Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.

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Capítulo 3: Nuevamente tú

Se detuvo frente a la tumba con paso lento, contemplando detalladamente el nombre grabado en la piedra, ese nombre que le traía tantos recuerdos y que aún le atormentaba de la manera más terrible. Delicadamente dejó el ramo de flores sobre el sepulcro, procurando que éstas no cubrieran ni una sola letra de su hermoso nombre.

So Yi Jeong no había cambiado mucho. Su rostro seguía siendo el mismo que antes conquistó a tantas chicas, con los mismos labios pequeños y esos ojos dulces, pero que podían ser los más fríos si se lo proponía. Y aquella expresión tampoco había desaparecido; aún el vacío en su mirada permanecía ahí a pesar de que el tiempo siguiera su curso. Incluso cuatro años después de que todo aquello pasara, aún no era capaz de olvidarla. Parecía haberlo superado, parecía que podría ser feliz al lado de su prometida -con quién pronto se casaría-, y podía inclusive parecer el hombre más enamorado sobre la tierra, pero nunca, jamás iba a lograr amar a otra como a Chu Ga Eul.

—Ga Eul… –susurró con tristeza, con ese tono de voz apagado que mantenía desde el día en que descubrió que la había perdido para siempre—. Ga Eul-yang, ¿dónde estás ahora? –preguntó, simulando que ella podía oírle—. De verdad quisiera poder volver a verte, poder decirte cuánto me arrepiento de haber seguido los caprichos de mi madre –bajó la mirada—, poder decirte cuánto te amé y cuánto te sigo amando… aunque sé que es imposible…

En ese momento, alzó la mirada y miró hacia el cielo, resignado.

—Me casaré con ella… –aseguró—. A pesar de que no la amo, ella ha estado conmigo todo este tiempo y es la mujer que mi madre quiere para mí –sus ojos se cerraron con dolor, ese dolor insuperable que se anidaba en su corazón, era como si estuviese teniendo esa conversación con un amigo al cual no veía hace mucho tiempo, pero con el que se sentía algo avergonzado de decir todo aquello, tal vez, por no haberle visitado como debiera—. Siempre te amaré sólo a ti, has sido y serás siempre la única, pero… ya no puedo seguir detenido por ti. Sé que te has ido para siempre de mi lado, y yo debo seguir, aunque me duela.

Estar en ese lugar era demasiado doloroso. No se sentía capaz de poder continuar estando ahí un segundo más, por eso, decidió marcharse, aunque, no sin antes dedicar unas últimas palabras a su amada.

—Si tan sólo tuviese la oportunidad de verte una vez más, de decirte cuánto te amo… –se detuvo un momento, para luego proseguir—. De verdad, Ga Eul-yang, créeme que lo dejaría todo, pero sé que eso jamás sucederá.

Tras esas palabras, por fin se alejó, sin saber que, tal vez, aquel anhelado deseo podía hacerse realidad.

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Cuando terminaron de tomarle las fotos, la chica se acercó cansada hacia la mesa que estaba dispuesta cerca del set, para tomar entre sus manos una botella de agua y beber del contenido. Soltó un suspiro de alivio al haberse liberado de su sed y decidió tomar asiento. Su asistente y amiga apareció, dándole una bata para que se cubriera el cuerpo, ya que estaba posando en bikini para una revista.

—¿Estás bien, Seon Mi? –preguntó su amiga, a lo que ella sólo asintió con la cabeza.

Park Seon Mi era una chica ciertamente hermosa. Era alta, poseía una figura envidiable, con largas piernas casi perfectas, cintura pequeña y pechos del tamaño justo. Su cabello era castaño claro, casi pasando a rubio y sus ojos eran más claros de lo habitual en las chicas Coreanas. Era una modelo muy conocida y popular, y no sólo eso, sino que pertenecía a una de las más reconocidas familias del país.

Podía decirse que Seon Mi tenía todo lo que quería en la vida, pero había una sola cosa que estaba segura de no poder conseguir jamás: el amor de su novio Yi Jeong.

—Él no vino otra vez –dijo Seon Mi de mala gana. Estaba saliendo desde hace tres años con So Yi Jeong, después de que la madre de éste les presentara hace cuatro años y le insistiera a él para aceptarla. Al principio ella estaba feliz, pensaba que su novio era realmente apuesto, además de tener mucho dinero, era simplemente perfecto para ella, pero había algo que lo echaba todo a perder.

A pesar del tiempo que llevaban juntos, de estar incluso comprometidos en matrimonio, Yi Jeong aún lloraba a su ex novia muerta. Por más que Seon Mi trataba de llamar su atención, simplemente no era rival para esa tal Ga Eul, aunque ella fuese sólo un recuerdo en el corazón de Yi Jeong. La odiaba profundamente. Anhelaba hacerla desvanecer de la mente de su amado, pero simplemente perdía la batalla cada vez.

—Él llegará, ustedes van a casarse después de todo –dijo la amiga de Seon Mi, una chica delgada y sin mucha gracia, de cabello largo y negro, amarrado en una cola de caballo baja y que además usaba ropa ancha. Ella poseía un carácter dócil y tímido, nunca se atrevería a hacer las cosas que hacía su amiga, era demasiado sumisa e introvertida, al contrario de Seon Mi, quién tenía un carácter apasionante y ferviente.

—No te metas, So Young –dijo Seon Mi con el ceño fruncido, volviendo a beber un poco de agua. A veces el carácter tan positivo de So Young le molestaba, le hacía enojar que ella tratara de animarla todo el tiempo, por eso la mandaba a callar, aunque después eso le hiciera sentir un poco mal.

—Lo siento –se disculpó So Young bajando la cabeza—. B-bueno, ya terminamos todo aquí, así que… ¿Deberíamos irnos?

Justo en ese momento el celular de la joven modelo comenzó a sonar, ella sonrió al notar que se trataba de su novio; por fin le llamaba.

—Iremos dónde los chicos –fue lo que dijo, provocando que su amiga temblara ligeramente al oírla, pues vería a esa persona.

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Yi Jeong había quedado de ir a la sección fotográfica de su novia Seon Mi, pero lo había olvidado por completo al ir a ver a Ga Eul a su tumba, así que sólo le llamó y le dijo que se viesen en casa de su amigo Jun Pyo. Hoy habría una reunión especial en la casa del ya presidente de las empresas Shinhwa, debido a que se celebraba la fiesta de cumpleaños de su pequeña heredera.

Hoy la hija de Jun Pyo y Jan Di cumplía dos años.

Las vidas de todos habían cambiado después de estos cuatro años. Jan Di y Jun Pyo finalmente se casaron un año después del trágico accidente de Ga Eul y ella quedó casi inmediatamente embarazada. En todo ese tiempo, Jun Pyo había tomado la responsabilidad por la empresa familiar y Jan Di había terminado su carrera de medicina, siendo hoy una muy respetada pediatra infantil. Por otro lado, Ji Hoo se había recibido un año antes que ella y se dedicaba a atender adultos, siendo uno de los mejores doctores en el hospital donde trabajaba y siendo también codiciado por todas las enfermeras e incluso enfermas del lugar. Yoo Ji Hoo seguía siendo un solitario, a pesar de que su personalidad era agradable y no se mostraba frío como cuando era más joven, aun así no había llegado otra mujer que conquistara su corazón como lo había hecho Geum Jan Di, o como lo hizo incluso antes Seo Hyun. Y por otra parte, Song Woo Bin, tenía una novia demasiado escandalosa y que no iba para nada con sus gustos.

—Jae Kyung, ¿podrías quedarte quieta? –le rogaba el príncipe Song a su novia, aquella misma que una vez casi se convirtió en la esposa de Gu Jun Pyo. Había sucedido hace aproximadamente un año, Jae Kyung regresó a Corea para celebrar el cumpleaños de la pequeña hija de sus amigos, cuando se encontró con Woo Bin en una situación algo incómoda (ella tuvo un pequeño accidente con su vestido). Después de eso, comenzaron a verse seguido y, hace un par de meses, empezaron a salir formalmente, cosa que agradó bastante a los padres de la chica, por lo que ellos no se opusieron,

—Estoy emocionada, no puedo esperar para que comience la fiesta –decía la heredera de JK, mostrando esa enorme sonrisa—. Es que la hija de Jan Di y Jun Pyo es tan linda. Ah, quisiera tener una para mí.

Ante esas palabras, el cuerpo del príncipe Song se estremeció completamente del miedo; no podía imaginarse como sería una hija de Jae Kyung, y muchos menos si él era el padre.

—¡Ji Hoo, querido amigo! –exclamó de pronto, ignorando a su novia y yendo a saludar a su amigo el médico, el cual le miró extrañado por haber sido tan efusivo.

Yi Jeong estaba sentado solo en una esquina, esperando a que llegara su novia y seguramente le gritara por haberle dejado plantada. Cerró los ojos y soltó un suspiro cuando pensó que ojalá él hubiese podido compartir este tipo de reuniones al lado de Ga Eul. La imaginaba a ella a su lado, sonriéndole con esa hermosa y tierna expresión que solía mostrarle, siendo tan linda como siempre lo había sido. Cuando vio a Jan Di aparecer con su pequeña hija en los brazos, también pensó que de haber estado viva Ga Eul, ahora incluso podrían tener un bebé así. Un hijo suyo y de Ga Eul, hubiese sido la cosa más hermosa que pudo pasarle en la vida.

Pero era mejor que dejara de soñar.

—¿Otra vez estás pensando en esa muerta?

Yi Jeong levantó la mirada y vio a su novia parada frente a él, mirándole con el ceño fruncido, con esa expresión molesta que siempre le colmaba la paciencia. No estaba enamorado de ella, jamás lo había estado, pero no quería tener a su madre encima, fastidiándole todo el tiempo. Fue por eso que decidió formalizar todo y casarse con ella.

—Cállate –dijo el alfarero, enfadado por la forma en que Seon Mi se refería a su amada Ga Eul. Ella siempre le trataba de "la muerta", cosa que le molestaba demasiado.

—Me dejaste plantada, ¿crees que estoy muy feliz? –cuestionó la modelo—. Y siempre es por culpa de esa estúpida. ¿Cuándo vas a aceptar que ya está muerta y enterrada?

—Cállate de una vez si no quieres que me enoje –le ordenó Yi Jeong, más que fastidiado con la actitud de su novia. Odiaba que ella le reclamara constantemente por pensar sólo en Ga Eul. Sabía que estaba mal no prestarle atención a ella, pero Seon Mi no tenía ningún derecho de mancillar el nombre de Ga Eul, no lo tenía.

Seon Mi tampoco quería hacer que Yi Jeong se enfadara con ella, por lo que decidió olvidar el tema. Incluso si él sólo pensaba en aquella muerta, aun así, ella estaba viva y él era sólo suyo.

—Lo siento, amor, tú tienes razón –le dijo, haciéndose la inocente para manipularlo—. Perdón si me refiero de una manera irrespetuosa a Ga Eul-ssi, me hubiese gustado mucho conocerla y saber por qué la querías tanto, pero a veces… me dan celos… perdóname por favor.

—Está bien –le dijo Yi Jeong, poniéndose de pie para abrazar a Seon Mi. Deseaba tanto que aquella que estuviera entre sus brazos fuese Ga Eul, pero ya era demasiado, ya no podía seguir así por más tiempo. Si iba a casarse con Seon Mi, era justo que de una vez por todas dejara ir el recuerdo de Ga Eul, tenía que hacerlo por el bien de Seon Mi y por su propio bien.

Definitivamente la olvidaría.

—Seon Mi-ah, lo siento –le susurró al oído, abrazándola un poco más fuerte—. Te prometo que esta será la última vez que te posponga por ella.

Seon Mi sólo sonrió. Finalmente, Yi Jeong estaba pensando en ella.

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—Uno, dos, tres –exclamaron todos al mismo tiempo, para que luego la pequeña heredera del grupo Shinhwa apagara las velitas de su pastel.

—¡Felicidades, Hye Sung-ah! –dijo Jun Pyo con efusividad, alzando entre sus brazos a su hija adorada. Observó a su esposa Jan Di y notó que ella no se veía demasiado feliz, por un momento su hermosa sonrisa había desaparecido, pues seguramente estaba pensando en la falta que le hacía su mejor amiga. Jun Pyo no quiso ser imprudente, así que sólo por esta vez ignoró el hecho y siguió celebrando con su pequeña.

—Appa, te quiero –dijo la pequeña, abrazando más fuerte a su papá y acariciando sus rizados cabellos. Todos se enternecieron con la escena, en especial Jan Di. Le gustaba mucho ver a su hija y a su amado esposo juntos, nunca pensó que Jun Pyo llegaría a ser tan buen padre.

Mientras Jan Di cortaba el pastel -ya que no le gustaba que lo hicieran las empleadas-, la amiga de Seon Mi estaba sentada bebiendo un vaso de refresco. Estaba sola como siempre, ya que cuando Seon Mi se juntaba con su novio Yi Jeong, ignoraba por completo su existencia.

—¿Por qué te alejas del resto? –escuchó una voz masculina, que la hizo temblar como si todo su cuerpo estuviese hecho de gelatina. Cuando levantó ligeramente la cabeza para verle, tuvo que volver a bajarla, totalmente avergonzada y con el rostro enrojecido. Yoo Ji Hoo le estaba hablando, y era la primera vez que esto sucedía. Por lo general, la gente pasaba de ella, en especial los chicos apuestos como él.

—Eh, yo… s-sólo estaba aquí –dijo con voz suave y tímida.

Desde la primera vez que vio a ese hombre, no dejaba de sentirse como una niña de secundaria cuando ambos se encontraban bajo el mismo techo. Generalmente, se veían en las reuniones del F4, pero él nunca antes le había dirigido la palabra.

—¿Y qué hay de usted? –se atrevió a preguntar, sentándose como si estuviese muy incómoda. Su corazón estaba latiendo muy rápido y apenas era capaz de mirar al chico que tenía enfrente.

—Estoy un poco aburrido –dijo el joven doctor, cogiendo un vaso de refresco de encima de la mesa. Siempre le había parecido que esa chica era muy enigmática, además, estaba sola todo el tiempo, igual que él—. Como verás, todos están en parejas.

—Es… es verdad –dijo So Young, algo sonrojada al sentirse excluida del resto de personas ahí presentes. Era cierto que todos estaban en parejas, ella y Ji Hoo eran los únicos solteros ahí y eso era aún más incómodo.

Yi Jeong se acercó hacia la ventana, observando el hermoso brillo de la luna, que le recordaba a la sonrisa de su amada. Deseaba no pensar más en ella, pero de verdad era muy difícil, de verdad era como pedirle peras al olmo.

—Sunbae –oyó la voz de Jan Di, la cual se le acercó y le entregó un vaso con refresco (por muy adultos que fuesen, estaban en la fiesta de cumpleaños de una pequeña de dos años)—. ¿Aún piensas en ella?

Yi Jeong sonrió quedamente.

—¿Qué hay de ti? –le preguntó él—. Hace un rato te vi algo triste, como si recordases algo doloroso.

—Me gustaría que ella estuviese aquí –dijo Jan Di—. Ga Eul era mi mejor amiga, la que estuvo conmigo desde que éramos pequeñas –bajó la mirada—. Aún no puedo creer que ya no esté con nosotros.

—Me odias, ¿verdad?

—No –Jan Di negó con la cabeza—. No puedo negar que te odiaba al principio, que te culpé por todo lo que pasó, pero no fue tu culpa, fue sólo un accidente. Ga Eul te amaba, ella realmente te amaba, Sunbae, y sé que no quisiste hacerle daño.

—Por más que quiero no puedo olvidarme de ella –confesó Yi Jeong. No le había dicho esas palabras a nadie, por más que todos lo supiesen con sólo verle, aunque él escondiese el sufrimiento detrás de esa sonrisa fría, ni siquiera a sus amigos les había revelado aquellos sentimientos—. Jan Di-ah, me pregunto si algún día seré capaz.

—Debes pensar en que ella ahora está bien y es feliz –le dijo la esposa de Gu Jun Pyo con una enorme sonrisa, apoyando una de sus manos sobre el hombro de su superior y amigo—. Tienes que ser feliz también, apuesto a que Ga Eul no querría verte así.

—Tienes razón –le dijo el joven alfarero—. Tienes toda la razón.

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Había pasado una semana desde el cumpleaños de la pequeña heredera del grupo Shinhwa. Hoy Yi Jeong llevaría a cabo una nueva exposición, después de mucho tiempo de no hacerlo. Estaba algo emocionado, pues uno de sus viejos amigos -de cuando estuvo viviendo en el extranjero- vendría especialmente a verle. Le había conocido hace casi siete años mientras estaba fuera de Corea y, por pertenecer al mismo país, rápidamente entablaron amistad. No le había visto durante cuatro años, porque él se había ido a los Estados Unidos, apenas regresaría hoy después de tanto tempo.

Se levantó temprano aquella mañana, dirigiéndose hacia el baño para tomar una ducha, pero antes de poder entrar, sintió que unos brazos femeninos le sostenían desde la espalda, haciéndole temblar ante el contacto de aquellas manos heladas con su piel desnuda.

—¿Te levantarás tan temprano? –le preguntó Seon Mi, besando suavemente su espalda—. ¿Por qué mejor no regresamos a la cama, Yi Jeong?

—No puedo –dijo el pelinegro, apartando las manos que le rodeaban para darse la vuelta y mirarla—. Recuerda que hoy es mi exposición, tengo cosas que hacer durante todo el día y no puedo perder el tiempo.

—¿Hacer el amor conmigo es perder el tiempo? –cuestionó la chica, ofendida, cruzándose de brazos y mirándole de mala gana, a lo que él negó con la cabeza.

—No fue eso lo que quise decir, tonta –aseguró Yi Jeong, besando suavemente los labios de su novia—. Tú sabes perfectamente a qué me refiero, ¿no? –le sonrió, separándose de ella—. Me alistaré ahora y luego me iré al centro de arte, te esperaré ahí, ¿de acuerdo?

—Está bien –dijo Seon Mi, dejándolo ir por fin. Le gustaba mucho el cambio que había tenido Yi Jeong, desde hace una semana parecía haber por fin superado a esa tal Ga Eul, y ahora las cosas estaban saliendo como ella quería.

Finalmente, Yi Jeong era sólo suyo.

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El salón de arte de la familia So estaba lleno de gente, la cual observaba fascinada todas las creaciones del joven alfarero. Muchas chicas habían ido sólo para verle a él, a pesar de saber que mantenía una relación con una famosa modelo. Había coleccionistas de arte muy famosos y Yi Jeong estaba realmente complacido con los resultados que había obtenido. Ahora que había decidido seguir adelante, todo parecía ir muy bien en su vida.

—Esta exposición es hermosa –le dijo su viejo amigo, con esa sonrisa alegre que lo caracterizaba. Extrañaba sus conversaciones con ese charlatán, siempre hablaban de tonterías y más porque él tenía una capacidad enorme de hablar de lo que quisiera.

—No puede ser, ¿en qué momento llegaste? –dijo Yi Jeong sorprendido, mostrando una sonrisa y dando un abrazo a ese amigo suyo.

Él era un chico alto, de desordenado cabello castaño claro y ojos café oscuro. Vestía como todo un caballero y se notaba que tenía mucho arrastre con las chicas, por la seguridad en su mirada.

—Llegué hace unas horas y vine aquí inmediatamente –dijo él—. Yi Jeong, no has cambiado nada.

—Tú tampoco, Sang Hyun –aseguró Yi Jeong.

Lee Sang Hyun era el joven presidente de una empresa de entretenimiento; sin embargo, había estado mucho tiempo en Estados Unidos y aún no era representante de ningún grupo musical en Corea.

—Tus obras de arte siguen siendo tan impresionantes, se nota que eres un artista de verdad –dijo Sang Hyun—. Creo que definitivamente llevaré una de ellas a casa.

—¿Y finalmente me presentarás a la mujer que te trae de cabeza? –preguntó Yi Jeong, a lo que él asintió con la cabeza y volvió a sonreír.

—Ella está aquí ahora mismo –aseguró.

Durante sus conversaciones telefónicas, Sang Hyun, éste le había confesado que había una mujer que le había robado el corazón, después de mucho tiempo de ser un casanova. Él y Yi Jeong eran realmente parecidos en su forma de ser, siempre estaban conquistando chicas y a ninguna de ellas la tomaban en serio, y siempre había sólo una que lograba calar hondo. Para Yi Jeong había sido Ga Eul y para Sang Hyun, era esta chica de la cual tanto hablaba.

Caminaron juntos mientras hablaban de tonterías, como siempre, hasta que Yi Jeong divisó a una mujer que le daba la espalda. Ella observaba con mucho interés uno de sus jarrones, ignorando la presencia de ellos. Poseía un cabello hermosamente largo hasta la cintura, de color castaño claro, brillante y liso. Sus ropas eran ciertamente muy elegantes y su figura, a pesar de verse normal, no le hacía desentonar para nada. A leguas se notaba que era una chica muy hermosa, aun estando de espaldas.

De pronto, notó que Sang Hyun se dirigía a ella. Así que era ella.

—Ella es Kim So Eun –dijo alegremente, tocando el hombro de la joven mujer, la cual lentamente se volteó, quedando frente a frente con Yi Jeong, quién sentía que su corazón iba a estallar.

No podía ser… ella era igual a Ga Eul…

Continuará…