Irresistible
En la Sección Prohibida
No soy fan de ir a la biblioteca, detesto ver a los mocosos de primer año con las pequeñas narices metidas en los libros tratando de no abandonar ese espíritu de estudio. Odio los cuchicheos de la gente al verme, de sus miradas indagadoras y sus sonrisitas burlonas. Pensándolo mejor, quizás mi odio no era dirigido al lugar, sino a las bestias que usualmente lo ocupaban. Sin embargo, era realmente imperativo mi presencia en esa fría noche de septiembre. Necesitaba encontrar la respuesta a mi pequeña pesadilla y aunque Roger quisiera fingir su ignorancia en el tema, yo lo conocía mejor de lo que él creía. Sabía que me estaba mintiendo y pretendía, irónicamente, encontrar la solución de mi problema cuanto antes posible y en el lugar favorito de mi tormento.
Gracias a todas las deidades existentes, el lugar no estaba tan ocupado como temía, especialmente porque nadie era tan estúpido de perderse un banquete como el que estaba expuesto en el gran comedor. Así que sigiloso, rabioso y pensativo, caminaba entre las estanterías de la sección prohibida buscando la maldita explicación a mi maldito problema. Mis ojos devoraban ávidamente los títulos de los libros, libros raros, antiguos, peligrosos, enormes, medianos, nuevos… toda clase de libros, millones de ejemplares y no tenía ni puta idea dónde empezar a buscar. Porque, ¿quién mierda había escrito un libro acerca de la creación de un prostíbulo? Mucho menos si se trata de uno tan asquerosamente retorcido como el mío. Extendiendo la mano, apunté mi varita a un pequeño ejemplar llamado "De amores y otros peligros" Y aunque me negaba a denominar a la causa de mis síntomas con un nombre tan marico como "amor" no era tan estúpido como para suponer que se alejaba del tema. Así que abrí el pequeño ejemplar y eché un vistazo entre sus sucias hojas. Fue entonces cuando lo escuché…
Era un suspiro, justo detrás de mí. Me tensé y tomé mi varita con fuerza para enfrentar al intruso…
-¡Soy yo! – mierda, mierda y más mierdas. ¿Qué mierda hacía Grager aquí? Giré el cabeza, inseguro de girarme por completo ya que mi cuerpo se sentía extraño con ella allí, era como un extraño ritual de movimientos que estaban en perfecta sincronía con los suyos. En fin, una mierda rara.
-¿Me estás siguiendo? – pregunté con voz apretada. Recé a todos los santos para que ella no notara diferencia alguna entre mi voz de resentimiento y mi voz de deseo, que claramente dominaba.
-¡No! No, para nada. No quiero molestarte en absoluto, lo prometo. Solo…- ella se veía nerviosa, molesta y agitada. Mierda. – Estoy huyendo. – dijo finalmente mirando con curiosidad el libro que tenía en la mano. - ¿Qué estás leyendo? – rodé los ojos. Tan insufrible como siempre.
No respondí, simplemente escondí el libro entre mi túnica y seguí mi lento paseo por la sección prohibida.
-¿Tienes permiso de estar aquí?
-¿Tienes permiso de besar a la gente en el comedor? – Mierda. No pretendía que esto se volviera en una escenita de celos, Merlín sabe que no tenía control alguno de mis ideas y aparentemente ni siquiera poseía control sobre mis traicioneras cuerdas vocales.
Me detuve. Ella se detuvo.
No quería mirarla, así que no me giré para observar su reacción, aunque podía intuir perfectamente bien que no recibió mi comentario de buena manera.
Silencio.
-No vi que estuvieras en el comedor…- fue su sugestiva y recelosa respuesta.
-¿Me estabas buscando? – ésta vez sí giré un poco el rostro. Necesitaba remarcar mis palabras con algún gesto de arrogancia, de esos por los cuales soy tan bien conocido. – Porque si pensabas atraer mi presencia, creo que es mi deber informarte que un beso entre un asqueroso pobretón con neuronas del tamaño de un insecto y una sangre sucia no son los espectáculos que más atraen mi atención.
Ella soltó un resoplido y yo continué con mi camino.
-No lo dije por eso.
-No me interesa saber la razón…
-Lo dije porque te has convertido en un fantasma.- me interrumpió. Ésta vez me volteé a observarla sin entender una mierda lo que estaba diciendo.
-¿Disculpa? – Granger levantó la barbilla orgullosa y me miró con esa determinación que indica que está dispuesta a conseguir ochenta mil horrocruxses en un día y sin ayuda. Frustrante, si me preguntan.
-Te has convertido en un fantasma.
-Creo que mis oídos están en perfecto estado sangre sucia, escuché eso…
-Dijiste "¿Disculpa?" – casi me reí por ver que hacía el gesto de las comillas con sus dedos, casi. La verdad estaba cabreado por sus continuas interrupciones. – Así que intuí que no me habías escuchado propiamente, por eso…
-Me refería – di un paso hacia ella – a que explicaras…- otro paso – la razón de ese absurdo comentario.- otro paso. – Evidentemente no soy un fantasma.
-No lo dije en sentido literal.
Negué con la cabeza. Esta conversación era absurda.
-De verdad eres insufrible.- sin querer ahondar más en sus estúpidas palabras, en su significado que ignoraba, en su aroma que le estaba haciendo algo a mis sentidos, me di la vuelta bruscamente. Por supuesto, no fui tan lejos porque la muy dramática soltó su endemoniada explicación en ese momento.
-Estas ausente. Todo el tiempo. Te has vuelto casi en una leyenda. ¿No sabe lo que dice la gente en el castillo de ti? – Mi silencio fue la pizca necesaria para alimentar su cháchara.- Ellos dicen que estas sumergido en la depresión, que ni siquiera sales de la sala común, que a veces dudan que estés en tu habitación. Hay gente que incluso se asoma por la rendija de la puerta a comprobar si te mataste o si sigues con vida. Muchos profesores están preocupados por tu salud, dicen que no comes casi, que tampoco vas a clase y nadie sabe cómo tratar contigo.
¿¡Qué!? ¿¡Depresión!? ¡Qué mierda! He estado tirándome a medio mundo y, ¿estos pendejos dicen que estoy en depresión? No sabía si echarme a reír o si ponerme a llorar. Decidí hacer lo primero.
-Granger, no me digas. ¿Te mandaron a ti, ¡Oh valiente salvadora del mundo mágico! A lidiar con ésta pobre alma en desgracia?
-No es gracioso.- dijo cruzándose de brazos. Yo asentí.
-¡Por supuesto que lo es!
-Malfoy, la gente no espera menos de ti. Mucha gente te ve como una…- en ese instante, Granger se detuvo abruptamente.
-¿Una paria? ¿Es eso lo que ibas a decir? – el sonrojo que se extendió por sus mejillas fue la respuesta necesaria.
-Estaba buscando un sinónimo, una palabra más bonita.
-No hay palabra más bonita para alguien como yo, puedes decirme paria. No es que yo tampoco busque un sinónimo más bonito para sangre sucia.
Un título interesante llamó mi atención, así que me dirigí a inspeccionar la estantería dispuesto a ignorar la sarta de estupideces que ella estaba diciendo. Pero de algún modo no podía. ¿Era esa la razón por la cual todos en mi sala común hacían silencio cuando me veían? ¿Era porque pensaban que estaba en depresión? ¡Qué gran desilusión! Yo pensando que envidiaban cada aliento que inhalaba y los muy malditos se reían a mis espaldas esperando la noticia de que el traidor Draco Malfoy finalmente se había suicidado. ¡Qué mierda tan injusta!
La verdad es que no frecuentaba a las niñas del colegio, mis clientas eran más experimentadas, mujeres que ya tenían una vida hecha y buscaban alguna diversión y alguien más joven para satisfacerlas. Algunos estudiantes, unos pocos que se habían ganado nuestra confianza sí sabían mi secreto y de igual modo no podrían decir una palabra porque nadie quería morir a la tierna edad de diecisiete años.
¡Qué imbécil había sido! Me había sumergido en un mundo de fantasía, era mi único alivio, mi único medio de respiro, mi dedicación entera y siendo completamente sincero no veía ningún sacrificio. La vida del castillo era vacía para mí, vivir de acuerdo a las expectativas de los demás era una tarea a la cual no estaba dispuesto a embarcarme una vez más. Así que abrazaba mi reclutamiento y la estúpida historia de la depresión. No me importaba lo que los demás pensaran.
-Quizás si me dices qué estás buscando pueda ayudarte.
¡Mierda! La sangre sucia sigue aquí.
-¿Por qué mierda no te has ido? – la muy zángana estaba apoyada contra la mesa, a unos escasos y peligrosos centímetros de mi cuerpo, con los brazos cruzados y mirándome fija y detalladamente.
-No te ves enfermo para mí…- murmuró como para sí.- un poco flaco, pero nada grave.
-¿Quieres que te ayude en la pequeña inspección? – Comencé sarcásticamente- Puedo quitarme los pantalones para que veas si mi pipe tiene algún problema. Aunque te aseguro, está en perfectas condiciones.
-¡Agrh! Definitivamente no estás para nada mal, sigues con tus chistecitos sádicos. – dijo con una mueca de asco en sus lindos labios, pero fue inevitable para mí no tomarlo de otra manera…
-No – sonreí malévolamente- No estoy para nada mal. - ay mierda. Estos jueguitos no eran buenos para mí pobre pene. Fue entonces cuando ella se alejó de mí, temerosa de que pudiera atentar algo en contra de su salud física. Soltando una risita continué con mi inspección.
-No estaba besando a Ron porque quise.
-No me interesa. – solté más por inercia que por otra cosa. Evidentemente me reprendí internamente por ser tan idiota. Gracias a Merlín ella ignoró mi comentario.
-Él ha estado algo fastidioso últimamente. – su voz sonaba distraída y algo afectada, así que decidí no moverme, no hacer ningún mísero ruido para espantarla. Ésta información era crucial para mis pobres celos. – De la nada se ha proclamado como mi novio, frente a toda la sala común y ahora el colegio. Al principio estaba algo tentada por su oferta pero…- se detuvo.
Mierda. ¿Qué hacía? ¿Qué podía decirle sin hacerle notar mi evidente interés en su relato? ¡Draco Malfoy en su estado normal no hubiese soportado ni un segundo de éste cuento!
-…Algo cambió.- continuó, yo exhalé un suspiro de alivio - Y sé que suena trágico y dramático y toda la cosa, pero yo también cambié.
Si cambio es que una persona ya no sea virgen pues sí, la sangre sucia cambió.
-Toda la vida has estado babeando por ese idiota. ¿Qué pudo haber cambiado? – dije como si nada, como quien no quiere la cosa.
-No me gusta que me impongan las cosas o que las de por hecho por la simple razón de que estuve enamorada de él por un tiempo. – dijo algo exasperada. – Hoy por lo menos, apenas entré al comedor, me abrazó y me besó. ¡De la nada! ¿Qué rayos le pasa? Entiendo que una persona borracha no recuerde ciertas cosas pero por Merlín, ¿Cuánto alcohol puede ingerir un ser humano? En fin, como darle otra cachetada en una semana va en contra de mis valores, le envié el hechizo de las aves que tanto adora. – terminó con ironía. – En serio, ¿Qué estás buscando? Me tienes ligeramente preocupada aquí.
-Granger, el hecho de que me hayas compartido un innecesario detalle de tu vida personal no significa en absoluto que yo desee compartir la mía. Y si me disculpas, conseguí lo que estaba buscando. Buenas noches.
Y sin decir una palabra más y antes de cometer un gravísimo error que pudiera poner en peligro todo aquello que consideraba sagrado y por lo que tanto había trabajado durante muchos años de mi vida, hui del lugar, hui de su aroma y de sus labios que estaban pegándome gritos por besarlos.
Lo sé, soy un cobarde. Nunca dije que no lo fuera…
CONTINUARÁ.
¡Feliz año a todas! No tienen idea de cuánto tiempo tiene esta escena en mi mente buscando salir. Estoy contenta por mi regreso, tenía mucho tiempo sin pasar por aquí, la verdad que la historia nunca me deja en paz y quiero terminarla, así que éste año haré mi mejor esfuerzo. Espero que no me hayan olvidado. Muchos besos :D
