Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo dos

Una hija despiadada

Incluso matando hombres, respeta las reglas de propiedad.

Confucius.

Bella

—Srta. Swan, aterrizaremos en media hora —tartamudeó el aeromozo.

Asintiendo, simplemente levanté mi copa esperando a que me sirva más vino. Pero el idiota estaba tan asustado que ni siquiera sirvió bien. Observé enojada las manchas rojas en mi nueva chaqueta blanca antes de fulminarlo con la mirada, tomé la botella de sus manos y giré hacia Jacob.

—Lo… —empezó.

—No digas "lo siento" —siseé—. Ni siquiera lo sientes todavía.

Sus ojos se abrieron de par en par, dando un paso hacia atrás y chocándose contra Jacob, quién ya tenía un arma apuntando a su cráneo.

—Todo lo que necesitamos es al piloto, señora —declaró Jacob.

Quitándome la chaqueta, observé al idiota. Era joven, solo unos años mayor que yo, ¿qué le hizo tomar el trabajo como mayordomo en mi jet? Sería mejor preguntar, ¿quién aceptó que fuera mi mayordomo en mi puto avión? Las cosas que se hablaban aquí eran más sensibles que las malditas cintas de Watergate.

—Jacob, ¿cómo llegó este idiota a mi avión? —pregunté ligeramente interesada, mientras Seth me acercaba otro archivo.

—Su hermana acumuló una deuda muy grande. Creo que está tratando de pagarla —respondió, esperando a que le diera la orden. Él era tan gatillo fácil a veces.

—¿Es por eso que estás aquí? —le interrogué, mirando a los ojos asustados del idiota—. ¿Tu hermana es una puta adicta al crack?

Él frunció el ceño, tragando el nudo en su garganta antes de volver a hablar.

—Metanfetamina cristal.

Es demasiado temprano para derramar sangre, pensé, sacudiendo la cabeza hacia Jacob. Él puso mala cara por un momento, pero hizo lo que le dije y bajó su Glock.

—Si quieres pagar la deuda de tu hermana, sería sabio si te mantienes vivo y no arruines mi ropa o derrames mi Romanée-Conti —siseé, antes de volverme hacia el archivo frente a mí.

—Si, señorita Swan. No volverá a pasar —balbuceó de nuevo como una ballena moribunda. Casi sentía lastima de su hermana. ¿Él era todo lo que tenía para ayudarla?

—Considérate bendecido, Mike Newton, 393-28-4279, Calle Blue Rigde 1705 —dijo Jacob, asegurándose que el idiota supiera que estaba al tanto de no solo su nombre, sino de su número de registro social y su dirección. Solo porque no lo matáramos hoy no significaba que no podíamos destruir su vida mañana.

Jacob suspiró antes de sentarse frente a mí.

—Era una bonita chaqueta. Debiste dejar que lo matara.

—Mi padre no estuvo contento con las manchas de sangre que dejé en el último jet. —Sonreí maliciosamente, levantando la foto de mi futuro esposo.

Esposo. Me encogí ante la palabra.

No lo podía negar, era atractivo… demasiado atractivo, de hecho. Pero necesitaría más que unos ojos verdes, cabello sexy y una sonrisa encantadora.

—Su nombre completo es Edward Anthony Cullen, de veinticuatro años. Se graduó de la secundaria a los dieciséis y de Dartmouth a los veinte —comentó Jacob, mirando entre las fotos.

—Déjame adivinar, ¿primero en su clase? —Añadí, esperando a que me sirviera más vino en mi copa.

—Por supuesto, nada menos que perfección para el chucho irlandés. Eso no solo se aplica en las escuelas, sino también en los trajes de medio millón de dólares, coches lujosos, casas vacacionales, fiestas y prostitutas.

Eso me llamó la atención.

—¿Usa prostitutas de alta gama? —No debería sorprenderme mucho, todos los hombres tenían sus juguetes. Tendría que ponerle un alto a eso cuando nos casemos, pero lo entendía. El acuerdo de casamiento que nuestros padres firmaron hace nueve años claramente no permitía nada de infidelidad. Aunque era puro razonamiento estratégico. Putas y amantes siempre llevaban a la caída de un imperio. En el momento en que te pones cómodo con el otro, se corren secretos y se roba información en el medio de la noche. Era mejor no caer en ello.

—Ninguna que pudimos encontrar. De hecho, él les compra cosas hermosas y brillantes como pulseras de diamantes, carteras costosas o zapatos de miles de dólares. A todas les gustan sus zapatos —se burló, pasando fotos de todas las mujeres con las que había estado Edward. Era una gran lista. Al menos sería un amante experimentado, pero eso no significaba necesariamente que era bueno en la cama.

—¿Está limpio? —Si no, podíamos comprar cualquier medicamento que necesitáramos para asegurarnos que esté limpio antes de nuestra boda, si ya no lo había hecho él. Casi el noventa por ciento de todo tenía una cura… con la tarjeta de crédito adecuada.

—Si —respondió Jacob, casi decepcionado—. De sus registros de salud, él está más sano que un caballo de carreras, lo que es sorprendente con la gran cantidad de brandy que toma. Su trago preferido es el Camus Cuvee. Tiene un puto vaso, o incluso una botella, en sus labios en cada foto. No es depresivo o un alcohólico, él…

—Es un simple irlandés. —Sonreí. Ellos podían beber todos los días, desde el atardecer al amanecer, y aún así caminar en línea recta.

—Exactamente. También él es el segundo al mando, por debajo de su padre. Su hermano mayor, Emmett Aiden Cullen, tiene veintiocho años y desde hace tres que está casado con Barbie Malibú, conocida como Rosalie Lilian Hale de veintiséis años. Emmett es un orgulloso graduado de Dartmouth, pero solo a duras penas. Él es el músculo, y un francotirador de clase mundial. Cuando no está matando gente desde cientos de metros de distancia, está jugando al beisbol… muchísimo —añadió, mostrándome la foto de la feliz pareja.

—¿Hale? —repetí tomando otro sorbo—. ¿Al igual que el senador Daniel Hale?

Jacob asintió, levantando la foto del hombre en cuestión.

—Si, el senador Daniel Hale, un conservador de derecha presionando por un gobierno más pequeño, y me pregunto por qué. La madre es una liberal activa de izquierda, lo que es por eso que están divorciados y ahora la ex-señora Hale está ayudando a chicos necesitados de África al mando la Fundación Cullen para la Juventud Mundial. Ambos saben sobre la nueva familia de su hija y lo aprueban.

No pude evitar sonreír ante eso.

—¿Realmente es una obra de caridad?

—Por desgracia, sí. Cuando no están robando coches para el mercado negro, organizando muertes a sueldo, vendiendo heroína, crack y metanfetaminas en las calles, están asistiendo a ballets y bailes de caridad para mejorar a su comunidad. —Sacudió su cabeza.

—¿Y qué hay con este? —pregunté, señalando otra foto.

—Ah, Jasper Alvin Cullen…

—¿Por qué mierda todos sus segundos nombres comienzan con A? —demandé.

Jacob miró alrededor para ver si tenía la respuesta en los papeles. No necesitaba saber, pero mirarlo retorcerse para saberlo era divertido. Jacob era mi mano derecha, pero quería que nunca se ponga muy cómodo. No importaba lo ridícula o inútil que fuera mi pregunta, su trabajo era darme las respuestas o morir intentándolo.

—Parece ser una tradición que empezó en 1840 después que el primer Cullen vino de Irlanda —respondió. Asintiendo, esperé que continuara.

—Jasper Alvin Cullen, veintiséis años, casado con Mary Alice Brandon, de veintidós. Ella es la hija de Adam Brandon, dueño de un gran banco. Por lo que podemos decir, Jasper fue el que hackeó el sistema esta mañana y robó veintisiete millones a los rusos hace unos años. La mayoría de ellos todavía no saben que fue él, así de bueno es. Aquellos que sabían, fueron asesinados, probablemente por Emmett Cullen. El Dr. Carlisle Armory Cullen, de cuarenta y siete años, y su esposa, Esme Ann Cullen, de cuarenta y cuatro, se aseguran que sus hijos se casen bien —dijo, bajando los papeles.

—Jacob, esta mal juzgar. —Sonreí. La verdad es que estaba un poco impresionada, y tomaba mucho para impresionarme.

Todos eran muy guapos, y por lo que podía decir, todos menos la Barbie Malibú eran naturales. Era un buen trabajo, pero uno de mis muchos talentos eran los disfraces. Pude notar que ella se hizo algo. Sin embargo, todos lucían perfectos. Era casi enfermizo.

—¿Las mujeres participan en los negocios? —La madre, Esme, parecía demasiado dulce para ello, pero otra vez, fue mi abuela quién me enseñó como disparar mi primer arma. Solo tenía siete años y desde entonces nunca salgo sin una.

Jacob resopló.

—No. Ellas prefieren mantenerse alejadas, planeando fiestas, asegurándose que todos asistan a misa los domingos, vayan a obras de caridad y cenas de gala cada mes. Todas saben y aceptan de buen grado, pero no están al mismo nivel que usted, señora.

Sonriendo, moví mi mirada hacia él.

—¿Y en qué nivel estoy yo?

Jacob se ajustó la corbata antes de erguirse, su rostro estaba vacío de emoción y sus ojos casi negros.

—Usted, señora, es despiadada y ni un alma en este planeta se atrevería a dudarlo por un segundo. Usted pondría una bala en nuestras cabezas si alguna vez no fuéramos leales a usted o su familia. Usted es la Capo —respondió.

Cuando eché un vistazo a los hombres que me rodeaban, simplemente asintieron, sin hacer contacto visual, pero eran conscientes que estaba mirándolos.

Me hacía sentir orgullosa. Me había costado mucha sangre, sudor y nada de lágrimas para asegurarme que ellos, y todos los demás, supieran quién era la Capo. Puede que sea hermosa, puede que sea joven, pero era una Swan. Los Swan son —y siempre serán— hermosos, pero letales cuando se meten con ellos.

Asintiendo, me recosté en mi asiento, terminando mi vino mientras descendíamos. Nadie aparte de mi padre y mis hombres lo sabían, pero yo era el jefe del Imperio Swan ahora, ascendiendo al trono a la edad de dieciocho años. El mundo todavía creía que era mi padre, pero todo: las drogas, los ataques y el dinero, eran manejados a través de mí porque él se estaba muriendo. El gran Charlie "Manos de Hierro" Swan estaba muriendo de un cáncer de colon en etapa cuatro. El noventa por ciento de lo que existía tenía cura, si tienes la tarjeta de crédito adecuada. Sin embargo, el cáncer era una perra que entraba en ese diez por ciento que no tenía cura.

La mayoría de las personas de nuestro mundo pensaba que los hijos varones eran la única forma de mantener al imperio como el nuestro creciendo, pero mi padre no lo veía así. Él se sintió bendecido cuando supo que me estaba teniendo a mí. Los hombres en nuestra familia parecían morir del mismo cáncer, pero las mujeres estábamos hechas de material consistente. Mi abuela vivió hasta los 104 antes de morir en su sueño, con un arma bajo su almohada. La única razón por la que mi madre murió fue por un accidente de avión.

Tenía seis años cuando me enteré de quién era mi familia. Tampoco ayudó que fuera más brillante que la mayoría de los niños de mi edad. A los siete años, estaba aprendiendo a disparar mi primer arma. A los once, estaba siendo educada en matemáticas de nivel universitario, sobre laboratorios de metanfetaminas, y ante la insistencia de mi padre, combate mano a mano. A los diecisiete, sabía cómo manejar el negocio como la palma de mi mano. Y todo eso era para prepararme para convertirme en la Capo que necesitaba ser. Jacob tenía razón, pondría una bala en su cabeza en un abrir y cerrar de ojos si él me da una razón, y me agradaba Jacob.

—Señorita Swan, estamos en Chicago —me informó el piloto mientras me ponía de pie.

Seth abrió la puerta del avión, saliendo antes que yo, seguido por otros dos hombres que llevaban mis cosas. El idiota, Mike, estaba parado en la parte delantera del avión haciendo lo mejor posible para no hacer contacto visual con alguno de nosotros mientras pasábamos por su lado.

—Que tenga un buen día, Srta. Swan —tartamudeó otra vez.

Me observó sorprendido cuando le ofrecí mi chaqueta.

—Envíaselo a tu hermana y hazle saber lo cerca que estuviste de morir hoy, y mientras lo haces, ve a buscar tus pelotas antes de que te vuelva a ver.

Y con eso, salí. Encontré una limusina de color negro brillante esperándome. Me detuve al lado de Seth, tratando de no girar mis ojos.

¿A dónde iba? ¿A la fiesta de graduación?

—Seth, fíjate si puedes conseguirme un coche, preferiblemente en color blanco, que no sea una limusina… y pronto. —Suspiré. No quería que me llevaran. Quería conducir. Necesitaba conducir. Conducir, nadar, disparar y sexo eran las únicas cuatro cosas que me ayudaban a despejar la mente.

—Si, señora —respondió, sacando su teléfono y hablando con alguien enseguida.

Jacob se ubicó a mi lado y me alcanzó mi teléfono personal. Había solo una persona que tenía ese número.

Ciao padre, ¿llamas para asegurarte que subí al avión? —pregunté mientras Seth y Jacob arreglaban para conseguir un coche nuevo.

Él largó una carcajada antes de toser.

Il mía bambina dolce. Nunca dudaría de ti. Después de todo, tú eres la que renovó el contrato.

El contrato estipulaba que me casaría de buena gana con Edward Anthony Cullen y que fusionaríamos nuestras familias. Charlie y Carlisle habían firmado el contrato hace nueve años cuando lo crearon. Luego, se necesitaba que lo firmáramos Edward y yo a los dieciocho años, y una última vez durante el año de matrimonio.

—Lo hice. ¿Ya lo hizo él? —pregunté justo cuando un Aston Martin blanco se detuvo frente a mí. Sonriendo, me giré hacia Seth y Jacob y asentí. Eso era mucho mejor.

—No, todavía no. Pero él, su padre y sus hermanos estarán aquí en cualquier momento para hacerlo. —Tosió dolorosamente, pero ya estaba acostumbrada a eso.

Tomando las llaves de Seth, entré y le indiqué para que haga lo mismo. Hizo un buen trabajo por lo que podía viajar conmigo.

—Así que, supongo que eso significa que él no ha visto el cambio todavía. —Esto iba a ser interesante.

—¿Quieres decir dónde tú demandas que se te informe sobre sus decisiones que involucren el negocio? —Rio Charlie—. Será muy interesante ver su reacción. Está no es la posición normal que juegan las esposas.

Bufé antes de presionar mi pie sobre el acelerador mientras los sedanes negros me seguían detrás y me salí del aeropuerto.

—No es negociable. Si él quiere participar de mi imperio, entonces tengo que asegurarme que no lo destruya. Su hermano hackeó nuestros archivos esta mañana. Ellos están al tanto de lo mucho que valemos. Él va a firmar y aceptar que no soy normal. No espero nada normal —declaré, acelerando por la ruta que nos llevarían a nuestra casa en Chicago, a pesar de que nunca vivimos en Chicago realmente.

—Tú permitiste que hackearan nuestros archivos. —No pude evitar sonreír.

Seth me miró sacudiendo su cabeza, pero sonrió de todos modos.

—A veces hay que mostrar tu mano para poder obtener lo que quieres. —Otro de mis muchos talentos era hackear. Jasper era bueno… excelente incluso. Él era uno de las tres personas que pudo acabar con mis firewalls de primer nivel; el segundo estaba muerto, y el tercero era yo misma. Si Cullen no acepta —lo que lo convertiría en un idiota— entonces tendría que enterrar a Jasper al lado del número dos. Odiaba a los hackers que estaban en mi contra.

—Querida, si no fueras mi hija, te tendría miedo. —Pude escuchar la sonrisa en su voz por el teléfono.

—Es porque soy tu hija que deberías tenerme miedo. —En sus días, Charlie podía hacer que hombres adultos lloraran y rogaran por una bala. Si Charlie ponía sus manos sobre ellos, el dolor era garantizado.

—Tú eres una de las mejores que jamás ha habido. Pero, no descartes a Edward Cullen. Puede que te sorprenda, pero él es, o incluso más, despiadado como tú. —Tenía razón. Edward Cullen era un nombre que muchos temían. Él era el Cuco del Este y yo era la desconocida Bruja Malvada del Oeste.

—Señora. —Seth aclaró su garganta a mi lado, sosteniendo mi teléfono de trabajo.

—Te veré pronto. Addio —dije a mi padre antes de colgar.

Seth puso el teléfono en manos libres.

—Haz mi maldito día —dije sin emoción, rompiendo el límite de velocidad cuando di vuelta la esquina.

—Con mucho gusto, señora —respondió Jacob—. Laurent Ross, mano derecha de James Volturi, la cagó en grande y condujo borracho. ¿Adivina quién lo recogió?

—Jacob —dije un poco enfadada. Él sabía que no debía jugar a las adivinanzas conmigo.

—Por suerte, Sam fue el que lo detuvo y lo trajo a nosotros. Él está esperando en el sótano, y está tan drogado que no puede ver bien… pero aún no habla.

—Adiós, Jacob —dije mientras Seth terminaba la llamada. No puede evitar sonreír.

—¿Día malditamente hecho, señora? —me preguntó.

Me limité a asentir, acercándome cada vez más a mi futuro marido, mi imperio y nueva fuente de información.

—Si, Seth, día malditamente hecho.