Capítulo 10

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La bolsa de dinero cayó pesada sobre el escritorio y aunque Kakuzu esperó para tomarla, ante los ojos de Hidan esa desesperación oculta no pasaba desapercibida. Miró al hombre contar el dinero con mala cara y se dejó caer en el único sillón que sobraba dentro de la habitación. Su brazo se extendió sobre el descansabrazos y sus ojos se mantuvieron clavados en su mano, que pendía al final; inspiró profundo, sin hacer un solo ruido y sin mover demasiado sus hombros.

Kakuzu era rápido al contar el dinero y sabía que con quedarse lo estaba privando de revolcarse en su silenciosa satisfacción… y aunque la idea de martirizarlo le divertía, molestarlo nunca era conveniente.

—¿Qué hiciste? —preguntó Kakuzu de pronto, sin alejar la mirada de su libro de cuentas.

No pudo evitar rodar la mirada y aunque no pudo sentirse agradecido, al menos le tranquilizaba no tener que iniciar la conversación.

—Tengo un problema.

—¿Relacionado al negocio?

—No.

La mirada brillante de Kakuzu se había desviado del dinero hacia él, pero pronto volvió a las cuentas, ignorándolo. Desencajó la quijada y se inclinó sobre el sillón, mirando fijamente a Kakuzu.

—Tengo a una chiquilla obsesionada detrás y no puedo sacudírmela…

—Ese no es mi problema.

—Me amenazó con entregarme a la policía.

—Mátala.

Su rostro se tensó entonces, sintió la presión en la piel de su cuello. No estaba sorprendido por la negativa de Kakuzu.

—No puedo —pronunció con dificultad.

Kakuzu enarcó una ceja con interés y en sus labios se coló una sonrisilla burlona.

—¡No te rías cabrón! ¡Tiene una pendejada que enviará toda mi información a la policía si se muere!

—¿Está conectada a su corazón?

Separó los labios para hablar, pero guardó silencio, rascándose la nuca. —No lo sé… no he podido confirmarlo.

—Entonces solo necesita una contraseña. Mátala.

—¿Vas a arriesgarte a perder a tu mejor socio? Creí que tú no apostabas-

—No es una apuesta —cortó, levantado la mirada de la mesa. —Simplemente es una mocosa que se está pasando de lista porque tú te has volado la tapa de los sesos demasiadas veces y ya no piensas… aunque eras un idiota desde antes.

—Te traigo el triple de ganancias y me pagas menos que al resto.

El silencio los rodeó unos momentos, junto con el odio que Kakuzu sentía mientras miraba a aquel muchacho altanero.

—¿Cuánto me va a costar?

Se encogió de hombros. —Menos de lo que te costará tener que mandarme matar o reubicarme en el extranjero si a esa puta se le ocurre hablar.

Los segundos de meditación fueron cortos, las cejas de Kakuzu se relajaron y la mirada volvió a las cuentas.

—Veré qué puedo hacer…

Se levantó del sillón y le palmeó el hombro, jugando con su suerte y riendo. La mano de Kakuzu le golpeó, pesada, el brazo, alejándolo y se llevó la mano rechazada a la cintura. Observó el libro de las cuentas y el dinero y se dio media vuelta.

—Creo que la próxima semana podré encargarme de ese pez gordo al fin —declaró, mirando por encima de su hombro.

—Más te vale.

Kakuzu jamás le volvió a prestar atención y cuando volvió la mirada al frente su gesto perdió toda sonrisa. Tomó la guadaña que descansaba junto a la puerta, echándosela a la espalda y guardando las manos los bolsillos. Aquel maldito nunca había sido de su agrado, pero trabajar con él le había dado una tranquilidad que antes no había tenido; si bien no podía librarse de todas las venganzas que recaían sobre él al matar a alguien, una gran parte de ellas se veían frustradas gracias a ese código estúpido que existía entre matones.

Salió de ahí, abriendo con un empujón.

La puerta se abrió con fuerza.

El silencio que había reinado en la habitación solo se vio interrumpido el tiempo que resonó el golpe de la puerta contra la pared. Dabi y Mr. Compress miraron a Himiko desde sus asientos, ninguno de los dos mostró preocupación al verla postrada, pero su curiosidad despertó ante el gesto que denotaba el arrebato que la había acompañado de vuelta al escondite.

—Toga-chan —saludó Mr. Compress, levantando una mano. —¿Te encontraste con un héroe de tu talla?

Negó, entrando al fin, y dejándose caer en el sillón a lado de Dabi. Los ojos azules la miraron de reojo apenas unos momentos y luego volvieron a lo que sea que había en la pantalla del móvil que sostenía el muchacho en sus manos.

—Quiero escuchar gritar a alguien… —

La voz sonó mullida gracias al cojín que se apretaba sobre su cara, ninguno de los muchachos se miró.

—Hazlo gritar —arrastró Dabi, sonriendo ligeramente, pero no agregó algo más, ni volvió a prestarle atención.

Mr. Compress se inclinó, recargando los codos sobre sus rodillas y mirándola fijamente, nunca había un día de aburrimiento en aquel lugar y menos tratándose de las estupideces que se traía esa muchacha entre manos cuando no estaban trabajando. Vio los cabellos rubios moverse lentamente, gracias a los movimientos del cuello, y luego de unos momentos se encontró con unos ojos velados por el deseo y un pequeño sonrojo, encerrados en un gesto de frustración que pocas veces había visto en ella.

—No va a funcionar… el dolor no va a funcionar… —golpeó el sillón con un puño y volvió a esconder el rostro.

—Hasta Shigaraki tiene algo que lo hará gritar —dijo Dabi.

—¿Qué te haría gritar a ti? —tanteó Mr. Compress, girando hacia el muchacho.

—Adivina —sonrió, pero el gesto no alcanzó sus ojos.

—… ah, me rindo —murmuró, recargándose en el sillón de nuevo, fingiendo demencia.

Himiko los miraba, silenciosa, alternando la mirada entre ellos, las palabras de Dabi le daban vueltas en la cabeza y esa idea juguetona, que desde un principio la había arrastrado a Hidan, le guiñó el tiempo suficiente para que una sonrisa volviera a adornarle el rostro.


Hola

En momentos de tragedia siento que no es bueno publicar, sobretodo este tipo de contenido... y aunque acá me leen muchas menos personas que en cualquier otra historia, igual voy a dejar un link en caso de que sepan de alguien que quiera donar o puedan hacerlo ustedes. En cuanto a la situación en Colombia, la verdad no he encontrado links de donación que me den confianza y si saben de alguno agradecería bastante que lo compartieran conmigo.

www . topos . mx /

Viernes, 07 de mayo de 2021