Capítulo 3

Poderes

—Minamino-kun, mira —sacó una revista de su bolso y se la mostró a su compañero, quién no entendía exactamente hacia donde quería ir con eso. Era una de esas revistas sobre supersticiones, magia y cuanta cosa rara se relacionara. En la portada se podía ver en letras grandes, acompañada de runas y algunos símbolos del zodíaco el nombre "Los astros y yo". Él no podía sentirse más apenado de que le mostrara ese tipo de cosas, pero ni eso era capaz de mermar el entusiasmo que ella mostraba— mira aquí —señaló abriendo la revista y mostrándole un artículo— es un test sobre vidas pasadas ¡Vas a hacerlo!

—Yo no creo que…

—¿No te interesa saber si viviste antes? Mira, a mi me salió —hojeó rápido la revista y encontró una hoja donde ella fue anotando sus respuestas para al final, sumar su resultado. Maya, entusiasmada se sentía al saber que obtuvo el 95% y eso era una certeza de un alma que vivió en varias épocas.

Ella, tenía la certeza de que como lo conocía de antes o al menos, le daba esa sensación, se habrían visto en otras vidas. Quizá en el período Edo o en otro país ¡Quién sabe! La imaginación de la mujer no tenía limites por lo que soñar no le era difícil y tampoco era alguien que sintiera vergüenza de pensar de esa forma como para esconderlo o guardarlo sólo para ella. Todos en el salón conocían los gustos excéntricos de Maya y apenas se estaba estableciendo en el instituto.

Shuuichi era uno de los pocos que le daba cabida con esos temas. A los chicos en el salón no les agradaba hablar de esas cosas, salvo que fuera un caso muy resonado o que diera a una leyenda urbana, poco y nada. Las chicas… estaba muy enfocadas hablando de moda y quién sabe qué otras cosas, Maya lo desconocía pues, participaba muy poco en ese tipo de charlas y reuniones. Con el correr de los días, las chicas que tanto entusiasmo pusieron en conocer a Maya la fueron dejando de lado, en parte, por sus ideas y en parte, porque se acercaba demasiado al chico más interesante y atractivo del instituto y lograba cosas que ninguna antes consiguió. Kurama era bien conocido por leer mucho y prestar poca atención a las chicas de la clase, incluso, había rechazado varias confesiones y en San Valentín jamás aceptaba un solo chocolate ¡de nadie! Mika, una de las chicas más bonitas y populares del salón y del Instituto, se le declaró en San Valentín y él sólo le agradeció diciéndole que no quería una relación. Y ya, no hablaban ni nada por el estilo. Minamino era cortés con todo el mundo, pero no era precisamente alguien muy abierto o lo que se diría, muy sociable. Maya, por el contrario, era de carácter avasallador. A ella le encantaba hablar y no tenía problemas en acercarse a quien sea y contarle de cuanta cosa se le pasara por la cabeza, algo que le facilitaba mucho socializar y hacer amigos… salvo claras excepciones.

—Vamos. Hazlo conmigo ¿Sí? —Ella puso cara de perrito mojado y él ya no supo cómo decirle que no, dejando escapar un suspiro de resignación mientras ella se emocionaba y sacaba una hoja y un lápiz para hacerle las preguntas mientras él se le quedaba mirando antes de que empezará a leer las preguntas y opciones de cada una.

Kurama no entendía qué es lo que le veía de interesante a aquellas cosas. Podría asegurarle que no reencarnaba sino, que iba al mundo espiritual y según su vida, tenía un camino u otro qué seguir. Podría contarle, pero… se limitó a hacer el test de reencarnaciones. Era increíble la energía y el espíritu de esa mujer. Él la recordaba desde su tierna infancia y se daba cuenta de que no había cambiado en nada. Maya seguía siendo esa chica tierna, alegre y un poco loca que siempre lo acompañaba. No recordaba el momento exacto en su infancia, aunque estaba seguro de que era muy similar a esto: así, de la nada, ella había agarrado confianza y empezado a hablarle a diario, discutir y jugar con él hasta que le tocó separarse de ella por su bien. Jamás hubiese pensado que su destino volviera a enlazarse al de ella de esta manera.

—¡Sí! —gritó ella al terminar de sumar las respuestas levantándose de su asiento. Todos sus compañeros interrumpieron su almuerzo y se quedaron mirándola al igual que Kurama que se quedó tan pasmado como sus compañeros— lo siento. Disfruten su almuerzo —hizo una reverencia y poco a poco, las miradas curiosas se concentraron en algo más. Ella suspiró y Kurama se echó a reír— ¡Oye! No debes reírte de una chica cuando acaba de hacer el ridículo.

—Es interesante ver qué te importa tan poco eso —dijo él sin apartar la vista de ella. Maya miró la revista, sus mejillas se sintieron calientes y antes de volver a meter la pata, dobló la revista y le señaló cuál era su resultado.

—Somos compatibles ¡Te dije que te conocía de otra vida! —aseguró ella con tal felicidad que él no se sentía quien para negarlo. Tomó la revista y leyó la categoría que le tocaba en torno a sus respuestas.

—¿Cómo estás tan segura de que nos conocemos de otra vida?

—Tengo un sexto sentido, Minamino. Yo puedo ver más allá de las cosas normales —le guiñó el ojo y ahora sí, se dedicó a su bento— ¿Vas a comerte eso? —señaló la ciruela en su almuerzo y antes de decirle nada, él le ofreció de su comida. Maya aceptó sin dudarlo, agradeciendo y alabando el sabor de la comida. Más, Kurama estaba preocupado por algo que le había dicho:

—¿Qué tanto puedes ver?

—Mmm… te contaré a cambio de algo —negoció dejando los palillos a un lado. Él estaba seguro de saber qué es lo que quería e igual, asintió—. Mi abuelo se fue de vacaciones y tengo que limpiar su casa el fin de semana. Y tú has sido elegido para ayudarme —dijo ella tan radiante que él mismo no esperó semejante propuesta— tú quieres respuestas y yo quiero pasar más tiempo contigo, además ¡la casa es enorme! La ayuda me vendrá de perlas ¿qué dices? ¿Tu curiosidad es tan grande como para darme un sí?

No supo en qué momento ella había adquirido tanta confianza, pero le traía ciertos recuerdos de cuando estudiaban juntos. Maya siempre se acercaba a él y hablaba como si fueran íntimos de toda la vida y siendo sinceros, él tampoco supo en el momento en que ella había saltado esa barrera y se sentía tan cercana a él para tener ese trato. No le molestaba, por el contrario, se le hacía sumamente familiar, como si nada hubiese cambiado con el paso del tiempo.

—Tenemos un trato —dijo él aceptando ir a la casa de su abuelo el fin de semana y por esta vez, ella contuvo la emoción, que estaba a punto de volver a saltar del asiento, pero apretó los puños sin dejar de sonreír, marcándose los hoyuelos de sus mejillas y para evitar decir cualquier cosa, ella sólo tomó los palillos y dio un bocado a su almuerzo más que feliz del triunfo que acababa de conseguir.


El cielo estaba tomando colores morados por el atardecer. Una bonita mezcla entre rosados, azules y morados se mezclaban con unas nubes oscuras que anunciaban una tormenta. Kurama subió a la azotea con los artículos de limpieza, listo para guardarlos cuando vio a Hiei en la casilla de limpieza, durmiendo en el techo.

—Koenma nos dio algo de información. Tenemos que ir con Yuusuke y Kuwabara —le explicó arrojándole un pergamino a Kurama, quien lo atrapó y vio su contenido. Había algún detalle dibujado en el pergamino contando una historia, entre ello pudo ver el recipiente con el que se toparon la noche pasada.

—¿Sabe qué tan avanzado está? —preguntó serio.

—Al parecer, aún no tiene recipiente. Tenemos que encontrarlo y detenerlos.

Hiei no le dijo más nada, aunque él imaginaba qué es lo que podía estar pensando y la gravedad del asunto de ser todo tal cuál la historia. Por lo pronto, pensó en que debían reunirse y contarles a los muchachos sobre lo que estaba sucediendo y pedir su ayuda para agilizar las cosas… aunque no estaban seguros de qué es lo que debían buscar. Guardó el pergamino y quedó de ver a Hiei fuera del instituto, así él iba por sus cosas y no levantaba sospechas al saltar de la azotea, que aunque no viera a nadie cerca, no estaba demás tomar precauciones que pudieran complicarle la vida luego. Cerró la puerta, bajó las escaleras y fue directo al aula, ahí vio a Maya juntando algunos papeles de su escritorio y tirándolos en el cesto de la basura. La notó cabizbaja y se preocupó al verla así pues, justo antes de separarse para hacer la limpieza se la veía sumamente enérgica y alegre como para ver su semblante tan cambiado en tan poco tiempo. Abrió la puerta y ella volteó a ver y le sonrió.

—Minamino —pronunció en voz baja. Tomó el bolso y se acercó hacia él, apoyando su frente en el pecho de Kurama. Él se sorprendió al ver tal actitud de ella— estoy cansada y va a llover. Mi cabello no deja que lo peine —murmuró con un tono apagado, pero fue tan rara su actitud como sus palabras que no podía salir de su estupor.

—¿Te sientes bien? Puedo acompañarte a casa —se ofreció. Ella negó y levantó la cabeza sonriéndole. Y entonces, se alejó despidiéndose hasta el día siguiente, se adelantó. Cuando perdió de vista a Kitajima y quedó solo en el aula, se acercó hasta el cesto de basura y vio que los papeles que ella había tirado no eran otra cosa que la revista con la que le había hecho aquel test raro. También la notó despeinada cuando ella llevaba un lazo sujetando su cabello antes de que fueran a hacer el aseo. Pensó en quién podría haberlo hecho y por una vez, se sintió impotente al no saber cómo ayudarla.


¡Hola, gente linda! ¿Cómo están? Como regalo de Navidad, que no creo que llegue a publicar antes del 25 un nuevo capítulo (aunque si el universo conspira a mi favor ¿quién sabe?). Espero que les guste que como dije, viene con dibujo (que pueden ver en Deviantart) y un poquito más de cositas desveladas y más misterio, que el próximo capítulo va a ser crucial para todo.

Espero que les guste y como siempre, sus comentarios son más que bienvenidos.

¡Felices fiestas!

¡Un abrazo!