Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.
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Capítulo 1: Juntos al fin
Aquella tarde juntos había sido magnífica. Desde el momento en que Yi Jeong se apareció en la escuela donde Ga Eul enseñaba alfarería a los niños, todo se había vuelto como un cuento de hadas. Habían pasado cuatro años desde la última vez que lo vio y durante todo ese tiempo apenas y habían logrado mantener el contacto debido a la agitada vida que llevaban los dos. Pero hoy, después de que ella se despidiera de los niños, Yi Jeong la había llevado a una inesperada "cita". Estaba emocionada luego de sólo haberle visto por unos segundos cuando él entró a demostrarle que había cumplido su promesa, que, efectivamente, ella había sido la primera persona a la que él buscó cuando regresó a Corea, pero no esperaba que él incluso se quedara ahí hasta su hora de salida.
—Sunbae… –dijo la chica avergonzada, al darse cuenta de que ambos ya habían llegado a la casa de ella y de que afuera hacía demasiado frío como para bajar del auto de Yi Jeong—. Muchas gracias por traerme –le susurró con una pequeña sonrisa—. Será mejor que entre a mi casa.
—Ga Eul-yang –le llamó él, tomando su mano —, espera –dijo. Su mirada se volvió hacia la chica, siendo completamente dulce y absorbente. Sus ojos no podían apartarse de ella, ¿cómo es que Ga Eul se había vuelto aún más hermosa de lo que la recordaba? No lo sabía con certeza, ni tampoco le importaba, sólo quería que esa dulce chica fuese suya, sólo suya.
—¿Pasa algo, Yi Jeong sunbae? –cuestionó confundida la joven, avergonzada por la mirada penetrante del chico, la cual le obligaba a verlo fijamente también. Su mirada se dirigió a esos labios, que años atrás estuvo a punto de tocar con los suyos, pero lo cual no fue posible. Demonios, realmente amaba demasiado a ese casanova, nunca creyó que ella podría enamorarse de esa manera de alguien, pero a pesar del tiempo, le era imposible olvidarse de él, y más teniéndolo tan cerca de nuevo.
—Ga Eul-yang… tú… –Yi Jeong tragó saliva—. Dime, acaso tú… ¿Has encontrado a tu alma gemela?
Los ojos de la chica se abrieron por la sorpresa. ¿Su alma gemela? ¿Acaso Yi Jeong le estaba preguntando si ella se había enamorado de alguien más durante estos cuatro años? De ser ese el caso, ¿entonces ella aún le interesaba?
—Mi alma gemela… –respondió débilmente Ga Eul—. La encontré –dijo, esta vez con decisión—. La he encontrado desde hace mucho tiempo.
Al principio, esas palabras dolieron a Yi Jeong, ¿acaso Ga Eul ya lo había olvidado? ¿Tan fácilmente se enamoró de otro hombre y lo había desechado? Entonces… no era necesario que cumpliera su promesa de estar con ella…
La cálida mano de la chica apretando la suya le hizo salir de todos esos pensamientos y su mirada nuevamente se volcó a ella.
—Mi alma gemela… es y siempre ha sido… Yi Jeong sunbae…
El casanova pudo sentir como su corazón daba un salto dentro de su pecho con aquellas palabras. Nunca antes, ninguna frase salida de los labios femeninos, le había causado tal deseo de sonreír y gritar a los cuatro vientos lo feliz que se sentía. Cielos, realmente Ga Eul había tomado su corazón por completo, lo robó de una manera justa y limpia, siendo simplemente ella.
Estaba enamorado de Ga Eul.
—Sunbae, yo… –trató de hablar Ga Eul, pero él la interrumpió, posando una de sus masculinas manos detrás de la nuca femenina, para atraerla hacia sí.
—Shhh –le silenció—. Ga Eul-yang, ya no digas nada, no es necesario –aseguró, justo antes de cerrar sus ojos y estampar sus labios contra los de Ga Eul, quién sintió que en ese momento podría incluso llegar a desmayarse de la felicidad. No podía creer que lo que había deseado por tanto tiempo por fin se estaba haciendo realidad, su amado So Yi Jeong la estaba besando. El contacto fue dulce y corto, no fue un beso ni lujurioso ni demandante, sino uno simple y directo, breve, pero muy significativo—. Te quiero, Ga Eul-yang, quiero que estés a mi lado.
—Y-yo, yo también te quiero, Yi Jeong sunbae –respondió la joven, mostrando esa hermosa y brillante sonrisa que enloquecía al alfarero.
Lentamente, sus labios volvieron a tocarse, pero esta vez el beso duró mucho más. Ga Eul nunca había besado antes, por lo que se sentía demasiado nerviosa de no hacerlo bien, de decepcionar a Yi Jeong y parecer una tonta, pero cada acto de torpeza cometido por la chica no hacía más que alegrar el corazón de Yi Jeong al saber que había sido el único hombre que había tocado esos preciosos labios, tan suaves y dulces, que ahora mismo se estaban convirtiendo en su perdición. El sabor de los labios de Ga Eul era adictivo, necesitaba mucho más para sentirse satisfecho, fue así que con su lengua, pidió el permiso para entrar en la boca de la fémina, lográndolo sin mucho esfuerzo, pues ella no se opuso. Una de sus manos se dirigió a la cintura de ella, sosteniéndola con fuerza, mientras él volvía el beso aún más profundo, hasta el punto de quedarse sin respiración. Sólo entonces, dejó ir a Ga Eul.
—Eres mía… –le susurró al separarse, estando seguro de aquella afirmación. Definitivamente, nadie podía arrebatarle a su Ga Eul.
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Aquella noche, Ga Eul se dejó caer con verdadera felicidad sobre su cama. Nunca antes se había sentido así, nunca creyó que algo como eso podría pasarle. Quería tanto llamar a su amiga Jan Di para contarle lo inmensamente dichosa que era, pero sabía que en estos momentos Jan Di debía estar muy ocupada estudiando para sus exámenes de la Universidad. Ya la vería mañana y entonces podría decirle todo lo maravilloso que le había pasado el día de hoy.
—Nunca, nunca olvidaré este día –se dijo emocionada—. Yi Jeong sunbae me quiere, me quiere…
Con esas palabras en mente, la chica se durmió rápidamente, pensando que nada en el mundo le podría hacer más feliz.
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So Yi Jeong regresó finalmente a su casa luego de haber ido a dejar a Ga Eul a la suya. La sonrisa era, evidentemente, imposible de borrar de su cara, puesto que nunca antes se había sentido tan feliz. Había decidido dejar de huir de la realidad y rendirse ante sus sentimientos por Ga Eul, era lo mejor que podía hacer y se daba cuenta de lo bien que se sentía haber tomado esa decisión. La amaba como un loco, no podría concebir una vida sin ella, por eso quería estar a su lado.
—Yi Jeong –la voz de su madre al entrar a su casa después de cuatro años, lo sorprendió un poco. No recordaba haber hablado mucho con ella mientras estuvo fuera, pues su madre siempre tocaba el mismo tema incómodo: casamiento.
Así es, prácticamente desde que él se fue, su madre le había estado hablando sobre matrimonio, pero no con cualquier chica, sino con una que ella había escogido para él. Obviamente, Yi Jeong no estaba de acuerdo en lo absoluto con eso, ni pensaba estarlo por más que su madre le molestara.
—Hola, madre –dijo con una sonrisa, ocultando en ella sus deseos de no tocar temas incómodos en este momento.
—Supe que llegaste a Corea desde hace varias horas, ¿por qué no habías venido a casa? –le interrogó la mujer—. ¿Acaso estabas con esa chica?
Los ojos del alfarero mostraron cierto grado de sorpresa, el que supo disimular muy bien antes de volver a mirar a su madre.
—¿De dónde sacas eso? –evadió la pregunta, además, ¿cómo es que su madre sabía sobre Ga Eul?
—No me subestimes, sé mucho más de ti de lo que crees –aseguró ella—. Te lo he dicho, ¿no? Que cuando regresaras a Corea quería verte casado con la mujer que escogí para ti.
—Madre, por favor –la expresión de Yi Jeong cambió, ya no se veía nada feliz como al principio, sino más bien fastidiado—. Te lo he dicho más de mil veces, no me interesa qué mujer hayas escogido para mí, no me importa cuánto quieras que me case con ella, yo sólo quiero a una mujer.
—¿Esa niña llamada Ga Eul?
Yi Jeong nuevamente la miró con sorpresa, esta vez sin disimular su expresión.
—Más te vale que ni te atrevas a verla de nuevo, no aceptaré a una pobretona en esta familia, nunca –aseguró la madre de Yi Jeong, luego de lo cual se volteó y se dirigió a su habitación.
A Yi Jeong poco le importaban sus palabras o si ella le daba el permiso o no, sabía que su madre era una neurótica y que siempre que se le metía algo a la cabeza, era extremadamente terca sobre ello. Todo había sido culpa de su padre, por su estúpida forma de ser, su madre se había vuelto tan obsesiva, tan depresiva también. Odiaba verla así, pero no había nada que él pudiera hacer por más que lo deseara, además, no estaba dispuesto a ceder ante esta loca idea de casarse con alguien que ni siquiera conocía. No pensaba repetir la historia de sus padres.
—Será mejor que me vaya a descansar –se dijo a sí mismo. Necesitaba reponer fuerzas por el largo viaje que había tenido, además de todo, tenía que encontrar la forma de hacer que su madre abandonara esa tonta idea.
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El sol brillaba increíblemente fuerte aquella mañana, mientras que el grito de Geum Jan Di se escuchaba por toda la casa de la joven de apellido Chu. Ga Eul le había contado a su amiga lo sucedido anoche con So Yi Jeong, claro, omitiendo los detalles más explícitos del beso.
—¿C-con Yi Jeong sunbae? ¿P-pero cuando regresó a Corea? –preguntaba horrorizada la futura doctora, puesto que conocía muy bien al casanova de los F4 y, si bien, sabía que no era una mala persona, también conocía cuáles eran sus intenciones con las chicas. Siempre pensó que él sentía algo especial por su amiga Ga Eul, pero realmente tenía miedo de confirmarlo, sobre todo por ella, es decir, Ga Eul era demasiado inocente.
—Ayer –respondió Ga Eul a la pregunta de su amiga—. Vino a verme primero, y me esperó todo el día hasta que terminé mis clases –un suspiro escapó de sus labios. Antes, jamás habría admitido lo feliz y enamorada que estaba, pero ahora simplemente no podía ocultarlo, deseaba gritarlo a los cuatro vientos.
—¿Pero estás segura de esto, Ga Eul-ah? –le preguntó Jan Di—. Conoces a Yi Jeong sunbae, no estoy diciendo que él sea malo, pero… ya sabes, él es un casanova.
—Jan Di-ah, claro que estoy segura –dijo muy sonriente la joven Chu —. Él no tiene ninguna razón para mentirme o jugar conmigo, Yi Jeong sunbae me quiere de verdad.
—Si tú estás tan segura, yo no te cuestionaré –dijo Jan Di—. Pero si él te hace sufrir, ten por seguro que lo mataré –habló con tono enojado, dándole un poco de escalofríos a Ga Eul.
—No será necesario que me mates, Jan Di-ah –se escuchó la voz masculina del joven So, el cual había aparecido de la nada en la casa de Ga Eul. Las dos jóvenes estaban sorprendidas, pero comprendieron todo al ver a la madre de Ga Eul parada al lado de él, sonriendo.
—Así que este apuesto joven es tu novio, y no me habías dicho –le reclamó su madre, a lo que Ga Eul enrojeció igual que un tomate.
—M-mamá… –le regañó la joven, debido a que su madre hablaba demasiado.
—Bueno, les dejo solos –la mamá de Ga Eul le guiñó un ojo a su hija—. Me iré a preparar algo de comer –y después de esas palabras, la mujer desapareció tras la puerta de la cocina.
—¿Qué haces aquí, Yi Jeong sunbae? –preguntó confusa y sorprendida aún, al igual como lo estaba Jan Di, ya que era como si ambas lo hubiesen invocado al estar hablando de él. Y eso no era todo: ¡El había hablado con su madre!
—Vine a verte, quería conocer a tu familia, además, tu madre me ha invitado a comer –dijo con su galante sonrisa, aquella que erizaba la piel de cualquier mujer. La sonrisa no tardó en aparecer en los labios de Ga Eul también, pues sentía que todo esto no era más que un hermoso sueño. Temía que se acabara, pero también anhelaba seguir adelante.
—Yi Jeong sunbae –la voz de Jan Di interrumpió sus pensamientos—. Lo estaba diciendo mientras no estabas, pero ya que has aparecido, te lo diré a la cara –la joven se le acercó, con su rostro lleno de seriedad—: Si haces llorar aunque sea una sola vez a mi amiga, ten por seguro que ese será tu último día de vida. ¿Lo oyes bien? –amenazó, apuntando con su índice al chico, el cual seguía sin borrar su sonrisa.
—No te preocupes, yo nunca haría llorar a Ga Eul-yang –aseguró. Estaba tan confiado de que eso no pasaría, de que jamás sería capaz de romper el corazón de Ga Eul, que incluso podía afirmarlo ante Geum Jan Di sin sentir temor alguno.
Sus palabras también eran capaces de hacerle creer a Jan Di que él estaba diciendo la verdad, que no lastimaría a Ga Eul por nada del mundo. Ella realmente quería creerle.
—Está bien, entonces confiaré en ti, sunbae –dijo la Geum, sonriendo.
—Por cierto, Jan Di-ah –dijo Yi Jeong—. ¿No tienes clases?
—¡Es verdad! –exclamó la chica, la cual recogió su bolso que estaba sobre el sillón de la sala de Ga Eul y se despidió de ambos con rapidez, para luego salir corriendo de ahí. Ga Eul sólo sonreía al ver lo despistada que era su amiga, pero después, al sentirse a solas con Yi Jeong, se puso extremadamente nerviosa.
—S-sunbae… –lo llamó la chica—. ¿Por qué has venido hoy? –preguntó confusa, sin poder entender qué era lo que hacía exactamente él en su casa.
—Ya te lo dije, vine a verte –respondió simplemente Yi Jeong, con su bella sonrisa aún estampada en los labios. Sin previo aviso, estrechó a Ga Eul entre sus brazos en forma tierna y protectora, sorprendiendo a la chica, la cual comenzó a temblar tal cual como si estuviera hecha de gelatina. Los brazos de Yi Jeong eran tan cálidos y fuertes, su pecho era amplio y en él era capaz de esconder su rostro con facilidad. Era muy reconfortante sentirse así—. Ga Eul-yang –le llamó el chico—. Nunca te separes de mí.
—Nunca lo haré –aseguró ella.
En ese momento, escucharon a alguien carraspear la garganta, por lo que los dos se separaron avergonzados.
—Odio interrumpir, pero la comida está lista –dijo la madre de Ga Eul, apareciendo de la nada, cosa que sorprendió a los dos jóvenes. Ambos mostraron una sonrisa y decidieron seguir a la mujer hacia el comedor.
Desde hoy, habían decidido ser felices.
Continuará…
