Bien este capítulo va dedicado a Lily, quien fue el primer review, gracias por comentar, ademas se inspiro en una anécdota personal, al final se las contare.


La siguiente ocasión en la cual Ludwig y María se volvieron a ver, fue cuando el germano estaba básicamente obligado a visitarla, pero para él esta era una buena noticia ya que un poco de cambio en el clima le haría bien, ya que en esta época del año, el general invierno estaba siendo muy duro con él, de hecho no recordaba la última vez que disfrutaba de un buen clima como el que se podía encontrar en la casa de María, ya que desde que el invierno había comenzado solo se había dedicado a quitar la nieve de la entrada de su casa, el auto, las casas de sus perros, los cuales a pesar que dormían adentro por el clima debían mantenerse limpias, además estaba el evitar que su casa terminara como cubo de hielo a causa del crudo invierno pues tenía que darle mantenimiento diario a la calefacción, ya que esta tenía "misteriosas" averías eran causadas por su "Asombroso" hermano mayor, el cual sin avisar subía la temperatura a tal grado que se terminaban quemando los filtros del calentador y como consecuencia se podía observar a Ludwig ir a buscar al centro de la ciudad las refacciones con el fin de remplazarlos y minimizar el frio en la casa, ya conocía a la perfección el camino hacia la tienda de refacciones, de hecho esta era la quinta vez que iba por el mismo problema, es más si quería podría ir y venir con los ojos cerrados, por eso cuando su superior le informo de la visita "forzada" que tenía que hacerle al país latino, preparo sus maletas lo más rápido que pudo, llevo a sus perros a uno de los hoteles caninos de la ciudad, arreglo todos aquellos detalles que tuviera la casa, para no encontrarse con sorpresas desagradables a su regreso y al tener todo en orden cerro la casa y se aseguro que poner los seguros y candados necesarios para evitar posibles robos, para finalmente dirigirse al aeropuerto, dejando atrás a un confundido hermano mayor y el crudo invierno que se estaba viviendo en su casa, pronto estaría disfrutando de un agradable clima.

Era un agotador viaje de 12 horas aproximadamente, mismas que harían mella en su espalda, además que trastornarían su tan estricto horario y estilo de vida que llevaba en Berlín, así que planeo lo que haría al llegar a suelo mexicano ¿Dormir?, por supuesto que no, se mantendría despierto hasta que fuera hora de descansar en la casa de María, después decidió ir a comprar un libro en la librería que había en el aeropuerto después de todo sería un largo viaje y que mejor comprar uno que hablara sobre las costumbres, tradiciones, cultura de la nación latina, así estaría mas informado sobre ella y así no tendría tantos problemas como en otras ocasiones cual sería su sorpresa al descubrir que aquel libro tenía un costo de treinta euros, eso era diez veces más que el precio promedio de un libro en el país, pero un libro así de cierto modo los valía dejo pasar eso y se dirigió a documentar su equipaje, poco tiempo después de haber terminado, su vuelo fue anunciado por los altavoces, dándole apenas el tiempo suficiente de tomar un pequeño respiro, se dirigió a la puerta número cinco, pasó por todos los parámetros de seguridad señalados, de hecho algunos le parecían absurdos.

Ya dentro del avión decidió que se relajaría leyendo, no sin antes preguntarse si debió de haber aceptado el ir en el avión privado que tenía a su disposición y que su superior le exhortó a usar, ya que el capitán aviso que saldrían con un retraso de 1 hora debido al mal clima, poco tardo en recordar la razón y era sencilla no quería parecer una nación pretenciosa, el era tan normal como cualquier ciudadano en su país y no requería de tratos especiales, como solía solicitarlos el infantil de Alfred. De hecho recordó la vez que fue a visitar a María, todo marchaba de maravilla, hasta que tuvo que parecer el "Maldito gordo emancipado", así era la forma en la cual la mexicana solía llamarlo, cuando estaba totalmente histérica, ante esto el germano, mostro una ligera sonrisa pues el recordar aquello fue grato ya que la joven latina, de cierta manera torturó al americano, fue entonces cuando una voz femenina lo saco de sus pensamientos.

- Disculpe ¿este es el asiento 225-B?- pregunto con cierto nervosismo en su voz la joven mujer

- Si- respondió son su característica seriedad el alemán

- ¿Le importaría cambiar de lugar, la verdad no quiero estar cerca de la ventanilla?- pregunto con temor a ser rechazada

- Por supuesto, no hay problema.- dijo totalmente despreocupado el germano, al tiempo que se cambiaba de asiento.

- Muchísimas gracias, mi nombre es Luz María,- le respondió con tono más relajado la joven.

- De nada, mi nombre es Ludwig- dijo mientras estaba tratando de leer su libro

- Mucho gusto.- le respondió al tiempo que le extendía su mano para que el la estrechara- ¿Va de vacaciones a México?

- Quisiera, pero voy por asuntos políticos.- dijo sin importancia Ludwig

Y así fue como comenzó una larga, larga, larga, charla, sobre diversos temas ya fueran políticos de cultura popular, entre otros más temas y pese a que no podía leer su libro, gracias a la Srta. Luz María, pudo aprender de una fuente directa todo acerca de México y algo curioso que noto fue que el nombre "María", era muy común en la nación ya que la joven Luz solo por parte materna había seis mujeres que compartían dicho nombre, eso era de cierta manera muy peculiar era como si de una forma indirecta quisieran homenajear a la representación humana de los Estados Unidos Mexicanos, lo que era aun más irónico, compartía en parte el nombre con el pesado de Alfred.

Paso aproximadamente una hora y aquella mujer era igual de agradable que María Guadalupe, solo que no era ella, obviamente era diferente físicamente así como en otros aspectos en comparación a la nación latina, pero cierta manera sintió como si ella fuera la que estaba a su lado en el asiento de aquel avión.

Cuando el clima mejoro, se abrió la pista y así fue como comenzó el viaje, el cual paso sin contratiempos, con charlas ocasionales con la joven a su lado, pequeños intervalos de lectura y siestas, muy raras para el teutón.

El no esperaba que la mexicana lo estuviera esperando en el aeropuerto cuando llegara, de hecho comenzó planear que es lo que haría cuando llegara a territorio mexicano pues el capitán había anunciado que llegarían a la capital del país aproximadamente a las 2:00 de la mañana. Se despidió de su compañera de viaje y comenzó su andar hacia la sala de llegadas sin esperar siquiera encontrarse con la mexicana.

Pero para su sorpresa, la mexicana era demasiado testadura y opto por esperarlo el tiempo que fuera necesario, con tal de ser una buena anfitriona, así que con lo que se encontró fue con una escena un tanto curiosa, María estaba acostada en una de las bancas que había en el área de llegadas, la chica dormía plácidamente como si encontrara recostada en un mullido colchón y no en una fría y dura banca de metal. Sabía que si quería despertar a la chica debía hacerlo con cuidado pues la mexicana tenía la costumbre de lanzar golpes a diestra y siniestra cuando era despertada con brusquedad, eso lo había comprobado cuando Alfred la había despertado con su estridente risa en una de las juntas mundiales y recibió sin piedad un puñetazo en la boca por parte de la mexicana. Así que lentamente acerco su mano a la mejilla de la mujer dejando que solo su dedo medio e índice tocaran la tibia piel de María, misma que respondió al toque con una sonrisa, además de abrir sus ojos con delicadeza para encontrarse con la azul mirada de Ludwig.

- Hola – dijo entre un bostezo la mujer

- Hallo Fräulein María – contesto tranquilo

- ¿Qué horas son? – le dijo entre un bostezo

- Son las 2:00 pm Señorita María. – le respondió mirando su reloj de pulsera

- Hay Ludwig, algún día lograre que solo me digas María, ven vamos hay que ir descansar – dijo mientas se ponía de pie y se estiraba

- ¿Acaso hay un hotel abierto a esta hora? – pregunto confundido

- ¿Hotel?, te quedaras en mi casa, ¿No te lo dijeron? – contesto aun un poco adormilada

- ¿Tú casa? – Espeto nervioso

- Si, te prepare un cuarto y todo lo que necesites – dijo al tiempo que se dirigían al estacionamiento donde curiosamente estaba a lo lejos un solitario …

- ¿Volkswagen sedan? – pregunto Ludwig

- Si, el de última edición – respondió la mexicana con cierta nostalgia como era posible que un auto, tuviera la capacidad de unirlos, pues una cosa era cierta María tenía cierta predilección por esos autos de procedencia alemana mismos que con cariño llamaba "Bochos" – ¿no es lindo?

- Sí que lo es– respondió el teutón mientras miraba a la mexicana por unos cuantos segundos, pero en cuanto se percato de la que hacia desvió su mirada ligeramente sonrojado – bueno supongo que ya era tiempo de que dejaran de producirse estos autos.

- Tal vez, pero aun así es como si tú y yo nos distanciáramos más de lo que ya estamos. – esto hizo que Ludwig se sonrojara y casi como un arco reflejo grito

- ¡Bueno al auto! – lo cual provoco que María entrara con rapidez al auto junto con su invitado que ahora lucia mas avergonzado – lo siento – dijo por lo bajo

- Descuida fue un largo viaje estas cansado es normal, de seguro Marisol nos está esperando con una taza de chocolate caliente. – decía la tiempo que encendía el auto – espero que recordara comprar pan dulce.

- ¿Marisol? – pregunto el alemán

- Lo había olvidado, bueno no se llama Marisol es como le digo de cariño se llama María del sol, es mi nueva "Asistente" por así decirlo, aunque es mas como una hermana para mí – dijo sonriente la mexicana

- ¿Qué acaso todas las mexicanas se llaman María? – ante esto la nación latina hizo frenar con brusquedad el auto y volteo lentamente a ver al hombre sentado a su lado y sin más comenzó a reír – ¿Qué dije? – Pregunto mientras María seguía riendo, una vez que hubo terminado se limpio las lagrimas que brotaban sin parar

- No sé quién te dijo tal cosa, pero no es así hay muchas otras mujeres que tienen otros nombres, como Alicia, Alejandra, Karen, Verónica, Erika, Janeth, Erika y créeme la lista continua, pero de cierto modo antes se tenía por tradición hacer eso o al menos así lo tengo entendido, pero los tiempos cambian y con ello los nombres, aunque es como si yo dijera que todos los alemanes se llaman Ludwig o Albert incluso Gilbert – dijo María mientras de nuevo volvía a reír – ¿sabes? Siempre creí que eso me lo diría Alfred pero jamás lo pensé de ti. Gracias – dijo sin más.

- ¿Por qué? – le pregunto

- Por hacerme reír – dijo

Mientras en la mente de Ludwig pasaba la siguiente pregunta ¿Cuándo sería posible que pudiera comprender a esta mujer? Pobre Alemania no te preocupes Alemania, por más que lo intentes, nunca la lograras entender, esa es la razón por la cual la amas tanto.


Me quedo horrendamente corto (Segun mi logica rara), perdon por los errores y demas, aunque tengan consideracion son las 12 :50 am por donde vivo (Insomnio D:)

Espero que les haya gustado y la anécdota en la que se baso el fic es la siguiente:

En la escuela a la que asisto me toco conocer a un chico que es alemán-mexicano (larga historia luego se las contare), al cual le comencé a hablar porque compartíamos una clase extracurricular, además que en una ocasión se perdió en la escuela y fui su guía (mmmm, creo que ya me debe su alma), bien el hecho es que hablando y hablando, salió el tema de los nombres y el sin el menor animo de querer ofender (bueno al menos eso creo yo) me dijo:"No es lógico que te llames así, ¿Que no se supone que todas la mexicanas se llaman María? " Ante lo cual comencé a reír y le explique qué tal vez si había demasiadas mujeres llamadas María, (de hecho mi madre, abuela y bisabuela se llaman así TTnTT y creo que también mi tatarabuela, rayos rompí la tradición D:), pero eso no significa que todas nos llamáramos así por ley, le hable de la influencia que tiene Estados Unidos y otros países en los nombres, al final creo que lo deje igual o peor, con mi explicación, pero la intención es lo que cuenta ;).