¡Hola! ¿Qué tal todo? :) Sé que he tardado en publicar, otra vez, pero aquí está el siguiente capi. Dije por ahí que lo publicaría el domingo, pero mejor no os hago esperar más. Muchas gracias por vuestros reviews en los One Shots "Blessed" y "Érase una vez". Me ha hecho mucha ilusión ver que os han gustado, sobretodo a Rosa Elena, ya que "Érase" era su regalo de cumple. Muchas gracias por vuestras palabras de cariño y los ánimos que me dais para que siga escribiendo. ¡Gracias! (Es una pena que sean one shots y que no pueda responder los reviews como hago con los fics)

Permitidme también que este capi se lo dedique a mi niña Azu, que tiene hoy examen y espero que le vaya muy bien. Además, así le agradezco el regalo "adelantado" que me mandó. I love you, Princess!

Y para las que me habéis dejado reviews en el último capi del "Estudiante": Rosa Elena (Cuando lleguen a casa de los Jones... jajaja Será una casa de locos xD Mi boca está cerrada jejejeje Muchas gracias por tus reviews y me alegro de que te haya gustado el regalito *_* ¡Un besito!); Maru (¿Santana va a querer algo? jajaja ¡No sabe/No contesta! xDD ¿Colecciones de cómics? Jijiji Mercedes es la mejor amiga que puede haber, eso es muy cierto. ^^ ¡Suerte en los exámenes! Un besito); Ainaris (Sorry por no tenerlo el domingo, pero lo tienes antes de este domingo. Aynsss, sí, Sam es monísimo *_* A saber qué tendrá en la maleta... jejejeje ¡Gracias por el review! Un besito ^^); Savri (Tu Artie... De tu Artie se hablará dentro de poco, don't worry. Y claro que habrá amistad Quinncedes, son mis niñas bonitas *_* ¿Le respondiste eso? Ay madre mía xD Algún día... jajajaja Gracias por el review, Savri. ^_^ ¡Un besito!); Tania (jejeje Yo también adoro a Puck, ¿se nota, verdad? En un principio no sabía si poner en el fic, Quick o no, pero finalmente me decidí. Había que variar un poco y ya que no cambiaba los protas, al menos los secundarios. Rachel... esta Rachel es muy 1ª Temporada jejejeje Kurt es súper mono, y con este fic quiero recuperar a mis Kurtcedes ^^ Y tus dudas sobre Artie y Santana... las verás respondidas en los siguientes capítulos jejeje Casi cuela xD Pues no estaba en mis favoritos, pero me pasaré. ¡Gracias! ¡Un besito!)


Disclaimer: Glee no me pertenece.


Capítulo 3: ¡SORPRESA!

¿Quién demonios era la persona que tenía sentada enfrente de ella?

Eso era lo que se preguntaba Mercedes Jones mientras observaba las caras que su mejor amiga ponía al oírla. Si de algo estaba segura, era de que esa mañana todos parecían haberse contagiado de la locura de sus padres.

Mercedes miró divertida cómo Quinn se mordía el labio y le prestaba la máxima atención. En realidad no tenía nada que contarle que no supiese ya. Sus padres se habían apuntado al programa de intercambio. Ellos solos lo habían hecho, y ahora, solo le quedaba aguantarse y tratar lo más correcta y educadamente posible al nuevo inquilino. Lo que no le resultaría difícil porque el chico parecía de verdad buena gente.

A lo lejos, Sam se sentaba junto a Puck y el resto del equipo de football del instituto, probablemente oyéndole a cada uno de ellos las ventajas de formar parte de los Titanes. Sus miradas hicieron contacto durante un segundo antes de apartar su vista. No quería que el chico pensase que ella lo vigilaba, así que mejor le sería no posar sus curiosos ojos en él desde ese momento en adelante.

...

— Salimos juntos el año pasado —soltó Puck, haciendo volver a Sam a la realidad. Durante unos segundos, su mirada se había perdido entre las numerosas mesas de la cafetería del instituto y había terminado en ella, quién se la había devuelto justo antes de mover su cabeza.

—¿Perdón? —Se había perdido en la conversación y no tenía ni idea de qué era lo que su nuevo amigo le estaba contando.

—Mercedes y yo —le explicó, atrayendo por completo la atención de Sam—. Salimos juntos el año pasado.

—¿Ah sí?

El chico no pudo disimular su cara de sorpresa al oír aquella revelación. Jamás se lo hubiese esperado. No por el hecho de que aquello no pudiera ser posible, sino porque dada la relación que los dos tenían, aquello jamás se le hubiese pasado por la cabeza. Mercedes y Puck saliendo. Sam fijó sus ojos en ella una vez más antes de volver su vista a su nuevo amigo. No, verdaderamente, nunca lo hubiese pensado.

—En realidad era todo una fachada. Yo había dejado de ser popular y ella estaba en las Cheerios. Así que... se me ocurrió la brillante idea de tirarle los tejos.

—¿Mercedes estuvo en las Cheerios?

Vale. Eso tampoco se le hubiese pasado por la cabeza. Sam miraba sorprendido a Puck que ahora se reía, asintiendo con la cabeza.

—Kurt y ella. Los dos —le explicó, bajando la voz para que solo él lo oyese—. Aunque siempre llevaba pantalones. Me quedé con las ganas de saber cómo se vería con la faldita de las Cheerios —Puck rió al ver la reacción de Sam. Al parecer, ahora, no solo él tenía aquella duda, sino también el chico nuevo.

—¿Y cuánto duró? —preguntó Sam, con la voz ronca.

—¿Lo qué? —Puck se quedó pensativo durante unos segundos antes de responder—. Ah, la mentira... No mucho. Un día o menos. Santana López se enteró y ambas se pelearon en el Glee Club mientras cantaban "The boy is mine". Qué tiempos... —Había pasado tanto desde aquello... Ahora él estaba bien con Quinn y ni de broma lo estropearía.

Sam abrió los ojos como platos al oírlo. Empezaba a creer de nuevo que todos en ese club estaban completamente locos. ¿Peleas? ¿Relaciones de mentira? ¿En dónde demonios se había metido?

—Es una buena chica. De verdad —le aseguró Puck, al ver su cara de pánico—. Has tenido suerte de que te haya tocado vivir con los Jones. Bueno, quizás no con sus padres, pero sí con ella.

—¿Tú les conoces? —preguntó, creyendo haber encontrado por fin a alguien que les hablase de ellos y que no formase parte de la familia.

—No, solo de vista. Pero Quinn sí —Puck desvió su mirada hacia la mesa dónde ellas se encontraban antes de seguir hablando—. Vivió con los Jones el año pasado cuando su madre la echó de casa—. Puck siguió hablando antes de que el chico le preguntase la verdadera razón de todo aquello—. Es una larga historia que te contaré fuera de aquí —le aseguró, señalando a sus compañeros. En realidad, todos los que estaban allí sentados sabían cómo había sucedido todo, pero no era necesario volver a citar lo ocurrido. Aquello solo provocaría la apertura de viejas heridas y eso era lo que el chico menos deseaba.

—Entiendo —respondió Sam, asintiendo con la cabeza. El hecho por el que Quinn había terminado viviendo en casa de Mercedes debía haber sido demasiado importante, dada la reacción de Puck—. Entonces... ¿es verdad que están completamente locos? —Quiso saber, desviando rápidamente la dirección de la conversación.

—Digamos que son un poco cabrones. Y muy divertidos. A Mercy la vuelven completamente loca, o eso es lo que me dice Quinn a veces. Pronto lo comprobarás —Puck rió, deseando poder verlos por un agujerito cuando llegasen a casa.

Lo cierto era que Sam estaba empezando a temer el comprobarlo. Después de todo lo que había oído sobre ellos, la buena suerte que todos le decían tener se volvía pequeña con el tiempo. Pero su nuevo amigo Puck tenía razón en aquello que le había dicho. Sam no iba a estar solo ante el peligro. La tendría a ella a su lado para no volverse loco como parecían estarlo todos en esa ciudad.

El chico volvió a mirarla justo antes de que la sirena del comienzo de clases volviese a sonar y todos los alumnos que estaban terminando su almuerzo empezasen a levantarse armando jaleo. Mercedes sostenía de nuevo su teléfono móvil pegado a su oreja mientras movía su otra mano, inquieta, tal y como la había visto aquella mañana en los pasillos. Seguramente, en esa ocasión, ellos tampoco le habían aceptado la llamada. Sam buscó su mochila para colocársela de nuevo sobre sus hombros, mientras un gran suspiro salía de él. Se veía ya llegando a aquella casa por sus propios pies, lo que le hizo querer preguntarle a Puck cuánto de lejos estaba el lugar. Pero al girarse, todos los que habían estado sentados a la mesa se dirigían ya hacia la salida, con Puck en la retaguardia advirtiéndole que se diese prisa. Asintiendo con la cabeza, les siguió sin mirar atrás. No tenía de qué preocuparse, pues estaba completamente seguro de que aquella chica responsable, con la que compartiría casa durante un año, buscaría una manera de llevarle a casa sano y salvo pasase lo que pasase.

...

—¿No responden? —Preguntó Quinn, preocupada, viendo la impaciencia de su amiga ante el teléfono. Mercedes negó con la cabeza, volviendo a marcar—. Puede que tengan mucho trabajo en la clínica —les excusó, aún sabiendo que no tenía porqué hacerlo. No era la primera vez que la chica intentaba contactar con ellos una y otra vez y ellos no aceptaban sus llamadas. Pero después de todo lo que había sucedido esa mañana, el haber acudido a hablar con Figgins, los mensajes que su hija les había dejado en el teléfono, Quinn no entendía cómo no habían podido sacar un momento para escribirle al menos un pequeño mensaje de texto.

—Mamá, éste es el tercer mensaje que os dejo. Necesitamos que vengáis a buscarnos, de verdad. ¿Os habéis parado a pensar qué clase de opinión se llevará el chico de vosotros si ni siquiera aparecéis a buscarlo? Sobretodo cuando fuisteis vosotros quién decidisteis apuntaros al programa —Mercedes estaba cansada ya de asaltarles con tanto mensaje. No sabía porqué razón sus padres no estaban por la labor de aceptar sus llamadas ni devolvérselas. Lo peor era que desesperarse, que es lo que parecía estar haciendo, no conducía a nada bueno. Acabaría saliéndole una úlcera de tanto pensar o un infarto la llevaría a la tumba y solo ellos tendrían la culpa. ¿Por qué eran tan locos e irresponsables?

—Mercy, tenemos que irnos o llegaremos tarde —le recordó Quinn, tratando de hacer que su amiga se olvidase de aquello durante un segundo, aún sabiendo que, durante las clases, seguramente la cabecita de la chica seguiría preguntándose qué había hecho para que le tocasen aquellos padres de entre todas las posibilidades.

Mercedes suspiró profundamente, guardándose el teléfono móvil en el bolsillo de su pantalón. Quinn tenía razón. Lo menos que necesitaba ahora era que la reprendiesen por llegar tarde. Aunque en caso de que aquello ocurriese, ella estaría completamente libre de culpas. Antes de levantarse de su silla, sus ojos buscaron por última vez la mesa del equipo de football, pero ésta ya estaba vacía. Sam y los Titanes al completo habían vuelto ya a sus clases. Mercedes se preguntó si Puck y él coincidirían en alguna clase. Ni siquiera sabía su edad, aunque tendría todo el tiempo del mundo para preguntárselo.

Levantándose de la silla, acompañó a Quinn hacia la salida, esperando que sus padres no tardasen en ponerse en contacto con ella. En esos momentos, a pesar de lo defraudada que se sentía, un solo mensaje de texto por parte de cualquiera de sus padres le bastaría.

...

Pero ese mensaje que había esperado durante las dos horas de clases que le quedaban aquella mañana, no llegó. Apoyada en los pasamanos de las gradas del campo de juego, Mercedes observaba el entrenamiento de las Cheerios. Tal y como le había dicho a Sam, los Titanes también se encontraban allí y él les miraba ahora desde una distancia mientras rebuscaba en su mochila.

—¿Tus padres te han pedido que le vigiles? —Kurt apareció por detrás de ella, sigilosamente, pegándole un buen susto y provocando que su teléfono casi se le cayese al césped. Mercedes dudaba de que, de habérsele caído de verdad, éste hubiera vuelto a funcionar. Aunque, de todos modos, ni siquiera sus padres eran capaces de ponerse en contacto con ella.

—¿Mis padres? —Mercedes rió, negando con la cabeza—. Para pedírmelo, tendrían que contactar conmigo primero —La chica vio cómo su amigo dejaba a un lado su mochila y se apoyaba junto a ella en la barandilla—. ¿Qué haces aquí, por cierto?

—Viendo los entrenamientos, como tú —le respondió, echando un vistazo a lo lejos.

—Ya... —Mercedes hubiera asegurado que lo que venía a mirar eran más bien los músculos de aquellos deportistas, pero no se lo dijo. No lo culpaba, una miradita de vez en cuando no tenía nada de malo, ¿o sí?

—Así que dime... ¿Qué se siente al tener como compañero de casa a un perfecto "Adonis"?

Con gran esfuerzo, Mercedes consiguió aguantar la risa al oírle decir aquello. ¿Un "Adonis"? Sí, el chico era guapo, y sí, tenía unos ojos preciosos, y una sonrisa muy bonita, pero... quizás aquel término estaba demasiado sobrestimado. Aunque tratándose de Kurt, quizás la palabra se le quedase corta.

—¿Qué? —Kurt la miró, boquiabierto, esperando que la chica dejase de contener sus risas y le explicara qué le causaba tanta gracia—. ¿No te parece guapo?

—Y contigo ya van dos personas que me preguntan lo mismo —le dijo, levantando ligeramente la cabeza a la vez que se fijaba en Quinn.

—Es muy guapo, no me puedes decir que no —Kurt sonrió, buscando al chico con su mirada, éste hablaba ahora con Puck mientras el judío descansaba—. Y "Adonis" le va como anillo al dedo.

—¿También os vais a pelear por él como hicieron Perséfone y Afrodita? —le preguntó Mercedes, no conteniendo más su risa.

—¡Ah, qué interesante! La mitología griega... Podría pensármelo pero llevaría las de perder. El chico nuevo no juega para mi equipo —le respondió Kurt al tiempo que se encogía de hombros.

—¿Estás seguro?

Mercedes le miró fijamente, esperando su respuesta. ¿Estaba realmente seguro de que no era gay? Ella no lo tenía tan claro, pero sin duda el experto sería quién tuviese la última palabra.

Sin embargo, Kurt no le respondió, mirándola con curiosidad, a la vez que ella se impacientaba.

—¿Qué te hace pensar que lo es? —le soltó, tomándola por sorpresa.

—Pues... —Mercedes dudó durante unos segundos. La verdad era que aparte del hecho de que él hubiese rechazado la propuesta de Santana López, no veía claramente otro motivo para serlo. Aunque teniendo en cuenta que ella había jurado el pasado año que su amigo Kurt no lo era, prefería el no aventurarse a hacer conjeturas—. Creo que Santana le pidió una cita y él la rechazó.

La reacción de Kurt a su respuesta la hizo cuestionarse el haber acertado, pero el chico pronto negó con la cabeza.

—Sin duda es raro que la haya rechazado, pero eso no le hace gay. Una lástima la verdad, ya lo había visualizado como un soldado romano en mi imaginación.

Mercedes abrió los ojos como platos ante la cantidad de información innecesaria que el chico le había dado. Sin duda, lo que menos necesitaba ahora era tenerlo también en su imaginación como Kurt le había dicho.

—¿La mitología griega me llevó a la romana? —Se excusó el chico, encogiéndose de hombros, al tiempo que la hacía reír—. Ahora en serio, quizás tenga novia —opinó Kurt como una de las opciones.

Aquello también lo había pensado ella y después de oír claramente por parte de Kurt que no creía que el chico fuese gay, era lo más probable. Porque a decir verdad, ¿qué chico podría rechazar a Santana habiéndole dado una oportunidad? Puede que la latina fuese una maleducada e insoportable, pero era muy guapa. Y todos ellos tenían un mismo pensamiento en la cabeza. Él no podía ser distinto a los demás, al menos no en ese sentido.

—Puede ser. Te lo diré cuando me entere —le respondió, guiñándole el ojo.

—Eso quiere decir que lo vas a vigilar —rió él, rescatando su mochila y colocándosela de nuevo en el hombro.

—Ya te dije que no. Deja al pobre chico en paz —bromeó, pegándole suavemente en el brazo.

—¿Y si es un ladrón y se lleva todas vuestras joyas mientras dormís? —preguntó, sobándose el brazo a la vez que abría los ojos para crear temor en la chica.

—Eso estaría genial, fíjate. Así mis padres sentarían cabeza de una vez y nos consultarían sus decisiones antes de tomarlas —dijo, echándole la lengua, a la vez que volvía a mirarle a lo lejos—. De todos modos, van a tener suerte. Creo que es un buen chico.

—Umm, no sé. Se ha hecho muy amiguito de Puck en poco tiempo...

—Kurt, no seas malvado —le reprendió la chica con cariño, aún sabiendo que su amigo no lo decía en serio.

Kurt rió, inclinándose para dejar un beso en su mejilla.

—Me encantaría seguir hablando contigo, pero llego tarde a comer. Solo venía a saludarte —le dijo, empezando a caminar hacia las escaleras.

—Claro... a verme a mí —le aseguró ella, sonriente—. Dale saludos a tu padre de mi parte.

—Se los daré —Kurt le guiñó un ojo, a la vez que levantaba la mano y se despedía de ella—. Si necesitas algo, no dudes en llamar.

—¡Vete ya! —la chica elevó su voz haciéndolo reír, al tiempo que su móvil comenzaba a vibrar en su mano izquierda.

¡Por fin!

Con su mirada, buscó al chico nuevo, comprobando que ya no se encontraba allí, sino que se dirigía hacia ella. El entrenamiento debía haber acabado ya y ni siquiera se había dado cuenta.

Desbloqueando su teléfono móvil, se dispuso a abrir el mensaje que al parecer, su madre le había mandado. Abriendo los ojos y la boca desmesuradamente al leer el contenido del mensaje.

Aquello tenía que ser una broma.

"Cariño, me temo que tenéis que volver en bus. No podemos ir a buscaros. ¿Podríais pasaros por el súper de la esquina y comprar un poco de helado de chocolate? Se nos ha acabado."

—¡¿Cómo?!

Mercedes tuvo que calmarse antes de que el chico llegase donde ella estaba o le asustaría. No podía creer lo que sus ojos habían leído. ¡No iban a venir a buscarles! ¿No podían? ¿Cómo que no podían? ¡Sam acababa de llegar de Dios sabe qué lejano lugar y ellos no pensaban venir a recogerle! No, no podía creerlo.

¡¿Y todavía se preocupaban porque no les quedaba helado de chocolate?! Oh, Dios, qué ganas tenía de matarles.

—¿Estás bien? —oyó a su espalda, a la vez que sentía una mano en su hombro. El mensaje la había sorprendido tanto que ni siquiera se había dado cuenta de que había estado conteniendo la respiración.

Mercedes empezó a toser sin parar, dándose la vuelta para estirar un brazo hacia él.

—Estoy... bien —respondió, enderezándose y bajando el brazo que había alejado al chico unos centímetros.

—¿Seguro? —Sam frunció el ceño, dudoso. No le parecía en absoluto que la chica estuviese bien. Hacía unos minutos la había visto charlando con el supuesto hermanastro de Finn y ahora apenas podía respirar con normalidad. El teléfono que ella tenía en la mano le hizo pensar que a ello se debía todo aquel percance. ¿Sus padres habrían dado señales de vida por fin?

—Seguro —Mercedes intentó sonreír, mientras se guardaba el teléfono en el bolsillo del pantalón—. Tengo una buena y una mala noticia. ¿Cuál quieres primero?

El chico la miró, frunciendo los labios, pensativo, antes de responder.

—Suelta las dos, acabemos con el sufrimiento —dijo, tratando de hacerla reír, mas no lo consiguió. La chica debía estar realmente enfadada para no reírse con él. O quizás sus padres se habían echado atrás en su decisión de aceptarle en su casa.

¿Y si eso era lo que sucedía?

Sam palideció solo de pensarlo. Había viajado kilómetros y kilómetros hasta aquella ciudad, no quería irse. Vamos... Los Jones no podían ser tan desalmados, ¿verdad?

—Al parecer no pueden venir a buscarnos. Nos tenemos que ir en bus —le explicó ella, viendo el suspiro de alivio del chico.

—¿Era eso? —Preguntó él, llevándose una mano al pecho—. ¡Qué susto! Pensé que se habían echado atrás.

—¿Cómo? — ¿De verdad pensaba que esa era la mala noticia? Mercedes negó con la cabeza consciente del susto que había podido causar en él. Visto de ese modo, tener que regresar en bus no habría sido la peor noticia que habrían podido darle—. No, no. Claro que no —Trató de tranquilizarle y hacerlo ella también.

—No pasa nada por ir en bus, es lo que tiene no tener coche —habló Sam de nuevo, queriendo morderse la lengua al instante. Había vuelto a meter la pata. Otra vez—. Perdona, no quise... No me refería...

Mercedes le sonrió, restándole importancia. Empezaba a pensar que aquel error no solo lo cometería una vez, sino muchas más. Y por alguna extraña razón, no le sentaba mal. Quizás fuese porque él pronto se daba cuenta, tratando de enmendarlo con perdones y disculpas. De cualquier modo, nada tenía que ver con las gracias y motes de los demás alumnos del McKinley.

—No te preocupes.

—Si esa es la mala noticia... ¿Cuál era la buena? —preguntó, viendo cómo ella empezaba ya a andar hacia la salida, justo después de levantar el brazo y despedirse de su amiga Quinn.

—Que vamos a tener de postre helado de chocolate —respondió, caminando a su lado.

—Oh.

—Solo si lo compramos antes de llegar a casa —Mercedes continuó hablando a medida que salían del recinto y llegaban al aparcamiento—. Eso ponía en el mensaje de mi madre. "Cariño, no podemos ir a buscaros. Venid en bus y comprad helado de chocolate que se ha acabado" O algo así.

—Vaya.

—Sí, esa es la palabra... Vaya —repitió ella, subiéndose ya al bus que les dejaría cerca de casa y buscando rápidamente un asiento libre.

Aunque ahora que se daba cuenta, necesitaría no uno, sino dos. Eso si el chico se quería sentar a su lado. Mirando atrás para comprobar que él la seguía, vio su sonrisa y giró de nuevo la cabeza para buscar dos sitios libres.

—Estoy deseando conocerles —dijo Sam, esperando a que ella se sentase junto a la ventana para hacerlo luego él. Dejó su mochila en el suelo con más cuidado de lo necesario y admiró el exterior del McKinley desde la ventana.

—¿En serio? —preguntó ella, asombrada. ¿Quién querría hacerlo después de saber que estos eran unos locos de cuidado? La chica miró con curiosidad la mochila que él había dejado en el suelo, de no haber estado distraída por el comentario del chico, hubiese jurado que ésta se había movido.

—En serio —dijo él, dejando de mirar la ventana para mirarla a ella. El hecho de que estuviesen locos no quitaba que él quisiera conocerles. Al fin y al cabo, compartiría casa con ellos por un año, cuánto antes les conociese mucho mejor.

El autobús arrancó al tiempo que sus miradas hacían contacto y luego se separaban, mirando al frente. Aquel sería un viaje incómodo, ya que apenas se conocían. Sam quería sacar un tema de conversación pero lo que Puck le había dicho esa mañana volvía a su cabeza una y otra vez, y ni de broma, pensaba pedirle a la chica que le hablara sobre ello. Si ambos habían salido el pasado año era cosa de ellos. Sam nunca había sido un chismoso y no querría empezar a serlo ahora que planeaba empezar una nueva vida.

Fue Mercedes la que habló por fin, después de un gran silencio entre ambos. En el autobús sonaba la radio y algunos alumnos se habían sentado cerca de ellos, dedicándoles miradas y cuchicheos en voz baja. Sam era uno de los nuevos estudiantes y aquellas reacciones que podía ver en ellos aún durarían unos cuántos días. O quizás incluso semanas.

—Veo que hiciste buenas migas con Puck.

Sam sonrió al oírla, contento de que por fin se hubiese roto aquel silencio.

—Me ha caído bien —respondió, encogiéndose de hombros—. Era él, o el pesado que no he podido despegar de mi culo desde que llegué de Tennessee.

—¿A quién te refieres? —Quiso saber, aunque tenía una ligera idea de quién podía tratarse.

—Creo que se llama... ¿Jacob?

—Oh, no —Lo sabía. Era obvio que sería él. Jacob Ben Israel, el reportero del periódico de chismorreos del instituto. El chico vendería hasta a su hermana si le dejasen con tal de conseguir un artículo—. No, no. Aléjate de él. Es peor que un dolor de muelas.

—Eso ya me había quedado claro —le dijo él, consciente de lo que le hablaba.

—Y si tienes un secreto asegúrate de que no cae en sus manos o lo publicará a los cuatro vientos —le aseguró.

—Joder... —El aviso de la chica no le había gustado un pelo. Lo menos que necesitaba ahora era que el tal Jacob se enterase de sus más guardados secretos. De nada le serviría entonces haber viajado tantos kilómetros huyendo de su pasado.

—Exacto... —Mercedes asintió con la cabeza—. Jacob Ben Israel. Cuando le veas, huye.

—No dudes que lo haré —le aseguró, con una sonrisa—. Muchas gracias por el aviso.

—Oh, no es nada. Es algo que deben saber todos los que estudian allí —Mercedes se encogió de hombros, mirando por la ventana—. Estamos llegando —dijo, levantándose de su asiento.

Sam lo hizo también, levantando con cuidado de nuevo su mochila del suelo y colocándosela sobre su hombro. Se hizo a un lado para dejar pasar a la chica y el autobús escogió precisamente ese momento para frenar de repente.

—Wow —Sam se agarró fuertemente a los asientos para no golpearse contra ella. Al parecer, el bus acababa de llegar a la parada y abría las puertas para que ellos se bajasen.

—Son un peligro los conductores de hoy en día —dijo ella, esperando a que él bajase.

—Y que lo digas —Sam empezó a caminar a su lado a un paso no muy lento—. ¿Llevamos prisa?

—No quiero que cierren el súper antes de comprar el helado —le explicó, andando un poco más rápido.

—Ah, vale vale —Lo cierto es que era divertido verla correr siendo tan pequeñita. Sus zancadas eran la mitad que las suyas y él apenas tenía que hacer el mismo esfuerzo para alcanzarla. De vez en cuando, el chico se aseguraba la mochila en sus hombros, al tiempo que miraba con curiosidad el vecindario—. ¿Queda cerca la casa?

—Muy cerca —respondió, entrando ya en el local, directa hacia la zona de los congelados—. Una calle más abajo.

Sam la vio abrir la nevera en menos de un segundo, y buscar entre las distintas cajas la que ella necesitaba, no tardando casi nada en volver sobre sus pasos y detenerse junto a una de las cajas registradoras.

—Buenos días, Mercy —la saludó la dependienta con una sonrisa—. Veo que hoy llevas acompañante.

—Es nuestro nuevo inquilino, Trudy. Vivirá con nosotros este curso —le informó la chica, buscando entre sus cosas su cartera.

—Me llamo Sam —la saludó él, a la vez que pagaba con su dinero la tarrina del helado—. Sam Evans.

—Qué caballero... —La señora sonrió, aceptando el dinero al tiempo que Mercedes se quedaba quieta con el suyo en sus manos.

—Sam, no —Quiso impedirle que pagase, pero el chico negó con la cabeza, pidiéndole que guardase su cartera.

Trudy embolsó la tarrina y se la tendió a la chica para que la guardase sin perder tiempo.

—No dejes que se derrita —la avisó, despidiéndoles con la mano.

—Nos vemos pronto, Trudy —dijo Mercedes antes de salir por la puerta.

Si antes había apurado el paso para llegar al supermercado antes de que cerrasen, ahora tendría que hacerlo para que el helado no se derritiese, tal y como se lo había dicho Trudy. Sam empezó también a caminar rápido a su lado.

—Pronto llegaremos —le aseguró, divisando su casa a lo lejos—. ¿Ves la casa amarilla que está al lado de la gris? —El chico asintió al oírla, buscándola con la vista—. Esa es.

—Oh... Es grande —advirtió el chico, un poco nervioso. Quedaban escasos minutos para que ella le presentase a sus padres. Segundos en realidad. No habían hecho más que dar unos cuántos pasos y ahora el gran portal de la casa de los Jones se encontraba frente a ellos.

—¿Estás preparado? —le preguntó, abriendo el portal y atravesando el jardín hacia la puerta delantera de la casa.

—No estoy muy seguro —respondió él, viéndola introducir la llave en la cerradura—. Pero, adelante.

¿Qué podía salir mal? ¿Qué no les gustase? Estaba seguro de que lo conseguiría en ese año que viviría con ellos. Haría todo lo posible para lograrlo. Y les ayudaría en todo lo que ellos necesitasen.

Mercedes podía sentir el nerviosismo del chico, ella también lo sentía en sus manos y en su piel. Pelos de punta la recorrían temiendo que sus padres lo recibiesen mal. ¿Qué se podía esperar cuando ni siquiera habían ido a buscarles al instituto? No podían. Ellos no habían podido ir a por ellos. Mercedes estaba deseando oír la excusa que ellos tenían para no haberlo hecho. Esperaba que fuese una muy buena porque si no, la oirían, vaya si lo harían.

Respirando profundamente, giró la llave en el cerrojo y empujó lentamente, entrando despacio y dejando que el chico lo hiciese también.

Apenas tuvieron tiempo a mirar al frente pues en cuestión de segundos, miles de confetis explotaron, cayendo sobre ellos. Y en la habitación empezaron a oírse matasuegras y serpentinas que les dejaron sordos.

—¡SORPRESA! —chillaron los padres de Mercedes a la vez, deteniendo durante unos segundos aquel estruendo que inundaba el salón. Al fondo, justo encima de la chimenea, los chicos pudieron ver un gran cartel que ponía "¡BIENVENIDO SAM!" pintado de rojo y blanco.

OH. DIOS. MÍO.

Continuará.

...

Aclaración: En este fic, Sam tiene el pelo cómo lo llevaba en la tercera temporada (véase la foto del fic). De ahí que Kurt no piense que es gay. Sam no lo lleva como en la segunda ;)

¿Qué os ha parecido? ¡Regaladme un review con vuestras opiniones! :D Muchas gracias por leerlo y, hasta pronto.

Un beso y un abrazo fuerte

Syl