Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo cuatro
Los padres saben mejor
"Cada asesinato trae consigo una luz brillante, y demasiada gente… tiene que salir de las sombras."
Albert Maltz.
Charlie
—Gracias por mentirle. Sé que no es tu fuerte. —Tosí. Siempre estaba tosiendo. No quería más que arrancarme mi puta garganta del cuello.
—Si, bueno… —respondió Carlisle, ofreciéndome un vaso de brandy—. Quizás un día me lo agradezca por mantener en secreto la identidad de tu hija.
Con manos temblorosas, sostuve el vaso antes de verterlos en mi garganta, ayudaba con lo que este puto cáncer hacía, pero no mucho.
—Ella es tu hija ahora —suspiré, mirando a mi vaso vacío. Mis propias manos me eran extrañas.
¿Cuándo me convertí en este hombre? Este hombre viejo, cansado y roto que se sentía frustrado de ver salir el sol por la mañana y ver la luna llena en la noche. ¿Cuándo me había cansado de vivir? Cuando era joven, todo lo que hacía era vivir, algunos decían que demasiado, pero sabía que este era mi futuro. Incluso ahora eso no era suficiente. Quería vivir más. Quería más. Era la maldición de ser un Swan. Lo queríamos todo, incluso si no sabíamos qué todavía. Me monté como un relámpago, y tristemente caí como un trueno.
—¿Charlie?
Saliendo de mi trance, miré al rubio ante mí con algo de envidia. Incluso ahora, no aparentaba más de treinta y tantos. Los Cullen, lo juro, habían encontrado la Fuente de la Juventud.
—Disculpa, ¿qué dijiste? —Fruncí el ceño, tratando de incorporarme, pero mi cuerpo era mi prisión y no pude.
Caminando hacia mí, Carlisle me levantó lentamente con una mano.
—Dije que ella siempre será tu hija. Solo deseo saber por qué no me dijiste sobre el cáncer. No lo hubiera usado en tu contra.
—No, no lo habrías hecho. Pero igualmente no quería que el mundo lo supiera. Ni siquiera quería que Bella lo sepa, pero esa chica es demasiado inteligente para su propio bien y chantajeó a los doctores para que le dijeran. —Sonriendo, tomé la botella de mi escritorio, derramando algunas gotas en mis manos y eso que fue con esfuerzo.
Carlisle asintió, mirando por la ventana mientras bebía.
—Cuando supe de ella por primera vez, estaba sorprendido y enojado que hayas permitido que tu hija se envolviera en la vida que elegimos.
Todo lo que pude hacer fue bufar ante eso.
—Yo no le permití a Bella hacer nada. Ella no pide permiso. Ella toma lo que quiere. Para cuando me di cuenta que pasó, era muy tarde para detenerla. —No me di cuenta siquiera cuando fue que ella comenzó a hacerse cargo. En un momento me estaba ayudando archivar documentos y limpiar armas cuando me sentía débil como para moverme, y al siguiente ella me estaba diciendo que no me preocupara porque ya sabía qué hacer. Traté de detenerla, pero los planes de esa maldita niña siempre funcionaban tan bien. Me quedé sin palabras.
—Me puso más furioso aun cuando creí que estabas usándola simplemente como un peón. Tu imperio puede que nos haya necesitado una vez, pero no ahora. Debo admitir que ella lo ha hecho bien, terriblemente bien, de hecho. Podrías haber cancelado el contrato —respondió, y tenía razón, podría haberlo hecho. Cualquier líder egoísta jamás habría compartido su trono con alguien y, sin embargo, aquí estábamos.
—Si Bella fuera un hombre, nadie se atrevería a negar que tuviera las capacidades de ser Capo. Pero siempre habrá un idiota que piense que ella solo puede ser pisoteada y ella nunca pararía de pelear. Si alguien fuera a arrinconarla, ella pelearía o se derribaría y te atacaría por detrás. —Sonreí, era una de las cosas por las que la amaba, ese fuego en sus ojos me recordaba mucho a su madre.
—Mi hijo no va dejar que simplemente ella maneje todo. De hecho, temo que los años de paz en mi casa estarán en pausa. —Carlisle sonrió y supe que lo estaba esperando. Detrás de su acento pulido y actitud cortés, Carlisle, en muchos sentidos, disfrutaba el caos. Tenía una bala en mi brazo como evidencia.
—Pero, —pausó, volviéndose hacia mí—, esa no es tu única razón, Charlie. Si te importara que ella pelease, la hubieses alejado en el momento que nació. No te importa que luche. ¿Así que, qué es lo que te molesta?
Maldito bastardo irlandés, pensé mientras le fulminaba con la mirada.
—La diferencia entre un Capo mujer y un Capo hombre es que la mujer no solo vende su alma, sino también su corazón. Bella no ha sentido nada más que rabia por años. Ella está amurallada y seguirá así ella no se casa. Incluso si lo odia, al menos sabré que nunca estará sola. Todavía tendrá una familia. —Todos a los que ella ha amado han muerto y yo estaba de mi camino también. A cambio, Bella murió hace mucho tiempo.
Carlisle frunció el ceño, sacudiendo su cabeza.
—Es raro. Tú crees que Isabella necesita a Edward para salir de la soledad y yo creo que Edward necesita a Isabella para entrar en la soledad. Él tiene todos los ingredientes de un Ceann Na Conairte. Lo supe desde el momento en que nació. Emmett era muy alegre y Jasper deseaba no ser notado. Pero, ¿Edward? Él amaba tener la atención. Amaba dejar su huella en todo.
—¿Pero? —Tosí profundamente.
—Pero, él es demasiado compasivo a veces. —Frunció el ceño, tener que admitir la verdad, y que esa fuera la verdad.
—Y la compasión es sólo para la familia —contesté.
Él asintió.
—Él es despiadado en muchos aspectos. Pero para ser el Ceann Na Conairte, no debes mostrar piedad con nadie excepto a tu familia. Eres frío, distante, disfrutas de la sangre, la muerte. Edward mata, pero no se deleita como debería. Si lo hiciera, los Volturi le temerían como a ti, o debería decir, a la mujer que actúa como tú.
—Tengo que pedirte algo, Carlisle —añadí, deseando no tener que decir las palabras que estaban por salir de mis labios.
—Sea lo que sea, dilo y lo haré —respondió, haciendo que solo me duela más el corazón.
Tragando mi orgullo, asentí.
—Quiero que tú entregues a Bella en la boda.
Hubo una pausa y buscó mi mirada.
—¿Estás seguro? —preguntó.
Asentí. Mio bambina dolce merecía caminar por el pasillo y sentirse orgullosa. Me discutiría sobre lo orgullosa que ya estaba de mí, que no le importaba que tosiera durante toda la ceremonia, o que necesitara ser empujado por el pasillo o el hecho que la gente prestaría más atención a mí que a ella. Pero a mí sí me importaba y yo no quería eso. Si yo iba y nuestros enemigos veían lo débil que me encontraba, intentarían usar eso contra ella, contra su imperio.
—Llamaré a Esme y ella arreglará todo para dentro de tres días. Tú puedes ver desde un cuarto secreto. Nadie te verá —me respondió con un gesto agradecido.
—¿No te sientes como Pandora y su caja? —Le sonreí—. Ellos traerán el caos como nosotros nunca pudimos y solo lo hicimos con la esperanza de mejorarlos para el futuro.
Carlisle sonrió antes de terminar su brandy.
—Si, de una manera un poco retorcida.
—Todos vivimos en un mundo retorcido —respondí mientras la puerta se abría y revelaba a Ángela otra vez.
—¿Sí? —le pregunté.
—Sr. Swan, Sr. Cullen. Siento interrumpir, pero me ordenaron que los busque —respondió con su cabeza gacha.
—¿Por qué eso? —siseó Carlisle, añadiendo frialdad a su voz que no tenía mientras hablábamos.
—La Capo y el Sr. Cullen aparentemente despejaron la habitación del sótano así podían estar solos y nadie debe entrar. Pero unos minutos después, se escuchó un disparo.
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Mío bambina dolce= mi dulce niña.
