Shura lanzó un sonoro suspiro mientras observaba el paisaje nevado de la montaña. Al final, había resultado que Shun y Shiryu sí se habían presentado a entrenar —con tres días de retraso, pero más valía tarde que nunca—, sin embargo, ese día era víspera de Navidad y, aunque siendo asiáticos, los muchachos habían resuelto que celebrarían, por lo que Shun les había pedido permiso para saltarse el entrenamiento de ese día; Shiryu, no se mostró menos entusiasta y habían ido al pueblo a comprar lo que necesitarían.

No estaba seguro que sus alumnos —entre muchas comillas—, fueran a quedarse con ellos, pues ya habían dejado claro que su objetivo principal era emparejarlos con las jóvenes que los acompañaban ni siquiera habían intentado disimularlo y Shun no dejaba de cuestionarlo al respecto. Tenía que aceptar que lo habían conseguido, sonrió. Shun era bastante hábil en esos asuntos pues había que admitir que, Shunrei, lo atraía bastante.

De un momento a otro, se había encontrado a sí mismo ayudándola en todo lo que podía cuando no estaba entrenando: la cena, recoger y lavar los platos ir por la despensa, ese tipo de cosas y, aunque Afrodita solía burlarse de él, siempre lo ayudaba a pasar tiempo con ella, ofreciéndose a entrenar a los santos más jóvenes y a June o llevarlos al pueblo, en pocas palabras, hacía de niñero por él.

Shunrei, era una joven amable y bien educada, siempre tenía una linda sonrisa para él y en el tiempo que había pasado junto a ella, se había dado cuenta que era linda, divertida e inteligente, sin duda Dohko había hecho un gran trabajo en educarla. Ni siquiera se había dado cuenta en qué momento le había empezado a gustar, simplemente había pasado. Claro que tenía sus dudas al respecto, él no era precisamente lo que se decía una buena persona, pero parecía que a Shunrei eso no le importaba.

—No entiendo que les atrae de esta fecha —comentó Afrodita recostándose en la nieve interrumpiendo sus pensamientos.

—Según Shunrei, es una linda época para compartir y que tiene mucho más significado que solo recibir regalos.

—Sí eres cristiano y hasta dónde sé, ninguno lo somos.

—Pues sí —se encogió de hombros Shura—, pero vamos, ¿qué de malo tiene?

—Supongo que nada... pero significa que recibiremos regalos y tenemos que obsequiar algo.

—Que tampoco es tan malo.

—Jum, te lo tomas muy tranquilo —se quejó Afrodita. Shura volvió a encogerse —. Supongo que pasar tanto tiempo con Shunrei, te ha ablandado —picó Afrodita.

—Tonterías —desvío la vista. Afrodita rio bajo—. Tal vez un poco —admitió al final. Afrodita sonrió.

—Claro.

Al caer la tarde, los dos santos regresaron a la cabaña, encontrando que en ella ya estaban Shun, June, Shiryu y Shunrei preparando la cena. Sorprendiéndose por la cantidad de comida y cosas que habían traído del pueblo, que era más de lo que habían esperado, pues solo estaban ellos seis y hasta donde sabían pues no esperaban a nadie más.

—Mi maestro me avisó que hoy tuvo un pequeño inconveniente, pero que mañana llegaba para pasar el día con nosotros —informó Shiryu ante el desconcierto de los mayores.

—¿Y viene todo el Santuario con él o qué? —preguntó Afrodita.

—No —respondió Shun—, pero también viene mi maestro.

—Entonces, ¿no les parece que esto es exagerado? —continuó Shura.

—Tal vez... —Shunrei sonrío, logrando un leve sonrojo en Shura— siempre podemos llevar algo al pueblo, así sí es mucha comida no desperdiciamos nada.

—Esa es una excelente idea —apoyo Shura.

Afrodita arqueó una ceja y Shun y Shiryu intercambiaron una sonrisa cómplice pues no pasó desapercibido para ninguno la mirada de admiración que el español le dio a Shunrei y viceversa. June, carraspeó ligeramente cortando el ambiente.

—Bueno, será mejor que nos demos prisa —comentó —supongo que ustedes dos no se quedarán aquí, ¿cierto?

—No —confirmó Shun—, pero volveremos mañana temprano.

—Sí, de hecho es hora de volver al pueblo —Shiryu tomó a Shun del brazo y lo jaló para salir.

—No se supone qué cenarían con nosotros —Shura se cruzó de brazos —la idea de celebrar navidad fue suya.

—Bueno sí, pero lo hicimos por ustedes, ¿no la celebran?

—No —se apresuró a declarar Afrodita.

—Son occidentales, deberían —sentenció Shun antes de jalar a Shiryu para retirarse y así evitar que les replicaran nada. Los mayores suspiraron.

—Dioses —se quejó Afrodita—, parecen niños.

—Lo son, no lo olvides.

—A su edad, nosotros...

—Sus circunstancias son diferentes, lo sabes —cortó Shura. Afrodita tuvo que aceptar que tenía razón.

—Sé que no va con nuestras tradiciones —dijo Shunrei mientras encendía el horno—, pero el maestro me enseñó a conmemorar esta fecha.

—¡¿Dohko!? —exclamaron lo santos, sorprendidos. Shunrei, asintió.

—Nunca dio una razón profunda, pero siempre decía que era una forma de no olvidar. Shiryu dice que es en honor a un viejo amigo que también fue santo y que por desgracia el maestro había tenido que matar.

—Suikyo —respondió Afrodita.

—¿Quién? —preguntó Shura frunciendo el ceño.

—Fue el santo de Cráteris, pasó a formar parte del ejército de Hades con el surplice de Garuda, pero que tenía una misión importante para con nuestra diosa y estaba dispuesto a cumplirla. Sí no hubiera sido por Odysseus y lo que ya sabemos... bueno, eso no importa, el caso es que cuando irrumpió en el Santuario, llegó hasta la casa de Libra y ahí, bueno Dohko lo mató.

—No sabía eso, el maestro nunca lo comentó.

Shunrei, parecía realmente conmocionada y June de inmediato pasó un brazo alrededor de ella. Todos entendieron que la joven no estaba habituada a ese tipo de escenarios e incluso ellos que podían entender el proceder de Dohko, también podían imaginar lo que debió sentir Dohko al terminar con la vida del que fuera un amigo. desafortunadamente era algo bastante habitual en el Santuario.

—¿Cómo sabes? —cuestionó Shura con intención de aligerar el ambiente.

—Lune me contó.

—Ya. ¿Por qué traicionó al Santuario, para empezar?

—Ofreció su alma a Hades a cambio de la vida de su hermano.

—Ya veo... le debía tener mucho cariño para seguir recordándolo después de siglos.

—En su lugar, haría lo mismo.

Afrodita le palmeó el hombro y Shura tuvo que sonreír; era verdad, ellos mejor que nadie debería entender al viejo maestro, no sabían la relación que tenía la navidad con su amigo, pero sin duda, debía ser algo importante y sí había algo que ellos podían comprender era la amistad y la lealtad.

—Entonces —habló June —no se diga más, ¿qué hacemos?

Shunrei, dio instrucciones de lo que se tenía que hacer y el resto de la tarde los cuatro se dedicaron a preparar la cena de Noche Buena y dejar todo listo para la comida de Navidad, para así tener el día siguiente libre y así Shunrei pudiera pasar el tiempo con Dohko y June con Daidalos, después de casi tres meses en la cima de Lushan, seguro que deseaban verlos.

Cenaron en amena charla, el tiempo de convivencia les había dado confianza, Shura vio con satisfacción como June y Afrodita ya podían mantener una conversación sin que la joven se molestara o que intentara asesinarlo. supuso que ya se había resignado a aceptar que jamás podría ganarle a Afrodita, preguntándose si de verdad se podía forzar a un corazón a amar a alguien o sí Afrodita había podido ganarse su corazón y de ser así, qué pensaría él.

No tuvo tiempo de seguir sus pensamientos, pues Afrodita, luego de terminar con la cena, se disculpó alegando que necesitaba salir para fumar un rato, Shura vio con satisfacción como June, rápidamente, se decidió salir tras él, quedando en la estancia solo él y Shunrei. Gesto que el Capricornio agradeció, pues ese día no había podido estar a solas con ella en ningún momento y vaya que lo anhelaba.

—Fue una velada agradable —comentó con voz suave viendo a la joven.

—Lo fue —aceptó Shunrei—, aunque... —un sonrojo que no pasó desapercibido para Shura se instaló en el rostro de la joven.

—¿Qué? —cuestionó intrigado, viendo a Shunrei levantándose e ir por una caja.

—T-tengo un regalo —dijo con voz tenue. Shura la miró con sorpresa —no, es mucho, pero lo hice con cariño —sonrió entregándole un paquete.

Shura lo recibió sin saber muy bien qué decir, él no solía festejar navidad, al menos no de la manera tradicional, pues siempre las había pasado con Afrodita y Deathmask en alguna taberna con compañía de dudosa reputación, así que no estaba preparado para algo así, ni mucho menos era de dar o recibir regalos.

—Gracias, yo no...

—No te preocupe, entiendo —sonrió la joven —y no esperaba nada a cambio, es algo que quise hacer —interrumpió. Shura le sonrió tenuemente.

—¿Puedo? —señaló el paquete.

—Adelante —asintió —lo tejí yo misma —informó.

Shura se tomó su tiempo para abrir el paquete y retirar el papel que lo envolvía, descubriendo un suéter de lana tejido a mano. Shura no pudo evitar pensar que era lo más cursi y tierno que seguro había recibido en su vida. Sin embargo, su corazón latió de emoción por aquel sencillo gesto.

Luego se fijó en el tierno e inocente rostro que tenía delante. Sí sería lo más dulce y tierno que recibiría a menos que se quedara con la joven que tenía en frente y pensó en todas las veces que Afrodita le había dicho que Shunrei sentía algo por él y, aunque siempre había negado cualquier tipo de sentimiento hacia ella, lo cierto es que algo cálido se instalaba en su interior cada vez que la veía.

Sin darse apenas cuenta fue acercando su rostro al de ella y cuando tuvo su boca a escasos centímetros de los de Shunrei, la miró a los ojos como pidiendo permiso para avanzar. Cuando la vio cerrar los ojos, terminó con la distancia que los separaba en un cálido beso.

Shura, fue despacio, cuidando de no asustarla y profundizó de a poco conforme iba tomando confianza. Sintió las cálidas manos de Shunrei afianzarse sobre su cuello y el no dudo en rodearla por la cintura pegándola a él. Acarició con su lengua los labios de ella y la instó a abrir la boca para recibirlo intensificando la caricia.

Se separó de sus labios para migrar sus besos a lo largo del delicado cuello; recargó su peso en ella para quedar recostados sobre la mullida alfombra. Shunrei, exhaló un ligero suspiro que hizo que Shura volviera a la realidad y se separara de ella de golpe.

—¡Dioses! —exclamó llevándose una mano al pelo. Shunrei lo miró confundida—. Lo siento, yo me dejé llevar y...

—Lo permití, no tienes...

Shura, elevó una mano y negó. La ayudó a levantarse y la abrazó con fuerza, besando sus cabellos.

—Eres demasiado buena para ver que lo que estaba haciendo no era correcto —dijo separándola un poco para verla a los ojos—. Sé que tal vez no me hubieras detenido, pero no puedo aprovecharme de eso, te mereces flores, chocolates, que hable con Dohko... —besó sus manos antes de continuar—. Sinceramente, no soy la clase de hombre recomendable para alguien como tú, pero soy lo suficientemente egoísta como para aceptar que estés con alguien que no sea yo, así que sí me aceptas, hablaré con Dohko en cuanto sea posible.

La sonrisa que le regaló Shunrei, le hizo parecer que iluminaba toda la estancia y su corazón se aceleró cuando la sintió abrazarlo y lo sorprendió con un beso en los labios y luego le asintió con un movimiento ligero de su cabeza contra su cuello. Se quedaron abrazados frente a la chimenea el resto de la noche.