Como siempre, lamento la tardanza. Gracias por ser tan pacientes conmigo y esperarme. El capítulo de hoy es corto, pero espero subir el siguiente mañana.
Un abrazo a todas.
PANSY PARKINSON
La Cicatriz
-¿Me puedes explicar qué mierda estabas haciendo en el cuarto de Blaise completamente desnuda? – sin quererlo, mi cuerpo reaccionó con un respingo ante la agresividad de Draco. Apreté los dientes de furia y me giré para no tener que mirarlo, para pretender que estaba sola en mi habitación, ahogando mis penas sin ser vista ni interrogada como si se tratase de una criminal. – La Subasta es en unas semanas, si recuerdo correctamente, fuiste tú quien quiso pertenecer a nuestro exclusivo círculo de putas, fuiste tú quien se inmiscuyó en la Cámara sin nuestro permiso para curiosear y fuiste tú, tú solita quien se postuló para ser la virgen de este año. Comprenderás si no entiendo un jodido céntimo tu estúpida decisión de asistir a la habitación de Blaise en medio de la noche…
El paseo frenético de Draco por la habitación culminó intempestivamente, el rubio se giró y me miró con furia en sus ojos grises. Supe sin duda alguna que si Roger no estuviera con nosotros, Draco me lanzaría algún hechizo para sacar una explicación coherente de mis labios. Su interrogatorio llevaba más de veinte minutos, cada palabra era más implacable que la anterior, su escrutinio era más doloroso que la punzante herida en mi costado, la cual sangraba calladamente, esperando ser notada, esperando ser curada.
-Dragón, creo que gritarle a la señorita Pansy no servirá de nada…- Roger fue rudamente interrumpido por la voz furiosa de Draco.
-¿Qué mierda quieres que haga? No me deja curarla, no me deja saber qué mierda sucedió y su silencio está exasperándome. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué la abrace?
Tuve que hacer esfuerzos milagrosos para retener las lágrimas que se estaban agolpando en mis ojos. Nunca me había gustado mostrar debilidad ante las demás personas, ni siquiera me gustaba llorar, ya sea frente al espejo, en la soledad de mi habitación o frente a otras personas. Sin embargo en ese momento me estaba muriendo por dentro, muriendo de la culpabilidad, porque todo era mi estúpida culpa.
Draco soltó un resoplido y se llevó las manos a la cabeza, completamente frustrado ante mi actitud.
-Pansy…- comenzó con voz civilizada y acercándose a mí casi con paso vacilante. – Por lo menos déjame curarte, estás sangrando.
-No.- dije con autoridad. El dolor era un recordatorio, esas marcas eran un recordatorio eterno de lo que yo misma había provocado. No me las iba a quitar, no iba a permitir que nadie me las arrebatara, las usaría como un bache de honor.
-Maldita sea…- rezongó Draco por lo bajo.
-¿Dónde está Blaise? – me había costado mucho formular esa pregunta, primero porque hablar me dolía demasiado y segundo porque no quería saber la respuesta.
-Encadenado.- la voz de Draco sonaba triste, completamente ajena a él. Tragué el nudo que se había formado en mi garganta y sin aguantarlo más, me eché a llorar.
Sabía que Draco me estaba mirando con extrañeza, pude sentir su vacilación cuando me rodeó con sus manos para abrazarme y proveerme algo de consuelo. No sirvió, incluso creo que empeoró el estado de mi pobre y magullado orgullo, pero se lo agradecí de igual forma.
-Por lo menos déjame buscarte algo para el dolor.- insistió con tono implorante. Asentí casi ausente, Draco suspiró de alivio y dándome un beso en la frente, se marchó de la habitación para buscar una poción.
El silencio que siguió a continuación de su partida fue bastante denso. Sentía la mirada inquisitiva de Roger el guapo sobre mí, sentía sus preguntas mudas, sentía que estaba decepcionado de mí.
-Sé lo que estás pensando…- comencé con voz fúnebre.- Sé que estás decepcionado de mí.
-Solo una persona ha provocado tal sentimiento y créame, esa persona no es usted.- agradecí sus palabras, aunque no lograra comprenderlas por completo.
-No pretendía llegar tan lejos…- comencé. No sabía por qué, pero Roger me inspiraba confianza y aunque conocía a Draco desde que tenía uso de razón, no me fiaba de sus reacciones impulsivas, no me fiaba de sus palabras hirientes. En ese momento no necesitaba un juez, necesitaba un amigo.- Yo… yo solo quería que me enseñara algunas cosas. No pretendía llegar a la Subasta siendo tan ignorante.
-¿Qué sucedió? – la pregunta de Roger fue hecha con sutileza, casi con tacto. Levanté la mirada y lo encaré por vez primera en esa tortuosa noche. El fantasma, que antes me parecía tan pintoresco a pesar de su color gris y su inexistencia en el mundo corporal, ahora lucía casi sin vida, se veía viejo a pesar de haber muerto a una edad joven, se veía cansado y casi desconsolado. No me permití ahondar en el significado de su apariencia tan desgastada, mis recientes memorias me torturaban con cada segundo que pasaba, necesitaba sacármelas de encima.
-Nunca había esperado una reacción tan…
-¿Intensa?
-…Salvaje, de parte de Blaise.- confesé mirando hacia el vacío, sintiendo únicamente la calidez de mis lágrimas recorrer mis mejillas - Sus iris se transformaron ante mis ojos, brillaban con luz amarilla, igual a los ojos de un felino. Asumí que eran ideas mías, ideas alimentadas por la luz que ofrecían las velas. Pero después noté que no era mi tonta imaginación, los ojos de Blaise ya no eran verdes. Poco a poco fui notando que su toque sobre mi cuerpo era brusco pero sin llegar a ser doloroso y te mentiría si te dijera que no lo disfrutaba. Había momentos que lo sentía tensarse contra mí, momentos en que soltaba gruñidos inentendibles. Todo empeoraba a medida que me volvía más osada con su cuerpo, pero no podía detenerme…
Sabía que nos estábamos descontrolando, sabía que él estaba perdiendo la razón y mientras más notaba la influencia que tenía sobre él, más osada me volvía, más atrevida se tornaban mis caricias. El momento decisivo fue cuando mis manos bajaron sobre sus costados para remover la última prenda que se interponía entre nosotros. Blaise me mordió el cuello con rudeza y fue entonces cuando sentí sus uñas, que se aferraban a la piel de mi cintura con frenesí, volverse más afiladas, más poderosas y no tardaron demasiado en desgarrarme la piel.
El dolor llegó después, no fui consciente de muchas cosas excepto de que el calor corporal que me proporcionaba el cuerpo de Blaise me abandonó de inmediato, sentí algo caliente deslizarse por mi piel para derramarse en mi vientre, bajé la mirada y observé con terror los tres arañazos que se abrían en mi cadera. El dolor llegó en ese momento, haciendo una mueca de dolor, alcé la mirada y me encontré con Blaise, echado en el piso, al borde de la cama, gimiendo de dolor, sujetándose la cabeza e incluso arañándose la sien, dejando unas horribles marcas a su paso.
Grité, fue lo único que pude hacer al ver su piel cambiar de color, fue lo único que pude hacer al ver su sangre caer en el piso. Quería que su gemido se detuviera, quería que su dolor y el mío mitigaran. El miedo era lo único que me dominaba. No sabía qué hacer, no sabía cómo consolarlo, no sabía quién era el que se encontraba al pie de la cama, echado en el piso, contorsionándose de dolor y gimiendo como un pobre animal herido.
-Blaise…- lo llamé, tratando de traer algo de cordura en mi propio cerebro. Mi amigo alzó la mirada, pero no era él… era una bestia, era un animal, con la mirada transformada, con los ojos lleno de recelo, vi como sus garras se posaban sobre la cama, rasgando la tela, vi con horror como trataba de incorporarse. Su respiración era pesada, y cada onza de su cuerpo era aún más bella y más poderosa. Su deseo por mí no había mitigado, él estaba erecto y dispuesto a consumar lo que yo tan estúpidamente había comenzado.- Blaise, detente…- dije con terror.
-Pansy…- su voz era otra, pude sentir con claridad el terror que habitaba en su propia voz, pude sentir que algo se estaba apoderando de él. Traté de levantarme de la cama, traté de huir, pero no podía, el dolor y la fascinación por esa criatura me tenían completamente inutilizada. ¿Cómo podía marcharme? ¿Cómo podría dejarlo solo? Fue entonces que lo recordé… Recordé la pantera que Blaise me había mostrado, la busqué en su cadera, pero no estaba. El tatuaje había desaparecido.
-Merlín que he hecho – la voz agónica de Roger el guapo me trajo de vuelta a la realidad. Mis ojos dejaron el pasado y se enfocaron en el fantasma.
-¿Qué le sucede a Blaise? ¿Por qué se transformó en una pantera? ¿Cómo es eso siquiera posible?
La mirada atribulada de Roger se encontraba estudiando la habitación en la que estábamos, pero yo sentía que su escrutinio iba más allá de esas cuatro paredes.
-Roger… ¿Puedo ayudarlo? – pregunté con agonía.
-No lo sé.- respondió impotente. – Solo puedo deducir que nunca quiso hacerle daño. Blaise la tiene en muy, muy alta estima.
Esas palabras me hicieron estremecerme. El fantasma se acercó con semblante preocupado.
-Creo que necesita descansar señorita Pansy.
-Estoy bien. – insistí tratando de levantarme, necesitaba averiguar dónde se encontraba Blaise, necesitaba averiguar cómo curarlo, necesitaba saber qué le estaba pasando.
-No, no lo estás.- la voz implacable de Draco me hizo notar su llegada. Con suma delicadeza, Draco me alzó del sillón y me llevó hacia la cama, dónde me depositó con suavidad.
-Draco, necesito ver a Blaise.
-No.
-Draco por favor.
-Dije que no.- observé a dos ninfas que se encontraban detrás de él, mirándome con preocupación. Ellas le tendieron una bebida que Draco tomó con ambas manos. – Bebe, te sentirás mejor.- el rubio me tendió el vaso de cristal que acepté a regañadientes. El brebaje sabía a agua, pero podía sentir su efecto en mí…
-No quiero dormir.- dije tontamente.
-Necesitas descansar.- fue la suave respuesta de mi amigo, su meno se posó en mi frente para sentir mi temperatura.- Yo cuidaré de ti.
-¿Y quién cuidará de Blaise?
-Somos una familia Pansy. Quizás no hago un buen trabajo a veces, pero me preocupan, ambos. Yo cuidaré de los dos.
Sentí mis ojos pesados, sentí que mi cuerpo se relajaba a pesar del punzante dolor en mi costado.
¿Serás capaz de protegernos de tu propia creación Draco? Fue el último pensamiento coherente que pasó por mi cerebro antes de que las puertas del olvido se abrieran ante mí y me recibieran con su agradable calor.
