Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo tres
Cuándo el león ve a la leona, ruge.
"El asesinato nace del amor, y el amor alcanza la mayor intensidad en el asesinato."
~Octave Mirbeau
Edward
—Alguien es un poco presuntuosa. —Rio Jasper en el teléfono—. Ella ya empacó, Edward.
Y, por supuesto, cuando detuve mi coche frente a la mansión de estilo italiano, vi como los algunos de los hombres Swan colocaban maletas, de lo que pude adivinar que eran de Isabella, en una camioneta blanca cerca de la casa. Cuando notaron nuestra presencia, terminaron rápidamente y se alejaron. Todos eran del tamaño de Emmett y no pude evitar preguntarme como encajarían con nuestra gente. Esta sería la mayor fusión de familias que jamás se había visto en el mundo de la mafia.
—Ella es igual que el resto —dije hacia el manos libres—, enamorada de la tarjeta de crédito de su papi. Pero por lo que parece, no es peor que Alice.
—O mamá. —Rio Jasper antes de colgar mientras detenían los coches. Él no podía negarlo, su esposa era una salvaje a la hora de gastar dinero. Ella se aferraba de la tarjeta de plástico con garras y Jasper, siendo el enamorado hijo de puta, no era capaz de detenerla. Lo mismo pasaba con Emmett y Rose, así también con nuestros padres. Y así como ellos, con gusto permitiría que Isabella se volviera loca comprando mientras que yo obtuviera lo que necesitaba.
Cortando la llamada, traté de resistir la tentación de sonreír como un idiota. Con solo salir de mi Audi, pude sentir como las cartas se volvían a mi favor.
—Edward —dijo mi padre, dando un paso hacia mí—. Tú estarás a cargo en esto. Yo no voy a interferir en lo que sea que pase desde este momento. Si haces esto, habrás quitado los obstáculos en nuestro camino, y permitiré que tomes mi lugar como Ceann Na Conairte. Sin embargo, hasta que se firme el contrato, ellos siguen siendo el enemigo. Si fallas, busca consuelo en tu madre ya que no lo tendrás de mí.
Ni pensaba en hacerlo, pensé con amargura. Por fuera, asentí y puse mi cara de negocios. Jasper y Emmett imitaron mi expresión. Ya habíamos hablado sobre los diferentes resultados en los que esto podía terminar y estábamos preparados para todos. Emmett tenía cuatro de sus francotiradores ocultos por el exterior y Jasper estaba bloqueando todas las frecuencias que no fueran las nuestras. También teníamos un coche a menos de una cuadra de distancia con hombres esperando la oportunidad para cortar las alas de los Swan. Ellos eran el enemigo hasta que el contrato declare lo contrario. Yo estaba más que listo para firmar los papeles y continuar con mi ascenso de sangre a Ceann Na Conairte.
—Alguien se acerca —declaró Emmett a mi izquierda, justo cuando las puertas de la mansión se abrían, dejando ver a un hombre mayor de aspecto cansado y con una cicatriz que iba desde su frente hacia su barbilla.
—Bienvenidos, Cullens, a la Villa Swan. El Sr. Swan ya los está esperando y me dijo que me saltee las formalidades por ahora y simplemente los llevé a su oficina. —Dio una ligera reverencia, como si hubiera salido del puto Downton Abbey. Sabía que Emmett y Jasper se reirían sobre eso después, pero por ahora, estábamos trabajando.
Asentí, tampoco quería perder tiempo con formalidades. Todos sabíamos por qué estábamos aquí, y no había necesidad de esa mierda. Normalmente, mi padre caminaba frente a nosotros, pero ya que yo era el hombre clave hoy, seguí al viejo primero. La casa era hermosa, rica y muy jodidamente italiana con azulejos de cerámica de época y demasiadas estatuas.
Finalmente, el viejo se detuvo, y no se molestó en tocar antes de abrirnos la puerta. Dando un paso dentro, por primera vez en mis veinticuatro años de mi vida, me encontraba sorprendido. Mi rostro no lo demostraba, pero por dentro, estaba sorprendido.
—Si no es mi familia criminal irlandesa favorita —tosió en su silla de ruedas el hombre que una vez conocí como Charlie "Manos de Hierro" Swan.
Su rostro lampiño estalló en una sonrisa.
—Carlisle, los entrenaste bien. Ni siquiera se inmutaron.
—Me siento insultado que te hayas dado cuenta de eso ahora. —Esa fue la única respuesta de mi padre, e incluso mirándolo de reojo pude saber lo que estaba pensando. Mi talento era leer a las personas y adivinar lo que estaban pensando o iban a hacer. Mi padre también estaba sorprendido; obviamente lo ocultaba, pero podía verlo.
Charlie "Manos de Hierro" Swan era toda una leyenda en el mundo de la mafia. Las cosas que él había hecho no podían decirse en voz alta sin hacer que la gente se asqueara o se mearan del miedo. Él era uno de los pocos hombres que mi padre respetaba, y en algunas maneras temía. Ambos tenían un miedo mutuo y sano por el otro, pero el hombre a mi lado ahora lucía como si no hubiera estado en la misma habitación que "Manos de Hierro" en años.
Esto explicaba por qué él quería finalizar con la fusión, pensé.
—Por favor, tomen asiento. El contrato está sobre la mesa —nos dijo.
Sabía que mi familia no haría ni un movimiento. Solo el Ceann Na Conairte tenía permitido sentarse frente al enemigo. Desabroché mi chaqueta mientras el resto de ellos me flanqueaban los costados de mi silla.
—Ya hemos leído el contrato. Simplemente deseamos ver a tu hija firmarlo —le respondí. De hecho, lo había leído tantas veces, que ya me sabía cada puto renglón.
—Léelo otra vez, ella ya lo firmó —me indicó con una tos.
Tentado de perder la calma, miré a Jasper, expresando con mi mirada que lo lea. Él podía leerlo tan rápido como yo, pero no quería que Charlie me vea rebajarme a sus juegos. Me comportaría por ahora, pero no me impediría de golpear a un tipo en silla de ruedas.
—Edward, —replicó Jasper, alcanzándome el papel.
Solo me tomó un momento leer las dos oraciones que habían sido cambiadas.
—¿Me estás jodiendo? —Reí, dándoselo a Emmett y mi padre—. ¿Estás pidiendo que básicamente ella me diga cómo dirigir mi compañía?
Charlie estrechó sus ojos hacia mí. El hecho que ya no tuviera cejas solo le hacía lucir más enfermo.
—Charlie… y te llamaré "Charlie", no por falta de respeto, sino porque sé que, para el final del día, tendré un anillo en el dedo de tu hija… —dije antes que él pudiera decir algo—. A tu hija no le faltará nada. Será capaz de comprar al Sol dos veces si así lo quiere. Será cuidada y tratada como cualquier otra mujer Cullen, o sea como la maldita realeza. Bajo mi cuidado, tu compañía será tratada con el mismo cuidado y reverencia.
Charlie sonrió antes de cruzarse de brazos débilmente.
—Lindas palabras, niño. Y te llamaré "niño" porque incluso si fueras de la realeza, tú nunca serías lo suficiente bueno para mi hija. No le pedí que te cuidara. Isabella es inteligente y será más que útil. No tengo dudas que el imperio estará bien. Tal como tu hermano vio cuándo hackeó nuestros archivos.
Por el rabillo de mi ojo, vi que Jasper se tensaba a mi lado. Nadie nunca notaba cuándo él hackeaba sus archivos. Fue entonces que me di cuenta que nos habían tendido una trampa. Charlie quería que viéramos lo mucho que perderíamos si no aceptábamos.
—Charlie…
—No trates de adularme, soy italiano, nosotros creamos la palabra. Así que, acepta el trato o vete. Esa es mi única oferta. Y en caso que no te hayas dado cuenta, no tengo tiempo que perder.
El viejo hijo de puta me acaba de bloquear.
Sentí que mis manos querían tomar mi arma que se encontraba en la cintura de mis pantalones. Quería matarlo. La vena de mi cuello latía fuertemente, como siempre lo hacía cuando tenía sed de sangre. Mi visión comenzó a nublarse por la ira. Sabía, sin dudas, que mi padre esperaba ver qué iba a hacer. Cual sea la elección que tomara, él me respaldaría y luego me reprendería en casa. No dejaría que nadie me falte el respeto, mucho menos un viejo que estaba casi en su tumba. Ni aquí, ni nunca. La habitación estaba completamente en silencio mientras asentía hacia Emmett para que me acercara una pluma. Pero en vez de firmar, me puse de pie y caminé hacia su bar y me serví una copa de brandy. ¿Quería jugar duro? Yo también podía hacerlo.
—¿Cuánto sabe ella sobre tu compañía… perdón, quiero decir el imperio, como tu gente lo llama? —le pregunté mientras servía.
—Lo suficiente. —Fue su única respuesta.
Sonriendo, me volví hacia él.
—¿Lo suficiente? ¿Eso es todo lo que me dirás? Charlie, ayúdame aquí. Tú y yo sabemos que ella podrá ser inteligente, pero ningún padre jamás aceptaría que su pequeña princesa vea o haga cosas que nosotros hacemos.
—Ella es inteligente y aprende rápido. Considerando a las mujeres con las que has estado, ¿es eso suficiente? —preguntó. Tenía razón.
Volviéndome hacia mis hermanos, bebí un poco más antes de inclinarme sobre el escritorio de Charlie. Pronto sería mío.
—Emmett, querido hermano, ¿qué piensas? —pregunté, apuntando la pluma hacia él.
—Mientras que cumpla con sus otros deberes, ¿por qué no? Lo que sea que ella no sepa, puedes enseñarle. Puede que les ayude a unirse. —Casi me dieron ganas de aplaudirle. A veces, Emmett era tan sabio. Me reí ante ese pensamiento.
—Y Jasper, querido hermano, ¿qué piensas sobre este grosero cambio de último minuto en el contrato? —le pregunté.
Jasper sonrió.
—En el peor de los casos, tendrás que gastar cinco minutos explicándole las cosas. Además, como que me gusta la idea. Imagina, si las mujeres supieran lo duro que es hacer unos millones, no los gastarían tan rápido.
Todos nos reímos y giramos hacia Charlie, que solo me sonreía maliciosamente. No estaba seguro si era porque estaba de acuerdo o porque todos los medicamentos estropeaban su cerebro. Charlie Swan era más difícil de leer que la mayoría.
—Bueno, entonces, Charlie, creo que me casaré con tu hija —dije sin emoción en la voz, mientras Jasper me acercaba el papel.
Antes que el bolígrafo tocara el papel, observé la horrible letra que enunciaba a Isabella Marie Swan. Pensé que los italianos tenían mejor caligrafía.
Quería verla primero, pero sabía que si ella no era un cisne, si era patito feo, entonces eso me haría querer irme aún más. Mi padre siempre me dijo que eligiera mis batallas, así podía tener energía para la guerra. Había demasiado en juego para mí como para rechazar el contrato solo porque una princesa tenía que darme el visto bueno. Una vez que nos casemos, la mantendré demasiado ocupada como para que se moleste en ello.
—¿No vas a pedir el consejo de tu padre? —preguntó Charlie mientras firmaba y vendía mi alma.
—Su novia, su elección —respondió mi padre, hablando por primera vez con tanta emoción como tenía yo: ninguna.
—Es mi elección —repetí, entregando al enfermizo hombre, mi futuro suegro, los papeles. Estrechamos nuestras manos y traté de no romper la suya en dos—. Me gustaría ver a quién escogí.
—Por supuesto —respondió, haciendo sonar una campana que resonó en toda la habitación. Esperé mientras acababa mi asqueroso brandy.
Cuando la puerta se abrió, sentí mi polla intentar desprenderse de mi cuerpo. Por supuesto, la chica que entró no era más que un patito feo con cabello marrón despeinado, lentes oscuros y jodidos frenos.
¡A la mierda! Mi mente me gritó.
—Solo piensa en los campos de heroína subterráneos. ¿Cuándo quieres que te dé el número del cirujano plástico? —murmuró Emmett a mi lado. Podía escuchar como contenía su risa. Le importaba tanto esos campos de heroína subterráneos, que pensarías que él era adicto a ella.
—Srta. Webber, ¿dónde está mi hija? —preguntó Charlie y sentí mi sangre volver a circular por mi cuerpo y mi polla levantarse con esperanza.
—Maldita falsa alarma —susurró Jasper, mientras esperábamos la respuesta del patito feo.
La chica tímida nos miró rápidamente, pero no respondió. En cambio, mantuvo sus ojos en el suelo. Si ella no hablaba pronto, le quebraría su feo cuello.
—Está bien, Ángela. El hombre ante ti es el prometido oficial de Isabella. Puedes hablar libremente —le dijo Charlie mientras yo perdía mi puta paciencia.
Asintiéndome, me dio toda su atención; parándose con tanto orgullo que casi te distraía de su apariencia… Casi.
—Buenos días, señor, la Capo está en una reunión en el sótano —dijo, haciendo que todos nos quedáramos quietos. Los únicos que tenían fluidez en italiano eran Jasper y mi padre, pero igualmente ya conocía esa palabra. Cualquiera en nuestro mundo se sabía esa puta palabra.
—¿Es esto un chiste? —espeté con enojo hacia Charlie.
—¿Quién creen que manejaba las cosas mientras que yo muero, señores? —rio, antes de girarse—. Si no me creen, son libres de ir al sótano. Pero te advierto que no encontrarás a una mujer que necesita que le enseñen algo. Exspectata ut familia, Cullens.
Enojado, me volví hacia mi padre, quién estaba observando al hombre enfermo en la silla.
—¿Sabías de esto? —Lo fulminé con la mirada. La mayoría de los días, conocía mi lugar bajo mi padre, pero la marea estaba cambiando. Yo estaba ascendiendo y necesitaba saber si él me había ocultado información.
—No, Edward, no estaba al tanto. Parece que ha sido un secreto bien guardado, pero eso explica el reciente crecimiento del Imperio Swan —respondió, un poco desconcertado ante la idea.
—De ninguna manera una chica ha estado detrás de todo esto —siseó Emmett.
—Entonces, llévanos con ella —le ordené a la chica y ella asintió. Voy a ver a esta Isabella y verificar si era realmente la Capo que todos se habían atrevido a llamarla.
—Carlisle, ¿podría hablar contigo por un momento? —Mi padre asintió, sin importarle lo que yo eligiera hacer.
Me volví hacia Charlie una vez más, que ni siquiera se molestó en mirarnos mientras nos íbamos. Debía ser un día triste para él. Perdía una compañía y a su hija. Pero no sentía lastima por él, pronto va a estar muerto.
El patito feo no habló, ni se molestó en respirar, hasta que llegamos al final del pasillo que estaba custodiado por dos hombres Swan. De reojo, vi a Jasper y Emmett lentamente buscar sus armas. En la mano izquierda de Jasper, su celular estaba listo para llamar a nuestros refuerzos si esto era una trampa. Pero mis instintos y sentido común me decían que Charlie realmente estaba muriendo y realmente quería casar a su hija. Lo que no sabía era qué creer acerca de dicha hija.
—Señor, —Los hombres me asintieron antes de abrir la puerta, solo para exponer un ascensor con Jacob Gino Black en el interior. Él era el hijo bastardo de Billy Gino Black, uno de los putos perros que tuvieron las agallas de atacar nuestra casa de seguridad y matar a quince de nuestros hombres hace diez años. Esa era la razón por la cual mi padre presionó por el maldito contrato.
—Hasta aquí es donde puedo llegar, señor. Fue un placer servirle —nos dijo Ángela, dándome una pequeña reverencia antes de irse.
—Sr. Cullen —dijo el chucho con respeto forzado, haciendo lugar para nosotros en el ascensor.
Al momento que estuvimos todos adentro, Emmett dio un paso a su lado buscando una excusa para apretar el gatillo. Él sabía que Emmett estaba allí pero no dijo nada o ni siquiera se inmutó cuando Jasper recargó la suya fuertemente.
Cuando salimos, todos pudimos escuchar a un hombre jadear en busca de aire mientras le arrojaban agua. Solo estábamos un nivel más arriba de donde estaban torturando al tipo con el método submarino. Acercándome a la barandilla, todas las miradas cayeron sobre mí. Los hombres me dieron un breve asentimiento como si supieran del cambio que ocurría dentro de su Imperio. Cada uno de ellos parecía letal como los nuestros y todos permanecían en silencio, permitiendo que solo se escuche el eco de los gritos del hombre bajo el agua.
—Suficiente —gritó una voz suave, y cada hombre se irguió mientras la mujer más hermosa que jamás había visto caminaba hacia ellos. Incluso desde dónde me encontraba podía decir que ella era la perfección con su cabello oscuro y ondulado, y ojos marrones y profundos, hasta su perfecta figura. Sus labios demandaban que los besara y mi polla demandó que fuera a por ella justo allí y en ese momento.
—Esa es Isabella Marie Swan, jefe de la familia Swan y la Capo —nos informó Jacob.
Emmett se acercó a ver a la diosa ante nosotros.
—La puta madre, maldito hijo de puta. —Fue todo lo que dijo, quedándose boquiabierto
—Emmett —dije, sin emoción. Lo último que quería era que ellos crean que estábamos impresionados.
Él asintió, volviendo a ser el mismo monstruo frío que necesitaba a mi lado.
Jasper buscó mi mirada, transmitiéndome que pensaba igual que Emmett. Si no fuera por el tipo que jadeaba en busca de aire, nos hubiéramos olvidado que estaba allí. Fue solo cuando me acerqué que me di cuenta de a quién estaban torturando.
Era Laurent Ross. ¿Cómo mierda lo atraparon?
—Laurent, por más que me gustaría seguir con esto, llego tarde a una reunión con mi prometido y odio llegar tarde —suspiró Isabella, mientras un rubio daba un paso adelante, acercándole sus joyas en un puto almohadón.
—Al diablo contigo y tu prometido. Tú no eres más que un coño italiano… —Antes de que pudiera terminar, uno de los hombres que lo tenía sujeto estrelló su puño varias veces en su rostro.
—Es Capo o Srta. Swan —siseó el hombre, escupiéndole.
Isabella frunció el ceño y eso me puso incluso más duro.
—Realmente no quería hacer esto. —Suspiró, colocándose sus pendientes antes de que le acercaran un arma.
Escupiendo sangre de su boca, Laurent sonrió.
—Hazlo. Preferiría morir que hablar contigo, perra.
—¿Quién dijo que era para ti? — Isabella le devolvió la sonrisa mientras dos hombres arrastraban a una mujer que sollozaba y la ubicaron en una silla frente a la basura. Los ojos de Laurent se agrandaron mientras la miraba.
—Los Volturi no saben acerca de tu amiga especial, ¿no? No les gusta que te cojas mujeres que no te ofrezcan ellos. Trataste de mantenerla en secreto —declaró ella, caminando por detrás él. Me hizo hervir la sangre lo cerca que ella se encontraba de él. Pero él no dijo nada, solo miró.
—¿Sabías que está embarazada? —preguntó, haciendo que la mujer se aferrara a su estómago y llorara aún más fuerte.
—Dos vidas pueden ser salvadas si me dices lo que quiero saber —dijo Isabella, cargando el arma.
Él no dijo nada, incluso cuando la chica comenzó a rogarle.
—¿Entonces esa es tu respuesta, Laurent? —preguntó lentamente—. La voy a matar.
Él seguía sin hablar.
Suspirando, ella disparó no una vez, ni dos, sino repetidamente, deteniéndose solo cuando el cuerpo de la chica cayó de la silla. Ella ni siquiera se inmutó, sino que caminó hacia la chica y vació el resto de las balas en su cuerpo. Cuando terminó, se giró hacia el cuerpo de Laurent que ahora estaba cubierto en sangre y miraba sorprendido y temblando. Esto debe pasar a menudo, porque sus hombres se pusieron a trabajar, llevándose el cuerpo y limpiando la sangre del suelo, la cual ni siquiera la había tocado. Le trajeron una silla nueva para que ella se sentara y le entregaron un par de tacones. Todo esto ocurrió en un par de segundos.
—¿Esto me hace una hipócrita si sigo considerándome pro-vida? —le preguntó mientras se ponía sus zapatos blancos.
—Ella es la Capo y es tan jodidamente despiadada como tú —susurró Emmett con incredulidad.
En un momento, ella había ido en contra de todo lo que había visto y ese no era el papel que quería que mi futura esposa jugara. Ella era muy hermosa para la sangre y la oscuridad. Ella debería estar arriba, hojeando catálogos y pintándose sus pequeñas uñas, esperando en nuestra cama para que la tomara. Este no puede ser ni será su rol. Yo me iba a convertir en el Capo y el Ceann Na Conairte. Ella debía que estar a mi lado para que así los italianos puedan seguir mis órdenes. Pero no podía negar lo erótico que me parecía. Mi mente odiaba esto… veía el peligro en esto. Pero mi cuerpo lo deseaba dolorosamente. Mi polla palpitaba por ella agonizantemente.
—En este momento, deseas que hubieses tenido que lidiar con una esposa adicta a las compras. —Rio Jasper y no podía estar más de acuerdo. Tendría que arreglar esta situación y rápidamente.
—¡Todos afuera! —grité, haciendo que todos en la habitación me miraran como si hubiera perdido la mente. Pero los ojos que brillaban con más rabia eran los de mi futura esposa. Esta sería su primera lección: había solo un Capo, solo un Ceann Na Conairte, y no era ella.
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Ceann Na Conairte (irlandés/gaélico) = Jefe de la familia
Exspectata ut familia (italiano) = Bienvenido a la familia.
