Kanon, entró a su pilar maldiciendo a todo al mundo y en especial así mismo por su modo de actuar, golpeó uno de los cojines que tenía en el sillón de su sala y luego se sentó pasándose una mano por el cabello en frustración. Sabía que se había comportado como un idiota, pero su ira lo había cegado, ver a Thetis con ese tipo le había pegado.

La fiesta en la mansión Solo, continuaba y él salió para tomar un poco de aire fresco, hastiado del sofocante calor que la aglomeración de masas causaba y mientras recorría los jardines de la propiedad escuchó una voz demasiado familiar para su gusto. Movido por la curiosidad, buscó la fuente de aquella voz y el lugar en el que se encontraba. No le gustó lo que vio.

Thetis, conversando con un tipo cualquiera, en un lugar apartado de la fiesta, riendo mientras su acompañante no perdía tiempo en posar sus manos en la anatomía de su compañera: brazo, espalda, cintura... fue más de lo que pudo soportar y simplemente se lanzó a golpearlo. Cuando Thetis le reclamó el simplemente se había girado y usando el Triángulo Dorado, se había escapado a la privacidad de su pilar. Encima cobarde, se reprochó.

Durante esa semana, todos se habían cansado de su humor irascible de esos días. Incluso Sorrento, que solía tratarlo poco, se había acercado a él para preguntarle qué era lo que le sucedía y no sabía sí era porque estaba harto de la situación en general o sólo porque no quería que su comportamiento llegara a oídos de su superior, pero se desahogó con él, porque era lo más cercano a un hermano que tenía en ese momento, ya que el inútil de Saga seguía sin comprarse un celular y no había conseguido comunicarse con él.

Le contó lo sucedido en el Santuario, los sueños que lo habían invadido en sus últimos días en su visita a Saga y todo lo que guardaba. Sorrento, escuchó atento y finalmente le había dicho las palabras que no quería oír: le gustaba Thetis. Obviamente, él lo había negado, Sorrento le gritó que dejara de comportarse como un niño y su intento de acercamiento había quedado en eso y se lamentaba, porque realmente apreciaba al chico.

El sonido de unos tacones repiqueteando en el piso de su Pilar le hizo levantar la cabeza. No tuvo que pensar mucho para intuir de quién se trataba, los pasos eran inconfundibles. Cerró los ojos y respiró hondo preparándose para escuchar la reprimenda que se le avecinaba.

Thetis, apareció en la puerta de su habitación, una mirada llena de furia fue lo que pudo apreciar en sus bonitos ojos y se sintió miserable, hasta ese momento solo había recibido miradas llenas de simpatía por parte de la Nereida, no le gustaba ese gesto de reproche en ella, no al menos dirigido a él.

—¿¡Cómo pudiste, Kanon?! —gritó molesta en cuanto sus miradas se conectaron—. Golpeaste a alguien que no te había hecho nada.

—Te estaba tocando —respondió girando el rostro para no verla.

—¿Y eso en qué te afectaba? —Thetis se cruzó de brazos.

—Nada —se encogió de hombros dispuesto a no sentirse culpable—, pero no tenía derecho hacerlo.

—Eso es algo que solo yo decido, ¿no te parece? —como respuesta recibió un nuevo encogimiento de hombros. Lanzó un bufido de frustración—. Kanon, mírame y dime qué te pasa —pidió sin el tono molesto —me ignoras durante semanas y de buenas a primeras golpeas a alguien porque está hablando conmigo... ¿Te parece lógico?

No supo qué responderle, sabía que ella tenía razón, que se estaba portando como un auténtico idiota, pero no sé entendía así mismo, no quería lastimar a nadie, no quería equivocarse, no otra vez, pero su cabeza era un lío y sus emociones terminaban por imponerse y lo echaba a perder todo siempre. Suspiró.

—¿No piensas decir nada?

Kanon vio con zozobra como los ojos de Thetis se humedecían por el llanto y entonces es que se sintió como un auténtico canalla, llevaba días esquivándola y cuando de casualidad se la topaba, la trataba con indiferencia, lo que había derivado en su propia frustración e ira se pasó una mano por el rostro.

No supo reaccionar. No quería verla llorar, pero tampoco sabía cómo impedirlo. Él no era bueno con las palabras y no sabía cómo consolar, no era tierno ni mucho menos y, aun así, tenía que aceptar que Sorrento tenía razón. Muy a su pesar, Thetis le gustaba y más, le importaba, tanto que no quería que sufriera por su culpa y por la escena que se le presentaba, reconocía que no lo había hecho bien.

Las lágrimas de Thetis comenzaron a caer por sus mejillas y en ese momento mandó todo al Hades para tomarla entre sus brazos y hacer lo que llevaba semanas queriendo hacer: la besó. No fue un beso delicado, ni de consuelo, fue un beso cargado de pasión que, para su alegría, la Nereida intentaba corresponder en medio de su sorpresa y llanto.

Thetis, no intentó apartarlo, una vez que pudo corresponder correctamente, se dejó arrastrar por el torbellino de pasión que era el Dragón Marino, no quiso pensar en nada de lo que sucedería después, simplemente se dejó envolver por él.

Kanon, sintió los delicados brazos cerrarse sobre su cuello y no dudó en levantarla para ponerla a su altura. Tethys, correspondió rodeándolo con sus piernas y profundizando el contacto. Suspiró cuando los labios del general marino migraron directo a su cuello y no dudó en hacerle espacio echando la cabeza ligeramente hacia atrás.

—Kanon —susurró la Nereida, enterrando sus dedos en el cabello del hombre que no dejaba de besarla.

El simple sonido de su nombre dicho de aquel modo, hizo que cualquier resquicio de raciocinio de Kanon se fuera al garete y se encaminara con ella directo a su habitación, haría todo lo que se había imaginado y soñado con ella—literalmente —ya luego se haría responsable de sus actos.

Despertó sintiendo un tibio aliento cerca de su cuello y se giró perezosamente solo para encontrarse con los grandes ojos de Thetis que lo observaba detenidamente. Sonrió todavía somnoliento. Se alegraba de que ella todavía estuviera ahí, que no le guardara rencor, por todos sus actos del pasado, recientes y lejanos.

—Los dioses deben de haberme perdonado porque es el despertar más bonito que he tenido en mi vida —comentó cerrando los ojos y envolviéndola en sus brazos para refugiarla en su pecho y aspirar el aroma de sus cabellos.

—¿En serio? —preguntó dejándose hacer y besando su pecho.

Kanon asintió con la cabeza y volvió abrir los ojos, observando el perfecto rostro de la sirena, sus grandes ojos que no podía decir sí eran verdes o azules, las tupidas pestañas que los adornaban, sus labios de corazón con un color que recordaban a los corales... la vio sonreír ligeramente y elevó sus cejas dándose cuenta lo mucho que le gustaba esa sonrisa.

En lo mucho que le gustaba ella en general. Aunque, era algo que había reconocido así mismo la noche anterior, no solo le gustaba, no sólo quería protegerla incluso de sí mismo, también la quería a su lado, despertar así en sus brazos, con sus cálidas sonrisas y sus bellos ojos fijos en él. Dioses, la amaba y se había comportado como el bruto que ella decía era.

—Perdóname —soltó de pronto, Thetis, lo miró sin entender—, por lo mal que te he tratado estas semanas —aclaró.

—Eres un bruto —sonrió ante el esperado mote—, pero eso siempre lo hemos sabido —respondió la Nereida recostándose de nuevo sobre su pecho.

—Un bruto, sí, que te quiere más de lo que, hasta hace unas horas, estaba dispuesto a confesar.

Thetis, volvió a incorporarse y lo miró directamente a los ojos, buscando alguna señal de broma en esos preciosos ojos verdes que le sostenían la mirada con total tranquilidad. No tuvo duda de su sinceridad. Se alegró saber de qué lo que pasó en la noche no fue solo un arrebato.

—Creo que —continuó Kanon, ante el mutismo de la Nereida —cuando me di cuenta que me gustabas, caí en una fase de negación o algo así, no lo sé y reaccioné de la peor forma posible, me vuelvo a disculpar —Thetis, sonrió.

—¿Y ahora te das cuenta? —preguntó delineando su mandíbula.

—Digamos que ahora puedo pensar con más racionalidad y no con...

—Entiendo —lo cortó con una ligera risa.

—Siempre dices que soy un bruto —continuó Kanon pasando su mano por el rostro de Thetis—, pero quiero ser el bruto que te haga feliz y no solo sobre una cama —la seriedad con la dijo aquello hizo que Thetis soltara una sonora carcajada.

—La modestia la dejaste en el Santuario de Atenea, ¿no? —se burló.

—Creo que se la quedó Saga —se encogió de hombros. La miró con curiosidad—, pero no hablamos de eso, ¿no te estoy haciendo reír arriba de una cama? —otra suave risa salió de la boca de la sirena.

—Me ganas con los hechos —aceptó.

—Sé qué no es la mejor declaración del mundo y si soy sincero tengo mis reservas al respecto, pero es algo que quiero intentar sí me aceptas, no te prometo cambiar porque el que bruto nace, bruto muere, pero daré mi mejor esfuerzo. Solo dame una oportunidad —pidió con total solemnidad.

Thetis delineó las facciones masculinas y hermosas del general sin dejar de sonreír. Kanon tenía razón, era una declaración torpe y nada seria, pero era a su modo y eso la hacía especial, no había adornos ni mayores promesas, auténtica como el mismo Kanon cuando decidía ser sincero con él, sus sentimientos y los demás.

—Creo que a estas alturas que me pidas una oportunidad está demás, ya te la he dado —dijo dándole un pequeño beso en la boca.

Contacto que Kanon se encargó de profundizar y los hizo girar sobre la cama para posicionarse sobre ella. Thetis arqueó una ceja y él simplemente se encogió de hombros.

—¿Qué? Ya estamos aquí, ¿no?

Thetis tuvo que aceptar que tenía razón mientras le devolvía el beso. Ninguno de los dos había hablado de amor, pero ahí, mientras sus cuerpos se unían de nuevo sus corazones gritaban lo que su mente todavía no era capaz de expresar en voz alta.