Capitulo 4
El nuevo enemigo
La noche llegó más rápido de lo que esperaban ellos. Botan preparaba algo de té y bocadillos mientras todos estaban en la habitación de Yuusuke. Atsuko, su madre, estaba viendo la televisión mientras bebía una cerveza y gritaba cada vez que acertaba una pregunta en el concurso que veía. Además, ya estaba algo borracha, así que prefería no tener que lidiar con ella. Yuusuke ya la había mandado a callar varias veces, discutiendo con ella, pero resultaba más fácil cerrar la puerta de la habitación. Botan les sirvió a todos y se sentó con ellos.
—Koenma-san me dio esto —dijo la joven buscando en su mochila una carpeta con fotografías A4. Las sacó y las dejó sobre la mesa.
—Es el objeto que vimos el otro día —Kurama levantó una de las fotografías y se quedó mirando el jarrón un instante, dándole a Hiei para que lo observara.
—Es una reliquia robada hace más de un siglo. En el mundo espiritual, ya la daban por perdida ya que nunca lograron hallar su paradero ni a los demonios que la robaron. Hubo varios demonios menores que fueron encarcelados por estar aliados con ello, pero jamás dieron a quién tenían el jarrón.
—¿Y qué es lo que hace ese jarrón? Yo lo veo como un feo adorno más —dijo Kuwabara después de verlo, todavía perdido por la gravedad que veía en la cara de Botan.
—Es un contenedor y es muy peligroso. La diosa Ashuri fue sellada en su interior —siguió la barquera. Ninguno dijo nada, pero entendían el por qué era tan preocupante aquello.
El mundo espiritual no tenía ni el control ni la organización que mostraba hoy en dia, a la fecha, había muchas cosas que ellos mismos desconocían de los poderosos habitantes de ambos mundos. Pero con el correr del tiempo, iban logrando administrarlo de manera adecuada con la ayuda de algunos demonios, humanos y otros entes sobrenaturales que se iban añadiendo al gran staff del mundo espiritual, bajo el mando de Koenma. La diosa Ashuri no era la única en aquel entonces que causaba problemas, aunque era la que más trabajo les dio. Sus poderes y ambición eran superior al que hubieran visto antes y estaba dispuesta a ir al mundo humano y sembrar el caos. Convertirlo en su propio dominio donde obtuviera a sus sirvientes, diversión y alimento. Antes, existía una barrera mucho más débil que la actual a la que pudieron causarle una fisura con mucha facilidad, logrando pasearse entre los mundos sin ningún tipo de problema. Ashuri y otros seis dioses que la acompañaban, iban a tomar ventaja de eso y viajar al mundo humano donde se alimentarían de las almas de las personas. Los corruptos le servirían; los buenos los comerían pues, decían que el miedo de un alma pura era el condimento más potente para la comida.
Por ese entonces, los detectives espirituales que tenía Koenma bajo su mando eran cuatro, dos de ellos eran una sacerdote y una sacerdotisa, muy poderosos, especialmente ella que fue la que consiguió sellar a los siete dioses en un jarrón diferente cada uno. Pero la batalla les costó la vida a ambos. El mundo espiritual se hizo cargo de los recipientes, sin embargo, al año de estar en la sede, uno de ellos fue robado y jamás volvió a tenerse idea del mismo… hasta ahora.
—¿Y por qué hasta ahora ha aparecido? —dijo intrigado Yuusuke. Parecía que al fin iba a tener un poco de acción y eso, lo emocionaba. Después del torneo, no había encontrado el mismo sentir ni la adrenalina de tener un combate tan complejo como con los Toguro. Y esto, parecía prometedor.
—Han encontrado un recipiente donde liberar a la diosa. Koenma-san no me dio detalles, pero me dijo que Ashuri no puede liberarse del sello sin un cuerpo.
—¿Tienen alguna idea de quién puede ser? —Kurama preguntó pensativo. No habían visto señales de nada en los alrededores de la mansión cuando fueron a investigar con Hiei. De ser así, podía ser que aún no tuvieran en claro quién sería la persona que liberaría a la diosa o caso contrario, que estuvieran esperando un momento en particular para hacer su movimiento final.
—¡Esa es su misión! —dijo un poco más animada Botan— deben encontrar a esa persona y protegerla hasta que logremos conseguir el contenedor de nuevo.
—¡¿Y cómo carajos quieres que la encontremos si no sabemos nada más?! —Se quejó Yuusuke cruzando las piernas y con las manos sobre las rodillas, molesto por las misiones que le daba Koenma. Suponía que eran capaces de todo porque sí.
—Les daré más información en cuanto pueda. Por ahora, se los encargo —Botan junto las manos en súplica y luego de eso, hizo aparecer su remo y salió por la ventana, despidiéndose de los cuatro.
No era una tarea sencilla, pero iban a tener que buscar alguna táctica para hacer su búsqueda. Por lo pronto, Kurama sugirió volver a la mansión y buscar alguna pista que les pudiera ayudar. Era con lo único con lo que podían contar por ahora.
El fin de semana llegó más rápido de lo que se esperaban y no habían avanzado nada. Estaban tal cual como los había dejado Botan. Más, ahora Kurama tenía que cumplir una promesa con su compañera de Instituto, así que estaba esperándola en el parque Celeste. Maya le había pedido que se encontraran ahí, así llegaban juntos a la casa de su abuelo que no estaba lejos de ese punto de encuentro. Él había llegado unos diez minutos antes, así que se sentó en una de las bancas a contemplar a la gente pasar.
—¡Minamino-kun! —Escuchó la voz de la muchacha tan alegre y vivaz y volteó a ver, poniéndose de pie. Ella corrió hacia su encuentro— gracias por esperarme ¿Hace mucho que llegaste? Lamento la demora. Salí tarde de casa debido a mi hermano ¡No lograba hacerlo dormir! Y papá llegó tarde el día de hoy.
—¿Tienes un hermano pequeño?
—Sí, tiene seis meses y la energía del universo corriendo por sus venas. Es muy animado y despierto para ser tan chiquito —miró el reloj del parque y le dijo que fueran yendo a la casa— ¿y qué hay de ti? ¿Tienes hermanos?
—No, soy hijo único.
Al llegar, sacó un llavero grande y abrió el portón. La casa era una mansión enorme. Tenía un jardín delantero hermoso, con rosas iceberg en la entrada, rodeando el camino hacia la casa, dando la sensación de ver nevado los rosales. La casa era blanca y se encontraba impecable, con arquitectura muy bien cuidada que recordaba a las edificaciones del siglo XVII. Se quitó los zapatos y encendió la luz de la entrada.
—Esto es mucho más que grande —dijo Shuuichi sorprendido por la vivienda, quitándose los zapatos en la entrada y mirando la decoración entre cuadros y antigüedades. Justo al lado de la escalera, había una estatua de la diosa Afrodita y varios otros adornos temáticos que parecían ir cambiando de región según la sala— le gustan mucho el arte ¿No?
—¡Así es! Mi abuelo fue paleontólogo en su juventud, ahora sólo se dedica a coleccionar antigüedades y suele viajar para conseguirlas. Tiene muy mal temperamento, así que lo siento mucho por las personas de la subasta —contó apenada ella— ahora mismo está en una de ellas. Creo que era por un jarrón. O una pintura —dijo pensativa. Ya no recordaba por qué obra había ido de viaje su abuelo, quizá, volvía con ambas que no dudaría en pelear el precio si varias obras le interesaban.
Maya lo llevó a una de las habitaciones del segundo piso. Su abuelo había comprado un piano para ese sitio y quería renovarlo, así que debían limpiar y vaciar cajas, que estaba todo lleno de papeles, libros viejos y algunas otras cosas que ya no se usaban ni tenían ningún tipo de valor. A excepción del piano, todo lo demás era como esos cuartos que se usan para guardar cachivaches. Le explicó con qué quería que la ayudara y qué cosas bajar para luego, comenzar a sacar absolutamente todo y revisar caja por caja. Los libros lo conservaría y alguna otra cosa más que pudiera ser de utilidad, aunque sería lo mínimo indispensable: Maya tenía la estricta orden de deshacerse de todo lo que estuviera en la caja y dejar la habitación limpiar.
—¿Sabes tocarlo? —preguntó Shuuichi mirando el piano.
—No, mi abuelo quiere aprender y lo consiguió hace poco —se acercó a mirar el piano— yo soy pésima para la música, no sabría distinguir un DO mayor de un DO menor —dijo ella dándose un golpecito en la cabeza, apenada— aunque estoy segura de que tú podrías ¿no? Eres el mejor alumno de la clase y no parece que se te dificulte estudiar ¿cómo haces? —preguntó ella con un poco de esperanzas de un día tener esa facilidad para estudiar. Ella no era tan buena en el instituto, tenía notas regulares y era cabeza dura para algunas materias, aún así, parecía dar siempre su mejor esfuerzo para todo.
—Me gusta la música, aunque no creo tener habilidad para ello —respondió Shuuichi con una sonrisa. Lo cierto es que era una aventura seguirle la conversación a veces, que hablaba demasiado y rápido— sobre el estudio, creo que se me da bien memorizar las cosas. Si alguna vez necesitas ayuda, dímelo.
—¡¿En serio?! —Maya brincó de la alegría enlazando sus manos al frente mientras le brillaban los ojos, emocionada de tener el permiso de él para molestarlo en cuestión de estudios— no sabes todo lo que te voy a agradecer ¡ya sé! Dime ¿cuál es tu comida favorita? Lo prepararé yo misma para ti.
—No hace falta —la detuvo él, pero ya se le había metido la idea en la cabeza y no parecía que sus palabras fueran a hacerla cambiar de opinión.
—¡Vamos! Dime. No seré una chef profesional, pero me defiendo bastante bien en la cocina y te lo demostraré —la determinación de Maya hizo aflojar a Shuuichi y sonrió diciéndole qué es lo que le gustaba.
—El udon, es mi favorito.
—¿En serio? Por poco pensé que me ibas a pedir algo más elaborado ¡tengo eso! Lo haré para el almuerzo ¿te parece?
El asintió y comenzaron a repartirse el trabajo. Maya estaba muy cómoda hablándole de varias cosas, incluso, de su pasado. Shuuichi se dio cuenta de que la flor hizo efecto en ella cuando le contó algunas anécdotas de su infancia y no lo mencionó a él, cuando habían sido compañeros hasta la secundaria baja. Por un lado, era bueno, por otro lado, le molestaba, pero no podía decir nada al respecto, después de todo había sido su decisión alejar a Maya de su vida, sin pensar que ella iba a volver a verlo años más tarde.
Apilaron algunas cosas y Maya bajó después de él con unas cajas, eran bastantes, así que debían ir sacándolas de a poco. Shuuichi insistió en encargarse él de la parte más pesada, pero ella se negó rotundamente. Después de pedirle su ayuda, no podía exigirle que hiciera esas cosas o que se llevara todo el trabajo pesado él sólo. Y terca como era Maya, no aceptó un no como respuesta. Bajo las escaleras y una revista cayó de una caja cuando llegó a la planta baja, Maya la piso y las cajas cayeron de sus manos. Eso no hubiese sido el problema de no ser porque el jarrón que estaba a su lado salió volando con las cosas. Shuuichi se preocupó de que ella pudiera herirse, sin embargo, lo que le sorprendió fue verla a ella en el suelo y al jarrón flotando sobre su cabeza.
—No se rompió —dijo ella aliviada y luego, al darse cuenta de lo que había hecho y ver la expresión de asombro de su compañero, no supo qué decir. Era parte de su trato, pero no pensaba mostrarle de buenas a primeras sus habilidades. No obstante, era Maya, así que pronto se puso de pie y actuó como si nada, tomando el jarrón y colocándolo en la columna al lado de la escalera. Él se acercó y la ayudó a recoger las cosas y luego, las llevó fuera. Apenas él volvió, Maya sugirió tomarse un descanso y fueron a la cocina. Había muchas cosas de qué hablar.
¡Hola, mis amores! ¿Cómo están? Espero que bien y que hayan disfrutado del capítulo ¿les gustó el dibujo? Fue sencillo y rápido, quería actualizar, pero no quería actualizar sin un dibujo de este capítulo. Espero llegar a hacer algo más elaborado para el próximo, por lo pronto, les dejo este.
Sobre el capítulo, debo decir que no sé cuál es la comida favorita de Kurama. Busqué bastante sin hallar nada de eso, así que como en Japón se hizo un café con comida inspirada en los personajes, me tomé la libertad de elegirla yo. Como a Kurama le hicieron unos fideos con una pasta verde y salmón, me decanté por los fideos udon. No sé si Togashi haya puesto qué le gusta (lo más probable es que no, que ya estaba harto de los personajes), pero si alguien sabe, me avisa en los comentarios.
¡Un abrazo!
