¡Hola otra vez!
Sí, sé que dije que ahora con el veranito actualizaría más seguido, pero justo cuando más tiempo libre tengo para ponerme a terminar el fic, mi madre se opera de un pie, haciéndome trabajar el doble xD No os preocupéis, todo está bien. Y en mis ratos libres, yo sigo escribiendo como loca. De hecho, este capítulo me ha salido mucho más largo que los anteriores, que siempre solían ser de 12-13 páginas de Word, y éste ha acabado en veinte. No estoy muy contenta con el acabado final, pero como siempre digo, no soy yo quién debe juzgarlo sino vosotros los lectores, así que aquí vengo a dejároslo.
Deciros también, a aquellos que estéis interesados en leer el rp Samcedes en el que estoy haciendo de Sam, que podéis encontrar los links de él y Mercedes en mi perfil, solo tenéis que clicar en sus nombres y os llevarán directamente a sus tumblrs. Y si tenéis alguna duda, preguntad, eh ^.^
Y creo que ya no tengo que decir nada más, solo... A leer, y espero que os guste.
Ah, sí, ya se me olvidaba xD Le he vuelto a cambiar el rating al fic. Ahora es M... Ya sabéis lo que eso significa xD
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 12: Nuevas sonrisas
Ella no había bajado a cenar.
Sam Evans se levantaba por fin de la mesa después de diez minutos haciendo tiempo. Ella no había bajado a cenar, y él solo había esperado que lo hiciese para seguir dedicándole miradas divertidas que parecían ponerla de los nervios, o para recordarle por segunda vez el trato que ahora tenían, y la posibilidad de que él se lo contase a sus padres si alguna parte del susodicho salía mal. O quizás realmente quería verla y sonreírle. Porque eso la volvía loca hasta el punto de querer asesinarle. De cualquier modo, Mercedes Jones no había bajado a cenar, y él se había quedado con las ganas.
—¿Sam? —Unas manos aparecieron de repente delante de sus ojos, haciéndole volver a la realidad. Unas manos que pronto reconoció como las de la señora Jones.
—¿Eh? Oh... Lo siento. ¿Qué me estaba diciendo? —Se disculpó, viendo una sonrisa en el rostro de la mujer.
—Te decía si podías llevarle un vaso de leche caliente a Mercedes.
—¿Se siente mal? Creí que no había bajado porque estaba estudiando —respondió, rápidamente—. Se lo llevaré encantado, Señora Jones.
—Solo le duele un poco el estómago, pero no te preocupes —le dijo, tendiéndole la taza para que él la sostuviese—. Muchas gracias por llevársela. A mí todavía me queda un poco que hacer aquí.
—¿Quiere que le ayude a recoger? —Se ofreció sin dudar.
—Oh, no. No. Ve a hacer tus tareas. Ve. Además tienes cita con tus hermanos —dijo, sonriéndole.
—Es verdad —respondió—. Se lo llevaré rápido —habló de nuevo, emprendiendo su camino hacia las escaleras.
—Sam... Si está dormida, no la despiertes. Déjaselo y ya se lo calentaré más tarde —le pidió, haciendo que el chico se girase para oírla y asintiese con la cabeza antes de seguir andando.
Algo le decía que despertarla incluso para tomarse una taza de leche caliente no sería la mejor de las ideas. Pues seguramente, la chica tenía un mal despertar y si su madre se lo había advertido, él no se arriesgaría a comprobarlo.
Por esa misma razón, cuando llegó al piso superior y se detuvo frente a la puerta de su habitación, el chico dio tan solo dos golpes leves en ella. Dos de los cuáles no obtuvo respuesta.
Probablemente sí estuviese dormida.
Y seguramente ella no estaría soñando con él como él lo hacía con ella y con su cuerpo desde que había tenido la pésima idea de contemplarla desnuda. Aquella imagen todavía seguía rondando su cabeza y Sam sospechaba que incluso con el paso de los días, él no conseguiría borrarla por completo.
Resignado, el chico había abierto sigilosamente la puerta, entrando en la habitación, y dando un rápido vistazo a lo que allí había. Ella se encontraba, en efecto, acostada en la cama. Y las sábanas y mantas que la otra mañana habían escondido a Scabbers, ahora la tapaban ligeramente, dejando en el exterior su brazo derecho, que en ese momento trataba de taparse con la sábana sin darse cuenta. Sus ojos permanecían cerrados y su respiración tranquila. Resultaba adorable y durante unos segundos, Sam no pudo evitar observarla dormir, parado frente a la cama, todavía con la taza de leche entre sus manos.
Estaba empezando a parecerse a Edward Cullen, el vampiro de la película que había visto el verano pasado con Stacy. El mismo que se presentaba cada noche a velar el sueño de su amada. Solo que ella no era su amada, y definitivamente, Sam Evans no era un vampiro.
Aún así, sus pies no parecían querer dejar que se marchase de aquella habitación, por el contrario, habían hecho que el chico se acercase adelante. Solo para dejar en la mesita de noche la taza de leche caliente. Solo para eso, sí. No para observarla de cerca, ni fijarse en cada uno de sus rasgos. No para buscar con sus manos las mantas y cobijarla debajo de ellas como ahora estaba haciendo. No para separarle el pelo que caía rebelde sobre su rostro, colocándoselo detrás de su oreja con cuidado de no despertarla. Ni para inclinarse y oler-
¡¿Qué cojones estás haciendo?!
Se gritó a sí mismo, enderezándose, al mismo tiempo que ella decidía moverse y apretar las sábanas y mantas para pegarlas más a ella, asustándole y provocándole casi un infarto.
¡Jesucristo!
El corazón le latía a mil por hora. Y con dificultad, el chico había conseguido que éste comenzase a calmarse. Pero si de verdad quería vivir, debía abandonar lo antes posible aquella habitación, o ella se despertaría y... Dios le ayudase, ardería Troya.
Sin pensárselo dos veces, sus piernas dieron dos grandes zancadas hasta la puerta y la abrió sin dudar, saliendo de allí y entrando rápidamente a su cuarto. La jaula de su hámster fue lo primero que vio, pues el pequeño animalito permanecía en la rueda, dando vueltas en ella y haciendo ruido.
—Scabbers... Estoy peor de lo que yo pensaba —susurró, tomando su asiento frente a la computadora.
No había hecho más que despedirse de su familia, cuando una nueva ventana de Skype se abrió delante de él, sorprendiéndole. No tardando en descubrir, segundos después, de quién se trataba. Aquel nombre de usuario no dejaba lugar a dudas.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Dissssssspara!
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: ¿Cómo terminó la tarde?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: ... ¿Puck?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Puck. Claro. Quién si no? :p
Sam"Toruk Makto" Evans dice: ¿Cómo has conseguido mi…?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: No sabías que el McKinley tiene un registro de direcciones?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: No
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Pues lo tiene. Así que ten cuidado con tu bandeja de correo, hay mucho estudiante loco suelto que querría ponerse en contacto contigo.
Sam"Toruk Makto" Evans dice: ¿Cómo tú? xDD
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Oh, yo estoy loco. Pero de estudiante me da que no tengo mucho xDDD
Sam"Toruk Makto" Evans dice: jajajajaja
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Toruk Makto? Qué es eso?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: Eh?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: Ah, nada.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Nada?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: No es nada.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Es élfico?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: No. No es élfico.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Es Klingon?
Sam"Toruk Makto" Evans dice: No
Sam"Toruk Makto" Evans dice: Es Na'vi.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Na'vi? Eso era lo que hablaban los bichos esos azules?
Sam Evans dice: Ummm.. Sí.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Te lo has quitado? Por qué te lo has quitado?
Sam Evans dice: Estabas haciendo demasiadas preguntas.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Y no las que venía a hacer xDDD
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Cómo acabó todo? Cuéntame?
Sam Evans dice: ¿Qué quieres saber?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Todo.
Sam Evans dice: ¿Todo lo qué?
El chico sabía perfectamente a qué se refería con aquel todo, o al menos, él creía saberlo. Probablemente sus dudas fuesen qué tal le había ido el ensayo con Rachel Berry, o cómo había reaccionado Mercedes ante la noticia de verla en su casa. Puck lejos estaba de poder imaginar lo perdido que Sam se encontraba tras haber cerrado la puerta de aquella habitación. Soñar con ella desnuda era una cosa, pero observarla dormir y querer... ¡Era definitivamente peor!
La había visto tan bonita... Durante unos segundos, mientras él la cobijaba bajo las mantas, Sam había podido ver la sonrisa que él había buscado en ella durante la tarde, y aquel simple gesto, había hecho que él sonriese también.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: ¡SAM!
Sam Evans dice: ¡¿Qué?!
Perdido en sus propios pensamientos, ni siquiera se había dado cuenta de que su amigo había seguido mandándole mensajes con emoticonos. Un boxeador, unas gafas y una carita dormida esperaban ahora su respuesta.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: tío, tengo que sacarte todo con pinzas? Desembucha!
Sam Evans dice: Puck, no pasó nada.
"Nada bueno."
Pensó.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Cada vez que dices esa palabra sucede todo lo contrario. Te recuerdo que la última vez que la dijiste, me contaste que viste a la Sexy Mama desnuda?
Sam Evans dice: ¡Te he dicho que dejes de recordármelo! ¬¬
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Entonces habla! .'
Sam Evans dice: ¿Qué quieres que te diga?
Sam Evans dice: ¿Que fue un aburrimiento de ensayo?
Sam Evans dice: ¿Qué Rachel Berry es una obsesa perfeccionista?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Eso ya la sabía, no me dices nada nuevo xDDD
Sam Evans dice: ¿Entonces?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Entonces... Qué pasó con Mercedes? Habéis hecho las paces?
Sam Evans dice: ¿Las paces?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Sí... Ya os habláis?
¿Hablarse? Sí... Claro que lo hacían. Si por hablarse se refería a lanzarse miradas asesinas y palabras llenas de ironía el uno al otro. Parecían querer matarse mutuamente cada vez que se encontraban, y aún así, él no podía dejar de buscar su sonrisa en cada una de ellas. Aquella que había conseguido ver cuando la había observado...
¡Céntrate!
Se pidió.
Sam Evans dice: ¿Puck?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Qué?
Sam Evans dice: ¿Cómo supiste que mi habitación y la suya están cerca?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Eh?
Sam Evans dice: Lo dijiste esta mañana en los vestuarios del equipo.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Ah sí?
Sam Evans dice: Sí.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: No me acordaba
Sam Evans dice: Ya...
Sam Evans dice: ¿Cómo lo supiste?
Preguntó una vez más, queriendo saber si aquello que él le había dicho tenía algo que ver con el deseo de Mercedes de subir a "cualquiera" a su habitación. Le había prometido al señor Jones cuidar de ella, y eso era lo que sin duda tenía planeado hacer.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: No puedo decirlo. Prometí guardar el secreto.
Sam Evans dice: ¿Cómo?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Que no puedo decírtelo.
—¡Mierda! —Se oyó decir en alto.
¡Eso significaba que él sí podía haber subido a su habitación! Pero al mismo tiempo le había dicho que Sam había tenido la suerte de verla desnuda, lo que implicaba que él no la había visto. ¿Verdad?
¡¿Verdad?!
Solo él lo había hecho.
Solo él.
Sam respiró profundamente, tratando de no pensar en ello de nuevo.
Aquella promesa que le había hecho al señor Jones empezaba a írsele de las manos.
¿Porque era la promesa lo que hacía que él se preocupase por ella, verdad? No tenía otra explicación. No cuando ella era un completo grano en el culo que no podía callarse ni una sola vez.
Sam Evans dice: Oh, lo entiendo.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Lo entiendes? Sí que somos distintos. Yo te lo hubiera sacado ya, de cualquier forma.
Sam Evans dice: Todos tenemos secretos que hemos prometido no contar, Puck.
O secretos sin ninguna promesa que los proteja, pero con razones de peso para no revelarlos jamás.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: XD No descansaré hasta que me los cuentes todos.
Sam Evans dice: Entonces, espera sentado ;)
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Auch :(
Sam Evans dice: :P
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Hey, no me respondiste al final. Habéis hecho las paces?
Sam Evans dice: No. Pero creo que podremos convivir sin sacarnos los ojos el uno al otro.
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: Quizá los ojos no, pero sí otra cosa...
Sam Evans dice: ¿Cómo qué?
Puckzilla El Rey de las Nenas dice: La ropa? XD
Sam Evans dice: ¡Puck!
Noah Puckerman dice: Se ha conectado Quinn, tengo que dejarte. Nos vemos mañana. Adioooooos.
Noah Puckerman dice: Que tengas dulces sueños...
Noah Puckerman dice: O salados xDD
Sam Evans dice: ¡Para!
Sam Evans dice: ¿Te has cambiado el nombre de usuario por si lo ve Quinn? xD
Sam no llegó a obtener su respuesta, pues pronto vio como el estado de Puck cambiaba rápidamente a ocupado, no tardando en desconectarse él también.
Cómo sus pies le habían llevado a aquella posición que habían ocupado horas antes, Sam Evans no sabría decirlo. Pero allí estaba una vez más. Viéndola dormir. Observando su respiración pausada mientras la de él se disparaba por lo arriesgado de aquel momento. Ella podía despertarse y gritar, exigirle que abandonase su habitación y él lo haría si de verdad pudiese. Pero aquella cama le llamaba a gritos. Aquella cama en la que el cuerpo de la chica descansaba le pedía que se uniese a ella, juntándoles a ambos. Acortando las distancias que les separaban.
Ella era una tentación a la que no podía sucumbir por más que lo desease.
Una peligrosa tentación que le encendía como nunca antes lo había hecho otra. Que le volvía loco hasta el punto de levantarse de su cama en mitad de la noche y abandonarla para buscar cobijo debajo de otras sábanas. Para buscar el calor proporcionado por su cuerpo. Aquel que el chico no podía sacarse de la cabeza.
No debía moverse de aquella posición. No debía alentar a su cuerpo para buscar la cercanía del de ella.
La chica no le pertenecía. Ella no era para él.
Nunca lo sería.
Mas sus pies no atenderían a razones. Sus pies le llevarían hasta ella, volviendo a agacharse hasta alcanzar su rostro y acariciar con sus dedos su rebelde pelo negro.
Aquello estaba mal, pero él ya no podía parar. No cuando ella se había despertado ahora, y le miraba a los ojos, en aquella semi luz que entraba por la ventana. Le miraba y estiraba su mano para pedirle que se acercase. Que acortase la poca distancia que les separaba y entrase en aquella cama que tanto había pedido por él.
—Ven conmigo—fueron sus palabras. Y con ellas, él se dejó llevar, recostándose a su lado a la vez que ella le atrapaba entre sus brazos, buscando sus labios para regalarle su primer beso. Uno tierno, suave. Uno que llenó su corazón de calor y lo hizo palpitar todavía más fuerte.
Un beso al que pronto le siguieron otros. Pequeños, dulces. Besos que le hacían perder el sentido como nunca antes. Besos que le pedían que no se detuviese, que continuase besándola hasta que el sueño pudiese con ellos o al nuevo día le diesen la bienvenida.
—Sam...
Ella susurraba su nombre, y él tenía el suyo en la punta de su lengua, queriendo escapársele. Queriendo demostrarle lo que le estaba haciendo sentir. Ella era tan suave... Sus pequeñas manos recorrían su rostro y jugaban con su pelo rubio, mientras sus labios permitían que él los besase una y otra vez.
—Mercedes... —dijo él, por fin, abandonando durante unos segundos sus labios para dejar más besos en su cuello. No pasaría de allí. No haría nada de lo que ambos pudiesen arrepentirse luego. Aquello... Aquello no tenía sentido. No podía ser real.
Las manos de ella buscaban ahora el contacto con su piel y él... Sam ya no podía respirar. Estaba tan cerca del paraíso... La tenía por fin entre sus brazos como lo había deseado desde que la había visto desnuda aquella tarde. Y ahora, con ella debajo de él susurrando su nombre en una súplica, el chico no deseaba nada más que no fuese el poder recorrer su piel con sus manos y su boca hasta hacerla gritar.
Pero no podía.
¡No debía!
Aquello estaba prohibido por más de una razón.
Sus padres, la casa en la que ellos le habían acogido. Y el odio que sentía por ella.
O quizás no fuese odio.
Quizás fuese rabia.
Rabia por no poder sacársela de la cabeza. Por no poder alejarse de ella.
Rabia por querer besarla durante toda la noche, tanto como ella se lo permitiese.
Rabia, pura rabia.
Y deseo.
Uno tan fuerte contra el que no podía luchar. Uno que hacía que su corazón latiese a mil por hora y sus manos se lamentasen por no poder tocar su piel, la que ella mantenía oculta debajo de su pijama. Él solo llevaba puesto unos calzoncillos. Su pecho permanecía al descubierto para que sus pequeñas manos lo acariciasen. Y éstas lo hacían, buscando también su espalda con la intención de pegarlo más a ella.
—Tócame —le pedía en susurros—. Tócame, Sam —repetía, antes de volver a besar sus labios no queriendo separarse de ellos. Tomando la mano de él con la de ella y dirigiéndolas a ambas hasta su lugar más necesitado.
—Mercedes... — jadeaba su nombre, observando su rostro y cómo éste le sonreía.
Porque lo estaba haciendo. Ella le estaba regalando las sonrisas que él tanto había querido sacarle. Sonrisas que le daban el valor necesario para olvidarse de todas las razones por las que él no podía ni siquiera el pensar en tocarla, y hacerlo. Olvidarse de cada una de ellas y colar su mano entre su ropa interior para acariciar con sus dedos su humedad.
—Oh, Sam... —Suspiraba ella junto a su boca, provocando que sus gemidos aumentasen sus ganas de tomarla en aquella cama que ellos estaban compartiendo. Su miembro se movía dentro de sus calzoncillos queriendo liberarse. Queriendo introducirse en ella y sentirla como sus dedos lo estaban haciendo, pero no podía. Nunca podría—. Sam... Sa—
Sus labios se habían cerrado con los de ella en un nuevo beso, impidiendo que ella gritase mientras se dejaba ir. Apenas la había rozado con sus dedos, pero aquella caricia la había hecho volar. Si tan solo él pudiese acompañarla allí donde ella se había ido... Si tan solo...
—Mercedes... —Susurró, sintiendo sus propias manos liberar su miembro de su prisión de tela y acariciarlo de arriba abajo, necesitando liberarse. Dejarse ir como ella lo había hecho segundos atrás.
Necesitaba dejar de sentir aquella pasión que ella provocaba en él. Necesitaba...
—Oh, Dios... —Gimió, notando ahora también las pequeñas manos de la chica sobre las de él. Éstas habían empezado a moverse, imitando lo que segundos antes habían hecho las de él. Aumentando pronto la velocidad. Volviéndole loco. Nublándole el sentido—. No... No, no...
No... No.
No podía ser.
Estaba mal. Realmente mal. Estaba... Era... Aquello no era la realidad. Aquello no tenía sentido ninguno. Era... Un sueño.
Mas sus manos seguían moviéndose sin detenerse y él... Oh, Señor, Sam no podía soportarlo más.
—Mercedes —dejó salir de su boca como un suspiro. Al tiempo que sus manos le brindaban un final. Uno que le hacía volar y sentirse pleno durante unos segundos, antes de encontrarse con la cruda y fría realidad del nuevo día.
No estaba en su cama, ni ella estaba junto a él.
Seguía en la de Bobby, con la puerta cerrada, en la misma posición en la que la había dejado la noche anterior, con el cerrojo puesto. Sus sábanas estaban hechas un desastre, testigo de lo que había sucedido, y sus manos y su pecho le pedían una ducha a gritos.
Resistiendo llevarse a los ojos aquellas manos para frotárselos, el chico trató de abrirlos con cuidado, acostumbrándose poco a poco a la luz del nuevo día.
Todo había sido un sueño.
Un... Un sueño.
¿Cómo había podido sentir por un momento que aquello podía ser real? No... Ella nunca... Y él... Oh, Señor, había tenido un sueño húmedo con Mercedes.
Un sueño. Un...
Sus pensamientos le estaban volviendo loco. Completamente loco.
Loco de atar.
Tenía que ir al baño. Ir y darse una ducha.
Olvidarse por completo que aquello había pasado en su mente. Olvidarse de lo que había sentido y de lo que ella le había hecho sentir también con sus pequeñas manos. Aquellas que habían acariciado su pelo, su pecho y su espalda, haciéndole volar minutos después. ¡Aquellas que él ya no podía sacar de su alocada mente!
—Oh, Dios, ¿Por qué? —Se preguntó, levantándose con rapidez y casi resbalándose sobre la alfombra. Limpiándose el pecho con la sábana en caso de que alguien se encontrase con él en su camino al baño, y recordándose, a la vez, que tendría que lavarlas cada día si aquello continuaba sucediendo—. No, por favor —rezó, saliendo al pasillo sin apenas haberse calzado y corriendo directo al baño, topándose frente a frente con ella sin poder reaccionar a tiempo.
—Lo siento —le oyó decir, al tiempo que las manos de él se afincaban en su cintura impidiéndoles caer, y la chica agachaba aún más su cabeza, mientras su cuerpo temblaba de arriba abajo.
¿Se había disculpado?
Y no le había gritado, ¿qué le estaba sucediendo? Ella no era...
—¿Te encuentras bien? —Preguntó, preocupado, sin querer soltarla. Ella no había dejado de temblar y ahora trataba de alejarse al tiempo que él la dejaba por fin libre y se hacía a un lado, viéndola abandonar el pasillo.
—Estoy... Estoy bien —respondió, antes de abrir la puerta de su cuarto y perderse dentro de él.
¿Por qué temblaba? ¿Por qué le había rehuido su mirada? Él era quién debía hacerlo. Él era quién había soñado con ella.
¡Olvídalo ya!
Se obligó a sí mismo, entrando por fin en el baño decidido a darse una buena ducha fría.
No. No estaba bien.
Mercedes nunca estaría bien. No después de haber soñado que él la besaba y la tocaba. No después de haber creído sentir sus dedos en...
¡Basta!
Aquello no había sido un sueño. ¡Había sido una pesadilla! Una causada por sus hormonas revolucionadas por la regla.
Ella jamás había podido ver la cara del chico que la hacía sentir maravillas en sus sueños, mucho menos gritar su nombre, y ahora... Era él a quién veía.
Había sido él quién la había hecho llegar con sus dedos.
Una sola caricia había bastado.
Una sola y...
¡¿Qué demonios le pasaba?! ¿Se había vuelto loca? ¿O era aquel maldito email que ella había recibido la noche anterior? Aquel que no creía poder ser cierto. Aquel que había decidido olvidar en el mismo segundo en el que lo había abierto.
Sus mejillas ardían y ella no podía sentirse más avergonzada. Más vulnerable.
Sam había notado pronto que algo iba mal. Él había notado que ella no le había hablado con la famosa ironía que últimamente le regalaba. Le había preguntado si se encontraba bien y con sus suaves palabras, Mercedes había estado a punto de responderle que no. Que nunca lo estaría de nuevo porque él era todo en lo que podía pensar.
¿Cómo había llegado a ese extremo? ¿Cómo había podido darle tanta importancia? Todo había empezado con aquel desnudo en los vestuarios del McKinley, y las cosas no habían hecho más que ir a peor. Para colmo, ahora ambos tenían un trato. Uno que debían cumplir. Y para eso, ella necesitaba encontrar a alguien para que él pudiese cumplir con su parte.
¿Pero quién?
¿A quién podría subir a su habitación?
Los chicos del McKinley eran todos iguales, y Mercedes se negaba rotundamente a traerse a un desconocido a su casa.
En qué problemas te metes, Mercedes Jones...
Mirándose en el espejo, la chica suspiró profundamente, pidiéndose a la vez el ser fuerte. Olvidarse de aquellos sueños que parecían llenar sus noches, y no agachar su cabeza ante él. Sam no sabría que ella los había tenido si Mercedes actuaba como lo había hecho hasta ahora.
Tú puedes.
Se animó, regalándole una sonrisa a su reflejo en el espejo.
—Hey, sexy... —Oyó decir Sam a su lado, mientras dejaba los libros de biología en su taquilla y la cerraba para ver de quién se trataba aquella voz. Santana López permanecía en ese momento apoyada en la taquilla de al lado con una sonrisa que pretendía ser seductora.
—¿Me hablas a mí? —Fue la respuesta de él, mirando hacia todos lados. Sí, definitivamente se lo estaba diciendo a él. Puck había estado en lo correcto cuando le había dicho que ella volvería. Solo que esta vez no parecía venir sola.
—Hola Dan —dijo a su espalda, Brittany S. Pierce, mientras le daba unos golpecitos en su hombro—. Hace mucho que no te veía por aquí, ¿dónde te has metido?
—Me llamo Sam —la corrigió, rápidamente, girándose para mirarla—. Y hace tres días que llegué a Lima —le recordó, confuso.
—No importa —habló Santana esta vez, volviendo a girarle hasta recostarlo sobre la taquilla quedando frente a frente con él—. Hemos pensado que te gustaría venir con nosotras a Breadstix mañana por la noche.
—No sé donde—
Trató de decir, mas ella lo silenció rápidamente con un dedo en sus labios mientras susurraba un sonoro "Shhh" que le hizo a él tragar saliva.
—Eso es un sí. Me encanta —habló la morena, de nuevo, sonriente.
—No dije que—
—Breadstix. Mañana a las ocho. Mi chica Brittany, tú y yo. Tenemos una cita —le informó, segura de sí.
—¿Los tres? —Preguntó Sam, medio confuso.
—Los tres... ¿No es fabuloso? Va a ser la mejor cita de tu vida —rió, buscando el dedo meñique de su amiga y uniendo el suyo propio con él, para luego alejarse por los pasillos.
Lo dudo...
—¡Eh! No me has dicho dónde es—
—¡Pregunta por ahí! ¡Usa para algo esa boca de trucha que tienes!
Boca de... ¿Qué?
Aquellas palabras habían hecho que el chico se llevase sus dedos a su boca, tocándola suavemente. ¿Había...? ¿Los había insultado?
Esas chicas estaban locas. Realmente locas. Aunque prácticamente todo el mundo parecía estarlo en esa ciudad. Nada tenía sentido.
—¿Sam? —Finn Hudson volvía a llamarle por tercera vez sin recibir respuesta, haciéndole incluso dudar el haberse equivocado de nombre. El chico se había quedado de repente ido, mirando hacia un punto fijo al final del pasillo.
—¿Sí? —Respondió finalmente, fijando sus ojos en él y dedicándole toda su atención.
—Te has quedado mudo.
—Acaban de invitarme a salir —le contó, sorprendido. Apenas había cruzado dos palabras con él en aquellos dos días, pero el quarterback de los Titanes parecía un buen chico. Además, era el novio de Rachel Berry, lo que implicaba que lo mejor era llevarse bien con él, si no quería recibir una paliza por ensayar el musical con su novia en el cuarto de su casa.
—Oh, eso... Está guay. ¿No?
—Santana y Brittany. Las dos. Acaban de invitarme a salir las dos. Al mismo tiempo. Y no al mismo tiempo de venir a preguntármelo. Me refiero a "al mismo tiempo", como en, "queremos salir contigo al mismo tiempo". A la vez —le explicó, sin poder entenderlo él. ¿Qué demonios tenía el agua de Lima que todos estaban como cabras? Y él también parecía estarlo, porque le estaba soltando todo aquello a casi un desconocido.
—Ah, eso... Umm... Bienvenido al club... —le respondió Finn, echando un brazo por encima de los hombros del rubio.
—¿Al club? —Sam arqueó las cejas, confundido. ¿Qué quería decir con...?
—No eres el primero a quién se lo preguntan. Yo puedo servirte de ejemplo —rió, comenzando a andar hacia el fondo del pasillo directo hacia el terreno de juego—. Pero si me aceptas un consejo, no dejes que se rían de ti —le dijo, observando la reacción del rubio. Viendo cómo éste giraba su cabeza hasta posar su mirada en Mercedes Jones, su compañera de casa. Ella permanecía ahora, junto a su taquilla, guardando sus libros de química completamente ajena a lo que ellos estaban hablando—. ¿Vienes?
—Ahora... Ahora mismo voy —le respondió, haciéndole una seña para que no le esperase.
Quería hablar con ella. Quería preguntarle cómo estaba. Cómo le había ido el día, o si volvía a sentirse mal como la noche anterior. No había vuelto a hablar con ella desde aquellas palabras que había cruzado con ella en el cuarto de baño en la mañana, y ahora el chico se dirigía hacia su taquilla con la intención de remediarlo.
A ella se le habían caído los libros y ahora estaba tratando de recogerlos del suelo. Su casillero debía estar muy lleno, pensó Sam, recordando que en el instituto de dónde venía, él también lo tenía repleto de cosas. Éstas se caían a todas horas cada vez que él lo abría, y casi siempre, alguien le ayudaba a recogerlas para devolverlas al sitio. Como ahora también la estaban ayudando a ella.
Sam había empezado a andar hacia allí, pero se había detenido a tiempo de ver cómo uno de sus compañeros de equipo se agachaba y se los tendía a la chica.
Tinsley... Era Shane Tinsley. Y ella le sonreía.
Le sonreía como le había sonreído a él en sus sueños. Como el primer día que le conoció, subida en aquella bici mientras él la enseñaba a montar. Todo lo que él había deseado había sido una nueva sonrisa de ella, y ahora la chica se las regalaba a Shane.
No a él.
Decidido a no acercarse, Sam finalmente la observó marchar con él, dejándole solo en aquel pasillo que pronto empezaría a llenarse de nuevo.
El día había terminado pasándosele rápido, contrario a lo que había pensado, y la tarde pronto había llegado, recordándole que debía terminar de comer deprisa si quería llegar temprano a su nuevo trabajo.
Luego del Glee Club, Sam había corrido como nunca en el terreno de juego bajo los gritos de la entrenadora Beiste, y luego, el chico había tomado el bus a casa echándola de nuevo en falta en el asiento de al lado.
Él la había visto marcharse con Kurt antes del entrenamiento y aquello le había hecho preguntarse si algún día volverían a coincidir en su camino a casa.
Ni siquiera sabía dónde se encontraba ella ahora, aunque suponía que estaría en su habitación, pues el plato vacío que ella había dejado en el fregadero reflejaba que la chica al menos había comido, pero aquello seguía siendo demasiado suponer.
Quizás volviese a encontrarse mal. Quizás... Quizás debería llevarle otra taza de leche caliente. O quizás fuese una mala idea, sabiendo lo que había pasado la noche anterior cuando él se la había llevado. De cualquier modo, él estaba empezando a preocuparse de verdad y si ella no le dirigía la palabra pronto aunque fuese para soltar una de sus ironías, Sam tenía pensado volver a insistir hasta dar con el verdadero problema de la chica.
Dando los últimos bocados rápidos al plato, y dejándolo casi limpio de lo rico que aquello estaba, el chico se levantó para dejarlo en el fregadero junto al de ella, al tiempo que oía el timbre de la casa sonar y se dirigía hacia allí para abrir la puerta.
—Hey... Hola, Sam —Shane Tinsley era quién permanecía parado frente a la puerta con una sonrisa de oreja a oreja, haciendo que Sam se preguntase qué demonios había ido a hacer allí. Pues él no recordaba haberle invitado y...
—Mercedes me ha invitado —le sacó de dudas, sonriendo aún más, al tiempo que entraba en la casa como si el rubio así se lo hubiese permitido, cosa que estaba desde luego, muy lejos de haber sucedido.
—Oh, gracias por dejarle pasar, Sam —oyó decir a Mercedes, bajando las escaleras con una sonrisa radiante. La que él tan bien conocía. Aquella falsa e irónica que le dedicaba de vez en cuando.
Al parecer, su ironía volvía a estar de vuelta, lo que hizo que Sam quisiese de pronto darse cabezazos contra la pared por haberse preocupado por ella durante un minuto.
Lo peor de todo es que no había sido solo un minuto, sino casi todo el día.
Y ella se había cambiado, poniéndose otra ropa con la que estaba... No. Sam no admitiría cómo la estaba viendo en ese mismo momento. No lo haría.
—Gracias por venir, Shane. He pensado que estaríamos más cómodos arriba y... —Su sonrisa falsa había cambiado rápidamente a una de aprecio y aquel gesto hizo que todo lo que había comido Sam se le revolviese por dentro. ¿Estaba jugando con él? ¿O con los dos? ¿Qué se suponía que estaba haciendo?
Él se iba a ir, además. Se iba a marchar a trabajar, y ellos se quedarían solos. Algo que definitivamente no quería que pasase. Algo que intentaría por todos los medios que no sucediese.
—Mercedes... —Su mano buscó la de ella, apartándola de la vista de Shane, haciendo que ella se girase para que le oyese durante unos segundos—. No creo que sea buena idea que él suba... Es decir, yo tengo que irme ahora y... No estaré en casa por si...
—Razón de más para hacerlo —susurró ella, guiñándole un ojo, descaradamente. Demonio de chica... ¿Qué estaba queriendo decir con aquello? Al final conseguiría que él no se marchase en absoluto—. Puedo cuidar de mi misma, Sam. No deberías tratarme como a tu hermana. No soy una niña —le recordó, arqueando las cejas para dejárselo claro.
—Es solo que—
¿Como a su hermana? ¡¿Como a su hermana?! Él no la estaba tratando como a su hermana, por Dios Santo. ¡De ser así, él no estaría teniendo sueños húmedos con ella!
Sam solo quería cumplir la promesa del señor Jones, esa era la única razón. Pero ésta no podría cumplirla si él se iba y la dejaba en manos de Shane.
En... sus grandes manos.
—Sam... Recuerda que tenemos un trato —habló de nuevo ella, tratando de alejarse de él y volver hacia el principio de las escaleras donde Shane la estaba esperando—. Y deberías irte, o llegarás tarde a tu primer día de trabajo.
¡Mierda! Ella tenía razón.
Sus ojos comprobaron su reloj, corriendo luego escaleras arriba a lavarse los dientes y a buscar su chaqueta. Puck debía estar a punto de llegar a buscarle y él debía dejar de pensar de una vez en que ella se estaría quedando sola con el tío más bestia del campo de juego.
El claxon del coche de su amigo no tardó en sonar, dándole apenas tiempo para bajar las escaleras de dos en dos y comprobar que Shane y Mercedes ya no estaban allí. Probablemente hubiesen subido ya y estuviesen haciendo Dios sabe el qué en su habitación. La misma en la que él había irrumpido en sueños para tocarla. Algo que esperaba que a Shane no se le ocurriese intentar o Sam Evans no dudaría ni por un segundo en partirle las piernas.
—¿Qué hace Tinsley en casa de los Jones? —Fue lo primero que Puck preguntó nada más verle subirse al coche.
—¿Eh?
—Shane Tinsley, ese es su coche —señaló con el dedo, encendiendo el motor y girando las ruedas para incorporarse a la carretera.
—Oh... Mercedes le ha invitado, creo.
Genial, Sam. Que no se note tu preocupación.
—Vaya... Al fin el jodido ha tenido suerte. Lleva años queriendo meterle mano, ¿y ahora le invita a su casa? Debe estar que no se lo cree —rió, mirándole de reojo, para luego volver de nuevo la vista hacia la carretera—. ¿Y a ti qué te pasa?
—¿A mí? —Sam giró la cabeza para mirarle.
¿Qué podía pasarle a él?
Nada. Absolutamente nada. ¿Por qué habría de pasarle algo? No era como si ahora Mercedes Jones estuviese en su habitación a solas con un tío que llevaba años queriendo manosearla. Lo más seguro fuese que la mayor parte de su tiempo, Tinsley se imaginase incluso teniendo sexo con ella, y solo de pensarlo...
—Tranquilo. Ella no es así —Puck quiso tranquilizarle, notando cómo éste apretaba su pierna con su mano derecha, fuertemente.
—No sé a qué—
—Ella no dejará que él la toque. No a menos que ella quiera. Y deja tu pierna tranquila o acabarás haciéndote daño y no podrás jugar.
Sam suspiró, dejando su pierna por fin libre, al tiempo que observaba los edificios a ambos lados de la carretera.
—Y cambia el chip. Vas a trabajar y no quieres que te caiga un coche encima y te mate, ¿verdad? —Rió, tratando de quitarle hierro al asunto. En pocos segundos, el chico había adivinado que era lo que le pasaba y lo entendía. Lo entendía perfectamente porque él mismo había sentido aquello cada vez que había visto a Quinn con Finn. A Sam empezaba a gustarle su compañera de casa, pero éste necesitaba tiempo para descubrirlo por sí mismo. Tiempo que esperaba que ella necesitase también, pues Puck no quería más que citas dobles con Quinn. Y francamente, todo lo que Noah Puckerman quería, lo conseguía.
—Puck, ¿dónde queda Breadstix? —dijo Sam, de pronto, sacándole de sus propios pensamientos. Había dudado realmente el ir o no a aquella cita alocada y extraña con las dos Cheerios, pero ahora estaba más que decidido a ir. Puck tenía razón, él tenía que cambiar el chip. Y no solo en el taller, sino en todos partes. Tenía que olvidarse y despreocuparse del tema, y ¿cómo no hacerlo si le habían ofrecido una cita con dos de las Cheerios más guapas del McKinley. Tendría que estar loco para no aceptar.
Horas después, Sam regresaba por fin a casa, comprobando que el coche de Shane Tinsley ya no se encontraba aparcado en la entrada. Se había ido, aunque no sabía cuando, pero el hecho de no tener que cruzárselo aquella tarde de nuevo, era una buena noticia para él.
—Hola otra vez —oyó desde el salón, a la vez que cerraba la puerta y se aproximaba para verla. Mercedes estaba limpiando la casa mientras la radio sonaba a un volumen mucho más alto del que la hubiese tenido él.
Nada más verle, la chica sonrió falsamente, dejando el trapo encima de la mesa y acercándose a una de las sillas para recostarse sobre ella.
—Y bien... ¿Qué tal tu primer día de trabajo?
¿Pretendía ponerse a charlar con él? ¿Qué demonios creía estar haciendo?
—Bien, supongo —si ella quería mantener una conversación, entonces la tendrían, por supuesto que sí—. ¿Y a ti? Qué tal te ha ido la tarde?
—Bien, también —respondió con rapidez—. Hemos quedado en Breadstix mañana por la tarde.
—¿En serio? ¡Qué casualidad! Yo también he quedado en Breadstix mañana por la tarde —le contó, girando sobre sus pasos, y perdiéndose en la cocina. Volvía a morirse de hambre y los señores Jones aun tardarían quizá un tiempo en regresar a casa, así que se haría un bocadillo como el del día anterior.
—¿Con quién? —Preguntó ella, siguiéndole hasta la cocina.
—¿Eh?
—¿Que con quién has quedado?
Había regresado la "fisgona" Mercedes... Sam rió, volviendo a sacarse las cosas para prepararse un sándwich de mantequilla de cacahuete.
—¿Quieres uno? Me muero de hambre.
—No —Mercedes negó con la cabeza.
—¿Seguro?
—Seguro —respondió, observándole sentarse y empezar a untar las rebanadas con la mantequilla—. ¿No me vas a decir con quién has quedado?
—No creí que fuese a importarte.
—Y no me importa. Solo es curiosidad.
—Claro... Siempre lo es —rió, dándole un buen mordisco a su bocadillo—. ¿Seguro que no quieres? —Preguntó, recibiendo una mirada asesina por parte de la chica—. Vale, vale. Aunque no me gusta comer delante de la gente y no compartir.
—Qué gentil... —dijo, con sarcasmo.
—Y educado.
—Eso también... En cambio no te importa dejarles con la curiosidad.
—Solo a ti —le aseguró, sabiendo que aquella respuesta la pondría de los nervios—. Voy a salir con... Santana —le dijo, pegándole otro mordisco a su bocadillo.
—Hubiese apostado que sería ella.
—Y... Con Brittany —añadió él, después de tragar el contenido de su boca.
—¿Con las dos?
—Sí.
—¿Vas a salir con las dos? —Repitió, intentando disimular su sorpresa. Las animadoras definitivamente no habían perdido el tiempo.
—Sí —volvió a decir él.
—Okay...
—Umm... ¿Qué pasa? —Quiso saber, frunciendo el ceño. Ella no parecía estar en absoluto "okay" a juzgar por su cara y las arrugas que ahora se le estaban marcando en su frente.
—Nada —fue su respuesta, seguida de un encogimiento de hombros.
—¿Nada?
—Nada.
—Está bien... —la imitó él, negando con la cabeza y pegándole otro mordisco sin vacilar a su delicioso sandwich—. Supongo que nos veremos allí entonces.
—¿Me estás echando? —Preguntó ella, frunciendo sus labios en una mueca de desagrado.
—¿Eh? —El chico había dejado de masticar durante unos segundos y la observaba, dudoso.
—Sonó como si de verdad quisieras que me fuese.
—Te das demasiada importancia, ¿lo sabías? —Rió él, masticando el contenido de su boca con ganas—. Y no. No te estaba echando. Solo estaba pensando que será divertido. Ya sabes, podría ser una cita doble.
Mercedes lo miró, alucinada, completamente convencida de que el chico no lo estaba diciendo en broma.
—Lo sería si fuésemos cuatro, no cinco —respondió, negando con la cabeza, y provocando a su vez que él se partiese de risa con su respuesta—. ¿Y ahora de qué se supone que te estás riendo?
—No lo sé. ¿Tienes algo en contra de ellas?
—¿En contra de quién? —Mercedes frunció el ceño, confusa.
—De Brittany y Santana —respondió él, observando la reacción de la chica.
—¿Estás de broma, no? ¿Por qué tendría que tener yo algo en contra de ellas?
—No lo sé. Dímelo tú —sonrió él, burlón.
—¿Tienes tú algo en contra de Shane?
Oh, no. ¿Por qué le cambiaba ahora el tema?
—¿Yo por qué tendría que tener algo en contra de Shane?
Él no tenía algo en contra de Shane. ¡Lo tenía todo! Pero eso obviamente no se lo diría. Lo único que necesitaba ahora era que la chica le acusase de estar cel— No. Ni siquiera pensaría en la palabra. ¡Ni hablar!
—¿Quizá porque esta tarde me dio la impresión de que querías echarle?
—¿Echarle? Yo no quería... Solo pensé que no estando yo no sería seguro que él subiese y—
¡Mierda! ¡Mi-er-da! Ella estaba ganando aquella partida. Todo estaba yendo bien, ellos estaban divirtiéndose, ¿por qué demonios tenía que haberlo estropeado todo nombrándole a Shane?
—Sam, llegaste hace tres días.
¡¿Y ahora qué demonios quiere decir con eso?!
Sam no sabía cómo había sucedido, pero de un momento a otro, la chica había conseguido que a él se le esfumasen las ganas de acabarse aquel sándwich tan delicioso. Empujando el plato hacia delante, el chico carraspeó, esperando que ella continuase con su explicación, pero aquello no sucedió, terminando por aumentar todavía más su enfado.
—¿Y? —Preguntó, cabreado por tener que insistirle, cuando minutos antes él se había reído, acusándola de lo mismo.
—Que antes tampoco estabas —fue su respuesta. Como si se tratase de la cosa más obvia del mundo. Y en verdad lo era, pero no para él.
—¿Qué quieres decir con eso? —Sam parecía no entenderla en absoluto. O quizás realmente quería que ella se lo dijese con todas las letras y señas posibles, pero eso no sucedería.
Encogiéndose de hombros, Mercedes finalmente se levantó, alejándose de la cocina en dirección a las escaleras. Volvería a su habitación y le dejaría con la palabra en la boca. Si esperaba que ella de verdad se lo explicase estaba realmente equivocado. Que pensase lo que quisiese, y si aquello era lo peor, mejor todavía. Había querido de verdad reírse de ella, pero había terminado derrotado en el intento.
Mercedes Jones 1 – Sam Evans 0
Pensó, mientras subía las escaleras muy despacio y le oía a él gritar desde la cocina.
—¡Dije que qué has querido decir con eso! —Chilló él, observando como sus caderas se movían con cada paso que ella daba alejándose de él. ¡Se marchaba sin importarle en absoluto dejarle o no con la duda!
¡Y eso no era lo peor!
Lo peor era que si aquello que él se imaginaba era cierto, Shane Tinsley no había sido para nada, el primer chico que Mercedes Jones había subido a su habitación a escondidas de sus padres.
Oh... ¡Mierda!
¿Y? ¿Qué os ha parecido?¿Qué os parece el plan de Mercedes? ¿Y las reacciones de Sam? ¿Qué creéis que pasará ahora? Hacédmelo saber en un review. Los reviews son amor *-*
Agradecimientos:
Muchas gracias a mi niña Paola (que me deja reviews de pascuas en viernes pero siempre son asdfghjkl ¡ preciosos! Oh, ten por seguro que voy a meter todas esas parejas que dices xD Y Samcedes también. ¿Cómo puedes pensar que no? xDD Soy yo, y es un fic Samcedes xD Pero sí, llegará cuando llegue lol Ummm, lo estabas deseando, pero después de leer este capítulo ya no lo deseas tanto, ¿a que no? xD ¡Y muchas gracias, bonita! Te paso el virus cuando quieras 33); a TaniaMalfoyFelton (jaja ¡Gracias! Sí, lo sé, pero me encanta regalarle cosas a la gente, aunque sea en mi cumpleaños xD Estoy loca xD Ummm, ¿crees que será Jacob? Puede que sí, puede que no... xDD ¡Muchísimas gracias! :D Ojalá te guste el nuevo cap. Un besito); a Ale (¿Mala persona? ¿Yo? Nooo xD LOL tus ideas para eliminar a Rachel xD ¿También tienes para librarte de Brittana y de Shane? xD jaja Tu quieres saber muchas cosas xD Quizás pronto se resuelvan esas dudas, o no xD ¡Muchas gracias, bonita! Yo también te quiero 3 Besos y abrazos); a María Elena (Gracias por el review, me alegro que te haya gustado ^.^ Os he dejado en el perfil los links de Sam y Mercedes del rp por si al final te animas a leerlo. Si tienes alguna duda, no temas el preguntar :) ¡Un beso y muchas gracias! :D); a Maru (jajajaja Sabía que te haría gracia lo de A xDD lol eso dicen, los que se pelean, se desean, o eso dicen por aquí. Y estos sin duda se pelean más que hablan xD A mí también me encantan. 3 Y Puck será una pieza clave en su historia, sí, de eso puedes estar segura. Yo creo que los shippea mucho xD ¡Ohhhh Gracias, bonita! Besos enormes para ti también ^.^); a Paula (Gracias por tu review *-* Siento haber tardado tanto, el próximo intentaré tenerlo para más pronto. Un beso); a AndrielMellark (No sabes la ilusión que me hizo recibir tu review *-* Me alegra de verdad que os gusten mis historias aunque éstas a veces (o la gran mayoría de las veces) no tengan ningún sentido xD Siento no haber podido actualizar antes y espero de verdad, poder hacerlo mucho más pronto para el próximo. Muchas gracias por tu review, de verdad, y muchas gracias por felicitarme. ^.^ Un besito).
Y ahora sí, muchas gracias por leerlo y comentar. Hasta el próximo capítulo.
Besos y abrazos
Syl
