HERMIONE GRANGER

La Sorpresa

19 de Septiembre 1998

12:10 am.

-¡SORPRESA!

¡Oh querido Merlín! Me gire a observar a todos mis compañeros de Gryffindor reunidos en la sala común. El ambiente festivo inundaba cada esquina de la sala, las caras de mis compañeros se veían alegres, a la expectativa por mi reacción ante la agradable fiesta sorpresa que seguramente habían planeado hacía unos minutos. Habíaguirnaldas de colores guindadas en las paredes y en la chimenea, habían mágicos objetos voladores que dejaban estelas de colores por donde pasaban, el fuego placentero de la chimenea estaba encantado de manera que pequeños fuegos artificiales explotaban sonoramente junto al conocido crepitar de las llamas. Había vasos por doquier, cuyo contenido pude descifrar muy fácilmente, los leones eran fanáticos del wisky de completar la decoración variopinta, en una esquina, acompañada por varios platillos de golosinas de HoneyDukes se alzaba una torta gigante y desigual de color morado putrefacto que parecía hecha por un niño de dos años, o aún peor, por Hagrid en persona. Sonreí, intentando hacer acopio de toda mi serenidad, cualidad que por cierto, estaba muy lejos de poseer, ya que en mis manos traía nada más y nada menos la prueba de mi pequeña aventura ilícita. Fui lo suficientemente rápida para esconder la capa de invisibilidad de las miradas extrañas de los gryffindors, pero no pude hacerlo ante su dueño, cuyo ceño fruncido se formó de manera instantánea mientras sus ojos verdes brillaban nudo de mentiras se fue formando con determinación en el centro de mi garganta, casi impidiéndome respirar, no quería que nadie mirara la capa, no quería que nadie me preguntara dónde había estado. No estaba preparada para dar explicaciones. Mejor dicho, no debía, ni podía dar explicaciones.

Harry fue el primero en acercarse, una sonrisa se encontraba plasmada en su rostro pero ésta no llegaba hasta sus ojos, y aunque sabía que él confiaba incondicionalmente en mí, éste acontecimiento debía ser curioso para él, dado que nunca le pedí prestada la capa aún a sabiendas que no me la negaría.

-¡Feliz cumpleaños Hermione! – dijo abrazándome y tomando disimuladamente la capa entre sus manos, su toque no fue brusco ni enfadado pero eso no calmó mis pobres nervios. Me quedé petrificada ante él, sin corresponder a su abrazo y esperando el reproche que seguramente vendría luego de sus felicitaciones. Sin embargo, el reproche no llegó,tampoco se oía molesto, simplemente curioso y quizás algo cauteloso por la multitud que nos rodeaba. Sus ojos verdes me miraron inquisitivos, yo logré sonreírle y responderle con la mirada que después le explicaría.

Justo en ese momento, llegó Ron. Y con él, la culpabilidad…

El pelirrojo tenía un sombrero puntiagudo de colores festivos encima de su rojiza cabellera, una sonrisa bonachona se encontraba expandida en sus labios.Él se acercaba a mí con los brazos extendidos, listos para rodearme en un abrazo de oso. Cerré los ojos, incapaz de soportarme a mí misma, incapaz de verlo o corresponderle el abrazo o la sonrisa.

Ron y yo no éramos lo serí ía que recordarme ese hecho todos los días de mi vida sin importar el humor que el pelirrojo mostrara hacia mi persona. Sin embargo, en los últimos días Ron había estado notablemente diferente y la oración "¡Eres una chica Hermione!" dicha en tono de sorpresa no hacía sino alterarme los nervios y rebanarme los sesos en busca de un significado a esa frase tan estúpida. ¡Por supuesto que era una niña!

-¡Feliz cumpleaños! – exclamó al terminar el abrazo, por su aliento pude notar que había estado bebiendo algo más fuerte que cerveza de mantequilla. Le susurré un simple gracias sin mirarlo a los ojos, pero eso no pareció ser suficiente para él, ya que buscando mis ojos, se agachó hasta quedar a mi altura y me sonrió una vez más. Tragué saliva con toda mi vida había esperado una mirada como esa, pero ahora que la tenía, no sabía cómo actuar, me sentía incómoda, como si algo no estuviese bien, como cuando intentabas encajar la pieza incorrecta en el rompe cabeza sin éxito alguno. En ese momento, lo que menos quería era sonreír, lo que menos quería era jugar a la Hermione resignada y feliz que solo tenía una amistad con el pelirrojo. No podía siquiera corresponder su tierna mirada porque me daba vergüenza, vergüenza de que se enterara que me había comprado un prostituto de regalo de cumpleaños.

-Hermione…- mi nombre en sus labios sonó tan dulce y anhelante que no tuve otra opción que mirarlo de vuelta, sentía el corazón trancado en la garganta ahogándome en la culpabilidad por traicionarlo, pero la triste realidad era que no había nada que traicionar, nunca fuimos nada oficial. Entonces, él me sonrió, y acercándose a mí depositó un suave beso en mis labios que se sintió como una caricia de mariposa.

Me quedé en absoluto shock. Solo fui consciente de la sonrisa exitosa que se ensanchó en los labios de Ron, del vitoreo de la sala común gritando "Al fin", del choque de vasos en celebración por ese beso y que todo, absolutamente todo se sentía mal. Él se apartó de mí con la cara roja como los abrigos que su mamá le regalaba para navidad pensando que solo el color rojo podía hacerle justicia a la belleza disimulada de su hijo, ignorando el hecho de que Ron y toda la manada, ya tenían suficiente rojo en sus vidas y en sus pieles.

Todos los compañeros de Quidditch se acercaron a Ron para abrazarlo y caerle a golpes. Cosas de hombres que yo nunca entendería. Pero Harry no estaba entre ellos, el azabache continuaba mirándome de forma escéptica. Noté que la capa ya no estaba en sus manos e imaginé que había aprovechado la distracción para guardarla en su baúl. Bien.

-¡No puedo creer que finalmente Ron haya hecho eso!- me giré para ver a una emocionada Ginny abrazarme mientras reía. – Imagino que debes estar feliz. ¿No?

No. No lo estaba. Quería llorar.

La fiesta duró dos horas. Dos horas de sonrisas fingidas, de aguantar a Ron acercarse y rodearme como si yo fuese de su propiedad, de escuchar a los chicos alabarlo cada vez que me daba un beso en la mejilla, porque ni en sueños le permitiría que me besara nuevamente. Aún no decidía si me había gustado o no…Pero esto sí que no me gustaba. No solo odiaba la situación por lo que yo haría más adelante, sino que todo se veía tan forzado, como si de repente todos en la sala común se hubiesen reunido con el pelirrojo y lo hubiesen increpado acerca de "lo nuestro". Se veía demasiado falso, demasiado lleno de apariencias para satisfacer a los demás.

Aproveché un momento en el que Ron se fue con los chicos a hablar no sé de qué tontería y me serví un poco de wisky de fuego. ¡Necesitaba algo fuerte si quería sobrevivir esa fiesta!

-¿Ahora sí me dirás dónde has estado?- apuré el trago antes de encarar a mi é su rostro en busca de alguna pista que me ayudara a descifrar su estado de ánimo, pero Harry se veía sereno y paciente, lo cual empeoraba mi situación. Obviamente no iba a decirle la verdad, jamás podría hacer eso. Hice una mueca de asco dirigida al sabor del wisky y lo miré tratando de parecer franca.

-¿Qué le pasa a Ron?- pregunté antes de que la cobardía me ganara. Harry se vio ligeramente incómodo. Se echó el cabello hacia atrás dejando relucir su cicatriz y con un suspiro me miró de vuelta.

-Creo que ha bebido un poco.

-No me refiero a eso y lo sabes.- Harry sonrió.

-¿Nada puede pasar desapercibido contigo?- negué con la cabeza correspondiéndole la sonrisa.- Pues… digamos que muchas personas tuvieron una charla "seria" con él. Debo excluir a Lavander, ella no se veía nada contenta. – me eché a reír ante su acotación. – le hicieron ver que nunca encontraría a nadie como tú. Y que, pues… que llevabas bastante tiempo esperando por él por lo tanto, merecías ese regalo por tu cumpleaños.

Lo sabía. Nada de eso podría salir espontáneamente de Ron y si antes me sentía culpable, ahora simplemente estaba feliz de haber acudido ante Roger el guapo para alquilar a mi prostituto. ¡Eso sí que no se lo iba a esperar! Que la santurrona de Hermione Granger le montara cachos con nada más y nada menos que un puto. ¡Ja!Obviamente no se lo diría a nadie, solo el hecho de que yo lo supiera, era suficiente para hacerme sentir mejor.

-¿Qué vas a hacer?- inquirió Harry mirando a Ron y su grupito de idiotas con ceño fruncido.

-No lo sé. Supongo que esperaré a que esté sobrio para insultarlo. O quizás, si continúa toqueteándome como un pulpo le lance de nuevo las aves. – Harry soltó una risita.

-Por cierto, no comas la torta. La hizo Hagrid.- me eché a reír.

-¿Por qué dejaste que hiciera la torta?

-No fue mi culpa. Ron quiso ir a preguntarle si estaba bien que fueras su novia. Hagrid ya estaba en la labor de hacerte una torta y decidió mandártela con Ron. Fue una buena idea porque se nos había olvidado la torta.

Silencio. Y ahí venía la pregunta…

-¿Por qué no me pediste la capa?- no era precisamente la interrogante que esperaba. Ésta era más difícil.

-Harry, lo lamento, de verdad lo lamento. No quiero que desconfíes de mí. Pero… no puedo decirte porqué.

-Jamás desconfiaría de ti. Solo que me pareció extraño.

-Lo sé, no quise decirte porque es algo en lo cual estoy trabajando, es personal… No quiero que nadie lo sepa aún.- Ni nunca - Debí dejarte una nota o algo. No volverá a pasar, lo prometo. – él no parecía convencido por mi loco balbuceo, tampoco lo culpaba, mentir no se me daba muy bien. Pero no insistió y yo se lo agradecí. - ¿Se dieron cuenta de que no estaba?- pregunté señalando disimuladamente a nuestros compañeros. Harry negó con la cabeza.

-Yo fui el encargado de buscarte, al notar que no estabas supuse que tenías algo que hacer, les dije que vendrías pronto.- ¡Gracias a Merlín por Harry!

-¡Hermione!- me giré ante el llamado de Seamus, cuyas mejillas sonrosadas delataban su estado de ebriedad. – Ven, ven aquí. Ron dice que quiere besarte propiamente, como un novio.- me asqueé de solo pensarlo.

¿Es que acaso nadie me iba a preguntar si estaba de acuerdo en que Ron me besara? ¿Nadie me iba a pedir que fuera su novia formalmente? ¿No tenía yo un voto en este estúpido asunto?Quería matarlos. A su parte, Harry se cruzó de brazos, mirándome expectante con una sonrisa conocedora en sus labios. Le hice una mueca de asco que iba dirigida hacia el grupo y se echó a reír.

-¡Vamos Hermione! – exclamaron a coro los chicos. Estuve a punto de explotar de rabia.

Sin embargo, le sonreí a Seamus lo más inocente que pude y con voz melosa indiqué.

-No tengo porqué besar a Ron como un novio porque la verdad es que Ron y yo no somos novios y a este paso, creo que nunca lo seremos.- me di media vuelta y me dirigí a mi habitación. No necesitaba eso ahora, no necesitaba su idiotez justamente en el día más importante de mi vida y no iba a dejar que nada ni nadie lo arruinara. Ni él, ni sus estúpidas hormonas ni mucho menos su débil personalidad ni sus ganas de complacer a los demás.

Al momento en que entré en mi habitación, sonreí. Al fin, dirigí al baño, me lavé la cara y me observé en el espejo.

-Esta noche pierdes tu virginidad Hermione Jane Granger…- susurré con una tonta sonrisa en los labios. Y sin querer, recordé las palabras de Roger el guapo…

-Mi queridísima señorita Granger.- el fantasma, con un movimiento parecido a un suave susurro del viento, salió del agua y se acercó a mí, escrutándome con sus ojos cristalinos. – No se avergüence de lo que acaba de decir. Nuestro cuerpo es una joya. Así como su valioso e increíble cerebro pide más información, otras partes de usted también piden algo de atención…- tragué saliva al entender a lo que se refería. Él se echó a reír captando el rumbo de mis pensamientos. –No se preocupe, será usted muy bien atendida por Dragón, es mi mercancía más preciada y el que lleva a cabo las tareas especiales, así como usted. No se arrepentirá ni un segundo.

-¿Cuánto le debo?- pregunté sacando un saquito de mi túnica donde guardaba mis monedas. Él se echó a reír y el sonido fue tan atrayente que me sorprendió también con una sonrisa.

-No se preocupe por los gastos. Va por la casa. Ahora, cuando usted regrese, esos gastos sí correrán de su bolsillo.- me sonrojé porque estaba segura de que no regresaría. Solo sería una noche y nada más. Una pequeña indulgencia.

-¿Tiene alguna preferencia en sus gustos señorita Granger?- esa pregunta me hizo fruncir el ceño, si ya me había estipulado a alguien, ¿Para qué lo preguntaba? Si él se dio cuenta de mi inconformidad, no lo dio a entender.

-No quiero que sea pelirrojo.- indiqué rauda. Él sonrió, casi como si entendiera…

-Quiero pedirle un favor…- fruncí el ceño ante ese requerimiento.

-¿Qué será?

-Usted vendrá aquí a las nueve para que las ninfas puedan prepararla para que esté apta para la consumación. Pero quiero pedirle un favor, quiero que deje a la señorita práctica fuera de la Cámara de los secretos. Verá usted, por algo se dice que ésta cámara es secreta, porque solo los anhelos más profundos de nuestros corazones salen a la superficie en nuestros dominios.

-Cuando dice práctica… ¿A qué se refiere?- pregunté aun cuando ya conocía la respuesta.

-Me refiero al ratón de biblioteca, al cerebro del trío de oro, al orgullo de Howgarts. Quiero que sea una mujer, dispuesta a ser complacida. ¿Haría eso por mí?

Sonreí, porque de su boca la frase "ratón de biblioteca" no se oía como un insulto, sino como un halago hacia mi insaciable interés en conocer cosas que para otros eran irrelevantes.

-De acuerdo. – Él ladeó la cabeza mirándome con sospecha, sin creer lo que le aseguraba, me eché a reír.- ¿Tiene miedo que con mi conocida sabiduría descubra sus secretos? –los ojos del fantasma brillaron pícaros en la penumbra, se acercó a mí susurró.

-Mi único secreto es que maldigo el hecho de ser un simple fantasma, porque me gustaría emprender la tarea en persona…

Nunca pensé que un fantasma pudiera sonrojarme, pero éste lo hizo, su sonrisa angelical y sensual fue la estrella que corona un arbolito de navidad. Me encontré sonriéndole de vuelta, porque Roger el guapo emanaba tanta simpatía y elocuencia que era imposible no hacerlo.

-¿Me lo promete?

-De acuerdo. Le prometo que no seré Hermione Granger.- él me miró entretenido.

-¿Quién será entonces?- mi mirada se desvió hacia una fuente pequeña que se alzaba en un lejano punto dentro del bosque, en la cumbre de la fuente se encontraba representaba la escultura de Perséfone, su figura alta y gallarda delataba el orgullo en su mirar, su belleza no era tan notable como lo sería en el rostro de Afrodita, sin embargo, era lo suficientemente hermosa como para detener a cualquiera. Su silueta estilizada y delgada estaba cubierta por un vestido rojo sangre con calaveras agonizantes y su cabello castaño oscuro caía hasta sus pies con gracia y vileza, como esperando la caricia masculina. Sin saber la razón, me sentí extrañamente conectada con la diosa. Salí de mis cavilaciones cuando noté que Roger me estaba mirando fijamente y cuando descubrió el objeto que había atraído mi atención soltó un suspiro de placer.- ¡Ah! Perséfone… ¿Le gusta la mitología griega señorita Granger?

-No especialmente…

-¿Conoce la historia de la diosa del inframundo? – cuando no respondí, él continuó- se dice que Hades quedó perdidamente enamorado de ella y que nunca nadie logró tocar su corazón como Perséfone lo hizo. ¿Quién diría que el dios del inframundo tuviera corazón?

-Ojalá algún día tenga ese poder.- dije sin pensar.

-Creo que subestima su capacidad mi queridísima.

-Seré Perséfone.- dije con una sonrisa tonta en mis labios.

-No pudo haber escogido mejor.- y acariciándome con una suave ventisca, el fantasma desapareció haciéndome notar que era hora de marcharme.- Hasta las nueve, señorita Granger…- me llegó el eco de su voz antes de salir de la Cámara de los secretos…

Salí de mis recuerdos con un estremecimiento, por más que intentaba evitarlo, no podía dejar de soñar despierta en lo que la noche traería. ¿Quién sería ese tal Dragón? ¿Era un estudiante o un chico traído específicamente con el propósito de ser prostituto?

Observé el reloj en la mesita de noche y suspiré. Eran las tres de la mañana y el sueño parecía lejos de mi alcance, así que me desnudé y me observé en el espejo.

¿Y si mi chico asignado no le gustaba cómo yo era? Tratando de ignorar el hecho de que no era tan curvilínea como las demás chicas, me metí en la ducha y me bañé rápidamente. Necesitaba relajarme, tenía que lucir fresca y descansada. ¡No iba a tener orejas en mi primera vez!

La mañana llegó tranquila y serena, salí de mi habitación a eso de las once, lo cual era muy extraño en mí. No tenía planeado asistir al gran comedor, así que me dirigí rápidamente a las cocinas para quitarle algo de comida a los elfos y regresar para prepararme. Sin embargo, en medio del camino, Ginny llegó con una caja que contenía mi regalo de cumpleaños. Se despidiódiciéndome que Ron me estaba buscando, fruncí el ceño al escucharla y decidí ignorar al llamado del pelirrojo, con tal, él me había ignorado lo suficiente. Me senté en un banco del pasillo, pensando que mi regalo era lo suficientemente inocente para abrirlo en público cuando entonces… Apareció Malfoy.

La verdad, no estaba preparada para su asalto matutino, así que lo dejé quedarse con mi hilo dental, porque me había ordenado expresamente que nada ni nadie iba a arruinar ese día y tenía todas las intenciones del mundo de evitar que eso pasara. Además, era mi cumpleaños, no lo desperdiciaría en un hurón rastrero con ínfulas de gran mago poderoso y cerebro de alpiste que supuestamente andaba en depresión profunda. Yo era mejor que eso.

Lo bueno de todo es que recibí muchos regalos, los cuales ignoré porque el nerviosismo me estaba consumiendo, así que los amontoné en una esquina de mi habitación con la promesa de que a la mañana siguiente me dedicaría enteramente a ellos.

1:15 pm

Luego se inclinó un poco más y le rozó los labios con los suyos, dulcemente, consciente de lo herida y vulnerable que se sentía ella; como si pudiera curarla con un beso. Amanda alzó una mano para posarla en la nuca de Jack y dejó que sus dedos se hundieran en la densa mata de cabello. Aceptó la sutil intrusión de la lengua de Jack en su boca, le permitió que buscase el regusto del vino, hasta que el beso empezó a arder con un fuego volcánico.

Jack…estoy muy cansada…no creo que...

No tienes que hacer nada —susurró él contra su cuello—. Sólo déjame que te toque. Ha pasado mucho tiempo, cariño.

Amanda respiró hondo y no intentó decir nada, sino que se limitó a reclinar la cabeza contra la silla.

Se sentía soñolienta y no abrió los ojos cuando notó que Jack se movía, sino que aguardó pasivamente mientras reducía la llama de las lámparas y regresaba junto a ella.

La luz tenue, casi fantasmal, apenas lograba penetrar la oscuridad de sus párpados cerrados. Jack se había quitado la camisa... Sus manos encontraron la desnudez de sus hombros, duros, calientes y tensos por los músculos. Jack se arrodilló frente a ella, entre sus rodillas separadas, e introdujo las manos dentro de la pechera abierta de la bata para tomar con suavidad los senos en sus palmas. Entonces se inclinó hacia delante para capturar uno en su boca.

Luego, tomó posesión de su boca con besos tan livianos y perezosos que ella cerró los puños de pura frustración, deseando más. Después, sonriendo contra su boca suplicante, Jack deslizó las manos a lo largo de las piernas tensas hasta llegar a las rodillas. Pasó los dedos por debajo y encontró las suaves arrugas de la cara posterior de las mismas. Entonces se las dobló con suavidad, primero una, luego otra, hasta que las piernas quedaron enganchadas por encima de las almohadillas de los reposabrazos de la silla. Amanda no se había visto nunca tan descaradamente en exhibición, abierta y estirada por completo ante él.

Jack —protestó, haciendo subir y bajar los pechos en su lucha por respirar—, ¿qué estás haciendo?

Ahogué una exclamación cuando me di cuenta de lo que Jack iba a hacer y con un gesto de asco tiré el libro hacia el baúl al cual cerré con un hechizo. ¡Roger el guapo me había regalado pornografía escrita! ¿Qué clase de persona/fantasma/espíritu/cosa extraña, mandaba un libro porno de regalo de cumpleaños?

Lo peor de todo, es que ni siquiera permitió que leyera desde el principio, simplemente me dejó adjunta una nota que decía lo siguiente:

Mi queridísima señorita G. Mis mejores deseos para usted en éste día. En la caja encontrará un regalo que pensé sería de su agrado, además, contiene información crucial que estoy seguro su cerebro absorberá encarecidamente.

PS: Sé que es una persona ordenada, con un sentido común envidiado por los demás mortales y un estricto régimen de comportamiento. Sin embargo, le ruego que empiece a leer el libro desde la parte señalada por el separador. Luego que lea esa parte en específico, tiene mi completa aprobación de comenzar como se debe, por el principio.

PS2: A veces, las mejores cosas son las que comienzan de forma desordenada. No lo olvide.

PS3: Si descubro que leyó el libro desde el principio y no desde la página pautada, le cobraré nuestro arreglo el doble…

PS4: Sé que no llegaremos a extremos.

PS5: ¡OBEDEZCA!

R.E.G.

Al principio, me eché a reír. Pero cuando abrí el envoltorio y noté que el separador estaba ubicado a tres páginas para terminar el libro… Comencé a hiperventilar. ¿Cómo iba a leer el libro desde ahí? Yo era inteligente, pero no alcanzaba a los niveles (insignificantes y para nada certeros) de la adivinación. Pero antes de entrar en pánico, decidí calmarme y seguir las instrucciones de la carta, porque era una persona obediente. (Aunque mi récord de conducta y probablemente el testimonio del profesor Snape probaran lo contrario)

2:30 pm

Había terminado el libro y podía notar varias cosas…

La primera de ellas, que Roger el guapo estaba desquiciado.

La segunda, que estos romances baratos son bastante entretenidos.

Y la tercera… Estaba cachonda.

Por primera vez en mi vida estaba total e irremediablemente excitada por una estupidez que ni siquiera era real. ¿Cómo era posible que un libro lograra ponerme así?

Y sí, Roger había dado en el clavo. El libro había despertado mi curiosidad. Ahora no solo me bastaba con saber la teoría, necesitaba la práctica, lo cual me llevó a pensar que el fantasma era realmente inteligente y perspicaz ya que con ese regalo había asegurado mi presencia en su bendita Cámara de los secretos…

3:30 pm

¡Estaba releyendo el libro! No podía evitarlo. Jack, el personaje masculino había capturado mi corazón de una manera nueva y excitante. Era el tipo perfecto para toda mujer, sensual, pícaro, divertido, trabajador, noble… ¿Qué más podría una pedir?

Me pregunté si mi caballero (me negaba a llamarlo prostituto) compartiría semejanzas con Jack. De ser así probablemente no me verían allí una vez…

8:00 pm

-¿Hermione?- me espabilé al escuchar el toque de la puerta de mi habitación, observé el reloj y con terror me di cuenta que me había quedado dormida con el libro entre mis brazos. Me levanté y abrí la se encontraba al otro lado, la miré parpadeando repetidas veces para espantar el sueño y cuando noté su vestimenta levanté las cejas con asombro. Llevaba un bonito vestido rojo que resaltaba sus pecas y su cabello fuego, me sonrió al notar mi escrutinio y dio una vuelta para que apreciara mejor su trabajo.- ¿Hermione porqué no estás lista?- preguntó viendo con desaprobación mi pijama arrugado.

-¿Para qué?- pregunté tontamente.

-¡Para la fiesta!- ¿Otra fiesta? ¡Merlín me amparara!- ¿Ron no te lo dijo?

-No lo he visto.- Ginny soltó un bufido. –Bueno, no importa, vístete. Ya están bajando los invitados. Les diré que vendrás dentro de un momento.- asentí azorada, estuve a punto de sacarla a patadas de la habitación, pero me contuve.

Cuando la puerta se cerró suspiré aliviada, y supe que tenía que salir de allí cuanto antes.

9:00 pm

Finalmente, llegué a la Cámara de los secretos. Sonreí al recordar al montón de gente que Ron había reclutado en mi honor y que probablemente no se darían cuenta de mi falta. Pero nada hubiese sido posible sin la ayuda de Harry, quien acudió a mi llamado y me prestó nuevamente la capa sin hacer preguntas. Juré que le iba a dar el mejor regalo de navidad.

Me aproximé al baño con el corazón en la garganta. Con manos temblorosas abrí la puerta y me encontré cara a cara con Roger el guapo. Me quité la capa y le grité.

-¿Qué clase de regalo es un libro pornográfico? – él no se alteró ni un ápice.

-Sígame señorita Granger.- Roger me instó a seguirlo, lo hice resignada a que no obtendría una respuesta de su parte. Nos dirigimos hacia unas compuertas de cristal que resultaron ser un elevador. – marque el botón M, por favor. – hice lo propio y el ascensor subió lentamente mientras una música que reconocí como la Habanera de Carmen, comenzó a sonar.

-¿Le gusta la música muggle?- pregunté.

-No me lo atribuya a mí, Ren, el mono es bastante exigente en cuanto a la música que se reproduce en el ascensor. Se lo presentaría con gusto, pero se encuentra en su siesta. A las diez en punto retorna a sus servicios.- sonreí. Típico. Una criatura exótica para adornar un lugar exótico. Las puertas de cristal se abrieron y me sorprendí al notar una galería circular llena de puertas, cada una de un color diferente.

-La puerta blanca es nuestro destino.- sonriendo y sintiéndome como una quinceañera, me dirigí hacia la puerta señalada que se abrió sin que llegara a tocarla. El interior no era nada del otro mundo, simplemente una sala con una buena iluminación, muchos espejos, varias sillas reclinables y montones de maquijalle.

-Bienvenida señorita Granger.- me giré a observar la dueña de la voz chillona, que era una ninfa del bosque prohibido. Su aspecto era más parecido a un roble que a un espíritu de la naturaleza. Su cabello verde brillaba y se movía como si tuviera un ventilador propio, sus ojillos negros se veían pequeños e inteligentes y sus manos eran grandes para un ser tan pequeño. Le sonreí encantada porque sabía que los seres de la naturaleza merecían respeto, además, eran conocidos por su temperamento cambiante, como las estaciones.

-Te presento a Nogalina. Ella te atenderá el día de hoy. Estás segura en sus manos. Regresaré cuando estés lista.- sin decir nada más, Roger el guapo se marchó.

Nogalina me llevó hacia un baño que no tenía nada que envidiarle al de los prefectos, me dio a elegir mi aroma favorito y decidí optar por la flor de loto, ella con una sonrisa abrió el grifo perteneciente al aroma escogido y yo me sumergí en la piscina y me relajé. Ella me dejó nadar todo el rato que quise, hasta que llegado un punto, comenzó a bañarme, haciéndome sentir como una inútil.

Luego del baño, Nogalina me tendió un cómodo batín color escarlata y me sentó en la sala de maquillaje en una de las sillas reclinables para trabajar con mi cabello. Es vergonzoso decir que sus manos se sentían tan suaves y delicadas que daba la sensación de que un montón de mariposas estuvieran peinando mis hebras castañas. Al cabo de un rato me quedé dormida.

Desperté cuando sentí que me zarandeaban un poco.

-Ya está lista señorita…- comunicó Nogalina con una sonrisa. Me levanté para observar mi maquillaje y mi cabello. Me veía hermosa, la ninfa había rizado mi pelo de forma que ahora era tan abundante y largo que tocaba la base de mi espalda. Me acerqué al espejo y noté que el peinado de la parte superior estaba confeccionado con trenzas sencillas y una hermosa cadena que colgaba en mi frente, dándome un toque exótico. Mis ojos los había resaltado levemente con delineador negro. En conclusión, me veía natural y hermosa.

-Felicidades Nogalina.- di un respingo al escuchar la voz de Roger, hasta el momento no me había percatado de su presencia. - ¿Qué tienes pensado para el vestuario?

La ninfa con una sonrisa alegre, se acercó a un pequeño closet, sacando de él un conjunto extraño que consistían en varias cadenas de oro tan finas que casi no se percibían, pero se entremezclaban entre sí de una forma que tapaba mi desnudes, pero al mismo tiempo la exhibía. Luego sacó una pieza que solo podía llamarse como un tapa rabos elegante rodeado de cadenas de oro y una fina tela blanca que formaba una pequeña falda.

-Perfecto. ¿Lista para mostrar sus piernas señorita Granger? – me sonrojé.

Todo parecía un sueño, un sueño picante, exótico y foráneo. Me sentía en otro cuerpo, en otro mundo, en otra Hermione. La sensación en vez de ser extraña y repulsiva, era atrayente y cautivante. Estaba nerviosa, sí, pero también ansiosa por lo que estaba a punto de experimentar, además, Roger me había hecho sentir como una muñeca con la cantidad de mimos y adornos de los cuales me había provisto. Finalmente, me llevaron a un salón precioso, cuya luz tenue causada por las lámparas de aceite le daban un toque cálido y sensual.

Vagué por el lugar curiosa, observando todo a mi alrededor, hasta que llegué a un atrio que contenía tres amplias piscinas de poca profundidad, como no había otro camino, tuve que pasar por un pequeño espacio entre cada piscina, hasta llegar a la central, donde se encontraba una hermosa escultura que representaba a la diosa del amor encontrándose con el dios de la guerra. Sonreí ante la ironía de la situación.

¿Es que acaso el amor siempre iba a ser perseguido por la guerra? ¿O era un simple recordatorio que nos dejaban los dioses para asegurarnos que el amor no venía solo? Me quedé absorta, observando el anhelo de ambos impreso en los ojos del otro, verlos robaba el corazón; recordar que su amor era prohibido era desgarrador y al mismo tiempo esperanzador.

Al rato tomé asiento en la otomana y me dejé llevar por la sensación del momento recostándome en ella, descubrí que había una copa de lo que parecía ser vino, dispuesta en una bandeja en el suelo y la tomé y bebí.En ese instante, unas puertas que hasta ahora no habían notado que existían, se abrieron y cuando me giré para observar, vi el hombre más bello y no pelirrojo que mis mortales ojos jamás hubiesen visto.

Era alto y atlético pero sin llegar a ser grotesco, sus piernas fuertes y arrogantes se levantaban cual columnas para sostener el peso de su cuerpo, su torso cubierto por una túnica negra lo hacía ver heroico y fuera de éste mundo. Su mandíbula era fuerte y noté con deleite que tenía un pequeño hoyuelo en el centro, casi imperceptible. Su nariz era patricia, sus pómulos altos y sus ojos…Jamás había visto unos ojos tan grises como esos, aún en la distancia se podían apreciar perfectamente, un escalofrío me corrió completa cuando noté que estaban fijos en mí… No sabría cómo explicar el significado de esa mirada, simplemente podía afirmar que era penetrante haciéndome sentir atraída hacia él irremediablemente.

Roger el guapo, se materializó a mi lado con una sonrisa complacida, me susurró que lo siguiera. Me levanté, sin romper el contacto visual y bajé hacia é ojos no se despegaban de mi cuerpo y en vez de sentirme expuesta, me sentí osada y extrañamente cómoda, como si fuera normal que me estuviera comiendo con los ojos. Entonces, llegué hasta él. Su aroma masculino me hizo tragar saliva de deseo, porque ya deseaba acariciarle los rizos plateados y perderme en la tormenta de su mirada.

Él tomó mi mano y acercándola a su boca la besó haciendo que un cosquilleo se extendiera por todo mi cuerpo. Asiéndome aún por la mano, me acercó a él y mi corazón tuvo un ataque cardiaco cuando sus ojos grises se deslizaron por mi cara, como estudiando cada facción, cada recoveco de mi rostro, luego bajó hacia mi cuello, quedándose un rato ahí. Sentí que mi respiración se aceleró en un instante y entonces su mirar se centró en mi pecho que estaba escasamente cubierto por mis cabellos, sabía que el cabello de los Weasleys no se comparaba con mi sonrojo.

Era la primera vez que alguien me estudiaba de esa manera, tan meticulosa, como no queriendo perder ningún detalle. Luego sus ojos grises se posaron en mis piernas. No sabía cuánto tiempo se iba a quedar mirándome, pero lejos de incomodarme, me hacía sentir nerviosa. ¿Le gustaba? ¿Le parecía plana como había dicho Malfoy esa mañana?

De repente, él sonrió y fue una sonrisa tan poderosa que mis piernas se transformaron en gelatina y mi estómago se convirtió en un albergue de mariposas locas que aleteaban sin cesar. Su mano izquierda, que era la libre, acarició mi mejilla y lentamente la bajó hacia mi cuello y entonces… echó el cabello hacia atrás, tragué saliva. Él, sin despegar sus ojos de los míos, repitió la misma acción del otro lado. Me mordí el labio inferior y traté de respirar. La poca protección que tenía de su mirada, había perecido cadenas que rodeaban mi cuello y mi pecho en un intrínseco lazo, eran lo único que resguardaban mi piel desnuda, sin embargo, no eran demasiado buenas ocultando nada.

-¿Cómo te llamas? – pregunté porque ya no soportaba el silencio. Él entornó los ojos, pero lejos de parecer enfadado, lucía divertido.- No me veo llamándote Dragón. – no respondió, en cambio, me soltó, se dio media vuelta y me hizo señas para que ingresara a la habitación que estaba dispuesta para nosotros. Mirándolo con reproche porque había ignorado mi pregunta, ingresé a la habitación sintiéndome agradecida por el cálido fuego que alumbraba la estancia. Observé de reojo la preciosa cama blanca que me lanzaba invitaciones silenciosas para que la ocupara.

Dragón se acercó a una mesa dispuesta con vino y refrigerio. No me percaté de ello porque no podía despegar mis ojos de su espalda. Era la espalda más hermosa y poderosa que jamás hubiese visto, recubierta de algunos lunares esparcidos por los tensos músculos de sus hombros. Sonreí al acordarme de cómo describían los músculos de Jack en el libro porno que me había obsequiado Roger, la verdad es que nunca pensé que esa descripción fuese real, hasta ese momento.

Mi caballero plateado, sirvió dos copas de vino, se acercó a mí y me entregó una. La tomé buscando su mirada. ¿No iba a hablarme nunca?

-No me parece justo que sepas mi nombre y yo ignore el tuyo…- sí, mis preguntas estaban totalmente fuera de lugar. Pero estaba en una situación extraña, me sentía nerviosa y él no hacía mucho para calmarme. Además, se suponía que cuando… bueno, cuando todo comenzara, iba a sentir tanto placer que me iba a provocar decir su nombre. La verdad, la palabra Dragón no era demasiado excitante, aparte de que me haría sentir estúpida.

Silencio.

Si esto fuera un concurso para exasperarme, ciertamente él hubiese ganado el primer lugar.

En vez de hablar, simplemente bebió un sorbo del vino sin despegar su mirada de la mía. Traté de calmarme, cabía la posibilidad de que él estuviera nervioso o que probablemente mi belleza lo dejó sin habla. ¿O era mudo? ¡Oh por Merlín! ¿Era un prostituto mudo?

-No me digas que no sabes hablar… ¿Eres…? - ¡Merlín no podía decirlo! Seguramente era el cuadro más estúpido que alguien hubiese podido pintar en su vida. Una chica genio en un prostíbulo, semi desnuda y hablando con un mudo. Y no con cualquier mudo, el prostituto mudo.

Estaba a punto de entrar en un ataque y salir gritando de allí proclamando que ese lugar era un fraude cuando… mi caballero plateado se echó a reír. En mi cara. En mis pechos desnudos. En ese lugar. Se echó a reír.

Un mudo no podría reírse de esa una risa masculina, baja, ronca, sensual, preciosa. ¡Idiota! Eres una idiota Hermione Granger.

-¿Tengo cara de mudo? – esa voz…

-¡Te conozco!- exclamé azorada. – ¡Por eso no querías hablar! – él no pareció aturdido por mi acusación, todo lo contrario. Su sonrisa felina se extendió aún más y quitándome la copa de las manos, me miró a los ojos.

-¿Luzco familiar? – lo estudié. La verdad no. ¿O sí? Pero no me dejó tiempo de analizarlo, porque me besó. Fue tan repentino e inesperado, pero a la vez tan… ¡Wao! Fue el mejor beso que alguien nunca me hubiese dado. El de Ron quedaba ridiculizado ante aquello…

Asaltó mis labios con lentitud agonizante, saboreando lo que tocaba y pidiendo más. Sus manos grandes y expertas bajaron por mi columna vertebral ocasionando impactos en mis sentidos, deteniéndose con cierto sentido de pertenencia en mi cintura donde me apretó más hacia su cuerpo cálido.

Si solo un beso me ponía así, no quería saber cómo estaría en la mañana…

CONTINUARA