HERMIONE GRANGER
PLACER
Cámara de los Secretos.
El paraíso no se encontraba en la sabiduría, como tan tercamente solía creer. El paraíso está representado en una caricia, en un íntimo gemido de placer, en un roce perfecto entre dos cuerpos hambrientos el uno por el otro, buscando el calor que solo esa piel conocida sabe dar.
Las equivocaciones no son actos comunes en mi existencia, la mayoría de las veces la razón, el entendimiento y conocimiento son los que dominan cada fibra de mi ser. Sin embargo, había cometido dos grandes errores en los últimos años de mi vida. El primero, subestimar la caricia masculina en mi cuerpo y el segundo, asegurarme a mí misma que jamás soltaría gemidos tan asquerosos, vulgares y chocantes como hacían las chicas excitadas de las películas. Como siempre, es necesario acompañar con pruebas ciertas declaraciones, yo tengo mi prueba de que caí estrepitosamente en cada negación mencionada.
Dragón.
Él me enseñó que mi cuerpo podía reaccionar de maneras increíbles; me enseñó a gemir de locura, de ansias y desespero. Pero sobretodo, me enseñó lo equivocada que estaba en muchas cosas.
Sus manos eran remolinos de fuego que viajaban por mi piel haciendo estragos en mis nervios, en mis sentidos y en mi terco corazón. Su cuerpo, fuerte y magnético era el dulce más adictivo que había probado, haciéndome consciente de que toda droga tiene un efecto secundario. Algunas veces esos efectos son sutiles, a penas notorios, sin embargo, en los peores casos esos efectos podrían tornarse peligrosos. Era exactamente cómo me sentía con Dragón, él era una droga que lograba hacer florecer cada palmo de deseo en mí, su tacto era suficiente para hacer explotar mis neuronas en millones de partículas que se dispersaban sin rumbo fijo en el espacio. Pero cuando finalmente entró en mí… Bueno, la magia se rompió.
Dolía. Nadie me había dicho que doliera tanto.
Cerré los ojos con fuerza y me apreté contra su cuerpo buscando su calor como confort. Dragón me rodeó con sus fuertes brazos y su boca encontró mi oído para susurrar tiernas palabras dirigidas a calmar mi angustia repentina.
-Tranquila, relájate…- su voz era ronca, baja y apretada y supe que lo estaba torturando con mi tardanza. Los segundos pasaron y la tranquilidad empezó a regresar a mí. Los labios de Dragón, dulces y sensuales continuaron acariciando mi garganta y mi oreja hasta que repentinamente, mis caderas se movieron contra las suyas y literalmente, el mundo explotó ante mis ojos…
-¡Merlín! – exclamé cuando él empezó a moverse dentro de mí entendiendo que mi incomodidad ya había cesado. Sus embestidas eran dolorosamente lentas pero lo suficientemente precisas para causar estragos en mi interior. Nunca seré capaz de describir un momento tan perfecto, el placer tan exquisito de tener su cuerpo sobre el mío, nuestros alientos mezclados en palabras evaporadas de deseo… Todo era perfecto, poco a poco mi dolor virginal fue cediendo y él parecía leerme como un libro abierto porque su ritmo acompasado comenzó a intensificarse. Juntos danzamos en el ritual más antiguo en la historia de la humanidad, tocamos el cielo con un gemido desgarrador que no supe identificar como propio. Dragón se desplomó sobre mí con la frente sudorosa y la respiración agitada y yo me quedé inmóvil. Disfrutando de su presencia, de su calor y del modo extraño en que se sentía mi corazón. Lo rodeé con mis brazos con toda la intensión de no soltarlo, por lo menos no todavía… El tiempo se detuvo en esa habitación de la sala de los secretos, el aroma a sexo inundaba en el aire y yo me sentía en una nube… ¡Merlín! Me sentía en el propio Olimpo.
H&D
Estaba desnuda encima de una cama que no era la mía, con un extraño observando mi desnudez y acariciando la curva de mis senos con la yema de sus dedos, quemando la piel por donde pasaba, marcándola como suya. Los ojos de Dragón estaban fijos en mí y los sentía como una caricia eterna y sensual. Sus dedos bajaron hacia la superficie de mi ombligo y me mordí el labio inferior para no dejar escapar otro pasmoso y avergonzate gemido. ¡Merlín! Jamás pensé que podría ser tan carnal…
-¿Cómo te sientes?- preguntó acariciando lentamente mi femineidad…
-Bien.- no me había dado cuenta que mi voz había aumentado dos tonos. Él asintió sin decir nada, se levantó de la cama y se acercó hacia el otro lado de la habitación dónde había varias vasijas llenas de agua y algunas toallas. Lo observé haciendo un acto tan íntimo como limpiarse la semilla que había derramado dentro de mí. Me sorprendió saber que en vez de causarme asco, su pequeño ritual de limpieza me pareció increíblemente sensible e íntimo. Dragón no parecía molesto de que fuera testigo de un acto tan privado, después de todo, él ya conocía cada rincón de mi cuerpo, y yo también me había aventurado a conocer el suyo. Así que en vez de asco, sentía una extraña familiaridad que me desconcertó y agradó en porciones iguales. Una vez que Dragón terminó, tomó una vasija con agua limpia, una toalla nueva y se acercó a mí con un gesto de absoluta concentración plasmado en su hermoso rostro.
No pude evitar quedarme sin respiración ante aquella vista tan masculina y poderosa. Su cuerpo era simplemente perfecto, sus facciones eran preciosas sin llegar a ser femeninas, ni una onza de su cuerpo era femenino. Dragón se movía con fluidez y experticia, la elegancia que lo envolvía al caminar tenía un efecto hipnótico en mí. Cada gesto, cada sonrisa era asimétrica y masculina, parecía un depredador letal e inalcanzable que estaba al asecho para atraer a su presa en sus garras. Me deleité en la vista de su cuerpo desnudo, de sus musculosos brazos, de su torso duro como el mármol y del sugerente vello que bajaba hasta su estrecha cintura y luego hasta su sexo que yacía en todo su esplendor. Me sonrojé cuando él sonrió seductoramente ante mi escrutinio y cuando se sentó a mi lado en la cama traté de incorporarme porque ya tenía demasiado tiempo desnuda, demasiado tiempo siendo otra persona que verdaderamente desconocía; pero Dragón me lo impidió con un gesto divertido.
-¿Para dónde crees que vas? – su brazo derecho me rodeó y tengo que admitir que sentir su cuerpo pegado al mío y su mano abierta sobre mi espalda era una sensación demasiado deliciosa para poder soportar. Tragué saliva cuando su mano rodó por mi espina dorsal en una caricia lenta y agonizante. Él se sumergió en mi cuello y comenzó a besarme. Mi cerebro se desconectó por completo de mi voluntad y supe que estaba perdida, había probado algo increíble cuyo sabor dudaba se desvaneciera de mi cuerpo, de mi alma y mi ser. Los dientes de Dragón mordieron el sensible lóbulo de mi oreja y sentí que todo el cuerpo se me erizaba sin control.
-Tiéndete.- derretida eternamente a su voluntad y ante el dulce sonido ronco de su voz, me tendí sin despegar mis ojos de los suyos. Abrigué a la nueva Hermione que Dragón inspiraba en mí, esa Hermione era seductora y sugerente, cual Helena de Troya ante su Paris.
Sus labios tiernos y tersos rodaron por mi estómago, sentí el ritmo de su respiración aumentar y supe que estaba inspirando cada centímetro de mi piel, deseé fusionarme con él,m ser una con su cuerpo. Dragón mordió suavemente mi ombligo y yo cerré los ojos con fuerza, sumergiéndome en las sensaciones que él me hacía conocer. Sus manos grandes y masculinas se movieron por mis piernas recorriendo su longitud, sentí que me abría poco a poco las piernas, a pesar de que me negué sin poner demasiados esfuerzos, él me subyugó a su voluntad y quedé una vez expuesta completamente ante su mirada.
¡Merlín! ¿Cuándo había dejado de ser una mojigata?
Pero contrario a lo que estaba pensando, Dragón tomó la toalla y la vasija que había traído y sumergiéndola en el agua, procedió a limpiar su semen y la sangre seca que se había acumulado entre mis muslos. Nunca esperé tal acción de parte de un prostituto, en realidad no sabía qué esperar. Roger había dejado estos sucios y libidinosos detalles sujetos a mi infinita imaginación sin aclarar nada más que el hecho de que sería una noche de sexo salvaje.
Me pregunté a qué hora se me permitiría irme y descubrí con cierta nostalgia que aún no quería salir de esa habitación ni despegarme de la hermosa vista del cuerpo desnudo de mi Adonis personal, el cual tenía la intención de conocer a lo largo de la velada. Desperté de mis pensamientos al oír su voz.
-¿Te duele?- inquirió con el ceño fruncido, casi molesto de estar lidiando con algo que estaba fuera de su zona de conocimiento, sonreí al identificarme con su pequeña batalla mental. Negué con la cabeza y él asintió taciturno. ¿Estaba preocupado por mí? No supe por qué pero el pensamiento trajo una gran sonrisa a mi rostro. Él se levantó cuando terminó su delicada tarea y dispuso los implementos lejos de mí. Sentí que se lavaba las manos y regresó al instante con una fresa en su boca. Una sonrisa seductora se dibujó en sus labios y las mariposas se desataron por todo mi cuerpo causando una rica oleada de placer. Aún no se acababa…
Dragón extendió su mano hacia mí y yo la tomé hipnotizada por su presencia, su brazo se deslizó posesivamente por mi cintura causando que nuestros pechos se encontraran en un roce que me hizo tragar fuertemente saliva. Él inclinó hacia mí y me instó a morder la fresa de sus labios… ¡Merlín! Esto era mejor que leer un libro erótico. El sabor agridulce de la fresa explotó en mi boca causando severos catástrofes en mi ya sensible cuerpo, él masticó su parte de la fresa sin despegar su vista de mis labios y luego, se acercó y me besó. Su lengua se encontró con la mía en una lenta y seductora danza. Dragón mordió mi labio inferior con lentitud, saboreando la fresa de mi boca y haciéndome estremecer de agonía y placer. Los besos de Dragón se extendieron hacia mi mandíbula, el contorno de mi rostro y finalmente mi cuello para susurrar…
-¿Quieres tomar un baño?
D&H
El hechizo que habían puesto en éste lugar era antiguo, poderoso y definitivamente desconocido para mí. Estaba anonadada y al mismo tiempo molesta por no saber cómo habían logrado colocar tantas puertas en un solo lugar, tantos recovecos que llevaran a paraísos como éste.
Con solo abrir una puerta, Dragón nos había traído a un claro precioso iluminado por la natural luz lunar. Se parecía mucho al cual Roger me había recibido en mi primera visita, pero éste era más pequeño, más íntimo. Observé el agua fluir por la pequeña cascada y mi piel se erizó de emoción por mis ganas de disfrutarla. Sin embargo, no pude moverme, la mano de Dragón se deslizó por mi cintura sujetándome a su cuerpo con fuerza.
-Mi pañuelo por ese pensamiento…- citó, yo sonreí.
-¿Quién encantó éste lugar? – solté sin poder negarme el placer del conocimiento. Una sonrisa arrogante se deslizó por su boca.
-Un grupo de personas demasiado inteligentes para su propio bienestar. – me respondió haciéndome fruncir el ceño. ¿Quiénes eran esas personas? La última vez que miré, yo era la bruja más inteligente de mi edad y me ofuscaba saber que jamás había leído de una magia tan basta como la que sentía en éste lugar. No pude evitar molestarme un poco ante su arrogante respuesta. Noté que sus ojos brillaban de desafío y me pregunté si no me estaría insultando en lo profundo de su ser, por saber algo que yo al parecer desconocía. Me giré para encararlo, sin importarme un bledo lo vulnerable que lucía desnuda. Y sé que lo que dije sonó demasiado chocante para un ser humano corriente, pero lo solté de todos modos…
-Yo soy la persona más inteligente de la escuela. A menos de que estemos hablando de Albus Dumbledore en persona, me niego a creer que haya magos en este castillo que sepan hechizos tan… antiguos y preciosos como éstos.- sus ojos centellaron con un sentimiento que no supe descifrar. ¿Satisfacción? ¿Ira? No pude evitar retroceder un poco, ya que Dragón, a pesar de traer un semblante calmado, parecía una de esas personas peligrosas con las cuales no conviene sostener una discusión… Mordí el interior de mi labio inferior entendiendo lo estúpida, caprichosa y pretenciosa que era. ¿Es que acaso la clase de humildad había pasado por mí?
-Pues adivina qué preciosa… Estás ante una de esas personas que contribuyó con los hechizos para crear éste lugar. Al parecer no eres la única inteligente en los confines del castillo. - me respondió soltándome y caminando con pasos largos y masculinos hacia el agua, dónde con un saltó, cayó al interior desapareciendo de mi vista por unos segundos.
Me quedé allí, parada, idiota y desnuda observando como él nadaba por el precioso lago. Me quedé unos segundos allí, parada, repitiendo en mi mente la pequeña discusión que habíamos tenido. ¿Cómo podía ser tan estúpida y arrogante? No pude evitar observarlo y deleitarme con la fuerza de sus brazos, de como el cabello platinado relucía reflejando la luz de la luna y el precioso rocío del agua. Había hecho que el hombre de mis fantasías que ni siquiera sabía que tenía, se molestara conmigo. ¡Bravo Hermione! ¿Cómo diablos hacía ahora?
-¡Hey señorita super-dotada-de-inteligencia-que-nadie-más-posee!- me gritó desde el agua- ¿No quieres probar éstas dulces aguas encantadas por gente mucho más inteligente y humilde que tú?- sonreí a mi pesar. Moría por sumergirme en el precioso estanque, pero sobre todo, moría por un toque de mi dragón…
Y aunque caminé para reunirme con él, no iba a dejar tan fácilmente el tema. Necesitaba saber quién o quienes estaban detrás del secreto de la Cámara y quienes eran esos estudiantes supuestamente súper dotados de sabiduría y hechizos que aparentemente estaban fuera de mi alcance. Lamentablemente, Dragón, me hizo olvidar el tema por completo. En el momento que llegué a su lado, sus manos estaban sobre mí, me dejé llevar por su beso apasionado, por las ganas de saborearlo nuevamente, de maravillarme en su fuerza y en los gemidos de placer que yo le provocaba. Me instó a rodear su cintura con mis piernas y cuando sentí su erección penetrarme lentamente, me arqueé contra él, ávida por experimentar el paseo al cielo nuevamente. El movimiento del agua y su canto mágico fueron el escenario de nuestro segundo encuentro.
La mirada penetrante de Dragón no se apartaba de la mía en ningún momento. Yo, obnubilada de placer lo abrazaba, aferrándome a él porque de lo contrario sentía que iba a caer… Y por segunda vez en la noche, en sus brazos y bajo la potencia de su mirada, llegué a mi segundo orgasmo y fue… delicioso.
Cuando salimos del agua, nos echamos sobre el pasto observando la preciosa luna que era el único testigo de nuestro encuentro. ¿Qué dirían los demás si se enteraran que la diligente Hermione Granger había perdido su virginidad con un prostituto? Una risita loca se me escapó sin poder detenerla.
-¿Sabes? Estoy empezando a dudar de tu cordura…- alcé la mirada para encontrarme cara a cara con él, estaba inclinado sobre mí con un codo como apoyo para su cabeza. Su mirada me estudiaba, curiosa. Sonreí.
-Fue un pensamiento tonto…- respondí sintiendo mis mejillas arder. Dragón frunció el ceño intrigado. – Eres demasiado curioso.- dije sonriendo. Él encaró una ceja divertido.
-Me parece que ambos tenemos ese pequeño aspecto en común.- dijo observándome con intensidad.
-¿Quién eres? – pregunté débilmente, capturada por la potencia de su mirada. Su sonrisa se extendió, enigmática y conocida a la vez. Se inclinó y besó mis labios en un toque corto.
-Soy Dragón…- respondió escuetamente. Rodé los ojos. Se acercó, besó mi mejilla y susurró.- y soy más inteligente que tú…- me eché a reír. Él también sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos y me pregunté qué secreto estaría escondiendo. Repentinamente, deseé saber todo acerca de él.
CONTINUARÁ
