Irresistible
Cámara de los Secretos
Mi nombre es Draco Malfoy, mido uno ochenta y tres, soy rubio, hermoso y… me cogí a Hermione Granger. ¿Quieres saber más? Soy prostituto y gano montañas de dinero que invierto en propiedades y pequeñas empresas, para mi corta edad tengo prácticamente mi futuro asegurado. Pero eso no importa, ya que me cogí a una sangre sucia.
Hay muchas maneras de decepcionar a una noble familia sangre pura y ridículamente orgullosa:
La primera, ser un puto.
La segunda, recibir dinero ilícito.
Todas éstas cosas he hecho, logrando mantener intacta esa parte muy Malfoy mía.
Hasta este día…
La que jamás pensé como una posibilidad en mi vida era la más peligrosa de todas y la que se hizo realidad sin muchas dificultades.
Cogerse a una sangre sucia.
La mano de Granger se entrelazó con la mía mientras la guiaba por los interminables pasillos de la Cámara de los Secretos hacia una habitación que había impregnado mi mente desde la primera vez que la vi desnuda. Era una fantasía bastante absurda y recién nacida, no sabía que podía ser tan retorcido así. Pero la verdad es que me quedaba poco tiempo. No sabía qué hora era y usualmente yo era demasiado cuidadoso con cuestiones relacionadas con el tiempo porque la magia de las ninfas no era eterna.
Mínimo cinco horas, máximo… Dependía de la antigüedad de la ninfa y de la sangre poderosa que tuviera en las venas. Por eso, estaba nervioso. Buscaba mi reflejo repetidas veces para examinar el rostro que Nírima me había provisto. Estaba intacto. No sabía por cuánto tiempo, pero lo poco que me quedaba, lo haría valer…
Muchos sentimientos se mezclaban en mi interior. La sangre sucia tenía una piel deliciosa y sin mucho esfuerzo me había convertido en un adicto a su sabor y textura, la muy puta me tenía en un extremo estado de necesidad que comenzaba a ser absurdo y aunque la parte pura que aún moraba en mí, esa parte tan Malfoy orgullosa y prepotente me gritaba desesperadamente que me detuviera, tenía que estar vomitando, no buscando nuestro próximo nido para fornicar como las fuerzas oscuras lo mandaban…
El chico de diecisiete años que era tenía el cerebro obnubilado de placer, las manos me picaban por tocarla y mi miembro… la pobre cosa explotaría en cualquier segundo. Necesitaba cogérmela una vez más… Quizás una última vez.
No, quizás no.
Era nuestra última vez.
Así que mejor será que la disfrutes pequeña sangre sucia.- pensé notando que la frase era más dirigida para mí que para ella, que caminaba a mi lado con los pezones sonrosados de mis atenciones y la mirada perdida en un sueño erótico que pronto tendría que acabar.
Acabar… Cómo yo haría en segundos si no la tenía bajo de mí.
Qué morboso eres Malfoy.
-¿Hacia dónde vamos?- me preguntó apretándose contra mi costado en busca de mi calor. Me abstuve de rodearla porque eso lo hacían los mariquitos enamorados. Yo solo deseaba un buen revolcón. Nada más.
-Ya lo verás…- la verdad, su curiosidad me parecía exasperante y el hecho de que tuviera el ego del tamaño de Marte con Plutón fusionados con el sol, no ayudaba para nada. La muy descarada podría muy bien disfrazarse de un Malfoy, dudaba que alguien notara la diferencia, no hasta que sangrara y toda mi familia muriera por el hedor de su linaje impuro, sucio.
Caminamos entre solitarios pasillos llenos de puertas de diferentes colores y texturas. Sentí la curiosidad salir a borbotones de ella, pero mi mano se mantuvo firme guiándola hasta que llegamos al final del pasillo. Una puerta de cristal me esperaba.
La sangre sucia se asomó por mi hombro para estudiarla, pero sabiendo lo quisquillosa e insufrible que era, no le di tiempo para absorber demasiado, simplemente la abrí y la hice entrar.
La habitación estaba a oscuras y la sentí titubear ante mi tacto.
-¿Qué es este lugar? – preguntó con voz débil. ¿Tenía miedo de mí? Al parecer el sentido común estaba empezando a aparecer en esa fastidiosa cabecita. Rodeé su cintura con mi brazo acercando su espalda a mi torso, ella se estremeció y me sentí poderoso, cruel y definitivamente excitado.
-¿Tienes miedo de mí?- pregunté lamiendo su cuello, cuyo sabor sería incapaz de borrarse de mis sentidos.
-¿Debería temerte? – por tu bien, sí pequeña mosca.
No le respondí, simplemente hice un movimiento con mi mano que ella no vio ya que la oscuridad nos rodeaba, y poco a poco, tenues luces, como estrellas fueron apareciendo en la habitación desvelando destellos de nuestro alrededor. Dejé que el espectáculo durara algunos segundos y en vez de estar embelesado con las estrellas, yo me deleitaba en el cuerpo desnudo que tenía entre mis brazos. Las luces tenues se reflejaban en el cuerpo de la sangre sucia formado una mezcla de colores idílica sobre su piel.
-Es hermoso…- susurró. Yo sonreí, seguramente me preguntaría qué clase de magia sería esa, y me sorprendí cuando no lo hizo. Agradecí que se mantuviera callada, de lo contrario la dejaría allí encerrada buscando respuestas que nunca sería capaz de encontrar.
Con una mirada, las luces dejaron de parpadear en tintineantes colores para mantenerse fijas y revelar la sala de espejos.
Toda la habitación, estaba cubierta de espejos. Hasta el suelo dónde pisábamos.
La sangre sucia soltó un gemido sorprendido y disfruté el fuerte sonrojo que se tiñó su delicada piel.
-¿Tímida cielo?- pregunté para picarla. Ella se giró en mis brazos y con una sonrisita demasiado seductora para su propio bien, me rodeó el cuello.
-Eres demasiado retorcido.- yo sonreí sin poder evitarlo.- ¿Quieres convertirme en una ninfómana?
-No, quiero convertirte en mí ninfómana.- declaré con voz seria, demasiado seria. No me detuve a meditar mis palabras ni tampoco le di chance a ella para que lo hiciera, simplemente la besé y la toqué con las ansias que me estaban comiendo.
La veía en todos lados, en cada ángulo de su cuerpo, ese día, la sangre sucia quedó totalmente indefensa ante mí, y yo ante ella. En esa depravada habitación conocí su cuerpo, me deleité en vernos unidos danzando juntos y gimiendo juntos. Hice cosas que la ruborizaron de vergüenza y ella hizo cosas que jamás imaginó hacer… Todo lo disfruté. Lo disfruté demasiado.
Éste salón había sido una idea mía hacía dos años. Sin embargo, nunca me había sentido particularmente atraído a usarlo… Hasta que llegó mi hechicera particular e inundó todas mis fantasías y creó unas nuevas.
Yo estaba acostado en el tibio suelo y ella me cabalgaba como una jineta experta. Nuestras cinturas se movían en un ritmo acompasado que me estaban volando la cordura. Mis manos, ubicadas en sus caderas la instaban a moverse y sabía que probablemente estos asaltos causarían cierta incomodidad más tarde en su pequeño cuerpo virginal, pero no me importó. La vista valía la pena, y de todos modos el dolor no lo sentiría yo…
Sí, nunca dejaría de ser un bastardo Slytherin.
D&H
La magia de Nírima había durado muchísimo más de lo previsto. Luego de varios encuentros en la sala de los reflejos, llevé a la sangre sucia de vuelta a la habitación, porque aunque lo negara mil veces, ella estaba cansada. La llevaba en brazos, y me sorprendí al notar que no pesaba absolutamente nada.
Tienes que comer más sangre sucia.- pensé entrando en la habitación, ella estaba deliciosamente enrollada en mi cuerpo y con delicadeza, la deposité en la cama. Disfruté una última vez de la vista de su cuerpo desnudo, y con determinación la tapé con las sábanas arrugadas de nuestro uso, y levantando la mirada vi mi reflejo en el espejo al otro lado de la habitación.
Draco Malfoy había regresado.
La miré una vez más y me juré que esa noche solo sería un sueño. Uno loco, retorcido y exquisitamente pornográfico. Ella no me pertenecía, ella era de su gente estúpida, ella era de color rojo y dorado, ella era sucia. Y por más que deshonrara el nombre de mi familia en muchas cosas, ésta en particular era un área que no me atrevería a cruzar.
Dándome la vuelta, salí de la habitación sin mirar atrás. Olvidando las emociones que circulaban en mi interior, dejando atrás la impetuosa necesidad de girar y meterme en la cama con ella, calentar su cuerpo con el mío y verla despertar.
Los pensamientos eran tan extraños y foráneos en mi mente que me sorprendí. Y así desnudo, me dirigí hacia una pequeña habitación adyacente y me coloqué mis ropas usuales. El negro era mi color.
Y sintiéndome extrañamente melancólico, salí del área de las habitaciones milenarias y regresé a la bóveda del basilisco. Escuché la melodía lenta de un tango resonar en el aire y supe que el lugar no estaba tan vacío como había esperado. Había varios borrachos en el piso, sumergidos en el olvido de su propia pestilencia. Escuché risas y me asomé por la entrada donde Salazar se alzaba con la boca abierta de pánico ante nuestras fechorías. El condón que había visto hacía horas seguía colgando de su nariz austera. Bajé la mirada para comprobar quienes reían a esa hora tan inoportuna y observé a varias de nuestras chicas correteando desnudas por el agua, tras ellas, iba Ibor, el dueño de la taberna nocturna de Hogsmeade donde siempre asistíamos. Sonreí a mi pesar y dejándolos estar, pasé encima del borracho y me senté en los huesos de la bestia que había muerto bajo las manos cicatrizadas de Potter.
Encendí un cigarro y pensativo, me quedé allí, incapaz de concebir la idea de dormir o de hacer otra cosa que no sea pensar en la piel que había probado, en la boca que había devorado y en ese lugar tan estrecho y delicioso que había conquistado y que a todas reglas, me pertenecía.
¡Maldita sea Roger!
Me había dañado.
Esa puta sangre sucia me había dañado. Respirando profundamente, analicé la situación con ojo crítico. Me encontraba a flor de piel y la verdad lo que me estaba pasando era algo normal. Cuando se prueba un postre, siempre hay antojo del mismo por cierto tiempo hasta que se vuelve empalagoso y se llega a odiar porque se ha comido demasiado.
Es lógica y yo soy un hombre lógico.
Se me iba a pasar, no había nada de qué preocuparse. Era cuestión de tiempo y aunque no era un ser humano precisamente paciente, en éste caso lo sería ya que el resultado valdría la pena.
Sentí un escalofrío alrededor del cuello y alcé la mirada, una fantasma hermosa me miraba.
-Mi señor, Zabinni lo está esperando. – apagando el cigarrillo con mi zapato, me puse en pie y saludando al fantasma con un movimiento de cabeza, me dirigí hacia nuestro lugar de reunión, situado unos cuantos metros bajo tierra.
Cuando llegué a la sala de reuniones, me eché el cabello hacia atrás y con un mal presentimiento abrí la puerta.
Me enfurecí.
-¿Qué diablos estás haciendo aquí Pansy? – pregunté observando a la chica que me sonreía desde la silla donde estaba sentada. Blaise estaba apoyado contra la mesa con los brazos cruzados. Tenía esa sonrisa de hombre de negocios satisfecho que quise borrar de su cara inmediatamente, por múltiples razones, como por ejemplo, dejarme a mí lidiar con Granger.
Luego lo imaginé con ella y la furia me cegó de maneras absurdas. Me calmé porque sentía que iba a explotar.
-Hola Draco.- saludó Pansy con sus ojos azules brillantes. Su Malena rubia estaba suelta y luz que irradiaba era cegadora e idílica, parecía a una Helena de Troya suspirando por su Paris. No le respondí el saludo, simplemente me acerqué, tomé a Balise de la camisa y lo acerqué a mí.
-¿Porqué mierda está ella aquí? – murmuré, mi voz letal y peligrosa. El maldito no se inmutó.
-¿Qué tal la velada? ¿La chica era linda? – triplemente furioso lo zarandee, no estaba para bromas.
-No me des motivos para partirte la cara. No te hagas el idiota.
-Draco cálmate…- la voz de Pansy y su tacto en mi brazo eran ajenos para mí. Mi furia estaba centrada en Blaise y solo en él.
-No sé quien era la chica, solo sé que Roger quería que tú la tomaras. No tuve nada que ver con el arreglo y tampoco me consultaron al respecto.- la voz seria de mi amigo y su mirada preocupada me hizo creerle. Como siempre, todo era culpa de Roger…
Lo solté, no muy convencido.
-¿Qué hace ella aquí? Hicimos un juramento, ella no estará involucrada en nada de esto. – dije con voz calmada.
-Draco no soy una niña.- ignoré la voz molesta de Pansy. Ella no tenía vela en ese entierro. Blaise me miró cansado.
-Me escuchó hablando con Roger. Estábamos planeado la subasta y como no tenemos una virgen a la mano, la señorita valiente se ofreció. – ésta vez la fulminé con la mirada.
-Ni lo sueñes.- le dije. Mi amor fraternal por Pansy era bastante grande, debo admitirlo. Ella y Blaise eran lo más cercano a una familia y con ambos era muy sobreprotector. Y así me pagaban los malditos.
-Lamentablemente para ti querido Dragón la decisión es mía. Roger me ofreció el puesto.- si mis miradas mataran Pansy estaría muerta y sus huesos estarían exhibidos al lado del basilisco.
-¿Aceptaste? – pregunté con voz apretada, muerto de miedo por ella y por las miles consecuencias que obviamente estaba pasando por alto, por ejemplo: cuando haces una promesa con un fantasma no puedes bajo ninguna circunstancia romperla, ellos se aseguraban de ello. Sin embargo, eso no era lo más terrible. Hacía un año, cuando comenzamos propiamente con el negocio luego de tanto tiempo de búsqueda y de planes, decidimos hacer un baile y subastar vírgenes. No tienen idea de la cantidad de gente que llegó a la Cámara de los Secretos, esa noche el castillo era el lugar para recibir pervertidos y depravados del mundo mágico, ansiosos por comprar una noche con nuestros vírgenes, hombres y mujeres por igual.
Yo conocía a Pansy, por eso sabía que su cerebrito retardado se estaba haciendo ideas románticas al respecto, y éste asunto era todo menos romántico.
-Le impedí que lo hiciera, la traje aquí para que lo pensara mejor.- respondió Blaise pasándose una mano por su cabeza en un gesto cansado. Eso quería decir que me estaba esperando. Bien, yo la sacaría de allí arrastrándola si era necesario.
-Vámonos Pansy.- murmuré con autoridad. Ella me miró con sus ojos azules espantados y la muy tozuda haciendo un gesto de enfado, se cruzó de brazos y se instaló mejor en el asiento.
-No.
Rechiné los dientes. Se me iban a romper de la furia, pero la verdad, no me importaba demasiado.
-Fue una orden pequeña idiota. No te estoy dando opción.
-No eres mi papá Draco, me quedaré aquí esperando a Roger y haré el trato.
-¿Estás loca?- grité ya fuera de mí- ¡No sabes a lo que estás aceptando! Los hombres somos asquerosos, retorcidos. ¿Crees que aquí vienen dulces almas inocentes buscando una noche romántica? ¿Crees que vienen a hacer el amor? ¡No! Vienen a cogerse a una puta de la peor manera en la cual su imaginación pueda iluminarlos. – ella negó con la cabeza, despreciando mis palabras. La resolución estaba escrita en todo su cuerpo y cualquier cosa que yo dijera no iba a cambiar nada. Muy bien, si era necesario encerrarla, lo haría.
-Draco tiene razón Pansy.- apoyó Blaise con voz calmada, tan diferente de la mía. Ella siguió negando con la cabeza.
-No, no la tiene.- ¿¡Qué diablos…!? – No la tiene porque estoy segura que ninguno de ustedes me trataría así.- silencio.
Vestigios de la noche que pasé con mi reciente clienta pasaron fugazmente por mi cabeza. Yo acariciando su cuerpo, besando sus labios reverente, limpiándole mi semen en su cuerpo, cargándola dormida entre mis brazos y depositarla en la cama lentamente para no despertarla…
¿Tenía Pansy razón?
Nunca antes había estado con una virgen, todas las mujeres que habían pasado por mis manos eran demasiado expertas para su propio bien y aunque mi trabajo era complacerlas, no había nada cuidadoso o romántico porque ellas no deseaban esas cosas, sin embargo, hoy había sido diferente.
Las preguntas se agolpaban en mi cabeza y mi propio sentido común cuestionaba mis acciones con mano dura y cierto escepticismo, cuando alcé la mirada, pude notar que Blaise se encontraba en mi misma encrucijada, analizando las palabras de Pansy y buscando la veracidad de ellas en lo profundo de su memoria.
Sentí el triunfo de Pansy sin siquiera mirarla. Su sonrisa podría iluminar las mismas oscuridades del inframundo sin problemas.
-Por más que se esfuercen en mostrarse fríos y distantes, sé que no lo son. No son desconsiderados con las chicas que vienen y tampoco lo serán conmigo. Estoy segura de ello.
-La señorita Pansy tiene un buen punto…- la furia surgió por mi estómago como niebla, subió por mi esófago y se detuvo en mi garganta en un nudo poderoso que me impedía hablar.
-Roger…- murmuré con voz apretada. El culpable de todos mis males, la fuente de todos mis problemas. Maldito bastardo suertudo que estaba muerto. – Aléjate de ella.- gruñí con puños apretados. Roger me sonrió, soltando su inútil encanto en mí.
-¿Qué tal ha sido la noche Dragón? – me preguntó con su voz gay que tanto odiaba. Pansy frunció el ceño y me miró curiosa.
-¿Con quién estabas?- Blaise también se giró para estudiarme con interés.
¿Creían que les iba a decir que le había quitado la virginidad a la sangre sucia insufrible? ¡Ja! Podía haberme acostado con ella, pero ni por todo el dinero del mundo lo divulgaría.
-Una loca de Hufflepuff.- solté escuetamente. Blaise sonrió.
-Hufflepuff es el nido de locas. Tendrás que ser más específico. – lo fulminé con la mirada.
-Creo que el centro de esta discusión es Pansy, no yo.
-No hay discusión alguna…- la muy desobediente se giró para encarar al fantasma y extendiendo un dedo dijo las palabras que me marcarán por el resto de mi vida.- Tú ordenas yo obedezco.
¡Maldita sea!
-¡Pansy no! – pero era demasiado tarde, una aguja invisible tocó el dedo índice de mi amiga y una gota de sangre cayó al vacío y desapareció de nuestra vista, sellando el asqueroso pacto.
El trato estaba hecho, no había vuelta atrás.
-Venga conmigo señorita Pansy, tenemos mucho de qué hablar.- ambos abandonaron la estancia con sonrisas complacidas.
Me quería morir.
CONTINUARÁ
Hola chicas, espero que estén bien, rozagantes y preciosas. Les dejo el cap de hoy, díganme que tal en los reviews. Sé que Pansy es morena pero se me antojaba más rubia para este fic. Jeje. Espero que no tengan problema con ello.
Y NO OLVIDEN QUE SI LES GUSTA LEER, TENGO UN CANALCILLO EN .BE. PONEN MI NOMBRE Y APELLIDO: JHONNY SCIPIONI Y AHÍ LES SALDRÉ.
Gracias por leer y nos leemos en un prox cap. Besos.
