HARRY POTTER
El Elegido
Hermione era mi mejor amiga. Ella había estado ahí en los momentos más importantes de mi vida. Gracias a ella Voldemort estaba muerto, gracias a ella encontré las fuerzas para continuar con mi camino cuando todo parecía estar en mi contra. Yo confiaba en Hermione. Hermione era mi mejor amiga.
No paraba de repetir esa simple oración en mi cabeza mientras caminaba por los pasillos de la escuela. El sonido de mis pasos retumbaban en el piso de piedra, distraído noté que mi zapato derecho tenía una mancha de barro en la punta, me pregunté dónde había recogido esa mancha…
Levanté la cabeza al notar el frío de la tarde golpearme en una austera bienvenida. Entorné los ojos tratando de evitar el resplandor del sol y con un suspiro, bajé las escaleras para encontrarme con la castaña.
Hermione estaba sentada en la vieja escalera de piedra, observándose las manos con aire pensativo. Me pregunté en qué estaría pensando, por qué actuaba como lo hacía y por qué me había citado en un sitio tan alejado y solitario. No entendía nada de lo que estaba sucediendo con mi mejor amiga, ella tampoco daba señales a compartir absolutamente nada conmigo, así que la única opción que me quedaba era esperar y por más frustrante que fuera, estaba resignado a permanecer en las sombras de un misterio que ella no quería revelarme.
Me senté a su lado, dispuesto a acompañarla en su silencio pensativo, levanté la mirada para distraerme del cargado silencio que nos rodeaba, buscando cualquier distracción. No pude evitar quedarme sin aliento al entender la razón por la cual había escogido ese preciso rincón del castillo. La vista era para quitar el aliento… Los colores del ocaso se mezclaban en el firmamento de una manera romántica y pacífica. Instantáneamente, todas mis dudas, todos mis problemas se desvanecieron al ver un paisaje tan magnífico. Sin quererlo, me sentí pequeño ante tanta belleza, ante tanto espacio. Yo solo formaba una pequeña partícula en un universo tan basto y eterno. No era nadie en comparación con la magnificencia del mundo y a pesar que todos me daban una importancia enorme, a pesar de que todos seguían murmurando mi nombre con reverencia, a pesar de que yo era el dueño de la admiración de muchos magos en el mundo, a pesar de todo eso… Yo me sentía insuficiente. Me sentía vacío, pequeño e insignificante.
Toda mi vida, cada aliento, cada respiro y todos mis pensamientos habían estado dirigido a una persona, la misma que me había maldecido desde pequeño y me había quitado todo el significado que encerraba la palabra familia antes de comprender a qué se refería. Ahora que esa persona no estaba, yo había perdido mi rumbo.
Extraño como las cosas cambian, como todo lo que esperas en el futuro no sucede, cómo la vida te sorprende con algo que no querías, con algo que no pediste.
-Precioso ¿No? – la voz de Hermione me despertó de mis lamentaciones internas. Asentí componiendo una sonrisa.
-Cuando leí tu carta, pensé que me ibas a secuestrar o algo…- dije soltando una risita. Hermione resopló.
-Si hubiese querido secuestrarte solo necesitaba decirte que me habían hecho daño. Eso es suficiente para atraerte. – rodé los ojos.
-Te das demasiada importancia.
-No, soy importante.
Nos sumimos en un cómodo silencio. El sol poco a poco se fue despidiendo de nosotros desde el firmamento, ofreciéndonos un precioso espectáculo salpicado de colores llamativos.
-Harry…- la voz de Hermione era baja y vacilante, como si no quisiera hablar conmigo de ciertas cosas, como si le costara.
-Dime...- esperé sonar seguro, esperé sonar como alguien en quien ella podría confiar, alguien que no tenía serios problemas mentales con respecto a su futuro, alguien que no se sentía inseguro acerca del hoy, del mañana y de los días venideros. Pero jamás esperé las palabras que pronunció a continuación…
-¿Te sientes solo? – ésta vez, Hermione se giró para mirarme con sus enormes e inquisitivos ojos castaños. Parpadeé varias veces sin entender la razón de su pregunta, sin entender lo atribulada que lucía su expresión, lo culpable que se sentía. Pero lo más importante, lo que más había causado agitación en mi interior es que esa pregunta había caído en mi herida abierta, causándome un doloroso escozor de reconocimiento.
-Hermi…- no pude continuar, noté con odiosa frustración que no sabía que decir, no sabía qué hacer. Carraspeé, tratando de recobrar mi voz, tratando de recobrar mi personalidad que sentía perdida. - ¿Quién te dijo eso? – no pude evitar sonar algo ofendido. El orgullo es una cualidad extraña, que causa extraños efectos.
-Harry, sabes que puede confiar en mí, ¿Cierto? – fruncí el ceño de inmediato.
-¿Así como tú confías en mí? – le respondí lleno de todo el sarcasmo que podía expresar en una sola oración. Hermione se echó hacia atrás como si la hubiese golpeado, sus mejillas se tiñeron de rojo, su expresión se tornó grave y culposa. Supuse que no era el único cargando heridas abiertas.
Hermione desvió mi mirada concentrándose en el cielo que cambiaba drásticamente a un azul profundo. Sentí que debía disculparme, al final de día, todos teníamos secretos, todos teníamos ese pequeño rincón prohibido en el cual dejábamos ser libre a nuestro pequeño monstruo. Quizás el hecho de que Hermione tuviera algo que ocultar me pareciera increíble, quizás no la imaginaba haciendo cosas fuera de mi conocimiento, después de todo, siempre habíamos sido un equipo.
-Lo lamento.- dije con seriedad. Tomé su mano entre la mía y le di un apretón amistoso, tratando de infundirle confianza en la veracidad de mis disculpas.
-Tienes razón.- respondió al cabo de un rato. La miré sin entender. – Tienes razón. – me repitió con más fuerza. – No he sido honesta contigo, por ende no puedo pedirte algo que yo no esté dispuesta a dar.
-Hermione olvídalo, de verdad fue una tontería de mi parte esperar saber todo de ti. Todos tenemos secretos, todos tenemos… no sé, nuestras cosas que no queremos compartir. Está bien si tienes las tuyas. No tienes por qué decírmelas si no quieres.
-No es que no desee ser honesta contigo Harry…- dijo restándole importancia a mi explicación.- es que… Hay cosas de las cuales no estoy preparada para hablar todavía.
-¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? – como siempre, el héroe que había en mi interior no podía evitar soltar sus discursitos baratos de vez en cuando. Hermione negó con la cabeza, haciendo que su enmarañado cabello se moviera graciosamente.
-Estoy bien. – asentí, satisfecho. – No tengo derecho a que me digas nada de ti, si no quieres. Pero he estado pensando en ti últimamente. Te he visto diferente, distraído y taciturno. No puedo evitar preocuparme.
-Estoy bien.- fue mi turno de mentir. Hermione rodó los ojos no creyéndose en nada mi respuesta.
Otro extraño silencio se extendió en nuestra grotesca conversación en la cual los dos acusábamos, pero ninguno estaba preparado a admitir nada.
-Te estuve esperando el otro día… – comenté en tono casual. Instantáneamente Hermione se tensó, yo me puse alerta a cualquier migaja de evidencia que su lenguaje corporal estuviera dispuesto a darme.
-Lamento que no fui a buscarte como te prometí. Me quedé dormida.
-No me sorprende, ya estaba a punto de drogarte yo mismo.- ella soltó una risita.
-Supongo que tendré que parar mi estilo de vida. Me causará arrugas prematuras.
-¿Estás así por Ron?
-¡No! – fue su vehemente respuesta.- Por primera vez en mi vida, no me importa lo que Ron haga, diga o deje de hacer. Por primera vez en mi vida me siento libre de su yugo. – alcé las cejas sorprendido porque jamás la había escuchado tan segura de sí misma, tan independiente y tan… hermosa. Ladeé la cabeza y la estudié con una risita en los labios. Mi amiga había dejado de ser una niña, ¿Me había transformado yo en un hombre?
-Has dicho ese discurso tantas veces que era imposible para mí creerte, sin embargo, hoy te creo.- ella me dedicó una enorme sonrisa.
-Me alegro… - me dijo con una sonrisa jugándole en la comisura de los labios. Al cabo de unos minutos, su rostro se tornó serio.- Harry, tengo algo que decirte. – la miré expectativo, Hermione dudó. - ¿Has escuchado hablar de un burdel en la escuela? – inmediatamente me escandalicé.
-¿Un burdel? – casi grité.
-¡Shhh! – me urgió Hermione mirando a todos lados para comprobar que estuviéramos solos.
-¿Un burdel? ¿Hay un burdel en el castillo? – pregunté escandalizado. Eso no tenía sentido. ¿Quién sería tan demente de abrir un burdel en el castillo? - ¿Cómo sabes eso?
-Lo descubrí por casualidad. – me respondió restándole importancia a mi pregunta e instándome a la calma.
-¿Dónde está ese burdel? ¿Por qué nadie lo sabe?
-Es un secreto, la verdad no entiendo muy bien cómo funciona, ni quienes lo dirigen, pero existe. La invitación que recibiste es de una fiesta en celebración al aniversario del burdel.
-¿Qué? – estaba completamente anonadado ante esa noticia. Esto que Hermione me contaba con absoluta calma era la cosa más repulsiva que había escuchado jamás. -¿Existen burdeles en el mundo mágico? – pregunté tontamente. Hermione asintió.
-Los burdeles existen en todas las culturas del mundo Harry. El sexo existe para todos. – dijo como si lo que estuviera hablando fuera la cosa más normal del mundo. Me sonrojé sin quererlo.
-¿Por qué me han invitado? ¿Qué les hace pensar que iré? ¿Te invitaron a ti también? Necesitamos hablar con Mcgonagal.
-¡Harry siéntate! – Me ordenó con desespero en la voz.- Nadie irá a hablar con Mcgonagal.- la miré patidifuso. Esto era un sueño, definitivamente tendría que serlo. La Hermione que yo conocía jamás se prestaría para guardar un secreto de esa magnitud, la Hermione que yo conocía creaba inútiles asociaciones con nombres terribles en defensa de aquellos que no tenían voz en la sociedad.
-Estamos hablando de un burdel Hermione. Un burdel…- dije con lentitud, tratando de hacerle entender la gravedad del asunto.- Quizás obligan a las niñas de la escuela a venderse o… Merlín, esto es horrible.
-Harry no es nada de lo que crees.
-¿Cómo sabes que no es así? ¿Acaso has visitado ese sitio? – pregunté sin darle crédito a mis oídos. Hermione se sonrojó.
-Sí. – admitió con un susurro.
-¿Qué demonios fuiste a hacer a un burdel? – la pregunta salió como un vómito de mis labios.
Entonces, entendí todo.
La capa de invisibilidad, sus constantes desapariciones, todo el trabajo que tenía acumulado, lo distraída y temperamental. Todo cayó en mi cabeza como un balde lleno de pedazos de hielo puntiagudos. Abrí la boca desconcertado, sorprendido. No podía dar crédito a mis oídos.
Hermione me miró con angustia, se había parado del escalón dónde hacía un momento estaba sentada, ahora se encontraba parada frente a mí con las manos en el regazo mientras se las retorcía nerviosamente.
-¿Tú…?- no pude formular mi pregunta. Ella simplemente asintió. - ¿Por qué? – pregunté extrañado y algo asqueado. Estas cosas no eran las que querías hablar con tu mejor amiga.
-Yo… No lo sé… quería… ¡Ay Harry! No sé, no sé qué decirte.
-¿Y…? – ella asintió compulsivamente. – Merlín.
Esto era incómodo. Demasiado incómodo.
-Harry… Quiero que vengas conmigo a la subasta. – me dijo casi con miedo, temerosa de mi reacción.
-¿Estás loca? ¡No pretendo poner un pie en ese sitio! Y tú tampoco deberías.
-Estás siendo ridículo. Quizás si te tomaras un tiempo en visitar el lugar y descubrir cómo es…
-¡Es un burdel!- la interrumpí gritando - ¿Qué extraordinario puede poseer éste burdel para tentarme?- Hermione sonrió.
-Magia.
H&D
Aplasté la almohada con el puño por enésima vez, con un gesto de fastidio apoyé mi cara en la blanda superficie de plumas esperando encontrar la comodidad que tanto buscaba y que con tanto empeño me eludía. Me fue imposible. Con un rugido de furia, lancé la almohada hacia el poste de la cama.
-¡Wow! – Exclamó Ron observando con detenimiento mi ataque de ira.- ¿Qué pasa contigo? – me giré para observar al pelirrojo con cierta vergüenza. Ron se encontraba en la puerta de nuestra habitación, tenía el uniforme maltrecho y el cabello ligeramente desordenado. Sus manos sostenían un paquete de dulces que comía con distraído abandono. Lo envidié por lo relajado que se veía.
Sin responder su interrogante, me levanté, tomé la almohada y me senté en la cama algo frustrado. Ron cerró la puerta, se quitó la capa y tomó asiento en su cama, frente a mí.
-¿Quieres hablar? – me preguntó como quien no quiere la cosa. Negué con la cabeza.
-Estoy bien.- volví a mentir. Ron asintió.
-Estaba con Lavander…- alcé la mirada al escuchar su confesión.
-¿Y Hermione? – él se encogió de hombros.
-Creo que dejó claro que no le importo. Supongo que estas cosas pasan, hay que seguir adelante. – dijo encogiendo un hombro.
-Hay que seguir adelante…- repetí tontamente mientras asentía.
-¡Claro! A veces nos apegamos a algo, ¿Sabes? No dejamos que la corriente fluya, nos estancamos. Yo pienso que es necesario seguir, ir con la corriente, ver que trae.
-Ver qué trae…- repetí como un eco.
-…Hay que respirar otros aires Harry, descubrir otros mundos, esa clase de cosas. Mi mamá las repite siempre y creo que hasta este momento es que entiendo su significado. Solo espero que Hermione no se moleste si no sigo intentándolo, es decir, ya hice todo lo posible. – se encogió de hombros una vez más, sacó otro dulce y lo introdujo en su boca.
Me quedé observando la pequeña llama azul que palpitaba con vida en la chimenea. Repetí las palabras de Ron una y otra vez en mi mente, como una vieja canción, como un hechizo nuevo que trababa de memorizar. Esa cuestión de ir con la corriente era la cosa más cliché que había escuchado, sin embargo, no dejaba de pensar que era verdad. Yo estaba aferrado a mi pasado, estaba aferrado a Voldermot, a aquella vieja parte de mí que pensaba que era útil, seguía aferrado al Elegido. Pero las cosas cambiaban, como todo en la vida. Voldemort estaba muerto, yo estaba vivo. ¿Por qué no seguir con la corriente? ¿Por qué no extenderme a nuevos horizontes?
Súbitamente, me levanté de la cama con una sonrisa en mi rostro. Ron frunció el ceño.
-Ya vengo. – informé saliendo de la habitación. Me topé con Neville en el pasillo, pero no me daba tiempo saludarlo. Bajé a toda velocidad a la Sala común. Observé entre la pequeña multitud y casi suspiré de alivio al ver a Hermione, sentada frente a la ventana con la mirada fija en el paisaje detrás del cristal. Sin pensarlo demasiado me acerqué a ella.
-Iré.- fue todo lo que dije, ella no se giró, no era necesario. Solo logré ver una sonrisa en sus labios, solo logré ver un extraño brillo en sus ojos y me pregunté si quería mi compañía como apoyo para enfrentar algo, o alguien…
CONTINUARÁ
