Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a sus respectivos creadores.
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Capítulo 5: Determinación
Cuando Kim So Eun había aparecido en su estudio, ciertamente se sorprendió mucho y hasta se llegó a asustar. Le parecía increíble que ella quisiera recibir clases de alfarería de él. Le había hecho recordar a cuando Ga Eul tomó dichas clases sólo para lograr estar más cerca de él. Era cierto, en un principio se había sentido intimidado, pero ahora pensaba que esto era justo lo que necesitaba para acercarse a ella, para averiguar quién era ella realmente.
—¿Estás segura? –Yi Jeong le miró fijamente, dejando que su enigmática sonrisa hiciera temblar el cuerpo de Kim So Eun. A pesar del tiempo que llevaba sin ser un casanova, aún no había perdido del todo la práctica y sabía muy bien cuando su presencia ponía nerviosa a una mujer.
—¿Por qué… por qué me pregunta? –la chica le miró confusa y algo sonrojada, no podía evitar sentirse como una tonta frente a ese chico. ¿Por qué rayos era tan apuesto?
—Lo digo porque si de verdad quieres aprender, tendrás que tener mucha determinación –fueron las palabras del alfarero—. Esto no es algo que pueda hacer cualquiera, menos si no se encuentra comprometido con la tarea.
—¡De verdad quiero intentarlo! –exclamó en ese momento So Eun, dejando ver su desesperación por realizar dicha labor—. Desde que estaba en los Estados Unidos he querido aprender sobre esto, no es algo que planee hacer sin pasión alguna, así que, por favor…
Yi Jeong sonrió al verla tan convencida. Ella parecía ser un poco tímida, pero muy decidida, como su Ga Eul. Cerró los ojos al haber vuelto a pensar en ella una vez más. Sabía que, si esta chica resultaba no ser Ga Eul, nunca la podría ver sin recordar a su amada, nunca la iba a poder ver como otra persona. No quería obsesionase y confundir las cosas, pero era muy difícil verla y no imaginar que ella era Ga Eul.
—En ese caso, creo que puedo ayudarte –dijo de pronto—. Mañana nos encontraremos y te enseñaré algunas cosas básicas, ¿te parece?
—¡Sí! –dijo entusiasmada So Eun, después de eso, abandonó el estudio de Yi Jeong, mientras éste sólo pensaba en cómo le haría para averiguar si ella era o no su Ga Eul.
Todavía podía recordar la vez en que llegó a su velatorio. No le permitieron ver el cuerpo de Ga Eul porque decían que estaba demasiado mal, que tras la explosión había quedado devastada. Cuando quiso saber cómo es que estaban tan seguros de que ese era su cuerpo, le dijeron que, porque tenía todos sus documentos de identificación, también algo arruinados por el fuego. Pero ni todo eso convenció a Yi Jeong de que esa era la realidad, en el fondo de su corazón, algo siempre le dijo que su Ga Eul aún estaba en este mundo.
Ahora más que nunca quería creer en ello.
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Seon Mi tiró el celular sobre el mueble del tocador una vez que el mensaje del buzón de voz volvió a sonar al marcar el número de Yi Jeong. Había estado tratando de llamarlo todo el día sin tener el menor éxito, ya estaba sinceramente cansada. Hace rato había mandado a So Young al demonio por lo enojada que estaba y ahora se sentía un poco desgraciada por eso, sabía que su amiga sólo trataba de ayudarla, pero ella no tenía tanta paciencia con la gente.
Después de terminar su trabajo de hoy, decidió vestirse y tomar nuevamente su celular, así como las llaves de su auto. Iría directamente a hablar con Yi Jeong y a preguntarle qué demonios le pasaba para estar así de alejado con ella.
Cuando iba caminando por uno de los pasillos, dirigiéndose a la salida, se topó con un joven actor que aún era algo desconocido para el público, pero ella le conocía muy bien, ya que solían ser buenos amigos.
—Seon Mi-ah –dijo él, sonriéndole.
—Jae Min oppa –la chica le sonrió también, haciendo la típica reverencia de saludo.
Cho Jae Min era un joven de sólo veinticinco años. Era alto, de piel algo tostada y ojos profundos y rasgados. Llevaba el cabello negro siempre desordenado, dándole un aspecto algo rebelde. Él siempre había estado tras Seon Mi, pero había pasado un largo tiempo desde la última vez que se vieron, y lo último que supo de ella era que estaba saliendo con alguien muy prestigioso y de mucho dinero.
—¿Cómo has estado? –preguntó con cierta emoción el actor, pues en verdad le alegraba verla, a pesar de que ella no pareciera muy contenta. Tenía la impresión de que estaba muy apurada y que su presencia le incomodaba un poco, pero aun así tenía la esperanza de que Seon Mi al menos le saludaría más afablemente antes de retirarse.
—Muy bien, oppa, muy bien –dijo mirando hacia un costado—. Lo siento, pero tengo que reunirme con mi novio, nos veremos después –y sin más, se alejó, dejándolo solo y queriendo decirle muchas cosas, entre ellas, lo hermosa que estaba.
Suspiró desganado.
—Creo que nunca me tomará en cuenta –se dijo decepcionado.
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So Young se había quedado dormida dentro del auto, pues estaba aburrida de esperar a Seon Mi y la música que había puesto había funcionado como canción de cuna. De pronto, de la nada, ella abrió sus ojos y miró hacia afuera. Había comenzado a llover débilmente, lo que le pareció un poco extraño ya que no vio nada de eso en el reporte del tiempo.
—So Young, necesito que te bajes –escuchó de pronto la voz de Seon Mi, a la cual vio para al lado suyo. Ella le miró un poco confusa, ya que aún no despertaba del todo—. ¡Qué te salgas te dije! –le gritó la modelo, a lo que So Young finalmente pareció reaccionar; aquel grito.
—¡S-sí! –y como un rayo, abrió la puerta del auto y se bajó, recibiendo las gotas de lluvia sobre su rostro—. ¿Te irás sola? –preguntó cuándo vio a Seon Mi subir y cerrar la puerta, para luego ponerse el cinturón de seguridad.
—Iré a ver a Yi Jeong, tú pide un taxi o algo –explicó antes de arrancar, pisando el acelerador a fondo. So Young sólo alcanzó a alzar un poco su mano, en un vano intento por llamarla. Ni siquiera alzó la voz para hacerlo, pues claramente ya era demasiado tarde.
La lluvia de pronto comenzó a caer un poco más fuerte y ella buscó entre sus ropas su billetera y su teléfono, pero para su desgracia en ese momento, se acababa de dar cuenta que había dejado ambas cosas dentro del auto. Ahora no tenía ni cómo hacer una llamada, ni mucho menos dinero para pagar un taxi o, aunque sea, el autobús. La lluvia se hacía cada vez más fuerte y tampoco tenía paraguas, y no es como si Seon Mi fuese a notar que se había llevado sus cosas, puesto que ella llevaba sólo a Yi Jeong en la cabeza.
—Demonios, tendré que regresar a casa caminando –se dijo a sí misma, emprendiendo el camino de una vez, antes de que la lluvia empeorara.
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Sang Hyun estaba revisando unos papeles que tenían que ver con su negocio. Estaba muy concentrado en ello, hasta que de pronto unos golpecitos a la puerta de su nueva oficina le distrajeron, haciendo que levantara la mirada. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al ver a la persona que estaba ahí parada, mirándole con su hermosa y dulce expresión.
—So Eun-ah, ¿qué sucede? –preguntó algo confuso, ya que no esperaba su visita. Ella se veía demasiado radiante el día de hoy, le daba la impresión de que algo bueno le había sucedido y eso le daba mucho gusto, ya que a pesar de ser una chica que siempre sonreía, aquella sonrisa la mayoría de las veces era vacía, porque nunca estaba del todo feliz debido a las cosas terribles por las cuales había pasado. Sin embargo, hoy parecía ser un caso diferente.
—Vine a visitarte, oppa –dijo ella, acercándose con gracia hasta sentarse frente al hombre—. Estoy muy feliz porque conseguí que So Yi Jeong-ssi me diera clases de alfarería –confesó llena de alegría, sorprendiendo un poco a Sang Hyun.
—¿De verdad aceptó? –preguntó curioso. Por el tiempo que llevaba conociendo a Yi Jeong, sabía lo celoso y lo serio que era respecto a la alfarería. Él siempre decía que ese trabajo no era algo que cualquiera pudiese aprender, por lo que pensaba que rechazaría a So Eun cuando ella se lo pidiera e incluso estaba pensando en ir a rogarle si se daba el caso, pero tal parecía que sus súplicas no iban a ser necesarias.
—Así es –So Eun asintió con la cabeza—. Él es una muy buena persona, ¿no es así? –sin darse cuenta, ella dejó escapar un suspiro, el cual volvió a sorprender a Sang Hyun—. Además de todo, él es un chico muy apuesto… –fueron los pensamientos de la joven.
Ella volteó la mirada para echar un vistazo a la oficina de Sang Hyun, mientras éste sólo la miraba con cierta sospecha. No podía ser que a So Eun le hubiese atraído Yi Jeong, ¿cierto?
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Yi Jeong estaba en su estudio, a oscuras, trabajando en un nuevo jarrón. Tenía una gran inspiración para esta pieza y la sonrisa que adornaba sus labios no había sido vista en él desde hace muchísimo tiempo. Casi había perdido los deseos de hacer cualquier cosa, incluso aquello que tanto le apasionaba, pero en este momento, realmente se sentía con deseos de hacer todo, de darlo todo.
Podía que fuese sólo una estúpida ilusión, pero mientras pudiera comprobarlo, pensaría que So Eun era Ga Eul, al menos hasta probar lo contrario.
—Ga Eul-yang… –susurró en voz baja, con una pequeña sonrisa marcada en sus labios. En ese momento, un recuerdo se le vino a la cabeza, fue de la noche en que estuvo con Ga Eul, en que compartió todo su amor con ella.
Ga Eul estaba recostada en la cama, cubierta con las sábanas de la misma y dándole la espalda a él, tal vez debido a la vergüenza que sentía luego de lo que habían hecho. Yi Jeong la miraba desde su lugar, detallando el hermoso color de su cabello y la forma de su espalda desnuda. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios al darse cuenta de que Ga Eul trataba de ocultar su expresión avergonzada de él.
—Ga Eul-yang –le susurró cerca del oído, acercándose a ella para rodear con delicadeza su cintura. Ella enrojeció como un tomate, lo cual Yi Jeong pudo apreciar con claridad—. No estés avergonzada, Ga Eul-yang –le dijo divertido.
—Sunbae… es que yo… –la chica se volteó, quedando recostada de espalda sobre la cama, y mirando fijamente al chico que estaba recostado con la mitad de su cuerpo sobre el de ella y uno de sus brazos aun rodeándole la cintura—. Estoy avergonzada, porque yo nunca antes había…
—¿Crees que no lo sé? –él le besó dulcemente los labios, acariciando también su cabello con la misma mano con la que antes la mantenía presa—. Sé que soy el primero, y sé también que quiero ser el único.
—S-sunbae… –Ga Eul se volvió a sonrojar como un semáforo, lo que a Yi Jeong le pareció realmente tierno.
—Ga Eul-yang, tengo algo para ti –él se levantó un momento de la cama, por lo que Ga Eul pudo apreciar a la perfección su cuerpo desnudo. ¿Cómo podía él ser tan apuesto? Por su parte, Yi Jeong recogió su saco del suelo y de uno de los bolsillos sacó una pequeña bolsita que parecía de terciopelo. Regresó a la cama junto a su novia y le enseñó la bolsita.
—¿Qué es? –preguntó curiosa la chica, sentándose para ver mejor qué era eso, sin olvidar cubrirse debidamente con la sábana.
—Es un regalo para ti, debes llevarlo siempre contigo porque significa que te estaré cuidando a dónde quiera que estés.
Ga Eul recibió la bolsita y la abrió, descubriendo dentro un hermoso colgante de plata. No era tan aparatoso como el que Jun Pyo le había dado alguna vez a Jan Di, éste era mucho más pequeño y se trataba de una flor, un girasol.
—Es muy bonito, pero yo… no puedo aceptar algo así, sunbae –dijo mirándole, a lo que él negó rápidamente con la cabeza. Tomó entre sus manos el pequeño colgante y apartó hacia un costado el cabello de Ga Eul, para así lograr más cómodamente ponerle su regalo—. Sunbae…
—Es tuyo, Ga Eul-yang, no puedes decirme que no lo aceptas –le advirtió él—. Me dolería si me dices que no –dijo Yi Jeong, alejándose una vez que logró ponerle el colgante a su novia.
—Pero yo… –ella sostuvo el pequeño girasol con una de sus manos, para luego mirar a Yi Jeong, sonriendo—. Es muy hermoso, sunbae, nunca me lo quitaré –aseguró.
—Más te vale –el chico lentamente la tomó del mentón, para luego besarla en los labios con pasión—. Ga Eul-yang… ya has descansado lo suficiente… –susurró contra sus labios.
—¿Q-qué quieres…? –pero la chica no pudo terminar su frase, puesto que fue empujada contra la cama una vez más, sin tener derecho a replicar.
Yi Jeong sonrió al recordar ese momento y la forma en que Ga Eul se había quejado después por no dejarla descansar en toda la noche. Pero fue ahí que se detuvo a pensar. Era verdad… aquel colgante…
Cuando Ga Eul subió a ese maldito autobús, él vio claramente como ella lo llevaba puesto. Más tarde, durante su funeral, le dijeron que su cuerpo no lo llevaba y tampoco estaba entre sus cosas… ¿Podía ser posible que lo perdiera en el transcurso de ese tiempo? ¿O tal vez realmente la persona que habían enterrado no era Ga Eul?
—¿Qué hay si… si Kim So Eun lo tiene…? –se preguntó a sí mismo en voz alta, sin notar que alguien llegaba a su estudio.
—¿Quién es Kim So Eun, y qué es lo que tiene? –oyó la voz de Seon Mi, la cual le miraba con el ceño fruncido y un aire de querer asesinarlo por haber ignorado sus llamadas durante todo el día. Lo cierto era que no había tenido ánimos de verla, desde la llegada de esa mujer que era igual a Ga Eul—. Yi Jeong, estoy preguntándote algo –insistió la joven, la cual encendió la luz para que su mirada enojada se pudiese apreciar mejor.
Yi Jeong frunció el ceño al sentir la luz golpear contra sus ojos. Se puso de pie malhumorado y caminó hacia la salida de su estudio, en donde estaba parada Seon Mi.
—Hoy no tengo deseos de verte, Seon Mi, por favor déjame solo –dijo Yi Jeong con indiferencia, pasando de largo la figura de su novia e ignorando que ésta trataba de abrazarlo. Ahora que Kim So Eun había aparecido, no había nadie más en su mente. Tenía que haber una forma de probar que ella era Ga Eul.
—Yi Jeong… –la chica le miró con el ceño fruncido—. ¿Qué te pasa últimamente?
—Sólo vete –respondió malhumorado. Le enfurecía que ella fuese tan insistente. Seon Mi le miró nuevamente con furia, antes de darle la espalda y abandonar el lugar.
Ella caminó bajo la lluvia hasta su auto y cerró dando un portazo.
—¡Eres un idiota, So Yi Jeong! –exclamó dolida por la actitud de su novio, mientras las lágrimas bajaban por su rostro. Por hoy pensaba dejarlo en paz, pero nunca, jamás lo abandonaría, iba a averiguar qué le pasaba y también sabría quién era esa tal Kim So Eun y por qué la nombraba. No dejaría que nadie la apartara de su hombre.
En momentos como este, era cuando necesitaba a su amiga cerca, pero no estaba segura si ella querría verle después de cómo le trató. Lo más seguro era que no le querría hablar, pero de todos modos quiso hacer el intento, así que tomó su celular y marcó su número. Esperó pacientemente; sin embargo, de pronto oyó una musiquita que le pareció conocida. Se volteó y vio que en el asiento trasero estaban el celular de So Young y también su billetera. Se sorprendió, porque ahora que lo pensaba, si ella se había llevado todas sus cosas, ¿cómo es que So Young regresó a casa?
—Aish, esta tonta, ¿por qué no me dijo nada? –sin esperar un segundo más, se puso el cinturón de seguridad y aceleró hacia la casa de su amiga.
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El doctor Yoon Ji Hoo se encontraba terminando su día laboral en el hospital. Llevaba puesta su bata blanca y también los anteojos que utilizaba para leer los expedientes de sus pacientes. Había tenido un día muy pesado y todo lo que deseaba ahora era regresar a casa y descansar.
Cuando iba saliendo de su box privado, se encontró afuera con Jan Di, la cual también terminaba sus labores por hoy.
—Jan Di –le llamó, a lo que la joven doctora se volteó y le sonrió.
Poco rato después, los dos se encontraban en la cafetería del hospital, bebiendo un café expreso antes de irse cada uno a su casa.
—¿Qué tal han ido las cosas en casa? –preguntó Ji Hoo con esa sonrisa pequeña y caballerosa que lo caracterizaba—. ¿Todo ha ido bien con Jun Pyo? –quiso saber.
—Todo ha estado bien –dijo Jan Di con una enorme sonrisa.
A pesar de que Ji Hoo pareciera recuperado y fingiera haber olvidado a Jan Di, lo cierto es que muy dentro de su pecho hubiese preferido oír a Jan Di decir que no todo estaba bien con Jun Pyo, que las cosas iban cada vez peor y que se arrepentía de haberse casado con él, pero sabía que eso nunca iba a pasar. Le dolía darse cuenta de que, sin importar cuánto tiempo hubiese pasado, él aún seguía sintiendo cosas por Jan Di. Aunque ella fuese la esposa de su mejor amigo y ambos tuviesen una hija.
—Eso es muy bueno –dijo, antes de beber un sorbo de su café.
—Sunbae… –lo llamó la chica—. No quiero parecer indiscreta, pero… Sunbae, ¿no has pensado en salir con alguien?
Ji Hoo, sin querer, expulsó de forma brusca el café que estaba bebiendo, por suerte no lo lanzó lejos, sino que sólo se manchó un poco la ropa.
—¿Estás bien, sunbae? –Jan Di se levantó de su asiento para ayudarlo, pero él le dijo que todo estaba bien, así que ella regresó a su lugar—. Siento haberte preguntado algo así, es sólo que yo… te he visto tan solo desde lo de tu abuelo que…
—Está bien –le dijo Ji Hoo—. Y no, no he pensado en salir con nadie –confesó, desviando la mirada para entretenerse un poco con la gente que iba pasando—. Lo haría si conociera a una mujer de la cual me pudiera enamorar, pero no encuentro a ninguna.
—Ya veo… –Jan Di bajó la mirada apenada. Lo cierto era que no quería pensar que por su culpa Ji Hoo podía estar siendo infeliz, no quería creer en algo así, porque lo apreciaba mucho, porque él había sido su primer amor y también el héroe que muchas veces la había salvado en los momentos de desesperación.
Ese día, cuando Ji Hoo salió del hospital y fue a recoger su auto para ir a casa, se quedó pensando seriamente en la pregunta de Jan Di. Lo cierto era que hasta ahora no había necesitado a nadie a su lado, pero era verdad que se sentía solo, muy solo.
¿Acaso sería posible que él se pudiera enamorar?
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Era un nuevo día, en el cual el sol brillaba enormemente en lo alto del cielo, al contrario del día anterior. Yi Jeong esperaba con emoción a la chica a la que hoy le haría clases de alfarería por primera vez. Se había arreglado muy bien para la ocasión, pues esperaba sorprenderla con su apariencia. Tenía todo listo en su estudio, sólo faltaba ella.
—H-hola –escuchó su voz, a lo que se volteó y miró a la entrada.
Yi Jeong sonrió como un idiota cuando la vio llegar. Ella lucía tan hermosa, con un simple vestido de color rojo y un pequeño abrigo blanco encima. ¿Podía una chica en el mundo ser tan encantadora como para hacer a su corazón saltar como un loco dentro de su pecho?
—¿Llego tarde, sunbae? –preguntó So Eun, con esa hermosa sonrisa, mientras sentía sus mejillas arder al observar lo apuesto que era su profesor de alfarería.
—No, llegas justo a tiempo –respondió él, igual de perdido en ella como lo estaba la chica por él. No sabía muy bien qué decirle, lo cierto era que estaba un poco paralizado y se sentía así cada vez que la tenía cerca, ya que era como estar mirando al sol, demasiado deslumbrante. Pensó por un momento en qué haría, hasta que se le ocurrió algo—. Puedes pasar y sentarte aquí –dijo mostrándole una silla—. Primero te enseñaré unas cosas básicas.
—S-sí –So Eun se acercó y tomó asiento, observando con curiosidad cada cosa que había en ese lugar. Yi Jeong tenía algunas piezas sin terminar y otras que estaban perfectamente hechas, todo ello llamaba enormemente la atención de So Eun y, a la vez, le hacía sentir como si ella, de alguna forma, ya hubiese estado en un lugar así antes.
Yi Jeong se sentó a su lado y comenzó a hablarle de todas las cosas básicas referentes a la alfarería y en un determinado momento, tomó entre sus manos un pequeño jarrón de greda, mostrándoselo a So Eun.
—Este pequeño jarrón, aquí dónde lo ves, ha tenido que soportar grandes cosas para ser como es ahora –comenzó diciendo, dejando que So Eun sostuviera entre sus manos la pieza, con mucho cuidado—. Por ejemplo, para llegar a ser tan duro, ha tenido que ser fundido a…
—A mil trescientos grados –lo interrumpió So Eun, haciendo que el chico le mirara sorprendido. Él no se esperaba algo así, ni si quiera ella misma pensó que iba a saber esa respuesta.
—Así es –le sonrió Yi Jeong—. ¿Cómo lo sabías?
—Yo… –la chica se quedó callada un momento, tratando de pensar, de recordar de dónde era que sabía aquella información, pero lo cierto era que no tenía ni la menor idea—. Yo… debo haberlo leído en alguna revista –mintió, pues la verdad era que no podía recordarlo.
—Oh, claro, una revista –Yi Jeong se mostró un poco decepcionado, pues esperaba que ella le dijera que era algo que había recordado, que fue él mismo quién se lo enseñó. En serio lo esperaba—. Bueno… sigamos… –dijo él, como para cambiar un poco el tema. So Eun asintió con la cabeza y decidió olvidarse de ese asunto que daba vueltas una y otra vez en su mente.
¿De dónde habría sacado esa respuesta? La verdad, no importaba, tal vez sí lo leyó en alguna parte.
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Seon Mi tenía la grabación de un comercial hoy. No había llamado a Yi Jeong porque pensaba ir a su casa sin avisarle más tarde, no le importaba que él no la quisiera recibir, después de todo, ella era su novia y él no tenía el derecho de rechazarla de la manera en que lo hacía.
Estaba peinando su cabello frente al espejo del tocador, cuando de pronto vio a través del mismo que So Young se le acercaba, cargando la ropa que usaría para la grabación de hoy. Frunció el ceño al notar que caminaba un poco extraño, como si no pudiese ver muy bien lo que tenía enfrente.
—¿Estás bien? –preguntó, parándose de su asiento para ver el estado de su amiga. Le quitó de las manos la ropa y la dejó a un lado, poniendo su mano sobre la frente de So Young—. Dios, estás ardiendo, es mi culpa –dijo Seon Mi, preocupada, pero So Young sólo le sonrió.
—No es nada, estoy bien –dijo ella—. Todavía tengo algunas cosas más que organizar, cámbiate mientras tanto –y después de eso, la chica se volteó y siguió con su trabajo, pero no dejaba de hacer sentir culpable a Seon Mi el estado en el que su amiga se encontraba, después de todo, si ésta había corrido sin nada bajo la lluvia, era porque ella misma se había llevado sus cosas y la había echado del auto.
Sólo esperaba que nada malo pasara.
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Después de haberle enseñado un par de cosas a So Eun, Yi Jeong le había dejado modelar su propia pieza, creada por ella misma. Él la miraba atentamente desde una esquina del estudio, detallando su mirada, la forma de su rostro, el tono de su cabello, e incluso la forma que tenía su cuerpo. Todo ello era tan idéntico a Ga Eul.
—Esto es divertido –dijo de pronto la chica—. Cuando estoy en casa Sang Hyun oppa, no me deja hacer nada, dice que me podría dañar mis delicadas manos –comentó casualmente, mostrando su sonrisa—. Es un poco exagerado.
En ese momento, la sonrisa que tenía Yi Jeong en los labios automáticamente se borró. Ahora que lo pensaba más claramente, era muy cierto, So Eun era supuestamente la chica que se había robado el corazón de Sang Hyun, de su amigo. ¿Acaso estaba bien lo que estaba haciendo? Ella era la mujer que su amigo amaba… pero… pero si ella resultaba ser Ga Eul, también sería la mujer que él amaba. ¿Qué haría al respecto entonces?
—¿Qué tipo de relación tienes con Sang Hyun? ¿Son novios? –interrogó el alfarero, teniendo cuidado de no parecer demasiado curioso al respecto, sino que aparentaba sólo estar haciendo cualquier tipo de conversación.
—No –respondió So Eun, tranquilizando un poco el anhelo de Yi Jeong—. Él y yo sólo somos amigos, pero más que eso… oppa es mi salvador.
Yi Jeong quería preguntarle a qué se refería diciendo que Sang Hyun era su salvador, pero no pudo hacerlo, porque en ese momento alguien llamó a su puerta. Lo había olvidado por completo, se suponía que hoy Jan Di y Jun Pyo vendrían a visitarlo junto a su hija, ya que ésta era muy apegada a Yi Jeong y siempre exigía verlo, aunque sea una vez cada cierto tiempo. Se sorprendió un poco cuando los vio aparecer junto a la niña, sin saber exactamente qué decir para justificar la presencia de So Eun en ese lugar.
—Jan Di-ah, Jun Pyo –dijo algo nervioso. Volteó hacia donde se encontraba su invitada, la cual miró también a los recién llegados y se levantó para ir a saludarles. Ella les mostró su típica sonrisa e hizo una leve reverencia.
—Ustedes deben ser amigos de sunbae –dijo entonces—. Mi nombre es Kim So Eun.
Cuando Jan Di la vio, simplemente no lo podía creer. Tuvo que ser sostenida por Jun Pyo para que no se cayera de espaldas al suelo, a pesar de que éste estaba igual de sorprendido que ella. Esa chica no sólo era igual a Ga Eul, era casi como estarla viendo, como si Ga Eul estuviera de vuelta.
Ahora comprendía que las palabras de Yi Jeong no eran ninguna exageración.
—G-Ga Eul-ah –dijo la joven doctora, con lágrimas en sus ojos, pero la expresión de confusión de So Eun le hacía entender que ella no le había reconocido.
Dolía mucho.
Por su parte, Yi Jeong había tomado como suya la determinación de comprobar quién era realmente Kim So Eun, incluso si debía herir a su amigo para ello. Lo sentía, pero ahora se daba cuenta de que no era él el único interesado en recuperar a Ga Eul.
Tenía que poder.
Continuará…
