Capítulo 9
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Una de las ventajas que le había dejado su trabajo, en esa situación, era que no se le dificultaba armar citas decentes en poco tiempo… pero quizá la facilidad de aquella ocasión se la debía en cierta manera a Himiko, al encontrarse su rostro pegado en muros y flotando por los medios de comunicación, no tenía demasiadas esperanzas de tener una cita normal y las opciones se reducían bastante.
Aun así proveyó, con el esfuerzo mínimo, una experiencia satisfactoria y por medio de una conversación trivial había aprendido aún más de aquella mocosa. Su historia trágica no le interesaba, pero con saber de sus inicios podía encapsular de una mejor manera su ignorancia y deshacerse de los huecos pronto.
La miró por el rabillo del ojo, la cita técnicamente no había concluido pero caminaban en silencio a casa de la chiquilla, era estúpido pensar que necesitara escolta o defensa, pero había prometido una cita y desgraciadamente cumpliría con cada requisito, por más repulsivo que este pudiera parecerle. Desvió la mirada al frente y se ahorró el gesto de asco, que no era provocado por la vista, pero por aquella muchacha tan necesitada de atención y cariño que en esos momentos tenía bien enredados los dedos entre los suyos.
Detestaba su risa… su sonrojo y su aparente inocencia en todo ello, como si nunca en su vida hubiese tenido una cita.
La lástima que sentía por ella le revolvía el estómago.
—Esa es la mía —señaló, con tono cantarín y extendiendo su mano libre.
Se detuvieron ante la puerta. Hidan giró apenas un poco el cuerpo para quedar de frente a ella. No soltó la mano y aunque la miró serio a los ojos, dentro de él no crecían las sensaciones que alguna vez había experimentado en la adolescencia… en sus manos escocían las ganas de matar, pero estas eran diferentes a las que experimentaba al llevar a cabo sus sacrificios.
Este sería el primer homicidio que cometiera en su vida.
Himiko desvió la mirada y agachó el rostro, sonrojándose de nuevo con una obviedad risible. Movió ligeramente el cuerpo de un lado a otro y permitió que sus dedos se fueran soltando de los de Hidan, hasta que su mano cayó lánguida a su costado.
A pesar de las restricciones había sido una linda velada y no quería que terminara aún.
—… buenas noches —murmuró, con la mano en su barbilla y los labios ocultos por la manga de su suéter.
Asintió, sin consideración alguna de las claras intenciones de Himiko.
El sonrojo desapareció ligeramente de sus mejillas y detuvo el puchero antes de que fuera completamente evidente su desilusión. Se paró en puntas y sonrió de nuevo, escondiendo las manos detrás de su espalda y rotando ligeramente los hombros de un lado a otro.
—Te invitaría a pasar, pero creo que es demasiado pronto.
—Sí —apresuró.
Una mano aferrándose a su camisa detuvo sus intenciones de dar un paso hacia atrás, pero no pudieron contener su cabeza, que se alejó lo más que pudo de ella. Casi podía ver su rostro reflejado sobre los enormes ojos de Himiko.
No había sonrisa en el rostro, ni sonrojo… solo aquel dorado brillando en la tenue luz del pasillo.
—Bienvenido a mi lista de obsesiones…
Sonrió de lado y soltó la mano con cuidado, aferrándose a la muñeca. —¿No crees que ya es muy tarde para eso?
—Hm… —pensó por unos momentos y luego negó con movimientos cortos y rápidos, sonriendo de nuevo. —Nop.
—… que rara eres.
Pegó por completo la espalda a la puerta de su apartamento, sin dejar de mirar a Hidan, mientras una de sus manos se escurría lentamente hacia la perilla, aferrándose a ella. Una risita escapó de sus labios al verlo exhalar y dejar caer los hombros, relajándose por primera vez en toda la noche.
Había notado su estado de alerta y al recordarlo un escalofrío le recorría por completo el cuerpo, emocionándola de nuevo.
—Hasta luego, Hidan —se despidió.
Aquello le recorrió el cuerpo con la electricidad de una amenaza y lo obligó a tensarse de nuevo. Enarcó ligeramente la mirada, sin perderla de vista, pero de nuevo no encontraba más amenaza que sus palabras extrañas.
—…voy a contar los segundos hasta que vuelva a verte —prometió.
Lo miró asentir y se perdió en la oscuridad de su apartamento, sin quitarle la vista de encima y cerrando rápidamente la puerta tras ella. Aseguró de inmediato y se quedó ahí parada, la frente pegada a la puerta, su cuerpo temblando cada vez con más fuerza; sus manos se apretaron en puños, apretados a la puerta también, y sus ojos miraban la superficie en la oscuridad, abiertos de par en par.
Aunque aquel juego era divertido y la idea de tener más citas con él le encantaba, había resultado demasiado difícil contenerse. Se mordió los labios con fuerza ante la idea de clavarle las uñas en la piel
Se alejó de la puerta luego de unos minutos, consciente de que Hidan había partido apenas ella cerrar la puerta, y limpió el sudor que le perló la frente y el rostro con el dorso de la mano, dejándose caer en la cama. Por las persianas entraba apenas la luz que se colaba por el callejón y le permitía ver las siluetas de sus muebles y pertenencias; sus pupilas se quedaron viendo las líneas de color que parpadeaban en el cielo raso y luego de unos momentos se desviaron hacia el estante que había clavado a la pared.
Los frascos se anunciaban con un tenue brillo y aquellos objetos que eran más opacos remarcaban la oscuridad.
Viernes, 23 de abril de 2021
