocentes, rodeados de unas largas pestañas que se abanicaban con sensualidad. Su piel era cremosa y sonrosada, y su cabello…. ¡Diablos! Tenía que detenerme.

Pasaron unos agónicos minutos en los cuales no dejaba de mirar el reloj. Mi corazón latía ansioso en mi pecho y mi pierna no dejaba de moverse nerviosa. No había forma de detenerla, aunque Nírima lo intentó varias veces resoplando que la estaba exasperando.

-Bienvenida a mi mundo…- le dije sin humor.

Al cabo de media hora, se apartó y me puse de pie. Me miré en el espejo y noté que no me había hecho muchos cambios, como había cabello rubio ceniza, estaba más blanco, si aquello era posible y en vez de su textura lisa, tenía una maraña de rizos blancos por cabello. No se me veía tan mal. Nírima había hecho una magia extraña en la cual mi barbilla angular resultara más cuadrada, mis labios los había dejado intactos porque Roger decía que eran voluptuosos, un comentario que siempre ignoraba porque era demasiado gay para mis gustos. Estaba algo más alto y le había dado algo de color a mis mejillas pálidas.

-Te ves precioso…- indicó la ninfa con una sonrisa.

-¿En quién te inspiraste? – pregunté inspeccionando mi reflejo en el espejo.

-Aquiles.- me dijo con ojos soñadores.

El vestuario era algo más básico. No iba a ir desnudo en protección al pudor de mi clienta, iba a ir vestido con una túnica griega, porque el salón blanco era representación de la pureza del Olimpo, aunque sus dioses eran tan cochambrosos como nosotros.

10:28pm

Con un suspiro, ingresé al salón blanco. Todo estaba dispuesto de una forma tan romántica y hermosa que me sorprendió. Nunca había entrado al salón, no tenía la necesidad ya que eraZabiniquien se encargaba de las vírgenes, sin embargo, me pareció el lugar perfecto para una escena romántica entre una pareja que se conocía por vez primera.

Confío que su imaginación le hará justicia, querido lector. El lugar estaba ricamente ambientado por aire natural que provenía del jardín del Edén, me acerqué a uno de los balcones que estaban levemente tapados por cortinas de gaza blanca y observé la luna roja que me sonreía desde el cielo. Me giré, nervioso a esperar que la chica apareciera y observé la hermosa cama blanca que esperaba en una invitación muda. La chimenea estaba encendida, había frutas, vino y dulces en el piso, situados en una mesita encima de la alfombra morada. Y entonces me pregunté cómo diablos comenzaría aquello.

-Vino, es lo mejor para caldear los ánimos.- la voz de Roger me sobresaltó.

-¿Qué haces aquí?

-Sabía que vendrías…- apreté los dientes. Sí, al parecer él conocía muy bien a los Malfoy.- Vine porque no me dio chance de decirte un par de cosas.- rodé los ojos. – Estás nervioso, eso es bueno.- no me molesté en negarlo. – creo que lo harás bien. Y trata de concentrarte, ella es primero, sin importar qué nombre lleve o cómo luzca.- eso no me daba muy buena espina. – No tengas miedo de dejar soltar al tierno Malfoy que llevas dentro.

-No soy tierno.- el muy idiota se echó a reír.

-Lo dudo mucho Dragón, solo pienso que no has tenido la oportunidad de expresar la ternura que llevas dentro. – el fantasma se aproximó a la puerta blanca, dónde imaginaba saldría mi damisela.- Y recuerda, no es sexo, es hacer el amor… Confío en que sabes la diferencia.- mi corazón se aceleró cuando Roger por acto de magia, abrió la puerta que daba hacia el atrio del Salón Blanco. Me quedé estupefacto.

Del otro lado de mi habitación se podían apreciar varias piscinas que desprendían un vapor con aroma a desnudez y a sensualidad que lograron que mi piel se pusiera de gallina. La escultura de Afrodita encontrándose con Ares, su amante, yacía en la piscina central y bajo la sombra de los dioses, tendida entre las alas de los amantes se encontraba mi clienta. Acostada sensualmente sobre una otomana, con los cabellos castaños rizados que caían como cascadas sobre sus senos desnudos. Ella me miró soñadora, como si no pudiera creer que su realidad se había transformado en un sensual sueño erótico. Sin perder tiempo, Roger la instó a acercarse, mi corazón sencillamente se iba a salir de mi pecho.

Con mi misteriosa damisela se levantó de la otomana, me fue imposible no devorar su cuerpo con mi mirada. Con pasos paulatinos y deliberadamente sensuales, atravesó la piscina dónde Afrodita y Ares se encontraban, bajó las escaleras y llegó a mi encuentro.

-Dragón, te presento a la señorita Hermione Granger… Espero que sepas como satisfacerla.

¡Oh mierda! No podía ser…