Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.

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Capítulo 2: Adiós

La comida en casa de Ga Eul había sido realmente amena. La madre de la joven era muy amable con Yi Jeong, aunque no por eso dejaba de ser estricta en cuanto a encargarle el cuidar bien de su hija. El padre de la chica era un poco más serio y le costó entablar una buena conversación con él, pero, finalmente, logró tocar un tema que despertó el interés del hombre y en pocos minutos había logrado echárselo al bolsillo. Ga Eul también tenía una hermana mayor, que si bien era bastante agradable, también estaba un poco loca, puesto que una vez que comenzaba a hablar, ya no paraba más.

Al final, todo había resultado maravilloso y entretenido, pero después de eso, Yi Jeong pidió permiso para llevar a Ga Eul a una cita. La reacción de los padres de Ga Eul fue muy parecida a la de los padres de Geum Jan Di en sus tiempos, cuando Jun Pyo iba por ella y se la llevaba a algún lugar, ellos le decían que incluso podría regresar al día siguiente. No cabía duda que, mientras él fuese el millonario heredero de la familia So, no tendría preocupaciones.

—¿A dónde vamos, sunbae? –preguntó la chica, una vez que ambos estuvieron montados en el auto del alfarero. La sonrisa traviesa y brillante del chico parecía marcada en sus labios en aquel momento. Podía llegar a lucir tan seductor ante los ojos de Ga Eul. Definitivamente, lo amaba demasiado, y sería capaz de darlo todo por él, por ese amor tan puro e inmenso que sentía.

—Hace un rato recibí una noticia interesante, primero iremos a ese lugar y luego te llevaré a una cita –contestó Yi Jeong, pero sin voltear a verla, ya que estaba concentrado en mantener su vista en el volante, porque no quería cometer alguna equivocación y que su amada Ga Eul pudiera salir lastimada por su culpa.

—Ya veo –dijo la chica, sin hacer ninguna pregunta al respecto de lo recién mencionado por el alfarero. Anhelaba estar a su lado, tanto así que no podría cuestionar nada de lo que él hiciera. ¿Qué tanto se podía amar a una persona para estar así?

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Goo Jun Pyo estaba de rodillas frente a Jan Di, con aquella hermosa playa al atardecer como fondo y el sonido de las olas del mar actuando de banda sonora. Esperaba ansioso una respuesta de la joven vestida en bata blanca de doctora. Después de secuestrarla de sus clases en aquel helicóptero, la había traído al lugar en donde le acababa de proponer matrimonio, rogando por oír un sí de su parte.

Pero sus amigos interrumpieron el hermoso momento.

—Protesto –se escuchó por parte de los tres miembros restantes del F4, quiénes habían aparecido de la nada. Las sonrisas de Jun Pyo y Jan Di no se hicieron esperar, y una vez que los tres jóvenes estuvieron cerca de ellos, Ga Eul también se acercó.

—Así que a esto se refería sunbae –susurró para sí la joven—. Jan Di-ah, felicidades –le dijo sinceramente a su amiga. Esperaba algún día recibir una confesión semejante por parte de Yi Jeong, que él le dijera que quería casarse con ella, hacerla su mujer. No le importaba si no le mostraba un maravilloso anillo o si se ponía de rodillas, sólo quería oírle decir que la amaba y que quería pasar el resto de su vida a su lado.

—¿Qué haces aquí, Ga Eul-ah? –preguntó confundida la joven Geum, pero su amiga sólo le sonrió.

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—¿Eh? ¿Ga Eul y tú son novios? –cuestionó asombrado Goo Jun Pyo, el heredero del grupo Shinhwa y, además, futuro esposo de Jan Di.

Los F4 y las dos chicas estaban juntos en el mismo hotel, habían reservado habitaciones para pasar la noche y ahora mismo, los cuatro chicos se encontraban charlando en la sala, mientras esperaban a las jóvenes a que bajaran de sus habitaciones.

Yi Jeong asintió tranquilamente a la pregunta de su amigo. Podía entender la sorpresa de Jun Pyo, al igual que la de Woo Bin al dar esta noticia, pues él nunca pareció interesado en la joven Chu; sin embargo, para Ji Hoo no parecía haber nada nuevo en su anuncio.

—Yo ya me lo esperaba –dijo el joven Yoo, mostrando esa sonrisa encantadora y tranquila—. Desde que estábamos aún en la escuela se te notaba demasiado cuánto te gustaba ella.

—A pesar de ser el más callado, eres el único que nos conoce a todos –dijo Woo Bin, dando una leve palmada a la espalda de su amigo. Yi Jeong sólo asintió con la cabeza y guardó silencio al ver que las dos chicas se acercaban. Su sonrisa apareció instantáneamente al ver a Ga Eul, pues ella llevaba ahora un bonito vestido veraniego de color crema, corto y ceñido, pero sólo en la medida justa, que la hacía ver hermosa.

—Ga Eul-yang… –dijo casi embobado, provocando que la chica se sonrojara como un tomate. Los demás F4 y Jan Di no pudieron reprimir la sonrisa al ver la mirada de hombre enamorado que tenía Yi Jeong, era tan encantador que era imposible no convencerse de sus sentimientos por Ga Eul.

—S-sunbae, ¿íbamos a salir? –preguntó la chica avergonzada, a lo que él respondió tomando su mano con delicadeza.

—Será mejor irnos ya –dijo él—. Porque Jan Di-ah y Jun Pyo también tienen una cita –aseguró. Segundos después, ambos se alejaron tomados de la mano, dejando al resto de sus amigos.

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Nunca había visto el mar de noche en compañía de su novio. Bueno, nunca antes había tenido novio. La brisa nocturna era tan fresca y las olas, a pesar de golpear con furia las rocas, lucían simplemente maravillosas a la luz de la luna. Ambos caminaban descalzos por la orilla de la playa, sonriendo mientras se tomaban de las manos.

—Es una noche preciosa –dijo Ga Eul, embobada por el brillo magnífico de las estrellas en el firmamento. Todo estaba siendo tan perfecto, después de haber ido a cenar, habían decidido dar aquel paseo, el cual estaba resultando ser maravilloso.

—No lo sería tanto de no ser por ti, Ga Eul-yang –dijo Yi Jeong, deteniendo sus pasos para poder mirar a su novia a los ojos. Su mano derecha descansó sobre la mejilla de la chica, mientras que la izquierda seguía aferrada a la mano de ella. Sus ojos lentamente comenzaron a cerrarse y se acercó a ella hasta que sus labios chocaron. Simplemente era algo demasiado irreal para Ga Eul, aún después de besarlo, sentía que seguía en un sueño.

—¿Por qué siento que todo es una fantasía? –preguntó la chica al separarse, pero aún manteniéndolo tan cerca, que podía sentir su respiración—. Siento como si todo esto fuese una ilusión, como si se fuese a desvanecer. No quiero pensar en que esto tan hermoso pudiese desaparecer de pronto –acarició el rostro de Yi Jeong—. Que tú pudieses esfumarte para siempre.

—Eso nunca –le juró el chico—. Jamás me alejaré de ti, e incluso si así fuera, lo que siento aquí no es ninguna ilusión –puntualizó, señalando su pecho y llevando la mano de Ga Eul ahí, para que ella pudiera sentir el ritmo acelerado de sus latidos—. ¿Puedes sentirlo? Esto es real, Ga Eul-yang –aseguró—. Incluso si ya no estamos juntos nunca más, si no te vuelvo a ver, siempre serás la única que ha logrado ocupar un lugar aquí.

La mano de Ga Eul descansaba en su pecho, pero los ojos de la chica estaban concentrados en él. Dios, lo amaba tanto que se sentía flotando en el aire, sobre todo con las palabras dichas por él.

Los labios de Yi Jeong volvieron a acercarse a ella, cerrando el espacio y reduciéndolo a cero. Se sentía tan bien besarlo, tan maravilloso…

Tan excitante…

Ga Eul se separó de golpe ante el último pensamiento que había cruzado por su mente, sorprendiendo a Yi Jeong, el cual la miró extrañado.

—¿Pasa algo? ¿Hice algo que te molestara? –preguntó, preocupado de haberla incomodado, pero ella sólo negó con la cabeza, aliviándolo.

—No, es que yo… –Ga Eul bajó la mirada, con el rostro ardiéndole como si éste se estuviera incendiando. Ahora que lo pensaba, ella ya no era ninguna niña y estaba muy segura de sus sentimientos por Yi Jeong. Deseaba ser suya.

—¿Ga Eul-yang? –volvió a llamarla el chico, siendo sorprendido por un repentino abrazo de ella, quién escondió el rostro en su pecho. El pequeño cuerpo de Ga Eul era tan cálido, que sentía esa necesidad inaguantable de abrazarla, de estrecharla fuertemente. Y mientras sentía la fría brisa marina golpeando en su rostro suavemente, notó como las manos de la chica se aferraban más a él, tanto, que tuvo la sensación de que le sería imposible apartarla.

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La madre de Yi Jeong estaba sentada en la sala de su casa, bebiendo una copa de vino. Su expresión era molesta, puesto que durante todo el día no había sido capaz de localizar a su hijo. Estaba harta de que Yi Jeong siempre hiciera lo que quería, era exactamente igual a su padre y eso ella realmente no lo podía soportar.

El padre de Yi Jeong y ella se habían casado por un acuerdo de sus familias, a pesar de eso, llegó a amarlo, pero él jamás la quiso, So Ji Sub era un mal hombre, que se dedicó toda su vida a derrochar el dinero con sus amantes y en la bebida, vicio que le contagió a su esposa.

So Hye Yun se había vuelto una mujer amargada y depresiva, lúgubre, que sólo pensaba en una cosa, hacer si santa voluntad con el menor de sus hijos, ya que el mayor, Yi Hyun, había logrado escapar a su voluntad de calcular y ordenarlo todo. Pero con Yi Jeong no sería tan fácil, él no iba a escaparse, no haría lo que quisiera.

Tomaría cartas en el asunto.

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La habitación era oscura debido a que las luces no habían sido encendidas, sólo la blanca luz de la luna era capaz de iluminar mínimamente el lugar. Yi Jeong estrechaba entre sus brazos a Ga Eul, mientras la besaba dulcemente en los labios. No se había dado cuenta en qué momento habían llegado hasta la habitación, pero tampoco quería detenerse a pensarlo. Ga Eul parecía dispuesta a convertirse en su mujer, pero, de pronto, aquella situación pareció asustarlo y llenarlo de dudas.

—Ga Eul-yang –le dijo al apartarla de su lado—. ¿Qué estamos haciendo? –cuestionó—. Será mejor que me vaya, esto no está bien –trató de marcharse, pero fue detenido por la chica, la cual no era capaz de mirarlo a los ojos debido a sus nervios.

—¿Qué está mal, Yi Jeong sunbae? –le preguntó dudosa, asustada y avergonzada—. ¿Acaso tú no me quieres lo suficiente como para hacer esto conmigo?

Yi Jeong sonrió.

—¿Que no te quiero? –repitió, con cierta gracia—. Ga Eul-yang, no sabes lo que dices –Yi Jeong posó una de sus manos sobre el mentón de la chica, para hacer que ella lo mirara—. ¿No te das cuenta de que esto es más de lo que puedo soportar? Estar aquí contigo, a solas, en una habitación oscura y sin nadie que nos interrumpa –tragó saliva, nervioso—. Es demasiada tentación para mí y no quiero hacer algo de lo que después te puedas arrepentir.

—Yo no me arrepentiré de nada –afirmó Ga Eul—. Sé tomar mis decisiones, Yi Jeong sunbae, por favor, no me trates como una niña –sin esperar otro segundo, Ga Eul besó los labios de su amado novio, el cual sentía que era demasiado débil como para rechazarla.

—G-Ga Eul-yang… –fue silenciado por otro beso, un beso corto y dulce.

—No quiero esperar cuatro años más para estar contigo –le dijo la chica. Esto era demasiado para él, si Ga Eul le insistía de esa manera, él no sería capaz de decirle que no. Al demonio todo su autocontrol, deseaba demasiado a Ga Eul, la necesitaba en este momento y ella estaba dispuesta a entregarse a él. ¿Por qué tenía que reprimirse?

Sus manos apresaron la cintura femenina y lentamente la fue empujando, hasta hacerla caer sobre la cama. De pronto sintió como una llamarada se encendía dentro de sí mismo, como si un volcán estuviese a punto de explotar y sólo podía ser calmado por ella, por sus besos.

—Ga Eul-yang… de verdad te amo… –dijo contra el oído de la chica, sintiendo el delicado tacto de su piel mientras la acariciaba. No podía creer que esto estuviera pasando.

—Y-yo también te amo, Yi Jeong –susurró ella, prácticamente vencida por todas las sensaciones que él le provocaba. Era incluso la primera vez que le llamaba por su nombre sin usar el "sunbae" y era tan vergonzoso como asombroso el haberlo hecho. Podía sentir que su corazón estaba a punto de explotar y mil mariposas revoloteaban en su estómago cuando Yi Jeong la besaba de esa forma en que ahora lo hacía. Podría simplemente morir en este instante e irse al cielo.

O quizás ya estaba en él.

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Cuando abrió los ojos el día ya había llegado. Se sentó lentamente sobre la cama y miró de reojo hacia un lado. Ga Eul aún dormía y él sólo era capaz de apreciar su espalda desnuda, cubierta por las sábanas de la cama. Aún le parecía un sueño lo que anoche había sucedido entre ellos. Le había hecho el amor a Ga Eul y no se arrepentía para nada de ello, había sido lo mejor que le había pasado en la vida y ahora estaba más seguro que nunca de que jamás podría mirar a otra mujer.

—Ga Eul… –la llamó, pero en ese momento, notó que su teléfono celular estaba sonando, se trataba de una llamada de su madre. Frunció el ceño con molestia, pues no sentía ningún deseo de que este día perfecto fuese perturbado por ella, pero tampoco podía ignorarla, así que decidió contestar—. ¿Qué sucede?

Te he estado llamando toda la noche –dijo la mujer del otro lado.

—¿En serio? No lo noté –dijo desinteresadamente Yi Jeong, no estaba dispuesto a caer en los juegos absurdos de su madre.

Hoy tienes una cena con tu futura esposa –señaló su madre, cosa que desagradó bastante al chico. ¿Qué se proponía aquella mujer? ¿Que no fue suficiente para ella cuando él le dijo que no pensaba casarse con esa chica?

—No iré, deja de molestarme con esto, esa mujer no me interesa –aseguró.

Si no me escuchas, haré que lo hagas –le dijo su madre, usando aquel tono de amenaza que sólo usaba cuando de verdad estaba decidida a hacer algo—. Soy tu madre, Yi Jeong, pero parece que no te importa, ¿acaso quieres verme morir? Bien, es lo que verás.

Yi Jeong sintió miedo de lo que ella podría ser capaz, por eso salió corriendo, para evitar lo peor, pues la última vez que ella dijo esas palabras… ni siquiera quería recordarlo.

Cuando Ga Eul abrió los ojos, se vio completamente sola en aquella habitación. Las ropas de Yi Jeong habían desaparecido y tampoco había rastro de él. Se sintió un poco desconcertada, pero luego pensó que posiblemente él había bajado para estar con sus amigos, así que decidió tomar una ducha para luego bajar y reunirse con los demás.

Yi Jeong seguramente estaba con ellos.

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Yi Jeong entró corriendo a su casa, pero cuando llegó ya era demasiado tarde. Su madre había estado bebiendo toda la noche y él ni siquiera lo supo. Ella ahora estaba tirada en el suelo y a su lado había un frasco vacío de tranquilizantes.

Lo sabía, era igual que la última vez.

—¡Madre! –exclamó preocupado, corriendo hacia ella y levantándola. Tomó su celular con las manos temblándole y llamó a una ambulancia, mientras trataba de hacer que su madre reaccionara.

No era la primera vez que ella trataba de quitarse la vida sólo por un capricho, se había vuelto así de insensible por la culpa de su esposo.

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—¿Yi Jeong sunbae no está con ustedes? –preguntó Ga Eul extrañada, pues estaba segura de que lo encontraría con el resto de los F4, pero resultó no ser así. Jan Di y Jun Pyo habían desaparecido también y los únicos que estaban ahí eran Ji Hoo y Woo Bin, ambos desconocían totalmente el paradero de los antes mencionados.

—No lo hemos visto –aseguró el más reservado del grupo—. Es extraño, porque tampoco contesta llamadas.

—¿Le habrá pasado algo? –se preguntó preocupada la Chu. Ella se negaba a pensar lo peor, que después de usarla, Yi Jeong sólo la había desechado, eso no era posible, así que tenía que haberle pasado algo.

—¿Qué hacen ustedes aquí? –se escuchó la voz de Jun Pyo, el cual venía tomado de la mano de una molesta Jan Di—. Ya es hora de irnos –anunció.

—Pero Yi Jeong no está –dijo Woo Bin, a lo que su mirada se dirigió hacia Ga Eul, era obvio que ella se sentía un poco herida y preocupada por no tener idea del paradero del joven So.

—Lo vi en la mañana –dijo Jun Pyo—. Él regresó a Seúl.

La cara de Ga Eul cambió por una llena de duda y tristeza. Si él se había ido, ¿por qué no le dijo nada, ni siquiera a sus amigos? ¿Acaso habría pasado algo malo?

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Yi Jeong observaba con rabia e impotencia a su madre. ¿Por qué ella siempre debía hacerle esto? Él realmente no quería perderla, pero tampoco deseaba ir en contra de sus propios deseos. ¿Acaso tendría que renunciar a Ga Eul sólo para complacer a su madre?

—¿Cuántas veces te he dicho que no hagas esto? –reclamó Yi Jeong, con el rostro descompuesto y los ojos rojos, como si hubiese estado llorando. Su madre había despertado ya, pues resultó bien librada gracias a su rápido accionar, de haber llegado un poco más tarde, ella realmente podría haber muerto.

—Es la única forma de que me escuches –dijo la mujer, sin mirarlo a los ojos—. ¿Qué prefieres, a esa chiquilla don nadie, o a tu madre?

—¿Por qué me haces esto? –contestó Yi Jeong, evadiendo la pregunta de su madre—. Eres mi madre, sabes bien que no podría verte sufriendo, pero tú… ¿Te divierte ver sufrir a tu propio hijo?

—Quiero que seas feliz, y con ella no lo serás –aseguró—. Si vuelves a su lado, te aseguro que no volverás a verme. Es más, tampoco la verás más a ella.

El corazón de Yi Jeong se encogió de dolor y miedo. Él sabía muy bien que su madre era capaz de cumplir sus amenazas, pues su vida no le importaba realmente debido a todo lo que su padre le había hecho, ella era capaz de eso y mucho más, incluso de lastimar a Ga Eul, ¿acaso tendría que perderlas a ambas? No quería alejarse de Ga Eul, pero no era capaz de arriesgar la vida de su madre, ni la de su amada tampoco. Al menos por ahora, debía alejar a Ga Eul de su lado, para asegurarse de que ella estuviera a salvo y de que su madre se estabilizara.

Se sentía abrumado, nunca debió verla en primer lugar, jamás debió amarla como lo hacía. Siempre supo que él la haría sufrir, por eso no tuvo que haber dejado actuar a su corazón, así no la tendría que lastimar.

Pero ya era tarde.

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Aquella tarde él le había llamado y le pidió que se vieran cerca del puente del río Han. Estaba feliz de volver a verlo y de saber que él estaba bien, por eso, apenas él llegara, pensaba lanzarse a sus brazos y besarlo. Lo amaba tanto y anoche se lo había demostrado de la mejor forma que pudo. Fue tan hermoso estar entre sus brazos, sentir sus besos, sus manos, todo de él.

—Ga Eul –escuchó la voz de Yi Jeong, por lo que se volteó con una sonrisa dulce y estaba dispuesta a abrazarlo, pero él la detuvo.

—¿Pasa algo, sunbae? –preguntó confusa. La mirada de Yi Jeong era diferente a la de todos estos días, él lucía frío y algo frustrado. No le gustó verlo así, era como antes, como la miraba hace cuatro años, cuando sólo pretendía alejarla de su lado.

—Debemos terminar –dijo tan fríamente, que Ga Eul, por un momento, se sintió como atravesada por una daga, justo en el corazón—. Ya no quiero estar contigo, Ga Eul, no te amo.

—¿Q-qué? –ella le miró con sorpresa. ¿Pero qué estaba pasando aquí? ¿Por qué él le estaba diciendo eso? No podía ser verdad, él no podía sólo haberla usado para luego dejarla, él no era así. No lo era.

Ga Eul trató de calmarse, no quería que las lágrimas comenzaran a correr por sus mejillas, pero le fue imposible detenerlas, éstas se habían esparcido en menos de un segundo.

—Sunbae… por… ¿por qué me estás diciendo esto? –no quería mirarlo a los ojos, no podía hacerlo, tenía miedo de ver la indiferencia en su rostro.

—¿No lo entiendes? –cuestionó Yi Jeong, mostrando esa sonrisa indolente, aquella sonrisa de casanova—. Te lo acabo de decir, no te amo, nunca te amé, y nunca te amaré –mintió tan bien que pensó que podría ganar algún premio, mintió tan bien que Ga Eul le creyó todo, mientras sentía que se rompía por dentro—. Para mí fuiste sólo un juego, y ya me aburrí de ti.

—No puedes hacerme esto… por favor, no lo hagas… –rogaba Ga Eul, creyendo que todo se trataba de una cruel broma, que las palabras de Yi Jeong no eran ciertas y que pronto le abrazaría y besaría como antes. Sí, igual que antes.

—¿Acaso eres sorda, Chu Ga Eul? –era la primera vez que él usaba ese tono tan frío y distante con ella, sonando tan alejado, tan cruel—. Te dije que no te quiero, no quiero volver a verte en mi vida. Estoy cansado de ti y de tus tonterías de niña buena, ya estoy cansado.

Ga Eul se había quedado inmóvil, oyendo con dolor y tristeza las hirientes palabras del hombre que tanto amaba, quién le confesaba que ella era un simple juguete para él, que la estaba desechando igual a cuando un niño tira un trasto roto. Más lágrimas nublaron su vista y decidió que, en ese momento, debía alejarse, ya sus piernas no eran capaces de sostenerla frente a Yi Jeong sin llegar a desplomarse.

No dijo una sola palabra, simplemente salió corriendo y subió al primer autobús que vio pasar, sin mirar atrás, sin siquiera echar un leve vistazo.

—Ga Eul… perdóname… –susurró, mientras la veía cogiendo el autobús. Una lágrima rodó por su mejilla y lentamente se dio la vuelta para regresar a su auto. Le dolía más que a nadie herir a Ga Eul, pero tenía que hacerlo, era su deber.

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Ga Eul iba sentada junto a la ventana del autobús, tratando de detener sus lágrimas, pero simplemente no podía hacerlo. Le dolía demasiado el corazón y ni siquiera le importaba que la gente la estuviese viendo, no le interesaba en lo más mínimo.

Su celular comenzó a sonar, era Jan Di.

—Jan Di-ah –respondió a su amiga, sin dejar de llorar.

¿Pasa algo? –preguntó la Geum del otro lado—. Ga Eul-ah, ¿estás bien?

—Yi Jeong sunbae… me dejó… –confesó, volviendo a llorar con mucha tristeza, la cual se transmitía perfectamente a su amiga a través del teléfono—. Jan Di ah, me quiero morir.

¡No digas esas cosas! –le gritó Jan Di—. ¡Mataré a Yi Jeong sunbae! ¡Así que tú vete a casa ahora! ¡¿Me oyes Ga, Eul?!

Ga Eul no le quiso responder, no quería hablar más.

De pronto, el autobús hizo una frenada brusca, lo cual hizo a la gente reclamar, pero Ga Eul se golpeó en la cabeza contra el vidrio de la ventana y sintió que algo se caía de su bolsillo, pero no tenía tiempo ni ánimos de recogerlo. Se puso de pie, pues planeaba bajar del autobús. Oyó que una señora reclamaba con unos enormes gritos al chofer, mientras otros pasajeros le apoyaban. Ga Eul pidió que abrieran la puerta, pero apenas y logró dar un paso afuera cuando todo el autobús se estremeció al haber recibido el impacto de un camión, que los golpeó a toda velocidad, destruyendo por completo el vehículo de pasajeros y causando una explosión que incluso alcanzó a otros automóviles que estaban cerca.

¿Y la gente del autobús?

Todos habían muerto…

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Yi Jeong detuvo de golpe su auto, pues sintió una punzada realmente fuerte en el pecho, algo que nunca había sentido antes, algo que le asustó.

—Ga Eul… –susurró sin pensarlo, sin siquiera saber por qué ese nombre había salido de sus labios tan repentinamente.

Pero seguramente no era nada.

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Después del terrible accidente ocurrido durante la tarde de ayer, lamentablemente, nadie ha sobrevivido, al menos de aquellos que viajaban en el autobús. Los siguientes nombres son de las personas fallecidas…

El televisor estaba encendido en casa de Jan Di, ella estaba alistándose para ir a la Universidad, cuando de pronto, aquel periodista dijo algo que la aterró.

—…Chu Ga Eul… –mencionó, entre los fallecidos en aquel accidente.

Jan Di cayó sentada sobre el piso. ¿Ga Eul… estaba muerta?

Yi Jeong sunbae… me dejó…

Jan Di ah, me quiero morir…

Las palabras de su amiga no dejaban de dar vueltas en su mente, atormentándola, destruyéndola, llenándola de odio.

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Cuando Woo Bin le comunicó la noticia, no tuvo otra reacción más que salir corriendo de donde estaba y prácticamente volar a casa de Ga Eul. Todo esto tenía que ser una broma, era imposible que Ga Eul… que su Ga Eul…

¡No!

Cuando llegó a casa de la joven, descubrió que el lugar estaba lleno de gente, todos eran familiares y conocidos de Ga Eul. Estaban los padres de ella y su hermana mayor, todos ellos llorando. Los padres de Jan Di y su hermano menor trataban de reconfortar a los familiares más cercanos de Ga Eul. Él sintió que estaba metido en medio de una pesadilla, la peor de todas.

Siguió caminando y los ignoró a todos, hasta que llegó al centro, en donde un ataúd de color blanco le esperaba, cerrado y completamente rodeado de flores. No podía decir nada, ni siquiera se podía mover.

Esto era una broma.

—Tú… –escuchó la voz de Jan Di. Ella le miraba con tanta rabia, con tanto odio… nunca había visto los ojos de Jan Di centellear de esa manera.

Woo Bin, Ji Hoo y Jun Pyo le vieron llegar, pero ninguno de ellos era capaz de decirle algo.

—¡Ga Eul está muerta por tu culpa! –le gritó Jan Di, con el rostro empapado de lágrimas. Le agarró de las solapas del traje y lo zamarreó con toda su fuerza, mientras Jun Pyo y Woo Bin trataban de detenerla, pero incluso aunque él hubiese sido golpeado hasta morir en ese momento, nada ni nadie podía hacerlo reaccionar, porque aquello que estaba pasando debía ser una pesadilla.

No podía ser verdad.

Ga Eul no podía… estar muerta…

Continuará…