Como había dicho, Cú chulainn apareció en el jardín pasado el mediodía, para ese entonces Emiya tenía suficientes tablones apilados mientras terminaba de cavar los agujeros donde los colocaría.
Cú chulainn tenía puestos unos pantalones más decentes, azules, pero muy ceñidos, de nuevo estaba empapado. Emiya le incentivó a secarse, le quitó las algas del cabello y le proporcionó el camisón, a Cú toda esta atención le causó cierta gracia y luego de un largo respiro a la tela del camisón sintió que estaba listo para trabajar, Emiya intentó ignorar aquel acto, pero resultó difícil por la reluciente emoción del hombre. Aun le hacía mucho ruido su insistencia en ayudarlo, pero ya había aceptado su ayuda, negarlo ahora sería contraproducente.
Mientras levantaba los maderos, se percató de que el peso no representaba algún problema para el hombre entusiasta, como había dicho Cú, era muy fuerte, casi tan fuerte que era un poco inquietante como enterraba los troncos en los agujeros asegurándose que quedaran bien firmes, trabajando tan felizmente. Había algo agradable en verlo trabajar y moverse con un camisón hasta las rodillas, pero también había algo …salvaje y silvestre.
La tierra estaba húmeda por la lluvia del día anterior, así que cedía fácilmente…lograron avanzar algunos metros de aquel terreno antes de que vieran las luces del sol apagarse suavemente.
Solo entonces, Emiya decidió detenerse, buscando guardar las herramientas. Cú Chulainn que no se le evidenciaba signo de cansancio se acercó para saber ¿Qué hacía?
—Sera de noche muy pronto. Continuaremos mañana- Le respondió, Cú Chulainn hizo una mueca con los labios hacia abajo. –Sé que el camino al otro pueblo es difícil ¿está bien que aun permanezcas aquí?
—¿Quieres que me vaya? –Le preguntó Cú lentamente. Mirándolo.
—No trabajaré más. –Luego miró hacia allá, hacia el lago, por donde Merlín pasaba todas las mañanas. No sabía por qué, pero pensaba, con todas las advertencias de Merlín que viajar de noche era una idea peligrosa – Se hace de noche. Eres muy cercano a Diarmuid ¿no se preocupará de que llegues tan tarde.?
Cú dirigió la mirada hacia el lago en silencio, su rostro adquirió un tinte de seriedad, entornó la mirada.
—Eres una persona muy solitaria, Emiya –Le manifestó de la nada, luego inclinó un poco la cabeza viendo a los troncos que estaban apilado en el jardín. Emiya no supo que responder, admiró su perfil con su cabello despeinado y largo hasta la espalda baja.
Mirarlo era peligroso, de modo que se obligó a bajar la mirada.
—Vendré mañana más temprano a ayudarte –Le manifestó poco después, quitándose el camisón de algodón.
—No, quédatelo-Le dijo Emiya, pero Cú ya se lo había retirado.
—No puedo –Le dijo sencillamente- me lo pondré cuando regrese mañana, solo me estorbará…
Diciendo eso se fue. Emiya no reaccionó como hubiera preferido y esa noche tuvo la preocupación de que algo malo le ocurriera de noche, tuvo pesadillas, imágenes del agua oscura y revuelta, gritos, y golpes.
Temprano, Merlín recogió los frascos de aquellos medicamentos, brebajes y ungüentos que Emiya había preparado para él. Se interesó de saber si era posible que Emiya preparara perfumes para la buena suerte y la prosperidad, pensar en esas cosas era peligroso, por supuesto negó poseer tales artilugios, lo cual era una lástima porque los clientes que aún eran muy supersticiosos lo demandaban. Emiya quería manejar todas estas transacciones con la mayor discreción, a lo que, a Merlín, aunque le supo un poco extraño, aceptó.
Horas más tarde Emiya fue a las orillas del lago por un poco de agua requerida, estaba fría, helada, oscura por el reflejo de los árboles en ella. Tomó un poco de agua al borde de una roca, su cuerpo se paralizó cuando sintió un jalón repentino de su muñeca, el recipiente se hundió, pero Él se resistió, lo soltaron sin aviso alguno y luego de incorporarse encontró a Diarmuid sosteniendo el recipiente lleno de agua contra su pecho.
—¡Ah! ¡Lo siento! ¡Pensé que era una rama! -Dijo el hombre. No estaba vestido. Emiya lo vio con cierto recelo.
—No hay ramas que se inclinen hacia el agua –le repuso el otro en la roca. Diarmuid asintió admirándolo largamente. Se acercó a la roca y le ofreció el recipiente.
—Debes tener cuidado cuando estés tan cerca del agua- le dijo este. Apoyándose de la superficie seca. Tenía la mitad de su cuerpo sumergido, Emiya no vio rastro de alguna indumentaria en su cintura.
—Gracias. –Le respondió este- ¿Puedo ayudarte en algo?
Luego dio una ligera mirada por el largo de lago, el agua tranquila y oscura.
—Solo nado un rato por aquí y por allá…-Dijo descuidadamente peinándose el cabello con los dedos, un largo mechón saltó hacia su frente – CúChulainn dijo que vendría temprano, pero creo que le he ganado en llegar. …Gracias por lo del otro día…por cierto, mis piernas se sienten muy bien.
—No fue nada-Repuso mirándolo, tenía un lunar bajo el ojo y por un momento se sintió aturdido por su hermoso rostro y encontró belleza en su cuerpo.
Diarmuid sonrió con algo de oscuridad, usó ambas manos para elevarse con la intención de subir hacia la roca, pero algo lo hizo hundirse de nuevo en el agua como si lo absorbiera. Emiya se alarmó, Diarmuid no tuvo tiempo ni de gritar.
—¿Diarmuid? -Asomándose por el borde, no vio más que la negritud de agua balanceándose, lamiendo la roca.
Distinguió algo acercarse y se alejó prudentemente, cuando dos manos se apoyaron en la roca, fuertes brazos trajeron consigo a Cúchulainn del agua. Desconcertado, Emiya se aferró al recipiente del agua.
—¿Qué…? –Miró Cúchulainn subiendo a la roca, con algo de dificultad o eso parecía, como aquel dios traía a los humanos al mundo. - ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Diarmuid?
—Oh, ¡Emiya! ...ah, por allá… -Señaló a lo que parecía unos chapoteos en el agua. Emiya no pudo verlo – Ya se tenía que ir…
Cú tenía lo que parecía ser sus ropas en una de sus manos y se vistió con ella ante la mirada del otro, no pareció importarle en absoluto ser visto por él, después de todo ambos tenían la misma anatomía. Emiya sin embargo, luego de su impresión anterior le dio algo más de privacidad, mirando el agua del cántaro presó de su vergüenza.
—De…verdad, nadas para venir hacia acá-Dijo Emiya.
—Claro, eso fue lo que te dije –Le explicó el hombre mojado, sonrió con cierta suficiencia. Emiya buscó mirarle, ya no se sentía turbado, como cuando observó a Diarmuid, no sabría explicarlo, pero Diarmuid tenía un aire extraño, irresistible como una fruta madura.
Ambos se miraron largamente, la piel de Cúchulain eran tan pálida y sus ojos tan profundos que no podía resistir volver la mirada, tomó fuertemente el cántaro, se puso de pie y buscó irse a su casa, sin decirle ni una palabra ni volver atrás. Solo cuando Emiya estaba un par de pasos lejos, Cúchulainn deslizó los ojos hacia el borde de la roca y observó como Diarmuid asomaba los ojos en la supervise del agua, ambos se miraron desde allí, sus ojos cargados de seriedad entre ambos.
Cuando el Cú tocó el primer escalón de la casa, al ver que Emiya no estaba en el jardín luego de aquello, automáticamente la puerta se abrió y le arrojó el camisón.
—¿Por qué siempre tienes que vestir de esa forma? –Le cuestionó Emiya en aquella ocasión. -
—¿No te gusta? -Le preguntó con las cejas arqueadas.
Emiya frunció el entrecejo, y su pregunta lo aturdió, parpadeando.
—¡No es apropiado! –Le repuso con indignación evidente en su rostro que pocas veces adquiría ese color de la vergüenza.
—pero Emiya… es más fácil nadar si estoy desnudo. –Le explicó con una increíble paciencia y ojos atentos hacia él. – Tu no lo sabes, no has nadado en tu vida, apuesto.
—Claro que no…es eso –le replicó. Emiya bajó la escalera rápidamente mientras tenia al otro hombre detrás de el mientras que se ponía el camisón.
—Ahh…deberías demostrarme lo contrario.
—No necesito hacerlo. –Replicó este, hermético. –Solo digo que no es apropiado, alguien podría verte.
Cú se puso a trabajar, levantando uno de os troncos y alineándolo en los hoyos.
—Pero ¿Quién? Solo vives tu aquí…
Emiya no dijo nada, no quería hablar más de aquel tema, le hacía sentir muy extraño, tan extraño como el mirar de ese punto en el rostro de Diarmuid, quiso comentar al respecto, pero le detuvo el tener que explicar la sensación.
—¿Por qué vives aquí solo Emiya? ¿No tienes familia? –Le preguntó mientras laboraban. Los troncos comenzaban a rodear la casa en un semicírculo.
—Tenia… antes, mi padre. –Luego pareció meditarlo por un momento – no era mi padre realmente.
—¿Eso te molesta?
—No realmente- Le explicó – yo siempre supe que no era mi padre.
Cú lo observó de pie, apoyado de un tronco.
—¿Qué les pasó a tus padres? –Preguntó sin miramientos.
Emiya detuvo el movimiento de sus manos y dirigió una mirada intensa hacia el hombre, ambos se miraron por un momento, como un duelo. Emiya perdió, pero no respondió la pregunta en ese instante, lo pensó repetidas mentes.
—Ellos murieron. Es todo lo que sé. Ese hombre me adoptó luego de un tiempo-Relató. Cú movió milimétricamente la ceja con ojos inteligentes.
—El te enseñó a hacer esas cosas en los frascos.
—Son jarabes. Sí. Me enseñó a hacer muchas cosas de hecho. –Le manifestó. – pero no importa….
Había algo de desilusión en su voz.
—¿Qué me dices de ti?
—Mis padres eran druidas…-Le respondió casi al momento. Con cierta emoción - ¿Sabes? Hablaban con los espíritus y esas cosas…
La mirada de Emiya ocultó su turbación discretamente, era muy peligroso eso que decía. Por suerte estaban ellos dos solos.
—¿Eso no te ha traído problemas? –Preguntó Emiya luego de un momento mirándolo con cautela.
—Sí, por supuesto –Respondió sonriendo con cierto aire misterioso, parecía entretenido y divertido por la curiosa preocupación del otro – Mataron a mis padres, claro. …Los fanáticos, los hombres de ley.
Emiya parpadeó lentamente y sintió su interior estremecerse de forma desagradable. Cú se acercó a mirarlo con cierta cautela.
—¿No eres un fanático? No me lastimarías… ¿Verdad Emiya?
—No lo soy.
Cú sonrió admirándolo intensamente.
—Ahh…que bien. Eres demasiado noble para serlo. –Le comentó Cúchulainn sonriéndole. Emiya no pudo sonreírle de regreso, bajó los ojos mirando sus manos. Una nueva preocupación vino a él.
—¿Hace cuánto fue eso?
—Cuando era niño. Diarmuid cuidó de mi a raíz de eso, sus padres también eran druidas…antes de que los fanáticos llegaran. –Le explicó deslizando la mirada por vegetación- …ya sabes lo que hacen…
—¿Él está bien?
—¿Quién?
—Diarmuid… y tú. ¿Están bien dónde viven?
CúChulainn lo contempló por un momento en silencio y luego asintió con la cabeza. Emiya solo pudo compadecerse, no quiso preguntar nada más…se sintió agotado y ansioso por esta conversación. Cú percibió el cambio en su ánimo, pero no parecía sentirse especialmente responsable, en vez de ello buscó formas de distraer la mente de Emiya en otras cosas.
—¿No has intentado pescar en el lago, Emiya? –Preguntó
—Me temo que no soy muy hábil pescando. Merlín suele traerme provisiones.
—¿Quién es Merlín? –Le preguntó casi de inmediato.
—Es un comerciante, ¿no lo conoces? …vive en el otro pueblo. Al otro lado del lago. –Le contestó. Cú hizo un gestó meditabundo…
—¡Ah! ¡Ya sé quién es! –Exclamó- no le compramos nada, por eso no lo recuerdo.
—¿Por qué?
—Porque es un explotador….
—¿A qué te refieres?
—Que no me agrada, y a Diarmuid tampoco-Le explicó – No deberías comprarle nada tampoco, es una mala persona, maltrata mucho a su caballo, que puedes esperar de la gente.
A Emiya se le hacía un poco difícil creerle, no había evidenciado nada parecido en el caballo de Merlín, y también le había tratado con suma educación.
—No creo que sea como dices.
—Lo es…yo lo vi. –Le dijo con seguridad, mirándolo a los ojos. Emiya no pudo replicarle, no conocía a Merlín como para defenderlo por eso no se enzarzaría en una discusión, sin embargo, le intrigaba….
—CúChulainn… -Le llamó Emiya, era la primera vez que le llamaba por su nombre y atendió con gusto girando la cabeza con ojos atentos. - ¿Tienes …otros amigos aparte de Diarmuid?
—Ah…-Estuvo un momento en silencio pensando – Romani, pero él se fue…
—¿Se fue?
—Sí. Por un trabajo, horrible si me lo pregunta, algo como mula de carga.
—Que terrible… -Emiya hizo un gesto. - ¿Por qué no renuncia?
—Nah…no es tan fácil…Lo ha intentado, pero es algo complicado, supongo
—¿Por qué lo dices?
Cú se encogió de hombros, y movió la cabeza.
—Requiere algo de tiempo. Creo que quiere huir, pero no ha visto la oportunidad. –Comentó.
—Quizá necesite ayuda… -Intervino Emiya. Cú asintió en silencio, sus ojos bailaron a su alrededor distraídamente… pensando en lo que le dijo, pronto su atención se centró en el caballo echado cerca de la casa, no lo había visto antes… - ¿es tuyo?
—Era de mi padre –Señaló Emiya, mirando al caballo. Cú asintió.
Descansaron en las cortas escaleras de la puerta y comieron un delicioso puré de verduras con salsa de carne. El día siguiente, Emiya no trabajó en la cerca, para desconcierto de Cú que al llegar no lo encontró por ningún lado del jardín, estuvo deambulando por los alrededores de la casa y miró por las ventanas, pero no había nadie adentro, el caballo descansaba a un lado de la casa y luego de ir con él y examinarlo, se adentró en el bosque.
Emiya se retiró temprano esa mañana a recoger algunas hierbas y plantas que Merlín le aseguraba podían serle de utilidad, el bosque era un lugar perfecto para que se desarrollaran todo tipo de vida silvestre. También recolectó algunos hongos comestibles y encontró algunos tubérculos rústicos, un hongo altamente inflamable que podría servirle para encender el fuego de la chimenea.
Se adentró un poco más en un terreno lleno de arbustos, donde apenas pudo caminar, reconoció una hierba venenosa que esquivó cuidadosamente y se encontró con una recompensa de arándanos.
Algunos animales pequeños salieron en la huida mientras él se acercaba por los frutos, levantó los ojos cuando no se sintió solo y busco a su alrededor la fuente de la presencia. Se impresionó ver a Cú a unos metros aproximarse, realmente sentía que no podría huir de él.
Pero este pensamiento desapareció´ cuando lo vio correr hacia él y detenerse en medio de los arbustos.
—¿Cómo me encontraste? –Le preguntó.
—No estabas en casa… ¿Qué pasa? ¿Qué haces? –Quiso saber mirando lo que tenía en aquella canasta. Asintió con la cabeza al deducir lo que estaba haciendo. –
—Hoy no trabajaré en la cerca. –Le apuntó. Pero esto no significó nada para Cú, que asintió nuevamente con la cabeza, miró en cambio el arbusto de arándanos y sacó alguno con los dedos.
—Sé un lugar donde hay más de estos. –Le anunció señalando los frutos, se llevó uno a la boca. – pero no te gustará ir. No sabes nadar
—Es al otro lado del lago.
—Así es, también hay moras… es un desperdicio, bueno al menos las ardillas y los caballos comen, pero viene el frio, y no crecerá nada por aquí. –Emiya asintió, no se aventuró a decir nada… puesto que no deseaba ir a aquel lugar.
Emiya lo miró atentamente, no tenía el camisón y comenzaba a percibir unas pequeñas marcas en su costado.
—¿Qué es eso? –Preguntó acercándose para examinarle. Cú también buscó mirarse, alzó el brazo y se dio cuenta que este también tenía aquellas rosetas, como picaduras.
—No lo sé… -Admitió, y se tocó la piel, no dolía, pero pronto comenzaba a picar, y se rascó. – Pica…
Emiya examinó su alrededor. Retuvo las manos del otro para evitar que se rascara.
—Tocaste hiedra venenosa. –Diagnosticó.
—¡Que! ¡Yo no toque nada!
—Vamos… -Le tomó de la muñeca y caminaron con cuidado hacia la casa.
Al llegar a la casa, la comezón se agudizó. Emiya le prohibió rascarse, para mala suerte del hombre, no tenía ungüento para este mal y rápidamente juntó todos los ingredientes en el motero bajo los ojos ansioso del otro que admiró como trituraba cada uno junto a otro con extrema rapidez.
—¿Esa es…igual que la otra vez?
—No. Volteate. –Le ordenó. Obedeció y experimentó un estremecimiento de alivio en la medida que Emiya deslizaba la crema verde en su espalda. Olía raro a pasto y algo de tierra mojada.
La esparció muy bien y repetidas veces por su costado, debajo del brazo y por su cintura. Aun picaba y Cú no pudo evitar pasar sus dedos por su cintura, se encontró con los dedos de Emiya y lo atrapó por un breve momento, ambos se miraron.
—¿Qué es? –le preguntó estando muy cerca el uno del otro.
—Una medicina…ayudara a eliminar la irritación.
—Me sigue picando –Le dijo incomodo, con mirada suplicante, quería rascarse, solo entonces, Emiya se dio cuenta que CúChulainn tenía uñas un poco largas pero limpias, suponía por su actividad de nado.
—Eso te pasa por andar desnudo en el bosque.
—No seas cruel conmigo, estaba buscándote. –Se excusó con la mirada de perro pateado. Movió una de sus manos, pero Emiya la detuvo en el acto con rapidez.
—No te rasques, te desgarraras y será peor. -Le ordenó el otro – dejame ver tus piernas.
Cú obedeció colocándola muy rectas, la papilla llegó a las pantorrillas, se quedó muy quieto, mirando los dedos del experto en su piel enrojecida.
—No puedes mojarte con esto, sino no funcionara. –Le advirtió. – tampoco te rasques.
—¿Puedo sobarme, aunque sea?
—Sí, solo ten cuidado y no te lastimes.
El hombre de largo cabello sonrió, sentado con las piernas al frente miró los ojos concentrados de Emiya, cuando hubo terminado, movió un poco los dedos de los pies y apoyó la cabeza de sus rodillas; sus miradas se encontraron y una sensación extraña comenzó a envolverlos a ambos.
—¿Puedo pasar la noche aquí contigo? –le preguntó Cú. Detectó una ligera turbación en el interior de los ojos del sanador, el otro lo miró con ojos suplicantes, que supo había funcionado cuando desvió la mirada. - Puedo dormir frente a la chimenea.
—Está bien. –le respondió con una voz baja – Ahora dejame vendarte, así no te rascaras mientras duermes.
Aquello fue lo peor que Emiya pudo hacerle a este hombre, aunque ciertamente no podía rascarse y por tanto lastimarse, condensar la irritación en la crema verde no evitaba que sintiera una ligeras pinzadas de comezón.
Emiya le proporcionó otro camisón, más grueso, azul y suave, con largas mangas y unos pantalones del mismo material para que pasara la noche. Hacia frio en el exterior y podía verse las primeras señales de la lluvia. Cerraron todas las ventanas y Emiya consideró hacer unas cortinas, no le gustaba mirar las ventanas de noche…se sentía observado.
Tiró algunos leños más al fuego y le ofreció una colcha blanda y gruesa rellena de paja, con la cual podía abrigarse en toda la noche, estas atenciones conmovieron el corazón del invitado. Era tan feliz con tan poco y se sintió cómodo en ese pequeño espacio. Incluso se acercó a proporcionarle una avena con leche.
—¿Por qué estás aquí solo, Emiya? No pareces una persona desagradable. Tienes un corazón amable a pesar de verte tan…rudo.
—Es algo …complicado. –Manifestó carraspeó y sintió que sus mejillas le hormiguearon.
—Cuéntame, no se lo diré a nadie.
—Quizá después… -Dijo, Cú bajó los labios, que raro era este hombre, tenia, en ocasiones reacciones como un niño. – Me siento cansado… Quiero ya dormir.
—No te vayas, hablemos de algo antes de dormir. –A diferencia de Emiya, Cú parecía estar lleno de energía.
—¿De quieres hablar?
Ambos estaban bajo el calor de la chimenea, y escucharon al poco tiempo la lluvia golpear contra la casa y el suelo, inclemente.
—Ah, no lo sé. ¿Tienes amigos?
—algunos pocos.
—¿Cómo son?
—Complicados, una de ellas tiene un temperamento difícil, pero es muy determinada, otra es terca, pero es buena persona. Luego esta Arthur…un amigo de mi padre y mío. El resto, eran pacientes, mayores, antes eran pacientes de mi padre…
—¿y ahora son tuyos?
—No…de hecho –Le respondió, Emiya parpadeó lentamente- ya no.
Emiya bostezó cubriendo sus labios con la mano. Cú lo admiró en silencio, su cabello blanco, sus ojos claros y mirada distante.
—¿Lo extrañas? –Preguntó con cautela.
—¿Qué?
—A tu padre…
—Sí…mucho. –Admitió y Cú se dio cuenta de cómo sus ojos se entornaron en su expresión de pena. Se arrepintió de preguntar algo así, pero no podía evitarlo, personalmente el no extrañaba a sus padres…
Llevó una de sus manos al cabello blanco y le brindó unas pocas caricias que Emiya cansado y sentimental ahora no pudo evitarlo, hacia tanto tiempo que era privado de algo similar.
Se despidieron poco después. Cú se acostó frente al fuego y cerró los ojos de inmediato, a Emiya tampoco le costó mucho el dormir profundamente, tuvo sueños raros, de imágenes y situaciones bastante inentendibles, entre agua, sangre y el sentimiento imperativo de correr y esconderse, a mitad de la noche algo lo sacudió suavemente.
—Emiya…el fuego se apagó ¿Puedo dormir contigo aquí?
No respondió ante aquella pregunta, pensando que se trataba de un sueño, el cansancio y la soñolencia eran tal que no meditó acerca de algo y su mente no le prestó la más mínima atención.
Sintió la cama hundirse un poco, una superficie suave y algo tibia tras de su espalda, algo le cubría el cuerpo, envolviéndolo por completo, sintiéndose incapaz e indefenso en su mente, la presencia se tornó más caliente y agradable, reteniéndolo en una sola posición, pero las imágenes se alejaron.
