Hola chicas, muchas gracias por sus lindos comentarios y por sus buenos deseos de recuperación. Espero que les guste el capítulo. Las quiero.
PANSY PARKINSON
El tatuaje
Alcé la cabeza al escuchar a alguien tocando mi puerta suavemente. Frunciendo el ceño, miré a la ninfa que estaba conmigo, la cual instantáneamente se acercó para abrirla. Me sorprendí cuando Draco ingresó en la estancia con semblante alicaído. La última vez que lo había visto fue en la sala de reuniones, dónde no sólo me había mirado con odio, sino que también había explotado por una situación que al principio ignoraba, pero que ahora conocía. Traté de mirarlo solo con sorpresa, porque realmente no me esperaba su presencia en la habitación que me habían designado, además que Draco es el estilo de persona que odia que lo miren con lástima, así que mientras más inexpresiva estuviera, más ventaja sacaría al respecto.
Miré en silencio como él se adentraba en la habitación y tomaba asiento en un sillón apartado, mirando hacia el vacío. Noté la extrañeza que irradiaba de Flor ante esta desconocida situación, y con un ademán, la insté a dejarnos solos. La ninfa asintió y salió de la habitación sin hacer el menor ruido, aunque estaba segura que si hubiese hecho un escándalo, Draco ni siquiera se hubiese dado cuenta.
Resignada, me dirigí el biombo y me quité las prendas que me estaba probando antes de la llegada de mi mejor amigo y me coloqué un cómodo salto de cama color negro. Al salir del biombo, Draco seguía en el mismo lugar, con la misma expresión y sin ningún indicio de decirme algo. Me pregunté si sería sabio hablar primero o esperar a que él liderara la conversación que obviamente deseaba tener. Decidiendo ser casual al respecto, tomé una cinta y me até el cabello en la nuca, caminé hacia el sillón dónde él se encontraba y tomé asiento cómodamente en el brazo de la silla.
-¿Estás pensando en Granger? – lo sentí tensarse al escuchar el nombre de la sabelotodo. Se giró y me miró con ceño fruncido, me di cuenta que tenía bolsas debajo de los ojos y me pregunté cuánto tiempo tendría sin dormir y cuan seria sería su situación.- Blaise me contó.- respondí ante su pregunta muda.
-Ustedes son peores que unas viejas chismosas.- dijo rodando los ojos.
-¿En qué puedo ayudarte? – pregunté ignorando su puya. Draco resopló.
-¿Qué te hace pensar que necesito tu ayuda? – la arrogancia en su voz casi me saca una sonrisa.
-Esa pregunta es bastante estúpida Draco. Tienes días mirándome con odio, no me has dirigido una palabra desde el pacto y de repente te apareces en mi habitación luciendo como un perrito desamparado.
-No luzco como un asqueroso perro desamparado.
-No, luces como un perro con sarna.- dije arrancándole una sonrisa. – Sabes que puedes confiar en mí, ¿Cierto? – dije rodeando sus hombros en un abrazo amistoso.
-Tengo demasiadas cosas en la cabeza…- me confesó luego de unos minutos, con la voz baja y casi agónica. Le acaricié la cabellera rubia, como hacía cuando éramos niños y él se encontraba triste o nervioso por alguna travesurilla. -…Nunca me había pasado algo así. – Dijo con dificultad, causando que mi corazón se encogiera ante su angustia.- ella es lo único que pienso, lo único que deseo. Una parte de mí quiere invitarla a la Subasta, quiere atraerla a una trampa que a la final nos volverá locos a ambos. Otra parte de mí quiere saber quién demonios fue el maldito puto que contrató para matarlo y luego tomar su lugar.- observé que sus pálidas manos se apretaban en puños fuertes que hacían resaltar sus venas azuladas. –Pero sobre todo, sobre toda esta mierda, hay algo que no entiendo, hay algo que no termino de comprender y que siento que se me escapa. Y eso, es lo que más me cabrea.
-Estar enamorado apesta, ¿Cierto? – dije suavemente, sin pensar lo que salía de mi boca. Mis palabras no tardaron en hacer efecto en él, que se separó de mi abrazo y me miró como si de repente me hubiesen salido cuernos y verrugas por todo el rostro.
-Pansy… Te lo he dicho millones de veces y te lo repito una vez más. Deja de leer mierdas románticas. – me eché a reír.
-¿Por qué niegas que estás enamorado querido Dragón? – solté tratando de imitar la voz de Roger, al parecer lo hice bien, porque Draco sonrió una vez más.
-No lo estoy.- negó rascándose el cuello con aire ausente.- Es ésta maldita cosa lo que me ha hecho tan marica.
-¿No has hablado con Granger fuera de la Cámara?
-Un par de veces…
-¿Y?- Draco soltó un suspiro hastiado.
-Y nada Pansy, ella es… bueno, no sé…
-¿Ella es…?- pujé un poco sin evitar sonreír ante las reacciones que Draco tenía con la sola mención de la sangre sucia.
-Fantástica.- dijo finalmente y de manera inaudible.
-Yo pienso que deberías invitarla a la Subasta. – Draco negó con la cabeza.
-Lo he pensado, y todo resulta en fracaso.
-Bueno, quizás es hora que Draco empiece a acercarse a Granger y que Dragón de un paso hacia atrás.
-¿Y después qué? ¿Nos hacemos novios? ¿Nos pavoneamos por el castillo besándonos y declarando nuestro amor? ¿Me hago amigo de Potter? No es tan simple.
-Nada en nuestras vidas ha sido simple Draco, pero míranos aquí. Hemos sobrevivido, hemos hallado la manera. No te cierres, quizás puedes hallar una manera.
El rubio no dijo nada ante mis palabras, pero sabía que su mente se estaba alejando de mí en ese instante para sumergirse en un mundo en el cual yo no podía entrar, el cual nunca pude entrar. Tragando saliva, recordé aquellos días en los cuales moría por mi mejor amigo. Días en los cuáles haría lo que fuera por él, lo que sea que él me pidiese, aunque nunca fuera suficiente para que me notara, para ser algo más que su mejor amiga. Desde que era una niña con coletas, tonta y soñadora, mi corazón le había pertenecido con absoluta fidelidad. Me costó mucho tiempo darme cuenta que él no era para mí, que sus sentimientos siempre me evadían.
Ahora, escucharlo hablar de Granger como si fuera la única mujer del planeta me dejaba un vacío extraño en el corazón, pero también me sentía feliz por él, feliz porque estaba experimentando algo por lo cual lo sentía incapaz de sentir. No importaba quién fuera la protagonista de su cuento de hadas, no importaba quién era su damisela en peligro, Draco siempre tendría mi fidelidad, siempre tendría mi apoyo y siempre contaría conmigo para lo que fuera, incluso para amar a otra que no fuera su tonta mejor amiga que soñaba en castillos y en conseguir a su propio príncipe azul, el cual por años, había estado dibujado claramente en su cabeza, pero que ahora, mostraba una apariencia borrosa que era imposible reconocer…
H&D
Me aclaré la garganta haciéndome notar.
Me estremecí levemente cuando los ojos color aceituna de Blaise se posaron sobre mí, noté que su color claro cambiaba ligeramente a uno más oscuro y tormentoso.
-Pansy…- la voz de Blaise siempre me había parecido preciosa. Era una voz masculina, un tono de barítono que reverberaba, era casi una voz animal, un gruñido que vibraba en la piel.
El moreno abandonó el pergamino que estaba evaluando tan atentamente y se puso en pie, acercándose a mí con el ceño ligeramente fruncido.
-¿Estás bien? – me preguntó estudiándome de arriba hacia abajo. Asentí. – Siéntate…- me ofreció señalándome una silla, situada justo al lado de la suya. Tragué saliva al sentir su mano posarse en mi espalda baja, guiándome hasta la pequeña salita donde él se encontraba trabajando segundos antes. – Disculpa, estaba tan distraído que no noté que entrabas.
-Creo que todos andan distraídos últimamente. No falta nada para la Subasta.- Blaise bajó la mirada ante la mención del evento. Al igual que Draco, él no estaba de acuerdo con mi absurda idea de participar como la virgen de la noche, tampoco entendía mis motivos, y siendo totalmente sincera, no estaba dispuesta a explicárselo. Ni a él, ni a Draco, ni a nadie.
-¿Y tú cómo estás? – sus ojos finalmente se posaron en mí, luego de algunos segundos de vacilación.
¿Cómo estaba? Bien. Estaba bien. Había algo en mi interior que me inspiraba, que me hacía fuerte y confiada. Sabía que nada iba a resultar como ellos estaban prediciendo, sabía que nada sería un tremendo desastre, y más que ganas de demostrarles que estaban equivocados, quería darme una oportunidad con alguien, quería distraer a mi mente y a mi corazón. Sinceramente, ni siquiera yo entendía mi loco impulso, pero algo me decía que éste camino que estaba tomando era el correcto.
-Tranquila…- declaré finalmente. Blaise asintió, aunque pude notar que todo su cuerpo estaba en tensión, sus manos poderosas rodeaban la punta del brazo de la silla en la que estaba sentado en un abrazo letal, por un momento estuve segura que rompería la madera. Instantáneamente mi corazón se encogió de dolor por él. De una u otra forma, la Cámara de los Secretos, con su magia antigua y poderosa había dejado una huella en cada uno de sus creadores. Blaise, aunque lo había ocultado muy bien a los ojos ajenos, no era la excepción. Yo sabía que algo le sucedía, algo serio, algo que lo alteraba completamente. Sin embargo, hasta la fecha, ignoraba lo que era. Le había preguntado a Draco, pero él se había negado a decirme nada.
Desde hacía un año, Blaise había desarrollado una extraña rutina, una de la cual no conocía mucho, pero que de alguna forma lo afectaba en mi presencia. Lo único que había notado era que constantemente consumía calmantes, al principio había asumido que era para dolores de cabeza, pero luego, comprendí que era para algo mucho peor que un simple dolor de cabeza…
-Todavía puedes echarte para atrás.- su sutil sugerencia me hizo ponerme a la defensiva.
-Sabes que no puedo.
De repente, Blaise se puso en pie, con pasos largos se dirigió hacia el bar, dónde se sirvió una copa de wiskey de fuego, la cual se la tomó de un trago.
-¿Tú estás bien? – pregunté levantándome y caminando hacia él.
-Algo cansado.- contestó sirviéndose otro trago. - ¿Para qué viniste?
No es necesario negar que su tono ácido me dolió un poco, pero lo obvié, recordando la verdadera razón por la cual había decidido darle una visita a mi amigo.
-Vine a pedirte un favor.
-Aja…- me instó distraído, sirviéndose otro trago. Molesta por su tono despectivo, le arrebaté el vaso que estaba a punto de tomar. Sus ojos verdes se posaron en mí con evidente molestia, lo ignoré.
-Estoy hablando contigo, no con tu parte de tu cara.- dije acercándome a la chimenea y echando el contenido del vaso en el fuego, que provocó una explosión ante el contacto con el licor. Me giré para ver la reacción de Blaise, pero él solo me miraba atento, como una fiera a punto de degollar a su presa. Tragué saliva.
-¿Qué quieres Pansy? – me preguntó una vez más, ésta vez no se molestó en disimular su irritación.
-Necesito un favor tuyo.- repetí tontamente al notar que él tomaba un paso, acercándose peligrosamente a mí.
-Ya me habías dicho eso. – había algo elegante y felino en Blaise, sus movimientos no eran los normales que podías esperar en cualquier persona, no, eran relajados pero con presencia, Blaise irradiaba fuerza y vitalidad como también peligro. Una parte de mí me urgió salir de allí, pero la ignoré alzando la cabeza y mirándolo con antipatía.
-Como bien sabrás, yo no he tenido nada con nadie…- comencé sintiendo que mi valentía comenzaba a vacilar ante su lento acercamiento. – Y que tampoco he visto a un hombre desnudo, por lo tanto no he… bueno, no he…
La lenta sonrisa que se dibujó en los labios llenos de Blaise fue suficiente para hacerme sonrojar y detener mi estúpido relato.
-¿Por qué tanta modestia Pansy? Creo que es tiempo que comiences a llamar las cosas por su nombre, después de todo, estamos en un maldito burdel.- dijo con suavidad, observando con interés mi reacción.
-Necesito algo de experiencia. – declaré retándolo con la mirada. Blaise se echó a reír.
-No creo que la necesites pequeña. Los hombres que vengan deseosos por tus servicios, eyacularán en sus pantalones al saber lo inocente que eres.
-Indistintamente de lo que puedas pensar, yo deseo saber algo. Me obstina el hecho de ignorar muchísimas cosas.
-¿Qué tanto hay que saber? – prosiguió Blaise, casi burlándose de mi estupidez. – si tienes suerte, te tocará alguien gentil, alguien que sepa cómo lidiar contigo. Si tienes suerte, te tocará un amante que no busque su propio placer sino que busque el tuyo. Que te prepare para él. Porque no sé si sabes esto pequeña, pero si tu amante no es lo suficientemente experto o lo suficientemente considerado pues, te va a doler.- declaró como si nada, deteniendo su lento paseo a unos centímetros de mí.
Apreté la mandíbula ante su perorata, aguantando todos los insultos que quería vomitarle en la cara y deseando no haber hecho esa inútil visita.
-Sé lo que estás tratando de hacer…- declaré alzando la barbilla para encararlo cómodamente, lo cual era difícil dado a su descomunal altura.
-¿Qué estoy tratando de hacer Pansy? – me preguntó con condescendencia.
-No va a funcionar. Estoy decidida.- Blaise se encogió de hombros. – Y también estoy decidida a obtener lo que vine a buscar ésta preciosa tarde.- dije con ironía.
-Experiencia.- contestó Blaise.
-Del mejor.- repliqué con lo que esperé fuera una dulce sonrisa.
H&D
Di un respingo cuando las velas alrededor de la habitación se encendieron por voluntad de Blaise. Sentí su mirada recorrerme entera y mi estómago dio un salto mortal que casi me hace perder el equilibrio. Tratando de distraer mi mente, pasee mi mirada por la masculina habitación de mi amigo, todo era tan acorde a su personalidad que me sentía inmersa en una parte de él.
-¿Tu decoraste? – pregunté ligeramente, tratando de parecer segura.
-No.- su aliento me acarició la oreja y me sorprendí al notar su cercanía. – Como primera lección…- dijo en mi oído, haciendo que mi piel se estremeciera de placer ante el dulce ronroneo de su voz.- es mi deber indicarte que los hombres odiamos hablar de decoración en momentos como éstos. – su mano se inmiscuyó en mi estómago, obnubilada por el poder de su presencia, observé con abandono como él jugaba con el lazo de mi bata, y me pregunté desesperadamente si pretendía desanudarlo o simplemente tentarme.- Preferimos…- continuó como si nada.- hablar de otra clase de cosas.
-¿Cómo por ejemplo? – pregunté orgullosa de que mi voz sonara segura.
Su mano se estiró y el nudo se deshizo partiendo la bata justo en el medio y exponiendo mi estómago y la curva de mis senos. Exhalé audiblemente al sentir el cálido aire de la habitación acariciar mi piel desnuda. Con exquisito terror observé su mano, grande y masculina recorrer el extremo de la tela, apenas rozando mi piel con la yema de sus dedos. Me pregunté qué se sentiría sentir su mano, plena y con propósito en un contacto directo con mi piel.
-Como por ejemplo…- continuó con parsimonia.- el precioso tono de piel de la chica en cuestión, o quizás el olor seductor que desprende de ella. – Blaise detuvo su sedoso recorrido en mi estómago, que se encogió ante el contacto indirecto. Sin esperarlo, Blaise me giró con suavidad, quedando frente a frente.
Sus ojos eran dos pozos oscuros, llenos de lujuria animal por mí. Tragué saliva al sentir su mirada recorrerme entera con hambre voraz. Sin esperar demasiado, sus manos me tocaron en la clavícula, haciendo un recorrido exquisito por mi piel y deslizando la bata por mis hombros, hasta que ésta cayó al piso con un lento susurro de buena suerte.
Lo observé con detenimiento.
Blaise estaba comiéndome con sus ojos, observé que su lengua rosada se asomaba entre sus labios para humedecerlos. Finalmente, su mirada se posó en la mía.
-Quítate la cinta del cabello.- ordenó con voz ronca.
Hice lo que me pedía, sin despegar mis ojos de los suyos. Deshice el nudo y liberé mi cabello de su confinamiento, un gruñido masculino y complacido salió de la garganta de mi amigo.
-No vine aquí para exponerme solamente, Blaise. También quiero verte.- dije con osadía, ignorando el rubor que se extendió por mis mejillas y seguramente por mi pecho.
-Lección número dos.- dijo acercándose a mí y levantando su mano para acariciar mi cabello.- Nos gusta que nos halaguen, así que sea como sea que luzca tu amante, trata de mostrarte un poco sorprendida y complacida. Solo un poco, un brillo en los ojos será suficiente para hacerle saber que te gusta lo que ves.
Sin añadir nada más, Blaise se alejó de mí y se acercó al trago que estaba en el estante de la chimenea, luego de beber un sorbo, se giró para encararme y con su mirada fija en la mía, comenzó a desvestirse. Al suelo cayó su chaqueta negra, luego sus zapatos, medias, su suéter y finalmente sus pantalones.
-Sigues vestido…- dije tontamente cuando se acercó a mí, mostrándome el irresistible color canela de su piel, sus contornos duros y sus músculos poderosos que brillaban ante el resplandor de la chimenea. Mis ojos viajaron por su cuello arrogante y masculino, por la irresistible sombra de los huesos en su clavícula, por su pecho, ancho y fornido, por su cintura estrecha y elegante y finalmente, ahí, escondido en su cadera, justo antes de llegar a la elástica de su bóxer, se encontraba su tatuaje.
Me quedé pasmada observando la realeza de su dibujo, lo artístico y hermoso, pero sobre todo, lo verdadero de la mirada del animal que por un momento creí estar posada en mí, en cada movimiento y cada respiro.
-Es un…- comencé tontamente.
-Es una pantera.- contestó Blaise por mí, acercándose peligrosamente a mi barbilla. –Y creo que si lo sigues mirando de esa forma, saltará para comerte…
CONTINUARÁ
