Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo seis

¿Desde cuándo los leones juegan al ajedrez?

"Los asesinos no son monstruos, son hombres. Y eso es lo más aterrador sobre ellos."

~Alice Sebold.

Edward

—¿Acaso no te enseñé nada? —preguntó mi padre, su voz apenas un susurro, mientras yo leía los documentos sobre el escritorio frente a mí.

—No, padre, de hecho, me has enseñado mucho —respondí, bebiendo el horrible brandy de Charlie—. ¿Por qué lo preguntas?

—No te hagas el listo conmigo, muchacho. Lo que pasó hoy entre tú e Isabella fue inaceptable. Golpeaste a tu esposa…

—¡Todavía no es mi esposa! —espeté, golpeando mi mano contra la mesa de roble y poniéndome de pie—. Esta mujer, esta Isabella Swan, está loca, totalmente demente. Me atacó, y luego… y luego me disparó en la maldita pierna.

Carlisle me fulminó con la mirada, sus ojos centelleantes antes de dar un paso hacia delante.

—Como debió hacerlo. No tenías derecho a interrumpirla. Si las cosas fueran al revés, ¿qué hubieras hecho?

Hubiera matado lentamente a la persona.

—No puedes estar de su lado. Deberías de estar del mío —respondí. Casi me entraron ganas de reír ante la idea—. Imagínate si hubiese sido mamá, o Alice, o Rose. ¿Qué le hubieras dicho si las vieras actuar como Isabella?

—¿Cuántos años tienes? ¿Cuatro? —espetó—. Estoy del lado de la familia, como tú deberías estarlo. No fue tu madre, ni Alice, ni Rose. Fue Isabella. Isabella, la que en menos de 72 horas se convertirá en tu esposa. Haz las paces con ella.

¿72 horas?

—¿Por qué diablos nos casamos en tres días?

—Así no se matan entre ustedes antes de que termine la semana. La prensa ya ha sido notificada y por la mañana, el mundo lo sabrá. Cada columna de chismes, todos los medios de noticias, y cada jodido miembro de la mafia en el mundo sabrá que los Swan y los Cullen son uno. Esto significa que ustedes dos tendrán que fingir jodidamente bien así no parece un matrimonio arreglado, o que Dios me ayude porque los prenderé fuego a los dos. —El hecho que mi padre, Carlisle Cullen, acabara de levantar su voz y maldijera en la misma oración era prueba más que suficiente para saber que lo decía en serio. Él ya había prendido fuego a un hombre antes… dos, de hecho.

Tomando asiento otra vez, me limité a asentir antes de darme vuelta y mirar al fuego de la chimenea que iluminaba la oficina de Charlie. Este día no había salido cómo lo planeé y mis huesos me dolían del solo pensar en dormir, pero mi mente no podía dejar de pensar.

—Hijo —suspiró detrás de mí—. ¿Apruebo lo que Isabella hace? No. No lo hago por el simple hecho que fui criado de forma diferente por un hombre mucho más controlador que yo. Solo los más fuertes sobreviven y la clave para sobrevivir es evolucionar con tu alrededor o que este te domine. Isabella Swan es tu evolución, acéptalo y hagan las paces.

Fue solo cuando la puerta se cerró al irse que me permití relajar y soltar el aire de mis pulmones, antes de llenar mi boca con el horrible líquido marrón en mis manos. Incluso eso no ayudaba a apartar de mi mente a la hermosa mujer de ojos oscuros que se iba convertir en mi esposa.

Nuestro momento en el sótano me hacía hervir la sangre y otras partes de mi ardían de deseo. Ella no peleaba como una mujer, sino como un hombre entrenado, como una leona a punto de destrozar su presa, haciéndome desearla mucho más. Casi la tuve contra esa puta pared y ella lo quería. Pude sentir sus pezones mientras se presionaban contra su vestido, el cual apenas se aferraba a ella. Sus ojos rogaban por mí, sus labios se separaron por mí mientras que contenía gemidos de placer, incluso su piel pálida se calentó bajo mis manos. La hubiera tomado contra esa pared muchas veces y le hubiera dado el placer que ambos ansiábamos, pero en cambio, la tipa me disparó. Me disparó.

Estaba tan sorprendido y caliente que mi mente no podía asimilar lo que había sucedido. Mi pierna ardía como fuego mientras que ella solo me dio un beso en la mejilla y se alejó. Con ese simple disparo había probado que no era posible quebrarla, que ella nunca se convertiría en lo que yo necesitara que fuera.

Si no puedes quebrar a una salvaje despiadada, tienes que encontrar la manera de domesticarla e Isabella era una salvaje despiadada. Necesitaba que entendiera que ella no estaba sobre mí. Que ella no me daba órdenes. Que ella no movía montañas y causaba tornados para atravesar el cielo.

Yo lo hacía.

He trabajado muy duro por mucho tiempo como para dejar que alguien me detenga, y mucho menos ella. Preferiría morir a renunciar a mi jodida compañía. Desde que me enteré quién era mi padre, vi cómo la gente abría caminos para él mientras caminaba. Vi como gobernadores, senadores, banqueros, y malditos jueces besaban sus pies. Sabía lo que quería hacer. Algunas personas, como Emmett y Jasper, simplemente nacían en la familia, pero yo sabía que nací para gobernar la mafia. Estaba más allá que mi decisión, estaba en mi sangre. Eso era lo que me empujaba cada día y la única persona que ha estado en mi camino era mi padre.

Debería haber tomado el mando en mi cumpleaños número veintiuno. Esperaba ese día, no para beber legalmente —había estado tomado desde que tenía quince. Quería escucharle decirlo. Quería escuchar a mi padre decirle al mundo que yo tomaba la compañía, pero en cambio, todo lo que hizo fue regalarme una isla y darme unas palmadas en el hombro. Su única explicación fue: "todavía no es el momento". Él era el jodido Ceann Na Conairte. Él hacía el puto tiempo y el resto de nosotros le seguíamos. Isabella tenía dieciocho en ese momento, así que no fue ella. Cada año después de eso, he esperado, matando a cualquiera que se atrevía a meterse en mi camino, y ahora tengo que enfrentarme a mi futura esposa. Era patrañas y nunca lo vi venir.

—Hoy ha sido interesante, querido hermano. —Suspiró Jasper, entrando y dirigiéndose al bar. Olvídate del crack, los Cullen somos adictos al brandy y lo tomábamos como agua.

—Interesante ni siquiera puede cubrir lo que pasó hoy —respondí—. Mi prometida me disparó con mi propia arma.

Jasper, el hijo de puta, sonrió antes de sentarse en el sofá.

—¿Cómo fue que ella pudo desarmar al gran tirador que es Edward Cullen? Te he visto apuntar, cargar y disparar tu arma en solo tres segundos.

Fruncí el ceño, sabiendo que él sabía y simplemente quería escucharme decirlo. A veces, deseaba que el maldito se vaya a la mierda.

—Ella parece un pequeño cordero desde lejos, pero cuando te acercas, te das cuenta que ella peló y se comió la maldita cosa solo para usarlo como abrigo. Ella es una bestia. —Observé enojado al fuego, recordando la llama en sus ojos cuando me disparó. Era como si ella hubiese reflejado el infierno en sus ojos.

—Me gusta el cordero. —Rio Jasper.

—Cállate, idiota. —Tiré mi vaso hacia su cabeza, pero lo esquivó, haciendo que se quebrara contra la pared detrás de él, y se rio más fuerte.

—¿Acaso esta frustración que siento irradiar de ti tiene que ver con el hecho que la deseas demasiado? —Me sonrió maliciosamente el bastardo—. Así es cómo te disparó. Estabas manoseándola y…

—Y ella me sacó el arma y me disparó como un perro. Sí, hermano, así es cómo pasó —lo interrumpí. No quería pensar en su firme culo en mi mano o en el agujero de bala que se encontraba en mi pierna.

—Y, aun así, sigues deseándola, maldito enfermo. —Bebió de su vaso—. Aunque no te culpo, hermano, ella es…

—Termina esa frase y será la última que digas, hermano o no —espeté, listo para tomar mi pistola ya recargada.

Levantando sus brazos en rendición, con su vaso todavía en su izquierda, asintió con una sonrisa.

—Eres posesivo. Me pregunto qué piensa tu futura esposa sobre eso.

—Me importa una mierda lo que ella piense y, ¿qué dirá Alice ante tus palabras sobre Isabella? —Le fulminé con la mirada, sabiendo lo pollerudo que era con la pequeña hobbit.

Se encogió de hombros.

—Probablemente se enojaría, tanto, que espero que me dispare en mi pierna. Nunca hemos tenido esa clase de juegos previos antes.

Me encogí ante ese pensamiento.

—Eres un enfermo hijo de puta.

—No más que tú —respondió, estirándose—. ¿Dónde está la reina, de todos modos? No estuvo en el almuerzo ni en la cena. Creo que he visto a todos menos a ella.

Caminando hacia el bar, tomé otro vaso.

—Oh, santa María, madre de la mierda, ¿qué hiciste? —preguntó Jasper, levantándose de la silla.

—Mamá te sacaría la lengua por hablar así —repliqué, sirviendo en mi vaso.

—No antes de quitarte la tuya por lo que pasó hoy. Debería haber sabido que pasaría eso. —Suspiró.

Rodando mis ojos, caminé hacia el escritorio y recogí mis documentos.

—La esposé a una de las sillas de la piscina y le dejé un poco de cenar. La liberaré en la mañana.

—No puedes estar hablando en serio, Edward —me dijo, haciendo que me girara hacia él. Debería pensárselo mejor antes de dudar de mi seriedad.

—De acuerdo, es en serio. —Frunció el ceño—. Pero no puedes dejarla allí toda la noche. Si se comportó así con una noche de sueño, imagina lo irritada que estará en la mañana. ¿Así quieres que conozca a mamá?

Él tenía razón, pero estaba tan jodidamente molesto.

—No voy a hacerlo. —Si la liberaba, sería como si le dijera que ella tenía razón. Que ella era la Capo. No iba a inclinarme ante ella.

—Qué cabeza dura, hijo de…

—Sr. Cullen. —Sonó la voz del patito feo, conocida como Ángela. Dio un paso adelante, ya vestida con un antiguo camisón como si hubiera salido de la puta edad media.

Jasper contuvo su risa llenándose la boca de brandy, mientras que yo me volvía hacia la pobre chica confundida frente a mí.

—¿Si, pat… Ángela? —pregunté.

Me miró enojada como si supiera lo que casi dije.

—La Capo quería que le preguntara a qué hora van a partir en la mañana.

Jasper escupió su bebida, tosiendo como un moribundo antes de ponerse a reír histéricamente.

Simplemente me quedé mirándola por un momento antes de salir pisando fuerte de la habitación, sin responder. Me había asegurado que todos sus hombres estuvieran lejos, no había manera que haya podido haberse librarse se esas esposas. Estaban diseñadas por mí y hechas con acero reforzado. Entrando al cuarto de la piscina, sentí mi cuerpo congelarse.

—Oh, mi querido hermano, has encontrado a tu igual y es tan gracioso como la mierda verlo —susurró Jasper, parándose a mi lado mientras que veíamos la silla rota que ahora se hallaba en el agua.

Parecía como si un monstruo hubiera roto las patas y los brazos. Teniendo en cuenta que yo solo la esposé a una de ellas, me desconcertaba. La comida seguía intacta y las toallas descansaban en el mismo lugar.

—Me voy a la cama —le dije al idiota sonriente que era mi hermano.

—Duerme con un ojo abierto, hermano, y con tu mano en tu arma, puede que ella te mate. —Rio Jasper mientras me volvía hacia la habitación que me habían dado para la noche.

Cuando entré, allí en la cama totalmente disparada posaba las esposas en pequeños pedazos. Y sobre eso, había una puta nota de ella en su horrible caligrafía con una bala pegada a ella.

Vine a visitarte, cariño, así podíamos terminar lo que comenzamos en el sótano, pero tú y tu hermano estaban ocupados riéndose como colegialas. Pero bueno, espero que tengas una buena noche. Lo de la cama, bueno… ¿puedes entenderlo, no, cariño? Jaque mate, amor.

Isabella Swan, la Capo, perra.

Podía escuchar su risa en mis putos oídos. ¿Jaque mate? ¿Ella pensaba que esto era jaque mate? Ni siquiera comenzamos a jugar. Sonriendo, salté a la cama llena de balas, pateando las plumas, antes de sacar mi teléfono y marcar rápidamente.

—¿Hola, madre? Lo siento, es tarde. Sí, te he extrañado también. Sí, Isabella es… única, mamá, única. Estaba llamando para ver si no te importaba hacer una fiesta de bienvenida para ella. Solo para mostrarle lo feliz que estoy de tenerla en mi vida. Sí, toda la familia. ¿Puedes hacerlo? No, ella es tan maniática como Alice, no se cansará.

Cuando colgó para hacer su magia, no pude evitar sonreír. Mi madre hará lo que siempre hace para las celebraciones: se iría por las nubes. Sabía que Isabella podía mentir como la mejor. Pero ella no podrá contenerse con la familia. Ellos cagaban arcoíris y unicornios, y mientras que ella esté distraída, me daría tiempo para trabajar en una nueva pista que tenía de los Volturi.

Estaba planeando algo grande para esos hijos de puta e iba a usar lo que había averiguado de los archivos de Charlie para hacerlo. Los contactos de los Swan ahora eran mis contactos. Casi quería gritar "jaque mate" ahora. Pero me pregunto cómo se sentiría ella cuando use su trabajo y multiplique la destrucción por seis. Ella jugaba juegos de niños y yo no era uno. Esto no se trataba de quién podía superar a quién, esto era yo probando mi punto. Podía matar dos pájaros de un tiro. Los Volturi nunca se lo verían venir y yo dejaría mi marca como el nuevo Ceann Na Conairte y Capo.

Duerme bien, mi pequeño cisne, ya mañana bailaras en mi propio show como mi marioneta, pensé, ubicando mis manos detrás de mi cabeza con una sonrisa pegada en mi rostro.

Había esperado mucho tiempo para esto y nadie iba a meterse en mi camino al trono. Todo el mundo lo sabría en unas horas. Tendría que poner al día al resto de la "Familia Cullen" mañana.