DRACO MALFOY

La excursión

Bosque Prohibido.

Apreté la capa a mí alrededor tratando de ocultar los espacios por donde pudiera infiltrarse el agudo frío de la noche. Octubre era un mes extraño, cada día existía una disputa entre las temperaturas cálidas y el congelante frío de noviembre, sin embargo, esa noche estaba gélida, perfecta para una incursión en el bosque prohibido.

Sabía que nadie me seguía, pero me consideraba una persona precavida, sobre todo cuando corría ciertos riesgos en nombre de mi empresa. Así que examiné las sombras del castillo en busca de algún intruso; satisfecho, emprendí mi camino.

No traía lámparas, a estas alturas de mi vida no la necesitaba, además podría traerme problemas innecesarios. Había dedicado muchísimo tiempo en estudiar el bosque prohibido, se había convertido en una vocación en la que era sorprendentemente bueno y aunque era una pasión recién adquirida, porque antes le tenía terror a la sola idea de ingresar un metro en ese fantasmagórico lugar, había aprendido a conocerlo realmente, quizás mejor que las personas que se llamaban maestros o que tenían siglos en el castillo.

Debo admitir que no todo fue mi obra, Roger había sido de gran ayuda a la hora de descubrir una cantidad de plantas, de criaturas mágicas, de tesoros ocultos, de pequeños laberintos y objetos extraños y poderosos que pudiéramos usar a nuestro favor en la Cámara. Todo lo que sabía era gracias a él. La mierda había estado muerto desde hacía mucho tiempo, y a diferencia de otros fantasmas, Roger había sacado provecho al máximo a su situación. Quizás por eso nos entendíamos bien, ambos somos unos bastardos demasiado ambiciosos para nuestro propio bien. Solo que él lo oculta mucho mejor que yo…

Ingresé al bosque por mi camino favorito, rodeando la destartalada pieza que la bestia desaliñada de Hagrid llamaba hogar. Con una mueca de asco, observé los restos de la asquerosa comida que Hagrid dejaba allí para las criaturas pequeñas que tenían problemas buscando alimentos. Él no parecía darse cuenta del hecho de que cocinaba tan mal, que sus restos no tentaban ni siquiera a las criaturas más desesperadas o hambrientas que vivieran en los alrededores.

Ignorando el incómodo hedor, continué mi camino y cuando hube ingresado en el bosque, me detuve abruptamente. Ésta vez el viento fue cómplice de una mala jugada en mi contra. Casi sin quererlo y como si estuviera transportando algo de extremo cuidado, trajo a mis oídos la voz perteneciente a la mujer de mis pesadillas. Su susurro distorsionado por los demás sonidos de la noche, rozó mis sentidos en una tierna caricia que me erizó la piel y encogió el corazón.

-¡Gracias Hagrid! – escuché estupefacto entre el cobijo austero de los árboles. Era la sangre sucia.

Desesperado por oírla y por atisbar aunque sea las sobras de su presencia, me giré bruscamente, lo que causó que me tropezara con unas ramas enormes que había olvidado que existían por causa de su voz. Su estúpida voz. Caí estrepitosamente en el húmedo y frío suelo del bosque golpeándome la barbilla y mordiéndome la lengua en el proceso.

-¡Maldita sea! – exclamé al saborear el ácido de mi sangre. Me limpié la barbilla con el dorso de la mano mientras un rugido de furia salía de mi boca. ¡A ese estado de vergüenza era en el que me sumergía mi adorada sangre sucia! Reducido a un manojo de nervios por su puta causa. Haciendo acopio de mi orgullo que yacía hecho pedazos en el suelo, me levanté y bruscamente me giré para verla otra vez, aunque sea de lejos. Para mí, ella era como un amuleto, una protección contra los pensamientos funestos, drásticos y dementes que me invadían las veinticuatro horas del día. Sin embargo, ella ya había desaparecido del punto inicial dónde la había visto. O por lo menos eso creía…

-¿Te rompiste una pierna Malfoy? ¿Quieres que te lleve a la enfermería? – con el corazón a mil por segundo me giré ante el sonido de su voz. Ella estaba caminando lentamente hacia mí, sus delicadas manos de marfil apartaban a las odiosas ramas que le impedían el paso. Observé su rostro y noté que las comisuras de sus labios estaban levantadas en un gesto divertido, así que deduje que había apreciado mi aparatosa caída. ¿Qué mejor manera de terminar un día que mancillando el poco orgullo que me quedaba?

Decidido a dar una mejor imagen, carraspeé y con un gruñido limpié mi capa verde de las ramitas que mi caída había atraído.

-¿Qué haces aquí Granger? – pregunté con indiferencia.

-Creo que esa pregunta es la misma que deseo hacerte. ¿Qué haces tú aquí? Cualquiera diría que estabas a punto de visitar a Hagrid para tomar una taza de té, pero dado que lo odias y que él jamás te brindaría té, descartaremos esa suposición.- la muy testaruda se cruzó de brazos y me miró con un gesto divertido y expectante.

-No es tu problema.- respondí mirándola con el ceño fruncido, ignorando el hecho de que la oscuridad del bosque le daba un atractivo muy especial, el cual era incapaz de ignorar. – Creo que deberías regresar al castillo. Por más querida que seas, no deberías estar despierta a estas horas. Buenas noches.- con un corto asentimiento de saludo, emprendí mi camino, pasando por su lado.

Evidentemente, me siguió.

-¿Qué vas a hacer a éstas horas en el bosque prohibido? Es peligroso.- sentí que su respiración había aumentado un poco gracias al esfuerzo que le suponía mantener mi paso. Inmediatamente, los recuerdos de sus gemidos llegaron a mi memoria, agolpándose sensualmente en mi cerebro. Se me erizó la piel de la espalda al recordar la dulce textura de sus labios abiertos en mi oreja, del delicioso vapor que exhalaba en mi piel y de ese sonido tan erótico que parecía compuesto por notas precisas y vacilantes, pero solo dedicadas para ser escuchadas por mí.

Debo confesar que después de las palabras de Roger, después de mi absoluta resolución de llevarle la contraria y de nuestra pequeña discusión, no habíamos tocado el tema de la sangre sucia. Una de las razones que justificaban nuestro silencio era la subasta. Todos estábamos increíblemente ocupados con todos los preparativos, con la comida, con los animales fantásticos que íbamos a exhibir, con las bebidas exóticas, con las sustancias para el mejoramiento del acto carnal… Todo llevaba tiempo y requería de una supervisión detallada y perfeccionista que no perdiera ningún detalle.

Además yo estaba sumergido en mi mundo, estaba dibujando una nueva sección para la Cámara, esperaba tener todo listo para la Subasta, pero me cabreaba el hecho de que la estaba haciendo para una persona en particular, y que ella no estuviera para verla era algo que no podía soportar.

En conclusión, había pasado unas patéticas semanas de planes, reuniones, gastos de dinero, pagándoles a putas, putos, consiguiendo ninfas con buen dominio de la magia, canalizando mi magia con la Cámara. En fin. No tenía tiempo para nada, aunque eso no significaba que mis pensamientos no se desviaran de vez en cuando y se perdieran en la grandeza de su ser. Siempre me sorprendía pensando en ella en cualquier actividad que estuviese haciendo, y contrariamente a lo que pudiera esperar, pensarla me ayudaba a concentrarme, a inspirarme, a detallar todo bajo sus exigentes estándares.

-¡Malfoy! Te hice una pregunta.- exclamó exasperada interrumpiendo mi despistado caminar. Me detuve en seco al verla frente a mí, con la frente perlada de sudor, las mejillas arreboladas, el cabello más desordenado (como si fuera posible) la boca increíblemente roja y el pecho subiendo y bajando a gran velocidad. ¿Tanto habíamos caminado?

Frunciendo el ceño y maldiciéndome por mi gran capacidad de distracción, estudié el lugar donde nos encontrábamos…

-Mierda…- mascullé al notar que no era el camino dónde debería estar.

-No es la respuesta que estaba esperando. Por si lo habías olvidado, te pregunté…- en un rápido movimiento, devoré la distancia que nos separaba y con decisión, apreté mi mano contra su bonita boca.

Grave error.

Su aroma me invadió de pleno en el pecho con la fuerza de un expeliarmus bien realizado. Retrocedí un poco ante la potencia de su presencia, ante la evidente atracción que se sentía chispeando en el aire. ¿Sería mi adorable sangre sucia capaz de notarla? ¿O eran mis disparatadas hormonas que reaccionaban inexorablemente ante un mero contacto? Recomponiéndome un poco, agarrando con fuerza cualquier atisbo de control que quedara restante en mi cuerpo, la miré con severidad. Sus ojos marrones estaban abiertos de par en par, asustados, sorprendidos ante mi asecho, estuve tentado a sonreír.

-Escucha Granger…- susurré mirando la copa de los árboles que nos rodeaban. Sus ojos se movieron desesperados en busca de lo que sea que me refería, de lo que sea que veía. Me acerqué otro poco, atraído por su piel, por las pecas que mi memoria recordaban tan bien… - No vuelvas a gritar…- susurré en su oído.- de lo contrario, seremos comida de seres que jamás, ni en sueños te has imaginado. – inhalé el cítrico olor de su cabello, y me aparté un poco para mirarla a los ojos, traté de inyectarle la seriedad de nuestra situación. No era necesario, el entendimiento estaba escrito en cada esquina de su piel. Ella asintió, y con un brusco movimiento apartó mi mano de su boca.

-No era necesario que hicieras eso.- susurró con vehemencia. Noté que su cuerpo se inclinaba un poco al mío, rozando ciertas partes que recibieron su toque como maná del cielo. – Con un cállate hubiese bastado.- dijo testaruda, mirando hacia atrás. -¿Dónde estamos? – me preguntó rodeándose el cuerpo con las manos. - ¿Qué haces? – soltó cuando reparó en lo que hacía. Sonreí al notar lo alarmada que sonaba.

No le respondí, simplemente me quité la capa y acercándome a ella, coloqué la gruesa tela de terciopelo a su alrededor, asegurándola en sus hombros y en su cuello. Sentía su mirada en mi rostro, tragué saliva ante su escrutinio y traté de ignorar el hecho de que mis mejillas se sentían sospechosamente calientes. La verdad es que ya no necesitaba la capa, su cálido aliento era protección suficiente ante la fría noche, incluso su mirada parecía ser suficiente para mantenerme en altas temperaturas, mi cuerpo estaba en llamas con su mera presencia. Tan sencillo como eso.

Me aparté tratando de ignorar la tensión que se había posicionado entre los dos. De alguna forma sabía lo que estaba pensando, seguramente se estaba preguntando qué mosco me había picado y qué tan grave era la herida. Yo podía responderle si me lo preguntara, la herida era grave. Me rasqué el cuello de manera ausente y sin decir nada, emprendí el camino. No mentía cuando le dije que nos encontrábamos en un sitio peligroso, no sabía cómo mierda había llegado hasta allí, pero mientras más rápido saliéramos, mejor.

Me giré un poco para ver si me seguía, sonreí al verla caminar detrás de mí con un gesto extraño, quizás era una mezcla de confusión y sospecha. Como siempre, no la culpaba por pensar lo peor de mí, siempre le había mostrado lo peor…

-Malfoy, ¿Qué estamos haciendo aquí?

-"Estamos" es una palabra bastante grande. Nunca te invité.

-No todo el tiempo ves a un bobo cayéndose en pleno bosque prohibido. Es evidente que personas así no pueden estar solas en lugares como estos…- solté una carcajada a mi pesar.

-¿Un bobo? – pregunté deteniendo la marcha y girándome para esperar que me alcanzara. Le tomaron cinco pasos para llegar a mí. No sé por qué pero todo lo que tenía que ver con su cercanía me obsesionaba. Ella me miró divertida.

-Nunca me referí a ti.- dijo como si nada. Rodé los ojos.

-Puedes regresarte si deseas. No estamos tan adentro, creo que serás capaz de encontrar fácilmente el camino de regreso.

-Nada interesante me espera en la sala común.- dijo encogiéndose de un hombro.

-Granger. ¿Sabes que eres increíblemente fastidiosa? No pretendo hacerme responsable si algo malo llegara a pasarte, no veo la necesidad de decírtelo, pero lo haré. Tampoco voy a salvarte si llega alguna cosa que amerite salvación. Mi pellejo es el mío y el tuyo es el tuyo. ¿Está claro? – su mueca, si tan solo pudiera describirla, era una mezcla entre aburrimiento e incredulidad. Cada palabra que había pronunciado era una enorme contradicción con mi acto de buen samaritano. Entregarle mi capa había sido una pésima idea.

-A juzgar por la manera en la que te encontré, dudo que sea yo quien necesite "salvación"- dijo recalcando la última palabra. - ¿Qué estamos buscando exactamente? – me preguntó adentrándose en un grupo de árboles cuyo nombre no recordaba, pero cuyo significado era mortal. Esas hojas eran poderosos venenos para acabar en dos segundos la vida de una persona, en el bosque solo quedaban 20 árboles, y eran los que nos rodeaban en ese momento.

-Ten cuidado dónde tocas…- dije agarrando su mano en pleno vuelo cuando iba a encontrarse con la corteza del árbol más cercano. La muy sangre sucia soltó una risita.

-"No voy a salvarte si llega alguna cosa que amerite salvación" – me quedé estupefacto ante lo bien que imitaba mi voz y mis muecas desagradables. – Mi pellejo es el mío y el tuyo es el tuyo. ¿Entendido? – rodé los ojos y la solté.

-Dije "Está claro" no "entendido". – su risa me siguió al avanzar.

-Relájate Malfoy, era una broma. Es obvio que sé que eran Magnoliums. Solo quería comprobar cuán orgulloso podrías llegar a ser. – sus pasos eran un susurro constante que se me seguían a todos lados. Me agradaba que me siguiera, porque en mis escasos momentos libres, la acosaba y la seguía como un perro faldero por todos lados, sin llegar a acercarme, sin llegar a hablarle. - ¿Sabes? No había notado que eres tan alto…- pestañeé varias veces ante sus palabras. ¿Me estaba estudiando o alguna mierda parecida?

-Granger, no me bucees, no eres mi estilo.- ella se echó a reír abiertamente.

-¿Qué te hace pensar que tú eres mi estilo? Si me preguntas, prefiero a los hombres que no se apunten a visitas suicidas en medio del bosque prohibido en plena noche.

-Y yo prefiero a mujeres calladas, que se sujetan a lo que una figura de mayor rango le dice. Una mujer que no cuestionara cualquier tontería del universo y que simplemente hiciera sus deberes sin rechistar.

-¿Estás hablando de una mujer o de un perro? – dijo con disgusto. Solté una risita interna ante su tono.

Llegamos a un rocoso claro del bosque, paseé mi mirada por el lugar revisando si había animales al asecho. Tomé mi varita con fuerza, y le extendí la mano para que ella la tomara y bajáramos juntos la pendiente. Nunca esperé que su mano tocando la mía despertara tantas sensaciones, nunca esperé que su fragilidad me tocara el corazón, tampoco esperé sentir deseos de protegerla, de ser su caballero con brillante armadura. Sin embargo, estaba decidido a no mostrarle ni un pequeño atisbo de mis problemáticos sentimientos, por eso fingí demencia, fingí que no había sentido absolutamente nada, ni siquiera la miré.

-Yo pienso que necesitas una mujer con carácter…- fruncí el ceño extrañado ante sus palabras. Seguimos bajando la pendiente, traté de no ir tan rápido para que ella pudiera ir a su ritmo cómodamente. – Eres demasiado…- no pudo continuar porque se resbaló y su pecho chocó con fuerza contra mi espalda. Gracias a Merlín pude frenarme a tiempo, sino, las rocas me hubiesen sacado un ojo. Ofuscado, me giré y la mire con severidad. Ella me ofreció una inocente sonrisa.

-¿Quieres dejar de hablar estupideces y fijarte por dónde vas? – ella abrió la boca para replicar, pero no le di chance, la rodeé por la cintura y cual saco de papas, me la monté en el hombro.

-¡Malfoy! ¡Bestia! Bájame ahora.

Le di una nalgada juguetona.

-¡Shh! Granger, ya te dije que hay peligrosas criaturas al asecho.

-¡Agr! Eres un…

-Precioso rubio platinado, alto, fornido…

-No eres fornido. Los huesos de tu hombro me están puyando la barriga y en cualquier momento vomitaré la cena que me brindó Hagrid.

-Pues entonces mis huesos te están haciendo un favor. Ningún ser humano sería capaz de digerir semejante porquería. – ella me propinó un manotazo en la espalda. Me eché a reír.

-No estaba tan mal…- lo defendió sin estar muy convencida. Yo le pellizqué el trasero porque me vino la real gana, porque tocarla me extasiaba, me daba vida. Pero lamentablemente ella no lo veía así, me cayó a golpes. - ¡Deja de tocarme el trasero! – grito removiéndose.

-Ya casi llegamos.- le informé sonreído.

La deposité en el suelo cuando llegamos a terreno llano. La sangre sucia se apartó el cabello del rostro y me miró encendida de furia. Levantando un dedo amenazador me dijo:

-Si me vuelves a tocar el trasero te juro….- me acerqué con una sonrisa chocante en el rostro. Ella no se apartó, me miraba desafiante. Extendí las manos e hice ademán de pellizcarla otra vez, ella se apartó dando graciosos saltos.- ¡Malfoy estoy hablando en serio! – golpeó mis manos para quitarlas del camino.

-¡Vamos Granger! Tampoco es la gran cosa, no tienes un trasero tan grande.- le espeté haciendo otro intento de agarrarle las nalgas, ella me desvió con dificultad.

-¿Para eso me trajiste aquí? Para intentar toquetearme.

-¿Trajiste? Disculpa que me atreva a llevarte la contraria, pero yo no te traje. Tú viniste por tu cuenta.

-Lo hice porque muchos profesores dicen que necesitas compañía. – me detuve instantáneamente. Ella abrió los ojos y me miró arrepentida, pero ya era tarde. No traté de ocultar que su comentario me había dolido. Había albergado las esperanzas de que…

-Si vuelves a abrir tu asquerosa boca para decir algo relacionado con mi supuesto suicidio o mi supuesta depresión, o si incluso intentas mencionar a los malditos profesores que me valen una mierda. Te lo juro, que trepo el maldito Magnoliums, lo deshojo por completo y te atiborro la boca con las hojas. No quiero tu asquerosa lástima y tampoco deseo tu asquerosa compañía. – Señalé el camino por el cual habíamos venido.- Regresa.

-¿Estás lo…?

-¡Regresa maldita sea! – le grité sin miramientos.

Supe que había cometido un grave error cuando el bosque comenzó a cobrar vida después de mi grito. Azorado, observé a los pájaros salir espantados de la copa de los árboles.

-¿Malfoy?- instintivamente, ella se acercó a mí. No la rechacé, como debí haber hecho porque lo sentía, era palpable en el aire. No estábamos solos.

De la nada, el bosque se calmó, incluso las hojas dejaron de bailar al son del viento, los pájaros que chirriaban segundos atrás, se habían tranquilizado, ni siquiera un cabello se movía, solo escuchaba nuestras respiraciones agitadas.

-No te muevas…- susurré en su oído, agradecido por su presencia.

-¡Me dijiste que me fuera! – respondió mirándome con reproche

-¡Por Merlín mujer! ¿Quieres callarte? ¡No ves que…!

No continué, inmediatamente, el bosque regresó a la vida. Los pájaros que habían salido espantados y que habían regresado a la tranquilidad de sus nidos, saltaban de una rama a otra cantando sin cesar una peligrosa melodía que espeluscaba el cuerpo, los roedores salieron de sus escondites y huyeron hacia un lugar mejor. De repente, un hedor fue sintiéndose en el aire. Granger se tapó la nariz con la mano.

-¿Qué huele así?

Tragué saliva, estaba ansioso. Yo sabía qué olía así, sin quererlo, habíamos llegado al lugar que planeaba pasar horas encontrando. Era por lo que había venido, era mi gran exhibición y no me iba a ir sin ello, así muriera en el intento…

Hacía un par de días, había salido tarde de la Cámara. Estaba frustrado conmigo mismo, las ideas no estaban fluyendo como deberían y no tenía nada despampanante para mi estrella principal. Cansado, me había sentado frente al vitral que mostraba el oscuro interior del lago del castillo. No sé cuánto tiempo me quedé ahí, absorto, observando el lento paseo de los peces. Mi mirada deambulaba por la piscina en busca de algo, de una chispa, de una idea. Fue entonces cuando lo vi. Era una criatura espeluznante, del tamaño de tres vacas juntas, se arrastraba con dificultad por el fondo del lago. Tenía una especie de nariz roja enorme, y su cuerpo gordo y blanco daba asco de mirar. Era la primera vez que veía a un gusano tan enorme y que tuviera la habilidad de moverse en el agua. Me pregunté qué hacía allí, pensé que quizás se sentía atraído por las algas… estaba equivocado.

Lo observé rastrear en el suelo, y finalmente, se detuvo en una loma. Con desesperación empezó a cavar. Interesado, me acerqué al cristal para ver qué estaba buscando con tanto afán. Me incliné como pude en la vitrina y fui capaz de observar un resplandor multicolor tan precioso, tan puro, que quedé fascinado. La criatura escarbó por mucho rato y pronto, la arena que levantaba oscureció mi vista. Estaba desesperado, quería saber qué tesoro había encontrado, pero me hallaba inhabilitado. Finalmente, cuando la arena se dispersó, pude ver que era una almeja, enorme, gigante y tan preciosa que me quedé observándola con respeto y admiración. El gusano no tenía mis mismas intensiones, ya que su nariz, roja y enorme comenzó a roer en la línea de la almeja y pronto la abrió, devorando el tierno contenido. Cuando terminó, logró encaramarse de espaldas sobre el vacío caparazón que resplandecía como una perla, y con paso lento y pesado, y con una carga enorme en su espalda, se desapareció de mi vista.

Inmediatamente supe que ese caparazón con un resplandor tornasolado, tenía que ser mío. Así que me dirigí al único lugar donde podría obtener más información acerca de este extraño animal. Sacié todas mis dudas en la biblioteca, y pronto tenía todo lo que necesitaba. Los llamaban gusanos tesoreros porque tenían debilidad por la carne de las almejas de los lagos mágicos, dichas almejas eran enormes y en vez de guardar perlas en su interior, se recubrían con ellas por el exterior. Los gusanos no solo devoraban la carne de su presa, sino que también se quedaban con el caparazón para cuando tuvieran que cambiar de piel, periodo en el cual eran vulnerables a sus depredadores.

Lo interesante es que estos gusanos no vivían en el agua. Vivían en los bosques, cerca de los árboles asesinos Magnoliums, en una guarida enorme llena de las venenosas hojas del árbol. Eran criaturas nocturnas que se caracterizaban por desprender el rancio olor a carne de almeja que tenían acumulados en sus colmillos, y gracias a que su sistema digestivo podía tolerar las hojas de Magnoliums, eran venenosos.

Tenía toda mi información, y ya tenía a mi presa. Podía salir de allí de varias maneras, pero la que más me apetecía era, con la sangre sucia ilesa y cargando el caparazón para mí estrella principal en la subasta…

CONTINUARA

¡Hola a todas! Quería darle las gracias por sus lindos comentarios y también quería recomendarles una canción que me inspiró a escribir este capítulo. No soy del tipo de personas que lee con música o escribe con música. La verdad, suelo inspirarme muchísimo mejor cuando todo está en silencio. Pero hoy pude hacerlo, y Secret Love song de Little mix fue mi fondo musical. Siendo honesta describe muchas cosas que Draco siente, por eso me pareció ideal en caso de que tuvieran la costumbre de leer acompañadas con música.

Espero que les haya gustado, nos veremos pronto en otra actualización.