Descargo de Responsabilidad: los derechos de los personajes de Saint Seiya le pertenecen a su autor.


—Confío plenamente en mis compañeros de armas, en los once —la diosa Afrodita, elevó una ceja.

—¿Y crees que harían cualquier cosa para ayudarte? —el brillo malicioso en los ojos de Afrodita debió ponerlo en alerta, pero aun así exclamó con firmeza:

—Sí —y la diosa lanzó su desafío confiada en su victoria.

Afrodita se llevó las manos al rostro en señal de culpa, cuando terminó de relatar a sus compañeros lo sucedido, sabía que estaban en problemas, todos lo sabían. El silencio se hizo general cuando terminó de explicar la situación.

—No entiendo cuál es el problema —dijo Seiya rascándose la cabeza—, o sea, tienen una cara como sí se nos avecinara una guerra —Saori, sonrió con paciencia mientras tomaba el brazo del Divino Pegaso.

—Seiya, se nos viene una guerra.

—Pero, Saori, ¿no se supone que la diosa esa no tiene ejército?

Kanon, reprimió la risa, mientras que Saga se llevaba la mano a la cara, no podía creer que el mayor héroe del Santuario fuera tan torpe. Afrodita, rodó los ojos; el Papa y Atenea imitaron la expresión de Saga.

—Cipris —comenzó Atenea—, no es una mujer belicosa en el término estricto de la palabra, sino que ella prefiere... otros métodos —confesó la diosa con un ligero sonrojo.

—¿Qué clase de métodos? —cuestionó Shun.

Todos los ojos se enfocaron en Saga, esperando que él comenzara con las explicaciones. Era el mayor de todos y le correspondía, pues Shion, como Gran Papa, no podía tener ciertas charlas con sus subordinados —o eso se dijo para no sentirse culpable por delegar la responsabilidad a Géminis—. Dohko, se divertía con la situación.

—Citerea —comenzó Saga sin tener idea de cómo comenzar realmente—, Urania...

—Decídanse —se quejó el Pegaso, interrumpiendo —es Afrodita, Urania, Citerea o Cipris.

—Es todas —intervino Kanon —Urania, Citerea, Cipris, son epítetos para referirse a la hija de Urano, Afrodita. Claro que con todo esto, me temo que hablamos de Pandemos, ¿no? —Atenea negó —¿entonces sí son la misma? —se sorprendió y Atenea asintió—. Estamos en uno grande —continuó el General Marino—. Eso sí, al menos lo vamos a gozar, ¿digo algo de s...

—Kanon, Sí no quieres que te devuelva al Santuario Marino de una patada, te vas a callar —amenazó Saga, interrumpiéndolo.

—Lo siento —dijo con fingida inocencia—, pero bueno, ¿cómo se enfrenta a la diosa de la pasión y el desenfreno? —preguntó curioso.

—¿Cuántos epítetos tiene esa diosa? —preguntó Hyoga horrorizado por las palabras de Kanon.

—Muchos, Hyoga —habló Camus—, estaba en el libro de mitología clásica que te di a leer cuando cumpliste once y que, obviamente, no leíste.

Hyoga se sonrojó por el regaño de Camus y se intentó ocultar tras Shun, quien trataba de ayudar a su amigo sin mucho éxito de evitar la mirada acusadora de su maestro.

—Vaya —se volvió a oír la voz de Seiya —sigo sin entender nada, pero todo se oye muy grave.

—Lo es —intervino Shion—, pero nos desviamos del tema y la pregunta de Kanon es la correcta —el mencionado sonrió triunfal—. ¿Cómo se enfrenta a Citerea?

Afrodita, suspiró cansado y dio un paso al frente con resignación, los vio a todos con una mirada de disculpa y se acercó hasta dónde estaban Shion y Atenea arridillandose ante ellos, tomó aire antes de hablar.

—Lo siento mucha alteza, no era mi intención meterlos en este lío, creo que todos... bueno, su escolta y amigos no —Saori no pudo evitar sonreír—, pero los demás sí sabemos lo que se avecina, por eso, dimito de mis labores dentro del Santuario.

Todos abrieron los ojos con sorpresa, pues sabían lo que aquello significaba: la deserción se castigaba con la muerte y con la muerte del Santo de Piscis, el problema se acabaría, pues el trato era con Afrodita exclusivamente. Todos pasaron su vista de Afrodita a su diosa, que también lucía sorprendida.

—No creo que sea necesario tal sacrificio, Afrodita —comenzó la diosa luego de recuperarse del estupor inicial y le sonrió con ternura.

—Entonces... —Afrodita la miró a los ojos —permita que me vaya con ella yo de verdad no...

—Le haremos frente, tú depositaste tu confianza en mí y tus compañeros, ¿no es así?

—Sí, pero...

—No se diga más —intervino Saga y Saori le sonrío con agradecimiento—, le haremos frente a Afrodita Urania, no te soltaremos sin pelear.

—Así es —esta vez fue Shion el que habló—, Pandemos, tiene recursos, lo sabemos y, aunque no es una guerra normal, sabremos manejarla.

—Así será —aseguró Saori-Atenea—. Por el momento vuelvan a sus actividades. No podemos dejar que la situación nos sobrepase y, nos guste o no, tenemos responsabilidades que atender.

—Recuerden, Milo, Aioros, Deathmask —llamó Shion—, en la semana les informaré qué día parten a Asgard.

Dijo Shion antes de que terminaran de salir, los mencionados hicieron una pequeña señal de asentimiento y salieron tras sus compañeros que ya los esperaban en las escalinatas. Algo bastante raro, porque de una fecha hacia acá, solían dispersarse en grupos como colegiales después de terminar una clase. Al llegar a las escaleras Afrodita los detuvo.

—Chicos, quiero disculparme por...

—¿Bromeas? —interrumpió Milo—. Cualquiera en tu lugar hubiera hecho lo mismo.

—Milo, tiene razón —intervino Aioros—, los últimos cuatro meses parecías zombi, es increíble que hayas soportado tanto.

—Ese Hypnos no andaba nada perdido —comentó Kanon —Sí Afrodita está cómo cuentan los rumores, entiendo por qué estaba dispuesto a enfrentar la ira de Hades o provocar una nueva Guerra Santa.

Shion, les había contado que una de las formas en que Afrodita Urania había estado acosando a Afrodita, había sido a través de Hypnos y a espaldas de Hades, cosa que sí hubiera durado un poco más, las cosas no hubiesen terminado nada bien entre el Santuario y el Inframundo, pues a pesar de ser severo en algunas cosas, Hades, no iría en contra de uno de sus más leales servidores, eso lo sabían todos, incluso Afrodita —diosa.

—Es mucho más bella de lo que nadie puede imaginar —afirmó Afrodita.

—Oh, vaya —suspiró Saga—, ahora, tenemos que preocuparnos por la manera en qué manejaremos la situación.

—Pero ¿cómo? —preguntó Seiya—. No me mal entiendan, pero hasta donde entendí —«que no fue mucho», se oyó a alguien decir disimuladamente. Seiya, frunció el sueño con molestia—, no hay forma de enfrentar a esa diosa que ya ni sé ni quién es.

—Ustedes no tienen nada que entender, este problema es nuestro —Afrodita habló resignado.

—Pero somos compañeros, Afrodita —comentó Shiryu conciliador—, y sí podemos, vamos ayudar.

—Sí, solo necesitamos entender bien la situación, ¿a qué se refieren con el Eros Primordial? ¿Creí que la diosa Afrodita era la diosa de la belleza y el amor? —preguntó Hyoga.

Los ojos de todos se dirigieron a Saga. Que suspiró resignado, maldiciendo su suerte por ser el mayor. Aioros le palmeó la espalda, que más que un gesto de consuelo, parecía de burla. Mientras Dohko, disfrutaba de su sufrimiento.

—Afrodita —comenzó Saga, rascándose el mentón—, nace de Urano cuando este fue castrado por Crono, de ahí que sea Urania. Se le considera la diosa del amor y la belleza, pero no del tipo de amor que ustedes se imaginan, sí no de uno más carnal y pasional, no hay mucho romanticismo, es algo más... idílico.

—Pero ¿no es lo que hace Eros? —cuestionó Hyoga. Saga negó.

—Eros, tiene otras virtudes, como ya pudieron comprobar. Afrodita es... más peligrosa en ese sentido, ya que ella, no es exactamente diosa del amor, no el idealizado, por lo menos.

—¿Esa no sería Pandemos? —preguntó Shun—. Según había entendido, son dos: Urania, que es hija de Urano, cuya definición es el amor celestial, la comunión entre alma y cuerpo y Pandemos, hija de Zeus y Dione, que es la que describes.

—Veo, que has investigado, Shun —sonrió Saga—, esos son conceptos humanos, interpretaciones que se han hecho de la mitología. Realmente, Afrodita, solo es una. La definición que haces de Urania es, en la mitología, justamente, el de Eros Primordial.

—¿Cuántas clases de amor hay? —preguntó Seiya llevándose las manos a la cabeza en una exagerada muestra de confusión.

—A ver —se oyó una voz a sus espaldas—, el correspondido, el no correspondido, el pasional, el sentimental, romántico, lúdico, filial, incondicional...

—¿¡Eros?! —gritaron los santos al mismo tiempo

—Buenas tardes, caballeros —saludó el dios, recién llegado—. No, no soy Eros, qué molestia que me sigan confundiendo con él, soy Anteros.

—¿Anteros? —cuestionó Seiya confundido— ¿y tú...? —no alcanzó a completar su pregunta, ya que Saga le tapó la boca y sonrió al recién llegado.

—Sea bienvenido —replicó Saga solemne—, ¿a qué debemos el honor de la presencia del dios del Amor Correspondido? —el dios sonrió complacido.

—Veo que me conocen, o bueno, al menos saben quién soy, me alegra, vengo de parte de Eros, según tengo entendido, tienen problemas con nuestra hermosa madre —el tono sarcástico no pasó desapercibido—, pero como el bobo aquel todavía le teme a Afrodita, me pidió que viniera a ayudarlos y es lo único que vamos a poder hacer por ustedes, ténganlo claro.

—¿Ayudarnos? —preguntó Saga— ¿Cómo?

—Eso es algo que solo discutiré con su diosa, si me lo permiten.

—En seguida anuncio su llegada —comentó Kanon— lamentamos no haber estado para recibirlo —se disculpó.

—Llegué sin avisar, era lógico, lo bueno es que los soldados de allá abajo me confundieron con mi hermano y no me molestaron en mi ascenso —restó importancia—. Te sigo.

—No puede ser —se lamentó Saga.

—Genial, lo que nos faltaba —secundó Milo.

—No entiendo, ¿qué hay de malo con él? es el Amor Correspondido, eso no es malo, ¿o sí?

—Sooon taaan jóóóvenes —dijo Aioria en tono teatral—, no hay nada de malo, sí correspondes al amor, pero sí has despreciado el amor de alguien, ay de ti...

—Anteros —explicó Afrodita—, es un vengador del amor no correspondido —hizo comillas con los dedos—, básicamente, el némesis de Eros.

—En la mitología —esta vez fue Camus el que habló—, un ateniense llamado Meles, despreció el amor que le ofrecía un tal Timágoras, pidiéndole que subiese al punto más alto de una roca y se arrojase al vacío, como prueba de su amor. Timágoras, que estaba dispuesto a complacer a su amado en todo lo que pidiese, así lo hizo. Cuando Meles, vio que Timágoras había muerto, sufrió tal remordimiento que se arrojó desde la misma roca y murió. ¿Adivinen de quién fue obra ese remordimiento?

—Qué tragedia —dijo Seiya horrorizado.

—El amor es una tragedia —dijo Saga palmeándole el hombro.

—Esperen —gritó Hyoga de pronto —sí desprecia el amor no correspondido... ¿No deberíamos preocuparnos por Saori? Ya que ella, bueno...

—Julian Solo —cerró los ojos Mu.

—No se preocupen —dijo Kanon llegando hasta ellos—, prometió que no le haría nada, que solo venía a charlar y ayudar. Creo que su madre no le agrada mucho —se burló.

—Pues mientras no lleguen también Himero, Hedílogos, Peito, Himeneo o Pothos creo que vamos a estar bien —enumeró Aioros pensativo.

—¡Ni los invoques! —gritó Milo horrorizado.

—Espera ¿otras formas de amor? —preguntó Seiya.

—Digamos, qué son... pasiones de —comentó Saga —a todos juntos se les llama Erotes, por Eros. Anteros, como ya saben, es el Amor Correspondido; Himero, es el dios del deseo incontrolable y yo creo que es la combinación perfecta de sus padres —hizo un gesto de desprecio—; Pothos, es el dios de la añoranza; Hedíligos, de la adulación; Peito, persuasión e Himeneo, matrimonio. Solo los tres primeros son hijos de Ares. Los demás de Afrodita con algún otro dios, básicamente sí los juntas a todos en uno, tienes a su madre.

—Ahora sí entiendo que la cosa es seria —acotó Shiryu.

—Pero —dijo Shun levantando su dedo índice—, hay algo que todavía no entiendo, ¿cuál es el tipo de amor qué deben encontrar?

—Eros Primordial, el amor que da vida, un amor no idealizado, sino real y que no cae en ninguna de nuestras flechas —explicó Anteros, saliendo junto a Saori-Atenea y Shion —digamos que... Ágape, en un sentido menos divino y más humano. Storgé y Eros en perfecta comunión. Tienen mi palabra que en este asunto no intervendré a menos que sea necesario —señaló sus flechas—. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de mis hermanos.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Seiya mirándolo fijamente.

—Afrodita, va a usar a mis hermanos contra ustedes —informó.

—Estamos en problemas —Afrodita se dejó caer sobre los escalones con la culpa reflejada en su rostro.


Amor fraternal, amistoso y comprometido. Es un amor que crece a lo largo del tiempo y se identifica con las relaciones familiares y de amistad, por ello se caracteriza por ser un amor leal e, incluso, protector.