—¡Afrodita! ¡Shura!
El grito hizo que los dos santos voltearan intrigados hacia Shun, que corría hacia ellos cuando estaban a punto de retirarse del coliseo, se giraron hacia él y esperaron pacientemente a que el joven llegara hasta ellos, ya que prácticamente los había llamado desde el otro lado de la arena.
El joven santo llegó hasta ellos y respiró hondo intentando recuperar el aire, los miró con una gran sonrisa. Ellos se quedaron expectantes.
—¿Sucede algo, Shun? —preguntó Afrodita cansado del silencio m
—Sí, no —se corrigió el muchacho —es solo que Shiryu y yo nos preguntábamos sí podían ayudarnos a entrenar —comentó Casual sin perder la sonrisa.
Shura y Afrodita se voltearon a ver con la extrañeza reflejada en el gesto, pues, hasta ese punto, ninguno de los divinos de bronce se había interesado en entrenar de ningún modo. Afrodita, sabía que Shun había declinado la oferta de Shaka, para entrenarse como sucesor de Virgo y Shiryu, tampoco se había mostrado entusiasmado por seguir aprendiendo de Dohko. Algo raro pasaba.
Afrodita, observó atentamente a Shun, quién los veía con semblante tranquilo, esperando una respuesta. Algo tramaban, decretó, Shun era demasiado transparente y aquel repentino interés por entrenar que se los creyera otro. Se cruzó de brazos.
—Shaka y Dohko están más capacitados para entrenarlos que nosotros —comentó tranquilamente —son ellos a los que van a suceder, poco o nada pueden aprender de Shura y de mí, bueno... tal vez Shiryu si tenga algo que aprender de Shura, pero yo, no tengo nada que aportar.
La expresión seria de los mayores no intimidó a Shun, que simplemente sonrió más ampliamente en un gesto tan inocente, qué, a cualquier otro, hubiese convencido, pero no a ellos. Realmente sabían que Shun no tenía malas intenciones, pero las buenas, a su ver, eran todavía peor.
—Sí, pero Shaka se encuentra en Japón y el viejo maestro está ocupado en otros asuntos y nosotros no queremos seguir aplazando nuestro entrenamiento —respondió seguro.
—Qué conveniente —replicó Shura en voz queda y luego intercambió una mirada con Afrodita quién simplemente asintió—. Está bien —aceptó —los esperamos mañana a las seis en punto de la mañana, aquí mismo.
—Eh... bueno —titubeó el más joven. Shura elevó una ceja—, No sé sí no les han comunicado, pero los enviaran a los Cinco Ancianos —se rascó la barbilla, logrando que la sospecha de los mayores se acrecentara—, nosotros les acompañaremos.
—Ya —esta vez fue Afrodita el que habló—. Tienen el permiso de la diosa, ¿no?
—Sí, de hecho, de ella fue la idea —se apresuró a decir Shun—. Cree que será bueno sí se mantienen en terreno neutro y como la montaña se encuentra protegida por el cosmos de Hades, ya saben que ahí es donde se guardaban las almas de sus espectros... —se encogió de hombros— y ya que los van a mandar allá, pensamos que nos podíamos unir a ustedes.
—Jum, ¿seguro? —preguntó desconfiado Afrodita —Además, ¿el viejo maestro está enterado? —Shun asintió seguro—, pues sí no hay de otra... —finalmente aceptó sin mucho ánimo.
—Bien, Shiryu y yo estaremos con ustedes alrededor de las ocho de la mañana.
—Más les vale —amenazó Afrodita.
Shun simplemente sonrió. Luego de un escueto «hasta luego» salió corriendo por donde había venido. Afrodita y Shura lo vieron perderse en la distancia.
—Ni siquiera sabe mentir.
—¿Qué puede tramar un joven como Shun? —preguntó Shura girando a ver a su compañero.
—Buenas intenciones que pueden conducir a desastre —vaticinó Afrodita.
—El camino al camino infierno está empedrado de buenas intenciones —rezó Shura recordando el viejo refrán.
—Bueno, sea lo que sea, esperemos resulte.
Se encaminaron al pueblo para comprar víveres, si Shun no les había mentido —que sabían que no—, pronto recibirían la orden de partir a los Cinco Picos y seguro necesitarían provisiones. El resto del día lo pasaron en el templo de Capricornio, donde tenían intención de pasar el resto de la tarde, ya que no estaba Deathmask en su templo y no tenían idea de dónde se había metido.
—¿Sabes cómo le fue a Mu con su declaración? —preguntó Shura encendiendo un cigarrillo y acomodándose en su sofá.
—Bien, Radamanthys no hizo carnero a las brasas, sí a eso te refieres —Shura lo miró de reojo—. Fue a decirme que Pandora lo aceptó y claro, Hades le dio permiso para cortejarla —informó sin ánimo.
—Esa es una excelente noticia —respondió Shura con una seriedad que contrastaba notoriamente con sus palabras.
—Lo es —concordó Afrodita, con el mismo desánimo, recostándose en el sofá.
Se quedaron en silencio largo rato, sin saber que decirse, normalmente en sus reuniones, el que solía ser el de las conversaciones era Deathmask, se agradaban, pero el carácter más bien reservado de ambos los solía dejar sin saber que decirse por largo rato cuando no tenían un tema de interés.
Shura, se quedó observando su alfombra mientras seguía fumando, perdido en sus pensamientos, hasta que escuchó un sonoro suspiro proveniente de Afrodita, lo que lo hizo levantar la cabeza y fruncir ligeramente el ceño al ver el rostro preocupado de su compañero.
—¿Crees que sea buena idea irnos? —preguntó de pronto Afrodita.
—No tenemos de otra...
—Ya, pero podríamos pedir ir a Asgard, ¿no?
—También lo he pensado, pero no creo que nos quiera cerca.
—Yo tampoco, pero...
—Estará bien —animó Shura.
—Lo sé, pero no puedo dejar de preocuparme.
—Es fuerte, confiemos en él.
Trató de sonar seguro, sin embargo, se sentía igual que Afrodita, la última vez que le vieron no se veía muy bien y lo había dejado con la sensación de que no deberían dejarlo ir solo. Se pasó la mano por el rostro.
—Será mejor que descansemos —sugirió Afrodita —mañana nos espera un...
—¡Buenas noches! —interrumpió Dohko entrando a Capricornio, esbozando una sonrisa, que se borró luego de ver las caras de sus compañeros —Uy, ¿dónde es el velorio? —preguntó intentando bromear.
—Buenas noches, Dohko —saludó Shura—, preferiríamos que no haya tal —terminó dándole una calada a su cigarrillo.
Dohko decidió guardarse sus comentarios, sus compañeros no lucían bien y él sabía cuándo la situación no estaba para bromas y con ese par, era mejor no meterse. Decidió ponerse serio. sabía que los chicos que tenía delante no eran bobos, pero que pronto se darían cuenta de su plan, solo esperaba que no resultara en desastre, aunque confiaba plenamente en que su adorada hija cautivara a alguno de esos dos, no estaba seguro de la otra joven, pero a situaciones desesperadas, acciones desesperadas.
—Me avisó Shun que ustedes aceptaron entrenarlo a él y a Shiryu en los Cinco Ancianos, ¿es verdad?
—Se supone que es una orden del Papa, así que muchas opciones no teníamos —se encogió de hombros Afrodita.
—Bueno eso sí —restó importancia Dohko —allá encontrarán a mi hija, supongo que Deathmask les habló de ella.
Los dos santos asintieron un poco incómodos por la mención de la joven que su amigo no tuvo reparos en querer asesinar, no es que se sintieran responsables, vaya, de haber estado en el lugar de Deathmask seguro hubieran hecho lo mismo, pero no dejaba de ser incómoda la situación. Dohko sonrió ante su actitud.
—Tranquilos, eso quedó atrás, solo quería asegurarme que sabían de ella, bueno, le avisaré que van para que los reciba.
—No es necesario —se apresuró a aclarar Afrodita —lo último que queremos es causar molestias.
—Para nada, yo paso mucho tiempo aquí y ella rara vez recibe visitas, así que estará bien. Y no, no se aceptan negativas, la señorita Atenea les ha concedido dos meses y Shion ha dispuesto que no pueden volver al Santuario en ese tiempo, entrenen o no a Shiryu y Shun. Recuerden que deben partir mañana al amanecer —informó dándose la vuelta para salir del templo. Se despidió con un movimiento de mano.
—¡¿Qué!? —gritaron al unísono, pero Dohko ya se alejaba.
Observaron a Dohko alejarse tan tranquilamente como había llegado, intentado procesar lo que acababa de pasar. No podían creer lo que acababa de pasar, era increíble que, incluso su propia diosa estuviera de acuerdo, porque, aunque no se los haya mencionado, estaban seguros que la idea venía directamente de ella.
—Está bien —comentó Afrodita luego de pasado su estupor—, estos ancianos están confabulados con esos mocosos, no lo puedo creer —se sentó en el sofá.
—Yo tampoco —concordó Shura pasándose una mano por el cabello—. ¿Quién en su sano juicio creería que eres un buen candidato para su hija? —Afrodita lo miró indignado.
—¿Soy? Somos, porque tú eres tan cabrón como yo y mi amigo, también estás en esto.
—Concedo —se encogió de hombros Shura—. Solo me intriga saber a qué otra pobre alma inocente involucraron en esto.
—No lo sé, pero tengo un mal presentimiento.
Ambos se miraron y luego comenzaron a reírse de la situación.
—¿Recuerdas como la describió Deathmask? —preguntó Shura cuando al fin la risa se detuvo —a la hija de Dohko, me refiero.
—Sus palabras fueron: «bonita, delicada, pero demasiado buena al punto de la exasperación».
—Jum, cierto. Parece de su tipo —comentó viendo a su amigo. Afrodita asintió.
—Cierto, pero como él no está disponible, eres el segundo en la lista —se burló. Shura lo miró mal—. ¿Qué? Sabes qué a mí ese tipo de chicas no me van.
—¿Y a mí sí?
—Claro. Eres el niño bueno de los tres.
—Lo dice el que no puede negar un favor —ironizó encendiendo otro cigarro.
—Pero soy el que tiene menos reparos para matar —elevó varias veces su ceja, coqueto.
—Buen punto.
—Lo ves... —Afrodita sonrió con malicia—, tendrás que contarme qué se siente tener a Dohko como suegro —se burló. Shura le aventó un cojín.
—Ya lárgate. Mañana tienes que madrugar —dijo molesto.
—¿A dónde irás? —preguntó Deathmask entrando al templo.
Los dos lo miraron detenidamente, tenían un par de días sin verlo así que esperaban que no hubiera estado en el pueblo en alguna cantina —aunque sabían que eso no era probable, porque habían estado revisando.
—¡El pródigo ha vuelto! —alabó Shura. Deathmask rodó los ojos.
—Idiota, estaba en Atenas, Aioros dijo que necesitábamos unas cosas para llevar a Asgard y me pidió que lo acompañara.
—¿Por qué tú? —preguntó Afrodita.
—Parece que su hermano ya no está disponible y Saga, tenía otras ocupaciones —de encogió de hombros.
—Sigo en la misma, pero da igual. Lo importante es que estás bien —respondió Afrodita llevándose una mano al pecho.
—Sí, sí, pero no me has respondido, ¿a dónde vas?
—Por disposición de Atenea y mandato de Shion, mañana partiremos al Pico de los Cinco Ancianos mañana.
—¿Cuándo...?
—Es algo que Atenea había anticipado y Dohko vino a informarnos, parece que Shiryu y Shun quieren entrenar con nosotros y por eso adelantaron un poco las cosas.
—Vaya, ¿y qué les dio? Sí ni con Shaka quisieron entrenar —los otros se encogieron de hombros —Lushan, ¿eh? Sí ven a la hija de Dohko, le mandan mis saludos —dijo con sorna.
—Por qué no mejor vas con nosotros y la saludas personalmente —sugirió Afrodita. Deathmask alzó las cejas.
—Porque Aioros me agarró de su dama de compañía y, además, soy non grato —aceptó con un encogimiento de hombros.
—Suena lógico —concordó Afrodita, palmeándole un brazo
—Lamentamos no poder estar cuando partas a Asgard, pero sí necesitas algo...—comenzó Shura.
—Sí, sí, dioses se preocupan más que mi madre, sí la tuviera —rodó los ojos —mejor ya váyanse a dormir, se les hará tarde. nos veremos al regreso, sí pasa algo yo les aviso, lo sé —concluyó adelantando a lo que Afrodita iba a decir.
Luego de eso Afrodita y Deathmask, salieron del templo de Capricornio.
