Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
Temas del capítulo: Cuidado de la piel / Masaje / Uno de ellos está enfermo.
CAPÍTULO 5:
(SOL)
SOLO NOSOTROS
La cara es el espejo del alma, y los ojos son sus intérpretes.
(Cicerón).
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Pareciendo ser ya la tradición de cada uno de sus aniversarios, Eren, terminando de preparar un té con limón y miel para Levi, pensó en lo mucho que seguramente extrañaría las desgracias cuando la maldición del espejo al fin acabara. De una forma u otra, resultaba hasta divertido intentar imaginar que otro tipo de desventuras les podrían ocurrir para celebrar aquella fecha.
Ese día, por ejemplo, Levi y él habían decidido tener un pícnic de celebración en el parque a petición de Ymir, quien, tras haber visto algo similar en sus dramas televisivos, deseaba imitarlo. Debido a ello, los tres se habían preparado para el acontecimiento durante días, comprando lo que la niña consideraba «imprescindible», e incluso dejando todo preparado desde la noche anterior una vez llegaron del teatro, ya que planeaban salir a primera hora y pasar todo el día fuera.
No obstante, con lo que ninguno de ellos contaba, fue con el hecho de que esa mañana Levi enfermara, y no un resfriado pequeño de esos en los que solo se sentía un poco mal y odiaba la vida, sino que uno de esos monumentales en los que se sentía fatal y lo odiaba a él en particular.
La vida de casado, se dijo Eren, era en ocasiones muy, muy injusta.
Tarareando el primer movimiento de la Pequeña Serenata Nocturna de Mozart para animarse un poco, entró a la habitación de ambos con su mejor sonrisa para intentar alegrar a su malhumorado marido; sin embargo, nada más ver la escena que se desarrollaba ante sus ojos, casi dejó caer la taza al alfombrado piso.
Ymir, inclinada sobre Levi —que parecía medio moribundo en la cama—, había desperdigado un montón de cosas extrañas sobre y en torno a él, como si fuese el ritual de una pequeña bruja; pero lo que más alarmó a Eren, fue el hecho de que la niña tenía posicionado a Nox como un peludo y gruñidor tapete sobre su enfermo esposo. Un tapete que no deseaba cooperar, pese a la insistencia de su terca dueña.
—¡¿Giselle, qué haces?! —se apresuró a preguntar, lleno de consternación, mientras dejaba la taza sobre la mesilla de noche e intentaba comprender aquel despropósito.
—La abuela Kuchel me ha enviado un ritual de como eliminar las energías negativas —le dijo esta, siendo toda digna y rubia concentración—. Ella insiste en que, si Levi ha enfermado, es porque se estresa demasiado y se carga con cosas malas, así que lo voy a purificar.
—¡¿Y Nox es parte del ritual?! —Aterrado, él contempló como el pobre animal luchaba por huir de… bueno, el destino que su dueña le hubiese asignado. Cuando una idea horrible pasó por su cabeza, la Danza Macabra de Saint-Saëns comenzó a sonar en todo su esplendor—. Giselle, ¿es que acaso piensas sacrificarlo?
La mirada que la niña le lanzó, le recordó a Eren sorprendentemente a las que Levi solía utilizar a veces con él; aquellas que decían, sin necesidad de palabra alguna, que era un completo idiota y no tenía remedio. En verdad, los doscientos catorce años estaban siendo tan difíciles de sobrellevar como los doscientos trece, tuvo que reconocer. De un momento a otro su dulce Ymir —que antes reía por todas sus bromas y tonterías—, había comenzado a verlo como un tonto.
—¡Claro que no vamos a sacrificar a Nox, Eren! ¡No seas absurdo! Este es un ritual de purificación, no uno satánico de invocación —le dijo esta, soltando un dramático suspiro—. La abuela me explicó que los gatos son muy efectivos para exorcizar las malas vibras, así que Nox ayudará a Levi y lo curará. Luego nos podremos ir de paseo.
—Mocoso, creo que no voy a salir vivo de este aniversario —le dijo su esposo repentinamente con voz de ultratumba, mirando con ojos entornados a la pequeña bruja y luego en su dirección.
—¡Levi, no digas eso! —lo regañó él, posando preocupadamente una mano en su frente demasiado caliente—. Es solo una gripe cariño. No vas a morirte por ello.
—Eren tiene razón, no puedes morirte ahora, Levi. ¿Cómo vamos a vivir dos fantasmas en la misma casa? ¡Eso sería muy extraño! —protestó Ymir—. Noxie te curará. ¿Verdad que sí, bebé?
La respuesta del gato fue gruñir más fuerte, mirando furioso a la niña y luego a su enfermo esposo, como si este fuese el responsable de todas sus desdichas. Y en parte lo era, tuvo que reconocer Eren.
—Creo que a Nox no le gusta la gente enferma, Giselle —se apresuró a intervenir, rescatando al gato de manos de su torturadora antes de que este terminase por hartarse y le arrancara los ojos a Levi.
—¡Eren, no! ¡Estás arruinando mi purificación! —protestó Ymir al ver que él comenzaba a retirar todo lo que ella tenía desperdigado sobre la cama.
—No creo que esto lo cure, pequeña —insistió, luchando por no dejarse convencer al ver que Ymir parecía a punto de ponerse a llorar—. ¿Por qué mejor no llamamos a la abuela? Preguntémosle si conoce otra forma de ayudar a Levi, ¿qué te parece?
Nada más oírlo, los azules ojos de la niña se iluminaron.
—¡Llamemos al tío Zeke! ¡Él es médico!
—¡Joder, no! ¡Prefiero la purificación! —soltó Levi, rompiendo en una nueva ronda de toses que hicieron a Eren preocuparse.
Era realmente triste ver lo mucho que su esposo se alteraba cada vez que su hermano salía a colación. Tras cinco felices años de matrimonio, él había tenido la esperanza de que ellos ya hubiesen hecho las paces y fueran buenos amigos, pero no. Seguían detestándose igual que el primer día.
Al ver que Ymir —obediente como era cuando le convenía— había comenzado a reorganizar nuevamente las cosas para su ritual, Eren, soltando un pesado suspiro, decidió ponerse serio. Alguien tenía que ser el adulto en esa familia.
—Nada de rituales, ni deseos de morir ni gatos sacrificados. —Al oírlo, Nox maulló, como si quisiera dejar claro que él apoyaba ese punto—. Llamaremos a Zeke; ¡y nada de protestar! —advirtió al ver a su esposo listo para hacerlo—. Después de todo, familia es familia y nos ayudamos entre nosotros.
La expresión ceñuda de su esposo ante la idea de ver a su hermano fue igual a la de Ymir por ver arruinado su ritual, y Eren, con Nox como su único aliado, se sintió completamente en desventaja en esa guerra.
La Cabalgata de las Valquirias de Wagner era su perfecta banda sonora.
Pensar las cosas y que estas resultasen como uno quería, realmente eran dos cosas muy diferentes, se dijo Eren una vez cortó la llamada a su hermano. Zeke, nada más oír que él lo necesitaba, le había prometido pasarse por su casa al acabar el turno; no obstante, en cuanto le explicó a este que era debido a Levi, cambió radicalmente de opinión y se negó en rotundo a ayudarle.
Al final, con todo el dolor de su corazón, Eren había tenido que recurrir al truco más sucio de todos: jurarle a Zeke que no volvería a hablarle si no se aparecía por allí, ante lo que este aceptó, aunque a regañadientes.
En verdad odiaba ser así de malo con su hermano, pero la salud de su esposo era lo primero, se recordó. A veces era necesario hacer sacrificios.
Ya fuese porque la perspectiva de deberle otro favor a su cuñado lo enloquecía de rabia y lo dotaba de fuerza maligna, Levi, tras beberse el té que él le había preparado junto a unos cuantos analgésicos, se encontraba ya bastante mejor. Seguía estando demasiado pálido a su parecer, pero al menos las amenazas de muerte prematura habían desaparecido y sus ojos grises lucían mucho más vivos.
—¡Tu turno, Eren! —le informó Ymir al verlo entrar al cuarto, obligándolo a tumbarse en la cama junto a Levi, quien estaba… irreconocible.
—¡¿Pero qué estás haciendo ahora, Giselle?! —inquirió en cuanto esta comenzó a aplicarle una blancuzca pasta en el rostro; la misma que al parecer tenía Levi. Nada más olerla, él arrugó la nariz—. ¿Por qué me estás poniendo el desayuno en la cara?
—Es una mascarilla de avena, leche y miel para el cuidado de la piel —le informó su marido con voz lánguida—. Convertirnos en sus put… condenadas cobayas fue lo que tuve que canjear para que perdonara la vida de Nox.
—¡No iba a sacrificar a Noxie! —protestó Ymir, aun trabajando a conciencia sobre su rostro—. Además, la sangre de cabra es más efectiva para un sacrificio ritual.
«¡Tu madre!», moduló Eren, aterrado al oírla. Levi, no obstante, simplemente rodó los ojos y chasqueó la lengua.
—Oi, mocosa, ¿de dónde sacaste esas ideas tan raras?
—De internet, por supuesto —les dijo muy tranquila—. Tengo doscientos catorce años después de todo. No puedo cargar con todo a la abuela, ella ya es anciana.
La risa de su esposo al oír hablar a la niña sobre la «avanzada» edad de su madre, se camufló en un par de toses, pero el hecho de que Levi se encontrase mejor como para reír por aquella tontería, hizo que él se sintiese mucho más animado también.
Sin embargo, su corazón brincó lleno de pánico, al ver como este se sentaba en la cama de golpe para sujetar la mano de la niña.
—Oi, oi, Ymir, concéntrate. Nada de desaparecer, ¿está bien? ¡Prohibido desaparecer!
Con los ojos llenos de lágrimas y miedo, la pequeña fantasmilla asintió, agarrando luego a Nox en brazos para treparse a la cama y acostarse en medio de ellos, de seguro esperando sentirse protegida.
Hacía cosa de unos meses atrás, tras el cumpleaños treintainueve de Levi, Ymir había comenzado a tener completo terror al hecho de esfumarse, luego de que sin saber cómo, había desaparecido por unas cuantas horas.
Tanto ellos como sus familias la habían buscado por todas partes, incluso Nox, que no dejaba de llorar. Sin embargo, no fue hasta muchas horas después que Ymir regresó, toda confundida, asustada e inmersa en un llanto desconsolado, que les explicó que había quedado atrapada otra vez en el espejo, sin poder salir pese a sus intentos.
Después de aquella vez, aquel horrible hecho se había repetido en otras tres ocasiones, aunque en periodos de tiempo mucho más cortos; aun así, Ymir, que antes se tomaba a risa el perder un brazo o incluso la cabeza, ya no se mostraba demasiado entusiasmada ante la idea de no poder regresar junto a ellos.
Honestamente, a Eren tampoco le gustaba nada esa perspectiva.
Los dedos de Levi, pellizcando su estómago con saña, lo hicieron soltar un gemido y regresar de golpe a su adolorida realidad.
—¡Auch! ¡Levi, eso ha dolido!
—¿Y qué esperabas? No creerías que iba a tocar tu cara con esa cosa puesta, ¿verdad? —le dijo este, señalando con un gesto de su barbilla su rostro embadurnado.
—No es una cosa, es una mascarilla facial —protestó Ymir, toda ceñuda.
—Pero podrías ser más delicado —protestó él también, examinando el lugar de su abdomen donde su esposo acababa de lastimarlo con sus dedos castigadores.
—Por cierto, mocoso, lamento decirte esto, pero estás engordando —soltó su esposo con cero delicadeza.
—¡Claro que no! Estoy como siempre —se defendió Eren, observando la zona culpable con ojos críticos mientras Ymir se carcajeaba.
—Nada de eso. Lo sospeché el otro día y ahora acabo de comprobarlo. Esto no estaba allí hace unos años —señaló Levi, volviendo a pellizcarlo donde antes—. Eso te pasa por no cuidarte, Jaeger.
—¡Yo leí de una dieta estupenda en internet! —saltó Ymir de inmediato, toda solícita.
—Nada de dietas ni cosas raras de internet —sentenció su esposo—. Ya me encargaré yo de organizar la alimentación de esta familia.
—¡No! —se apresuraron a decir tanto él como Ymir, ganándose una mirada ceñuda por parte de su esposo y de Nox, a quien acababan de despertar de su siesta.
Unos cuantos minutos después, justo cuando Eren contaba a la niña historias divertidas de ellos dos en su etapa de novios y daba un masaje a Levi —ya que a este le espalda le dolía de tanto toser y llevar todo el día en cama—, el timbre sonó anunciando una visita, ante lo que Ymir se levantó gritando que era Zeke, arrancando al pobre Nox de su sueño para ir a recibirlo.
—Tch, mocoso, te dije que ya me sentía bien. ¿Por qué no le has dicho a tu hermano que no viniese? ¡Intentará asesinarme con alguno de sus extraños medicamentos! Lo sé.
—Zeke no haría eso, Levi —intentó calmar a este, abrazándolo por la espalda y apoyando la barbilla sobre su hombro—. Él sabe lo muy importante que eres para mí.
—Y por eso mismo intentará hacerlo —masculló con malhumor—. Aun no me perdona el haberme casado contigo. Intentará hacer pasar mi muerte como consecuencia de la enfermedad.
Eren rio y simplemente lo besó en los labios, ante lo que los grises ojos de Levi se abrieron con terror, apresurándose a cubrir su boca.
—¡Joder, mocoso, vas a enfermarte!
—Claro que no. Además, ¿no dije que estaría contigo en la salud y la enfermedad? —replicó, besándolo ahora en la mejilla—. Feliz quinto aniversario, cariño.
Una emoción extraña asomó a los ojos de su marido, resonando a su vez en Eren y haciendo que el Tiempo de Vals de la Serenata para Cuerdas de Dvorak sonase en su cabeza. No obstante, antes de que ninguno de ellos pudiese decir nada, se vieron interrumpidos por un grito estridente seguido de otro y de otro, ante lo que ambos salieron de la cama a toda prisa para descubrir el nuevo desastre.
Unos cuantos minutos después, ambos se encontraban sentados en el sofá de la sala junto a Ymir y Nox —que estaba en brazos de esta—, contemplando muy serios a Isabel y Farlan, quienes a su vez miraban a la fantasmal niña como si fuese la cosa más extraña del mundo.
Eren, a pesar de que no le gustaba creer en la mala suerte del espejo, tuvo que reconocer que en ese momento se lo estaba comenzando a plantear seriamente. Jamás había esperado que los dos mejores amigos de Levi se apareciesen por allí a esas horas, primero que nada, porque ya era bastante tarde y su marido detestaba las visitas sin aviso. Y segundo, Farlan jamás de los jamases iba a su casa cuando él estaba, ya que ambos no se soportaban.
Ciertamente, desde un principio su historia con este había sido casi tan caótica como la suya con Levi cuando entró a la orquesta. Ambos eran violinistas, por lo que terminaron compitiendo infinidad de veces por obtener el puesto de concertino en cada nueva temporada de conciertos, y como su marido había profesado un odio irracional hacia él desde el primer momento en que lo conoció, Farlan lo secundó. Sin embargo, mientras que las cosas con Levi mejoraron hasta el punto de que ambos llegaron a casarse, la relación de Eren con el otro se convirtió en algo pasable que rayaba en la indiferencia.
Isabel, por otro lado, sí le gustaba bastante. Ella no solo se encargaba de frenar al idiota de su novio cada vez que este se volvía inaguantable, sino que también era una clarinetista muy talentosa, aunque tuviese tan mal gusto.
—Dios mío, no puedo creer que esté viendo algo tan extraño —masculló Church con incredulidad, tironeando sin piedad de su flequillo rubio ceniza—. ¿Realmente esa cosa es un fantasma?
—¡Soy Ymir! ¡Ymir Fritz! Y que sepas que tú no me gustas nada —recalcó esta, toda fantasmal dignidad—. Y tampoco le gustas a Eren.
—Y que sepas que él tampoco me gusta a mí —replicó el otro.
Tanto él como la niña inspiraron con indignada fuerza al oír a Farlan, calmándose solo cuando Levi les lanzó una afilada mirada de advertencia a ambos.
—La mocosa no es un fantasma como tal, según Hange; aunque todavía no podamos saber bien lo que es —señaló su esposo con cierta apatía—. Y para que quede claro, si vuelves a decir que Ymir es una «cosa», voy a patearte, bastardo.
—Y yo de paso. Deja de ser tan tonto, Farlan, ¿no ves que molestas a Eren y Levi? ¡Es su niña! —intervino la pelirroja Isabel, mirando a la pequeña fantasma con una sonrisa—. Hola, Ymir, ¿quieres venir a saludarme?
Pese a su reticencia inicial —porque a sus doscientos catorce años Ymir todavía no era tan valiente—, y tras darles una mirada para pedir su aprobación, esta hizo lo que Isabel le pidió.
Tal como Eren supuso que ocurriría, en cuanto Isabel la abrazó y le dijo lo linda que era, la niña se iluminó, volviéndose una cosita blanca y dulce, permitiendo a la otra chica acariciar a su gato y lanzando miradas de profundo odio a Farlan cada vez que este intentaba intervenir para recuperar a su novia.
—Realmente debes reconocer que fue una situación muy rara, hermano —dijo Isabel minutos después, cuando tanto él como Ymir dispusieron todo lo que había quedado del malogrado pícnic sobre una manta en el piso de la sala—. Ver a un gato volador abriéndote la puerta no es algo que te ocurra todos los días.
—Yo pensé que era una mala broma de Jaeger hasta que la niña se puso a gritar.
—¡Porque ustedes no eran a quien esperábamos! —se defendió esta, poniendo trocitos de atún en el platito de Nox—. Venir sin invitación es de muy mala educación, ¿sabes?
—Vinimos para saber si Levi se encontraba bien —gruñó Farlan.
—Claro que se encontraba bien, ¡yo lo estaba cuidando! —exclamó Eren; sin embargo, al captar la indirecta, frunció las cejas—. ¿Estás intentando decir que yo cuido mal de mí marido, Church?
—Yo solo hice un comentario, Jaeger.
—Eren nos cuida muy bien —intervino Ymir una vez más—. Además, Nox y yo también hemos cuidado de Levi, porque somos su familia. Incluso iba a hacerle un ritual de purificación que me enseñó la abuela Kuchel.
La expresión de espanto de Farlan fue por completo contraria a la de su novia, que rompió a reír y abrazó a la niña, quien de inmediato le devolvió el gesto, enseñando la lengua al otro idiota sin el menor reparo en mostrarle su total desprecio.
Y mientras Farlan discutía con Ymir y todos ellos la defendían, Eren no pudo evitar pensar en cómo cinco años atrás, cuando Levi y él se casaron, jamás imaginó como sería su vida juntos para ese punto.
Ciertamente, no podía sentirse más agradecido.
La llegada de Zeke no fue ni de lejos tan entusiasta como las de los otros dos, quienes ahora se encontraban junto a ellos en la sala comiendo la improvisada cena campestre, mientras Ymir seguía impartiendo su sesión de spa.
—Isabel, Farlan —saludó su hermano a los amigos de su esposo con un asentimiento de cabeza, observando con ojos desorbitados el desastre que ambos eran, ya que lucían sendas mascarillas faciales en el rostro—. ¿Qué les ha ocurrido?
—¡Hola, Zeke! Ymir nos está haciendo un tratamiento de belleza, ¿verdad? —apostilló alegremente Izzi, abrazando a la niña.
—¡Verdad! —corroboró esta, devolviéndole el abrazo.
Ymir parecía tan enamorada de Isabel, que Eren estaba seguro de que se obstinaría en quedársela.
—¿Y por eso están haciendo un pícnic en la sala? —insistió su hermano.
—Bueno, el pícnic es parte de otra larga historia —reconoció Eren—. Muchas gracias por venir, Zeke.
—Aunque ya no era necesario.
Nada más abrir la boca, los grises ojos de su hermano se posaron desganadamente en su marido, quien le devolvió el gesto con desagrado nada disimulado, ante lo que él suspiró, avecinando el desastre.
—Levi —dijo Zeke, a modo de saludo.
—Cuñado. Como podrás ver, sigo vivo.
—Ya veo. Por lo mucho que Eren me insistió para que viniese, pensé que estabas con un pie en la tumba.
—Y cómo te hubiese gustado eso.
—Es que realmente se encontraba muy mal en la mañana —intervino él antes de que estallase una batalla campal.
—¿No dijiste que lo estabas cuidando muy bien, Jaeger? —inquirió con mordacidad Farlan, ante lo que Eren le lanzó una mirada envenenada e Isabel le pegó tal colleja, que lo hizo aullar de dolor.
—¡Todos hemos cuidado muy bien de Levi! —sentenció felizmente Ymir, abrazando a su hermano con todas sus fuerzas—. ¿Crees que soy una buena enfermera, tío Zeke?
—La mejor —aseguró este con una sonrisa, devolviéndole el abrazo—. Por cierto, padre me ha entregado esto para ustedes —prosiguió su hermano, pasándoles la caja que llevaba—. Creo que son documentos pertenecientes a la familia de mi madre que logró reunir. Puede que algo de eso les sirva.
—Gracias, Zeke —repitió Eren con total sinceridad, pues sabía bien lo muy preocupado que estaba este por la situación de Ymir, al igual que ellos.
Una vez la revisión médica de Levi acabó, todos volvieron a reunirse en la sala para revisar a consciencia los montones de cartas, diarios y álbumes de fotografías que su hermano había llevado. Muchas de ellas eran sumamente antiguas, tanto que él no pudo evitar preguntarse qué habría tenido que hacer su padre para conseguirlas de su primera familia política.
—¿Alguien puede leer esto? —protestó Isabel, mirando una carta escrita con una letra puntiaguda y diminuta que resultaba ininteligible—. La letra de Farlan es un asco, pero esto…
—La de tío Zeke es peor —señaló Ymir, enseñándole fotografías antiguas a Nox, quien las observaba con verdes ojos aburridos—. Cuando me ayuda con mis lecciones, no entiendo nada.
—Eso es porque es médico —le explicó Eren.
—Eso es porque le falla el cerebro —apostilló Levi.
Su hermano miró a su marido lleno de disgusto.
—¿No se supone que deberías estar agradecido conmigo, Ackerman?
—El que te llamó fue tu hermano, no yo. Él pagará el agradecimiento.
—Oigan —los interrumpió Farlan, enseñándoles un antiguo dibujo a carboncillo—. ¿No creen que se parece a la niña?
Nada más decir aquello, todos se volvieron a verlo; y nada más hacerlo, Ymir desapareció, esfumándose como por arte de magia.
Una hora después, tumbados los cuatro en la cama y listos para dormir, Eren pensó en lo muy extraño que había resultado aquel aniversario, con Levi enfermo y lleno de visitas, e Ymir desapareciendo a causa de aquel dibujo.
Afortunadamente su extravío no había durado más de un angustiante cuarto de hora que enloqueció a todos, y una vez la encontraron en la sala de prácticas, decidieron que lo mejor sería dejar las cosas por ese día, despidiendo a las visitas y volviendo a ser solo ellos cuatro.
—¿De verdad se parece a mí? —preguntó Ymir una vez más, mirando el dibujo de aquella niña que tanto la había alterado.
—Tch, ¿es que acaso ves alguna diferencia, mocosa? —respondió Levi, quien en ese momento la tenía abrazada.
—Es que… ella parece tan triste.
La mirada que su marido y él intercambiaron le dijo a Eren todo lo que necesitaba saber. Tiempo atrás, Kuchel había especulado que probablemente el motivo por el que aquel espejo retenía el alma de Ymir debía ser algo importante, y ahora ambos se preguntaban cuál sería la historia tras ello. La verdadera historia.
—Pues bueno, la Giselle que yo conozco no me parece triste —le dijo Eren, dejando un beso en su frente y haciéndole cosquillas que la hicieron reír—. ¿Estás triste, Giselle?
—¡No lo estoy! ¡Soy feliz! ¡Piedad, Eren! —imploró esta entre carcajadas—. ¡Y no soy Giselle!
Eren rio al oírla y la abrazó a su vez, uniéndose al abrazo de Levi para quedar así los cuatro enredados en aquel lío.
Nox protestó, por supuesto, pero no se apartó, e Ymir, que había estado tan apagada como la chica del dibujo, sonrió para ellos nuevamente.
Y volvían a ser solo ellos cuatro, como la familia que eran, se dijo Eren; repitiendo el ciclo y mezclándose entre ellos como si fuesen un perfecto canon.
La vida, ciertamente, sonaba a Pachelbel.
Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes han llegado hasta aquí. Espero que el capítulo fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.
Por otro lado, espero que el capítulo les haya gustado en su infinito absurdo. Esta vez tocaron personajes nuevos en escena, como Isabel y Farlan, y otros no tanto como Zeke, que parece penar en la vida de Levi. Igualmente, a partir de este punto, cada vez se irá sabiendo un poquito más de Ymir y el por qué acabó junto a Eren y Levi.
Y como en veces anteriores, apuntaré aquí las piezas utilizadas y algunos datos sobre ellas para quienes les interesa.
-Pequeña Serenata Nocturna, Eine Kleine Nachtmusiko o Serenata num. 13 para cuerdas en Sol mayor, es una de las piezas más conocidas de Wolfgang Amadeus Mozart, sobre todo su primer movimiento que es el que menciona Eren. La pieza en sí misma es de una tonalidad muy alegre, pensada para animar e interpretarse al aire libre, por lo cual al ser su primer movimiento un allegro en forma de sonata produce una sensación de bienestar y alegría sencillos, que es de lo que Eren intenta cargarse.
-Danza Macabra de Camille Saint-Saëns, es una pieza que se crea en torno a la historia de que a la medianoche la Muerte aparece en los cementerios y levanta a los muertos tocando su violín para invitarlos a bailar. Es una pieza muy bonita en sí, pero que transmite perfectamente ese aire sobrenatural de la muerte; de allí que Eren la asocie al hecho de Ymir, toda una brujilla desatada, queriendo hacer un sacrificio con el pobre Nox.
-Cabalgata de las Valquirias de Richard Wagner, es el nombre popular que tiene el tercer acto de la ópera La Valquiria del compositor. Esta es una pieza de lucha, que muestra el antagonismo de los simples humanos contra el deseo egoísta de los dioses; por eso es por lo que es la banda sonora en la cabeza de Eren cuando él y Nox terminan haciendo un solo bando contra Levi e Ymir en su indignación.
-Tiempo de Vals, es el segundo movimiento de la Serenata para Cuerdas en Mi mayor de Antonín Dvorak. Esta pieza, tal como su nombre lo indica, es un vals, por lo cual tiene toda la mágica grandiosidad calma y melódica que poseen este tipo de danzas. Es una pieza con un comienzo especialmente bonito, romántico y casi etéreo, por lo cual Eren lo asocia a su momento romántico y especial con Levi.
-Concertino, es el primer violín de una orquesta, y quien puede dirigir a esta en caso de que el director no se encuentre para hacerlo. Los concertinos son quienes se encargan principalmente de los solos de violín y guían al resto de los violines, así como a veces a todos los demás instrumentos de cuerda, que suelen ser una cantidad importante en las orquestas de música clásica. Ser concertino es una responsabilidad y un reconocimiento muy importante dentro de un grupo de músicos, por lo que de allí nace la rivalidad de Eren y Farlan al pelear siempre por el mismo puesto; además de que Levi influye también un poquito en ello, jaja.
-Canon en Re mayor de Johann Pachelbel, es como su nombre lo indica, un canon, que es un tipo de pieza repetitiva y cuya complejidad radica en como los instrumentos en ella se ensamblan perfectamente para poder sonar y funcionar bien.
El canon en sí, podría decirse que es una seguidilla de repeticiones, ya que lo que hace el primer instrumento, será lo mismo que haga luego el siguiente pero un poco desfasado mientras el primero ya toca algo nuevo, y luego entraría un tercero a imitar al segundo, desfasado una vez más, y así sucesivamente hasta el final. La gracia de ello es que a pesar de que parece un poco desordenado en esencia, todos los instrumentos encajan maravillosamente bien, así que de allí que Eren asocie que ellos como familia son un canon. No importa lo muy diferentes que puedan sonar a veces, siempre van en la misma sintonía y juntos funcionan.
Por otro lado, la elección del canon de Pachelbel es, esta vez, algo completamente sentimental. Esta pieza es una que yo creo todos han oído al menos una vez en la vida, ya sea en películas, series, comerciales de televisión y bodas, una inmensidad de bodas. En mi caso, sin embargo, va apegado a algo muy personal, así que cuando la vida es buena y memorable para mí, suena como canon de Pachelbel, no lo puedo evitar, así que de allí la elección de Eren en esta oportunidad.
Una vez más muchas gracias a todos quienes leen, comentan, envían mp´s, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas. Siempre son la llamita que mantiene encendida la hoguera que es la imaginación de esta escritora. Hasta la siguiente semana entonces, con los siguientes temas del evento: Coqueteo / Celos / Burlas.
Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes y los suyos.
Tessa.
