Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.

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Capítulo 4: Un mundo caído

Cuando Yi Jeong la miró a los ojos, sintió que todo lo que había logrado construir a lo largo de estos cuatro años, todo el esfuerzo que puso para superar la partida de Ga Eul, e incluso su decisión de olvidarse de ella, todo se había derrumbado, todo se acababa de ir al demonio al encontrarse con esta mujer.

Tenía que ser una broma. Aquella mujer de nombre Kim So Eun, era exactamente igual a Ga Eul. Tal vez su cabello era más claro y sus ropas eran mucho más finas, pero definitivamente eran iguales.

—Esto no puede ser… –susurró Yi Jeong, tan confundido… tan sorprendido por esta situación.

—Mucho gusto –habló entonces ella, con aquella misma dulce voz, la voz de Ga Eul—. Soy Kim So Eun, es un placer –hizo una leve reverencia.

Los labios de Yi Jeong estaban secos y casi paralizados, a duras penas lograba moverlos, como haciendo el amago de pronunciar algo, pero no lograba hacerlo, no era capaz de decir absolutamente nada.

—Oh, este chico –Sang Hyun entonces le dio un leve empujón con el codo, logrando más o menos hacerlo reaccionar—. ¿Te has quedado impresionado con la belleza de So Eun? –se burló, a lo que la mencionada no pudo evitar sonrojarse.

—¡Oppa! –le regañó la chica—. ¿Cómo puedes decirle eso cuando lo acabo de conocer? –frunció levemente el ceño—. Qué vergonzoso.

—Oh, no te enojes, mi diosa –le dijo Sang Hyun, mostrándole su brillante sonrisa, a lo que ella sólo le miró molesta.

—Y-yo, mucho gusto –Yi Jeong hizo una leve reverencia ante la chica, para luego pasarse una mano por la frente, como si estuviese sudando mucho—. Yo… lo siento, debo irme, permiso –y después de eso, se alejó de ellos, yendo a quién sabe dónde.

—¿Lo ves, oppa? Por tu culpa se llevó una mala impresión de mí –la joven suspiró, mostrándose decepcionada—. Y ahora que por fin logré conocer al artista de tan impresionantes obras.

—Oye, ¿en qué parte fue mi culpa? –replicó el joven Lee, pero ella sólo se cruzó de brazos y le dio la espalda.

Desde que estaba en Estados Unidos, lo que más había deseado So Eun al llegar a Corea era conocer a So Yi Jeong, puesto que era una gran fan de sus obras, además, el arte y la cerámica le interesaban mucho, era una de las pocas cosas que podía recordar como uno de sus gustos, aunque no lograba entender por qué.

Por otro lado, Yi Jeong se había alejado hasta un pasillo desolado, en donde se fijó que no hubiese nadie y, una vez ahí, se dejó derrumbar, cayendo al suelo, apoyando su espalda contra una pared. Su respiración estaba agitada debido a la impresión tan grande que se había llevado, realmente, no lograba calmarse.

—G-Ga Eul… –se decía, llevándose una mano al pecho, en donde podía sentir sus latidos muy acelerados—. Ga Eul… era Ga Eul… era… era ella…

Cerró los ojos tratando de disipar esa sensación, pero sin darse cuenta las lágrimas brotaban por sí solas, demostrando lo inútil que había sido su esfuerzo por querer olvidarse de ella, esas estúpidas ganas de querer vivir una vida sin tener a Ga Eul en ella. Ahora entendía qué tanto la había amado, qué tanto la amaba aún, y lo imposible que sería sacarla de su mente.

Nunca, nunca iba a suceder.

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Aquella noche, Yi Jeong estaba más confuso que nunca. A cada segundo la sonrisa de esa mujer llamada Kim So Eun venía a su mente y le hacía preguntarse si realmente ella era Ga Eul. Mientras se daba una ducha con agua fría, sintiendo las gotas del líquido cristalino resbalando por su piel desnuda, podía recordar la única y maravillosa noche que compartió junto a su amada. Podía sentir aún las manos de ella en cada rincón de su cuerpo, sus propias manos recorriendo la suave piel de Ga Eul. La mirada en su rostro era tan inocente aquella vez, a pesar de lo segura que se veía cuando le dijo que quería ser suya. Ella era tan frágil e inexperta, no estaba segura de ninguno de sus pasos mientras él era un verdadero especialista en la materia. Sus besos, sin embargo, eran tan dulces, tan apasionados. Él se sentía casi como consumido por un fuego potente y abrasador.

Todo eso era imposible de borrar de su memoria, se sentía como el primer día, como si no hubiese pasado el tiempo.

—¿Por qué, Ga Eul? –se preguntó, golpeando la pared de la ducha, mientras las gotas no paraban de caerle encima. El corazón le dolía, su alma estaba destrozada. Sus golpes no se detenían y llegó incluso a sentir que una de sus manos no soportaba la carga y comenzaba a sangrar, pero dañar sus manos no parecía ser suficiente para detenerle. ¿No era todo mejor cuando no tenía un corazón para ser lastimado? ¿No era mucho más feliz cuando no amaba a ninguna mujer, cuando sólo jugaba con ellas? Ahora simplemente no podía parar de sufrir, todo lo que creyó que había conseguido, se había caído en cinco segundos, las cicatrices que por tanto tiempo cuidó se habían abierto de forma estrepitosa.

Kim So Eun… ¿Acaso ella era Ga Eul? ¿Podían dos personas ser tan parecidas?

Cuando salió de la ducha y se vistió, se ocupó de curar su mano también. No era una herida seria, por lo que estaría bien en unos días. Sin embargo, la otra herida, la de su alma, esa no sanaría nunca.

Se distrajo cuando su celular comenzó a sonar. Al tomarlo y ver el nombre, se dio cuenta de que se trataba de su prometida, la mujer con la que se iba a casar.

¿Acaso de verdad sería capaz de casarse con ella?

—Demonios… –masculló. No tenía deseos de hablar con ella, así que colgó la llamada y apagó su teléfono, para luego dejarse caer de espaldas sobre su cama. Tenía tantas cosas en la cabeza dándole vueltas, que no lograba estar en paz. No podía tranquilizarse, esto era demasiado para él.

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Seon Mi arrojó su teléfono sobre la cama con rabia. Yi Jeong no le contestaba las llamadas e incluso había apagado su celular. ¿Qué estaría pasando con él? Verdaderamente le molestaba su actitud cuando comenzaba a ignorarla de esa forma, ¿acaso volvería a ser el mismo de siempre? Se había estado comportando tan bien, ¿por qué tenía que volver a ser el mismo?

—Yi Jeong… –susurró molesta, tirándose sobre la cama.

No dejaría que Yi Jeong la tratara como a su juguete.

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Se quitó delicadamente el hermoso collar que adornaba su cuello, para dejarlo con cuidado dentro de una cajita. Se miró al espejo y sonrió dulcemente. Su cabello era tan largo y lindo, realmente le encantaba peinarlo y cuidarlo, así como su piel. Después del terrible accidente que había tenido, ella no lograba recordar nada de lo que fue su vida antes, incluso su rostro había recibido severos daños, pero gracias a los médicos, logró sanar y verse bien de nuevo. De no haber sido por la ayuda de Sang Hyun, ella ni siquiera estaría viva.

—Cielos… –soltó un profundo suspiro—. Yi Jeong-ssi es más apuesto de lo que pensé –dijo para sí misma.

Mientras estaba en el hospital de Estados Unidos, recibiendo tratamiento para recuperarse, So Eun había visto los trabajos de aquel artista por medio de revistas y ese tipo de cosas. Había muchas entrevistas a él y verdaderamente lucía muy interesante, pero por alguna extraña razón, en cada una de esas fotografías, sus ojos siempre se veían tristes. Era como si un gran dolor lo aquejara, como si algo terrible le hubiese sucedido en algún momento de su vida, y por eso jamás lograba sonreír sinceramente.

Desde ese tiempo, ella siempre había querido conocerle en persona, entender el significado de todo ese dolor escondido en su mirada, saber cuál era su inspiración para crear un arte tan hermoso. Y sin darse cuenta, cada vez que lo veía en fotografías o en entrevistas por internet, su corazón comenzaba a latir muy rápido.

A veces eso le hacía sentir culpable y confusa; no sabía por qué le interesaba tanto una persona que estaba tan lejos de ella, mientras que a Sang Hyun, quién había estado a su lado desde el principio, no lograba verle como algo más que un amigo, como su salvador, pero no podía amarlo como él lo esperaba.

—Yo… quisiera poder recordar mi pasado… –dijo, volviendo a mirarse al espejo, mientras se peinaba lentamente. No podía describirlo, pero estaba segura que si se quedaba aquí en Corea y se acercaba a esa persona por la cual su corazón se aceleraba, probablemente lograría recordar algo.

Al menos eso quería creer.

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El sol ya había aparecido, pero Yi Jeong aún se encontraba encerrado en su departamento, el cual había comprado para mantenerse alejado de su madre. Se sentía completamente avergonzado por haber sido manipulado por ella hasta el punto de dejar ir a Ga Eul y provocar su muerte. Por más que todos le decían que no era así, que el asunto nada tenía que ver con él, que todo había sido un simple accidente, él no dejaba de culparse.

Había llegado al punto de odiarse a sí mismo, tanto como para atentar contra su propia vida. Había sucedido hace cuatro años, una semana después del accidente en donde perdió para siempre a Ga Eul, él estaba tan dolido y destrozado que no podía soportarlo, deseaba irse junto a ella, abandonar la vida tan miserable que le había quedado después de su partida y olvidarse de todo el dolor.

Quiso hacerlo, pero no pudo.

¡¿Acaso estabas loco?! –le gritó Woo Bin mientras lo veía con rabia. Sus ojos estaban inundados de lágrimas, pero ninguna de ellas bajaba por sus mejillas. Observaba al alfarero postrado en una cama, después de haber chocado su auto, tratando de morir.

No me regañes, sólo déjame en paz –dijo Yi Jeong con indiferencia, pero, de pronto, comenzó a sentir mucha rabia, rabia porque seguía vivo, porque nada grave le había pasado, cuando lo que en verdad deseaba era morir—. Soy tan inútil que ni siquiera puedo quitarme la vida.

¿Por qué haces esto? –la voz de su mejor amigo sonó quebrada y dolorida, fue entonces que él le volteó a mirar—. Yi Jeong, sé que la amabas, pero… ¿no te importa nada ahora?

No puedes entenderme, nunca podrías hacerlo porque nunca has amado a alguien de verdad, no puedes sentir lo que yo… el dolor de que ya no esté a mi lado…

Yi Jeong…

Sólo quiero irme con ella… Woo Bin… –en ese instante, sus ojos se llenaron de lágrimas, su corazón estaba destrozado, odiaba el hecho de seguir con vida.

Cerró sus ojos.

No te dejaré –escuchó una voz femenina. Abrió nuevamente sus ojos y vio a Jan Di, quién le miraba fijamente y muy enojada. Se notaba que también había llorado, pero Yi Jeong no podía creer que ella hubiese llorado debido a su accidente—. Yi Jeong Sunbae, nunca vuelvas a hacer esto de nuevo, ¿crees que Ga Eul-ah estaría feliz?

Jan Di-ah…

El recordar esos amargos momentos no era nada agradable, le hacían sentir tremendamente arrepentido. En lugar de estar ahí tirado como un idiota, lo que debería de estar haciendo era ir en busca de esa joven, comprobar si ella realmente era quién decía ser. Pero incluso si él pensaba eso, debía verla alguien más para que así dejara de sentir que estaba loco.

—No puedo haberlo imaginado, ella… ella era igual…

Decidió levantarse y darse una ducha, iría a ver a Jan Di para contarle lo sucedido, quería que Jan Di también la viera, tenía que ser cierto.

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Seon Mi terminó de arreglarse frente al tocador del camerino que ocupaba, para luego mirar con enfado su teléfono celular. No tenía ni una sola llamada de Yi Jeong y eso le irritaba demasiado.

—Este idiota… –murmuró con enfado, dejando el teléfono con brusquedad sobre el mueble. Vio como So Young se le acercaba con muchas cosas en las manos, ella siempre la mantenía ocupada como si ésta fuese su empleada—. Aish. ¿Qué haces tardando tanto?

—Lo siento, estaban arreglando el pasillo y yo…

—¡Olvídalo! –le interrumpió Seon Mi, poniéndose de pie—. Ya no tienes que traer nada, me arreglé yo misma así que sólo vete al auto y espérame ahí.

—Sí, perdón, Seon Mi –So Young dejó las cosas que traía encima de la mesita del tocador y se marchó con la cabeza gacha hacia el auto que ambas utilizaban para movilizarse. A veces se preguntaba por qué aún soportaba el trato que Seon Mi le daba, cuando se suponía que ambas eran amigas. Ella parecía más bien la esclava de Seon Mi y no su amiga, eso era algo doloroso, ya que ambas se conocían desde que iban juntas a la escuela.

Soltó un enorme suspiro y puso algo de música de la radio del auto para hacer tiempo, ya que hasta que Seon Mi terminara, faltaba mucho aún. A veces era demasiado aburrido estar ahí sin hacer nada, le gustaría por lo menos tener un novio con el cual distraerse y salir a citas, pero ella era tan sin gracia que nadie le hacía caso.

Incluso sabiendo eso, ella aun así tenía altos estándares a la hora de fijar su vista en un chico, habiéndose enamorado de un F4…

—Ah, So Young, eso es totalmente imposible, olvídalo –se dijo a sí misma, golpeándose la cabeza. Ese chico guapo y exitoso jamás se fijaría en alguien tan poca cosa como ella.

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Yi Jeong había ido al hospital en donde Jan Di trabajaba, el mismo donde también se encontraba Ji Hoo. Le había hablado de la aparición de esta chica, de su seguridad por pensar que se trataba de Ga Eul y no de alguien que sólo se le parecía, pues no podía existir tal coincidencia.

—Es ella, Jan Di-ah, tienes que creerme –decía con desesperación—. Realmente ella es Ga Eul.

—Sunbae, tal vez sólo te sorprendiste por su parecido, pero eso no puede ser, Ga Eul se fue –le trataba de explicar Jan Di, pero no había poder humano que convenciera a Yi Jeong de lo contrario, estaba seguro de haber encontrado nuevamente a Ga Eul y tenía que comprobarlo de alguna manera.

—Si la hubieses visto… si la hubieses visto me creerías –dijo—. Verás que tengo razón.

Después de sus palabras, se fue, dejando a Jan Di realmente preocupada. Pensaba que Yi Jeong ya había superado la muerte de su amiga, pero tal vez su negación iba mucho más allá de lo que ella había imaginado. Lo mejor era que se mantuviera cerca de su sunbae, no quería que él volviera a cometer alguna locura parecida a la de hace cuatro años, en donde estuvo a punto de terminar con su vida debido a su tristeza y dolor.

Jan Di se había dado cuenta después de eso que él realmente amaba a Ga Eul, que lo que pasó entre ellos no había sido algo planeado y ,que en lugar de mostrarle odio, debía apoyarlo para que lograra superarlo, pero parecía que aún no era capaz de eso.

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Lee Sang Hyun se encontraba en la oficina que acababan de acondicionar para él, dado que había mudado sus empresas a la ciudad de Seúl. Nunca le había interesado emprender negocios en este lugar, pero debido a las insistencias de So Eun de querer vivir en Corea, él había accedido. Era capaz de todo por ella, porque realmente esperaba que con ello la dulce chica le fuera a dar una oportunidad para ser su único amor. En dos ocasiones ya le había propuesto matrimonio en medio de bromas, pero ella le había respondido que no estaba lista para un paso tan grande.

Ahora mismo estaba planeando hacer una proposición formal y esperaba recibir un sí. Desde la primera vez que le vio, supo que ella era la mujer destinada para ser su diosa, por eso mismo le llamaba de esa manera: "mi diosa".

—Espero que con todo lo que hago por ti, por fin aceptes ser mi esposa, mi diosa –dijo para sí, pero haciendo de cuenta que ella le estaba escuchando.

So Eun había pasado por momentos muy difíciles en su vida. Debido a un accidente terrible que había tenido, ella no recordaba nada de su pasado, por lo que sufría mucho tratando de hacerlo; sin embargo, debido a ese mismo accidente, ella había llegado a su vida, y podía sonar un poco egoísta, pero lo agradecía. Si no fuera por ella, aún sería aquel desgraciado que jugaba con las mujeres. Sang Hyun había tenido que hacer todo por ella, luego de encontrarla tirada en una carretera desolada, herida y casi moribunda, incluso había tenido que darle un nombre e inventar una falsa vida para que ella no se sintiera mal por no saber ni siquiera quién era.

So Eun pensaba que ese era su nombre verdadero, que ella y Sang Hyun eran amigos desde que vivían en Corea, que sus padres habían muerto hace años y que ella no tenía a nadie más en el mundo que él.

No es que él le hubiese querido mentir a propósito, de verdad intentó buscar a su familia, averiguar quién era ella, pero por más que lo intentó, no logró conseguirlo y tampoco podía abandonarla a su suerte, por eso, hizo una nueva vida para ella. So Eun nunca recobraría sus recuerdos de la vida que él le había contado que ella tenía antes del accidente, porque esa vida, simplemente, jamás había existido.

—So Eun… –susurró para sí—. Espero nunca te enteres de la verdad, nunca recuperes tus recuerdos, porque si eso sucede, te perderé para siempre.

Cerró los ojos y suspiró hondamente, procurando no volver a repetir esas palabras ni tampoco volver a pensarlas. Nunca dejaría que ella se apartase de su lado.

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Cuando no tenía nada que hacer, ni encontraba una salida a sus dudas y problemas, la única respuesta para Yi Jeong era siempre la alfarería. Hacer un jarrón le hacía olvidarse de las cosas malas que sucedían en su vida, mientras se perdía en los detalles para que éste quedase perfecto, dejaba de pensar en el dolor que lo aquejaba desde hace cuatro años, e incluso el dolor que antes sentía por todas las cosas que sus padres le hacían pasar.

A pesar de la oscuridad y tranquilidad del lugar, él se sentía realmente a gusto, pues ese era su pequeño espacio personal, ese territorio en donde nadie le iba a molestar, ni si quiera su madre o Seon Mi. El lugar perfecto.

—Sunbae… –escuchó de pronto una voz, esa voz que le hacía erizar la piel y le atravesaba incluso los huesos. Como una fina brisa de madrugada, era la voz de su amada. Volteó lentamente y la vio emerger desde la puerta. Cuando la vio aparecer en su estudio sintió que se le detenían los latidos del corazón y un nudo se formó en su garganta. Ella era simplemente hermosa, perfecta, no había más palabras para describirla.

—¿Qué… haces aquí…? –preguntó confuso.

—Quisiera aprender –dijo Kim So Eun—. Quisiera aprender alfarería como usted –y mostró aquella sonrisa, derritiendo por completo al chico frente a ella, sin saber lo que él estaba sintiendo, que incluso era capaz de estrecharla entre sus brazos en ese momento, si no supiera que ella no lo recordaba.

Pero la recuperaría, estaba seguro.

Continuará…