Irresistible
El hechizo del salón blanco.
-Mi señor…
Suspiré, ni siquiera alcé la vista para reconocer la pequeña voz que me hablaba desde el suelo. Continué dibujando en mis pergaminos, absorto en mi propio mundo y en los trazos que se iban dibujando poco a poco en el papel.
En momentos de inspiración como éste, no me gustaba que nadie me interrumpiera. Estos minutos eran sagrados para mí. Mi imaginación volaba en universos paralelos, en fantasías de otros mundos y búsquedas exhaustivas para hacerlas realidad en el nuestro.
Mi habitación era un desastre, lo cual de por sí era una novedad ya que muy rara vez visitaba mi guarida en la sala común de Slytherin. ¿La razón? Sencilla. Mi vida era la Cámara de los secretos. Era mi esencia, mi obra maestra y en lo que pensaba las veinticuatro horas del día, para lo que vivía y trabajaba. Era mi mundo, mi creación.
Los muggles decían que Dios había descansado al séptimo día de haber creado al universo. Mi diferencia era que yo nunca descansaba. Vivía investigando, observando, indagando en historia, en hechos de la naturaleza, en el instinto animal. Todo para crear un mundo mágico de placer jamás imaginado.
Roger sabía mi talento, respetaba mis momentos de inspiración e insistía que nadie me molestara. Pero ahora era distinto, porque tenía una semana sin estar en mi paraíso personal…
No podía regresar a la Cámara sin pensar en ella, en la maldita sangre sucia que me tenía acelerado, como un perro olisqueando sus huellas, como un cazador persiguiendo a su presa sin poder atraparla.
Era una pesadilla. Mi vida se había vuelto una pesadilla.
Había pasado de ser un recluido en las sombras de mi propio castillo para salir al mundo exterior en busca de ella. Parecía adicto a su olor, a su mirada y al modo en cómo se mezclaba entre las demás personas. No podía despegarme de ella ni un instante, el único lugar en el cual me sentía a salvo de su apestosa sangre era el único que casi nunca frecuentaba. Mi propia habitación.
No crean que estaba inspirado simplemente porque la musa había descendido de las alturas para darme más ideas. No. La vida no es tan simple.
Me encontraba desesperado, al borde de la locura y la única forma de soltar esos sentimientos era dibujando y creando los lugares en dónde me encantaría tirarla en el suelo y cogérmela una y otra y otra vez.
¿Romántico verdad?
Sentí un olor a vainilla en mi hombro y me giré para observar a la pequeña Tolz fisgoneando mi trabajo.
-¿Ese es el diseño para la subasta mi señor? – preguntó con voz chillona. Me regañé mentalmente por ser tan descuidado y no darme cuenta que la chiquilla había abandonado su apariencia animal para convertirse en una humana, si se le puede decir humana a una niña con orejas de ratón y cola incluida.
Me pasé la mano por el rostro, tratando de quitar el cansancio y quizás ocultar el mal sueño. Observé a Tolz con una sonrisa.
-¿Te gusta? – pregunté dándole espacio para evaluar mi diseño. Ella arrugó su pecosa nariz, estudiando los trazos y escrituras.
-Algo tétrico, ¿no cree? – sonreí. Sí, era un bastardo que soñaba con tirarme a Granger en sitios oscuros y algo macabros.
Macabros sí, no carentes de fundamento. Mi lógica era simple, ella había pasado su vida tratando de ser la inmaculada sangre sucia Granger, la buena, la santa, la que todos amaban y la que salvaba el mundo a última hora. Pero… ¿Cómo sería la sangre sucia en mi mundo? ¿Cómo se vería en éste lado de la historia?
Mierda.
Erección a la vista. Otra vez…
-¿Quién te mandó? – pregunté algo incómodo. Tolz intentó tomar una hoja de papel la cual me había tomado la molestia en añadirle color, pero siendo más rápido se la arrebaté de las manos. – Eso es clasificado fisgona. – ella se sonrojó pero me sacó la lengua. Agitó su melena corta platinada como ganando orgullo y respondió.
-Mi amo Zabinni. Dice que está preocupado por usted. – dijo mirando con desaprobación el estado de mi habitación.
-Dile que voy en unos momentos. – el rostro de la pequeña se iluminó.
-¿De verdad? – sus ojillos negros brillaban de emoción. Ella vivía por complacer a Zabinni. Rodé los ojos y asentí. Inmediatamente con un chillido la mocosa se convirtió en un roedor y salió de la habitación a toda prisa.
Tomé entre mis manos lo más importante de mi pequeño golpe de inspiración y que había estado muy cerca de ser descubierto. Traté de alisar los bordes que había maltratado al quitárselo a la mocosa y soltándolo en el aire para que flotara, dije un encantamiento muy antiguo para esconder ciertas cosas que no querías fueran encontradas. Observé con un resplandor como desaparecían los lindos colores que había usado y con un suspiro me dirigí a la ducha para intentar que el Malfoy que todos conocían saliera a la superficie nuevamente.
D&H
Se hizo un silencio cuando descendí a la sala común de las serpientes.
Si bien hay muchos ciegos que no conocen la veracidad de las cosas, eso no significa que no existan rumores. Los hay, todos están excitados por los secretos susurrados en los pasillos del castillo, secretos relacionados con un grupo de estudiantes que dirigen un negocio ilícito de placeres prohibidos.
Si bien en la Cámara de los secretos éramos muy estrictos en cuanto a la privacidad de los actos practicados en ella, eso no significaba que los clientes pudieran divulgar todo cuanto veían, hacían y con quiénes lo hacían.
Nuestro contrato de confidencialidad se pagaba con la muerte. Así de sencillo.
Hasta ahora, nadie se había atrevido a decir alguna palabra con respecto a nosotros. Ya que las que sí conocían mi cara en lo particular, (que se disminuía a una clienta muy adinerada) nunca se atreverían a revelar absolutamente nada porque no les convenía y además, nadie quería morir.
Pero los rumores son una cosa jodidamente fastidiosa.
Algunas serpientes susurraban que yo estaba detrás de todo el meollo. ¿Por qué? Porque era un ser problemático en busca de atención desesperada y ganas de hacer lo indebido.
La cuestión es que ellos tampoco me juzgaban. Me admiraban, me veían como un dios. Así que fuese como fuesen esos rumores, ellos tampoco dirían nada. O eso creía.
Observé a Pansy en un rincón de la sala común, había detenido su lectura y me miraba con ojos orgullosos. Negué con la cabeza y continué con mi camino, no deseaba verla ni hablar con ella. Era una tonta.
Apreté mi mochila de cuero contra mi hombro y salí de la sala común para dirigirme a buscar algo de comer al gran comedor. Al llegar a mi destino, casi se me cae el alma a los pies.
La comadreja, la asquerosa comadreja estaba besando a la mugrienta sangre sucia. Todo mi campo de visión se convirtió en rojo, todo a mí alrededor desapareció. Mi vista estaba enteramente fija en ese maldito, repulsivo, pedazo de mierda de pobretón que la sostenía como si en algún momento ella fuera a escapar.
¿Qué mierda estaba haciendo ella dejándose besar por ese inservible, bueno para nada?
¿Por qué mierda lo hacían al frente de todo el puto comedor?
¿Por qué todos se estaban riendo?
Sin pensar, me dirigí hacia ellos.
Ustedes se preguntarán algo muy viable como por ejemplo ¿Para hacer qué precisamente?
No lo sabía. Últimamente me sentía atraído a ella como un imán, me sentía como si ella fuera parte de mí, como si me perteneciera. Ella era mía. Nadie más podía verla, tocarla y ni siquiera besarla.
-Draco, detente. – Una ráfaga de viento helado me atravesó causando escalofríos en mi cuerpo. Me detuve en medio camino, paralizado y muerto de ira. Luchando contra el endemoniado encantamiento que el maldito Roger me había echado. Mi ser interno se retorcía de frustración, sentía mi cuello tensarse y supe que estaba gritando sin voz, que estaba peleando sin moverme.
-¡Draco!- la voz de Blaise. Sentí su mano en mi hombro. – Vámonos…- su voz se oía urgente, desesperada y al borde del ruego. – vámonos.
No supe cómo, pero estaba caminando al lado de Blaise sin mirar atrás. Sentía que mis manos temblaban. ¡Que mierda! Todo mi cuerpo temblaba y supe que esto no era nada normal…
En minutos, nos encontramos en la Cámara de los Secretos. Sin decir palabra, Blaise me guio hacia la sala de reuniones y ahí fue cuando finalmente el hechizo desapareció.
Me volví loco. Tiré todo a mí alrededor, grité, pataleé e incluso corrí hacia Roger tratando inútilmente de causarle daño.
-¿Por qué hiciste eso? – grité descontrolado.
-Si te dejaba hacer la estupidez que tenías en mente nos ibas a dejar al descubierto. Te ibas a dejar al descubierto. – replicó con voz calmada.
Finalmente fui capaz de sentarme, de respirar y obligarle a mi cerebro a despertar. ¿Qué mierda me estaba pasando?
Blaise me miraba preocupado, Roger atento.
-¿Qué me está pasando? – pregunté desesperado porque sabía que la respuesta se me escapaba de las manos. No podía ser un simple encaprichamiento, no se sentía normal… Y no es que fuera experto en el tema, la verdad nunca me había enamorado. Sin embargo, lo que yo sentía iba más allá de lo racional.
Roger y Blaise se miraron, eso fue suficiente como para sacarme de quicio otra vez.
-¿¡Qué mierda me pasa!?
-Creemos que una magia muy antigua está haciendo fechorías contigo. - ¿Fechorías? ¿Quién mierda usaba esa palabra? La mirada de Roger bajó hacia mi cuello y se detuvo allí por unos segundos.
-¿Creemos?- tuve que preguntar. Aunque era obvio que Blaise sabía que la protagonista de ésta patética historia era una sangre sucia.
-Roger me contó lo de Granger. Ha estado preocupado por ti, me pidió que te vigilara por si hacías algo impulsivo.
-¿Qué clase de magia antigua?
-Este lugar Draco es muy poderoso.
-¡Yo creé este maldito lugar! Todo lo que pasa aquí es porque yo lo permito. – grité enfurecido.
-La magia no es algo que puedas dominar. Hay cosas que se salen de control. Hay encantamientos que van mucho más de lo que podríamos imaginar siquiera.
-¿Cómo se llama este encantamiento en particular? ¿Puedes quitármelo?
-No.
Estaba a punto de explotar. A punto de matar a alguien o matarme a mí mismo. No podía vivir así, no podía vivir enamorado de Granger. Instintivamente, me rasqué el cuello y fue cuando escuché la exclamación de Blaise.
-Estamos jodidos…- lo miré sin entender, pero su mirada no estaba fija en mi rostro, sino en mi cuello.
-Estás marcado mi querido Dragón. El salón blanco te ha marcado para siempre con la señorita Granger. Y me temo que no podrás deshacerte de esa marca.
Queriendo rasgarme el cuello me acerqué un espejo y fue entonces cuando lo vi. Una pequeña marca plateada en mi pálida piel. No pude examinarla más a fondo porque desapareció al instante.
Respirando con dificultad miré a Blaise a través del espejo.
-¿Ha pasado esto antes?
-Nunca.
Esto no podría estar pasándome. ¿Qué mierda hice para merecer esto? ¿Cómo es posible que algo de mi creación se haya vuelto en mi contra? ¿Cómo es posible que algo hecho por mis manos extendiera su propia magia haciendo algo que no deseaba hacer?
Mi cerebro me respondió al instante. Voldemort y Potter. La parejita feliz unida por un Horrocrux indeseado. ¿Qué más prueba necesitaba?
-¿Ella también fue marcada?
Los inescrutables ojos de Roger se posaron en mí unos segundos. Su boca permaneció inmóvil.
-¡Contéstame maldito seas!
-No lo creo.
Fue como si una presión de millones de toneladas se posara en mi pecho. ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? ¡La muy puta se estaba besando con la maldita comadreja en el comedor! ¡Al frente de todo el maldito colegio!
Los miré a ambos como si pudiera matarlos, la verdad me creía muy capaz de hacerlo.
-Están equivocados. Ambos. – dije caminando hacia la puerta. – Nada es eterno en ésta vida y menos este maldito encantamiento del cual hablas.
-Draco…
-¡Váyanse a la mierda los dos! Yo creé este lugar, yo lo diseñé, es mío. Algo de mi propiedad no puede volverse en mi contra.
-Estás equivocado, hay algo que dura eternamente. Se llama amor. – me eché a reír. ¿Pretendía que un prostituto como yo creyera en cuentos de hadas para mongólicos?
-Que me cremen si piensan que voy a estar eternamente enamorado de una mísera y asquerosa sangre sucia. – grité saliendo de la habitación y alejándome de ese lugar.
Antes me decapitaba antes de pensar en pasar una eternidad enamorado de esa puta, asquerosa sangre sucia…
CONTINUARÁ
¡HOLA! Espero que les haya gustado. Un beso para todas. El dibujo del fic me lo hizo una amiga. Gracias Ari. :*
