DRACO MALFOY

Los susurros de la Cámara

Me tomé la poción que Surtilia me ofreció de un tirón. Últimamente los putos dolores de cabeza me atosigaban a cada minuto del día, imposibilitándome trabajar o simplemente tener pensamientos coherentes.

Pansy yacía inconsciente sobre la cama, me dolía notar que aún en descanso, sus facciones permanecían atribuladas. Las ninfas habían curado la herida, sin embargo, me parecía que los esfuerzos habían sido en vano, mi amiga llevaba una enorme cicatriz que le ocupaba todo el costado izquierdo y por más que me esforzaba en odiar el hecho de que su cuerpo se encontrara marcado por una catástrofe, no podía evitar maravillarme ante las rasgaduras plateadas que surcaban su piel.

-¿Qué es eso? – pregunté cuando las ninfas terminaron su trabajo. Pansy seguía durmiendo, habían tapado sus partes femeninas pero la herida estaba a plena vista, supongo que el propósito era que tomara aire, o alguna mierda parecida. Surtilia, nuestra ninfa especializada en artes sanadoras me miró con semblante compungido.

-No puedo quitarle las marcas.- dijo simplemente.

-Ella tampoco desea que lo hagan…- intervino Roger. Honestamente, sus actitudes siempre provocaban ansias asesinas, sin embargo, en ésta ocasión en particular estaba provocando más que una simple rabieta en mi interior. Ese día, sus intervenciones habían sido contadas y si había alguien que pudiera explicarme por qué mi mejor amigo se había convertido en un animal, era Roger. Pero ni una palabra salía de su boca, su expresión consternada estaba empezando a cabrearme y también a asustarme. Porque si yo no sabía las reacciones de la Cárama, pues estaba confiado de que por lo menos Roger las supiera. Su silencio era aterrador…

-No creo que en el futuro le cause algún problema. Simplemente es algo que tendrá en su cuerpo. – declaró la ninfa reuniendo todos los implementos que había utilizado.

Me acerqué un poco más y me atreví a tocar la herida. Pansy se removió en sueños y murmuró algo incoherente, pero no despertó. Aparté la mano y la llevé a mi cuello pensando que quizás había una conexión entre ambas marcas, pensando que quizás la Cámara estaba tratando de decirnos algo; el contenido del mensaje no estaba claro, pero sembraba más que una extraña inquietud en mi interior.

-¿Cómo está Blaise? – pregunté con aire ausente.

-Sigue igual…- respondió la ninfa con tristeza. Decir que Blaise era la persona más querida después de Roger era una afirmación que quedaba pequeña. A diferencia de mi persona, Blaise era alguien que no solo se molestaba en conocer a fondo a las criaturas que habitaban en la Cámara, sino que genuinamente se preocupaba y pensaba en ellas. Honestamente no entendía cómo podía haber tanta bondad en un Slytherin, pero había forjado grandes amistades, y todos los que trabajaban bajo nuestro cargo le debían una lealtad eterna y no sólo porque era su jefe, sino porque era un amigo.

No me molestaba que mis trabajadores no me apreciaran tanto como a Blaise, de hecho lo prefería así. Pero desde que se dieron luces del accidente entre Pansy y Blaise, la atmósfera en la Cámara era más que triste, más que lúgubre.

-Las ninfas hemos estado discutiendo lo que sucedió…- comenzó Surtilia con semblante decidido.

-No es el lugar de las ninfas discutir absolutamente nada.- respondí con letal calma.

-…Y llegamos a la conclusión de que la Subasta debe ser pospuesta.

-¡No! – la respuesta abrupta de Roger y el tono de autoridad que emanó de ella fue tan potente que una ráfaga invisible nos hizo retroceder ante su súbita fuerza. Lo miré y me sorprendí ante su transfiguración. No suelo ser demasiado detallista con las cosas que no me interesan, sin embargo, me regañé internamente ante mi descuido. Roger lucía como una mierda, si existieran fantasmas mendigos, pues Roger aplicaría para pertenecer al grupo. Se veía sucio, abandonado y más viejo de lo que realmente era.

-¿Qué mierda te pasa? – solté, no solo refiriéndome a su extraño comportamiento, sino a su furia repentina.

-La Subasta no se pospone. – dijo ignorándome olímpicamente, su semblante había cambiado a uno de furia plena y absoluta, parecía a punto de sufrir un ataque. – Y si las Ninfas están teniendo ideas propias, entonces viene siendo hora que dividamos caminos.- el corazón casi se me detuvo ante sus palabras. Primero porque nunca había escuchado a Roger dirigirse de esa forma a nadie que trabajara en la Cámara, y segundo porque las Ninfas eran parte esencial en nuestro trabajo. Sin ellas, no seríamos absolutamente nadie. Miré a Surtilia, esperando escuchar su renuncia, o algo parecido. Sin embargo, bajó la cabeza sumisa y salió de la habitación en absoluto silencio.

- ¿Qué mierda acababa de suceder? – exclamé al vacío, me giré esperando una respuesta por parte del fantasma, pero la única persona, aparte de Pansy que se encontraba en la habitación era yo.

D&H

Salí de la habitación de Pansy sin saber hacia dónde ir. Surtilia apareció con un tónico y me informó que se iba a quedar con ella todo el rato, que podía irme a descansar. Obedecí, porque mirar a Pansy en ese estado me estaba afectando más de lo que había pensado, sin embargo, ir a descansar no estaba en mis planes. Me sería imposible. Así que caminé por el pasillo pensativo, estudiando el ambiente de la Cámara, tocando las paredes y tratando de escuchar las peticiones que tuviera. El silencio fue mi única respuesta.

Casi sin pensarlo me dirigí hacia el lugar donde se encontraba Blaise. Habíamos prohibido la presencia del personal en su celda, pero eso no fue impedimento para Tolz. La pobre niña no se había movido de la puerta desde que Blaise había sido encadenado, y en ese momento se encontraba sentada con las piernas envueltas en sus frágiles brazos. Su cola permanecía sin movimiento en el suelo y su cabeza se hallaba escondida en el hueco de sus brazos. Entonaba una melodía, era una canción triste que nunca había escuchado, su ritmo lento y envolvente logró enternecer mi alma, así que me acerque y me senté a su lado. Ella no se inmutó por mi presencia, sino que continuó cantando como si yo no estuviera ahí, como si su único objetivo era que Blaise la escuchara, me pregunté si lo hacía.

Yo te siento, amor

Cuando con un sonido oscuro

Se mueven las olas

En el plácido bosque querido

A menudo me siento a escucharlo

Estoy contigo

Incluso si estás lejos

Estás cerca de mí

Incluso si estás lejos

Estás aquí.

La canción culminó con un sollozo y no pude evitar rodear a la pequeña con mis brazos y compartir su dolor. Levanté la mirada al escuchar un ruido y casi sonreí al ver a Ren el mono asomarse por la esquina del pasillo.

-Puedes acercarte Ren.- dije sonriendo a mi pesar. El mono era otro miembro del club de fan de Blaise. Incluso había sido Blaise en persona quien lo había traído a la Cámara. Nos había contado que su dueño abusaba del pobre animal, él lo había salvado y le había dado una paliza al pobre desgraciado. Para Ren, Blaise era simplemente el mesías.

-¿Cuánto tiempo llevas aquí Tolz? – pregunté acariciando el platinado cabello de la niña.

-Desde que lo trajeron.- respondió alzando la cabeza y mostrándome sus ojos llenos de lágrimas. – le gusta que le cante. Lo calma. – me confesó limpiándose sus pálidas mejillas.

-¿Te ha hablado? – ella negó con la cabeza.

-Gime, siento que llora de dolor. Pero cuando le canto, se calla. – sentí que Ren trepó por mi brazo y se posó sobre mi hombro, sus suaves manos se afianzaron en mi oreja, casi como si me estuviese dando un abrazo. – Él no merece estar encerrado como un animal…- protestó la niña.

-Yo pienso igual.

-¿Entonces por qué no lo sueltas?

-Es peligroso…

-¡Mi amo no es peligroso! – Lo defendió con fervor que solo un niño puede ofrecer.- él nunca me haría daño.

-Te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para volverlo a la normalidad.

-La Cámara susurra cosas en su oído…- confesó la niña después de un rato, provocando que un escalofrío me recorriera el cuerpo.

-¿Qué dijiste? – pregunté, sintiendo que el corazón se me subía a la garganta.

-La Cámara, le está hablando…- apreté los dientes al ver la expresión distante de la niña, al ver su mirada que rayaba en el borde de la locura -… A veces…- continuó con voz baja, me acerqué a ella hipnotizado por sus palabras.-…puedo escuchar sus susurros, pero no logro entender qué le dice. – un sentimiento de pérdida empezó a trepar en mi interior, el lugar que antes conocía como la palma de mi mano se estaba rebelando en mi contra, estaba actuando sin mi consentimiento y no entendía qué quería de nosotros. Miré mis alrededores preguntándome por qué tenía miedo, preguntándome qué estaba ocurriendo en las entrañas de mi castillo personal. Mi inquietud fue algo que se trasmitió en Ren el mono, que inmediatamente salió corriendo como si algo lo hubiese asustado, no pasó ni un segundo cuando se escuchó un rugido procedente de la celda y poco después, un lamento tan angustioso que mis ojos se aguaron de lágrimas por el destino de mi mejor amigo.

Tolz comenzó a cantar una vez más, llenando el lúgubre pasillo con su tierna voz, pronto los gemidos cesaron...

D&H

Hay momentos en los cuales el camino se cierra, no hay salida, todo es oscuridad, surgen obstáculos sobre obstáculos y no existen rayos de esperanza.

Me di por vencido cuando se dieron las doce campanadas que anunciaban la media noche, Roger no estaba por ningún lado y el miedo que había cultivado Tolz con su pequeña información había hecho fruto en mi interior. Temía, no por mí, sino por mis amigos y por la magnitud del problema que tenía en las manos y del cual no parecía existir salida alguna. Todo esto aumentaba en gravedad con la desaparición del fantasma, del único ser que parecía tener algún tipo de respuesta para la locura que había caído sobre nosotros.

Decidí merodear por el castillo, no tenía sueño y honestamente no deseaba vagar por la Cámara, mi presencia allí sólo me recordaba mi propia inutilidad. Supuse que todo esto era un castigo merecido, después de todo lo que hacíamos no estaba bien, no calzaba en ningún estándar y solo sacaba a la luz las peores cualidades del ser humano. Habíamos creado un mounstro dentro de un lugar que merecía respeto, un lugar donde habitaban niños inocentes, personas que procedían de familias dignas e intachables. Nos habíamos burlado de la santidad de nuestra escuela y le habíamos visto la cara de tontos a todos los que habitaban en el castillo por un año y medio. ¿Todo para qué?

Mis pasos me llevaron al lugar en dónde todo comenzó, al lugar dónde conocí por vez primera al fantasma de la torre de Astronomía, al lugar donde sellé para siempre mi destino, no solo con él, sino también con la muerte de mi antiguo director.

Subí las escaleras de la torre con paso cansado, sabiendo que no podría huir de los recuerdos una vez que observara el panorama, una vez que respirara el aire de libertad que tenía la torre. No me importó hacer ese sacrificio, así que subí, sabiendo que había evitado ese lugar por muchísimo tiempo y evitando ignorar ese pulso de orgullo hacia mí mismo por la repentina valentía que estaba fluyendo de mi interior.

Toqué la fría balaustrada y observé el sitio por el cual Albus Dumbledore había caído al vacío, el mismo sitio dónde irónicamente, había aparecido Roger días más tarde, cuando mi pena y mi arrepentimiento me habían llevado al mismo lugar para castigarme.

-¿Recuerdas lo que te dije ese día Dragón? – la voz de Roger llegó hacia mí como un leve susurro, como lo hizo antaño, no me preocupé en buscar su figura, sabía que no la encontraría.

-¿Por qué lloras Dragón? – le respondí, cortando el zumbido del viento con mi voz y sintiendo repentinamente un nudo en la garganta.

-¿Recuerdas lo que contestaste? – preguntó suavemente.

-¿Quién mierda eres tú? – dije sonriendo.

-¿Alguna vez pensaste que llegaría el día en el cual tomaríamos caminos diferentes? – fruncí el ceño ante esa pregunta y ésta vez sí me giré, tenía ansias frenéticas de verlo cara a cara, que me dijera lo que sabía, gritarle que no estaba de humor para sus acertijos y juegos.

-La Cámara es mía.- dije tontamente, buscando entre los recovecos del lugar algún vestigio de la presencia del fantasma, pero sin atreverme a dar un paso para adentrarme en su interior, de alguna forma me sentía seguro cerca de la salida. - ¿Me oíste maldito fantasma? – Grité al vacío.- ¡La Cámara es mía! ¡Nunca me voy a separar de ella!

No recibí respuesta.

D&H

Necesitaba verla, así que al día siguiente la busqué. Curiosamente siempre sabía en dónde se encontraba, a veces pensaba que tenía algún instinto en mí que se activaba cuando su presencia se encontraba cerca. La observé hablando con sus amigas en el patio del colegio, se me antojó que era una escena demasiado normal, incluso demasiado feliz para que alguien como yo estuviera presenciándola. La sangre sucia echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada ante algo que comentó la mugrosa de los Weasleys. De alguna forma deseé tener esa normalidad en mi vida, eventos suficientes para hacerme reír. Últimamente lo único que lograba hacer era preocuparme, y los malditos dolores de cabeza no me permitían demasiado, lo cual significaba que mi humor empeoraba con cada segundo.

Regresé al presente cuando sentí la mirada de la pelirroja sobre mí. Inmediatamente el pulso de mi corazón se aceleró y no supe por qué, pero hui de su mirada y del lugar, como si el mismísimo diablo estuviese detrás de mí…

CONTINUARA