La Invitación

El peligro siempre me perseguía, ya sea gracias a mis amigos potencialmente famosos o por los psicópatas que iban tras esos amigos potencialmente famosos. Sin embargo, yo no era una persona propensa a exponerme al peligro por mi propia cuenta, tenía más cerebro que eso. O eso pretendía hacerme creer.

Hacía dos semanas había perdido mi virginidad con Dragón. Dos semanas…

Ingenuamente había pensado que dicha experiencia la llevé a cabo para satisfacer mis ansias de conocimiento, era un método sexual de investigación para conocer más a fondo una materia que se escapaba de mis manos. Nunca llegué a pensar que ésta situación me afectaría de la manera en que lo ha hecho. La verdad es que no dejo de pensar en Dragón. No dejo de revivir su piel en mi memoria, sus intensos ojos en tormenta, la manera en que sus labios se curvaban en una seductora sonrisa… Cada detalle perteneciente a su cuerpo, a su lenguaje corporal, al sabor de su piel, todo estaba grabado en mi memoria haciéndome saber que sería incapaz de borrarla. Lo cual tenía sentido, ya que todas las mujeres en el mundo recuerdan vívidamente su primera vez. Sin embargo, eso no era mi problema, no me molestaba recordar, me molestaba el hecho de saber que ésa había sido mi única indulgencia permitida, mi primera y última.

¿Pensaría él en mí? ¿Por qué no quiso despertar a mi lado? ¿Era un estudiante o un simple prostituto salido de la nada? ¿Tendría familia? ¿Por qué algo acerca de él me parecía tan familiar? Todas mis interrogantes las había mantenido encerradas en lo más profundo de mi cerebro, había buscado diferentes maneras de evitar entrar en detalles acerca de mi encuentro sexual con Dragón. Había evitado recordar aquella noche a toda costa, razón por la cual había ingresado en todas las actividades extra académicas que pude, le hice todas las tareas a Harry sin que él se diera cuenta, avancé prácticamente todo el semestre, ayudé a Hagrid con sus bestias e incluso aumenté mis visitas a las cocinas y me las apañé para ayudar a los elfos en sus quehaceres. Todo con un único motivo en mente: No pensar en Dragón.

Funcionó, por lo menos la mayoría de las veces. Pero ya estaba harta, no había hecho todo lo que hice y sacrificado todo lo que sacrifiqué (la sospecha de Harry) para mandar todo al demonio después de que el acto estuviese consumado.

Así que allí estaba, sentada en mi habitación en el único momento de paz que había tenido en dos asquerosas semanas de auto destrucción permitiéndome pensar en el único placer sexual que he tenido en toda mi ocupada y exitosa vida. Me permití recordar la textura de su cabello rizado en mis manos, lo delicioso que era sentir su peso sobre mí, sus brazos fuertes y varoniles rodeando mi cuerpo, su exquisito olor… ¡Merlín! Con la respiración agitada, tomé un pergamino y empecé a abanicarme. Fue entonces cuando la idea llegó…

¿Y si lo alquilaba por otra noche? Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza en mi pecho, me tuve que levantar de la cama con el pergamino en mano para poder soportar la línea de pensamientos que estaba teniendo. Podía hacerlo sin ningún inconveniente, podría verlo, hacer una cita con él y pues… tener sexo.

¡Oh Merlín!

Me eché a reír ante mi propia ocurrencia. Era una locura, necesitaba que mis neuronas comenzaran a funcionar nuevamente, necesitaba entrar en razón y darme cuenta de la línea áspera y dolorosa que separaba a una fantasía de la triste realidad. Dragón hizo su trabajo conmigo, por eso no quiso despertar a mi lado, yo solo era una clienta más, una chica más entre su gran lista de amantes…- Me detuve abruptamente - ¿Dragón era completamente heterosexual o tenía inclinaciones hacia las personas de su propio sexo? – Hice una mueca de asco – No, me negaba a creer que una persona como él tuviera una parte femenina en su organismo. Dragón era tan masculino, tan sensual, cada movimiento era elegante, sin esfuerzo alguno y tenía esa seguridad que enamoraba al espectador. ¡Ay no! Tenía que tener cuidado, por razones como ésta me había mantenido al margen de pensar en él…- ¿Y si me conocía? ¿Y sí era menor que yo? ¿Y si…? - ¡Basta Hermione!

Frustrada, sin saber qué demonios hacer, me senté en el piso apoyando la espalda contra la cama. ¿De dónde había nacido esa idea de construir un prostíbulo mágico en una escuela? ¿Cómo se les ocurrió que la Cámara de los Secretos era un buen lugar para ello? ¿Lo sabría Mcgonagall? ¿Cómo podían pasar desapercibidos? La verdad es que me había sorprendido por la grandeza del lugar ya que nunca me lo había imaginado tan grandioso, tan exuberante y exótico. Lo más parecido que había podido imaginar era un apestoso lugar de mala muerte con personas enfermas y montones de pornografía, nada más. La realidad era otra cosa, a leguas se podía notar que los magos creadores no eran simples estudiantes, eran magos con excelente dominio de la magia, con una imaginación enorme y con bastante tiempo libre porque sin lugar a dudas, construir algo de tal magnitud aun con ayuda de la magia requería una gran dedicación y suma paciencia.

Exasperada por no tener respuestas a mis interrogantes, me dirigí hacia el ala de los chicos esperando encontrar a Harry en su habitación y a Ron fuera de ella. Toqué la puerta al llegar y fui recibida por la voz de Harry indicándome que pasara.

-Hola…- saludé asomando la cabeza y revisando el lugar en busca de un pelirrojo acosador.

-Ron sigue en el comedor.- me informó el azabache distraído. Fruncí el ceño al darme cuenta de su actitud taciturna y pensativa, me acerqué temiendo que algo malo estuviera sucediendo.

-¿Qué tienes? – pregunté sentándome a su lado, en ese momento me percaté de un pergamino pequeño de color negro que Harry sostenía en sus manos y que miraba como si fuese la cosa más extraña del mundo.- ¿Qué es eso?

-¿Conoces al fantasma de la torre de astronomía? Un tal… Roger…- ¡Oh no, no Merlín no lo permitas!

-Ahm… No, no he oído hablar de él. – Las palabras salieron como un torrente nervioso de mi boca. Nunca había sido demasiado buena mintiendo y Harry lo sabía, pero no podía permitirle a nadie, ni siquiera a mi mejor amigo saber de mi pequeño y escandaloso secreto que involucraba a Roger el guapo. Pero eso no quería decir que Harry fuera estúpido ya que sus inteligentes ojos verdes se posaron en los míos con evidente curiosidad, sabía que estaba ocultando algo.

Harry levantó la mano donde sostenía el pergamino y lo miró con detenimiento, como tratando de descifrar su significado y mi extraña actitud, demás está decir que estuve tentada a arrebatárselo de las manos para ver qué demonios contenía.

-Hoy sucedió algo muy extraño…- comenzó con la voz apagada, como si estuviese hablando consigo mismo. Tragué saliva nerviosamente.- Estaba en la torre de Astronomía leyendo la tarea de Slughorn que tú ya me habías hecho sin avisarme...- me sonrojé.- Entonces apareció una niña…

-¿Una niña? – pregunté sin entender. Harry asintió distraído, sin dejar de mirar el pergamino.- ¿De primer año?

-No. Nunca la había visto. Tampoco estoy muy seguro de llamarla niña.

-¿A qué te refieres?

-¿Has escuchado hablar de una especie mitad humana mitad ratón?

-¿Qué? Eso es absurdo. – Resoplé – Harry, ¿Te quedaste dormido en la torre?

-¡No Hermione! Por supuesto que no estaba dormido. Una niña apareció de la nada, tenía orejas de ratón y el cabello corto más plateado que el de los Malfoy. Puedo jurar que tenía cola…

-Jamás he escuchado algo parecido. ¿Qué quería?

-Ella me entregó el pergamino.

-¿Y qué tiene que ver Roger el guapo en todo esto? – los ojos de Harry se posaron rápidamente en mí haciéndome caer en cuenta de mi tonto error. ¡Rayos!

-¿Así que no lo conoces? – dijo irónico mientras una sonrisita se expandía en su boca. Rodé los ojos.

-Todo el mundo ha escuchado su trágica historia, la cual por cierto me parece patética. – dije con firmeza y tratando de mostrarme reacia a reconocer ninguna falta ya sea cometida o no cometida. Harry no se la comió, desde hace algunos días ha tenido cierta curiosidad en cuanto a mi conducta, mis actividades y parecía particularmente interesado en saber qué hacía en mis tiempos libres; gracias al cielo no tenía mucho tiempo libre.

-Ella me dijo que fue enviada por el tal Roger para entregarme esto…- ésta vez me tendió el pergamino. Traté de lucir lo menos interesada posible en el objeto e incluso me tomé mi tiempo en agarrarlo y abrirlo, aunque por dentro me estaba muriendo de ganas por saber su contenido.

"Queridisimo Señor Potter.

Está cordialmente invitado a un evento magnífico que despertará sus sentidos y lo sumergirá en un mundo donde las prohibiciones no existen y los deseos más puros y más carnales dominan el comportamiento humano.

¡Tenemos el placer de celebrar en nuestros dominios una subasta muy especial que se realizará a beneficio del segundo cumpleaños del Edén C.S. el día 17 de Octubre del presente año!

Lugar: Abandonado baño de chicas del segundo piso.

Hora: 1:00 a.m.

Esperemos pueda acompañarnos en esta maravillosa celebración y esté preparado para dejar salir sus instintos más básicos y animales.

A su servicio, y deseándole un feliz día…

Roger el Guapo.

PS: Mantener ésta invitación en secreto, será destruida a minutos de ser leída. "

No podía creerlo. ¿Una subasta? Estaba en completo estado de shock lo peor es que no pude releer la carta porque ésta se desvaneció de mis manos y desapareció de la habitación como si nunca hubiese existido.

-¿Crees que es una trampa? – me preguntó Harry haciéndome dar un respingo de susto al escuchar su voz.

-¡No creo que debas ir! – dije levantándome de la cama abruptamente. ¿Una fiesta? La cámara de los secretos estaba haciendo una fiesta y ¿no me habían invitado? ¿Por qué? ¿No me consideraban una persona confiable? ¿O era un evento especialmente para hombres?

-Hermione…- No me había dado cuenta que Harry también se había levantado de la cama y que estaba frente a mí, esperando una explicación de algo que claramente yo sabía y él ignoraba. - ¿De dónde conoces a Roger el guapo? ¿Dónde estabas el día de tu cumpleaños que necesitabas la capa de invisibilidad?

¡Oh no!

-Harry no seas absurdo, todos conocen a Roger el guapo…

-Yo no lo conocía. Admito que sí había oído ciertas historias de él, pero nunca le tomé importancia, especialmente porque las que solían hablar de él eran niñas de grados menores.

-Bueno, el pobre tiene una historia trágica y…

-Hermione, ¿Por qué estás tan nerviosa? – me preguntó extrañado. Suspiré.

-¿Le mostraste la invitación a alguien más?

-No. Fuiste la primera en aparecer desde que sucedió.

-¿Irás? – le pregunté ignorándolo por completo.

-Es una trampa, tiene que serlo. ¿Quién sería tan loco para abrir nuevamente la cámara de los secretos?

¡Mi pobre e ingenuo Harry! ¿Acaso nunca había escuchado los rumores de la Cámara? ¡Por Merlín si hasta yo misma los conocía!

-Harry, no es una trampa. O por lo menos no es lo que tú crees... prométeme que no le dirás a nadie que recibiste esa invitación.

-¿Por q...?

-¡Promételo! – extrañado, asintió.

-Lo prometo.

-¡Ni siquiera a Ron! Ni a Hagrid, ¡Nadie!

- Ok, ok, lo prometo, no le diré a nadie.

-Muy bien. Hablaré contigo en cuánto pueda.

-¡Hermione espera!

Sin darle tiempo a alcanzarme, corrí por el pasillo, bajé las escaleras, atravesé la sala común y salí por el cuadro de la Dama Gorda dispuesta a rematar a cierto fantasma…

H&D

Mi plan era bastante sencillo, encontrar a Roger el guapo y rematarlo, así se me fuera la vida en ello. ¿Cómo se le ocurría invitar a Harry a esa supuesta subasta? ¿Cómo se le ocurría meterlo en todo ese embrollo de sexo, perdición y prostitutos? ¡Agr! Una cosa es que yo los buscara para un regalo en particular y otra muy diferente es que se atrevieran a contactar a mis amigos. ¿Qué querían? ¿Pretendían chantajearme acaso? Me detuve estupefacta ante la idea. ¿Fue todo una trampa para manipularme?

¡Oh Merlín! ¿No pude haber sido tan estúpida o sí? O acaso… ¿Sería su objetivo llegar a Harry? Pero ¿Para qué?

Con el corazón en la garganta, el pulso acelerado y sin aliento alguno, llegué a la torre de Astronomía lista para mi enfrentamiento con Roger, pero jamás pensé no encontrarlo allí…

-¿Hola? – nadie me respondió, ni siquiera el alma de nuestro querido Director, que en paz descansen sus restos. ¿Dónde demonios estaba ese estúpido fantasma? ¡Se supone que es el fantasma de la torre de astronomía por algo! – Que tonta, seguro está en la Cámara. – y sin perder el tiempo y a toda velocidad, salí hacia el lugar mencionado.

No tenía ni idea de cómo me las iba a apañar para ingresar y hablar con él, pero lo iba a hacer, se entrometiera quien se entrometiese.

Cuando finalmente alcancé la esquina que daba hacia el baño de las chicas, me detuve para verificar si había moros en la costa, gracias a Merlín todo se veía tan vacío y lúgubre que casi me vi tentada a girarme e irme. Pero las preguntas que tenía agolpada en mi cabeza, mis propias ganas de ver a Dragón y también la necesidad de enfrentarme a Roger me impulsaron a no abandonar mi pequeña misión, así que caminé hacia la puerta del baño y cuando extendí la mano para abrirla, fui expulsada en dirección contraria por un empujón hecho por un ser completamente invisible. Mi cuerpo se golpeó contra la pared y como pude, me senté y traté de recuperar el aliento, estudié mis alrededores buscando a mi agresor, pero no había absolutamente nadie a la vista.

-¿Quién va? – la voz sin rostro era gruesa y nada amigable.

-Soy Hermione Granger.- respondí levantándome con dificultad y empuñando mi varita.- Vine a ver a Roger el guapo.

-No está disponible.- respondió la voz con un gruñido.

-Creo que no me has entendido. – Alcé mi varita, adquirí la pose más amenazadora que tenía en mi repertorio, puse mi cara de pocos amigos y dije con firmeza.- Vine a ver a Roger el guapo y no me iré sin hablar con él.- Aunque supongo que decir "Roger el guapo" en mi discurso intimidante no es tan efectivo como cualquiera esperaría, o tan amenazador.

-El lugar está cerrado.- fue su corta respuesta. – Nadie pasa, son las órdenes.

¿Cerrado? Abrí mi boca para convencerlo, pero la llegada de cierto animalito me interrumpió. Ren, el mono encargado del ascensor se asomó por la puerta, sus ojillos negros estaban fijos en mí.

-¡El me conoce! – dije señalándolo. Ren el mono salió del baño y se paró al frente de la puerta con la cabeza ligeramente ladeada. Entendiendo que estaba esperando que le diera mi mensaje me apresuré a decirle que buscaba a Roger y que no me iría sin hablar con él. Sin perder tiempo, el mono desapareció.

Destinada a esperar, me senté en el lugar donde el mal educado portero me había tirado sin misericordia a esperar por el estúpido fantasma infernal. Apoyé mi cabeza contra la pared y cerré los ojos. Me dolía la cabeza y aparte tenía sueño, solo esperaba que Roger no se tardara tanto…

Una de las desventajas de ser una persona tan activa y con un calendario tan apretado es que cuando mi cuerpo, exhausto por las labores que le infringía sin misericordia, sentía una posición de descanso o inactividad, sucumbía a su único deseo: dormir. Así que no fue una sorpresa tan grande el despertar en el mismo lugar y en la misma cama donde hacía dos semanas había conocido el arte de mi sexualidad con Dragón. En vez de demandar una respuesta a tal falta de respeto por el hecho de tomarme y disponerme en la cama con una bata que no me pertenecía y dejarme dormir quien sabe cuántas horas, en vez de estar furiosa, estaba realmente relajada y casi feliz… feliz porque me encontraba allí, en ese lugar mágico que no había abandonado mis pensamientos y también esperanzada por saber si tendría la oportunidad de verlo.

Me levanté de la cama para asomarme por el balcón y deleitarme en la preciosa vista. Observé el Edén y las luciérnagas que iban de aquí para allá, revoloteando por el bosque como si fueran estrellas fugaces terrestres. La luna menguante estaba preciosa en el cielo nublado y me pregunté qué hora serían y cuánto tiempo había permanecido dormida.

-No sé por qué no me sorprende que se encuentre aquí, mi queridísima señorita Granger…- me asombré al encontrar a Roger el guapo a mi lado, observándome con una extraña sonrisa y ojos melancólicos. Su pálida belleza era algo que admirar, la potencia de su barbilla, sus labios carnosos y esas cejas pobladas que lo hacían lucir como un mundano cantante italiano. No cabían dudas que tenía ante mí un casanova, en todo su fantasmagórico esplendor.

-¿Cuánto tiempo estuve dormida?

-Usted apareció en nuestras puertas el viernes por la noche, afortunadamente, es sábado. – abrí la boca sin poder creerlo.

-¿Dormí toda la noche?- Roger asintió con una sonrisa. - ¿Qué hora es?

-Son las tres de la tarde. - ¡Oh por Merlín! Harry seguramente me estaría buscando, preocupado por mí. Había desaparecido todo un día. ¡Todo un día!

-Si son las tres… ¿Por qué…?

-Aquí siempre es de noche querida.- Roger hizo una pausa para mirar a las luciérnagas que jugaban a la luz de la luna, luego continuó- Creo que es mi deber disculparme en nombre de Estóico, no fue lo que se diga lo más caballeroso de su parte echarla de la manera que lo hizo. Espero que pueda disculparnos ese pequeño mal entendido.

Eso me recordaba…

-¿Por qué le enviaste una invitación a Harry? – pregunté sin demasiadas ceremonias. Roger alzó una ceja inquisitiva.

-¿Es duda eso que oigo en su voz?

-Recelo. – respondí con firmeza. - ¿Estás tratando de manipularme? – ésta vez, la cara de Roger se tintó de asombro.

-¿Manipularla? ¡Oh por favor señorita Granger! No me creerá capaz de tal barbaridad, ¿O sí?

-Creo que debo advertirte que tus encantos no funcionan en lo absoluto conmigo. ¿Por qué le enviaste una invitación a Harry?

Roger sonrió orgulloso, la verdad no era la reacción que estaba esperando.

-Jamás me atrevería insultar su ingenio declarando que es sensible a mis encantos, la conozco mejor de lo que usted cree. Con respecto a su amigo, debo confesar que tengo cierta… curiosidad por el señor Potter. – esto no sonaba para nada bien.

-¿Curiosidad? – repetí tontamente. Roger asintió y con ínfulas de ser la persona más regia e importante del mundo, se dio la vuelta para ingresar a la habitación. Roger tomó asiento cómodamente en un amplio sillón frente a la ardiente chimenea, yo lo seguí sin hacerlo esperar, sentándome en el sillón que se encontraba a su lado.

-Verá mi queridísima señorita Granger, yo soy lo que se llama un romántico sin cordura, no hago distinciones con las personas y no he podido pasar por alto el hecho de que el señor Potter se siente… solo.

-Harry no se siente solo…- negué inmediatamente.- Me tiene a mí, tiene a Ron, los muchachos están allí para él y…

-Cuando me refiero a que se siente solo…- me interrumpió con paciencia Roger.- quiero decir que le falta una compañía femenina.

-Entonces, ¿inventaste lo de la subasta para atraerlo?

-No suelo inventar cosas señorita Granger. En efecto, estamos de aniversario y lo celebraremos con la subasta.

-¿Y por qué no fui invitada?- solté ofendida. Roger soltó una risita.

-La verdad estaba esperando darle su invitación en persona. Sabía que el señor Potter se la mostraría, incluso estaba diseñada a destruirse inmediatamente después que usted la leyera.

-No entiendo.

-Creo que usted ha estado teniendo un dilema en estas últimas semanas. – instantáneamente mi corazón comenzó a aumentar su ritmo.

-Hace dos semanas me dijiste que no eras un mentalista. – él se echó a reír.

-No lo soy, simplemente descifro comportamientos, leo las conductas y estudio las acciones de muchas personas que necesitan la respuesta a un dilema que se les escapa de las manos. Ha llegado a mis oídos que usted está más ocupada que de costumbre, no es muy difícil saber la razón…- bestia fastidiosa.

-Entonces, ¿decidiste atraerme con la excusa de darme la invitación para que a su vez yo sucumba a mis más básicos deseos? – no era necesaria su respuesta, la sonrisa que me dedicó fue más que suficiente. Y como por arte de magia, una niña apareció de la nada, por su aspecto noté que era la misma chica que Harry había visto. Con una sonrisa amistosa, me dio la invitación y desapareció sin decir nada.

Miré el elegante pergamino negro con creciente entusiasmo.

-Contamos con su presencia y por supuesto con la de su amigo.

Yo asentí.

-Allí estaremos.

-Bien, ahora… Hablemos de negocios.

Roger tenía varias sonrisas. Aquellas amables que inspiraban a confiar en él, las divertidas que dejaban con la duda si serías tú el blanco de su entretenimiento, las melancólicas que entristecían el corazón más duro y por último, estaba esa sonrisa lobuna que provocaban escalofríos al espectador, esa era su sonrisa de negocios y la más peligrosa en su amplio repertorio…

CONTINUARA