¡Hola otra vez a todos!

Aquí estoy de nuevo con el Estudiante, publicando el nuevo capi el día de mi cumpleaños, sí, habéis leído bien.Hoy cumplo años T.T yo no quiero hacerme vieja pero es lo que toca xD Hace dos años este mismo día, estaba publicando el último capítulo de Buscando un Corazón, y hoy, dos años después, me he decidido por actualizar esta historia, que hace mil que no actualizaba. Lo siento mucho, por eso, toda la culpa la tienen los exámenes y los Samcedes, que este año me han dado mucho trabajo, además de alegrías y también penas, pero eso no importa ahora. Lo que importa es que he vuelto, y espero no volver a tardarme mucho en publicar otra vez.

Muchas gracias a todos los que me habéis felicitado en twitter en ambos perfiles, y también en tumblr. Gracias también a aquellos que me dejasteis un review en el final de Un Santa Claus diferente, me alegra un montón saber que os ha gustado. Y muchas gracias a aquellos que habéis estado ahí, esperando a que este día llegase. Debo decir que, como siempre, el resultado final del capítulo no me ha gustado mucho, pero no soy yo quién tiene que decidir eso, sino vosotros, los lectores, así que, no demorándolo más, os dejo con el capítulo nuevo.


Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario, hubiera habido caja y él le hubiese hecho la pregunta en la finale.


Capítulo 11: Mantequilla de cacahuete, virus y otras cosas.

Sam Evans volvía a bajarse del coche de los Jones por segundo día consecutivo, y un día más, volvía a hacerlo solo. El día anterior, la chica se había bajado del coche sin esperarle, pero esa mañana, Mercedes ni siquiera había soportado viajar con él. Le había dejado una nota a sus padres avisándoles que tendría que pasarse antes por casa de Tina para recoger unos libros, y de allí, iría directa al instituto. Él no lo había creído ni por un segundo, pero había agradecido el no tener que verla tan pronto después de lo que había sucedido entre ellos la noche anterior. No esperaba que la situación fuese a cambiar con el paso del tiempo, ya que estaba completamente seguro de que ésta no tenía arreglo, pero lo que sí esperaba era que ella no le pusiese difícil el cumplir su promesa. ¡En mala hora se le había ocurrido prometer cosas imposibles! ¿Cómo pretendía hacer como que no existía? ¡Vivían en la misma casa! Iban al mismo instituto, al mismo Glee Club. Hasta usaban el mismo baño. Era prácticamente imposible el no cruzarse con ella. Ni siquiera consiguiendo un trabajo conseguiría dejar de verla en algún momento del día.

Para colmo, ella también había decidido robarle sus noches, metiéndose en sus sueños y haciendo que el chico se removiese inquieto entre sus sábanas, queriendo dormir y no pudiendo hacerlo. No cuando aquellas imágenes llenaban su mente. Imágenes que se repetían una detrás de otra. Ella duchándose de nuevo, ajena a que él la miraba, mientras tarareaba canciones, y su voz se colaba dentro de él, haciéndole dirigirse hacia ella. Para comprobar después, cómo la chica dejaba de cantar y empezaba a llorar, intentando cubrirse con sus manos. Si cerraba sus ojos, Sam podía revivir cada uno de aquellos momentos, y si los cerraba con fuerza, él podía aún imaginarse allí con ella. En aquella ducha, mientras el agua caía sobre ellos y él le borraba aquellas lágrimas con sus manos para luego acariciar sus mejillas y...

¿Y qué?

Pensó, abriendo los ojos y dándose cuenta de que seguía parado en medio del estacionamiento, mientras los coches pasaban a su lado y tocaban el claxon llamando su atención para que se apartase.

Negando con la cabeza, Sam comenzó su camino hacia el interior del edificio. Aquellas imágenes que le atormentaban acabarían por conseguir que tuviese un accidente. Debía olvidarse de todo aquello que había pasado desde que había llegado a Lima. ¡Solo llevaba dos días allí y ya había perdido completamente el control! Debía dejar de pensar en tonterías y concentrarse en lo verdaderamente importante, que en ese momento era, llegar puntual a clase.


Mercedes Jones inspiró profundamente varias veces antes de cruzar la puerta del salón del coro. Volvía a estar allí, un día después, y decir que aquellas horas que habían pasado la habían ayudado a calmarse y a olvidar lo ocurrido, sería mentir. El dolor de cabeza había regresado y a él se le había sumado un intenso dolor de tripa que de vez en cuando amenazaba con partirla en dos.

—Ayer no me aceptaste las llamadas —le oyó decir a Quinn, entrando detrás de ella y corriendo para sentarse a su lado. Casi todos los alumnos se encontraban ya allí para escuchar la gran noticia. Casi todos excepto Puck y Sam, que parecían haberse hecho uña y carne los últimos dos días y ahora no parecían querer separarse ni con agua fría.

—Lo siento, Q. Me dolía la cabeza y me fui a dormir temprano —le estaba mintiendo a su mejor amiga. Sabía que estaba haciendo mal, pero aquel no era el momento ni el lugar para decirle la verdad.

—¿Y ya estás mejor? —Preguntó la rubia, preocupada, tomando ya asiento al lado de su amiga, viendo cómo su novio y el chico nuevo entraban en ese momento por la puerta y les saludaban a todos con una sonrisa.

—No. No lo estoy, pero lo estaré —respondió Mercedes, manteniendo la cabeza alta mientras pronunciaba aquellas palabras. La noche anterior se había cansado de llorar quedándose dormida y esa mañana había decidido no volver a hacerlo. No valía la pena. No por él. No cuando a él no le importaba en absoluto nada de lo que había sucedido. Nada de lo que habían vivido. Le había visto desnudo. Él la había visto a ella. Y aquello no había sido nada. Nada para él.

Él ni siquiera la había mirado. Se había sentado delante de todo, entre Puck y Rachel. No le había costado cumplir su promesa. Lo haría una vez, dos, podría hacerlo hasta cien mil veces más. Ella ya no existía para él. Y Mercedes estaba empezando a pensar que realmente ella no existía para nadie.

—¡Buenos días, chicos! —Exclamó el señor Schue entrando en clase con una sonrisa enorme—. Hoy es el día D, el día M...

—¿Está recitando el alfabeto? —Preguntó Brittany, haciendo que todos girasen sus cabezas.

—Es el día del musical. Eso es lo que ha querido decir —respondió Rachel, rápidamente—. O mejor dicho, el día que por fin sabremos cuál será.

—¿En serio, narizota? Gracias por recordárnoslo —habló Santana, poniendo sus ojos en blanco.

—Shhh... Antes de que empecéis otra vez con los motes, sí. Hoy es el día en el que sabremos cuál será el musical. Y... esta vez os lo soltaré sin rodeos, ¿estáis listos?

—No —respondió Puck rápidamente entre una marea de síes.

—El musical de este año será... —Will Shuester guardó silencio durante unos segundos creando tensión—. ¡"Rock of Ages"!

—¡No puede ser! —Exclamó Kurt.

—¡Oh Dios mío! —Chilló Rachel, aplaudiendo como loca.

—¿Ese es el del mono? —preguntó Puck.

—Yo una vez tuve un mono, pero lo tiré por el retrete —oyeron decir a Brittany.

—Recuerdo que salía Tom Cruise y Catherine Zeta-Jones —dijo Finn.

—Y Julianne Hough de protagonista —habló Mike, chocando su mano con la de Artie.

—Veo que sabéis de cual os hablo —sonrió el señor Schue.

—¿Cómo no íbamos a saberlo? —Preguntó Santana.

—Lo que no sabemos es quiénes serán los personajes —le recordó Kurt, sin perder tiempo—. ¿Puede decirlos también sin rodeos?

—Ummm... Veamos... —dijo, buscando en su bolsillo una hoja de papel y desdoblándola despacio—. Empecemos por... El papel de Tom Cruise —El profesor les miró uno por uno, durante unos segundos, antes de desvelar el misterio—. Stace Jaxx será interpretado por... ¡Noah Puckerman!

—¡¿De verdad?! ¡¿Has oído eso, princesa?! ¡Seré Tom Cruise! —Gritó, levantándose y poniendo sus brazos en alto en señal de victoria, antes de lanzarle un beso a su novia—. Señor Schue, ¿va a hacernos falta el mono? Porque puedo conseguirle uno a buen precio en Internet.

—Ya hablaremos de eso luego —respondió Will, haciéndole sentar—. Seguimos con Justice Charlier. El papel de Mary J. Blige será para... ¡Mercedes Jones!

—¡Está de broma! —Reaccionó Mercedes.

—No...

—¿Me ha dado el papel porque soy negra?

—Claro que no. Si así fuese le habría dado a Quinn el papel protagonista por ser rubia.

—Y todos sabemos que el papel protagonista será para mí —habló Rachel.

—¡Cállate! —Exclamaron a la vez Mercedes y Santana.

—Chicas, chicas, calmaos —Will Shuester trató de poner orden en clase.

—Si la protagonista no tiene porqué ser rubia, me pido serlo, Señor Schue —dejó en claro, Santana.

—Tú serás Patricia Whitmore, Santana —le informó el señor Schue, comprobando su lista.

—¿Has oído eso, Hobbit? Tengo papel en el musical, ¡y soy Catherine Zeta-Jones! —Exclamó feliz, a la vez que se levantaba y se aplaudía a sí misma.

—Pero yo sigo siendo la protagonista —soltó Rachel.

—¡Señor Schue...! —La voz de Mercedes volvió a oírse en la clase.

—Vamos, Mercedes, si no eres tú, ¿quién llegará a las notas altas? —Preguntó Will, viendo cómo la chica se apresuraba a abrir la boca para responder.

—Además, la gente ya está acostumbrada a tenernos a Finn y a mí de protagonistas —volvió a hablar Rachel. ¿Es que acaso no podía quedarse callada? Mercedes acabaría por estrangularla si seguía metiéndose en todo.

—De hecho... El protagonista del musical no será Finn, sino Sam —la corrigió el señor Schue recibiendo las caras de póker de todos sus alumnos.

—¿No voy a ser el protagonista? —Preguntó Finn, incrédulo.

—No... Tú serás Dennis Dupree, el dueño del Bourbon —respondió Will, asegurándose con su lista.

—¿Sam y Rachel serán los protagonistas? ¡Qué adorable...! —Oyeron decir a Mercedes, mientras una perdida Quinn le preguntaba a qué había venido aquello. La chica se limitó a encoger sus hombros, mientras trataba de disimular su desagrado. Él había llegado a Lima dos días antes y ya tenía el papel protagonista, mientras ella había sido elegida solo para cantar "las notas altas". ¡Eso era una tremenda Injusticia!

—Sí, ellos serán los protagonistas, Drew y Sherrie —le respondió el señor Schue, recibiendo un "mhm" por parte de la chica. Uno que hizo a Sam revolverse en el asiento, intranquilo. El chico parecía no estar de acuerdo que ella comentase en alto sus ideas, pues bien, Mercedes no dejaría de hacerlo por mucho que a él no le gustase—. En cuánto a los demás... Kurt será Lonny Barnett.

—¡Lo sabía! —Exclamó un alegre Kurt.

—¿Eso quiere decir que tendré que besarle? —Preguntó Finn, rápidamente—. Porque yo no estoy muy seguro de poder besar a mi hermano, Señor Schue.

—¿Ahora sí soy tu hermano? —Protestó Kurt.

—Es un musical, chicos, estoy seguro de que representareis vuestros papeles a la perfección.

—Yo te ayudaré —Rachel trató de tranquilizarle con una sonrisa—. No son besos reales, solo es una actuación.

—Claro que sí —habló Mercedes—. Sus besos con Sam solo serán una actuación —dijo en alto, buscando la reacción de Finn, y notando cómo al lado de Rachel, Sam la miraba, disgustado. ¿Se estaba pasando con él? Si era así, a Mercedes Jones no le importaba en absoluto.

Si el chico había querido de verdad decir algo, el señor Schue había vuelto a hablar rápidamente impidiéndole hacerlo.

—Y... Quinn Fabray será la reportera del Rolling Stone, Constance Sack —dijo, mirando el papel una vez más

—¿La que termina con Tom Cruise? —Preguntó Puck, poniéndose de pie otra vez—. ¡Sí!

—Enhorabuena, Quinn —dijo Mercedes, de corazón.

—Gracias, Mercy —le respondió con una sonrisa dulce, al tiempo que el señor Schue proseguía con la lista.

—Artie Abrams será el personaje de Paul Giamatti, Mike Chang será el alcalde y su amante será interpretada por Tina... —Will Schuester se leyó la lista dos veces más antes de acabar—. ¿Quién me falta...? ¡Ah sí, Brittany!

—Yo seré el mono —respondió ella, sonriente.

—No, Britt, tú serás una de las bailarinas del Club Venus —la corrigió el señor Schue.

—¡Oh! Bailar se me da genial —respondió, ilusionada.

—¿Y en una barra también? —Preguntó Puck, recibiendo la mirada asesina de su novia.

—Los extras serán alumnos del club de audiovisuales y de ajedrez —les informó el profesor, aunque la mayoría ya no le prestaba atención.

—¿Cuándo comenzarán los ensayos, Señor Schue? —Preguntó Rachel, entusiasmada.

—Ahora mismo. He traído los guiones para leerlos y para que os vayáis acostumbrando a los personajes. Mañana seguiremos con la rutina de clases.

—Me parece la mejor de las ideas Señor Schue, así podremos ir ensayando por nuestra cuenta —respondió de nuevo Rachel, sin ninguna intención de callarse.

—Exacto... Empecemos por... la primera escena de Sherrie y Drew. Rachel, Sam, ¿podéis levantaros y colocaros aquí junto al piano?

—¡Claro! —fue la respuesta de ella.

—Por supuesto, profesor —fue la de él, no tardando en oír por lo bajo la repetición de sus palabras con ironía. Ella había decidido hacerle la mañana imposible, ¿verdad? ¿Cómo quería que cumpliese su promesa si no le dejaba en paz ni un segundo?


Veinte minutos después, acabado el ensayo, Sam Evans la perseguía furioso por los pasillos del McKinley hasta detenerse delante de su taquilla.

—¡¿Se puede saber qué demonios te pasa?! —Exclamó, cerrando la taquilla de la chica con rabia al ver que ella no le prestaba la más mínima atención—. ¡Me dijiste que cumpliese la promesa y no me estás dejando!

—¿Ah no? —Mercedes arrugó su nariz y sus labios, pensativa.

—¡No! —Respondió él, alucinando—. ¿Cómo pretendes que lo haga si tú no pones de tu parte? Cada vez que me doy la vuelta, estás ahí. Cada vez que digo algo, ¡tú tienes que poner tu nota de humor!

—¿Yo hago eso? —Preguntó, queriendo sonar inocente.

—¡Sí! —Respondió él, suspirando profundamente a la vez que observaba cómo todos en aquel pasillo les estaban mirando—. Mira, solo... Tú por tu lado y yo por el mío, ¿vale? Simplemente haz como si no existiese —dijo, bajando su tono de voz.

—Eso es fácil —le aseguró ella.

—Al parecer, no.

—Eres un egocéntrico, ¿lo sabías? Crees que todo el mundo gira en torno a ti —le soltó, fijándose en la cara de desconcierto del chico.

—Y yo creí que tú eras diferente, pero ya veo que me equivoqué. Gracias por mostrarme cómo son las cosas —le dijo, negando con la cabeza, sin poder creer lo que ella le había dicho.

Era ella quién ahora abría la boca, incrédula. Era ahora ella quién quería responderle, pero no encontraba las palabras para hacerlo.

—Por el bien del musical, del Glee Club y de tus padres, será mejor que nos tratemos con respeto.

—Yo haré lo que me de la gana. ¡¿Quién te crees que eres tú para darme órdenes?! —Le soltó, malhumorada, abriendo de nuevo su taquilla y sacando de ella su libro de mates, antes de cerrarla de nuevo con rabia y salir de allí, dejándole con la palabra en la boca.

—¿Tienes coche?—Le preguntó Puck, de repente, aproximándose a la taquilla y observando cómo el chico la veía irse.

—¿Eh? —Sam había dejado ya de mirarla y se había girado, no entendiendo a qué venía su pregunta.

—Te preguntaba si tienes coche, porque lo siguiente que hará será romperle las ventanas con una piedra —respondió, divertido.

—Estás de coña —dijo Sam, negando con la cabeza.

—De hecho, no. Le rompió el parabrisas a Hummel el año pasado porque él le rompió el corazón. No te aconsejo llevarle la contraria.

—¿Lo dices en serio? ¿El parabrisas del coche? —Sam abrió su boca, alucinado—. ¿En qué casa de locos he ido a parar? Sus padres a su lado son las Hermanitas de la Caridad.

—Vamos... No exageres —rió Puck, dándole unos golpecitos en el hombro y animándole a seguir su camino hacia los vestuarios—. No es para tanto. De hecho, si lo miras bien, es bastante caliente.

—¿Perdona? Quiso castrarte —le recordó.

—Todo palabrería... Su enfado me pone mucho la verdad —le dijo el judío, entrando ya en los vestuarios. Habían llegado tarde y la entrenadora Beiste no tardaría en castigarles con doscientas cincuenta vueltas al campo si se retrasaban aún más—. Me pondría... Me pondría mucho si no estuviese saliendo con Quinn —se corrigió, viendo la mirada asesina que Sam le estaba dedicando—. Tío... Yo... Me disculparía con ella, si no quieres que te castre a ti. Te recuerdo que tu habitación y la suya están en un mismo pasillo.

—¿Cómo sabes que...? —Sam frunció el ceño, dudoso—. Es igual. No pienso disculparme. No soy yo el que tiene que hacerlo.

—¿Ah no?

—No —sentenció, mientras se vestía la camiseta del equipo.

—No lo parecía por la manera en la que se fue —el chico se encogió de hombros mientras veía cómo Sam se ataba ya los cordones de sus deportivas—. Algo has debido hacerle.

—Yo no le he hecho nada —se defendió, Sam, levantándose del banco en el que estaba sentado—. Y no quiero hablar más del tema.

—Así que está enfadada por lo que no has hecho, entonces —insistió Puck, queriendo llegar al fondo del asunto, recibiendo una mirada asesina por parte de su nuevo amigo—. Yo solo digo que Mercedes Jones no se pone así por cualquier cosa.

—¿Te parece poco lo de ayer? —Le preguntó, cerrando su taquilla y empezando a caminar hacia la salida.

—¿Lo de ayer? ¿Te refieres a la novatada? —Puck frunció el ceño sin llegar a entender—. En ese caso, tendría que estar enfadada conmigo, no contigo —dijo, fijándose en la reacción de Sam ante sus palabras—. A no ser que tú hayas hecho algo más.

—Te he dicho que yo no le he hecho nada —repitió, cansado ya de todo aquello. Definitivamente, no estaba siendo su mejor día.

—No le has hecho nada, pero sí has hecho algo, ¿verdad? —Puck no se daría por vencido, ¿verdad? Iba a sacárselo de todas formas y Sam necesitaba contárselo a alguien. Era una mierda que sus viejos amigos estuviesen a kilómetros de distancia. Lo había dejado todo atrás para conseguir aquella nueva oportunidad y ahora, el chico dudaba de verdad que aquel viaje y el hecho de estar lejos de su familia estuviesen mereciendo la pena.

Lavidesnudaenladucha —dijo rápidamente. Aunque a Puck sus palabras le parecieron estornudos.

—Espeeeeeeeera un momento. ¡Has visto desnuda a la Sexy Mama? ¿A Mercedes Jones? ¿Cómo Dios la trajo al mundo? —Noah Puckerman abrió la boca, alucinado, al tiempo que su mano daba golpes en la espalda de Sam, celebrándolo.

—¡Baja la voz! —Susurró en alto, Sam, mirando hacia todos lados. Había decidido contárselo a él, no a todo el McKinley. Mercedes definitivamente le mataría si ello ocurriese—. Como se lo digas a alguien, te juro...

—¿Y yo a quién se lo voy a decir? —Se defendió Puck, negando con la cabeza y frunciendo los labios en desacuerdo.

—A nadie —respondió Sam, siguiendo su camino hacia las gradas.

—¡Hey, espera! ¿Vas a soltar una bomba así y te vas a ir?

—No voy a contarte nada más, Puck —le aseguró, andando con más rapidez hacia la salida.

—¿Ves? Esta amistad no está funcionando. Has visto a la Sexy Mama desnuda, no puedes quedarte callado.

—Pues es lo que voy a hacer —Si él pensaba que iba a sacarle algo más y sobre ella, estaba muy pero que muy equivocado. Sam estaba ya comenzando a arrepentirse de habérselo contado.

—Oh, vamos... Ni un solo "Qué tetas tiene..." o "Ese jodido culo..." Dame algo, tío —dijo, viendo cómo él se detenía y ponía una cara de pocos amigos—. ¿Me vas a decir que no lo pensaste?

—Te he dicho que no te voy a decir nada.

—¿Porque no quieres que ella se entere? —Preguntó, sosteniendo la puerta de la salida para que él no se escapase.

—Porque no soy así —le respondió, aferrando su mano a la puerta indicándole que se moviese—. Y te agradecería que dejases de hablar de ella. Si no me habla es precisamente por haberte defendido.

—Creí que no te hablaba porque la habías visto desnuda en la ducha —rió Puck, permitiéndole abrir por fin la puerta.

—¿Puedes dejar de recordármelo, por favor? —Le pidió, aumentando la velocidad de sus pasos—. Tengo la jodida imagen en mi cabeza las veinticuatro horas del día.

—¿En serio? —Puck sonrió, divertido, corriendo a su lado—. No sé si decirte lo siento o qué suerte tienes, tío.

—Puck...

—Que sí, que sí. Que no me vas a decir nada —rió el judío, viendo cómo la entrenadora Beiste se dirigía hacia ellos, malhumorada—. Oh oh...

—¡Vosotros! ¡Doscientas vueltas al campo de juego, ya! Última vez que me llegáis tarde a un entrenamiento, ¿entendido?

—Fue culpa mía, entrenadora —respondió Puck, tratando de defender a su amigo, al fin y al cabo no estaba mintiendo.

—En ese caso, cien vueltas más para ti, Puckerman.

—Ouh... —Se quejó, imitando a Homer Simpson.

—Lo siento, Puck.

—Más lo siento yo. Déjame compensar tus vueltas con una buena noticia —dijo, empezando a correr a su lado.

—No sé si quiera saberla —respondió Sam, aumentando la velocidad en la carrera.

—Sí vas a querer, porque te he encontrado trabajo —le informó, contento.

—¿En serio? ¿Por qué no me lo dijiste antes? —Preguntó Sam, feliz de que por una vez algo le saliese bien—. ¿Y qué voy a tener que hacer?

—Obviamente porque hablar de Mercedes Jones es mucho mejor que hablar de trabajo, sobretodo si ella está desnuda. Y es un taller de coches. Supongo que tendrás que hacer lo típico, cambiar ruedas y aceite.

—Voy a hacer como que no he oído la primera parte de tu frase. Y creo que sí, podré hacer eso —respondió, respirando fuertemente para no quedarse sin aliento.

—No hace falta que la oigas, ambos sabemos que acabas de pensar en ello —dijo Puck, sin miedo a que él terminase golpeándole. Le caía bien el chico nuevo y sentía que podrían llegar a ser muy buenos amigos. Al fin y al cabo, él y Mercedes no podrían estar sin hablarse durante más de una semana, pues vivían en la misma casa, y ella era la mejor amiga de su novia, así que Puck estaba seguro de que en poco tiempo, los cuatro serían como una piña—. Y sí, estoy convencido de que podrás hacer eso. Después te llevaré allí —rió, esperando la reacción del chico.

Una que nunca llegó pues la entrenadora Beiste salió a su encuentro y les gritó de nuevo, con un enfado monumental.

—¡Dejad de hablar o serán doscientas vueltas más para cada uno, ¿estamos?

—Sí, entrenadora Beiste —asintieron ambos a la vez.


Mercedes no había vuelto a verle después de su discusión en el pasillo. Había regresado a casa sola, como lo había hecho durante mucho tiempo y como lo seguiría haciendo desde ese momento en adelante. Había vuelto y se había sentado en la cocina, observando la comida que su madre le había dejado para calentar. No tenía hambre, no cuando su estómago amenazaba con partirse en dos a cada paso, pero aún así se obligó a comer. Subiendo a su habitación media hora después para hacer su tarea. Quería acabar pronto para poder ver de nuevo la película del musical. Aquel en el que Sam sería el nuevo protagonista, aquel en el que ella no lo sería.

"Eso ya lo sabías."

Se reprochó a sí misma, enfadándose de nuevo ante aquella injusticia. ¿Él había llegado a Lima hacía tan solo dos días y ya le habían dado el papel protagonista? ¿Qué demonios había hecho para conseguirlo? ¿Tan buena había sido su audición?

—No me importa.

Murmuró, poniéndose a hacer ya sus deberes. No le importaba en absoluto que él fuese a ser el protagonista. No le importaba en absoluto que Rachel fuese a ser su pareja y no le importaba en absoluto si ambos se atragantaban con un hueso y eso impedía que volviesen a dirigirle la palabra.

—Nadie me dice lo que tengo que hacer —se recordó a sí misma, bloqueando su mente y comenzando su tarea.

No dejaría que la mala situación que ahora reinaba en su casa repercutiese en sus estudios. Aquella no sería la primera vez que una mala decisión de sus padres hiciese que su concentración fuese a menos, ni tampoco la última. Mercedes Jones era una luchadora, al fin y al cabo. Y si él pensaba que ella iba a dar su brazo a torcer estaba realmente equivocado.

Pronto, la chica se había visto inmersa en problemas de matemáticas y lecturas de francés que la hicieron olvidarse de todo aquello. Problemas y lecturas a los que dejó de prestarles atención cuando un ruido enorme se oyó en el piso de abajo de la casa. La puerta principal se había abierto y ahora se oían no una, sino tres voces que provenían del salón.

Y definitivamente, no. Aquellas voces no pertenecían a sus padres.

—¿Qué demonios? —Masculló, levantándose de la silla y asomándose a la puerta sin llegar a poner un pie fuera de la habitación.

Prestando atención al ruido que venía de abajo, afinó su oído tratando de averiguar a quiénes pertenecían aquellas voces.

La risa de Puck fue lo primero que oyó, provocando que la chica frunciese los labios, enfadada. ¿Sam no había tardado nada en traérselo consigo, eh?

—¡Noah, ni se te ocurra tocarme con esas manos! —Oyó gritar a Rachel Berry en ese momento, mientras sus ojos se abrían y su boca reprimía un grito.

¡No solo se había traído a Puck, sino también a Rachel! ¡Y sin pedir permiso!

—Te salvas porque he quedado con Quinn —oyó reír a Puck segundos después, despidiéndose luego de ambos antes de oír cómo la puerta se cerraba y él se marchaba de la casa.

Pronto, pasos se escucharon en las escaleras, indicándole que ambos se dirigían hacia allí.

Y un escalofrío la recorrió de repente, haciendo que ella cerrase la puerta con rapidez, pero no lo suficientemente fuerte como para que ellos la escuchasen.

¿No pensarían subir a verla, verdad? Porque nadie podía entrar en su habitación. Na-di-e.

¿Y qué demonios hacía Rachel Berry en su casa? Y en su salón, y en las escaleras, y en la...

¡¿Se habían metido en la habitación de él?!

Mercedes no estaba completamente segura pero, ellos no habían llamado a su puerta, y tampoco habían vuelto a bajar. Por el contrario, la puerta del chico sí se había abierto y ahora...

¡Oh, Dios Santo! ¡Sam se la había traído a su habitación!

—No puedo creerlo —dijo, caminando rápidamente hacia la puerta con la intención de abrirla, y deteniéndose enfrente de ella segundos después—. No me importa —concluyó, a la vez que negaba con la cabeza y se daba la vuelta alejándose de la puerta.

No le importaba.

Definitivamente no le importaba lo que estuviesen haciendo o fuesen a hacer Rachel Berry y Sam Evans en la habitación de su hermano.

No le importaba en absoluto.

No.

Aunque el chico estaba realmente equivocado si pensaba que ella no se iba a chivar con sus padres acerca de ello. Acababa de incumplir la regla principal de su padre, ¿y esperaba que ella se fuese a quedar callada? Ni. De. Broma.

Volviendo hacia la silla con la intención de sentarse y seguir estudiando, pronto oyó cómo las risas de Rachel Berry llegaban a su habitación, provocando que la chica resoplase, molesta. Definitivamente, iba a necesitar auriculares para no oírla.

Auriculares que estaban conectados todavía a su computadora. La misma que ahora le informaba de la llegada de un mensaje.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¡Código 1, código 1, Rachel Berry va hacia ahí!

Mercedes Divaliciosa Jones: ¿En serio? No me había dado cuenta, Kurt.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Uppsss... no he podido avisarte antes.

Mercedes Divaliciosa Jones dice: No te preocupes :P ¿Qué demonios hace aquí?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¿Ensayar? xD

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Ya sabes lo pesada que es. Estaba en el taller con Finn cuando apareció Sam y no pudo decirle que no.

Mercedes Divaliciosa Jones dice: ¿Y qué hacía Sam en el taller?

La chica observó la pantalla durante varios minutos sin recibir respuesta.

Mercedes Divaliciosa Jones dice: Kurt, ¿sigues ahí?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Puck le habló a mi padre de él y le ha contratado.

Ahora era Mercedes la que se quedaba callada mirando su respuesta.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¿Cedes?

Mercedes Divaliciosa Jones: ¿Sí?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¿Pasa algo malo?

Mercedes Divaliciosa Jones dice: No. ¿Por qué tendría que pasar?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: No lo sé. Te quedaste callada. ¿Te encuentras bien?

Mercedes Divaliciosa Jones dice: No, Kurt. No puedo encontrarme bien cuando tengo a Rachel Berry en mi casa en la habitación de al lado y estoy tratando de estudiar.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Ugh...

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¿En la habitación de al lado?

Mercedes Divaliciosa Jones dice: Sip.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: ¿En la de Sam?

Mercedes Divaliciosa Jones dice: En la de Bobby.

Le corrigió, rápidamente. Aquella no era la habitación de Sam, y nunca lo sería.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Ya, en la de él. ¿Están ensayando en la de él?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Más le vale no intentar nada o le cortaré la cabeza.

Mercedes Divaliciosa Jones dice: ¿A Sam?

Kurt Creador de Moda Hummel dice: A Rachel.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: xDD

Mercedes Divaliciosa Jones dice: ¿Y cuando no quieres tú cortarle la cabeza a Rachel Berry? xDD

Kurt Creador de Moda Hummel dice: jajajaja Eso es cierto.

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Ahora en serio, ¿estás bien? :(

Mercedes Divaliciosa Jones dice: Estoy bien, Kurt. No te preocupes por mí :**

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Sabes que si hay que romperle las piernas a alguien yo te ayudo.

Mercedes Divaliciosa Jones dice: Si tú no matas ni a una mosca, Kurt... xDD

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Tsss, qué concepto más malo tienes de mí xD

Mercedes Divaliciosa Jones dice: xDDD Gracias por hacerme reír, pero ahora tengo que seguir estudiando :P

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Aguafiestas... xD

Kurt Creador de Moda Hummel dice: Está bien. Hablamos en la noche. :**

Mercedes Divaliciosa Jones dice: Sí, hablamos en la noche. :** *hug*

Mercedes cerró el ordenador portátil antes de que el chico pudiera siquiera el pensar en hablarle de nuevo. Desconectando los auriculares del aparato, los conectó a su reproductor, dándole al play antes de oír de nuevo las risitas de Rachel Berry.


Sam Evans dio gracias a Dios en el momento en que escuchó a Rachel Berry decir que el ensayo ya se había terminado. Se había pasado la última media hora mirando el reloj en un intento porque la chica se diese cuenta, pero había sido imposible. Ella estaba demasiado metida en la obra, cantando, bailando. Y volviéndole loco a él, diciéndolo qué decir y cómo hacer cada una de sus escenas. Para colmo, él sabía que Mercedes les había oído llegar, pues había oído su puerta abrirse mientras subían las escaleras y a pesar de que él hubiese apostado porque la chica hubiera salido a saludarles con la ironía de aquella mañana, Mercedes no lo había hecho.

—Nos vemos mañana, Sam —habló Rachel, sonriente, mientras cruzaba la puerta de la casa y se perdía escaleras abajo.

El chico no había hecho más que saludarla con la mano y cerrar la puerta, cuando la oyó.

Nos vemos mañana, Sam —entonó Mercedes, notando su mirada clavada en ella.

—Estabas tardando —le respondió él, pasando a su lado y continuando su camino hacia la cocina—. ¿Quieres algo de comer? Voy a hacerme un bocadillo.

—Cuánta amabilidad —exclamó, siguiéndole—, a ver si lo adivino... Vas a pedirme que no me chive a mis padres por llevarla a tu habitación —la chica no tardó en sentarse en una de las sillas, observando cada uno de sus movimientos. Él se había quedado quieto, mirándola y eso hizo que ella continuase atacándole con sus palabras—. La primera regla de mi padre, Sam. No subir chicas a tu habitación. No me digas que se te había olvidado.

—Solo estábamos ensayando —respondió él, girándose para abrir la nevera y buscar también el pan en una de los estantes del armario—. ¿Seguro que no quieres nada?

—Te he dicho que no, ¿es que no me estás escuchando? —Preguntó molesta, al ver la poca atención que el chico le prestaba. ¿Es que acaso no temía que ella fuese a chivarse?

—Solo estaba siendo educado —respondió él, encogiéndose de hombros, al tiempo que se sentaba y se hacía un bocadillo delante de ella—. Ummm, delicioooooso —dijo, divertido, estirando la palabra, viendo cómo la chica resoplaba y alcanzaba la mantequilla de cacahuete para hacerse uno ella misma—. Veo que te ha entrado el hambre.

—Y yo veo que tú estás famélico. ¿Tan ocupado estabas que no tuviste tiempo para venir a comer?

—¿Me estuviste esperando? —Preguntó, divertido, dándole un enorme bocado a su sándwich.

—Por supuesto que no —dijo ella.

Por supuesto que no —repitió él, con su mismo tono de ironía.

—¿Qué pasó con lo de que deberíamos tratarnos con respeto?

—No lo sé. Dijiste que no te diese órdenes, ¿recuerdas?

Mercedes evitó responder, pegándole un bocado a su sándwich. Tiempo que él utilizó para seguir hablando.

—Y sí, estuve bastante ocupado, y de hoy en adelante lo estaré aún más. Así que no te preocupes, no me verás mucho por esta casa.

—Si me hubieses preguntado, te hubiese dicho que paso mucho tiempo en casa de Kurt y por consiguiente, también en el taller de su padre.

—¿Cómo sabes que...? ¿Me has estado espiando? —El chico frunció el ceño, asombrado.

—Yo no te he-

Mercedes había tratado de responderle pero una miga de pan se lo había impedido, atascándose en su garganta e impidiéndole casi respirar.

—¿Estás...? Espera, yo te ayudo —dijo él, rápidamente, levantándose de la silla, preocupado, y colocándose detrás de ella al tiempo que le daba golpes en su espalda—. Mi madre dice que esto funciona —dijo, riendo.

—Y tú te has aprovechado —respondió ella, recuperando la respiración, notando cómo sus dedos habían detenido ya aquellos golpes y acariciaban ahora su espalda lentamente.

—Puede... —rió, provocando que ella lo mirase queriendo aniquilarle como si fuese un pequeño mosquito.

—Para tu información, no. No te he estado espiando. Kurt me lo contó.

—Las noticias vuelan en esta ciudad al parecer —el chico volvió a su sitio, tomando el sándwich entre sus manos, aquellas que habían tenido la oportunidad de tocarla a ella. ¿Qué demonios le había impulsado a acariciarla? ¿Y qué demonios hacía hablando con ella si era una tremenda insoportable?

—Así que vas a trabajar para Burt —dijo ella, después de tragar un nuevo bocado de su delicioso sándwich.

—¿Me estás dando conversación? —Preguntó Sam, arqueando una ceja, y parando de masticar al tiempo que la miraba fijamente.

—Solo estoy siendo educada —respondió ella, emulándolo a él.

—Y fisgona —el chico no pudo evitar sonreír al oírla decir aquellas palabras. Estaban hablando, o atacándose más bien, y él lo estaba disfrutando. Realmente le estaba gustando meterse con ella. Era divertido ver cómo ella le regalaba aquellas miradas asesinas mientras devoraba con ganas su bocadillo de mantequilla de cacahuete—. ¿Quieres otro? —Le preguntó, sacando otro par de rebanadas para hacerse uno el mismo.

Mercedes negó con la cabeza, viendo cómo el chico rápidamente se servía otro más. Él no dejaba de comer, haciendo que Mercedes se preguntase seriamente dónde demonios metía todo lo que engullía. Era asqueroso verle comer y a la vez, la chica no podía dejar de mirarle.

—¿Tengo algo en...? —Preguntó Sam, notando su mirada en él, recibiendo rápidamente una respuesta negativa por parte de ella. La había pillado mirándole, y ahora la chica cambiaba rápidamente el tema de conversación.

—¿Y qué le va a pasar a tu hámster?

—¿A que te refieres? —Preguntó, mientras masticaba el contenido de su boca, y Mercedes fruncía sus labios en una mueca de disgusto.

—Estarás fuera de casa, ¿qué pasa si le sucede algo?

—¿Algo como qué? —Preguntó él de nuevo, engullendo por fin y mirándola fijamente.

—No lo sé. Morir asfixiado... O tal vez ahogado en su propia comida —respondió ella, viendo cómo rápidamente él se arrancaba a reír como respuesta—. ¿Qué es tan gracioso?

—Que... Que le has llamado hámster y te estás preocupando por él. Eso es lo gracioso —el chico le sonrió de oreja a oreja, una vez había conseguido calmar sus risas.

—¿Preocupándome? Yo no dije de quiénes serían las manos que lo asfixiasen o lo ahogasen.

—Oh, vamos... Para hacerlo tú, tendrías que tocarle —rió Sam, nuevamente, sabiendo que aquello no sucedería, y llenando su boca con el último trozo de su bocadillo. Aquella conversación había llegado a su final, y aunque le encantaría quedarse allí, discutiendo con ella y haciéndole pagar de alguna manera sus desplantes, el chico tenía todavía deberes por hacer—. Me ha gustado mucho charlar contigo, pero tristemente ahora tengo que irme —le hizo saber, chasqueando la lengua.

—¿Adónde? —Le preguntó ella, viendo cómo él ya se levantaba. Le había pillado desprevenida, de verdad no se esperaba que el chico se fuese a ir tan rápidamente. No... ¿No quería que se fuera? ¿Por qué demonios quería que se quedara allí, hablando o mejor dicho, discutiendo con ella? ¡Mercedes le había pedido que hiciese como que no existía! Y ahora ella estaba queriendo justo lo contrario. ¿Eran sus días, verdad? ¡Eran sus jodidos días del mes!

—Lo que yo decía... Una fisgona —dijo él, dirigiéndose hacia la salida sin esperarla—. Me voy arriba a hacer la tarea. A no ser que quieras hacérmela tú —le preguntó, dándose la vuelta al tiempo que se apoyaba en el marco de la puerta.

—¿Yo? ¿Por qué habría de hacer yo eso?

—No lo sé. ¿A modo de disculpa tal vez? —Respondió él, arqueando sus cejas.

—¿Disculpa? ¿Y por qué demonios tendría yo que disculparme contigo? Tú eres el que tendría que hacerlo. Tú eres el que tendría que estar haciendo mis deberes para que yo no me chive a mi padre de lo que has hecho —le recordó, anonadada.

—¿Qué he hecho? —Preguntó él, tratando de sonar inocente.

—¡Subiste a una chica a tu habitación!

—Solo estábamos ensayando —volvió a excusarse, a la vez que negaba con la cabeza.

—¡No importa! Kurt es gay y él tampoco puede subir a mi habitación —le soltó.

—Oh... Es eso.

—¿Qué? —La chica lo miró con miles de preguntas revoloteando en su cabeza.

—¿Quieres que Kurt suba a tu habitación? —Preguntó, observando su reacción—. Yo no le diría nada al Señor Jones, guardaría tu secreto.

Él... ¿Le estaba proponiendo un trato? Mercedes lo miró, dudosa, sin saber qué decir.

—Solo tendrías que guardar el mío. Hazlo y podrás subir a Kurt sin que tu padre se entere —añadió él, esperando su respuesta.

Una que definitivamente, no se había esperado.

—A cualquiera. Podré subir a cualquier chico sin que mi padre lo sepa —le corrigió, estirando su mano para sellar el trato.

—¿A cualquiera? ¿A... a quién más quieres subir?

—Eso no es asunto tuyo —le aseguró, moviendo su mano para que se le aceptase de una vez—. ¿Aceptas?

El chico no estaba muy convencido de darle la mano. No, definitivamente no. ¿A quién demonios se refería con cualquiera? ¿Eso implicaba a más de uno? ¿A dos, tres? Sam estaba empezando a creer que había llegado el momento de hacer lo que el señor Jones le había pedido aquella vez que ellos habían jugado en la parte de atrás de la casa. El momento de aceptar su petición de protegerla. Ella podía ser un grano en el culo, pero él no dejaría que nadie le hiciese daño si podía impedirlo. Nada le pasaría mientras él estuviese pendiente de ella. Nada le sucedería a la hija de los señores que le habían recibido en su casa con los brazos abiertos.

—¿Sí o no? —Repitió ella, aun con su mano en alto. Empezaba a parecer estúpida y si él no se decidía pronto...

—Está bien. Pero solo si cerramos el trato a mi manera —dijo él, regalándole una sonrisa de lado.

—Odio tu manera —le recordó ella, cerrando su mano como acto reflejo.

—Lo sé —rió él, escupiendo sin dudar en su mano y tendiéndosela con una sonrisa. Viendo cómo ella fruncía los labios de nuevo y se la aceptaba.

El apretón de manos había durado más de lo que había querido y contrario a lo que había pensado, la chica no había querido soltarle en cuánto se lo había dado.

Estaban unidos. Era asqueroso y repulsivo, y a la vez, Sam sintió la necesidad de buscar su sonrisa. Aquella que la chica le había regalado la primera tarde que él le había enseñado casi a montar en bici. Aquella que se moría de ganas de volver a ver, y que a la vez, sabía que no sucedería.

Él había buscado aquella sonrisa y ella había roto el contacto con sus manos, rehuyendo su mirada. No la soportaba, y la mayor parte del tiempo tenía ganas de estrangularla esperando que así se callase, pero por alguna extraña razón que no alcanzaba a entender, él no podía dejar de buscar su sonrisa. Para colmo, la imagen de su cuerpo desnudo le atormentaba a cada segundo y el chico acabaría volviéndose loco por no poder pensar en nada más.

—Suerte con la tarea —habló ella por fin, sacándole del mundo de los sueños—. Y si tienes alguna duda, ya sabes... no me llames —dijo, caminando ya hacia las escaleras, regalándole una perfecta vista de sus partes traseras según las subía.

—No te preocupes, que no te llamaré —respondió él, obligándose a mirar hacia otro lado.


Esa fue una buena pregunta, Mercedes. ¿A quién vas a querer subir?

Pensó, al tiempo que cerraba la puerta de su habitación y se recostaba sobre ella. No solo su plan para chivarse de él había fracasado, ¡sino que ahora se cubrían mutuamente! ¡Y ella tendría que buscarse a alguien para traerse a su habitación!

Idiota, idiota, ¡idiota! ¿Por qué dijiste que sí? ¿Querías que él supiera que tú también tienes a alguien? ¡Tú no tienes a nadie, Mercedes!

—Genial... Ahora también hablo conmigo misma —la chica negó con la cabeza a la vez que se separaba de la puerta y empezaba a caminar hacia el escritorio de nuevo. Navegaría por Internet durante un rato y luego, más tarde, vería la película del musical para compararla con el guión que el señor Schue les había dado.

Sin embargo, Mercedes no llegó a hacerlo, pues el sonido de la llegada de un mensaje a su bandeja de entrada llamó su atención, dejando de lado las ventanas del navegador que tenía abiertas, y buscando la que había empezado a parpadear.

—Ummm... Remitente desconocido —pronunció, a la vez que dudaba el abrir o no. Podría ser un correo spam, o incluso un virus. El mail solo llevaba por título "White Chocolate"... Tenía que ser definitivamente un virus.

Finalmente, decidió no abrirlo, dejando aquella ventana durante unos minutos, mientras entraba en sus redes sociales. Pronto, tumblr y twitter le dieron la bienvenida, pero no pasó mucho tiempo hasta que un nuevo mensaje volvió a hacer que su bandeja de correo saltase.

"Vamos Mercedes. Ábrelo y entérate de quién es en realidad Sam Evans."

Pudo leer en el título del nuevo mensaje, provocando que la chica mirase hacia atrás y hacia los lados, con rapidez, temiendo que la estuviesen espiando. ¿Acaso sus padres habían decidido gastarle de nuevo una broma pesada? ¿O era que su vida de pronto se había convertido en interesante, hasta el punto de recibir un correo de "A"?

Negando con la cabeza por las estupideces que había llegado a pensar, la chica se apresuró a abrir el mensaje sin perder ya tiempo, viendo cómo el contenido del mismo se revelaba ante ella y la hacía clavar su vista en el ordenador, mientras sus ojos y su boca se abrían como platos y un "Oh Dios mío" se escapaba de ella.

—¡No puede ser! —Exclamó, sin poder apartar sus ojos de la pantalla.


Y hasta aquí el nuevo capi... ¿Qué os ha parecido? Hacedme feliz contándomelo en un review, o dejándome un feliz cumpleaños aunque sea chiquitito *-*

Agradecimientos:

Muchas gracias a María Elena (que me emocionó con sus palabras :D ¿Te pasaste a leer el rp Samcedes que os puse en el otro fic? Derek ya ha aparecido y a bailado con Mercy poniendo celoso a Sam. ^.^); a Maru (En el otro capi lloró, y en este está enojada, es lo que tienen los días del mes xDD No sé si le tiene cariño o en realidad, quiere ahogarla en el mar xD ¿Qué oculta algo? ¿En serio? ¿Qué será? Lol ¡Un beso, Maru! Mil gracias por dejar siempre reviews *-*); a Rosa Elena (¿Se gustan? ¿Só? ¿Eso crees? Ummm, no sé yo... xD Siento haber tardado tanto en actualizar, intentaré hacerlo más a menudo ahora que empieza el veranito *-* Muchas gracias por leerlo y comentar, Rosa Elena. ¡Un besito!); a Cassandra (Es cierto, siempre te pones del lado de Sam y no de Mercy, pobrecilla xDD Aunque bueno, es difícil ponerse del lado de Mercedes a veces, sobre todo cuando no razona. Jajaja ¿Celos por Puck? Umm.. quizás los celos lleguen pronto, pero no por culpa de Puck xDD ¡Un besito Cass! :D); a Savri (Mercedes es un poco ciega, sí. O quizás es que no le gusta... como para eso xD Quién sabe... ¡Un besito, Savri! Gracias por pasarte.); y a Antonia (Síii, morí con las fotos de Nueva York, y con sus escenas, y con todo. Ayyy, los quiero demasiado, son mis niños *-* No sé si al final te leíste el final de la historia de Navidad que me preguntabas en tu review, ojalá que fuese así ^.^ Y muchas gracias por tus palabras, de verdad, son preciosas. Y es lo que hace que nosotros los fanfickers recuperemos el amor por escribir cada vez que este decide abandonarnos. Ojalá que te guste este nuevo capi y siento el n haber podido actualizar antes. ¡Un besito!

Y ahora sí me despido. Muchas gracias por pasaros a leerlo y comentar. Un besito y un abrazo enorme.

Syl