¡Feliz 2015!
¡Hola a todos un domingo más! :)
Antes de nada, quería disculparme por haber tardado tanto en publicar. He intentado tener este capítulo listo para el final de 2014 pero me fue imposible. Finalmente he conseguido tenerlo listo para principios de 2015, y espero no tardarme tanto en publicar el siguiente. Aunque me voy una semana de viaje a Nueva York el mes que viene, así que todavía no estoy segura de si conseguiré publicar el siguiente antes de que me vaya.
Avisaros también de que en el próximo capítulo habrá un salto temporal que explicará todo lo que ha sucedido en ese tiempo transcurrido.
Mil gracias a todos aquellos que leéis el Estudiante y que dejáis reviews queriendo matarme por hacerles sufrir. Mil gracias a todos aquellos que seguís el TeamSamcedes en twitter y tumblr. Tengo que comentaros que hemos creado un nuevo foro Samcedes al que podéis uniros para hablar sobre ellos, fangirlear y demás. Este sería el link: samcedesfansforum. forumotion. com (borrando los espacios después de cada punto). Animaos a uniros. Ya somos más de 70 fans Samcedes :)
Y eso es todo, disfrutar del capítulo y regaladme un review diciendo qué os ha parecido :)
Disclaimer: Glee no me pertenece.
Capítulo 16: "Con todo el cariño del mundo"
Un minuto después, el ruido de la puerta al abrirse lo sacaba finalmente de sus pensamientos, levantando la cabeza y respirando aliviado al ver de quién se trataba.
—Hey... —la oyó susurrar, viendo cómo caminaba hacia él y se sentaba en una de las sillas que había junto a su camilla—. ¿Cómo estás? —Dijo, con voz dulce.
—Mejor —respondió él, tratando de sonreír un poco. Mejor sin duda, ahora que ella estaba allí a su lado.
—Salgo un momento, tortolitos, nada de sexo en la enfermería, ¿entendido? —Oyeron decir de pronto a la enfermera, antes de ver cómo ésta les lanzaba una mirada de advertencia.
—Nosotros no… —Intentó decir Mercedes sin terminar su frase, mientras sentía cómo la vergüenza se instalaba en sus mejillas.
¿Acababa de insinuar que...?
La puerta se cerró de pronto, dejándoles solos, y la chica volvió su cabeza, buscando la mirada de él.
—Se ha creído que… —Trató de decir, notando sus hermosos ojos fijos en ella.
Durante un segundo, Mercedes creyó ver un brillo especial en ellos. Uno que había podido ver días atrás, cuando él había tenido la osadía de callarla con un beso.
—Eso parece —respondió él con voz grave, carraspeando después.
¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Se la estaba comiendo con la mirada? ¿Qué sería lo siguiente? ¿Atraerla hacia sí y sentarla en su regazo para hacer justo aquello que la enfermera les había prohibido hacer?
—¿Sam? —La oyó decir de pronto, mientras él giraba su cabeza rehuyendo su mirada por unos segundos.
—¿Sí?
—¿Por qué no me dijiste que os habíais peleado por mi culpa? —Preguntó con voz suave, levantándose de su silla y sentándose a su lado en la camilla, esperando que el chico la mirase de nuevo.
—No fue tu… —Sam la miró, deseando poder abrazarla durante un instante, oler su pelo y sentir su cuerpo pegado al de él—. No fue tu culpa, Mercedes. ¿Por qué dices eso?
—Shane… Shane me lo dijo. Él…
Sam no podía creerse lo que estaba oyendo. El muy idiota había decidido salvar su culo y contarle la verdad a Mercedes. Para colmo, ahora la chica se creía de verdad que había sido su culpa.
—No fue tu culpa. Hey, vamos… —Sam trató de hacerla sonreír, elevando su barbilla para que le mirase—. No digas eso —le pidió, no pudiendo evitar acariciar su mejilla con su mano buena. Ella no tenía la culpa. ¿Por qué lo pensaba así? Ella no era la culpable de que aquellos dos imbéciles hubiesen cometido el error de insultarla delante de él. Del chico que...
Sam negó con la cabeza, a la vez que suspiraba profundamente y se acercaba un poco más a ella sin dejar de acariciarla.
—Sí lo fue. No debiste golpearle, Sam. Shane dice que te han retirado al banquillo y que podrían incluso expulsarte.
—¿Y? —Fue lo único que salió de su boca, viendo rápidamente la preocupación en los ojos de la chica.
—¿Y? ¿Cómo que "y" Sam? ¿Acaso no te importa que te echen? —Preguntó Mercedes, retirando con su mano la de él de su mejilla, pero sin soltarla por completo, haciendo que él se sorprendiese con aquel gesto.
—No, Mercedes. No me importa si eso supone que ese imbécil recibió lo que se merecía.
—Sam… —La chica quiso protestar, soltar su mano y levantarse pero él no la dejaría.
—No sabes lo que él dijo de ti. De... De Quinn, de tus padres.
—Ya estoy acostumbrada, Sam —respondió ella, notando cómo las lágrimas empezaban a formársele en su rostro. No quería llorar. ¡Ese no era el momento ni el lugar para llorar! Pero él se había hecho mucho daño por defenderla y por ello quizás llegasen a expulsarlo. Después de todo lo que él le había contado sobre su familia y sus intentos por hacerles sentir orgullosos de él, ahora Sam podría ser expulsado por su culpa. Quizás acabase marchándose de Lima, volviendo a Kentucky y... No... Mercedes no quería ni pensar en aquella posibilidad—. Y... Mis padres también. Ya sabes que todo el mundo les toma por locos. Hasta su hija —dijo, queriendo sonreír, hacerle ver que aquello no podría cambiar nunca, pero fallando en el intento.
Una lágrima resbalaba ahora por su mejilla izquierda. Una lágrima que Sam pronto borró con los dedos de su mano herida.
—No digas eso… Tus padres son geniales, Merce... —Dijo de corazón, apretando ligeramente la mano de ella con su mano buena—. Igual que tú —admitió, dejando que su corazón hablase por él.
—Gracias… —Consiguió decir, mientras sus dedos acariciaban con cariño los de él. Habían cambiado tanto las cosas en tan solo una semana... Odio y rabia, habían sido lo que él había provocado en ella días atrás. Odio y rabia que poco a poco habían terminado convirtiéndose en cariño y comprensión.
—Es la verdad. Y si un idiota como Azimio no es capaz de verlo…
—Sam, no puedes pelearte con él cada vez que—
—¿Cada vez que qué? ¿Cada vez que te insulte? —Preguntó, alucinado—. Puede que todo este tiempo hubieses pasado de todo y te hubieses "acostumbrado" a oír sus mierdas, Mercedes, pero eso se acabó. Ya no estás sola. Dejaste de estarlo el día en el que "el idiota que lo estropea todo" llegó a Lima para meterse en tu casa y hacerte la vida imposible —dijo, haciéndola sonreír durante un segundo.
—Creo que ahora soy yo la que le estoy hacienda la imposible a él —le contó, sincera.
—Mentira…
—Su mano no dice lo mismo —susurró ella, fijando de nuevo sus ojos en aquella mano vendada.
—Su mano estará como nueva en poco tiempo. Solo espero que el imbécil de Azimio deje que se cure lo suficiente en caso de ser necesario un segundo asalto.
—Sam…—Quiso protestar una vez más.
—Shhhh. Todo está bien. Pronto estará como nueva, Merce. Como tus rodillas —sonrió.
—Quizás incluso antes —sonrió ella también—. Pero mientras tanto, supongo que yo podré ayudarte en todo lo que necesites. Tareas de casa, del colegio... Lo que sea.
—¿Lo que sea? —Rió Sam, divertido.
—Todo menos ir al taller. El aceite y yo no combinamos, lo siento —rió, mordiéndose el labio inferior.
—Cierto… El taller. Supongo que tendré que hablar con el Señor Hummel y decirle que no podré trabajar más por el momento. Me temo que con la mano así no podría serle de mucha ayuda.
—Lo siento... —volvió a decir, una vez más.
—No fue tu culpa, Mercedes. Deja de pedir perdón —le pidió, apretando su mano ligeramente una vez más. Quería que ella dejase de culparse, aun sabiendo que aquello era de por sí imposible.
—Está bien…
—¿Podrías hacer una cosa por mí? —Preguntó él, fijando sus ojos en aquella boca que tanto le gustaba.
—¿Qué?
—¿Podrías...? ¿Regalarme una sonrisa? —Dijo, esperanzado, no queriendo verla triste. No queriendo oír cómo ella se culpaba del resultado de aquella pelea.
Y ella se lo concedió.
Aquella sonrisa no se hizo esperar, llenando de luz aquel pequeño cuarto y de esperanza el corazón de él.
Sam Evans no sabía cómo demonios iba a conseguir quitársela de la cabeza, pero iba a hacerlo costase lo que costase.
Lo que no contaba era con que la chica no planeaba ponérselo nada fácil. Acompañada de aquella hermosa sonrisa, Mercedes había decidido acercarse a él y obsequiarle con un beso en su mejilla. Uno que hizo que un escalofrío le recorriese por completo mientras deseaba que ella no llegase a separarse nunca más de él.
¿Cómo podía reaccionar así con tan solo un casto beso en su mejilla? ¿Cómo Mercedes Jones podía remover su mundo con tanto y tan poco a la vez? Porque esos besos siempre serían lo máximo que él podría obtener de ella, aunque su cuerpo desease mucho más. Aunque sus manos, aun heridas, clamasen por acercarla a él y besarla de verdad.
—Gracias —se sorprendió diciendo, mirándola a los ojos y luchando por no rebelarse contra sí mismo y atrapar sus labios en un nuevo beso.
Se había vuelto loco, completamente loco. Y debía parar. Debía detener sus ganas de besarla o él conseguiría que la chica se alejase. Que lo mirase como un bicho o como alguien que solo quería aprovecharse de ella en uno de sus peores momentos.
Tú no eres mejor que ellos, Sam.
Se dijo a sí mismo, a la vez que su mano buena se elevaba como acto reflejo y buscaba el rostro de la chica para atrapar entre sus dedos la pequeña pestaña que ella había perdido.
—Pide un deseo —le dijo, acercando el dedo que la sostenía hacia ella, y viendo cómo la chica, sonriente, cerraba los ojos y soplaba con fuerza, haciendo que la pestaña desapareciese ante ellos—. ¿Qué pediste?
—Perderte de vista —rió ella, dándole un pequeño golpe en su hombro izquierdo y haciendo que el corazón del chico se llenase de alegría con su escandalosa risa.
—¿Sabías que si lo dices en alto no se cumple, verdad? —Preguntó él, mientras se quejaba por su brazo.
—Eso espero —respondió ella, dulce, haciendo que sus ojos brillasen durante un segundo.
Éstos eran hermosos, y Sam se prometió a sí mismo el no volver a hacerla llorar nunca más si de él dependía.
Sus manos habían vuelto a unirse sin apenas darse cuenta de ello, y Sam acarició la de ella con sus dedos, esperando que aquello no la incomodase. ¿Eran amigos, no es cierto?
Amigos que no podían dejar de discutir.
Amigos que se atacaban. Con palabras.
Con un beso.
Uno que el le había robado y que no había podido olvidar. Era imposible hacerlo cuando todo en lo que podía pensar eran sus labios amoldándose a los de él en un beso febril, apasionado. Un beso loco que debía borrar de su cabeza pero no podía. ¿Cómo demonios había podido Azimio insinuar que nadie podía haber querido besarla nunca? ¿Cómo demonios había podido pensar que nadie nunca la había besado antes?
—Es imposible —susurró casi sin darse cuenta.
—¿Qué es imposible, Sam? —Dijo Mercedes, fijando sus ojos curiosos en él.
—Nada... Es... Es imposible. Es incluso gracioso. Algo que dijo Azimio.
—¿Gracioso? —Insistió Mercedes, queriendo saber.
—Sí... No. No es nada —había metido la pata hasta el fondo. Había vuelto a estropearlo todo. ¿Cómo podía haber dicho aquello en alto? Él y su enorme boca deberían pensar las cosas antes de lanzarse a hablar.
—Dímelo, Sam. ¿Es sobre mí? —Preguntó, con cierto miedo.
—Sí... No, no. No es sobre ti —quiso rectificar, pero la mirada de la chica le indicaba que él no podría seguir mintiéndole por mucho tiempo—. Es solo... Él dijo que tú... Que seguramente nadie te había besado nunca y... Ambos sabemos que eso no es cierto —le explicó, tratando de hacerla reír.
—Oh... —fue su única respuesta, tratando de ocultar por todos los medios la verdad, con una falsa sonrisa que él no tardó en descifrar.
—Mercedes... —La llamó, viendo cómo la chica volvía a rechazar su mirada.
—¿Qué? —Preguntó ella, sin todavía levantar su cabeza.
—¿No lleva razón, verdad? ¿Lo que dijo...? ¿Es cierto? ¿Nadie nunca te había besado antes? —Quiso saber, levantando su barbilla y haciendo que ella le mirase a los ojos—. Dime... ¿Lo es?
—Hace unos días lo era —respondió Mercedes, mordiéndose el labio inferior, nerviosa—. Hasta que...
—Hasta que yo lo hice —acabó él su frase, sin poder creérselo—. Ese... ¿Ese fue tu primer beso? —Preguntó, notando cómo las mejillas se le sonrojaban hasta el infinito.
—Gracioso, ¿eh? —Dijo la chica, rechazando la mano que sostenía todavía su barbilla.
—No... No —¡Ugh! ¡Idiota! Siempre estaba estropeándolo todo, segundo tras segundo—. No me refería a que... No lo decía por—
—Está bien, Sam. No te preocupes.
—No. De verdad, no me refería a que era gracioso que no te hubiesen besado nunca antes. Me expresé mal. No fue eso lo que quise decir en absoluto —trató de excusarse, buscando sus manos para que ella no se alejase de él.
—Está bien. No pasa nada —repitió, sintiéndose pequeña e insignificante ante él. ¿Por qué no había podido mentir mejor? La semana anterior había podido hacerle creer que había subido chicos a su habitación mucho antes que Shane y ahora... Ella se acababa de descubrir por completo ante él para que él pudiese burlarse de ella cuánto quisiese.
—Merce... —Sam susurró con cariño el apodo que él le había puesto, haciendo que ella volviese a mirarle, temerosa—. Lo siento de verdad. Yo... Siento el haberlo hecho. No... No sabía...
¿Estaba diciéndole de verdad que sentía el haberla besado? Si ella no se había sentido ya de por sí insignificante, ahora su corazón se había roto también en mil pedazos.
No podía mirarle a la cara. No podía responderle a lo que él le había dicho. Aquello era infinitamente peor que su tonto enamoramiento por Kurt en su primer año en New Directions. Sam, su compañero de casa acaba de admitirle que sentía el haberla besado aquella vez. ¿Qué podía ser más avergonzante que eso?
—No... No. Mierda... Soy un idiota, no. No era eso lo que quería decir. Mierda, Mercedes. ¿Por qué no me lo dijiste? Yo...
—No lo habrías hecho, lo sé. Ya lo dijiste —completó ella su frase, preguntándose dónde diablos se habría perdido la enfermera y cuando pensaba en volver a hacer acto de presencia.
—No... No es... No lo habría hecho así, Mercedes —respondió de corazón—. No te... No te hubiese besado como lo hice —susurró, buscando con sus manos el rostro de la chica.
Ella era tan bonita... Sus ojos brillaban y le miraban fijamente, quizá con miedo o con vergüenza. Y sus labios... Éstos le deseaban. Sam estaba completamente seguro de ello.
—¿Cómo lo habrías hecho? —Preguntó ella, nerviosa, sintiendo sus grandes manos en su rostro y cómo éstas la atraían hacia él, sintiendo su respiración junto a sus labios.
¿Iba a besarla? ¿Sam iba a besarla?
—Con todo el cariño del mundo —respondió él, dulcemente, acariciando con sus manos sus diminutas orejas y empezando a acortar la poca distancia que les separaba.
Iba a besarla, sí. Él iba a besarla de verdad... Mercedes debía moverse si no quería que aquello ocurriese. Debía moverse, pero no podía.
—Os dije que nada de sexo, tortolitos —oyeron decir de pronto a la enfermera.
Ésta había entrado por la puerta como un huracán y ahora les miraba atentamente mientras ellos se separaban, nerviosos y avergonzados por aquella situación.
Mercedes había girado su rostro en el último momento por el ruido que había hecho la puerta al abrirse, y Sam había terminado por besar su mejilla en lugar de aquellos labios que tanto había deseado volver a probar.
¡Dichosa enfermera! ¡En qué mala hora se le había ocurrido volver a aparecer!
—Ya podéis iros —les anunció la mujer, abriéndoles la puerta para que ambos saliesen—. Guarda el procedimiento de curas, anda. Y trata de mantenerte alejado de las peleas, chico. O durarás muy poco en esta escuela.
Sam asintió con la cabeza, siguiendo a Mercedes y saliendo al pasillo sin perder tiempo. Tenía que hablar con ella. Tenía que decirle tantas cosas... Pero no sabía ni siquiera por dónde empezar.
Había estado a punto de besarla. A ella, a su compañera de casa. A la hija de la familia que le había dado una segunda oportunidad. ¿Cómo podía haber sido tan temerario? ¿Cómo podía haberlo intentado siquiera? ¡Debía mantenerse alejado de ella! ¡No hacer justamente lo contrario!
Pero aquellos ojos tristes... Ellos habían sido los que le habían empujado a hacerlo. Los que le habían pedido que él lo hiciese. No por lástima, no por pena, sino porque él así lo había deseado hacer.
—Mercedes... —Quiso llamarla, decirle que estaba yendo muy deprisa, pero ella no se paró.
—Se nos hace tarde para subir al bus, Sam —le recordó ella, sin mirar ni un segundo atrás.
Y con su respuesta, Sam Evans supo que él había vuelto a fastidiarlo todo por enésima vez aquella mañana.
Minutos después, Mercedes se detenía en la parada del bus, girándose hacia él por fin.
—Genial...Hemos perdido este bus. ¿Qué será lo siguiente? ¿Empezar a llover y acabar empapados con una pulmonía que nos dure semanas? —Exclamó, suspirando profundamente y empezando a andar de un lado hacia otro.
—Lo he estropeado todo, ¿verdad? Lo he estropeado todo otra vez —le dijo, agachando la cabeza al mismo tiempo que ella se detenía por fin y lo miraba.
—Sam...
—Háblame, Mercedes. Dime lo que piensas.
—¿Qué pienso? ¡¿Qué pienso?! ¡Pienso que no puedes ir por ahí besando a la gente sin preguntarles primero, Sam! —Exclamó la chica.
—Yo creí... —balbuceó, nervioso.
—¿Que quería?
—Que podría arreglar lo que hice y—
—No tienes que arreglar nada, Sam. Simplemente olvídalo y ya —le pidió, tratando de disimular la tristeza en su voz. Él quería arreglarla, a ella. No al beso que él le había robado. Se sentía en deuda con ella. Y eso le dolía demasiado.
—Lo siento mucho, Mercedes.
—Fue solo un beso, Sam. Algún día tenía que pasar —dijo, rogando porque él lo dejase atrás y se olvidase por completo de ello. No quería que él siguiese recordándole que su primer beso, aquel que ella se había negado a dar antes, había terminado siendo un beso no deseado. Un beso solo dado para silenciar sus gritos.
—Solo un beso... —Susurró él, aún consciente de que aquello había estado muy lejos de ser "solo un beso". Había sido un huracán de emociones. Una locura desenfrenada que le había hecho perder la cabeza. Y el primero de ella. Él había sido quién se lo había dado.
—Ha llegado el autobús.
—¿Eh? —Preguntó, distraído, mirándola de nuevo.
—Que ha llegado el bus —repitió la chica, preparándose ya para subir.
En silencio, Sam la siguió escaleras arriba y por el pasillo estrecho del autobús hasta sentarse en uno de los asientos vacíos al lado del suyo. La chica se había colocado junto a la ventana y rechazaba su mirada una vez más. Lo que había hecho que Sam buscase de nuevo su mano derecha con su izquierda para llamar su atención.
—Mercedes... Estamos bien, ¿verdad? Esto no ha... No ha hecho que hayas cambiado de opinión con respecto a lo de intentarlo —preguntó con miedo de oír su respuesta. No quería perder todo lo que habían conseguido. No quería perder su amistad, ni aquellas sonrisas que ella le regalaba.
—Sam, estamos bien —respondió ella, de corazón. Aún habiéndole hecho daño con sus palabras, Mercedes Jones no era capaz de negarse a sus intentos. No cuando él se esforzaba tanto en conseguir su amistad.
Tenían que intentar llevarse bien. Tenían que intentarlo con todas sus fuerzas porque de no hacerlo, ambos sabían cuál sería su final.
Ambos sabían que las peleas serían lo único que obtendrían. Las peleas, los gritos y hacerse daño el uno al otro hasta quizá silenciarse mutuamente con un nuevo beso.
Mercedes sintió cómo él le acariciaba su mano con sus dedos y eso hizo que un escalofrío le recorriese de la cabeza a los pies.
—Míranos... —Rió Sam, sin soltar su mano a la vez que señalaba las heridas que los últimos días habían dejado en ellos—. Estamos hechos unos desastres andantes.
—Somos unos desastres andantes —respondió ella, divertida, no queriendo soltarle.
—¿Qué les diremos a tus padres? ¿La verdad? —Recordó Sam mientras observaba una vez más su mano vendada.
—¡No! No, por favor —le pidió, casi dando un salto en el asiento al oírle.
—¿Por qué no? Merce... Ese idiota no puede seguir haciéndote la vida imposible. No podemos permitírselo.
—Sam, si les dices la verdad, todo se sabrá y te echarán del colegio —le recordó la chica, con miedo.
—Ya te dije que no me importa, Mercedes —respondió él, rechazando su mirada una vez más.
—A mí sí... —Dijo, mirándole con cariño—. Más todavía si yo resulto ser la culpable de que lo hagan, Sam.
—¡Pero no lo eres! —Protestó Sam, una vez más, apretando ligeramente su mano con la suya propia—. Tú no tienes la culpa de que yo me pelease con él, ya te lo dije.
—Sí la tengo, Sam. Yo tengo la culpa de que tu mano haya acabado así. Yo tengo la culpa de que mi pierna haya acabado así —
—¡Eso tampoco fue tu culpa! ¡El muy idiota se saltó un semáforo, Mercedes! —Le recordó, desesperado—. Y yo fui quién te pidió que vinieses conmigo en primer lugar, si no lo hubiese hecho nada te habría pasado.
—Es igual, Sam.
—No es igual... —Dijo, bajando la voz hasta casi quedar en un susurro.
—Por favor, no... No nos peleemos —le pidió, buscando su mirada y acariciando a la vez su mano con la suya. Ambas no se habían soltado en ningún momento y ahora el chico las miraba, viendo cómo éstas se amoldaban perfectamente, calmándole por dentro—. No quiero pelearme contigo.
—Lo siento... —respondió él, sintiéndose una vez más como un estúpido. ¿Por qué no podía simplemente quedarse callado?
—Solo... Digamos que fue por causa del equipo, ¿sí? Todo irá bien —le aseguró, viendo cómo Sam solo asentía con la cabeza dispuesto a hacer lo que fuese por ella. Quería que la chica dejase de sentirse culpable por lo sucedido, pero aquello era imposible. Tan imposible como era el que él dejase de meter la pata y arruinar las cosas cada cinco minutos.
Girando su cabeza y dejando de mirarla, Sam vio cómo sus dedos se entrelazaban, mientras ella observaba las calles de Lima por la ventana. Preguntándose, durante unos segundos, si ella sabría que aquel gesto que acababan de hacer, era más propio de una pareja de enamorados que de un par de amigos que intentaban serlo.
Puede que ella no quisiese que él volviese a besarla nunca más, pero él estaba decidido a aceptar cualquier cosa que ella quisiera darle desde ese momento en adelante.
Sonriendo, Sam Evans volvió su cabeza de nuevo hacia la ventana y observó el paisaje que ésta le mostraba, mientras esperaba que aquel bus les dejase por fin en su parada.
Continuará...
¿Qué os ha parecido? Animaos y hacédmelo saber en un review ^.^
Besos y Feliz Año Nuevo
Syl
Agradecimientos:
Gracias a FeerRileyStreet (¿Enamorado, dices? ¿De dónde has sacado eso? Jejejeje ¿Necesitas más acción? Ummm, puede que la acción esté próxima o no. No puedo decirte más xD Ojalá te guste este capi. ¡Besitos!); a Luna (jajaja pero, ¿qué os ha hecho Shane en este fic? Pobre chico xDDD Yo también adoro a Puck, y a Quinn. Quizá se alíen para conseguirlo, o quizás no haga ninguna falta xD
¿Qué dices de Rachel? No sé de lo que me hablas xDDD ¡Gracias por el review, bonita!); a Rosa Elena (¿Se habrá dado cuenta de eso? Ummmm No sé, no sé xD Ojalá te haya gustado el capi. Un abrazo enorme, Rosa Elena!); a TaniaMalfoyFelton (jeje me da que este capítulo no va a contestar ninguna de tus preguntas y todavía creará más, pero a su tiempo serán respondidas, lo prometo. ¡Feliz año nuevo! Besitos); a HearthyRoss (Espero que te guste el nuevo capítulo ^.^ Estoy deseando que Glee empiece para saber cómo se dará todo. Quizá tengamos suerte. Crucemos dedos. Muchas gracias por el review ^.^); a Marceline (que me dejó un review en el capi 14 pero no sé si se leyó el 15, así que no sé si sabe lo que pasó con Sammy, pobrecillo. De todas formas, muchas gracias por tu review! *-* Y por las lindas palabras que me dices. Gracias de verdad. ¡Besos y abrazos!).
Gracias también a los que me comentáis en twitter y tumblr.
Un besito
Syl
