¡Hola a todos! Aquí estoy de nuevo, casi un mes después. Sé que prometí actualizarlo antes, pero éste capítulo me ha tenido ocupada dos semanas, borrando y escribiendo porque no me gustaba como iba quedando la historia. Finalmente, he decidido dejarlo como está y darle este final de capítulo por el que más de uno querrá matarme xD Espero no volver a tardarme mucho para la próxima vez, aunque no prometo nada, porque a finales de Agosto viajaré a Madrid y pronto tendré que empezar a prepararlo todo.
Avisaros también de que en breve se viene un salto temporal dentro del fic, para que no os pille desprevenidos xD
Y que este martes, 5 de Agosto, el fandom Samcedes intentaremos hacer TT mundial "We Miss Samcedes" a las 5 PM EST y 10 PM hora de Londres por si queréis ayudar ^.^
Creo que eso es todo... No me odiéis por el final y dejadme un review, no seáis malitos *-*
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 13: "Hit me with your best shot"
No le había bastado con haberle dejado con la palabra en la boca y con la duda que había ocupado su mente la última hora y media, claro que no. Ahora ella le miraba divertida, mientras ambos permanecían sentados a la mesa con los señores Jones. Habían bajado a cenar, y ella no había tardado ni dos segundos en sacarles el tema de Breadstix esperando que ellos la dejasen ir.
—Vamos, papá. Es una pequeña fiesta en honor a Sam—mintió descaradamente, sabiendo muy bien que con aquellas palabras, la chica conseguiría un sí de él. Le estaba siendo difícil, más que otras veces, y ello no le gustaba en absoluto, sobretodo porque Sam parecía reírse cada vez que el hombre, sentado en frente de él, le respondía que no—. ¿Verdad que sí, Sam? —Mercedes arqueó las cejas, forzándole a mentir. Esperando que él la cubriese aunque aquello no formase parte del plan.
—Oh... Eh, sí. Sí. Es una fiesta para mí —respondió, bajando la cabeza mientras revolvía el contenido de su plato. Dios... Qué mentirosa era. En los últimos cinco minutos no había hecho más que soltar una mentira detrás de otra, haciéndole de verdad dudar lo que le había insinuado aquella tarde. ¡Para colmo, ella también le había hecho mentir a él! Si pensaba que él no iba cobrarse con creces el favor que le acababa de hacer estaba muy equivocada.
—Si va Sam, y la fiesta es para él, entonces no se hable más. Pasáoslo muy bien, chicos —dijo el señor Jones, provocando a su lado, que su hija resoplase al oírle.
¡Solo la dejaba ir porque él también estaría allí!
¡Hombres!
—Eso haremos, Señor Jones —respondió Sam, observando cómo ella se enojaba todavía más con su respuesta—. El Señor Hummel le manda saludos, por cierto.
—¡Vaya! Hace mucho que no voy por allí —dijo Robert, sonriéndole a su mujer y luego mirando de nuevo a Sam—. Quizás podría hacer un hueco para ir a verle ahora que tú estás trabajando allí.
—Eso estaría genial, Señor Jones.
¡¿Cómo?! ¿Iba a sacar tiempo ahora porque Sam estaba trabajando allí? ¡Mercedes no podía creerse lo que estaba oyendo! ¿Qué había pasado con todas aquellas veces que ella le había invitado a ir con ella para verles? ¡¿Qué?!
Ugh... ¡Hombres!
Haciendo todo lo posible por no bufar, Mercedes decidió levantarse y subir a su habitación cuánto antes.
—Acabo de recordar que tengo que acabar mis deberes de Física —volvió a mentir, sin darse cuenta de que el chico había acabado ya el contenido de su plato y se levantaba también a la vez.
¡Mierda!
—Yo tengo que llamar a mis hermanos —sonrió él, colocando de nuevo su silla en su sitio y dejando el plato en el fregadero. Ella había salido corriendo hacia las escaleras, pero él no había tardado ni dos segundos en alcanzarla—. Hay que ver qué mentirosa estás hecha.
Oyó decir ella, tratando en vano de escapar. ¿Realmente pensaba que sus pequeñas piernas conseguirían subir las escaleras antes que él? Eso era imposible.
—¿Perdona? —Mercedes se dio la vuelta al llegar arriba, clavando sus ojos en él.
—Me has oído bien. Te he llamado mentirosa —rió, mirándola de arriba abajo. Había descubierto que solía hacerlo cada vez que esperaba una de sus audaces respuestas. Aquellas que solían venir acompañadas de un reproche o un insulto. Aquellas que provocaban en él querer atraparla entre sus brazos y-
¡No, no! ¡No! ¿Ahora estaba empezando a soñar despierto? ¡No podía ser!
—Yo no soy-
—Oh... Lo eres —Sam respondió, sin poder evitar reír, viendo el enfado de la chica—. Yo que tú tendría cuidado o tu nariz acabará más grande que la de Pinocho.
—Eso no sucederá —le aseguró, queriendo asesinarle con la mirada—. Y mi nariz es perfecta tal y como es, muchas gracias —respondió, girándose para seguir su camino y preguntándose a su vez, por qué demonios siempre acababan teniendo conversaciones sin sentido. ¿Acaso les gustaba perder el tiempo? Eso debía ser, Mercedes no le encontraba otra posible explicación.
—En eso tienes razón. ¿Sabes? —Habló de nuevo Sam, haciendo que la chica se detuviese otra vez—. Va en concordancia con tu cuerpo por lo pequeña que es.
¡Un momento! ¿Acababa de llamarla enana? Si así lo había hecho, Dios le ayudase porque Mercedes Jones estaba decidida a matarle.
—Tú también la tienes pequeña, ¿sabes? Y no. ¡No estoy hablando precisamente de tu nariz! —Casi rugió, dándose cuenta al momento de lo que había dejado escapar de su boca.
Oh, Dios mío.
Oh. Dios. Mío. ¿Lo había dicho en voz alta, verdad? ¡Lo había hecho! ¡A jugar por la cara del chico, Mercedes lo había hecho!
Y lo que él le respondió hizo que la chica quisiese cavar un agujero gigante en el suelo y perderse en él hasta desaparecer de la faz de la tierra.
—Ambos sabemos que eso no es cierto.
Mercedes Jones sintió de pronto cómo sus mejillas se calentaban hasta el infinito.
Claro que lo sabía. ¡Lo sabía perfectamente! Le había visto desnudo aquella mañana en los vestuarios. Y si por eso no fuera poco, el sueño que había tenido con él se encargaría de recordárselo por mucho tiempo.
—¿Tengo razón o no? —Preguntó Sam, viendo cómo la chica se había quedado de repente callada.
No respondía.
Mercedes no respondía y parecía estar en otra parte. Sus ojos permanecían fijos en él, pero ella no le hablaba. Quizás por la vergüenza de haberle recordado aquel momento o por el hecho de que aquel comentario le había afectado hasta el punto de no poder encontrar una buena respuesta para él. Fuese por el motivo que fuese, Sam no pudo hacer otra cosa más que inclinarse hacia delante, y tocar su nariz con su dedo índice, emitiendo un sonoro "Boop" que pronto la hizo despertarse del sueño en el que la chica se había visto inmersa.
—Si te sirve de consuelo... Creo que tu nariz además de pequeña, es adorable —dijo, notando cómo la chica le observaba con sorpresa. Sus ojos oscuros se habían abierto como platos y su boca lo había hecho también, sin poder creerse lo que él le estaba diciendo—. Al contrario que... —Sam caminó hacia atrás dos o tres pasos, antes de acabar su frase—. ¡Que su dueña! —Gritó, dándose la vuelta veloz, y corriendo hacia su habitación para cerrar la puerta con fuerza.
—¡Sam Evans, a la próxima te enteras! —Le aseguró Mercedes, del otro lado de la puerta, resoplando y negando con la cabeza. Sabía que aquel cumplido que había salido de su boca no era verdad, pero aún así, durante unos segundos, la chica se había permitido el creérselo.
Qué estúpida.
Pensó, girándose hacia su habitación y metiéndose dentro si perder tiempo.
Sus piernas eran un lío con las sábanas. Las gotas de sudor resbalaban por su piel y sus manos buscaban las mantas de la cama para separarlas de su cuerpo en un intento de enfriar el calor que le estaba matando.
Volvía a soñar.
Estaba soñando de nuevo con ella, y aquello era un verdadero infierno.
—Sam... —la oyó hablar, parada junto a su cama. La de él. La de Bobby. A dos pasos de la mesa en la que dormía Scabbers.
Era un sueño. Otro jodido sueño contra el que Sam no podía luchar.
—¿Sigues pensando que no soy adorable? —Preguntó, a la vez que le dedicaba una de las sonrisas que a Sam tanto le encantaban, y luego le besaba dulcemente, haciéndole temblar.
Ella lo era...
Sam no podía encontrar las palabras perfectas para describirla. O quizás en realidad no quisiese.
Quizás temiese reconocerlo, decirlo en voz alta. Porque eso sería aceptarlo.
Y aceptarlo sería por completo su perdición.
—¿Sam? —Ella volvió a llamarle, provocando que él la mirase a los ojos. Aquellos que esperaban su respuesta, anhelantes, deseosos de oír de sus labios palabras que él nunca tendría el valor para decir.
—Lo eres —susurró junto a sus labios, levantando su cabeza ligeramente para besarlos de nuevo, buscando silenciarlos.
Buscando callar sus preguntar con más besos. Besos que la hiciesen olvidar.
Aquello era un sueño. El suyo. Y Sam no quería que ella se marchase de su lado.
—Quédate conmigo —se oyó pidiéndole, a la vez que acariciaba sus mejillas y sus orejas con cariño.
Pero ella no le respondió.
En lugar de hacerlo, Sam volvió a verla sonreír, provocando con aquel gesto que su corazón retumbase con fuerza en su pecho, y haciendo que él la apretase contra sí temiendo perderla. Temiendo despertarse y que ella desapareciese de entre sus brazos. No quería que aquello sucediese. No quería que ella se marchase.
Sam quería seguir para siempre en el mundo de los sueños. Allí donde él podía besarla. Allí donde él podía tocarla.
Allí donde ella era para él.
—Mercedes... —susurró su nombre, buscando sus labios una vez más en un dulce beso.
—Buenos días, chicos. ¿Qué tal todo? —Preguntó el señor Schue nada más entrar en el aula.
Mercedes, que permanecía sentada en la tercera fila al lado de Kurt y Quinn, oyó cómo todos le respondían, sonrientes.
Ella no lo había hecho, y aquello había provocado la reacción de sus dos mejores amigos.
—¿Te sientes bien? —Preguntó Quinn en un susurro, seguida de Kurt, segundos después.
—¿Qué sucede?
—Nada —fue la respuesta de Mercedes, encogiéndose de hombros para restarle importancia.
Ella no quería, pero su mente no dejaba de recordarle una y otra vez el sueño que había vivido con él la noche anterior.
¡Él le había pedido que se quedase con él y ella había aceptado sonriéndole!
Dios Santo, ¿dónde demonios habían ido a parar sus sueños húmedos? No era que Mercedes los quisiese de vuelta, pero al menos a ellos sí podía entenderlos y encontrarles una explicación.
¡Mis hormonas!
Pensó, intentando borrar de su cabeza la imagen de Sam resguardándola entre sus brazos mientras ella se iba quedando dormida en la cama de su hermano.
Oh, Dios... Si él lo supiese...
Su hermano la mataría sin duda alguna. Y sus padres la rematarían. Aquello no tenía sentido. ¡Ninguno! Y Mercedes de verdad temía que la locura de sus padres estuviese empezando a contagiársele.
Por favor, que solo sea eso.
Pidió, volviendo a la realidad y viendo cómo Santana López se levantaba de su sitio en ese momento, caminando hacia el señor Schue. La latina debía haber dicho algo en los minutos anteriores pero Mercedes no había podido escuchar el qué.
—Esto es un avance de lo que tendrás esta tarde, Sam Evans... Britt-Britt, dale al play —habló, mientras Will Schuester se hacía a un lado y corría a sentarse en una de las sillas libres.
La música de "Hit me with your best shot" que la propia Santana debía cantar en el musical, empezó a sonar a todo volumen. Y la chica no tardó en acompañarla con movimientos de caderas y cintura que buscaban única y exclusivamente, seducir al chico nuevo.
¡Oh, no puede ser!
Pensó Mercedes, abriendo los ojos como platos.
Debía haberlo supuesto, era Santana López después de todo. Pero atreverse a cantarle una canción delante de todo el Glee Club era demasiado.
¡De-ma-sia-do!
Para colmo, ¡el chico parecía estarlo disfrutando!
El mismo chico que le había pedido que se quedase con él en sueños. ¡Eran dos personas completamente distintas y a la vez eran la misma!
Ugh... ¡Mercedes no le soportaba!
Odiaba su manera de burlarse de ella, regalándole cumplidos para luego insultarla. Odiaba que se sentase a comer delante de ella, haciéndole ganas hasta terminar consiguiendo que ella también comiese. Odiaba sus risas, y sus ojos. Aquellos que la miraban con cariño en sus sueños y que querían matarla en la vida real. Y odiaba sus labios. ¡Los odiaba! Éstos se curvaban en sonrisas sarcásticas que la ponían de los nervios todo el tiempo.
Le odiaba a él, y cómo ahora miraba a Santana inclinarse sobre él mismo, dándole una perfecta vista de sus grandes y falsos "atributos"
¡Idiota!
Todos eran iguales, ¿cómo había podido pensar que él podía haber sido diferente?
—Hit me with your best shot... —Santana había acabado la canción, mirándole fijamente como si él fuese de verdad un postre y la chica quisiera lamer el plato hasta no dejar huella.
—¡Wowwww, dale Sammy! —oyeron gritar a Puck, viendo cómo segundos después, el chico recibía una colleja de parte de su novia—. Auch, princesa...
—Auch, nada —respondió ella, claramente enfadada, devolviendo su vista al frente.
—Oh, vamos... Solo lo estaba animando. No vi nada, te lo juro —trató de excusarse Noah.
—Hombres —oyeron murmurar a Mercedes, haciendo que todos se girasen hacia ella.
Mierda...
¿Había vuelto a pensar en alto, verdad?
—El número ha estado bien, Santana. Pero creo que todavía no entiendes el porqué de la canción —habló el señor Schue, salvando con ello momentáneamente a Mercedes.
—Oh, sé perfectamente el porqué de la canción. No se preocupe, Señor Schue —le cortó Santana, guiñándole un ojo a Sam—. Te estaremos esperando —le recordó, yendo a sentarse junto con Britt.
Sam suspiró como respuesta, echándose hacia atrás en la silla. Si aquello había sido un avance de lo que le esperaba aquella tarde en la cita, que Dios le ayudase, pues la chica sin duda sabía cómo moverse y no le había dejado lugar a dudas de lo que quería y esperaba de él.
En otro tiempo, él quizá hubiese rechazado aquella invitación como había hecho el primer día que la había conocido, pero ahora, con Mercedes Jones, su compañera de casa, apareciendo en cada uno de sus sueños para hacerle perder el sentido, Sam Evans no podía permitírselo.
Esa misma mañana, él se había despertado con su nombre en sus labios mientras su cuerpo agarraba su almohada colocándola entre sus brazos. Con cariño, con aprecio, como si ella fuese quién de verdad estuviera allí.
El salto que había dado cuando había abierto los ojos y se había visto así, había terminado llevándole directamente al suelo. Levantándose segundos después, avergonzado, y a la vez agradecido por no tener que compartir su habitación con nadie. Su corazón había tardado en calmarse, y el chico había intentado por todos los medios recordar qué era lo que había soñado. Pero no lo había conseguido. Lo único que sabía, era que había sido con ella. Y no saber el qué le asustaba mucho más que cualquiera de los sueños húmedos que podían haberse formado en su cabeza durante toda su vida.
¿Qué demonios le pasaba?
Él acababa de conocerla. Hacía tan solo días que la conocía y no podía sacársela de la cabeza. No desde el momento en el que la había visto desnuda.
Había sido eso. Solo eso. La única razón por la que no podía borrarla de su mente. Sam la había visto desnuda y ahora aquella imagen le perseguiría durante todo el año que conviviese con ella.
No quería comparar, pero aquellos pechos que Santana López le había puesto en bandeja delante de sus narices, no podían compararse con los de Mercedes. Y su-
¡Dios, Sam! ¡BASTA!
Se gritó, al mismo tiempo que oía como Puck vociferaba algo que no había podido llegar a entender y Mercedes le contestaba con un "Hombres".
Sam no sabía si con aquella palabra se había referido a él o a Puck. El chico no se había enterado de nada, habiéndose perdido de nuevo en el mundo de sus sueños. Aquellos que le decían que no la olvidase y contra los que luchaba todo el tiempo. No había conseguido recordar el de la noche anterior, y Sam de verdad lo agradecía así. No quería saber qué había hecho que él se quedase dormido abrazado a una almohada creyendo que era ella. No quería saber qué podía haber dicho, o hecho. No quería saber nada, absolutamente nada de lo que pasase en sus sueños locos desde ese momento en adelante. Necesitaba que aquella cita llegase pronto, y que con ella, Brittany y Santana enterrasen por completo la imagen desnuda de la chica en el rincón más profundo de su mente.
Decidido a hacer un esfuerzo, el chico no dejó de mirarlas en toda la clase, esperando que sus sonrisas le llenasen tanto como las de ella. Y dos filas más arriba, Mercedes Jones le observó, cabreada y triste, mintiéndose a sí misma y echándole una y otra vez a sus hormonas la culpa de sentirse así.
Para cuando Sam llegó a Breadstix, una vez salido del trabajo y recién duchado, Mercedes Jones ya se encontraba allí con Shane Tinsley, sentados en una de las mesas alejadas de la entrada. Una a la que él no tardó en aproximarse, sentándose casi al lado, con solo una mesa vacía entre ambas.
Quería olvidarla, sí, pero no la perdería de vista. No cuando ella había quedado con Shane y él se había pasado años queriendo "meterle mano" como Puck le había dicho. Tenía una promesa que cumplir, y Sam no le quitaría el ojo de encima en toda la cita, de eso podía estar completamente segura.
Mercedes no había tardado en verle llegar, girando su cabeza como acto reflejo, mientras Sam fruncía el ceño, enojado por su reacción. ¿Pretendía hacer como que no le conocía? ¿O era que no le había gustado en absoluto que se hubiese sentado allí? Ella estaba realmente equivocada si pensaba que él iba a cambiarse de sitio porque a ella no le agradase. Aquello era Breadstix, no su habitación. Así que Mercedes no podría cerrar la puerta para que nadie supiese lo que la chica hacía dentro de ella cada tarde. Sam le había prometido a su padre el protegerla, y eso era lo que él iba a hacer, le gustase o no.
—Sammy, Sammy... —oyó decir a su lado, haciendo que el chico girase su cabeza para ver de quién provenía la voz que le llamaba. Santana Lopez se encontraba ahora frente a frente a él, con Brittany S. Pierce a su lado, vestidas todavía con el uniforme de las Cheerios.
Durante un segundo, Sam se preguntó si ellas se lo quitarían alguna vez, como por ejemplo para dormir, pero aquella pregunta murió rápidamente en su cabeza cuando la chica se sentó a su lado, pegándose a él como una lapa, haciéndolo también Brittany, segundos después. Habían dejado el asiento de enfrente vacío, sentándose una a cada lado de él, mientras un asombrado Sam las saludaba, al tiempo que juntaba sus piernas para que todos ellos cupiesen en el pequeño asiento.
Vaya...
Pensó, sintiéndose de repente como si estuviese en un ascensor, privado de oxígeno. Las chicas, de verdad sabían como robarle a uno la respiración.
Mercedes Jones no podía creerse lo que estaba viendo. Aunque sí debería habérselo esperado, pues ellas eran Santana Lopez y Brittany S. Pierce después de todo. Éstas habían acorralado a Sam y ahora le acariciaban sus orejas y sus mejillas lanzando risitas que hacían que su estómago se removiese por completo, asqueado.
—Hey... ¿Te sientes bien? Has puesto mala cara... ¿No te gusta la comida? —Preguntó Shane, tratando de llamar su atención.
—¿Eh? Oh... No, no. Estoy bien. Es solo que... Necesito ir al baño. Vuelvo en un segundo, ¿vale? No tardaré —se disculpó, ligeramente avergonzada por el hecho de que sus hormonas estuviesen amenazando con arruinarle su cita.
Levantándose, la chica cuidó que su vestido no se le levantase y la pusiese en evidencia delante de todos, mientras emprendía su camino al baño, deseando el poder quedarse allí dentro durante toda la cita de Sam, para no tener que verles hacer el ridículo. Pero eso era imposible, ¿verdad?
Última vez que me pongo un vestido cuando tengo la regla.
Se recordó, cabreada por haber decidido ponérselo en primer lugar. Le gustaría poder decir que lo había hecho por Shane, pero estaría mintiéndose nuevamente, ya que su único y verdadero motivo había sido el querer verse tan guapa como ellas.
—Solo ese —se habló al espejo, oyendo cómo una de las camareras abría la puerta del lavabo y entraba en él, mirándola con cara rara.
Si no volvía a salir pronto, acabaría volviéndose loca. Y lo peor era que la gente ya estaba empezando a sospecharlo.
Ella se había ido al baño. Se había levantado de su sitio, y con sus manos, había tratado de que el vestido que llevaba no se le levantase mostrando también sus pequeñas piernas y su-
¡Oh, no!
¿Por qué demonios había decidido ponerse aquel vestido? ¿No sabía que eso no le ayudaba en absoluto a olvidarse de su imagen desnuda?
Sam Evans sentía que el aire se le iba mientras notaba las manos de ambas chicas en su cuello. Ellas no estaban consiguiendo hacerla desaparecer de su mente. ¿Cómo podía ser posible?
Solo había deseado que ellas borrasen su imagen desnuda de su cabeza, pero ella se lo había impedido, poniéndose aquel vestido para su cita con Shane.
Ahora él la observaba de nuevo, regresando del baño y sentándose enfrente de él, mientras Shane acariciaba su mano y le decía cosas que Sam no podía alcanzar a oír.
Oh... ¡Debía haberse sentado justo a su lado! Allí podría haber escuchado lo que ellos decían. Allí podría haber visto cada uno de sus gestos.
¡Allí podría atizarle más rápido si no quitaba sus manos de las mejillas de la chica pronto!
—Danny, ¿no te gusta la comida? —Oyó decir a Britt.
—Me llamo Sam —la corrigió, atrapando la hamburguesa entre sus manos para hincarle el diente, imaginándose que ésta era Shane Tisnley, y él le hacía desaparecer de la faz de la tierra en cuestión de segundos.
—Lord Tubbington me acaba de llamar y dice que si no la quieres, él se la comerá.
—¿Quién es...? —Preguntó, mientras masticaba, sin quitar la vista fija de la otra mesa.
—Su gato —respondió Santana, sonriéndole a su amiga—. Deberías conocerle algún día, te gustará —dijo, acercándose a la oreja del chico y mordiéndola ligeramente, antes de lamerla, provocando un escalofrío en él.
Oh por Dios.
Mercedes no había podido reprimir una arcada al ver aquello, y ahora Shane la observaba preocupado, tratando de llamar su atención nuevamente.
—Mercedes, ¿te encuentras bien? —Preguntó, sin obtener una respuesta—. ¿Me estás escuchando?
—Sí. Eh... No... Sí. Lo siento. ¿Qué me estabas diciendo? —Trató de preguntar, aún sabiendo que no entendería nada de lo que él le dijese. No cuando Santana Lopez había tenido la osadía de sentarse sobre él en su regazo, impidiéndole comer.
¡¿No sabían que a él no le gustaba que le interrumpiesen mientras comía?!
—¿Mercedes? —Shane volvió a llamarla, pero ella ya no le escucharía. La chica se había quedado quieta, observando fijamente cómo ahora la latina trataba de acariciar sus abdominales por debajo de la camiseta, al tiempo que su lengua volvía a recorrer su oreja izquierda.
—Serás...
—Mercedes, ¿qué te ocurre? —insistió una vez más, Shane, levantando de nuevo los ojos del plato para observarla esperando una respuesta. No había querido importunarla, pero la chica estaba haciendo que de verdad se preocupase de lo que le estaba sucediendo.
—No... No me siento bien —dijo, torciendo la cara después de ver cómo era ahora Brittany, quién giraba la cara del chico para dejar besos en su mejilla derecha.
—¿Qué te pasa? ¿Te duele algo? —Preguntó, preocupado, tratando de buscar su mano.
—No... Sí. El... El estómago —mintió, sintiéndose peor aún por haberlo hecho—. Shane, ¿podrías llevarme a casa, ¿por favor?
—Claro que sí, Mercedes. Ahora mismo —le aseguró, viendo cómo ella empezaba ya a levantarse para abandonar el local, sacando su cartera de su bolso—. Eh, no. Yo te invité, ¿recuerdas? Además, es el chico quién debe pagar en las citas —le dijo, haciéndola sonreír.
—Gracias de verdad, Shane —respondió ella, emprendiendo su camino hacia la puerta, sintiendo en su espalda la mano de él, resguardándola.
Mercedes no volvió a mirarles, sabiendo que quizás si lo hacía, ella no podría resistir las ganas de tirarles de los pelos y usarlos a modo de escoba para limpiar el suelo de Breastix con ellos.
Pero Sam sí lo había hecho.
Él la había visto levantarse y abandonar el local junto con Shane, causando en él la necesidad de levantarse de su sitio e ir detrás de ella. Tan rápido, que ni siquiera le había dado tiempo a Santana Lopez a levantarse de su regazo, terminando por caer sobre el asiento, en una posición que había dejado ver mucho más que su ropa interior debajo de su uniforme.
—Oh, Dios. Lo siento —trató de disculparse Sam, a la vez que la ayudaba a levantarse y a hacerse a un lado.
—¿Qué mierda te pasa, Evans? ¡¿Estás tonto?! —Chilló, no pudiendo creerse el ridículo que el chico le había hecho pasar. ¡Acababa de dejarla caer! ¡A ella! ¡A Santana Lopez!
—Lo... Lo siento. De verdad. Pero tengo que irme —dijo apurándose para salir del cubículo, sacando su cartera en cuestión de segundos.
—¿Ahora? ¿Te vas a ir ahora? —Preguntó la chica, viendo cómo él sacaba los billetes de su cartera y los dejaba encima de la mesa—. Sam Evans, si te vas ahora, olvídate de tener una segunda oportunidad —le amenazó, viéndole completamente decidido a abandonarles allí delante de todo el mundo.
—Lo sé. Y seguro que me acabaré arrepintiendo —dijo él, suspirando profundamente—. Pero ahora tengo que irme, de verdad que sí. Muchas gracias por la cita y seguid disfrutándola sin mí. Nos vemos mañana en el Glee Club —con una sonrisa forzada y unos billetes menos en su cartera, Sam Evans salió a la carrera de allí, dispuesto a alcanzarles antes de que ellos se fuesen a quién sabe dónde.
—San, ¿estás bien? —Quiso saber Brittany, buscando detener sus manos, mientras veía cómo la latina recogía los billetes de la mesa y pedía otra ronda nueva de Breasticks.
—¿Yo? Estoy perfecta, Britt. No te preocupes —respondió, girándose para sonreírle y restarle importancia al asunto. Él se había ido y las había dejado tiradas, pero al menos había tenido la decencia de pagar su comida y dejar suficiente dinero para una o quizá dos rondas más de su plato favorito. Sin duda, el chico había sabido cómo calmar la rabia que había provocado en ella.
—A mí me gustaba —le oyó decir a la rubia, al tiempo que se llevaba a la boca uno de los palitos famosos del local.
—Lo sé, Britt-Britt, y él se lo pierde —dijo ella, buscando su mano por debajo de la mesa para entrelazar sus dedos. Santana Lopez raramente se equivocaba en algo, y ésta vez, estaba completamente segura de que la huída a la carrera de Sam Evans, no tenía otro motivo más que la marcha del mismo Breadstix de su compañera de casa, Aretha.
Había corrido hacia el aparcamiento temiendo no llegar, pero lo había conseguido. Los había alcanzado y ahora el chico observaba la escena que tenía delante de sus ojos con su corazón a punto de salírsele del pecho. Shane acariciaba sus mejillas, mientras se acercaba a ella con una sola intención. Una que Sam haría todo lo posible para que no sucediese.
—¡Mercedes! —Gritó, interrumpiéndolos y haciendo que ambos se separasen debido al susto—. Hey, Mercedes —la llamó de nuevo, aproximándose a ellos, ahora que éstos le miraban.
—Sam, qué... ¿Qué haces aquí? —Quiso saber la chica, mirándole alucinada. La última vez que le había visto, él se estaba dejando manosear por dos Cheerios y ahora... ¿Qué demonios hacía allí fuera?
—Ya os vais, ¿verdad?
—Eso pensábamos, ¿por qué? —Respondió Shane.
—Oh... Genial. Quería preguntaros si os importaría llevarme con vosotros de camino que os vais —trató de sonar convincente.
—No —fue la respuesta de Mercedes.
—Sí, claro —fue la de Shane, girándose hacia ella, preguntándose el porqué de aquella respuesta.
Sam también la miraba ahora, esperando que ella cambiase de parecer.
—¿Para qué te vas a ir? ¿No lo estabas pasando tan bien con Britt y Santana?
Oh, oh... Ella debería callarse antes de ponerse en evidencia delante de todos.
—Sabes que a esta hora siempre hablo con mis hermanitos.
—Oh... Ya —dijo ella.
—No se hable más entonces, Sam. Vienes con nosotros —le animó Shane, al tiempo que le abría la puerta del coche y Sam echaba a andar para subirse a él—. Pero detrás —volvió a hablar Shane, deteniéndose—. Conmigo irá Mercedes —sonrió, ayudándola a subir.
—Claro... —respondió Sam, poniendo los ojos en blanco y reprimiendo un bufido. Si pensaba que podría meterle mano a Mercedes delante de sus narices estaba muy pero que muy equivocado.
El chico pudo ver cómo ella reprimía una risita justo antes de que Shane encendiese por fin el motor y los sacase del aparcamiento.
Sam dio gracias a Dios de que los Jones ya estuviesen allí cuando finalmente llegaron, pues con ellos en la casa, el chico estaba completamente seguro de que Tinsley no podría despedirse de ella tal y como a él le gustaría.
Y eso justo fue lo que sucedió, bajándose del coche y viendo cómo segundos después, la chica pasaba a su lado casi derribándolo en su camino hacia la casa. Estaba cabreada, demasiado, y Sam reprimió una risita, mientras seguía su camino detrás de ella hasta llegar adentro.
—¿Tan pronto se acabó la fiesta? —Preguntó el señor Jones, a tiempo de ver pasar a una furiosa Mercedes escaleras arriba. Sam no tardó en seguir sus pasos, asintiendo con la cabeza e indicándole al señor Jones que tenía una cita con su familia en su cuarto, oyendo a su vez cómo el hombre le avisaba que él y la señora Jones se irían a visitar a unos amigos y que no volverían muy tarde.
¡Genial! Que lo dejasen solo con ella era lo que sin duda Sam Evans necesitaba en aquel momento. Quedarse solo en casa con la chica a la que no podía sacar de su cabeza, y con su vestido, aquel que ella se había puesto para su cita con Shane.
¡Maldita sea mi suerte!
Pensó, temiendo que ella terminase no cometiendo un parricidio sino un homicidio y él fuese su única víctima. A juzgar por su enfado ella probablemente acabase dándole de comer su cadáver a su propio hámster. Negando con la cabeza, y riéndose por sus propias ocurrencias, Sam oyó cómo la puerta de la entrada se cerraba, al tiempo que él terminaba de subir las escaleras y torcía por el pasillo para dirigirse a su habitación.
Ella probablemente estaría ya encerrada en la suya y con suerte, el chico se libraría de sus chillidos y sus quejas, pudiendo llamar a su familia y olvidarse de lo sucedido aquella tarde. Olvidarse de todo con las sonrisas de sus pequeños hermanos y la voz de sus padres interesándose por ver cómo le estaba yendo la semana. Olvidarse de que había dejado tiradas a dos preciosas chicas interesadas en él para que Mercedes no se fuese sola con Tinsley a casa. En mala hora le había prometido al señor Jones cuidar de ella, ¡ahora él no podría quitarle sus ojos de encima!
—Gracias. Por arruinarme. La cita —la oyó decir, entrando en su habitación y encontrándosela sentada en su cama, mientras le esperaba.
Las palabras habían salido de ella casi como gruñidos, y sus ojos le habían mirado con rabia, esperando que él le respondiese quizás con una de sus risas, o con el recordatorio de que ella no debería estar allí. Ella había prometido no volver a traspasar aquella puerta, pero en aquel momento, con toda la rabia que sentía en su interior, a Mercedes Jones aquel pacto le importaba verdaderamente un pimiento.
—¿Yo? ¿Qué hice yo? —Tuvo la osadía de responder él, aún sabiendo que con aquellas palabras probablemente estuviese firmando su sentencia de muerte.
Mercedes negó con la cabeza, levantándose de la cama, al tiempo que le recordaba su excusa para volver a casa con ellos.
— "Quería preguntaros si os importaría llevarme con vosotros de camino que os vais. A esta hora siempre hablo con mis hermanitos y..." —le imitó con rabia, acompañando sus palabras con muecas llenas de ironía.
—¿Es verdad o no? —Se defendió él.
—¿Lo es? —Preguntó ella, arqueando las cejas—. ¡No parecías acordarte de ellos cuando tenías a Santana Lopez sentada en tu regazo comiéndote el cuello! —Le gritó, cabreada a más no poder. ¡Él le había arruinado su cita con Shane y para colmo había utilizado a sus hermanos como excusa!
¡Idiota!
—¿Cómo sabes eso? ¿Me estabas espiando? —Preguntó él, sonriente—. ¿O de verdad sentías curiosidad por lo que estábamos haciendo? —Insistió, completamente consciente de que ella lo había mirado a él tanto como él la había mirado a ella en aquella desastrosa cita.
—¡Oh, vamos...! ¡No hacía falta espiarte para verlo! ¡Todo Breadstix estaba pendiente de vuestro espectáculo!
—¡¿Espectáculo?!
—¡Espectáculo, SÍ! —Gritó aún más, queriendo asesinarle con la mirada, y lamentándose el no poder hacerlo cuando él, negando con la cabeza, arrancó a reír como respuesta—. ¡¿De qué te ríes ahora?!
—Estás celosa —respondió él, sin pensar.
—¡¿Perdona?!
—Admite que tú también querías montar un espectáculo —le dijo, curvando sus labios en una sonrisa.
—¡¿Qué yo también quería qué?! Ah, no... ¡Yo no soy una-!
—¿Una qué? —Preguntó él, mientras su sonrisa se apagaba y dejaba paso a la rabia una vez más—. Oh, vamos, no te quedes callada. Di lo que ibas a decir —insistió, al ver cómo ella guardaba silencio.
—¡NADA! ¡No iba a decir nada!
—Mejor —respondió él, a la vez que fruncía sus labios y la atacaba donde sabía que podía—. Porque estoy seguro de que lo que yo haya podido hacer hoy en Breadstix no tiene ni punto de comparación con lo que tú haces con ellos todas las tardes en tu habitación a escondidas de tus padres.
—¡Lo que yo haga o no con ellos en mi habitación a escondidas de mis padres no es tu problema! —Gritó, alucinada porque él pudiese haber llegado tan lejos.
—¡Como tampoco lo es lo que yo haga o no en Breadstix, en el McKinley, o donde me de la real gana!
—¡Bien! —chilló ella.
—¡Bien! —gritó él también, notando cómo el enfado y la rabia le recorrían.
—¡Y ahora que te ha quedado claro, ya puedes dejarme en paz!
—¡¿Dejarte en paz?! —El chico abrió los ojos, incrédulo—. Te recuerdo que eras tú quién estaba sentada en mí cama, esperando a que yo llegase para reclamarme el haberte jodido una cita —le dijo, remarcando con sus dedos ambas palabras—. ¿Tan aburrida fue la cita, que acabaste más pendiente de mí que de Shane?
—Oh... No acabas de decir eso... —dijo Mercedes, negando con la cabeza.
—Oh... Pero sí lo acabo de decir —respondió él, mirándola fijamente.
—Pues para que te enteres, mi cita con Shane fue perfecta.
—Sí, claro —Sam rió, divertido, al oírla decir aquello—. A mí no me lo pareció en absoluto.
—¿Cómo podrías saberlo? ¿Acaso tú también me estabas espiando? —arremetió la chica, provocando que él se quedase callado unos segundos antes de poder reaccionar y volver a atacarla con sus palabras.
—¡Más quisieras! —Respondió él, negando con la cabeza, mientras se mordía el labio inferior observando su reacción—. Pobre Mercedes, de verdad pensabas que todo Breadstix estaría pendiente de vuestra aburrida cita pero, ups... se ve que todos ellos tenían otra cosa más interesante a la que mirar.
—Oh... ¿El qué? ¡¿Las Brittana metiéndole la lengua en la oreja al nuevo?! —Le atacó ella, descubriéndose a la vez con sus palabras—. ¡No fuiste el único para ellas, Sam! ¡Ni lo serás! ¡No te confundas!
—¡Yo no me confundo! ¡Yo sé lo que hay! —Chilló, notando cómo de un momento a otro sus cuerpos se habían ido acercando como imanes, hasta detenerse a escasos centímetros. Cada grito, cada queja hacía que su cuerpo hirviese queriendo callarla. Queriendo hacerla desaparecer de su cabeza. A ella y a su voz. A su cuerpo, que aún seguía dentro de aquel precioso vestido. A sus chillidos que le reclamaban una y otra vez lo que él había hecho aquella tarde, y a sus labios, aquellos a los que no podía dejar de mirar.
—¡BIEN! —gritó ella, de nuevo, levantando en alto su cabeza, amenazante y segura.
—¡BIEN! —Respondió él segundos después, antes de atrapar su rostro entre sus manos e inclinarse hacia ella con rabia, besando aquella boca que tanto le odiaba, atormentándola con la única idea de callarla. Recorriéndola con sus labios hasta que los de ella se abrieron para él y finalmente le correspondieron.
¡No me matéis, please! xD
¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado la cita Bramtana/Shanecedes? ¿O la pelea Samcedes de después? xD ¿Por qué creéis que ella le reprocha el haberle arruinado la cita cuando ella misma decidió irse de allí? ¿Y por qué decidió el irse a pesar de estárselo pasando "tan bien"? Los sueños, los mails... Esto se pone interesante xD Hacedme saber qué os pareció en un review ^.^
Agradecimientos:
Gracias a mi niña Paola Granger (que me hace reír cada vez que leo su nick, tanto como la primera vez que me lo dijo xD Ya sabes que yo no estoy tranquila si no hago sufrir a mis Sammy's xDD Mis Mercedes también sufren, aunque la mayoría no lo saben porque se mienten a sí mismas xD Tu plot twist mola, tienes que escribir eso xDD Creo que no vas a tener que retirar tu review porque te ha gustado leerla, o eso creo xD Algún día llegará el verdadero rating M xD O no xDD ¡Un beso, bonita! Ya queda menos *-*); a AndrielMellark (no, gracias a ti por leerlo, y por tu review *-* Me alegra un montón que te esté gustando, espero que este capi no te decepcione. ¡Un beso! ^.^); a TaniaMalfoyFelton (¿Odias a Shane? ¿Por qué? Si es muy mono... Al menos en este fic... xD Sam y Mercedes no controlan sus sueños, pobrecillos xD Todo está bien en casa, muchas gracias por preocuparte bonita ^.^ Y mil gracias por leerlo y dejar review siempre. ¡Un besito y un abrazo enorme!); a María Elena (Espero que este capi no te haya decepcionado, siento no haber podido publicar antes. Por el momento solo tengo pensado el terminar este y tomarme una largas vacaciones sin escribir. Quizás vuelva a hacerlo, quizás no xD Ya veremos. Un beso, María Elena ^.^); a Maru (Acabo con un mail hacia ella, sí xD Pero Mercedes ha decidido olvidarse de ese tema por ahora y borrar de su cabeza lo que vio xD Jajaja Te matan las conversaciones en las que se pelean. A mí me encanta escribirles teniéndolas. Siempre saltan por cualquier cosa y son súper graciosos xD Oh, Puck seguramente quiera ayudar, la cosa es si ellos se dejarán ayudar o no xD Muchas gracias por pasarte siempre, Maru. ¡Besos y abrazos!
Gracias también a los que me comentáis por twitter, me alegra mucho saber que os está gustando el fic. Ahora sí me despido hasta la próxima actualización.
Besos y abrazos
Syl
