El sol ya comenzaba a descender en el horizonte y las lámparas de la plaza comenzaban a encenderse, dando así luz a quiénes disfrutaban de los paseos nocturnos. Una brisa fresca que anunciaba que el fin del verano se encontraba cerca, soplaba a esas horas de la tarde en la apacible Ciudadela que se encontraba en las inmediaciones del Santuario.
Dohko, caminaba en silencio, seguido por Shaina, quién tampoco hacía gran esfuerzo por entablar conversación. Habían dado una pequeña y breve vuelta por el pueblo, enterándose que una feria se encontraba instalada a las afueras de la Ciudadela. Dohko, para sorpresa de Shaina, decretó que sería buena idea regresar por Marin y Aioria e invitarlos.
Regresaron a la plaza y vieron a la pareja sentados en una banca conversando. Ellos, hicieron lo mismo y se quedaron observando a una distancia prudente la escena que presentaban sus compañeros; ninguno de los dos tenía intenciones de interrumpir o al menos eso pensaba Shaina, quien movía su pierna nerviosa, intentando no mirar hacia donde la pareja se encontraba. Aunque, aparentemente, su incomodidad no era compartida por Dohko, que, a diferencia de ella, no apartaba su vista de Marín y Aioria y no dejaba de sonreír. De pronto se sintió molesta.
—¿No es de mala educación espiar? —preguntó sin poder creer que Marin se estuviera retirando la máscara.
Dohko, por su parte, alzó una ceja, contemplando la escena con un interés aún mayor y sin apartar su vista de sus compañeros replicó:
—No estamos espiando, querida niña, estamos enterándonos de primera mano lo que pasa entre esos dos —sonrió—. ¡Oh! —exclamó cuando los vio besarse —Es el momento para invitarlos a la feria —anunció jubiloso.
—Pero...
No le dio oportunidad de decir nada y se encaminó hasta donde estaban los otros. Shaina, no daba crédito a la imprudencia de Dohko, ¿no se suponía qué era quien daba ejemplo? Se quedó donde estaba sin perder detalle de lo que pasaba frente a ella, tampoco es que podía hacer el desaire de irse, así como así. Sí bien, el carácter del Viejo Maestro la enfadaba, no podía dejar de lado la simpatía y respeto que le inspiraba. Vio a Aioria y al viejo maestro intercambiar unas breves palabras y luego mirar en su dirección.
Sintiéndose aún más nerviosa, no quería pasar el resto de la noche con ellos, no porque no le agradarán, era solo porque era obvio que el sueño de su mejor amiga se había hecho realidad y no quería estropear el momento con su presencia. Miró hacia el reloj del pueblo comprobando la hora. Las diecinueve y cuarto, creyó que sería prudente volver al Santuario los permisos terminaban a las veinte horas.
—¿No deberíamos pensar en regresar al Santuario? —preguntó Shaina cuando los tuvo en frente—. El Gran Papa se puede molestar.
—No, no —respondió Dohko dando énfasis con sus manos —es la primera cita de estos dos —señaló —por Shion no se preocupen, que, de él, me encargo yo —guiñó un ojo.
Shaina, hizo un gesto de desaprobación, que obviamente nadie notó por su máscara, solo esperaba que en Aioria hubiera más prudencia y rechazara la oferta, pero sus plegarias no tuvieron respuesta favorable cuando lo oyó exclamar:
—Siendo así, entonces vamos —respondió Aioria con una gran sonrisa.
Recorrieron el lugar en busca de atracciones que llamaran su atención. Encontrando un puesto de tiro al blanco, en el que, Aioria, había fallado estrepitosamente y, para sorpresa de todos, Dohko, había conseguido un par de pequeños peluches para ambas damas —y sólo porque las dos se habían negado a cargar uno más grande—; lo cual tenía a Aioria entre molesto e impresionado.
Continuaron su recorrido en amena charla, en la que Shaina casi no participaba pese a los esfuerzos que hacían los otros tres por incluirla. Se sentía incómoda, creyendo que ella y el viejo maestro, sobraban ahí, no entendía cómo era que Dohko, podía ir tan tranquilo conversando con la pareja; el mismo lo había dicho: era su primera cita. ¿No deberían dejarlos solos un momento?
Marin y Aioria anunciaron su deseo de subir a la montaña rusa, cosa que Shaina rechazó y, Dohko, como el caballero que se supone era, se ofreció a hacerle compañía mientras ellos subían a la atracción mecánica, anunciando que los esperarían en alguna banca en las inmediaciones, dándose vuelta para ir a buscar donde sentarse y permitiendo que la pareja tuviera algo de privacidad.
Encontraron un lugar no muy alejado del juego y se sentaron en silencio. Claro, que Dohko no era de los que podía estar mucho tiempo en silencio por lo que, en su mente, trataba de cavilar un tema de conversación, sin embargo, no encontraba nada interesante que comentar y no poder ver la expresión en el rostro de su acompañante no ayudaba. Tuvo su respuesta.
—¿No te es incómodo ir todo el tiempo con la máscara? —preguntó logrando obtener la atención de Shaina que giró la cabeza.
—No, estoy perfectamente bien con ella —respondió.
—Ya, pero sería más cómodo sí no la llevaras, ¿no?
—Es posible —se encogió de hombros—, pero no puedo asegurar nada, desde que me convertí en santo no he estado sin ella —explicó.
—jum, ¿y sí te la quitas mientras estamos aquí? —sugirió.
—No puedo hacer eso, conoce las reglas.
Dohko hizo un gesto de desaprobación, pensando en que Shion debería haber abolido semejante tontería. Ahora que lo pensaba, tal vez se lo sugiriera, pero con lo amargado que era, dudaba tener éxito, estaba chapado a la antigua, muy a la antigua reconoció con diversión. De todos modos, lo intentaría, se animó.
Luego vio a la santo que tenía a su lado, ¿cómo se suponía que vivían con eso? No se imaginaba cómo era no poder expresar emociones sin mostrar gestos o simplemente salir con los compañeros y no poder disfrutar de una buena comida por temor a que alguno viera su rostro. Frunció el ceño y ahora que lo pensaba, él tenía hambre, pero supuso que sería una grosería irse y dejarla y dudaba que ella le aceptara nada. Volvió hacer un gesto de desaprobación.
Luego sonrió con la travesura impresa en su semblante, ella no iba aceptar, estaba seguro, pero bien podía darle un empujoncito, ¿corría el riesgo de que se enfadara? Sí, por su puesto, pero valía la pena intentarlo y, bueno, básicamente ella no lo iba a matar, no tenía nada que perder. Se encogió de hombros.
—Nadie tiene que saber que te la quitaste, digo, ¿quién te va obligar a cumplir? Ciertamente, yo no, así que...
Shaina fue testigo de la velocidad a la que se podía mover un santo de oro, pues, para cuando reaccionó, Dohko, ya tenía su máscara en la mano. Parpadeó incrédula y su siguiente reacción fue ocultar su rostro con las manos, quiso correr, pero fue detenida por un brazo.
—Oye, no tienes que ocultarte y discúlpame sí te ofendí, suelo ser un poco impulsivo —se rascó una mejilla y sonrió —qué dices sí te invito a comer algo, muero de hambre y vi un puesto de comida china, nada me garantiza que sea china, pero algo será mejor que nada, hace meses que no voy para allá y como están las cosas, dudo ir por un buen tiempo, ¿qué dices? —propuso con tranquilidad, olvidando la travesura que acababa de hacer.
Shaina lo miró incrédula, ¿la estaba invitando a comer después de haberle quitado la máscara? Debería sentirse molesta u ofendida. Sin embargo, había algo en la expresión del viejo maestro que no le permitía enfadarse con él. Tal vez su semblante sereno; la sonrisa que le regalaba; el hecho de que no hubiera doble intención en retirarle su máscara... no lo sabía, solo que cuando se dio cuenta, le estaba sonriendo de vuelta, pensando que la actitud relajada del viejo maestro tenía un efecto tranquilizador. Aceptó.
Dohko sonrió cuando la vio asentir y le ofreció su mano para ayudarla a levantarse de dónde estaba sentada, para su sorpresa, está la aceptó y comenzaron a caminar por la concurrida feria sin soltarse, para no perderse mientras llegaban a un sitio menos transitado se justificó en su mente.
Observó el bonito perfil de la santo y no percibió rastro de enfado o incomodidad en ella, como sí el hecho de mostrar su rostro fuera cosa de todos los días o tal vez, era porque estaba con él, pensó de pronto, suponiendo que causaba la misma sensación de respeto que le tenían sus compañeros a causa de su edad. ¡Qué bueno era ser un anciano y no parecerlo!
Llegaron al puesto de comida indicado por Dohko y Shaina realmente no supo que pedir, pues para sorpresa de ambos, la comida era lo que decía ser, para la felicidad de Dohko. Así que fue él quien ordenó por ambos, pudiendo unos dumplings para ella y un chow mein para él. Estaba feliz de haber salido del Santuario aquel día y la compañía no podía ser mejor; Shaina, podía ser demasiado seria para su gusto, pero era bonita y agradable.
—¿Marin y Aioria no nos estarán buscando? —dijo de pronto recordando a su amiga mientras esperaban su comida y sacándolo de sus cavilaciones.
—Prometí que nadie sabría que vi tu rostro así que... —se encogió de hombros —además, ellos necesitan su espacio, ¿no crees?
—Sí, pero ¿y sí nos buscan?
—Le mandé un mensaje a Aioria diciéndole que nos veíamos en la entrada al Santuario —señaló su teléfono móvil.
—No sabía que tenían celulares —comentó Shaina realmente sorprendida.
—Oh, sí, sí. Shiryu nos los sugirió a mí y a los otros y son muy útiles para comunicarnos, a veces el 01-800-cosmo sufre interferencias y terminas contándole al santo equivocado tus problemas. Aunque Shion se niega a modernizarse, nosotros no.
Shaina soltó una sonora carcajada ante aquella declaración, impresionada por lo fresco que resultaba ser un hombre que, en teoría, tenía más de doscientos años. Dohko se encogió de hombros sin darle más importancia al asunto y tal y como había anunciado, el mensaje que envió no tardó en ser respondido.
—¿Ves? —señaló Dohko guiñando un ojo—, mucho más útil que una línea directa al cosmos.
—Veo que no le ha costado adaptarse a la vida moderna.
—No es tan difícil cuando tienes un adolescente dispuesto a enseñarte —respondió sencillamente.
Luego de su cena, continuaron vagando por la feria un par de horas más, probando habilidades en diversos juegos de apuesta y divirtiéndose en los mecánicos, hasta que Aioria escribió un mensaje avisando que ya iban de camino al Santuario. Dohko le devolvió su máscara a Shaina y emprendieron el camino de vuelta.
Se encontraron en la entrada del Santuario, tal como habían acordado y sin mayores contratiempos se encaminaron hacia la zona donde residían las santos, pues, aunque no existía peligro alguno para ellas, era de cortesía acompañarlas. Se despidieron de las chicas y ellos se encaminaron hacia los doce templos.
—Se le ve contento —comentó Aioria cuando comenzaron a subir por Aries.
—No más que tú, estoy seguro —respondió Dohko con una sonrisa pícara. Aioria no pudo evitar sonreír.
—Sí, me fue bien, no lo voy a negar.
—¿Bien? —Dohko lo vio incrédulo —acabas de conseguir novia y lo mejor que se te ocurre decir es eso. La juventud de hoy en día... —se quejó.
—¿Usted qué hubiera dicho?
—Lo mismo —se encogió de hombros—, pero —se apresuró agregar antes de que Aioria replicara —también me pondría hablar de lo maravillosa que es.
—Bueno, pero a usted, ¿qué tal le fue?
—No me quejo —sonrió —vi cosas de bonitas a maravillosas.
Aioria alzó una ceja, ya que eso no le decía mucho, finalmente no le dio importancia y siguieron hasta leo en silencio donde se despidieron y Dohko siguió hasta Libra y en cuanto se instaló en su casa contactó con Shion vía cosmos para informar el porqué de su retraso antes de que reprendiera a Aioria y de paso, sermonearlo por no modernizarse y conseguir un teléfono.
Sabía que Shion le iba a dar un discurso de disciplina, respeto y buen ejemplo, pero le daba igual. Siempre era divertido molestar al anciano que tenía como amigo y luego, tendría toda la noche para pensar en la bonita santo que había conocido ese día. Tendría que pensar la forma de seguir en contacto con ella.
