Al día siguiente al despertar encontró a Cú chulainn envuelto en sus ropas y se preguntó internamente ¿Por qué estaba allí? La lluvia fue especialmente fuerte aquella noche, que apagó el fuego de la chimenea, encontrando la respuesta a la pregunta. Pensó en hacer una protección sobre la boca del techo. El cabello y la piel del otro hombre estaba seca, respiraba por la boca, totalmente laxo y con una felicidad envidiable habitando en el mundo del sueño…

Él lo admiró dormir, en silencio, con la luz clara de las ventanas a los lados de la cama…admitía que tenía facciones hermosas y salvajes… Su cabello largo y oscuro, ahora tenía un aspecto diferente, más claro y liviano, a tocarlo con cierta reserva lo encontró suave…pero sintió que sus dedos se atascaron… no sabía desde cuando no cuidaba de su cabello y Emiya sintió deseos de peinarlo…

Emiya despertó a Cú Chulainn que se había rodado a su espacio en la cama una vez libre. Al abrir los ojos, lo encontró renovado y elogió la suavidad de aquella cama, también diciendo, a tono de broma que era una pena que no pudiera compartirla como era debido.

Comieron en silencio y Emiya le indicó que le cambiaria los vendajes, el proceso fue un poco menos fastidioso, aunque no picaba tenía la piel irritada aun, las manos de Emiya eran muy amables y cálidas e internamente le proporcionaban cierto bienestar. Gimió de gozo en unas ocasiones mientras le bañaba la esquina de su espalda con esa crema verde, Emiya se paralizó en el acto totalmente avergonzado por las indecencias de este hombre, Cú solo podía reírse por reacciones tan mojigatas.

Luego de unos momentos en que Emiya limpiaba la chimenea de la humedad, Cú estuvo acariciando al caballo que comía del pasto, entretenido de su cuidado... Poco tiempo después retomaron el trabajo de la cerca, aunque con mucha más lentitud de antes…No encontró razones en Emiya…

Diarmuid apareció de forma repentina asustando a Emiya, pobre hombre que tenía que soportar las apariciones de hombres hermosos y casi desnudos sin aviso alguno ¡Iban a matarlo de un ataque al corazón!

—Estaba preocupado. No apareciste en toda la noche. –Se expresó el hombre mojado de pies a cabeza- la lluvia de ayer fue bastante pavorosa.

—No te preocupes, estuve toda la noche con Emiya. –Le expuso con la mayor tranquilidad, para Emiya el corazón se le sacudió de nervios por lo que terrible que sonaban esas palabras.

—¿Te lastimó? –Preguntó Diarmuid mirando las piernas de su amigo.

—Oh no. Fue hiedra venenosa. No me puedo mojar o si no, no funcionara su cosa mágica…digo medicina-Le explicó. Las facciones hermosas de Diarmuid se impresionaron.

—Eso es terrible… -Le dijo, pareciera que el agua era muy vital para ambos hombres. - ¿Ni un poco?

Cú miró a Emiya como pidiendo una aprobación. El sanador suspiró un momento.

—Está bien, pero debe colocárselo de nuevo. –Diarmuid asintió en silencio.

—Gracias. –Le dijo a Emiya con expresión solemne. Había algo agradable en sus palabras que calentaron el interior de su pecho, pero Emiya evitó dejarse llevar por estos sentimientos, amables y contagiosos de cual su espíritu estaba hambriento. - Eres muy bueno sanando males ¿Por qué alguien como tu esta solo en este lugar?

—Los anteriores no eran tan agradables. –Comentó descuidadamente Cú

—¿Conocieron a los que estuvieron antes aquí? –Preguntó Emiya algo sorprendido.

—Claro –Dijo Diarmuid y no hubo ningún estremecimiento en su voz. - Todos viejos desagradables, uno de ellos intentó matar a golpes a Cú por que tomaba el sol en orillas del lago.

"Seguro estaba desnudo" pensó Emiya y no sabía si sentirse mal o reírse.

—¿Cómo era que se llamaba? –Quiso recordar Cú, un tanto divertido. Diarmuid se encogió del hombro.

—Que importa ya.

—¿Por qué se fue?

—Bueno…-Diarmuid meditó antes de decir- Muchos no soportan estar solos en un lugar así. Comienza a ver cosas…Creo que realmente no quieren estar solos y se inventan demonios.

Emiya lo miró atentamente a ambos.

—Pero tú no eres así ¿verdad? –Inquirió Cú enterrando su mirada en el rostro del albino

Emiya miró dentro de los ojos de Cú Chulainn, había una expectativa en la forma que lo miraba, con suma insistencia.

—Espero que no. –Respondió poco después. Diarmuid sonrió y hubo algo oscuro en sus ojos cuando lo hizo.

—…Por cierto Emiya… pronto se acerca el Samain…-Le comentó, Cú deslizó discretamente la mirada hacia su amigo, con suspicacia.

—Emiya no sabe nada de eso…

—Lo sé-Replicó el aludido, para sorpresa de Cú que volvió a verlo con los ojos como platos.

—¿Lo sabes?

—Sí, solía celebrarlo con mi padre, antes…sabes –Le indicó mirando con atención al hombre, Cú parpadeó mucho, procesando tal información y poco después, experimentó cierta alegría de saber más sobre Emiya. – Solíamos hacer comida para ellos.

Cú sonrió visiblemente emocionado y pronto quiso saber más. Bombardeó a preguntas al hombre.

Diarmuid miró hacia la casa…sin escucharlos aparentemente.

—Yo también solía hacerlo. –Dijo distraído, luego entornó la mirada. Emiya guardó silencio sabiendo el final de los padres de los dos hombres…

Emiya pensó en solicitar algunos nabos a Merlín para esas noches, eran tres días en donde según tenía entendido los muertos y espíritus poseían total permiso de caminar junto a los vivos, recordó entonces a su padre y se sintió un tanto deprimido por que lo extrañaba profundamente en estas fiestas que ahora debían de celebrar en secreto.

Pero las mañanas siguientes no había visto a Merlín pasar por el camino donde solía pasar y se sintió contrariado. Deseaba preparar las ofrendas para esa noche, de modo que fue al pueblo para la adquisición de lo que requería, el viaje fue algo largo y fastidioso, hacía tiempo que no viajaba.

Prefirió hacer todo rápidamente y no llamar mucho la atención, de modo que compró lo necesario, pero cuando iba de salida se encontró con un rostro conocido que lo reconoció. Arthur lo retuvo mirándole con suma alegría.

—¿Cómo estás? Cuanto tiempo, hace ya meses que no te veía-Le abrazó amistosamente.

Hablaron de muchas cosas, Emiya comentó que no estaban tan solo como esperaba y eso estaba bien puesto era una compañía agradable y productiva.

—¿Cómo se llama?

—Cú Chulainn, vive en el otro pueblo- Arthur asintió mirándolo con atención – es a veces un salvaje, pero no creo que sea mala persona, un poco …incontrolable, pero es muy trabajador y energético.

—¿Y cómo se llama el otro?

—Diarmuid…no se mucho de él, pero es amable. –Le comentó. – Sabes…sus padres eran …ya sabes…

—Ahh…-Arthur de inmediato comprendió, miró dentro de la carreta de Emiya por un breve momento – Nosotros también…¿quieres algunos nabos?

Emiya lo encontró conveniente, asintió.

—¿Pasaras solo la festividad? –Preguntó Arthur, hubo un tono de preocupación en su voz.

—Si todo resultaba bien, no debería haber ningún problema. -Le indicó este.

—Son tres días. –apuntó el noble rubio.

—Estaré bien –Le manifestó. – No quiero que se metan en problemas.

—Eres demasiado noble, Emiya, en ocasiones muy terco. –Le replicó Arthuro guardando los nabos dentro de la carreta. – Podría ser como antes, con Taiga y Tohsaka…

El hombre no dijo nada. Miró profundamente a Arthur y en esta mirada se escondía su respuesta, ya nada sería como antes.

—¿No has visto a un comerciante llamado Merlín por aquí en estos días?

—¿Merlín? –Arthur se desconcertó un poco por esa pregunta, pero se recompuso recordando – Creo que lo he visto un par de veces pasearse por el mercado. Pero últimamente no lo he visto… ¿Por qué?

Emiya entonces le contó que papel representaba Merlín para él.

—Sí logro verlo le diré que lo necesitas. –Indicó el hombre más pequeño. Sonriendo se despidieron, Arturo le prometió visitarlo una vez terminara el año Oscuro. - ¡Por favor cuidate!

Los días pasaron y Emiya junto a Cú chulainn trabajaron arduamente en terminar la cerca que rodeaba la casa. Ahora había mucha más urgencia puesto comenzaría La Festividad. Merlín no dio señales en los días próximos y cuando hubieron terminado la cerca, Emiya instaló una de las lámparas en lo alto del umbral de la entrada. No estaba de más decir que Cú estaba completamente sano y ya no necesitaba rascar ninguna parte de su cuerpo, aunque …no de la forma en que uno podría imaginase.

Ante su piel saludable, de nuevo dijo eso de Emiya, que era mágico y le tumbó en un abrazo apretado y estrecho, llenándole de besos en la cabeza, el hombre se trastornó, pero no le apartó con demasiada fuerza o voluntad. Dentro aún tenía un corazón distinguido que se contentaba con el bienestar de los demás, aunque amargamente no podía hacer mucho con todos o con los que no deseaban ser ayudados.

Cú parecía muy feliz estando con él y eso, suponía, era suficiente para su corazón tímido y noble se sacudiera de forma deliciosa.

Un buen día Arthur apareció en la casa de Emiya para su gran sorpresa, confesó que se había perdido en el bosque, pero un amble hombre le ayudó a encontrar la casa de Emiya, se sorprendió bastante ante su apariencia, pero recordó lo que Emiya le había contado, y en seguida supo o creyó saber que se trataba de Cú chulainn o Diarmuid.

—Cú no puede ser –Le dijo mientras le servía la taza de té – Estaba aquí hace un momento.

—Oh, Entonces debió ser Diarmuid…tenía ese lunar debajo del ojo.-Le dijo poco después. - ¿Por qué andaba con esas fachas? Pobre hombre, debí darle algo para abrigarse, me siento mal ahora.

—No son muy aficionados a vestirse de hecho. Cuando vienen a este lado rara veces están vestidos-Emiya ya estaba curado de sus bellas apariencias, el rostro de Arthur sin embargo parecía cambiar de todos los colores al imaginar a Diarmuid, de portes tan noble completamente desnudo.

—Que escándalo, podría a ofender a alguien de esa manera. -Le susurró el joven rubio. Emiya sonrió internamente, seguro habría de haber ofendido a muchos - ¿Cuándo podre conocer a tu amigo Cú chulainn?

—En este momento, no lo sé, pronto será la festividad y ellos dos andan en son de prepararse. – repuso Emiya.

Charlaron y Emiya le comentó sobre la cerca a la cual Arthur elogió sorprendido, tenia de base gruesos troncos firmemente enterrados en la tierra todos del mismo tamaño y altura. Podría de esa forma criar a algunos animales….

Emiya parecía satisfecho en ese lugar y eso podría verlo en su aura, estaba más fuerte y saludable que nunca, pero aún le preocupaba que pasara la Festividad solo en un terreno desconocido y tan cerca de un lago…que no sabía que misterios podría tener.

—¿De verdad pasaras la festividad solo? –Le preguntó nuevamente antes de irse. Emiya evitó mirarlo, y suspiró pesadamente. Ahora no estaba del todo seguro de cómo responder a esa pregunta...Arthur que era especialmente hábil en leer a las personas, lo miró largamente. No quería avergonzarlo más de lo que internamente estaba …

Se despidieron con el cariño de los que se conocen por mucho tiempo, Arthur atravesó el bosque con su caballo y Emiya realmente esperaba que no lo atrapara la noche.

Pensó, estando solo, mientras preparaba las lámparas que colocaría en su casa sobre invitar a estos dos hombres a la Festividad, su corazón dudaba… pero no vio a Cú Chulainn el día siguiente…ni el siguiente. Ni el próximo a ese.

Su interior se inquietó y mientras en la soledad de su casa realizaba sus oficios un sentimiento de oscuridad se inclinaba sobre el envolviéndolo.

Recordó las palabras de Diarmuid. Quizá tenía razón, algo había cambiado en él. No quería estar solo, no en ese momento. Y aunque por ese momento se sintió perdido y falto de la motivación que siempre tenia se obligó a terminar lo que habia empezado.

Preguntándose ¿Dónde estaba el energético hombre? Habían pasado días desde que lo visito, exactamente desde que Arthur o visitó. El jardín se encontraba limpio y con el césped recortado…pero Emiya lo sitió terriblemente amplio y la cerca asfixiante. Un sentimiento de preocupación se cernía sobre el…

El primer día del Samhain, Emiya estuvo colocando los nabos cerca de la entrada, observó entonces los fuegos fatuos aparecer en la entrada del bosque, pero no les tenía miedo, uno intentó meterse en un nabo y fue imposible sacarlo hasta que se apoderó de dicha lámpara ardiendo felizmente; este lo colocó con mucho cuidado encima del tronco de la entrada, junto con otro colocado justo al lado.

En ausencia de Cú había construido un pequeño techo en la chimenea cuidando de no quedarse sin fuego por si llovía. Cuidó de su caballo, colocándole algunos de los amuletos que recordaba su padre les ponía a los animales de su hogar.

Dejó algunas frutas, hortalizas, dulces de harina y mermelada en la entrada junto a un cántaro de vino e hidromiel e hizo las oraciones correspondientes por un momento, su caballo intentó comer algo de allí pero no se lo permito puesto que tenía una canasta solo para él y lo ató a un lado de la cerca donde se echó a comer felizmente.

En un determinado momento pensó que se había desatado, cuando sintió algo olfatearle la corona de la cabeza y se dio cuenta que era otro caballo, nunca lo había visto, no, mentía, si lo había visto antes, tenía el grill rojizo, ojos profundos y fríos de un color verde, era el caballo de Merlín o eso pensaba, no…estaba en lo correcto era el caballo de ese hombre.

Lo percibía enorme, con un pelaje brillante, rojo. Se inclinó hacia la canasta y comió de la ofrenda, Emiya pensó en detenerlo, pero algo le decía que no debía perturbalo, miró discretamente a su alrededor, pero no vio rastro del hombre comerciante por ningún lado. Entonces se dio cuenta que aquel caballo no tenía bridas y que luego de comer un poco levantó la cabeza y se marchó hacia el lago para meterse en él. Emiya se paralizó por un momento, sus huesos se helaron al admirarlo, como desaparecía en la oscura agua.

Sin embargo, se sintió a salvo de que aceptara sus ofrendas sin nada más y al parecer ya no iba a volver. Dio una última mirada al exterior de su casa, Merlín no estaba por ningún lado…deslizó la mirada hacia su caballo y lo encontró cohibido, temió no poder meterlo en la pequeña casa y darle seguridad, así que lo consoló acariciando su grill, ambos sintiéndose solos.

Intentó dormir esa noche, pero escuchaba que alguien tocaba su puerta, con la lámpara atendió abriéndola lentamente. Había una mujer con un largo manto negro que tenía la canasta en su mano, tenía un rostro pálido y ojos dorados muy profundos y atentos, se miraron largamente, esa mujer sacudió un poco la canasta y Emiya un poco vencido por el sueño comprendió más o menos lo que quería decir.

Le pidió que esperar y cerró la puerta lentamente, la mujer no se movió de allí en ningún momento, las luces de los nabos contoneaban su figura y hacia brillar su cabello negro oscuro como la noche.

Al abrir la puerta; Emiya le entregó una docena de galletas con mermelada. La mujer bajó los ojos hacia la ofrenda, satisfecha, pero sin decir nada se retiró de la entrada y la vio alejarse lejos del umbral de la entrada y el fuego fatuo.

Algo similar ocurrió horas después, pero fue un poco más amable…e inusual, Emiya jamás había visto a un hombre mitad caballo, casi no entraba en el portal de la entrada de modo que estaba en el jardín. Emiya dudo en platicar como había visto a su padre hacerlo hace años…

—No temas, me llamó Chiron ¿tendrías un poco de Hidromiel? Me marcharé en cuanto pueda mojar mis labios –Le aseguró. Emiya buscó el brebaje. En ocasiones los espíritus podían ser algo caprichosos con sus ofrendas. -¿Estás aquí solo?

—Así es. –Tampoco era bueno mentirles. – Con mi caballo, claro.

—Veo que eres bueno con él. –Le señaló el centauro- Parece feliz.

—Eso parece. –Apuntó Emiya –

— Usted, en cambio, no lo parece.

—Ah, no es por usted, no piense mal.

—Descuide. Veo perfectamente que no soy quien esperaba. –Le indicó el ser benevolente- ¡Esto esta delicioso! Tiene mi agradecimiento, ahora puedo continuar mi viaje.

—¿Visitara a alguien?

—Ah, así es. A un antiguo amigo y estudiante.

Emiya recibió el recipiente donde había servido el líquido y se despidió del noble ser. Luego de ello decidió llenar de comida la canasta en la entrada y pronto concluyó poner otra, de esa forma logró dormir toda noche. A la mañana siguiente estaban vacías… se quedó por un momento en la entrada de la cerca, mientras comía, esperando si podía ver a Merlín, pero solo pequeños animales surgieron o eso creyó ver…

Una figura pasó por el camino en el cual Merlín atravesaba habitualmente, pero esta era invisible, Emiya solo lo sintió, como una presencia inexplicable.

Se alejó de allí y atendió a su caballo que peinó y alimentó, aseguró muy bien su amuleto para que los espíritus traviesos no lo fastidiaran y habló un poco con él. Luego apagó los fuegos de los nabos y cambió las velas, el nabo del fuego fatuo no había consumido la vela de ninguna forma y sabía que le agradaba arder dentro de ese vegetal.

—Pero debes irte cuando terminé la festividad ¿entiendes? –Le advirtió al fuego.

El segundo día de la Festividad preparó algo de carne y cocinó algunos panes de nueces…el proceso fue especialmente tortuoso pues no dejaba de pensar en donde estaban sus dos amigos…si, se sorprendió al considerarlos amigos…pero ahora se sentía algo solo… Talvez debió proponerles celebrar Samhain juntos antes de que se marcharan, la idea lo atormentó durante la espera de los panes.

En la tarde estuvo al borde de la roca, recolectando algo de agua para bañarse y dar de beber a su caballo. Hizo dos recorridos solo por mero capricho esperanzado de verlos aparecer en el lago. Pero solo vio el agua oscura y tranquila, en ella solo admiró su reflejo. Luego de tener el agua, recorrió el largo del lago en un paseo con su caballo solo para estirar las piernas y ver si podía encontrarse a Merlín…Algunos fuegos fatuos le seguían quizá buscando arder en algún nabo o algo…

Regresó a casa sin éxito en su búsqueda y con algo pesado en el corazón como a quien se lo rompen. La noche se le hizo casi interminable, sentado junto a la chimenea y vio figuras en su ventana, era pequeñas hadas que querían llamar su atención y le pedían miel, le asomó una copa con miel poco después y habló un poco con ellas, sintiéndose triste… ellas le consolaron y le hicieron compañía contándole tiernas historias que le hicieron las horas más agradables.

Logró dormirse por un momento indeterminado, pero al abrir los ojos aún era de noche, seguro pasada la media noche, el fuego, aunque estaba andando y lo avivó aún mas con algunos maderos, pronto escuchó que alguien tocaba la puerta, la abrió lentamente y al ver a la persona frente así reconoció a un joven de vestimenta blanca y cabellos verdes hasta las rodillas. Le sonrió con amabilidad y le pidió algo de miel…

Emiya se la entregó y este la bebió con lentitud, de repente algunas hadas aparecieron a beber un poco, eran bastante golosas.

—Oh, amigo, no parece muy feliz… -Le apuntó el joven misterioso mirando su rostro.

—Solo estoy cansado. -Pero no era así, y el misterioso joven lo sabía, solo podia compadecerse de él. – Iré a dormir dentro de poco

—Ah, recuerde las ofrendas en la entrada…pronto pasará un gran desfile, ¿Por qué no nos acompaña? –Le ofreció con amabilidad- seguro se contenta.

Emiya lo pensó muy bien pero no tenía muchos ánimos de pasearse por allí, en otro tiempo hubiera aceptado. Denegó la oferta y para contentar a su invitado le sirvió otro poco de miel que aceptó jovialmente.

—Tienes un corazón generoso. –Le dijo con un corazón contento –todo lo que siembres aquí dará bueno frutos y los animales vendrán a entregarse a ti en el invierno, adiós amigo, amigo de noble corazón.

Se alejó de la entrada y pronto desapareció. Luego de ello Emiya lleno de panes de nueces las canastas y dejó miel en un cántaro. Nuevamente sintió algo acercarse, una presencia y se quedó muy quieto, dos caballos oscuros se acercaban, eran tan negro que apenas pudo distinguirles, solo hasta que el fuego lamió su piel lustrosa y brillante, goteaban agua por todos lados, mirándolo profundamente, sus ojos eran oscuros e inquietantes, sus pasos parsimoniosos, elegantes y majestuosos. Arrodillado frente a las canastas, Emiya sintió un frio lamer su espalda y bajó un poco la cabeza percibiendo como se acercaban lentamente por encima de su cabeza, uno de ellos tomó un pan de nuez y el otro bebió de la miel poco después, aquel que había comido el pan se acercó sobre su cabeza y parecía entretenido de olerlo, estuvo así un momento, por un breve instante Emiya intentó levantar la cabeza para mirarle, pero este se alejó, dándose la vuelta…perdiéndose en la oscuridad.

En el ultimo día se acercó nuevamente al lago en la mañana y esperó por Merlín, pero nunca pasó. Estuvo un tiempo en la roca esperando a alguien, no sabe bien a quien. Luego creyó justificar a los dos hombres con que seguro no estaban cerca, puesto que eran hijos de Druidas, seguro debían de ir a otro lado y …fueron incapaces de decirles que no estarían allí. Se sintió triste allí, solo en un lago amplio y vacío…pero esto era lo que él quería…

Quería estar solo, alejado de los hombres de ley que perseguían a su padre y a él por tener aquel don que consideraban terrible. Sí, si estaba lejos entonces no perseguirían a sus cercanos

Suspiró y sintió que algo frio se le pegó a la mejilla, en seguida llevó sus manos al rostro, ah, una pequeña hadita, de ojos rojos y cabello blanco, tenía una linda expresión y le preguntó por qué estaba triste.

Oh, se notaba demasiado, para que una hadita tan pequeña se diera cuenta. No sabía si contarle cosas tan complejas, pero simplemente le dijo que se sentía solo y que esperaba poder pasar los días acompañado de alguien en particular. La hadita se indignó profundamente de que tan distinguido hombre no precisamente por algo tan banal con su apariencia estuviera solo y más o menos sintiéndose abandonado.

—Quizá este en el otro pueblo-Le comentó- celebrando con sus amigos…

—Yo puedo ir a verlo. Lo buscaré y le diré que estas muy enojado con él. –Dijo ella.

—Pero no estoy enojado con él.

—¡Yo sí estoy enojado con él!

—No, por favor, no le digas eso. Solo quiero saber si está bien. Sabes que celebrar esto ahora es algo complicado y todos los hacen con mucha discreción. –Manifestó Emiya. – Si los hombres de ley lo encuentran pueden hacerle cosas terribles.

La Hadita era inmisericorde. No comprendía a esos hombres de la Ley, solo entendía que un hombre enamorado estaba solo esperando a su amado.

—Yo le haré cosas terribles. ¡Cuando lo vea le voy a morder!

—No lo hagas, ¿está bien? – Le imploró Emiya. Ciertamente las hadas eran terribles.

Ella no prometió nada, pero se fue a hacer su buena obra a tan desgraciado hombre. Luego de realizar los oficios habituales, en la tarde después de mediodía, Emiya la encontró rondando en el jardín.

—¡No encontré a ningún hombre como me dijiste!

—¿Esta segura?

—Sí ¡Les pregunté a algunas personas, pero dicen que jaman lo han visto! –Seguro a Druidas

—¿Qué me dices de Diarmuid?

—No. Tampoco.

Ambos se miraron largamente pensando y Emiya internamente se angustió ¿y si…lo había inventado todo? ¿y si era como Diarmuid había dicho? … pero Arthur lo había visto, no podía ser imposible, entonces, Cú Chulainn debía de existir. No se lo estaría imaginando … ¿verdad?

Era tan hermoso aquel hombre…no podría imaginar personalidad ni belleza tal.

…Pero ¿y si los hombres de la Ley lo hubieran encontrando? …como a su padre. Le harían un juicio, claro, y lo hallarían culpable, no había de otra…luego lo ahogarían en el lago cercano, lo estrangularían o lo quemaría…depende del humor del juez.

Las ideas lo angustiaron profundamente, sintiendo su cuerpo pesado y su corazón bombeando angustiado, el hada lo tradujo de otra forma, como si la noticia le hubiera roto el corazón…