Las visitas entre Santuario e Inframundo eran una vez por semana, alternando entre un lugar y otro en cada ocasión, motivando de esa forma el acercamiento entre santos y espectros o al menos esa era la intención, aunque aún había no terminaban de verlos con recelo tal como el caso de Radamanthys, pero siempre eran bien recibidos.
La tarde estaba nublada y el calor del verano comenzaba a mitigar con el acercamiento del otoño, por lo que en el Castillo Heinstein, recibieron la visita de Atenea en la comodidad de una sala y no en el jardín como era costumbre cuando el clima era favorable.
Perséfone, Pandora y Atenea, se reunieron en el pequeño salón dispuesto para ellas, dejando a los santos que acompañaban a la diosa a cargo de los espectros. Mu, que era vigilado de cerca por Radamanthys, se las ingenió para despistar al juez y lograr escabullirse hasta la sala en la que tomaban el té las damas.
Entre los caballeros que siempre acompañaban de manera frecuente a la diosa Atenea, estaba Mu, quien, como ya todos sabían aparte de hacer de escolta, aprovechaba esas visitas para tener unos momentos para conversar con la dama Pandora, quien intentaba ser discreta en su relación, pero sabía qué, aunque nadie decía nada todos sabían que sus pequeñas escapadas durante el té era pan para verse con el santo de Aries.
Tal como sucedía en ese momento, en el que sus ojos se iluminaron cuando vio a Mu asomarse discretamente por la puerta y hacerle una seña para que lo siguiera. Con una ligera sonrisa, la dama se disculpó con sus acompañantes para de inmediato salir en pos del caballero de oro. Siempre pendiente de que no estuviera cerca el de Wyvern. La dama se encaminó hacia el lugar en el que sabía encontraría al santo.
Mu, la esperaba en la sala en la que Pandora siempre lo recibía cuando se veían de manera furtiva. Libre de miradas curiosas y libre de los vigilantes ojos de Radamanthys. Un pequeño estudio, que, según la propia Pandora, era de ella y se encontraba contiguo a su habitación.
Una resplandeciente sonrisa se instaló en sus labios en cuanto Pandora cruzó la puerta para reunirse con él.
Besó la mano de la dama en cuanto esta estuvo a su alcance, recibiendo una sonrisa como respuesta.
—Disculpe que haya interrumpido su reunión, bella dama —saludó el santo.
—Nada que disculpar, caballero, ¿en qué puedo ayudarlo?
Siguió con el juego mientras lo guiaba a un sofá y lo invitaba a sentarse. Sabían que no tenían mucho tiempo y Mu tenía que darse prisa sí no quería ser interrumpido por Radamanthys. Solo esperaba que después de ese día el juez fuera menos pesado.
—Verá —comenzó sin perder el cosmos del de Wyvern—, hay una hermosa mujer que me ha conquistado y quisiera pedirle a su tutor y señor, permiso de cortejarla, pero no sé qué opine ella o sí estará de acuerdo, ¿usted qué cree?
Mu, le entregó el hermoso ramo de gerberas y tulipanes púrpuras que Afrodita había preparado para ella y la observó oler la delicada fragancia de las flores. Apretó su mano cariñosamente mientras esperaba una respuesta de su parte.
La sonrisa de Pandora a ese momento era amplia y radiante. Sabía que Mu era un caballero en el amplio y estricto sentido de la palabra, pese a sus encuentros clandestinos, su contacto no pasaba de besos en su mano o su mejilla.
Ella misma había pensado en hablar con Hades sobre el santo, pero no sabía sí él estaría de acuerdo, así que, el que lo propusiera la llenaba de dicha, ya que en más de una ocasión había temido que Mu no la correspondiera de una manera más allá de la simple amistad.
—Creo que es una excelente idea, caballero —finalmente respondió, devolviendo el apretón en su mano —seguro que ella estará feliz con esa noticia —Mu, tampoco pudo ocultar su sonrisa.
—¿Crees que sea posible esta misma tarde? Saori-Atenea se ha ofrecido a ser quien hable con Hades —comentó entre nervioso y emocionado. La sonrisa de Pandora se amplió.
—Me parece muy bien.
—Perfecto —sonrió el santo— ¿le puedes avisar? Es muy difícil burlar a Radamanthys, que... ¡Oh!
Pandora lo vio desvanecerse al tiempo que la puerta se abría. Se giró para observar la imponente figura de Radamanthys parado en ella. De inmediato entendió la precipitada salida de Mu, no se molestó con el santo, pues sabía que sí se había ido así, era porque no quería causarle problemas y el juez últimamente no le quitaba el ojo por mucho tiempo.
—Radamanthys —saludó.
—Señora —los vigilantes ojos del Juez se pasearon por toda la habitación—, ¿qué hace aquí?
—Estaba arreglando un desperfecto en mi vestido —mintió descaradamente apretando el ramo que llevaba en las manos—, pero ya regresaba.
Radamanthys, la miró con gesto de no creerle, sin embargo, simplemente asintió y se hizo a un lado para permitirle el paso, siguiéndola de cerca. Al pasar por donde estaban los santos observó a Mu, quien le sostuvo la mirada con gesto tranquilo. Pandora, continuó hasta entrar en la habitación donde estaban las diosas.
Saori, sonrió ampliamente al verla aparecer con el ramo de flores que le había visto a Mu sostener con tanto cariño y con la emoción pintada en su rostro, se levantó para interceptarla con una radiante sonrisa. Perséfone también se levantó, pero fue más discreta.
—Entonces, ¿aceptaste? —preguntó tomándola de las manos, logrando que se sonrojara. Asintió levemente.
—Excelente —exclamó la reina consorte del Inframundo —le diré a Radamanthys que busque a mi esposo —informó saliendo al pasillo para buscar al juez.
Mu, trataba de mantenerse sereno mientras Saori-Atenea, hablaba con el dios del Inframundo, ignorando deliberadamente la mirada que le ofrecían los tres magnates y el propio Hades, convenciéndose así mismo que no estaba intimidado.
No había razón para ello, después de todo, no era como si tuviera a la élite del Masei mirándolo y lo tranquilizaba el hecho de tener el apoyo de Perséfone. Sabía bien que, Hades, raramente le negaba algo a su esposa, así que no había de que preocuparse. Además, Pandora no iba a rechazarlo. Sin darse cuenta, Mu, contuvo la respiración por un momento cuando se giró hacia su comandante para cuestionarla.
—¿Estás de acuerdo, Pandora? —preguntó el Señor del Inframundo sin apartar su vista de ella.
—Sí, mi señor —la tranquilidad y seguridad con la que Pandora pronunció esas palabras le hicieron respirar nuevamente y sus ojos buscaron los de ella instintivamente.
La pequeña sala quedó en expectativa, mientras esperaban la decisión de Hades. La mano de Mu, se unió a la de Pandora en una forma de apoyo mutuo y el santo lo decidió, fuese cual fuese la respuesta del dios, no se alejaría de ella, eso era seguro.
—Está bien —aceptó el dios después de una larga meditación —tienes mi permiso para cortejarla, ay de ti, sí la lastimas —amenazó.
—Le prometo que la cuidaré siempre —respondió convencido de sus palabras besando las manos de su dama.
—Muy... —unos golpes en la puerta lo interrumpieron—. Adelante —concedió.
—Mi señor —Valentine se postró delante de él—, afuera está el señor Poseidón y ha pedido hablar con usted y la señora Atenea —informó.
Ambos dioses se voltearon a ver y hubo un ligero asentimiento por parte de la diosa. Hades, volvió su vista a su subordinado.
—Está bien, hazlo pasar, los demás, retírense —ordenó.
Todos abandonaron la sala en seguida. Mu, tomó la mano de Pandora una vez que se encontraron fuera de la sala y ésta lo guio hacia un pequeño invernadero que se mantenía lleno de vida pese a la época del año que corría gracias al cosmos de la Señora del Inframundo. Radamanthys, los seguía de cerca.
—No puedo creer que ni teniendo el permiso de Hades nos deje en paz —se quejó Mu.
—Su deber es cuidarme —comentó Pandora—, aunque reconozco que sí es molesto.
—Mucho. Llevo meses queriendo besarte —reconoció Mu —pero con el Wyvern vigilando... —suspiró.
Pandora no supo qué decir, sonrojándose violentamente y bajó su vista avergonzada. Aceptaba que ella también había querido ser besada por el santo. Su primer beso. Sin embargo, no se atrevía a ser ella la que diera ese paso.
Sintió las manos de Mu sujetar las suyas y levantó la mirada para encontrarse con una ligera sonrisa de su parte, haciendo que ella, a su vez le sonriera.
—¿Te molesta lo que dije? —preguntó besando sus manos.
—No, es solo que nunca me lo habías dicho.
—No quería que tomaras a mal mis palabras o mis actos, no era correcto.
—Te tomas en serio tu papel de caballero, ¿no? —preguntó en broma.
—Bueno, después de todo, estoy ante una dama, ¿no? —respondió guiñando un ojo.
—Touché —aceptó Pandora riendo.
Siguieron platicando de cosas triviales y Mu le contó lo que sucedía en el Santuario y la situación en la que se encontraban algunos de sus compañeros. También, le confesó que sí había decido a formalizar el cortejo, temiendo que Hades tomara a mal su acercamiento, no fue solo por la intromisión de la diosa Afrodita, sino que, su amigo Aldebarán lo había instado diciéndole que ya se estaba tardando. Se disculpó por la demora.
—¿Crees que venga a pedirte que entres? —preguntó Mu viendo a Radamanthys acercarse.
Para su tranquilidad y la de Pandora, Violate, lo interceptó y señaló hacia donde se encontraba Perséfone, obligando al juez a dirigirse hacia su señora. La espectro les dedicó una sonrisa tenue y se dirigió hacia otro punto del jardín, mientras el Juez y Perséfone abandonaban el sitio. Mu se giró hacia Pandora.
—¿Puedo aprovechar que las damas del Inframundo están de mi lado y pedirle algo, bella dama?
—Hable, caballero y sí está en mi mano, se le concederá —le siguió a sabiendas de lo que Mu le pediría.
—Un beso —solicitó seguro.
Pandora se sonrojó ligeramente y asintió sin apartar sus ojos de los del santo. Sintió las manos ligeramente ásperas de Mu en sus mejillas y le sonrió ligeramente antes de sentir el contacto de sus labios con los suyos.
Fue un contacto suave, apenas de reconocimiento, pausado, sin profundizar, una caricia que duró poco más de un momento. Mu se separó y besó delicadamente su mejilla aprovechando para susurrar a su oído:
—Te besaría más, pero ya me tengo que ir.
Pandora, se alejó de él un poco para mirar hacia un lado; pudo observar al santo de Libra parado en medio del jardín con una sonrisa pícara en su rostro. Retiró su vista de inmediato, sintiendo el calor invadir sus mejillas. Mu dejó escapar una ligera risa y volvió a besar sus manos.
—Vendré a buscarte en la semana, sí te parece bien —Pandora asintió sonriéndole de vuelta—. Enviaré una nota al señor Hades para solicitar permiso, entonces. Nos vemos.
—Cuídate.
Despidió Pandora dándole un ligero beso en los labios antes de que se retirara. Mu, respondió con un golpecito en su nariz con el dedo índice y se levantó para caminar al lado del viejo maestro, que, para su sorpresa, se abstuvo de cualquier comentario.
