Este capítulo me costó horrores porque apenas se van conociendo. Siempre empezar una historia me cuesta, pero ya pasé esto y espero que los próximos avancen mejor.
Aún estoy definiendo las personalidades de cada personaje, la única que tengo bien establecida es la de Tomoyo ? ゚リナ? ゚リナ
Estoy dando vistazos de las relaciones de SS para que no me odien a ningún personaje, créanme que todos tienen un fin y espero no tener antagonistas en este fic.
Casualidad o destino.
Llevaban diez minutos discutiendo. Tiempo suficiente para aprender que los dos eran igual de tercos:
—¿Y cómo piensas irte a tu casa?
—¡Así como llegué!
—¿Cojeando?
—¡Saltando!
—¡¿Por qué eres tan necia?!
—¿Por qué no me dejas?
—¡Ese vestido no te va a dejar caminar!
—¡Me lo quito y ya!
Syaoran arqueó una ceja, Sakura respiraba de manera frenética y parecía no haber entendido las palabras que acababan de salir de su boca.
Ella no quería ir al hospital, él estaba empeñado en llevarla a revisar. Incluso amenazó con cargarla si no se dejaba ayudar. Así fue como inició una discusión que a ojos ajenos parecía desacuerdo entre esposos después de una sesión de fotos.
Claro, la gente ya no era la misma de la tarde, estos nuevos espectadores tenían otra historia en mente sobre los castaños inusualmente arreglados en plena playa.
El chico pasó una mano por su rostro a la par que suspiraba con fuerza. Alcanzó a vislumbrar el celular del hermano de la novia a su lado, así que en un movimiento lo tomó y levantó sobre su cabeza.
—¡Bien! ¡Le llamaré a tu hermano...!
Sakura lo miró incrédula, empuñó las manos a sus lados aguantando las ganas de lanzarle arena al metiche.
—Eso es bajo —espetó en voz baja entrecerrando los ojos.
—Te quieres desnudar para no ir al hospital, no me dejas alternativa —se defendió.
Orbes verdes lo miraron como si estuviera loco.
—¿Cuando dije que me iba a desnudar?
—Quitarte el vestido implica...
Sakura le echó arena a los pies y Syaoran la vio frustrado.
—¡Pervertido!
—¡Tú lo dijiste!
—¡No era literal!
—¡Literalmente te voy a cargar si no me dejas llevarte al hospital!
Se enfrentaron con la mirada, ninguno quería dar el brazo a torcer. La chica en un vano intento por demostrar que no necesitaba ayuda, golpeó la arena con sus puños antes de intentar ponerse en pie.
Sin embargo, gimió de dolor y se fue de lado cuando el pie lastimado cedió. Su acompañante reaccionó a gran velocidad y logró tomarla por las axilas mientras que ella empuñó su camisa.
Se vieron a los ojos con seriedad, parpadearon una y otra vez hasta que un flash los hizo voltear.
—¡Kawaii! —exclamó una chica que iba pasando y que al ver la aparente romántica escena, no pudo evitar tomar una foto—. ¡Son los novios más lindos que he visto! ¿O ya son esposos?
Sakura abrió los ojos con sorpresa, con mucho esfuerzo se medio alejó del castaño poniendo todo su peso en el pie bueno que le quedaba.
—Tú ganas, sácame de esta playa —susurró con la voz ligeramente quebrada.
Él entendió que el comentario de la recién llegada no le incomodó, más bien, fue cómo un disparo fulminante. No era esposa, ya ni novia. Entendía su dolor y quiso aligerar la carga.
—Disculpa, nos debemos ir —le dijo a la desconocida forzando una sonrisa.
—¿Quieres la fotografía? Se ven super kawaii —insistió la chica acercándose para mostrar la vista previa.
Al verla, los castaños se movieron y vieron incómodos, la foto parecía ser algo que no era: aparentaba una escena romántica cuando en realidad fue una demostración de necedad por ambas partes.
—Verás... Nosotros...
—¿Puedes enviarla a mi mail? —interrumpió de pronto Sakura.
Syaoran la miró con cejas arqueadas, incluso su boca se quedó un tanto abierta.
La desconocida dio un pequeño salto mientras asentía, clavó su atención en su celular hasta que se lo pasó a la de ojos verdes para que pusiera su mail.
Sakura saltó un poco, luego miró a Syaoran; lo vio de arriba a abajo, haciéndolo sentir incómodo, y finalmente lo tomó de los hombros para hacerlo girar y darle la espalda.
—Ayuda —ordenó.
El chico no entendió nada, de hecho, le sorprendió que la novia lo pudiera girar balanceada en un pie.
—Pero qué...
Sintió algo sobre su espalda, ella lo había agarrado de pilar humano. Estaba apoyando todo su peso en él para maniobrar y poder escribir su mail en el celular de la desconocida.
Miró al cielo, hastiado, no conocía a la joven pero ya lo agarraba como si fueran amigos de antaño. Frunció el ceño ante ese pensamiento. Si era sincero, ya habían compartido bastante en menos de doce horas.
—¡Listo! —exclamó despegándose de él.
Una vez que Sakura regresó el aparato, su acompañante se giró y susurró—: ¿Qué haces?
Ella se sostuvo de su bicep, daba pequeños brincos para acomodarse mejor mientras la otra chica sonreía emocionada.
—¡Enviado!
La castaña forzó una sonrisa y masculló por lo bajo, contestándole a su acompañante—: Guardar evidencia sobre este día. —Manteniendo el agarre en Syaoran, dio un saltito hacia adelante—. ¡Gracias! —le dijo a la desconocida.
La chica se alejó de ellos tras despedirse con la mano. Syaoran se cruzó de brazos mientras que ella mantuvo el agarre en otra parte de su bicep.
—¿En serio vas a guardar algo de este día? —cuestionó, incrédulo.
Sakura asintió, se inclinó de lado para sacudir la larga falda y lo miró de reojo.
—Un recordatorio de porqué enamorarse es mala, malísima, pésima idea.
Syaoran no pudo debatirla, solo suspiró y negó con la cabeza.
—¿Vamos al hospital?
Orbes verdes lo miraron con molestia.
—Pero si me hacen quedar, ahí te vas a esperar —refunfuñó, señalándolo.
Syaoran se encogió de hombros con desdén.
—No importa, lo que menos quiero es regresar a mi departamento...
Sakura mordió su labio inferior con nervios antes de llevar la mirada al mar.
—Ya somos dos los que no ansían regresar a su hogar...
Se quedaron en silencio unos segundos antes de que Syaoran chistara y ella lo mirara.
—Entonces... ¿Te cargo? —preguntó, jocoso.
Sakura entornó los ojos antes de poner las manos en sus hombros y voltearlo.
—Camina y me apoyo en tu espalda —sugirió empujándolo un poco.
—Llegaremos en mil años a mi auto de esa manera —se quejó él, pero dio un pequeño paso y Sakura saltó en un pie detrás de él.
La castaña silbó y lo instó a seguir avanzando.
—Ve el lado bueno, no estarás solo por mil años...
—Pero sí viejo...
—Siempre creí que envejecería con mi esposo, no con el desconocido que me salvó de ahogarme por salvarlo de ahogarse...
Syaoran suspiró entendiendo que se burlaba de él. Pero no hizo más, continuó avanzando a paso de tortuga ignorando las miradas de transeúntes que los miraban como si estuvieran locos...
Bueno, Meiling le dijo que necesitaba añadir algo de sana locura a su vida.
A ojos ajenos, en especial a turistas, la escena cerca de una camioneta Land Rover color verde les parecería de lo más romántica... De no ser porque era una batalla con un vestido endemoniado.
—¿Sabes qué? ¡Pásame unas tijeras! Ni que la cola fuera importante...
Syaoran suspiró frustrado, se suponía que el vestido de la chica tenía unos botones en la parte de atrás en los cuales se podía enganchar la cola. Si no hacían eso, Sakura quedaría incómoda y apretada. La castaña se negaba a viajar en el asiento trasero. Le traía el recuerdo de su camino a la iglesia y se negó rotundamente a revivir el momento.
Pero no había botones, se sentía ridículo en cuclillas revisando la parte de atrás de la castaña... Se negaba a pensar que estaba a la altura de su trasero, se negaba a pensar con seriedad en todo lo que había estado haciendo en las últimas horas porque eran actos totalmente fuera de su personalidad.
Bufó cuando la chica se volvió a medio girar y casi le da una patada con su pie malo.
—¿Podrías dejar de moverte? No veo nada donde...
—Por eso necesitamos unas tijeras... Traes tanta camioneta pero ni unas tijeras...
—Si quieres te doy los cables de corriente y quemamos el vestido —farfulló.
—No es mala idea... —susurró ella en un hilo de voz.
Syaoran suspiró al incorporarse. Los orbes verdes de su acompañante se habían perdido en la nada.
—Ok... Cruzando la avenida hay un supermercado —le informó señalando en la dirección indicada—, sube a la camioneta y traigo las tijeras.
Sakura parpadeó varias veces antes de dar un leve asentimiento. El castaño la tomó del codo y la ayudó a subirse al asiento, ella quedó de lado y la cola permaneció en el suelo. Acomodó los pies fuera de la camioneta dejando la puerta abierta. Syaoran frunció el ceño al alcanzar a ver los pies de la chica, estaban llenos de arena y mugre...
—Voy rápido —dijo finalmente antes de alejarse.
Al quedarse sola, Sakura apoyó la cabeza sobre el asiento mientras un gesto de decaimiento se formaba en su rostro.
A esa hora debió estar dando su primer baile de esposos con Eriol... Pasó semanas buscando la canción perfecta hasta que escuchó en la radio "Love me like you do" creyendo que su novio la amaba más que a nada en el mundo.
Eriol apoyó su selección prometiendo escucharla apenas tuviera tiempo... Lágrimas se formaron en sus ojos al creer que seguramente ni siquiera lo hizo. Que se le olvidó así como olvidó su existencia en las últimas horas.
¿Le habría llamado? ¿Tendría cientos de mensajes de disculpa en su celular?
Solo Meiling sabría, ella se quedó con su teléfono al ser su dama de honor. Suspiró con fuerza llevando la mirada al cielo.
Quería justificarlo, el amor que sentía por él seguía buscando excusas baratas para su ausencia en la iglesia.
Pero la cruda realidad era que no fue porque no quería ser su esposo, ni pasar la vida a su lado.
Un sollozo escapó de sus labios y llevó la mano empuñada a su boca.
«Maldito cuatro ojos» pensó mordiendo sus nudillos para evitar soltarse en llanto.
—¿Te duele mucho?
Se sobresaltó no habiendo escuchado al chico volver, ni siquiera sintió los minutos que se fue. Rápidamente pasó el dorso de su mano por sus ojos y negó antes de asentir.
—Algo, creo que sí es buena idea ir al hospital —señaló fingiendo ver su pie inflamado.
Syaoran le siguió el juego, sabía bien que la chica no estaba así por dolor. Sacó las tijeras del empaque de plástico, le entregó unas toallitas de bebé y se agachó antes de mirarla y encontrarla con un gesto confundido mientras veía lo que le dio.
—Son para tus pies... ¿Estás segura de esto? Una vez cortado no hay vuelta atrás...
—Con diurex todo se arregla —alegó ella ladeando la cabeza mientras observaba el trozo de tela que Syaoran ya tenía en la mano. Se mordió el interior de su mejilla pensando en lo hermosa que se vio en el espejo hacía unas horas... Belleza en vano porque él la dejó de lado—. Corta sin piedad —dijo con certeza.
Su acompañante movió la cabeza antes de poner las tijeras en la tela. Al apretar, Sakura cerró los ojos con fuerza y saltó al escuchar la tela rasgarse. Fue un dolor que percibió casi físico. Lágrimas brotaron de sus ojos pero ella volteó el rostro para esconderlo en el asiento de la camioneta.
Syaoran fingió no notar nada, solo cortó la tela y pensó en lo parecido que era cortar un vestido de novia a lanzar un anillo de bodas al mar:
Ambos actos marcaban el final de una historia.
Cuando salía con Akiho, su ex novia no dejaba de cambiar de estación de radio y siempre hablaba sobre ideas que tenía para nuevas campañas de publicidad. Nunca había silencio cuando ella iba a bordo, incluso hubo veces en las que su ex cantaba a todo pulmón tratando de hacerlo reír, solía cantar muy mal a propósito para ese último fin.
Pero desde que se mudaron de Hong Kong, algo en ellos cambió. Tomoyo no lo supo explicar, solo mencionó que de pronto Akiho dejó de hablar de él como si fuera el hombre más maravilloso del planeta y empezó a recitar versos de libros que cierto hombre le prestó desde la primera vez que se conocieron en una fiesta.
Tal vez la perdió cuando él insistió en alejarse de su familia para demostrar que no necesitaba heredar nada para ser bueno en lo que trabajaba.
—¿A dónde vamos? —preguntó la joven novia a su lado mientras él manejaba. Llevaban ya más de diez minutos de camino y en todo ese trayecto se mantuvieron en silencio.
—Solo conozco un hospital... —respondió él rememorando el trayecto.
—¿Eres nuevo en Tomoeda? —cuestionó de regreso.
—Llevo viviendo aquí un año —le contó al moverse incómodo—. Pero de seis meses para acá es que empecé a ubicar el hospital...
Sakura miró por la ventana, frunció el ceño al reconocer los locales, avenidas...
—¿Qué hospital?
—El Tomoeda Center...
No lo vio venir, literalmente la castaña de la nada se abalanzó sobre el volante para girarlo a la derecha y casi hacerlos chocar con otro auto.
—¡¿Qué haces?! ¡¿Estás loca?! —gritó Syaoran logrando esquivar al vehículo que comenzó a tocar una y otra vez el claxon tras derraparse, junto con él, para evitar la colisión.
—¡No podemos ir ahí! —refutó ella con los ojos desorbitados intentando volver a desviar el vehículo.
Syaoran la miró una vez, luego vio el camino antes de regresar la atención a ella. No le permitió manipular el volante, estaba haciendo fuerza para que ella no los matara.
—Pero es el único...
—¡No podemos ir ahí! —gritó finalmente con lágrimas recorriendo su rostro.
Él la vio con cejas arqueadas, luego puso la atención en la vía. Autos le tocaban la bocina porque el auto se movía dentro de su carril de un lado a otro en esa batalla por el volante.
—Bien, me voy a orillar, deja el volante...
—No podemos ir a ese hospital...
—Ya me quedó claro, ¿puedes dejar que maneje? No quiero morir a tan temprana edad —dijo con firmeza.
Sakura parpadeó varias veces antes de asentir y liberar su agarre en el volante. Syaoran, por su lado, puso las intermitentes y poco a poco se encaminó a la orilla de la avenida hasta encontrar un lugar seguro donde detenerse.
Una vez que apagó el motor, miró a la novia que sollozaba en silencio y aprovechaba la doble falda de su vestido de novia para limpiar las lágrimas.
Suspiró y apoyó la cabeza en el volante a la par que negaba.
—¿Qué fue eso? —preguntó en voz baja.
Sakura abrió mucho los ojos al mirarlo, pero él no cambió de posición. No podía decirle, sentía un nudo en la garganta y un fuerte dolor de estómago. Incluso quería vomitar.
Syaoran la vio de reojo al no obtener una respuesta.
Ella abrió y cerró la boca varias veces, bajaba la mirada, entrelazaban sus manos y en cada tanto y tanto se limpiaba las lágrimas de terror, dolor y vergüenza.
—Ahí... Ahí trabaja...
Con el gesto de absoluto desconsuelo, el chico entendió de quién hablaba y porqué hizo lo que hizo.
—Mierda —masculló regresando a negar sobre el volante—. No era razón para matarnos... —reprendió.
Sakura clavó la mirada en sus manos. Las movía una y otra vez.
—Perdón, entré en pánico... Todos ahí saben... Al menos los de su área... No puedo dar la cara... —explicó en voz baja.
—¿De qué área es?
—Cardiología.
Syaoran bufó al incorporarse, apoyó la cabeza en el asiento y miró hacia arriba tratando de rememorar cómo era el bendito hospital donde trabajaba su amiga.
—Urgencias está del otro lado —recordó en voz alta.
—Pero le puede decir... Si es que está ahí... O si lo llegan a ver y no puedo... No quiero...
Su acompañante asintió sacando su celular.
—Está bien, solo nos aseguraremos de que te atienda alguien que no diga nada —decidió mientras buscaba el contacto de cierta peli negra de ojos amatistas.
¿Cuántas veces había estado en ese hospital?
Hacía varios meses que perdió la cuenta de las veces que visitó a Eriol y que él la instó a entrar a uno de los armarios para hacer... Cosas...
Cuando comenzaron su relación, tomaban cada minuto libre que él tenía para decirse con besos y toques lo mucho que se querían. No les bastaban los mensajes ni llamadas, necesitaban verse aunque fuera quince minutos. Él sacrificaba sus recesos para estar juntos, amaba que hiciera eso por ella.
Pero desde hacía como seis meses su actitud se tornó esquiva, prefería que se vieran en sus días libres, ya no le pedía que fuera al hospital. Es más, insistió en que las escapadas al armario le podrían traer problemas con sus jefes...
Así de la nada cambió pero continuó con los planes para la boda.
Estaba en una de las salas privadas de emergencia, esas que utilizaban para casos de contagio. Contaba con todo lo necesario para tratar enfermedades virales, incluso con un respirador; ella estaba en la camilla, sentada esperando. Al parecer la persona que Syaoran conocía pesaba en el hospital.
El camino de la camioneta a la dichosa sala fue entre trabajoso y vergonzoso, intentaron hacer lo mismo que en la playa, pero caminar en la bahía no era lo mismo que en una calle con piedras. Su acompañante se desesperó y terminó por cargarla pese a sus reclamos de que la bajara.
Si quería pasar desapercibida, ese fue el peor de los movimientos, pues llamaron la atención al parecer un esposo consternado y una mujer histérica.
En fin, ya estaba ahí, ahora solo faltaba que la revisaran. El castaño había ido a buscar a la persona que conocía y ella se dedicó a columpiar su pie bueno mientras esperaba. Se sentía nerviosa ante la incertidumbre de que alguien la hubiera reconocido.
A su alrededor se escuchaban ambulancias o de pronto en el altavoz sonaba el llamado a algún especialista. Sonidos con los que ya estaba familiarizada.
Entonces, percibió dos voces alegando fuera de la puerta, una femenina y la del chico aferrado.
—No es mi especialidad, para eso hay área de ortopedia...
—Que está cerca de cardiología y ella... ¿Tienes el entrenamiento básico, no?
—En teoría... Pero si es algo de cuidado debe hacerse estudios, radiografías...
—Solo... Si es necesario ya cruzaré el puente... Puedes...
Hubo silencio, Sakura se movió incómoda ante esto hasta que finalmente la puerta se abrió y una hermosa mujer de cabello negro azulado y ojos amatistas entró.
—Hola, ¿Sakura, verdad? —le preguntó acercándose mientras la veía de arriba a abajo tratando de ocultar el gesto de sorpresa.
Bendito vestido, era demasiado ostentoso para pasar desapercibido.
—Sí, lamento esto... Yo...
La doctora descartó el comentario con un ademán mientras Syaoran entró y, tras cerrar, se apoyó en el muro junto a la puerta.
—No te preocupes, estoy acostumbrada a las cosas locas de ese hombre —alegó señalando al castaño que entornó los ojos—. Vamos a revisarte, pero si hay que sacar una radiografía...
—No creo que sea tan grave, si no apoyo no duele, doctora... Ah...
Orbes amatistas se clavaron en verdes antes de que la aludida sonriera.
—Daidouji, pero puedes decirme Tomoyo.
¿Se imaginaba la conexión entre Tomoyo y Eriol? Sus personalidades canon se me hacen ideales para trabajar en el área de medicina.
¿Cómo los trata la pandemia? Espero se mantengan sanos.
¡Nos vemos!
