Capítulo 6
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—No —respondió al fin.
—¿Entonces qué haces aquí? —preguntó, quitándose el suéter lentamente.
—¿Qué demonios crees que haces? —balbuceó, dando unos pasos hacia atrás.
La mirada dorada se mantuvo clavada en él y el suéter cayó pesado al suelo, dejando una camiseta demasiado larga y holgada que cubría casi en su totalidad los pantalones cortos que llevaba. El gesto había perdido la emoción de momentos antes y le miraba completamente serio.
—¿Qué haces aquí, Hidan? —repitió.
Una mueca arrogante se pintó en el rostro del muchacho y una risa burlona escapó de sus labios.
—Estoy dándote una cucharada de tu propia medicina —espetó, inclinándose sobre ella. —¿Qué se siente ser el ratón?
Luego de mirarle el rostro como una boba por unos segundos, se llevó las manos a las mejillas y apretó la sonrisa que se extendió por sus labios, alejándose un poco de él. Hidan rodó la mirada y se irguió, preparándose para marcharse, pero la perspicacia que de pronto apareció en aquella mirada lo obligó a pensarse la huida dos veces y se tensó, preparándose para esquivar alguno de sus ataques… o avances.
Le punta rosa de la lengua era apretada ligeramente por los dientes, en un gesto aún más infantil que todos los que había visto ya.
—Quieres jugar —murmuró, levantándose la blusa. La piel de sus brazos comenzaba a temblar.
Chasqueó la lengua y desvió la mirada, pero aquellos extraños espasmos en la piel lo obligaron a mirarla de nuevo, más confundido que cualquier otra cosa, observó aquella transfiguración, casi boquiabierto. La muchacha se giró, dándole la espalda a pesar de que su cuerpo había perdido ya cualquier forma humana y se quitó el resto de la ropa.
—… pero hoy no tengo tiempo.
—¡¿Quién dijo que pensaba quedarme a jugar contigo?!
Era sorprendente la manera en que aquel cuerpo había cambiado. Observó el rostro serio y solemne, sin una sola pizca del sonrojo de momentos antes o la alegría de colegiala enamorada que inflaba las mejillas… estaba completamente convertida en el hombre al que acababa de exprimir. Arregló la corbata que ahora se ceñía a su cuello y se alejó, despidiéndose con un gesto de la mano que quizá no pertenecía a aquel hombre, pero tampoco a ella.
—Nos vemos, Hidan —se despidió.
Desencajó la quijada y la miró alejarse. Incrédulo, sintiendo un escalofrío recorrerle al ver a aquel desconocido girarse y mostrarle el rostro de Himiko por un momento… los ojos dorados clavados en él, de nuevo aquel gesto extraño y el color en las mejillas… y una sonrisa diferente de cualquier otra que llegaba a los ojos.
La observó alejarse, con los puños apretados.
Esa noche comprendió por qué le molestaba tanto aquella mocosa y no podía terminar de confiar en ella… cayó en la cuenta de que la reconocía por sus manías y la intensidad de su mirada, pero nunca por su aroma.
Siempre olía diferente.
Himiko sonrió al recordar el gesto incrédulo con el que la había despedido Hidan. Caminaba tranquilamente por las calles, siguiendo la agenda de aquella persona en la que se había convertido y luego se apresuró a perderse en los callejones y recovecos, moviéndose rápida y sigilosa, hasta llegar a su destino.
Se deshizo de aquella apariencia y buscó en sus escondites un cambio de ropa, similar al que había botado en la zona industrial, y entró al bar. Observó al tendero que reemplazaba al que había muerto semanas atrás, en su primer encuentro con aquella maravilla que le había obsequiado la vida… a aquel anexo en su lista de obsesiones. Sonrió, sin poder evitarlo, como siempre lo hacía cuando pensaba en Hidan, y se acercó con paso saltarín a la barra, extendiendo los brazos sobre la superficie y viendo las puntas de sus dedos casi llegar al otro borde.
El líquido que escurría de los vasos y las botellas frías le humedecía la piel.
—… esperaba una apariencia diferente —saludó Dabi, sentándose a su lado, sin mirarla.
—… todavía tengo que hacer otras apariciones y no pude almacenar su sangre —declaró, balanceando los pies y mirando al muchacho con descaro.
—Si no has terminado, ¿para qué me llamaste? —indagó, la mirada clavada en las botellas que parecían adornos en la repisa.
—Necesito un favor.
—No voy a cubrirte con Shigaraki.
La sonrisa se extendió sobre sus labios y recargó la mejilla sobre la barra, sintiendo el frío y la humedad; miró fijamente a Dabi. El muchacho enarcó las cejas, en sus facciones no se coló ni un solo rastro de interés o curiosidad, sus ojos azules la miraron con aburrimiento unos segundos, antes de volver a posarse sobre los brillos del vidrio.
—¿Otro novio complicado?
Sonrió. —… este es diferente.
Lunes, 15 de marzo de 2021
