Creo que Blaise se ha convertido en mi personaje favorito
PS: Lamento la tardanza. Como saben, éstas escenas no son fáciles para mí.
BLAISE ZABINI
LA BESTIA
Los números no me alcanzarían para contar todas las veces que he imaginado ese momento, preciado y divino momento en el cual Pansy estaría en mi habitación, usando únicamente su enorme orgullo y altivez como prenda para cubrirse ante mí. La he imaginado en distintas formas y en distintos lugares, soñaba despierto con ella, era mi primer y último pensamiento. Solo Pansy, siempre Pansy.
A pesar de ser un sentimiento demasiado agónico para mantener en secreto, por muchísimos años lo había logrado. Había construido una fachada perfecta de ese amigo leal y respetuoso, de un amigo que solo veía a la pequeña rubia como una niña revoltosa y mandona que le gustaba obligarnos a Draco y a mí, a jugar al té con ella.
Mi fachada era tan inmaculada, que cuando mis padres me comentaron acerca de un supuesto compromiso entre Draco y ella, sonreí y pregunté si me estaban buscando una novia, Merlín sabía que necesitaba una. Pero el destino fue piadoso, el compromiso nunca se llevó a cabo y a pesar de la tristeza de Pansy, mi alegría era tan grande que podía servir de energía para todos los planetas en nuestra galaxia.
A pesar de eso Pansy nunca estuvo a mi alcance y yo lo aceptaba, podía vivir con ello. Por esa razón, cuando el negocio de la Cámara se presentó ante nosotros lo acepté gustoso, vendí parte de mi alma y mis poderes a un lugar al cual dediqué mucho tiempo, convirtiéndose así en un sitio al cual creía atesorar pero que me corrompía con cada respiración. Porque por más que dijera que me gustaba mi vida, que amaba este lugar y todo lo que habíamos hecho de él, en lo profundo de mi alma y corazón sabía que lo detestaba con cada aliento y con cada fibra de mí ser.
Draco no quería ver la verdad, pero yo no era tan ignorante, lo que nosotros habíamos hecho era una magia antigua, una magia que ni siquiera salía en los libros de historia, por ende, tenía sus graves consecuencias. Draco cargaba las suyas ciegamente, mientras que yo cargaba las mías a consciencia.
La marca que la Cámara había impreso en mi cuerpo era cada día más pesada, cada día más incontrolable y desde que el lugar se había cerrado para las remodelaciones concernientes a la Subasta, no había podido dormir ni encontrar un momento de paz. Poco a poco sentía que mi cuerpo me estaba dominando y que mi cambio sería inminente. No sabía cómo refrenarlo ni sabía a quién hablarle al respecto y aunque Roger me miraba con sospecha, yo pretendía estar ocupado y huía de su presencia y mirada conocedora, lo había visto con Draco, tratar con él o pedirle algo de ayuda era inútil.
Esa noche, momentos antes de que Pansy se me sirviera en bandeja de plata, había estado pensando en poner fin a toda esta agonía. Había pensado en suicidarme y fundirme con éste lugar para siempre. Nunca había albergado pensamientos suicidas, pero últimamente, todo se me estaba escapando de las manos, todo se estaba escapando de mi entendimiento, la única solución dramática era la que me proporcionaba algo de paz. Sin embargo, todo se fue el traste en cuánto el pequeño cuerpo de una de mis torturadoras personales ingresó a mi habitación.
La verdad era simple, mi vida era un infierno, uno que yo había ayudado a crear y si el destino me estaba mandando un pequeño regalo, por Merlín que no lo iba a despreciar.
D&H
-Tiéndete en la cama.- ordené con voz ronca. Me parecía una enorme hazaña ser capaz de pronunciar esa simple oración, ya que todo mi cuerpo estaba en tensión, sentía las venas de mi cuello chocar contra mi piel, sentía mis puños cerrados y el ardor en el tierno espacio en mis palmas que estaban siendo laceradas por mis uñas, pero sobre todo, sentía mi enorme erección contra mi ropa interior, era dolorosa y palpitaba solo por ella y para ella.
Pansy me miró con sospecha y apartándose lentamente de mí, se tendió en la cama.
-Levanta las rodillas.- ella abrió los ojos como platos ante mi atrevida sugerencia que mostraría mucho más de lo que ella estaba dispuesta a darme, yo logré soltar una sonrisa ante su expresión. – Por más que disfrute ésta preciosa vista, deseo ver otros panoramas también…- dije rozando la piel de sus piernas con las yemas de mis dedos. Vi la batalla de emociones que bullía en su cerebro y que se transparentaba a la perfección en sus facciones de ninfa, pero Pansy no era de esas chicas que se dejaba vencer fácilmente o mucho menos sonrojar tan fácilmente. Así que obediente, abrió las piernas y… Mierda. Carraspeé tratando de controlar mis alocados impulsos.
-No sabía que eras capaz de sonrojarte Blaise.- su voz juguetona fue como un combustible para mis alterados nervios. Aparté mi vida de su precioso centro y la fijé en sus bonitos ojos color cielo que me miraban con diversión.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí. – declaré con tono hosco
-¿Cómo qué? – preguntó estirándose cómodamente en la cama, exponiéndose aún más ante mi hambrienta mirada. ¿Ignoraba ella que me estaba torturando, qué estaba consumiendo cada parte de mi escaso raciocinio? ¿Ignoraba el hecho de que quería hundirme dentro de ella hasta que me secara por dentro?
-Como el hecho de que he soñado éste momento desde hace muchísimo tiempo.- dije ausentemente mientras me acercaba un poco más a su cuerpo. No sabía si mi estúpida confesión se debía al hecho de que estaba tan fatalista y dramático que ya no me importaba los secretos que pudiera revelar, sea como fuere, solté una información preciada y lo peor del caso es que ni siquiera me arrepentía. Indagué en su rostro por alguna reacción y solté una risita al ver sus ojos abiertos en genuina sorpresa, sí, ignoraba que la idolatraba como un perro sarnoso a su amo salvador.
-¿Qué dijiste? – preguntó apoyándose en la cama con ayuda de sus codos y cerrando las piernas instantáneamente, privándome de la preciosa vista.
-Creo que te ordené que abrieras las piernas Pansy.- recalqué arrodillándome en la cama, frente a sus piernas. Rodeé sus muslos con mis manos y ejercí un poco de presión para abrirla ante mí.
-Blaise…- no sabía distinguir si mi nombre fue un gemido de placer o si quería apartarme, no le di oportunidad de pensarlo porque mis dedos tenían otros planes, planes perversos.
Pansy se arqueó cuando recorrí su terciopelada abertura.
-Eres preciosa. - Murmuré con reverencia.
Sin duda ese preciado momento era uno que atesoraría por siempre en mi memoria, pero el hecho de que Pansy no me pertenecía y que no era para mí, no dejaba de rondar por mi testaruda cabecita. Así que apretando los dientes y peleando con el ímpetu salvaje e indomable que ella despertaba en mí, dejé de tocarla y me levanté de la cama. Ella frunció el ceño ante mi reacción, pero no le di chance a pensar demasiado.
-¿Te has tocado Pansy? – pregunté casualmente, acercándome al bar y sirviéndome otro trago de licor.
-Por supuesto.- sonreí ante su franqueza y es que así era mi amiga, un maldito libro abierto.
Me apoyé en el bar y la encaré mientras sostenía el vaso en mi mano. Ella continuaba en la cama, en la misma posición en la que la había dejado. Claramente, Pansy no era una chica remilgada ni mucho menos tímida, siempre había sido segura de sí misma, segura de quién era y qué mierda quería de la vida. No había nada más sensual que esa pequeña costumbre de ella, con solo verla de esa forma, tan expuesta y segura ante mí me hacía babear de deseo por ella.
-¿Qué tal? – pregunté repleto de curiosidad por su respuesta.
-Genial.- dijo luego de una breve pausa.
-¿Me podrías mostrar cómo lo haces?- pregunté con la voz gruesa, ignorando el hecho de que Pansy era más astuta de lo que parecía. La rubia se estiró cual era en el colchón, exponiendo su cuerpo y arqueándolo a placer para torturarme. Observé con la baba colgándome en la barbilla como la pequeña y pálida mano femenina se paseaba por su estómago, bajando cada vez más hasta detenerse flojamente sobre su precioso sexo. Esperé con ansias verla tocarse, deseando que sus dedos fueran los míos, pero la muy maliciosa no me dio el placer. Cerró sus piernas instantáneamente y se sentó en la cama. Su mirada ya no estaba pesada de deseo, sino que su frente estaba fruncida. Con gracia y elegancia, se levantó y se acercó con paso paulatino hacia mí.
- Blaise, creo que no has entendido el motivo por el cual vine. No pretendo acostarme en esa cama para ser tu pequeño show. No vine a tocarme a mí misma, vine a que tú me toques, no vine a exponerme ante ti, vine a verte y tocarte a ti.- no podía evitar observarla como si se tratara de la mujer más hermosa del planeta, no podía evitar babear de deseo ante la forma tan sensual en la cual mencionaba mi nombre, y de cómo, cada toque suyo me encendía en un fuego tormentoso.
No pretendía negarlo, no pensaba hacerlo por un minuto más. Pansy era todo lo que yo deseaba, todo lo que quería en la vida y lo que nunca había obtenido. Así que si ella había venido por voluntad propia a mi habitación, Merlín sabía que no la iba a rechazar.
Pero cuando su mano tocó mi pecho, todo pensamiento racional abandonó mi mente, mis instintos animales comenzaron a salir a la superficie. Veía todo rojo, todo era bárbaro, mis instintos feroces parecían salir a la superficie cuando ella estaba a mi alrededor, lo cual me asustaba porque eso significaba que mis impulsos ya no serían controlados de ahora en adelante. ¡Qué irónico era el destino! Estaba viviendo el momento que más había deseado en mi maldita vida y cuando finalmente sucedía, mi cuerpo reaccionaba de la peor manera posible, de la manera más peligrosa...
Cerré los ojos con fuerza y apreté los puños a mí costado al sentir la deliciosa piel de Pansy rozar la mía. Un gemido de agonía abandonó mis labios al sentir su sensual aroma golpearme en las fosas nasales.
-Pansy…- su nombre era una súplica, un ruego para detuviera lo que estaba causando en mis alterados nervios. Pero ella me ignoró, pegándose a mí, rodeándome tiernamente entre sus brazos y rozando su boca con la mía.
-Enséñame Blaise. ¿Cómo puedo complacerte?
Abrí los ojos y cuando su mirada se posó en la mía su expresión cambió, se tornó curiosa y extrañada, al instante supe por qué.
-Deberías irte.- solté con esfuerzo. Mi garganta ardía, mi piel ardía. No estaba seguro si ella sería capaz de apagar el fuego que me estaba consumiendo poco a poco, o de hecho empeorarlo. No estaba dispuesto a arriesgarme.
-No quiero irme.- respondió Pansy estudiándome atentamente y acercándose más a mi cuerpo, provocando que su costado rosara mi excitado miembro. Una lenta y conocedora sonrisa se dibujó en sus facciones. – Supongo que tú tampoco quieres que me vaya.- ronroneó en mi oído, haciendo que mi temperatura subiera a niveles insufribles.
Mi pequeña torturadora estaba jugando y llevaba ventaja sobre mis piezas...
-Estás jugando con fuego Pansy.- susurré observando la satisfacción que le provocaba estar pegada a mí piel. Ella no me hizo caso, se puso de puntillas y mordió mi labio inferior desatando un gruñido de mi parte.
En ese momento, me di por vencido.
Pelear contra Pansy siempre había sido algo inútil, la rubia era tan mortificantemente terca que lograba salir de cada situación airosa. No importaba quien era su contendiente, ella siempre ganaba, ella siempre se salía con la suya.
Por voluntad ajena, mis manos se encerraron alrededor de su pequeña cintura, mis uñas mordieron su carne con ansias asesinas, así de intenso era mi deseo, así que lo solté, lo dejé libre para que corriera en las praderas de su cuerpo.
Un pequeño sonido de placer salió de la garganta de mi Helena de Troya, arrebatándome los pocos gramos de cordura que parecía poseer. Sin ser muy consciente de lo que hacía, la levanté del piso y la llevé hacia la cama, donde nos echamos sin separarnos siquiera. Me deleité al notar que su cuerpo era perfecto para mí, casi como si estuviera hecho para mi medida, para pertenecerme. Sus piernas abiertas recibían mi peso con fortaleza así que embestí contra su centro con voluntad salvaje, provocando que Pansy que revolviera de placer bajo mi cuerpo.
Mordí sus labios con locura, sin poder evitar el espíritu salvaje que parecía haberme poseído, la toque como si en cualquier momento podría ser arrebatada de mi habitación, la besé sin contemplación, dejando marcas en cada centímetro de su tersa y pálida piel, me excitaba aún más saber que llevaría esas marcas como un trofeo por haberla besado.
Mi mente se encontraba obnubilada de placer, Pansy era lo único en que podía pensar, en su escencia, en lo mucho que había deseado besarla, en el roce sensual de sus piernas contra las mías, en la manera en cómo sus manos se movían libremente por mi espalda. ¡Merlín! Otro gruñido abandonó mis labios cuando sus manos, sus preciosas manos apretaron mi trasero con abandono. Sentí su sonrisa entre besos.
-Me encanta cuando gruñes así. – me dijo acariciando con su lengua mis labios, que estaban hinchados por sus besos. – eres tan salvaje Blaise….- otro gemido se escapó de mi boca cuando mi lengua salió para encontrarse con la suya y ella la succionó. - ¿Blaise?
-¿Mmm?- solté entre besos. Notando que era incapaz de hablar con ella cuando la tenía así entre mis brazos.
-Quiero tocarte.- en sincronía con su petición, sus manos comenzaron a moverse por mis costados hasta llegar hasta mi ropa interior, la cual poco a poco fue llevando hacia abajo hasta que no hubo nada entre nosotros.
Fue en ese preciso momento en que todo se fue a la mierda porque en mi interior habitaba una bestia, y Pansy la estaba invocando descaradamente con cada beso y con cada caricia…
CONTINUARA
