Capitulo 2

Los días que siguieron a la mudanza fueron realmente tranquilos, encontró puntos fuertes en ese lugar como la cercanía que tenía con el agua dulce, la tierra fértil que albergaba muchos arbustos de frutas silvestres en el bosque, se dio cuenta, gratamente que cerca del lago, aunque solo por la mañana atravesaba un comerciante de enseres que iba camino al pueblo. Los primeros días no pudo acercarse a hablar con él por la cantidad de trabajo que tenía pendiente en esa pequeña casita, limpiarla, ordenar las pocas cosas, el comedor, la posición de las velas y los ingredientes para sus medicinas y ungüentos. Su caballo descansaba en el jardín donde se abasteció de todo el pasto delicioso que luego tendría que recortar.

Sin embargo, no perdió tiempo una vez desocupado; el comerciante en cuestión vendía una variedad considerable de artículos, entre ellos hermosos frascos de vidrio que Emiya no tardó en considerar para sus medicinas y pociones.

El comerciante se llamaba Merlín y se encontraba sorprendido, por alguna razón, de que la casa de ese claro fuera nuevamente habitada. Era una hermosa casa y tenía una bella vista hacia el lago, pero entre sus cosas buenas, advirtió tener cuidado con acercarse a las orillas del lago por las noches, fue muy ambiguo y Emiya pensó que debía de ser por la corriente del mismo que era fuerte y podía ocurrir un accidente si no tenía cuidado. Merlín también era un poco aficionado hacia las artes curativas de las plantas y le dio una mirada aprobatoria sobre su intención de crear nuevos remedios contra los problemas respiración y depurativos naturales.

—Si deseas buenas plantas, debes adentrarte en el bosque, pero recuerda ir siempre con la luz del sol, luego podrías perderte y no es muy agradable dormir con el frio de la noche. –Fue lo que le dijo- es un frio de muertos.

Emiya estuvo de acuerdo.

Las noches allí eran demasiado frías, tranquilas y en ocasiones había tanta niebla que era difícil mirar por el camino de la ventana, Emiya estaba seguro en el interior de la casa, cerca de la chimenea donde ponía triturar las cantidades de semillas, tallos y plantas para las infusiones, se abstraía tanto que no estaba al tanto de lo que ocurría en el exterior –mucho menos con niebla tan densa- que ni siquiera escuchaba los ruidos nocturnos como los grillos, sapos, a lo lejos, en la luna llena el aullido de unos lobos y demás, relinchidos de su caballo.

Una tarde almorzaba y pensaba mientras recordaba los límites de su jardín, que sería buena idea construir una cerca que protegiera sus plantas y demás hortalizas que planeaba cosechar…

Merlín pasó una mañana y le comentó aquella idea, pidiéndole que le suministrara algunos materiales para su empresa, este alabó su idea diciendo.

—Suena muy conveniente. Realmente no sé por qué no lo habían pensado antes los que vivieron antes aquí –Meditó por un momento mientras acariciaba la cabeza de su caballo, este tenía un lindo color castaño, con una grill larga y rojiza. - ¿Crees que funcione?

Emiya lo miró, frunciendo el entrecejo.

—A veces hablo con él, le gusta…-Le manifestó el comerciante- traeré tus intereses mañana, hoy debe entregar algunos pedidos al pueblo, y no deseo que me sorprenda la noche.

—¿Vive usted muy lejos?

—Al otro lado del lago. –Le respondió- ¿No lo sabe? Hay un pueblo allí.

—Jamás he ido. No he salido del pueblo hasta ahora –Merlín escuchó y asintió.

—Pues…supongo que algún día puede ir, pero recuerde ir temprano el camino es muy difícil de noche. –Explicó el comerciante. –

Emiya pidió algunos enseres como una olla más grande para el estofado y algunas velas, pero Merlín le recomendó una lámpara de aceite muy bonita y protegida por un cristal.

Pidió una y solicitó dos más. A Merlín le gustaba tenerlo de cliente, no recordaba haber tenido una conversación y presencia tan larga en aquel claro. Se despidió felizmente y montó su carreta nuevamente para adentrarse en las faldas del bosque.

Esa noche probó la lámpara de aceite y se sorprendió con alegría al percatarse que esta tenía una potencia aun mayor que las velas, la colocó junto a la ventana mientras trituraba las hojas que había dejado secarse en el calor de la chimenea, repentinamente algo lo sacó de su estado de concentración, al mirar por la ventana podría asegurar que algo, desconocido e indeterminado, se apartó rápidamente del vidrio, como una mancha. Quieto en la chimenea, pensó que podría ser por el acto de la oscuridad, pero la lámpara era potente y no creía que lo hubiera confundido con una penumbra que era expulsada de su territorio. Experimentó una ligera sensación de incertidumbre.

Tardó unos segundos antes de tomar el valor de acercarse hacia la ventana, estaba cerrada, con el seguro. Afuera no vio nada, solo la hierba alta y los arboles del bosque, como las copas de esos se balanceaba lenta y parsimoniosamente. Sintió el agotamiento y pronto culpó a este mismo de estos engaños de la visión.

Merlín vino la mañana siguiente y le dio las herramientas.

—Se me ocurrió una idea al venir aquí –Le comentó contento el comerciante. - ¿Haces tus pociones y ungüentos?

Emiya lo escuchó atentamente.

—Podría ofrecerlos en el pueblo, de ese modo tendrías un ingreso fijo. ¿Eras conocido en el pueblo?

—Un poco.

—Seguro tus clientes tendrán que caminar mucho para llegar a ti. Es bueno alejarse de vez en cuando, pero no a un punto de ser inalcanzable. –Le comentó y aquello lo hizo reflexionar un momento. Luego dichosamente anunció- Te he traído la mejor madera…Podrás comenzar con ella mientras consigo otra parte mañana. ¿Qué dices?

Emiya asintió.

—¿Pensaras lo que te dije?

—Lo haré. –Merlín lo observó con detenimiento, Emiya era un poco complicado de entender y de saber que pensaba, aun no lograba saber por qué se había mudado del pueblo. Lo descubriría después, pensó. - ¿Gustaría un brebaje depurativo?

Merlín lo aceptó con gusto.

—Toma dos cucharadas antes de dormir. -Indicó Emiya.- te limpiará por dentro.

Merlín miró el frasco, el contenido era de un color dorado como la miel y luego la madera apilada en la entrada de la casa.

—No te quedes trabajando tan tarde-Advirtió antes de marcharse.

Emiya miró la madera y estuvo de acuerdo, no le fue difícil comenzar, había hecho este tipo de trabajos antes, pero resultaría ahora mucho más largo, puesto que el terreno a abarcar era aún más generoso que la casa de su padre.

Comenzó luego de comer y se entretuvo todo el día en la ubicación de los troncos, escavó los agujeros donde los colocaría, se aseguró que estuvieran cercanos y pensó en colocar alguna especie de rejilla más abajo para librarse de los consejos y los zorros… las ideas vinieron como una cascada, podría iluminar la entrada con unas lámparas, construir, si era posible, un almacén donde colocar las herramientas, la madera y demás, la ilusión de tener algo propio le llenó de emoción su corazón.

Trabajó con tanto esmero que no se dio cuenta de su alrededor como siempre pasaba, poco tiempo después, sintió que alguien le observaba como en aquella ocasión y solo entonces sintió las gotas frías que golpeaban su mano, pensó que llovería, pero la gota era constante y al subir la mirada se encontró con aquellos dos ojos de rubí encendidos sobre él. Alarmado se echó para atrás pero el hombre que yacía inclinado sobre él se lanzó hacia donde estaba, ambos cayeron, Emiya presó de un abrazo de acero con todas las extremidades del cuerpo de aquel hombre.

Lo reconoció al momento, CúChulainn tenía una increíble fuerza, apenas se movían sus brazos contra la resistencia de Emiya.

—¡Que haces! -Gritó Emiya confundido por este repentino ataque, ni siquiera lo había sentido acercarse, como aquella vez, pero ocurría que se abstraía tanto en su trabajo que perdía la noción de su alrededor. - ¡Suéltame, estas mojado!

Un escalofrío recorrió su espalda y todo su cuerpo; la piel desnuda del hombre estaba fría, mojado como recién salido del agua. Cú Chulainn le dio un apretón fuerte y Emiya pensó que lo estrangularía, luego lo soltó y ayudó a levantarlo como una muñeca de trapo, lo observó con una expresión reluciente y comenzó a reír.

—¡Gracias! –Le dijo y acercó mucho sus dos rostros, Emiya se paralizó en ese lugar con los ojos abiertos como dos platos de porcelana y las manos estáticas en su pecho. - ¡Estoy muy feliz! ¡Eres mágico! ¡Por fin te encuentro! ¡Cómo puedo pagarte! ¡Haré todo lo que me pidas!

Rio alegremente, de forma muy estruendosa, soltó a Emiya de un momento a otro y se puso de pie, Emiya casi vuelve a caerse de espalda, mas resistió a pesar de su estupefacción, miró al hombre, alto, mojado y gracias a dios con unos pantalones, aunque algo raídos de color azul oscuros pegados a sus muslos.

—¡Que haces! ¡Una cerca! Puedo ayudarte –Declaró rápidamente, Emiya tartamudeó, la repentina aparición lo desconcertaba, la energía del hombre lo aturdía, se tomó un momento incorporarse, su corazón golpeaba su pecho con fuerza, su vestimenta estaba humedecida por el agua en aquel abrazo.

—Espera un momento…-Pidió el albino- ¿Qué quieres decir?

Con aquella energía el hombre se le acercó y tomo sus manos, ¡que frías estaban!

—Tu no sé qué cosa mágica ha curado las quemaduras de Diarmuid –Dijo con entusiasmo- ¡yo también puedo caminar! ¡También puedo nadar! ¡Que felicidad siento!

Emiya casi se atraganta con sus propias palabras. Muestras de agradecimiento efusivo sobraron, pero más le perturbaba la apariencia de aquel hombre, estaba bellamente constituido, pero también andrajoso, desnudo con sus humildes prendas desgarradas, descalzo y despeinado, violando su espacio personal por tercera vez en menos de cinco minutos.

—¡No es magia! –Le repuso rápidamente- es medicina, son plantas medicinales, es todo.

El hombre inclinó la cabeza mirándolo con cierta felicidad.

—¿Cómo puedo pagarte? -Le repuso lentamente con más calma y existía en su voz una suavidad muy dulce…y amenazadora. Emiya recuperó sus manos y se alejó discretamente del hombre.

—Estas mojado-Le respondió mirándolo- te resfriaras si estas así con este viento.

Cú se miró a sí mismo y se encogió en hombro, como un imán se acercó hacia Emiya que buscaba secretamente recuperar algo de espacio en cada oportunidad.

—No me importa…ah, vives aquí –Miró su casita a unos pocos metros con detenimiento – que haces, es una cerca, ah…dejame ayudarte.

—No, gracias, estoy bien. –Le repuso rápidamente. La sonrisa de Cu se torció hacia abajo.

—¡Por favor! Prometo no ser un estorbo, soy muy fuerte.

—No lo pongo en duda- Hace un momento casi pensó que lo asfixiaría- pero no puedo, es mi responsabilidad.

Cú estuvo aturdido por un momento, al parecer no dimensionó la idea de que fuera rechazado, vio a Emiya arrodillarse nuevamente cerca de un agujero.

Al poco tiempo se acercó a ver lo que estaba haciendo en la tierra con interés creciente, estaba un tanto disgustado, pero no dejó que se evidenciara, quizá mas que disgustado algo desilusionado.

. Emiya lo vio de reojo, pensando que se lo podía sacar de encima si lo ignoraba, miró sus pies en el césped, no tenían marca alguna, de verdad el ungüento había resultado. Al subir la mirada encontró los ojos del otro sobre su rostro, sonriéndole. Algo en su mirada lo estremeció, pero no de forma agradable como una brisa cálida o como la luz del sol, más bien como el temblor de agua fría en su espalda.

—Dime, ¿Cómo te llamas? –Le preguntó inclinando la cabeza para mirarlo desde otro ángulo.

—Emiya.

—Emiya. Yo soy Cú Chulainn y mi amigo se llama Diarmuid. –Le dijo.

—¿Dónde está él?

—No quiso venir…-Le respondió- dijo que no le gustarías ser molestado.

Emiya estuvo de acuerdo con Diarmuid, donde quiera que estuviera le dio gracias.

—Pero el también te guarda agradecimiento.

—No hay de que, y no tienen que hacer nada para devolverme el favor. Asi que no es necesario. –Manifestó el albino firmemente.

Cú lo miró con intensidad, no le agradaba esa respuesta, pero luego parpadeó lentamente con una expresión más tranquila.

—¿Vives aquí solo?

—Hum.

—Es un buen lugar ¿verdad? ¿No te has bañado en el lago? –Le preguntó poco después mientras Emiya no dejaba de trabajar sus manos en la tierra.

—Me temo que no. –Le respondió.

—De lo que te pierdes-Apuntó el otro sonriendo. En la medida que el diligente hombre se movía para abrir otro agujero, Cú lo seguía a gatas hasta quedar acuclillado. – es deliciosa el agua.

—Es demasiado fría. – Apuntó Emiya- podría enfermarme.

—Eso no es cierto, yo nado todos los días y sigo tan saludable como siempre. ¿me veo enfermo acaso?

Emiya lo miró rápidamente antes de volver al trabajo.

—No…pero no puedo decir lo mismo de mí y no pienso arriesgarme –Le replicó impávidamente.

—Podrías intentarlo alguna vez…-Insistió el otro en un ronroneo- ¡ah ya se! ¡No sabes nadar!

—Por supuesto que no es eso…-Susurró Emiya.- deja de reírte…

—Lo siento, lo siento, no te molesto con eso –le dijo. de que cuerpo aun goteaba agua…Emiya lo miró por un instante mas y le extrajo un alga del cabello. Algo dentro de Cú se estremeció, se puso serio de repente.

—¿Dónde vives? –Preguntó Emiya mirándolo fijamente- ¿eres del otro pueblo a través del lago?

—Ah, sí. ¡Si! –Le respondió de inmediato.

—Dime… como te quemaste tú y tu amigo.

—Hubo un incendio en el bosque. -Explicó lentamente- tuvimos que pasar por las llamas para llegar a casa.

—Ya veo. –Cú asintió lentamente. Ambos se miraron en silencio, la brisa fría pasó lamiendo sus cuerpos.

—…entonces, ¿me dejara ayudarte? –Preguntó con cautela el hombre de largos cabellos.

—No…-Repuso Emiya casi de inmediato y volvió a su trabajo. – No deberías estar vestido así, de verdad podrías enfermarte…

Cú hizo oídos sordos a sus recomendaciones y lo siguió durante todo el proceso de abrir los hoyos, curioseó en su trabajo, pero Emiya no se lo permitió, y no le permitió tocar nada, nada en absoluto; cuando intentó ordenar los troncos Emiya lo reprendió ganándose una mirada triste de perro pateado, lo vio tirarse en la tierra, cosa alarmante para Emiya…

—¡No hagas eso! ¡te enfermaras!

—¡Enfermar, enfermar! Es todo de lo que hablas –Exclamó el pobre Cú Chulainn pataleando - ¡Por qué no me dejas ayudarte! ¡Ni siquiera te quieres bañar conmigo! ¡Que injusto es todo esto! ¡Diarmuid tenía razón! ¡Uhhggg! –Gruño en la tierra, berrinchudo.

Emiya lo admiró en su lugar con estupefacción. Iba a replicarle y pedirle que levantara de una vez del suelo, pero las gotas de agua sobre su cabeza lo paralizaron por un momento, ya paranoico de estos hombres desnudos, miró a su alrededor, solo era la lluvia, que comenzó a caer más fuertes.

Se acercó a donde estaba el hombre y lo obligó a sentarse y levantarse.

—Vamos adentro…Arriba. Lloverá. -Y evitó decir que se iba a enfermar si se mojaba con aquella lluvia. Cú se dejó hacer como una muñeca sin vida, con la desilusión de sus planes frustrados por la obstinación de Emiya.

Subió las escaleras torpemente y solo entonces, cuando entraron a la casa la lluvia golpeó la tierra con todo su poder. Adentro el calor de la chimenea le proporcionó un alivio al frio inclemente, permitió que el extraño y disgustado hombre se sentara en una de las sillas de madera antes de busca una toalla con que secar su cabello, nuevamente, entre las hebras encontró algunas algas, realmente este hombre nadaba en el frio lago, pero ¿Qué tan profundo?

Mientras secaba y limpiaba un poco su bello rostro de las pequeñas ramas de césped que tenía, detectó su rostro triste, casi como un perro mojado por la lluvia de la insípida decepción.

—¿Qué pasa contigo? –Le preguntó Emiya, Cú gruño.

—¿Por qué no me dejas ayudarte? –Quiso saber, casi como un lamento, hizo un puchero con los labios perfectos e hizo un resoplido que Emiya encontró muy …raro, raro y cómico.

—¿Por qué tu asistencia?

—Por qué nos ayudaste, claro. ¿Recuerdas? Con tu no sé qué cosa mágica.

—Es solo una medicina.

—Con tu medicina. –Corrigió rápidamente. Dio una ligera mirada detrás de Emiya, cerca de la chimenea estaba repleto de frasco con liquido dentro, algunos verdes, otros de un color muy lindo violeta.

La casa despida un olor muy fuerte a hierbas, fuerte y deliciosos, agradable, recordaba a las flores, así mismo como olio ese hombre; Emiya.

El hombre de cabello blanco suspiró pesadamente, con sus manos en jarras pensó con seriedad la insistencia del otro. Llevó sus manos al rostro como si esto le tomara mucho esfuerzo mental...

—Esta bien…-Dijo finalmente, pero se notaba que solo lo había dicho por el terrible berrinche y por qué no abandonaba esa expresión triste. Tan pronto lo dijo, Cú dio un salto emocionado; la expresión de su rostro se transformó en una resplandeciente y contenta; sus ojos brillaron con intensidad vitalicia.

—¡Ah! ¡Graaacias! –Se levantó de la silla y lo atacó con aquel abrazo feroz y entusiasta, Emiya se le congeló todo el cuerpo. - ¡Vamos ahora!

—¿Eh? ¿Qué dices? ¡No podemos! ¡está lloviendo!

—Oh…-La emoción del hombre se disipó lentamente- cierto, la lluvia. Amm…

Se alejó de él, yendo hacia la ventana cerca de la chimenea y evidenció con sus ojos parsimoniosos ahora que estaba lloviendo, estuvo por un momento allí parado, Emiya lo vio con atención, no lo tenía nada fuera de lo común. Sus pies estaban intactos, no tenían ninguna marca, de sus orejas colgaban dos aretes y tenia un collar…pero Cú habia saltado tanto, que el dije estaba en su nuca, era una luna…

El carraspeó de Emiya lo hizo volver la mirada hacia él.

—Haré el almuerzo. –Anunció- no creo que pueda trabajar luego que acabe la lluvia…así que…

—Ah… bueno. –Movió un poco la cabeza, ahora parecía tranquilo, pensó un momento antes de volver a mirar la lluvia caer, totalmente manso y tranquilo. – puedo…venir mañana.

La idea le hizo sonreír mientras admiraba el exterior del vidrio, luego examinó la lámpara que colgaba cerca de la chimenea y por último se acercó a la mesa de los frascos. Emiya lo miró de reojo mientras comenzaba a preparar lo necesario para ese almuerzo.

La lluvia seguía escupiendo despiadada contra el suelo mientras las verduras se hervían con el guiso de la carne. El olor les despertó el apetito y en la espera Emiya le ofreció algo de su ropa, un camisón largo y grueso de algodón que le proporcionaría algo más de protección que aquellos pantalones roídos, ya no goteaba agua por todos lados y le extrajo toda la suciedad y las ramas de su cabello con cuidado.

Cú le dio un abrazo en agradecimiento diciendo que era demasiado amable, a pesar de que estos desperfectos para nada le perjudicaban al hombre. Descubrió que a este hombre le encantaba la idea de violar el espacio corporal de los demás.

Cuando le sirvió la comida, Cú chulainn comió con avidez, y se quejó de su lengua, como si nunca hubiera comido nada tan delicioso en su vida y por tanto debía de tener el sacrificio de su lengua quemada. Emiya lo reprendió por respirar con la lengua afuera y masticar la carne caliente como un energúmeno, Cú se echó a reír por sus correcciones y cuando terminó se excusó que no había probado comida tan deliciosa como esa, luego su sonrisa se desvaneció con los ojos fijos hacia la ventana.

Cú chulainn puso un rostro serio. Dejó el cueco en la mesa y se levantó con el camisón llegándole hasta las rodillas. Emiya miró hacia la ventana y casi se atraganta con un pedazo de carne en la garganta.

—Diarmuid …-Saludó Cú Chulainn. Debajo de la lluvia, al otro lado de la ventana, el hombre llamado Diarmuid estaba de pie observando el interior, estaba empapado, de pies a cabeza y el cabello desparramado sobre su rostro le daban un aspecto tenebroso y triste. – Estábamos comiendo…

—¿Qué hace allí? –Preguntó Emiya consternado. La lluvia era terrible afuera. Diarmuid no respondió al momento, solo se movió lejos de la ventana. Entonces vio como Cú se quitaba el camisón y se lo entregaba.

—Debo irme ahora –Anunció repentinamente.

—Pero la lluvia…

Demasiado tarde habló cuando Cú se aproximaba a la puerta y la abría. El sonido del exterior se adentró a la casa, poco tiempo después, se percató que Diarmuid estaba esperándolo en el exterior bajo la lluvia inmisericorde.

—Vendré mañana ¡como acordamos! ¡Espérame!

—Espera…-Emiya extendió una de sus manos hacia la puerta, esta se cerró al momento. Trotó hacia este, pero al abrirla solo logró ver a dos sombras alejarse bajo el llanto de cielo.