El Santuario Marino estaba lleno de actividad, generales y soldados se veían ir y venir de un lado otro, ocupados en diversas actividades de planeación y organización. Ese día, recibirían en sus dominios a la élite Ateniense y del Masei, como muestra de su buena fe en aquel primer encuentro en pos de sus deseos de culminar con sus sucesivos conflictos y encaminarse hacia la paz entre ellos. Sobre todo, con el Santuario ateniense.

Es por ello que, Poseidón, había sugerido como punto de reunión sus dominios y no una zona neutra o los dominios de Hades, pues quería demostrar que sus intenciones eran honorables, pese al descontento de algunos de sus generales, quienes, a pesar de no estar de acuerdo en aquella alianza, seguían al pie de la letra las indicaciones dadas sin objetar nada.

Sorrento, se ocupaba en dar órdenes y asegurarse que todo estuviera a punto para recibir a sus —no tan deseados —invitados, pero era algo que el Dragón Marino deseaba y su dios también y todos estaban conformes con ello. Al menos, ahora tenían la certeza de que no habría nada que perturbase la paz que ahora gozaban y eso era algo que debían agradecer, lo último que querían era volver a perder compañeros.

Kanon, por su parte, se encontraba reunido con Poseidón repasando los últimos detalles de lo que sería el tratado de paz entre los Santuarios. Tal como Poseidón había pedido, en su reunión en el Inframundo, tres semanas atrás, Hades, fue el encargado de redactar el documento con el que se sellaba el pacto de paz entre el Santuario Ateniense y el Marino. Petición que Atenea, no había tenido problemas en aceptar ya que confiaba plenamente en el criterio juicioso de Hades para tal asunto y no temía ningún tipo de trampa por ninguna de las dos partes, por lo que las negociaciones de paz habían sido relativamente sencillas.

Como mediador, Hades, había enviado sus sugerencias a las partes involucradas y no había cejado en esfuerzos para que ambos quedaran totalmente satisfechos con los acuerdos que iban a firmar, quedando él y su esposa, como testigos del convenio de paz que estaba pronto a realizarse, era algo que, en cierta medida al Inframundo también le convenía, pues acercaba al reino de Hades y Poseidón a negociar una alianza, era una buena oportunidad para todos.

Hacía en punto de las tres de la tarde, el ejército de élite de Atenea hizo acto de presencia en el Santuario Marino; siendo recibidos con solemnidad por Poseidón y su ejército y, aunque la tensión era patente, se mostraron cordiales en los saludos y el trato. Sin embargo, luego de las presentaciones y palabras de bienvenida, fue poca o nula la interacción entre marinas y santos pese a los esfuerzos de Kanon y el disgusto de sus dioses.

—Espero que en el futuro nuestros guerreros se puedan entender —comentó Poseidón, observando como unos y otros se mantenían en extremos opuestos del Soporte Principal.

—Sí, eso sería bueno, aunque para ello, tendrían que convivir más, ¿no te parece?

Ambos dioses, se encontraban charlando un poco apartados de sus guerreros y teniendo como vista el amplio fondo del mar que los rodeaba, para Saori, era liberador poder charlar con Poseidón, sin mayores pretensiones que una conversación amistosa y agradable, agradecida por el gesto que tenía hacia con Kanon y ella, por esa pequeña e inesperada ayuda.

—¿Qué se los impediría? Ciertamente quisiera que tuviéramos tan buena relación como la que ahora llevas con Hades —respondió Poseidón con sinceridad.

—¿De verdad? —preguntó Saori sorprendida.

—Por supuesto, esto es mucho más que una mera formalidad para ayudarte con Afrodita, qué sé no puedo hacer mucho, pero algo ha de servir, espero.

—Confío que será suficiente —cortó Saori con una pequeña sonrisa—. Enviaré a algunos de mis santos a lugares que están dentro de tus dominios y los de Hades; los que queden en el Santuario los protegeré yo.

—Ya tienes un plan —observó —, excelente. ¿Cuáles son los lugares elegidos?

—Asgard, los Cinco Ancianos y Japón.

—¿Asgard? —preguntó alzando una ceja. Saori asintió.

—Hablé con la nueva representante de Odín, se llama Lyfia, mis santos, luego de la guerra contra Hades, parece que fueron revividos por el dios nórdico...

—Lo recuerdo —afirmó Poseidón.

—Así que, por ese favor, pedí que recibieran a tres de mis santos.

—Siendo un lugar resguardado por los dioses nórdicos estarán mejor protegidos —razonó el dios—, claro que sí ya han sido alcanzado por las traviesas flechas de los Erotes que es lo más probable, no serviría de mucho.

—Su efecto disminuirá y sin duda estarán mejor protegidos que contigo, Hades o conmigo.

—Es triste tener que aceptarlo, pero es cierto. Supongo que sí decidiste enviar a alguno allá es porque temes por su vida, ¿me equivoco? —Saori negó.

—Hay uno que me preocupa especialmente y es al que enviaré allá, espero que Asgard sea un lugar en el que encuentre paz —afirmó.

—Supongo, que también esperas encuentren sus almas gemelas allá, digo de nada sirve protegerlos, sí la meta última que es ganarle a Citerea en su juego, no se cumple. Me intriga saber cómo harás con los caballeros que enviaras a Lushan —Saori sonrió.

—Eso es algo de lo que Seiya se está ocupando, creo —Poseidón elevó una ceja, incrédulo.

—Confías bastante en él ¿no? —Saori asintió levemente.

Su conversación quedó interrumpida con el anuncio de la llegada de Hades, acompañado de Perséfone, Pandora y sus tres magnates, quiénes fueron recibidos con la misma solemnidad que Atenea y sus santos. Con la presencia de la élite del Masei, las cosas se pudieron relajar un poco, ya que, por un lado, los caballeros de oro tenían un mejor trato con los jueces y los generales no tenían nada personal en contra de ellos.

Los tres dioses quedaron en el centro de la amplia estancia, sus escoltas se apostaron a los lados y Hermes hizo acto de presencia como testigo y mediador del Olimpo —luego sería quién llevaría el acta para que conste en los archivos —comenzaron con un discurso de bienvenida y los motivos por los que se reunían, en ceremonia solemne.

—No entiendo para qué tanta ceremonia, con Hades no fue tanto drama —se quejó Seiya en voz baja.

—La paz con Hades fue una exigida, esta es por voluntad, tiene que quedar registro sí queremos alguna validez y es un recurso de Poseidón para justificar su intervención en nuestro favor —explicó Saga con paciencia.

—No entiendo...

—No es novedad, afortunadamente no dependemos de tu entendimiento, ahora cállate —Seiya hizo un gesto de desaprobación, pero acató la orden, él podría ser un héroe, pero Saga seguía siendo su superior y a pesar de todo, lo respetaba.

Luego de los protocolos, se leyeron los acuerdos, en presencia de santos, generales y espectros. Ante la conformidad de los dioses, procedieron a colocar su sello en el pergamino redactado expreso para ello y que, una vez firmado, fue entregado a Hermes quién sería el encargado de entregarlo a Zeus para que estuviera en conocimiento de tal pacto.

Una vez concluidas la firma, la retirada de Hermes y que Poseidón volviera a su vasija —la cual sería abierta luego de que él escogiera el modo en el que quería reencarnar, según el pacto recién firmado—, Julian, invitó a todos a su mansión para celebrar el cese de los conflictos entre dioses o al menos entre ellos tres.

Para sorpresa de todos, gente ajena a ellos había sido invitada y Julian explicó que había demasiados guerreros y muy pocas damas en los ejércitos, como para pasar solo ellos en una velada, así que invitó amigos y conocidos tanto de él como de Saori Kido, fingiendo que sus empresas habían comenzado un negocio juntos y tal era el motivo de celebración.

—Muchas gracias por la ayuda, Julian —comentó Saori mientras paseaban por el salón y saludaban a los asistentes.

—No tienes por qué, me alegra ser de ayuda y que, al menos por unos siglos, tus diferencias con Poseidón estén terminadas.

—Sí, esa es una excelente noticia —concordó Saori—, no entiendo como conseguiste convencerlo, yo tengo desde la Era del Mito intentando negociar con él sin éxito, está de más decirlo —ambos rieron.

—Para ser franco, ni yo sé que lo orilló a aceptar, solo que cuando Kanon me contó su problema con Afrodita, le expresé mi deseo de ayudar y él fue el que decidió, finalmente él es el dios yo solo dicto sus órdenes —se encogió de hombros.

—Bueno, supongo sus razones las tendrá y no nos las dirá.

Se detuvieron en uno de los balcones de la estancia lo suficientemente visible como para no levantar ningún tipo de chisme, pero lo suficientemente alejado para conversar sin interrupciones.

—Cierto, pero lo que importa es la ayuda que te brindará —Saori asintió.

—Con su cosmos, el de Hades y el mío creo que será suficiente para mantener protegidos a mis santos de la influencia de Citerea y cualquiera de sus artimañas, incluso si se atreve a usar a sus hijos o algún otro.

—¿Ares? —preguntó con curiosidad, pues dudaba que entre los tres pudieran detenerlo sin un enfrentamiento directo, según le había dicho Poseidón.

—Dioses, espero que no se hayan reconciliado aún y que el orgullo pueda más con Afrodita que su deseo de llevarse a mi santo —suspiró Atenea con cansancio.

—Esperemos así sea, pero olvidemos esos asuntos y disfrutemos de la velada —replicó Julian notando que la preocupación se reflejaba en el rostro de la diosa.

Julian, hizo una reverencia y ofreció su mano. Saori, imitó el gesto en señal de asentimiento y tomó la mano que se le ofrecía para dirigirse al centro del salón y unirse a las parejas que se movían al ritmo de un suave vals que en ese momento tocaba la orquesta. Para sorpresa de Saori y Julian, algunos santos, generales, espectros e incluso Perséfone y Hades, se encontraban bailando y disfrutando de la velada que se les había ofrecido.

Julian, pidió a la orquesta un minué y la mayoría de los presentes abandonaron la pista cuando empezó a sonar la melodía ante el desconocimiento de ese baile, quedando solo unas cuantas parejas, entre ellas, Hades y Perséfone, para sorpresa de todos. Una ligera reverencia, dio inicio a la danza aprendida de memoria, y realizar los movimientos y pasos moderados que aquel baile requería: mesurados y elegantes.

—Sé qué va a sonar un poco perseverante de mi parte, pero me gustaría me aceptaras una invitación a cenar, sin intenciones y sin compromisos, solo para pasar el tiempo en compañía mutua —aclaró el joven cuando vislumbraba una negativa.

—No veo por qué no —finalmente aceptó Saori, no veía malas intenciones en Julian, además queriendo o no, estaba segura había influido en la decisión de Poseidón. Hizo una vuelta de rigor y la leve inclinación que daba termino al baile.

—Perfecto —sonrió Julian, mientras ofrecía su brazo para alejarse de la pista que ya comenzaba a llenarse de nuevo por el inicio de una melodía más alegre y moderna—. Estaré fuera unas semanas, pero estaré de vuelta después de navidad, sí no es inconveniente para ti, podemos reunirnos en esas fechas y por qué no, planear año nuevo juntos.

—Me parece buena idea —concluyó Saori con una sonrisa.